Rurouni Kenshin y sus personajes son propiedad de Watsuki Nobuhiro y Shueisha.

Género: Romance.
Rating: T (+16)
Capítulo relacionado: ninguno.
Advertencia: no.
Palabras:1594.

#39.- Hermano mayor

Se había cansado del templo, del silencio denso y los fantasmas al asedio. Llevaba una semana meditando en el Aoi-ya, aunque allí abundaba el ruido, sentado en el dōjo con la puerta abierta y el sol calentándole la espalda, la risa desinhibida de Misao resonando por los rincones del lugar.

En aquella semana había descubierto que existía algún tipo de relación entre Misao y Shiro, no tenía claro de qué tipo, pero era palpable y, a pesar de desconocer el motivo, le resultaba molesto.

Oyó una sonora carcajada que le hizo abrir los ojos y levantarse a ver qué ocurría; Shiro y Misao estaban tirados en el suelo, ella reía debajo de él que le hacía cosquillas. Los miró intensamente, con el ceño algo fruncido, analizando aquella cercanía inadecuada y escandalosa. Shiro alzó la mirada encontrándose con la suya y trató de levantarse al instante sin lograrlo a causa de Misao. Ella le miró también al seguir la mirada de su compañero.

—¡Aoshi-sama! —exclamó feliz, pero sin moverse, sin romper aquel contacto inapropiado con Shiro—. Discúlpenos, ¿le hemos molestado?

Aoshi no dijo nada, cerró la puerta del dōjo y regresó a su meditación.

—Kami, pensaba que me mataría.

—¿Qué dices? Aoshi-sama no haría eso —protestó ella propinándole un golpe en el hombro.

—No, claro —replicó con condescendencia él—. Nunca, nunca, nunca.

Lo cierto es que Shiro sabía que Aoshi podía matarle sin miramientos, sin parpadear, sin esfuerzo. La mirada que le había lanzado era igualable a la que le echó cuando regresó al Aoi-ya, tras dejar moribundo a Okina, para exigir conocer el paradero de Himura.

—Se acabó la sesión de tortura por hoy, mañana te daré otra paliza.

—A lo mejor mañana no te dejo ganar.

Shiro se levantó y tiró de sus muñecas para alzarla también.

—Será mejor que mañana entrenemos en el bosque.

Ella asintió, aunque sin comprender el motivo de ese cambio de escenario.

º º º

—Misao.

Dio un bote sorprendida, no le había oído acercarse, no se esperaba que le hablase. Detuvo su labor de lavar hortalizas para observarle intrigada, sonriente.

—¿Puedo ayudarle?

—Hablemos.

Casi se le paró el corazón, Aoshi quería hablar con ella, no sabía de qué, pero quería hablar y era como un pequeño milagro.

—¡Claro! ¿Quiere un té?

—Por favor.

Ella asintió enérgicamente mientras él tomaba asiento en la mesa de la cocina.

Intentó encontrar a la Misao que había dejado atrás para irse a Tokyō, pero no la encontró. Se había convertido en una joven muy bonita.

—¿Ha pasado algo?

—No, sólo quiero hablar, desde mi regreso que no lo hemos hecho.

—Oh, claro —musitó. Había muchas cosas de las que hablar, Tokyō, Shishio, el ser Okashira... Había tantos asuntos pendientes, tantas cosas que poner en orden—. Le escucho.

Se sintió incómodo, no podía abordar el tema sin más, Misao no era uno de los hombres a sus órdenes, Misao era... no lo tenía muy claro aún, pero era muy importante para él.

—La reparación del Aoi-ya.

—¿Uh?

—Los pasadizos...

—Ah, eso —interrumpió—. Jiya hizo venir a alguien de Nagano, me dijo que todo estaba en orden y como antes.

—¿Y lo está?

—Sí, exactamente igual.

Misao se había colado tantas veces por aquellos pasadizos secretos que se los sabía más que de memoria, casi formaban parte de ella misma.

—Los tablones trampa también están en su sitio, y los tiradores, todo como antes. ¿Le preocupaba?

En realidad no, él mismo lo había comprobado, pero necesitaba dar ese rodeo antes de abordar lo que quería decirle de verdad.

—De haber habido algún cambio habríamos tenido que estudiarlo a fondo.

—Porque puede convertirse en una ratonera.

Aoshi la miró y ella sonrió, aquella frase era suya, escucharla de sus labios le había provocado una sensación extraña.

—Sí —replicó, bebió té queriendo deshacerse de aquel cosquilleo incómodo—. ¿Los diarios de Okashira?

—A buen recaudo. Me pareció peligroso conservarlos en el Aoi-ya, así que los cambié de lugar —explicó.

—¿Dónde están?

—En un escondrijo del templo.

¿Había algo así en el templo? Debía admitir que nunca le había prestado suficiente atención, para él sólo era un sitio en el que relajarse y meditar en paz. En otro tiempo Han'nya habría estado allí cubriéndole la espalda, permitiéndole desconectarse de todo durante unas horas.

—¿Es seguro?

—No existe un lugar más seguro en todo el país.

—De acuerdo.

Confiaba en ella, en su criterio, más allá de su experiencia y formación.

—Aoshi-sama, sabe que puede volver a ser el Okashira, ¿verdad? —balbuceó nerviosa—. Yo sólo... quiero decir que...

—Lo sé —replicó cortando todo aquel nerviosismo—. He decidido retirarme, aunque si me necesitas puedes contar conmigo.

Se sintió estúpida, pero aquella réplica la hizo tan feliz que deseaba subirse encima de la mesa, bailar y hacer escándalo. Emitió una risita nerviosa.

—Misao, cuando me marché —empezó, aunque no sabía cómo abordar aquello, dar vueltas no estaba resultando—, lamento si te hice sufrir.

Ella movió las manos en el aire con gracia, como si tratara de decirle sin palabras que, disculparse por ello, era absurdo, pero era Misao y, seguramente, aquel gesto encerraba algún otro sentido que él jamás alcanzaría a comprender.

—No importa, Aoshi-sama. Me quedé hecha polvo —declaró sin aspavientos, sin rencor en su tono de voz, con distancia, como quien habla de algo que ha superado más que de sobras. Algo que él no podría hacer, él aún no había superado aquella etapa ya lejana—, pero no estaba sola. Shiro estuvo ahí, día y noche.

»¡Oh Kami! ¡Era tan pesado! —Sonrió—. Me seguía a todas partes. Me abrazaba cuando me veía estar quieta durante mucho rato. Me hacía cosquillas hasta que se me saltaban las lágrimas de la risa… Si no hubiera sido por él, creo que me habría muerto de la pena.

Aquella frase sonó como una bofetada, se obligó a ignorarlo sabiendo que Misao no lo había dicho para herirle y que, además, acababa de abrirle la puerta para dirigir aquella conversación hacia donde él deseaba.

—Shiro y tú...

—Oh, eso —cortó ella poniendo los ojos en blanco, movió las manos con gracia—, ya se lo he dicho, es un pesado. Siento haberle molestado, de verdad, sé que somos unos escandalosos. Se cree que todavía soy una niña que necesita consuelo el muy idiota.

—Entiendo —replicó, aunque no lo entendía.

—Shiro es como un hermano mayor, siempre ha sido el que se ha encargado de... —enmudeció y negó enérgicamente—. Bueno, que es un idiota, y está enamoradísimo de Omasu.

—Entiendo —repitió Aoshi, bebió té para ocultar la leve mueca de alivio que sabía había aflorado a su rostro.

Misao se limitó a mirarle preguntándose si, tal vez, Aoshi estaba un poco celoso de Shiro, deseando, en realidad, que lo estuviese, permitiéndose soñar con esa posibilidad.

—Aoshi-sama, ¿le preocupa?

—No.

—Oh, bueno, ya veo.

—Pero ya no eres una niña, debes ser más cuidadosa.

Ella ladeó ligeramente la cabeza sin entender con qué debía ser más cuidadosa, tenía que ser algo importante si Aoshi se lo decía.

—Lo intentaré —declaró, aunque primero tenía que descubrir con qué tenía que serlo.

—¿Has decidido con quién quieres casarte?

Misao se atragantó con el té, batalló para no escupirlo, tosió nerviosa batallando con sus pulmones y laringe por respirar.

—¿Q-qué? —su voz sonó quebrada por el atragantamiento y la sorpresa—. ¿Casarme?

—Estás en edad casadera.

Le miró como si acabase de sentenciarla a muerte.

—Yo no voy a casarme, Aoshi-sama, me da igual si tengo o no edad para ello.

—¿Por qué?

Era una pregunta hecha con la más sincera curiosidad, Misao lo sabía por la leve tonalidad que se había colado en ella.

—Sólo me casaría con un hombre, pero si él me amase también —contestó con sinceridad—, de no ser así no quiero estar con él ni con nadie.

—¿Tiene nombre ese hombre del que hablas?

—Lo tiene, y hacerse el tonto no le pega nada.

Aoshi asintió sin despegar sus ojos azules de los verdes de ella.

—Dilo.

Misao soltó un suspiro cansada. Bebió té y se concedió a sí misma el permiso para lanzarle una pulla.

—¿Es que está celoso?

No ocultó su sorpresa por la pregunta. La Misao que había dejado atrás nunca le habría preguntado algo así, tal vez lo hubiese pensado, pero jamás lo habría dicho en voz alta. Aoshi tomó el reto lanzado.

—Tal vez un poco.

Las mejillas se le incendiaron al instante. Realmente no había esperado obtener respuesta alguna a su pulla y, aún menos una que le diese pie a fantasear con un futuro a su lado.

—Pues Shiro no es alguien de quien deba tenerlos —farfulló derrotada por la timidez apartando la vista—, es como mi hermano mayor.

—En ese caso, dejaré de preocuparme por él.

Misao le miró con sus grandes ojos verdes e inocentes, incapaz de atrapar el significado completo de aquella frase. A Aoshi le gustaba que fuese así, que a pesar de todo el mundo que había visto, de todas las situaciones horrendas en las que se había visto envuelta, siguiese creyendo en emociones limpias y transparentes.

—Algún día, Misao —susurró casi de manera involuntaria—, tendremos una conversación diferente a esta y espero que, para entonces, me veas de otra manera.

»Gracias por el té.

Sabía la confusión que acababa de provocarle, pero si sus propios sentimientos por Misao iban en la dirección que parecían ir necesitaba que ella viese al Aoshi real y no a la versión idolatrada de él que habitaba en su atolondrada cabeza.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Después del shot deprimente anterior dejo algo sencillo y bobo. El shot que quería subir era otro, pero a última hora me puse a garabatear en una libreta y acabó por salir esto. Me he pasado todo el mes de noviembre sin escribir ni un solo shot para "Instantáneas", porque me apunté al NaNoWriMo (idea loca que me metieron en la cabeza) y me dediqué en exclusiva a ello; si me seguís en Twitter ya lo sabréis, si no lo anuncio por aquí también: el cuatro de enero empezaré a subir el fic que he escrito para el reto titulado "Salvar el Oniwaban-shû", que consta de nueve capítulos más un extra, su publicación será semanal.

º º º

Arashi Shinomori: ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! No importa que no hayas leído los anteriores, me alegra que sí hayas leído este.
Estoy de acuerdo contigo, es un tema difícil de plasmar y creo que se evita más por miedo a no saber retratarlo adecuadamente que por otros motivos; aún y así, me parece un punto de la vida de Aoshi muy interesante y necesario para comprenderle. Porque las personas estamos hechas de luces y sombras. Y Aoshi es humano más allá de Misao.
Te lo agradezco de verdad, tus palabras no me parecen vacías. Sé que es difícil ponerse en la piel de quien lo vive, por eso el simple hecho de empatizar sin soltar una de esas frases de lettering o el omnipresente "querer es poder" ya tiene un gran valor. Ojalá algún día se rompa el tabú y seamos capaces de aceptar algo tan simple como lo es cuidar de nuestra salud mental igual que hacemos con la física.
Un abrazo, muchas gracias por leerme y por tu review.