Se encontraban muy cerca de la única salida que tenían, Víctor ponía su mayor esfuerzo en cargar con el cuerpo de Yuuri para subir lo que sobraba de la colina, sin embargo, el dios del hielo reconocía que no estaba en una buena posición. Gracias a todos los pecados cometidos y su permanencia indiscriminada en el mundo humano, habían hecho que poco a poco su cuerpo se fuese debilitándose. Su capacidad de recuperación no era la misma que cuando llego a ese lugar, además el veneno incrustado en la flecha hacía que se sintiera casando, tenía su vista nublada, no obstante, aquellos hombres habían logrado pasar su barrera vegetal de algún modo y venían en camino hacia ellos. Se saco la flecha de su hombro intentado contener un grito de dolor, Víctor lo miro preocupado dado que la sangre comenzó a brotar con más fuerza.

— Víctor, necesito que me escuches.

— ¿Q-que pasa?

— Quiero que me hagas caso a lo que digo — hizo una pausa—. En cuanto te lo ordene, quiero que tomes el sendero del lago, al llegar abajo tu caballo estará esperándote, tómalo y huye de inmediato al castillo, allí estarás a salvo —dicho esto con algo de dificultad intento levantarse y caminar hacia el camino por donde ingresaron, Víctor lo observo como si estuviese loco e intento detenerlo sosteniéndolo del brazo izquierdo.

— ¿Qué haces? Aun estas muy mal, además mi caballo lo dejamos bajando la colina, es imposible…

— Víctor, confía en mí, tu caballo estará allí esperando… así que por favor, vete.

Víctor observo como el cuerpo de Yuuri intentaba tomar fuerzas en cada paso que daba, su espalda daba en contraste con la luz y en ningún momento volteo hacia el lugar donde el zarévich estaba. Era obvio lo que este planeaba.

— ¿Qué piensas hacer tu? —pregunto sintiendo que la voz no le salía.

— Voy a detenerlos mientras tú escapas.

— ¡No puedes, es una locura! —Grito—, estas completamente herido, no podrás ganarle en ese estado —pero Yuuri no le escucho y siguió caminando, haciendo caso omiso a cada una de ellas-. ¡Yuuri!

- Yo estaré bien, no moriré tan fácilmente —le expreso sin mirarle—, y si es para protegerte haría cualquier cosa… ¡Así que corre!

Víctor observo como el omega se alejaba, iba a irse directo a una muerte segura, el zarévich lo sabía, pese a todas las fuerzas que pudiese tener su maestro, no podría vencer a los tres juntos con esas heridas.

Justo en ese momento los tres asesinos aparecieron bajándose de sus caballos, Yuuri se puso en guardia mientras Víctor miraba todo desde la entrada del sendero sin querer abandonar al omega.

— Con que aquí te encontrabas maldito brujo —vocifero el líder con los ojos desorbitados de la ira—, no sé qué trucos hiciste ¡pero no dejare que tu o ese mocoso salgan de aquí con vida!

Sin embargo, Yuuri no respondió a ninguna de las palabras de aquel hombre tan solo los observo, esto solo hizo que la cólera de aquel aumentara quien ordeno a sus demás hombres apuntarle con sus respectivos arcos. El dios del hielo tenía solo un instante para pensar, la única forma segura de salir de allí con vida era usando sus dones, desviar aquellas flechas con una corriente de viento y atrapar a los hombres en roca solida imposibilitando así cualquier posibilidad de movimiento, pero Yuuri estaba congelado en su sitio. No quería usarlos, dado que contrario a todo lo que le pidió, Víctor seguía a escasos metros de él, estando aun dentro de su rango de visión si se volteaba. Ya se había arriesgado demasiado usándolos al intentar despistarlos sin llamar la atención del niño pero en esta oportunidad era completamente diferente, estaba justo frente a él y cualquier movimiento que hiciese seria observado, vería aquella diferencia de la cual intento escapar durante el tiempo que le conocía, temiendo usar su verdadera naturaleza para que no le aborreciera y pensara que era un demonio. Yuuri estaba seguro si él dijera esas palabras, no podría recuperarse, por eso busco otra alternativa aun en ese momento desesperado. Pensó en recibir los impactos en su cuerpo, quizás podría retenerlos por un momento debido al shock y derrotarlos a los tres de un solo golpe, no obstante, descarto la idea de inmediato. Gracias al veneno impregnado en las flechas, si no lograba inmovilizar a todos tendría que luchar con mucha mayor dificultad y le sería muy complicado proteger a Víctor. Múltiples opciones surcaban su cabeza pero ninguna podía ayudarle, estaba dividido entre sí usar sus dones o usar usando la fuerza, pensando desesperado y entonces aquellos hombres dispararon.

Quizás solo fue su culpa por no haber prestado atención, quizás debió solo debió atacarlos sin importar las consecuencias dentro de su cuerpo, pero cuando Yuuri observo como Víctor se adelantaba frente a él y recibía las flechas de sus oponentes dentro de su cuerpo para protegerle, Yuuri creyó que su corazón y su alma se iban de su cuerpo al mismo instante. Su pequeño cuerpo cayó a un costado del dios de hielo y este observo horrorizado como la sangre salía intensamente de su cuerpo, al tomarlo en brazos vio como le sonreía débilmente con su rostro pálido, pronto las lágrimas nublaban los ojos de Yuuri y no sabía ya que hacer. El zarévich luchaba por decirle algo pero a la distancia seguían las molestas voces de los autores de esa infamia, y un terrible sentimiento azoto nuevamente el cuerpo del dios. Muy cerca de él escucho el tic tac de los relojes, y por un instante creyó verse nuevamente en esa habitación oscura, con la sonrisa de aquel otro dios infame riéndose de su persona. Pronto otro sonido azoto sus oídos, fue el de los gritos desesperados, gritos horribles y desgarradores de los asesinos envueltos en llamas. Pero como si aún estuviera ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor, Yuuri seguía abrazado al cuerpo de Víctor que sangraba aun sin reaccionar mientras las lágrimas caían por sus mejillas, solo entro en razón cuando sintió que algo les arrastraba, encontrándose con la mirada desorbitada, siendo el rostro deformado de aquel asesino que iba siendo consumido por las llamas. Como si en medio de su averno, el hombre sonrió de manera espeluznante provocando un escalofrió en el dios del hielo, con sus poros reventados pronuncio de forma rasposa:

—Si yo me muero, me los llevo conmigo al infierno.

Agonizante y con su cuerpo en llamas, el líder de los asesinos había hecho su último esfuerzo arrastrando hasta el acantilado tanto a Yuuri como a Víctor que yacía en sus brazos. El dios del hielo lo alejo de ambos sintiendo resentidos sus brazos al verse quemado por las llamas que consumían a su atacante, aun se sentía mareado y débil por lo que desplego las alas casi al último momento evitando que el impacto contra el lago fuese peor. Sin embargo, el impacto al caer fue igual de fuerte provocando que se separaran al entrar a la profundidad del lago. Cuando el agua los engullo, Víctor se sintió completamente ligero, casi como si flotara en una especie de burbuja, lo último que recuerda haber observado fue el rostro de Yuuri acercándose hacia a él, posterior a eso todo fue oscuridad.

¿Acaso había muerto? Todo a su alrededor estaba oscuro pero no se sentía frio, tenía algo cálido cubriéndole, ese mismo lo llamaba desde la lejanía y el zarévich sabía quién era esa persona, era alguien muy importante que lo llamaba con una voz desesperada, parecía como si estuviese llorando. Quiso abrir los ojos pero sentía los parpados pesados, el llanto seguía y el joven quería levantarse para poder calmarle, su corazón se resentía y dolía fuertemente dentro de él. Cuando logro sobreponerse a la oscuridad, sintió en un principio una fuerte luz cegarle al abrir los ojos, parpadeo un par de veces un poco confuso hasta que sintió algo húmedo caer sobre su rostro, al alzar el rostro noto como aquellos ojos ámbar que tanto amaba se encontraban abnegados de lagrimas.

— Yuuri…

Víctor trato de incorporarse con cuidado, sabía que estaba herido y no quería agraviar el estado de las mismas aun teniendo las flechas incrustadas, pero al mirar hacia su cuerpo no encontró ninguna de las dichosas flechas, es más, tampoco sintió ningún dolor o algún tipo de corte a lo largo de su cuerpo, se tocó incrédulo sintiendo gran confusión, miro rápidamente a Yuuri buscando una respuesta.

— ¿Estoy muerto? —pregunto algo desorientado tocando sus largos cabellos y pasándolos por su frente, pero un jadeo de terror le hizo enfocar su atención rápidamente hasta donde estaba Yuuri.

— ¡No quieras jugar con eso! —le grito el omega mientras lo tomaba nuevamente en sus brazos y su llanto se intensificaba, había pasado horas de angustia, horas en las que Víctor no despertaba, momentos donde Yuuri se sentía morir por no haber podido hacer nada, creyendo que le perdería—. Estuve muy preocupado, aunque cure tus heridas no reaccionabas, de verdad temí… que fueras a morir por mi culpa.

Quizás como nunca antes, Yuuri lloro amargamente abrazado al pequeño cuerpo del alfa mientras este intentaba asimilar muchas cosas, gracias a las hierbas medicinales que el omega tenía en casa, este no tuvo más que un poco de mareo gracias a los efectos del veneno en las flechas. Pero Víctor seguía incrédulo por la reacción de Yuuri, de verdad no se arrepentía de haberse atravesado en ese ataque, pensó que si debía morir prefería hacerlo protegiendo a la persona que más quería, no obstante, se vio sorprendido con que la muerte aun no le llamaba. Yuuri seguía llorando sobre él, lamentando mucho lo que le había pasado, pero en su interior el alfa sabía que no era su culpa en lo absoluto.

— Yuuri —le llamo, este alzo la vista, sus ojos estaban rojos, notándose lo mucho que había llorado en esas horas, Víctor se sintió algo culpable pero no quería echarse para atrás con sus decisiones, un alfa honorable no debía arrepentirse de sus acciones—. No llores más por favor, no fue tu culpa, yo mismo fui el que decidió intervenir.

— ¡No, es mi culpa! Si hubiera sido más fuerte, si no hubiese sido débil no te hubiera pasado nada —sollozo nuevamente el omega.

— Pero entonces te hubieses herido en lugar de mí y yo estaría llorando como tú —explico el alfa y el dios del hielo alzo nuevamente la vista asimilando las palabras de este—. Yo te quiero mucho, por eso no quería que algo malo te pasara. Lo siento Yuuri, es mi culpa hacerte sentir triste.

Pero Yuuri no había escuchado particularmente parte de las disculpas de Víctor, su corazón se había acelerado y sus mejillas enrojecido por las palabras pronunciadas por aquel pequeño alfa, el te quiero de este había salido de manera espontanea sin pensar en el pobre corazón del omega que suficientes emociones había tenido por ese día. Estaba claro que el te quiero pronunciado por Víctor era muy diferente al que él pensaba, después de todo era muy joven, sin embargo, solo eso basto para que el dios del hielo se regañara internamente, porque no podía permitir la formación de tales sentimientos, no podía interferir en ese mundo más de lo que ya lo estaba haciendo, además, que ese tipo de relaciones jamás prosperarían, jamás.

— Solo tengo una duda… ¿Cómo fue que nosotros…? —No sabía bien como decirlo, las palabras no salían y Yuuri sintió como todo el color se iba de su rostro, sabía el camino de la conversación que Víctor estaba tomando—. Sé que mi mente estaba difusa por las heridas pero lo recuerdo bien, nosotros caímos al lago desde el acantilado, caímos junto a ese hombre que estaba envuelto en llamas —miro directamente el rostro del omega—. Todos esos hombres se prendieron en fuego de la nada, el hecho que sobreviviéramos a la caída… mis propias heridas ¿Cómo es posible todo eso?

Era razonable todas esas preguntas, después de todo Yuuri fue cegado por la ira y no previó que el joven le observara, además Víctor no era ningún tonto, aun si quisiera engañarlo eran demasiadas cosas como para pasar por alto. El zarévich también estaba confuso, sabía que en ese mundo existían muchas cosas extraordinarias pero no sabía explicar de dónde había ocurrido todo eso.

— ¿Estás seguro que quieres escuchar la verdad? —Pregunto el dios, Víctor asintió firmemente—, puede que me odies o no quieras saber nada de mi luego de que te lo diga, podre parecerte algo despreciable o desagradable.

—Yuuri es Yuuri, sea lo que sea que me digas no me hará cambiar de opinión.

Las palabras de Víctor fueron claras, muy sencillas pero sinceras, casi al mismo estilo de las que el dios había pronunciado cuando se entero sobre su verdadero origen, no importara que era lo que fuera para los demás, el siempre seria Víctor para él, y es debido a esas mismas palabras, que pudo perder todo miedo de contarle la verdad. Fue sincero con todo, con respecto a lo era, su naturaleza, como los había salvado y que era lo que estaba haciendo en ese mundo, incluso el periodo de tiempo que yacía en el. Víctor escucho todo en silencio y con suma atención, si era sincero, de no haber presenciado todo lo que paso esa mañana quizás no creyera tan fácil en dichas palabras pero también era Yuuri quien las contaba, no lo veía capaz de mentir con semejante cuestión. Cuando el dios termino de explicar, el alfa estuvo unos minutos analizando todo, de cierto modo, algunas adquirían sentido, pero otras aun le eran muy difíciles de asimilar. De repente, y ante la asombrada mirada del omega, este se dios dos manotazos en sus mejillas tiñéndolas un poco de rojo, Yuuri estuvo a punto de preguntarle porque lo había hecho cuando se vio sorprendido por el abrazo del alfa.

— ¡Esta todo bien Yuuri! No importa si eres humano, un dios, un mago o demonio, tu secreto está a salvo conmigo, pase lo que pase yo estaré siempre a tu lado.

Las palabras de apoyo de Víctor fueron muy tiernas, extremadamente infantiles pese al temblor de su cuerpo por abrazar a la persona que quería, sus mejillas enrojecidas y su rostro brillante lo denotaban, pero hubo contraste que el pequeño zarévich no pudo notar y fue como la garganta del omega se cerraba intentando contener por todos los medios un jadeo de dolor, Yuuri hizo lo posible por contener las lagrimas mientras correspondía el pequeño abrazo que Víctor le daba, con todas sus fuerzas desearía poder estar siempre al lado de ese mar de alegría y luz que representaba ese alfa, de verdad quería poder cumplir con todo lo que esos ojos zafiro le pedían pero eso era completamente imposible.

En algún momento tendrían que separarse y eso era algo que no podía ser cambiado

Ya Víctor sabe que nuestro Yuuri es un dios. Esta fue una escena muy emotiva porque nuestro lindo cerdito perdió nuevamente el control pero esta vez por temor a perder a Víctor. Era algo muy complicado para el mostrar sus dones pese a que la situación lo ameritaba, quizás ahora no lo entiendan, pero en los próximos capítulos si entenderán porque Yuuri dudo mucho en usar sus dones. Por su parte Víctor no le dio tanta importancia aunque de verdad le sorprendió, y eso es porque Yuuri es Yuuri sin importar lo que sea, y por eso es que amamos tanto a nuestro ilegal.