"No puedo tenerte"

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Si el cielo oyera su corazón crujir, por lo menos le tuviera un poco de piedad por su condición, pero al parecer no le tuvo piedad ni siquiera a Midoriya en ahorrarle el sufrimiento.

Se mantuvieron abrazados en el suelo, brindándose calor entre ellos. Cuán fructífero sonaría ese escenario si las cosas hubieran sido diferentes, pero si la línea ya estaba trazada, entonces no había nada que la cambiaría.

Sólo constaba en dejarlo todo irse, y esfumarse.

Sostuvo a Midoriya hasta que la noche arribó y los envolvió en su manto, cubriéndolos con su inmensa quietud, como si entendiera lo que sucedía con ellos.

—Midoriya— Todoroki se animo a hablarle, acariciando con una mano su hombro. —Creo que mejor regresamos— Opinó.

Midoriya se pegó a su pecho, aferrándose a su calor con sus brazos. Lo vio negar con la cabeza.

—No quiero que te enfermes— Dijo precavido.

—No quiero volver a casa— Confesó desgastado.

De pronto, se le ocurrio una idea para solucionar el problema.

—Te parece, digo, si tu quieres— Empezó un tanto nervioso. —Si te quedas en mi casa— Tragó saliva. —Si no es mucha molestia, claro—

Él asintió, esnifando.

El corazón le dio un vuelco de esperanza, una esperanza peligrosa, mejor dicho, mas no podía permitirse sentirse dichoso, puesto a que verlo en esa condición, en ese estado tan frágil, significaba aprovecharse de la situación.

—Puedes caminar?—

—Sí— Lo oyó decir, despegándose lentamente de su sostén, dificultoso para moverse.

—Déjame te ayudo— Se ofreció, rodeándolo con su brazo en son de protegerlo.

El rostro de Midoriya lucía cansado, sus ojos secos de tanto llorar, su voz simulaba unos crujidos de una puerta oxidada, sus pasos lentos y derrotados.

—Le avisaré a los demás que te iras a mi casa— Dijo él cauto, en eso Midoriya recargó su cabeza en su hombro, abrazándolo de la cintura.

—No quiero preocuparlos—

Incluso en su peor momento, pensaba en los demás antes que en él. Todoroki no hizo más que suspirar.

—Le diré a tu mamá— Repuso, encendiendo un poco el calor de su Quirk, para calentar a Midoriya, pues él estaba congelándose muy rápido. —Otra cosa, si te preocupa que mi papá esté en casa, él salió de viaje de héroes, regresa en unos días— Aseguró.

—Oh…— Inhaló entrecortado, apaciguándose. —Ya veo—

—No te preocupes, Midoriya— Cercioró gentil. —Todo estará bien, te lo prometo—

—¡Todoroki-kun!— Midoriya emitió sorprendido.

—No te mereces ser tratado de esa manera por Bakugou— Siguió. —Me atrevo a decir que tu te mereces algo mejor que Bakugou—

—Alguien como quién?— Preguntó de inmediato, sin embargo, se inmutó en clavar su mirada al suelo.

Alguien como yo, quiso decir, pero alguien merecedor de Midoriya quizás en esta vida o en la siguiente no fuera merecedor de tanta inmensidad.


Llegando a su casa, optó por llamarle a la madre de Midoriya, aprovechando que ella le había dado su número la otra vez.

En cuanto tecleó los números, le contestó al primer beep.

—Hola!— Saludó apurada.

—Señora Midoriya— Saludo él educado. —Soy Todoroki Shou—

—Dónde está mi bebé Izuku?— Chilló afligida. —Lo has visto?—

—Sí, de hecho, él está conmigo—Notificó. —Se quedará en mi casa—

—Por qué?— Ella exigió saber desesperada. —Tráeme a mi bebé Izuku—

—Lo siento mucho— Concluyó él vehemente. —Pero él no quiere regresar a casa—

—Fue por Katsuki, verdad?— Asumió ella, dando en el blanco.

Al notar su silencio, ella dijo:

—¡Mi bebé Izuku!— Chirrió desahuciada.

—Por favor— Interrumpió él con la mejor intención. —Yo lo cuidaré durante la noche, mañana se lo traigo temprano—

Oyó a la señora Midoriya respirar varias veces, conteniendo el llanto.

—De acuerdo— Dijo resignada. —Dejo en tu cuidado a mi Izuku, por favor cuídalo bien—

—Lo haré— Afirmó serio, viendo de reojo el cuerpo exhausto de Midoriya cerca suyo, recostando su cabeza sobre la mesa del comedor.

Colgó el teléfono, y se acercó a Midoriya, tomando asiento a su lado; depositó su brazo envolviéndolo con el propósito de confortarlo.

—Todoroki-kun— Musitó Midoriya, girando su cabeza a su dirección. —Gracias por todo lo que has hecho por mi— Esbozó una pequeña sonrisa.

—No tienes por qué agradecerme— Aseguró. —Sólo hice lo que creí correcto—

—Eres tan bueno, Todoroki-kun— Lo elogió, levantando su cabeza de la mesa. —No se qué hubiera hecho si no estuvieras conmigo—

Se sintió estremecer, palidecer en un margen de sensaciones prometedoras, sus manos volverse blancas cuán flaquezas níveas recorrerle las extremidades.

—En verdad, te lo agradezco— Dijo como sonidos de tranquilidad al ir sondeando por el pasaje de un bosque. —Yo, yo pensé que Kacchan me quería, pero vi que no es así, y— Se cortó, sus ojos se empañaron, pero se resistían en salirse en llamas de tristeza.

—Puedes contarme si gustas— Se forzó a sonar calmado, a pesar de la insaciable rabia que sentía en referencia a Bakugou. —A veces te hace sentir mejor si se lo cuentas a un amigo—

Midoriya inhaló aire, calmándose con una exhalación a través de la boca.

—Sí, tienes razón— Limpió sus ojos con cuidado con ambas manos. —Yo siempre quise a Kacchan, siempre velé por su bien y lo admiré mucho, pero al parecer no fueron suficientes para que Kacchan me quisiera— Carraspeó amargo.

Todoroki arrugó las cejas en tristeza, ocultando sus sentimientos sabiendo que si lo hacía le dolería más, pero el vacío ya era normal para él de sentir.

—Ya me di cuenta que él no me quiere— Hipó, encogiéndose. —Y él dijo que me quería, pero no es verdad— Puso ambas manos cubriendo su rostro; Todoroki sólo aprisionó mejor a Midoriya desde su brazo, sin ser brusco. —Yo quería creer que era verdad—

—Crees que Bakugou no te quiere?—

—Sí— Dijo dolido. —Kacchan me odia— Recostó su cabeza sobre su hombro, respirando con dificultad. —Kacchan siempre me ha odiado—

—Pero, si Bakugou está contigo— Dijo incrédulo.

—Ya no— Destapó su rostro, dejándole entrever las pequeñas acumulaciones de lágrimas que corrían por sus mejillas sonrosadas, rozando sus pecas.

—Entiendo— Concluyó resignado.

—Me mentí a mi mismo— Admitió culpable. —Me mentí con una verdad que quizás nunca existió, y ahora me queda vivir con las consecuencias de mis actos—

Midoriya puso una mano sobre la suya, simulando un sonido que no cesaba de oír, o el dulce sabor de probar un pedazo de la felicidad misma.

—No te preocupes, Todoroki-kun— Se forzó a sonreírle. —Yo podré con esto—

—Midoriya— Exhaló él tomado bajo guardia.

—Es un hecho que lo haré— Tragó saliva, y suspiró con los labios en forma de O. —Kacchan no podrá más que yo—

—Pero, necesitas sanar con calma— Socorrió apurado. —No te obligues a superarlo Midoriya, cuando es tan reciente—

Obvio, le agradaba la idea de saber que Midoriya lo superaría, pero irse a un paso tan veloz por quererlo hacer, significaba forzarse a olvidar algo que a lo mejor y él no estaba listo para afrontar, pero cuando se trataba de Midoriya, a veces las sorpresas eran un enganche indiscutible.

—Podré hacerlo— Afirmó aun con la voz quebrada. —No olvidaré a Kacchan, sólo lo superaré— Aclaró un poco incómodo. —Kacchan no se merece mis lágrimas—

—Entiendo— Acarició sus rizos, revolviendo su cabellera entre sus dedos con sutileza. —Tómate todo el tiempo que necesites— Sonrió de lado.

—Claro que sí— Dijo con el pulgar arriba.


Las paredes inamovibles de su habitación crecían en la oscuridad, cuando los rayos de la luna atravesaban las cortinas y los ojos se alumbraban de su inmensa claridad, pues la certera de ver algo inalcanzable llenaba al espíritu de júbilo, al menos el júbilo se lo atribuía a Midoriya, mas para él restaba cumplir con su papel de amigo y quedarse pendido en el tiempo de la amistad inquebrantable que conformaba su vínculo.

Las manos suaves de Midoriya rozaban la punta de sus dedos, los mechones de su pelo, en efecto, tocaban la punta de sus mejillas y su cabeza reposaba cómodamente sobre su hombro.

Ambos estaban acostados en su cama.

Todoroki no vio la necesidad de dejarlo dormir en el suelo cuando podía disfrutar una cama cálida y unas sábanas blancas abrazarlo sin chistar.

Los nervios le brotaban a flor de punta, la piel le escocía cuán suaves pellizcos sobre el epitelio, el olor a bosque y menta proveniente de los mechones de pelo del chico lo hipnotizaban en una danza de péndulos que mecían su alma y llenaban sus internos sentimientos.

Lo tenía tan cerca, a menos de un centímetro para tocarlo completamente, y aún así, no podía hacer nada.

No lo tenía, tal vez nunca lo tendrá en una ocasión como esa, y sin embargo, se restringía en su solemne integridad, en la solemne brisa que recorría y abanica su pecho al exhalar y al expandirse para respirar.

Francamente, Todoroki volteó su mirada al rostro perfecto de Midoriya; sus pecas perfectamente delineadas, sus mechones de pelo adornando sus pestañas largas y finas, sus pómulos sonrosados, sus labios rosados, sus manos suaves abanicando las suyas, su cabeza acurrucada sobre su hombro.

Era demasiado para él, con toda sinceridad, eran demasiados pensamientos compitiendo en su cabeza dispuestos a llegar a la dominancia que regiría la cordura de ser no correspondido.

Dolía no ser correspondido, pero dolía todavía más tener a Midoriya a su lado y no poder abrazarlo. Tenerlo y no poder expresarle su amor, porque no lo tendría.

Y eso, simplemente era demasiado para él de soportarlo solo.

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P.D. Otro capítulo de Todoroki!, esperando que sea de su agrado.