"No correspondido"

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Sentirse no correspondido simulaba a una poción nociva para no tener que enfrentarse a la cruel realidad de las cosas.

No ser correspondido dolía con toda intensidad en que el vacío se abría brecha en el camino y el agujero se incrementaba con tal intensidad que el mismo dolor se apoderaba de sus sentidos, de sus sentimientos y le nublaba la vista. Todo en su extensión se tornaba negro.

El origen de su dolor era muy simple.

Tan simple que no se necesitaban grandes explicaciones para ponerlo en palabras.

Tan simple como el agua, tan suave y frágil como el vidrio, tan ligero como el peso de una libélula, tan dulce como la miel y tan doloroso como una herida abierta.

Sentirse no correspondido fue un punto cumbre en que volver a sentir algo invadirle el cuerpo conllevaba a nada. A una masa inerte que constaba su cuerpo que avanzaba y comía, una masa sin chiste y sin contenido que se destruía, se desintegraba lentamente.

La desgracia parecía seguirlo siempre, porque no le tuvo consideración para siquiera ocultarle aquello que no debió de haber visto, lo que sus ojos no debieron de posar, lo que sus ojos vieron para envenenarse completamente y corromperse.

Sin embargo, quejarse por el cómo sucedió todo, no saciaría sus peores pesadillas.

Sólo restaba dejar que el tiempo lo consumiera todo.

Consumirlo todo, sus sentimientos, las caras de sus conocidos. Consumirlo todo hasta dejarlo sin nada.

Todo simplemente se quedaría en la nada.

Se quedaría rezagado en los brazos de Midoriya por siempre.

Él quisiera, aunque sea por un segundo convertirse en cenizas, mutarse en el color amargo de su derrota y desaparecer de entre sus compañeros; de alguna manera, él buscaba ser olvidado.

Ser olvidado por Midoriya, sobre todo, ser dejado atrás por él. Permitirse ser olvidado por la única persona que él quería de verdad, y si era olvidado por Midoriya entonces su existencia dependería de él mismo y no de las sonrisas de Midoriya; aquellas sonrisas que tanto llenaban su corazón, pero que ahora eran dirigidas a alguien más, y verlo a distancia, dolía. De verdad, dolía.

Cerró los ojos, moviendo la cabeza, sintiendo un nudo en la garganta acumularse con gravedad y formarse en una bola de aspereza que eran sombra en sus ojos. Sombras que se movían y perdían su forma, sombras amorfas que le comían el alma, simplemente sombras que jugaban por detrás de la suya propia.

Se percató de que al cerrar los ojos, podía ver a Midoriya. Lo podía sentir, lo olía, lo contemplaba sonreír, lo escuchaba hablar, lo veía tomar su mano con gentileza, lo vislumbraba entre sus brazos. Esa imagen se volvía real, palpable. Se volvía un pedacito de su imaginación, y una vez más, el dolor crecía en su pecho dispuesto a romperse. Burlarse de su miseria, puesto a que el abismo de ser no correspondido era peor que cualquier otro abismo pisado por el humano.

Y así se sumía al trance a merced de sus sentimientos, a imaginar con los ojos cerrados y entregarse ciegamente a lo que su corazón le plasmaba en la pantalla de su mente, como si esta se burlara de su desdicha, y quizás sí, incluso su cuerpo lo traicionaba para burlarse de las cosas que le sucedían. Se burló de él, pero él hizo algo a cambio, algo para saciar su sed de tranquilidad. Al abrir los ojos, veía el cuerpo de Midoriya cerca suyo. Sí, lo olía, lo vislumbraba tan cerca que si acercaba su mano podía alcanzar la suya aunque fueran unos milímetros insignificantes de distancia que lo separaban de él; lo veía tan cercano, mas no podía tocarlo.

Literalmente, estaba ahí justo frente a él y aun así, lo separaban montañas, caminos, bosques, mares, cielo y tierra, de ser abrazado gentilmente por los brazos de Midoriya.

Y de sólo pensar en lo otro, en lo que presenció con un nudo en la garganta, con la impotencia haciéndole digestión en la boca del estómago, con los sentidos nublados, y con las constelaciones densas palmando en la punta de sus dedos; así normalizándose, ajustándose a su nuevo estado. Al estado de ser no correspondido.

Al doloroso y cruel estado del no correspondido; de ser el amigo de a lado, el cómplice al que los ojos de Midoriya no verían con amor, mas que de amistad y admiración, quedándose colgados por el otro. El otro a quien Todoroki repudiaba, el otro al que él quisiera ocupar su puesto con el corazón abierto y dispuesto a ser recibido con una tierna sonrisa.

Sólo bastaba con recordar lo que pasó para sentir un nudo en el estómago, y los hilos de su corazón atarse y apretarse en una sensación opresora que comenzaba a volverse normal, como todo lo demás que constaban su pasado.

Recordarlo provocaba eso, pensarlo era peor que imaginarlo, y soñarlo era desolador como vivirlo en carne viva.

Todoroki no soportaba el hecho de que Midoriya fuera novio de Bakugou, por todos los sentidos! No lo soportaba en su mente.

Midoriya, el lindo y gentil Midoriya, novio del cruel y déspota Bakugou? Era una idea demasiado bochornosa, incluso para ser real.

Era una verdad indiscutible que él no hallaba razones para tildar de falacia, porque era tan real que no le cabía en todo el cuerpo para negarlo.


Cómo supo de aquel noviazgo?

Muy simple.

El día de Navidad cuando arribó felizmente con su suéter combinable a la casa de Midoriya, fue recibido con gusto y respeto, luego pasó a la sala de los Midoriya y comió una deliciosa comida en compañía de la madre de Midoriya, Uraraka, Iida, Midoriya y él mismo. Nada podría arruinar ese momento, hasta que llegó Bakugou.

El chico explosivo estalló en un ataque de celos al ver que tanto él como Midoriya usaban un suéter que combinaba, e inmediatamente se llevó a Midoriya del brazo con tal agresividad que creyó que le rompería el brazo al chico; en un impulso por ayudarlo, fue cuando supo que entre ellos dos no había solo amistad, sino otro tipo de relación.

Vio dolorosamente cómo Bakugou le arrebataba el suéter a Midoriya, tumbándolo al piso para terminar de quitárselo, después quemándolo entre sus manos dejando solo un rastro de cenizas como recordatorio de que quemó el suéter. También presenció cómo la estupefacción del rostro de Midoriya se tornaba en tristeza, y enseguida unas lágrimas de dolor caían de sus mejillas.

—C-cómo pudiste, Kacchan?— Salió de su voz con gran tristeza. La voz de Midoriya estaba quebrada.

Todoroki vio a Bakugou bajar la mirada, arrepentido de su cometido.

—No tienes vergüenza por lo que hiciste!— Le reclamó Bakugou con resentimiento.

Midoriya hipó lastimosamente, haciéndose pequeño entre sus hombros.

—Eres un descarado, Deku!— Insultó, señalándolo. —Usando el suéter del bastardo mitad y mitad, cuando tu y yo estamos saliendo? Ja! Deku?— Notó cómo las facciones de cólera de Bakugou, se transformaban en impotencia y frustración. Bakugou tomó a Midoriya de las solapas de la camiseta y lo zarandeó con coraje hasta despilfarrarlo al suelo.

—Ah!— Gritó Midoriya, sollozando, sin confrontarlo, sin negar nada. Midoriya estaba roto, nuevamente por culpa de Bakugou.

—Eres un idiota!— Insultó Bakugou en desprecio. —Un maldito idiota! Por qué no sales mejor con el bastardo de Todoroki, eh?—

—No, Kacchan— Exclamó Midoriya entre lamentables sollozos.

—¡Me das lástima, maldito imbécil!— Gritó con coraje. —¡Muérete, Deku! Muérete tu y el bastardo mitad y mitad! No quiero volver a ver tu fea cara Deku!—

—Esp-espera— Musitó Midoriya rompiéndose todavía más.

—¡Cállate, Deku bastardo!— Rugió con tal estruendo y odio, que Midoriya se quedó mudo.—¡Si vuelves a hablar explotaré tu cara!—

Todoroki no creía lo que sus ojos bicromáticos veían; era una escena dolorosa e impactante.

—K-Kacchan, por favor— Suplicó Midoriya desparramado entre sus lágrimas, tirado en el piso níveo, enrojecido tanto por los efectos del frío como por los desazones de la amargura.

—Hah? Ahora piensas pedir piedad? Eh, Deku bastardo?— Puso un pie en el pecho de Midoriya, regresándolo al suelo, sin importarle ver cómo se quebraba el tierno y dulce Midoriya en pedazos. Todoroki sintió horror al ver a Bakugou desatado, en plena rabia por un suéter. —Tus estúpidas lágrimas no funcionarán conmigo—

—Por favor, escúchame!— Intentó gritar Midoriya, pero su voz salió ahogada por un sollozo.

—Retuércete en el suelo como un gusano!— Lanzó por completo el cuerpo de Midoriya al piso cubierto de nieve con su pie, y Todoroki miró los ojos de Bakugou expresando dolor, claramente visible.

Contempló boquiabierto que Bakugou se retiró echando pestes debajo de su aliento, cerrando los ojos con tristeza asentado en ellos.

Cómo pudo Bakugou tratar así a Midoriya? Con qué necesidad lo hizo?

Midoriya estaba destrozado entre la nieve, llorando desconsoladamente, temblando de pies a cabeza en un dolor que ni él mismo podía describir. Nunca en su tiempo de conocerlo había visto a Midoriya romperse.

Todoroki sin poder soportarlo más, corrió hacia él y lo abrazó sin cuestionarlo, sin anticiparle de quién provenían los brazos que le rodeaban por el cuerpo luego de ser tratado con tal despotismo.

Midoriya emitió gritos ahogados, lloró con tal amargura que las constelaciones del universo se apiadarían de su condición.

—Todo estará bien, Midoriya— Cercioró él suspirando, dirigiendo su vista al cielo nublado en blancura.

—Todoroki-kun— Masculló, extendiendo sus temblorosos brazos y abrazarlo con fuerza. —Nunca debí de haberme ilusionado con Kacchan— Dijo lastimoso.

—Déjalo ir, Midoriya— Susurró en su oído, apretándolo entre su sostén, permitiéndose cerrar los ojos para no tener que verlo roto. —Estaré contigo hasta que te sientas mejor, sin importar el tiempo que tome para que estés bien—

Midoriya respiró hondo, aprisionando a Todoroki con sus pequeños brazos, ocultando su cabeza entre su pecho, a lo que él supuso que fue para sentirse cobijado.

—Gracias— Exhaló entre pequeños hipidos dolorosos.

—No pensé que usar el mismo suéter te ocasionaría problemas— Admitió arrepentido. —Perdóname Midoriya, quizás por mi culpa estás así, y yo—

—No!— Gritó Midoriya con la voz ronca. —Yo compré esos suéteres, Todoroki-kun— Se le escapó un sollozo, seguido de un hipido. —Merezco lo que sucedió—

—No, Midoriya— Lo abrazó protector. —Bakugou es quien se dejó llevar por sus emociones, tu sólo fuiste tú, Midoriya— Lo consoló, acariciando sus cabellos rizados entre su mano derecha. —Si Bakugou no acepta como eres tu, entonces no te quiere—

A esto, Midoriya soltó un sollozo desgarrante, respirando entrecortadamente.

—Creo que siempre lo supe— Confesó lleno de amargura, entregándose al abrazo sin parar de llorar.

—Por favor, no pienses que es tu culpa, Midoriya— Pidió él, lamentándose el estado de la persona a la que él abrazaba con fuerza. —Por favor— Suplicó tragado saliva seco.

Bakugou definitivamente no se merecía salirse con la suya esta vez.

Y Todoroki se encargaría de darle su merecido, a pesar de que los sentimientos de Midoriya no eran dirigidos para con él. Lo haría con tal de ver la sonrisa de Midoriya hasta el final, si eso conllevaba a que los sentimientos de Midoriya fueran tan siquiera un poco de afecto hacia él, él haría lo que fuera por Midoriya.

Lo que fuera por ver su sonrisa llenar su corazón.

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Ahora eran ambos los que se sentían no correspondidos…

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P.D. Un capítulo de Todoroki luego de tanto tiempo de ausencia. Vemos cómo Midoriya y él sufren por amor, a causa de Bakugou y su efusivo ataque de celos.