Cap. XXXVII: "De regreso al inicio"

"¿Cuántas veces, a lo largo de la vida, se ha deseado regresar en el tiempo? Apretar un botón que nos lleve al momento elegido, detenerlo en el segundo exacto y analizar la escena justo como queremos. Para cambiarla o, mejor aún, revivirla y modificarla mientras se repite.

El tiempo no debería ser relativo y, por el contrario, debería dárnoslo la vida como opción a controlarlo. Parte de la naturaleza humana es querer manipularlo todo; ser burócratas para orgullo del poder y no artífices, acomplejados y burlados si se nos diera como opción. En la mente gestan los pensamientos que se desarrollarán como acciones luego e, intentar cambiarlos tras realizarlos, continúa en los eslabones del dominio que ninguna jeringa puede extraer de nuestra sangre.

Con 24 horas al día y 365 de esos días al año, creer que la vida es demasiado corta para continuar ordenando debe ser, entre los peores errores, uno de los más destacados ¿Cuánto más necesitamos, entonces, para construir lo que verdaderamente deseamos?

A veces los yerros no están y otras aparecen a cada instante. Como un suspiro a cada instante, como un pájaro volando a cada instante y como un auto cruzando a cada instante ¿Por qué remediarlos en el instante no lo está permitido? No hasta que estén al alcance de nuestro mando.

La vida es un paso de aciertos y de desatinos, dirigidos por emociones que no podemos ni vamos a lograr someter jamás a nuestros beneficios. Somos alumnos de una escuela que apenas nos deja alzar el brazo para participar de una clase que, tras el toque de campana, la abandonaremos con más dudas que aprendizajes.

El tiempo y la vida en complot, nos dan una mísera esperanza de suponer que algún momento estaremos a su nivel pero, cuando despertamos de ese sueño, los encontraremos riéndose en nuestras caras por tal ingenuo pensamiento. Recontando así ¿cuándo se nos entrega el control remoto para detenerlo todo? O mejor aún ¿para avanzarlo hasta dónde finalmente encontremos la escena que nos estruje el corazón de felicidad?

Al parecer, a pesar de querer controlarlo todo, además tomaremos el camino más fácil y corto para llegar a destino. Sutiles detalles que nos diferencian de, quizá, otras especies en el mundo."

– ¿Y ahora? ¿Qué te sucede? – Rió Rachel al verla arrojar el libro a un lado-

– Que ya no me gusta tu libro. Puede ser tu libro favorito pero no el mío – respondió Quinn con seguridad – He llegado a una parte en que ya no le entiendo y está confundiéndome mucho. Creo que dejaré de leerlo –

Rachel negó ligeramente con la cabeza, divertida, y regresó a su tarea, contra la mesada y lavando algunas verduras. Estaban en el rancho, habían llegado la noche anterior luego de un largo y tranquilo viaje para esperar con ansias el día siguiente: una fecha especial para ella pero aún más para su novia.

– ¿Y qué es lo que te confunde tanto? –

– Todo – respondió ella casi en un tono infantil – Habla…habla como en códigos –

– ¿En códigos? –

– Sí. Es raro. Que controlar el tiempo, que no se puede; que remediar errores en el momento y no antes; que si qué no. Bla bla bla – la morena escondió una risa por lo bajo

– Creo saber qué parte vas leyendo –

– He dicho que ya no lo leeré más –

– De acuerdo – arrastró las palabras la sicóloga con burla – supongo que has leído entonces los errores que cometió Luciano –

– Cuando tú me lo diste para leerlo me dijiste que lo amabas – recordó Quinn golpeando repetida veces con su dedo la tapa del libro. Estaba sentada en la punta de la mesa, como siempre, y la obra yacía sola sobre la antigua tabla de madera – ¿Cómo puedes amarlo? Ha lastimado a Charlotte; la ha engañado acostándose con otra. Y eso, Rachel, no es una virtud como para que lo ames –

– En realidad, no la ha engañado. Ellos aún no son novios y… –

– ¡Pero si él ya le ha dicho que la ama! –

– Aún no han tenido la conversación seria para llevar su relación a otro nivel y él…tiene una vida difícil –

– Oh si, sí, muy compleja su vida – ironizó la rubia cruzándose de brazos – educación privada, autos caros, casas lujosas, vacaciones con mujeres de todo el mundo. Oh si si, mi amor, tienes toda la razón –

– ¿Y tú por qué crees que tiene todo eso? – Ella ladeó la cabeza y la miró con obviedad, a pesar de que Rachel no podía verla – los vacíos emocionales deben llenarse con algo ¿no te parece? Él jamás experimentó una cuota si quiera de amor. Y lo que está sintiendo por Charlotte lo desborda, escapa de su cotidianeidad y a veces, Quinn, no todos reaccionamos de la misma manera a pesar de estar frente a los mismos sentimientos –

– ¿Eso qué significa? Porque siento que estás justificándolo –

– ¿Acaso eso estaría mal? – La boca de Quinn se abrió y cerró repetidas veces, incrédula ante lo que oía

– ¡Por supuesto! ¿Qué tal si Charlotte fuese una de tus pacientes y llega a tu consultorio llorando? Acusándolo de todas las desfachateces que él le hizo – Rachel carcajeó sin reparos esta vez –

– Has avanzado bastante en la lectura. Desfachatez es la palabra que más se repite en todo el libro – las mejillas de la rubia enrojecieron, acaloradas de vergüenza y sus piernas se removieron, cuando la morena se acercó y se sentó sobre ellas – tanto como si Charlotte o Luciano llegaran a mi consultorio a contarme sus problemas, mi deber es escucharlos y no juzgarlos. Como lo hice contigo ¿lo recuerdas? – Quinn lanzó un suspiro; lo último que quería recordar en ese momento era cómo ingresaron a la vida de la otra – no existen sesiones mágicas ni pociones o medicina que cure algo que solo necesita atención. Ayuda, quizá pero no lo cura completamente –

– ¿Crees que no lidiarás con pacientes que si necesiten medicación? Porque creo que puedes estar equivocada –

– Quizá lo esté y quizá tú estés acertando al pensar de esa forma. Pero cómo saberlo y para qué adelantarme. Estoy decidida a disfrutar el presente, nada más –

– Entonces ¿por qué es tu libro favorito? Desde hace varias páginas que solo habla de controlar el tiempo, de regresarlo y avanzarlo cuánto queramos. Y eso es imposible – cuando Rachel le rodeó el cuello con ambos brazos y sus dedos le acariciaron bajo el cuero cabelludo, Quinn cerró los ojos un momento. Justo allí anhelaba frenarlo todo, encerrarse en una burbuja, solas las dos y que nada, ni siquiera los minutos, amenazaran con cambiar la escena

– A veces es mejor dejar la imaginación en su lugar y la realidad en el suyo. La novela que lees es ficción, Quinn y escrita por alguien que creyó que ver el romanticismo de esa forma estaba bien. La realidad que tú puedes vivir, no tiene por qué ser igual –

– Quizá – murmuró volviendo a verla – pero él ya lo arruinó todo – Rachel dibujó una media sonrisa –

– Quizá. Pero aún te falta mucho por leer, no puedes dejarla a medio camino. Voy a terminar con el almuerzo – agregó con un fugaz beso en los labios

– Rachel – la retuvo cuando la morena se puso de pie y esperó a su lado – ¿tú detendrías el tiempo, lo atrasarías o lo adelantarías? –

– El presente nada más, Quinn. Acabo de decírtelo –

– Sí pero…– cuando el llanto de un bebé acabando de despertar y exigiendo por atención las interrumpió, la rubia abandonó la silla y le sonrió a su novia – el presente nada más –


Podía asegurar que la noche anterior había colocado la sábana en la ventana, como alguna vez le explicó a Rachel, para que la luz del sol no se colara a molestarla ni a golpearla con el calor; por lo que no entendió por qué algo de sudor corría en su frente y la claridad le entorpecía la vista.

Quinn dormía boca abajo cuando todo aquello la interrumpió y la obligó a despertarse. Apoyó ambas manos sobre el colchón y estiró medio cuerpo hacia arriba, desperezándose y bostezando ligeramente en el proceso.

– ¿Rach? – la llamó, con la voz somnolienta y pesada – ¿Rachel? – insistió y nuevamente no obtuvo respuesta. La morena ya no estaba a su lado en la cama y al parecer tampoco en el interior del rancho. La rubia se dejó caer y contra la almohada ahogó otros segundos de sueño, antes de levantarse finalmente y dirigirse al baño

Le pareció raro el silencio absoluto pero, después de todo, suponía que apenas eran pasadas las nueve y su novia paseaba con Tony en los alrededores. Algo que hacía sonreír mucho al pequeño era cuando lo dejaban sobre el verde pasto y él pretendía gatear, con inexperiencia y tardando mucho tiempo pero lo intentaba al fin.

Quinn se arrojó agua en el rostro, ayudando a despertarse y quitarse también algo de calor y luego se lavó los dientes, antes de finalmente caminar hacia la puerta de entrada.

Tras empujarla y ocupar el pórtico, aquella sensación de querer controlar el tiempo y detenerlo reapareció ¿Por qué la ilusionaba tanto aquel libro ficticio con esos pensamientos si realmente era imposible realizar tal acto?

Evitó encontrar la respuesta en ese momento y avanzó lentamente unos pasos: seis ojos se posaron sobre ella. Rachel se encontraba con Anthony en sus brazos y Fiona a su lado, con el pequeño Robin acostado y mirando al niño, entendiendo que, tal vez en un futuro, se convertiría en su mejor amigo.

Pero algo brillaba en su novia. Y nada tenía que ver con que el sol estuviera en su espalda, su cabello suelto voleando apenas o que le sonriera de aquella manera tan especial. Y nada tenía que ver tampoco con que con su otra mano retenía la cuerda a Fiona, al parecer para que no se marchara.

Cuando ella acortó más la distancia, Fiona relinchó un poco y trotó en un su pequeño circulo, desenrollando así un cartel y que cayó por su lomo. Aquellas dos palabras se asomaron de todos colores, grandes y con más iluminación en todo el papel.

Avanzó un poco más y esta vez Tony fue él que reaccionó; balbuceando algo con alegría y sacudiendo sus pequeños brazos, como queriendo salirse de los de Rachel y que su otra madre lo sostuviera ahora.

Terminó su caminata y finalmente se vio frente a su novia. No tardó ni un segundo en rodearle el rostro con ambas manos y apretarla ligeramente, antes de devorarle la boca con un apasionado beso. Estaba hambrienta de ella y Rachel lucía preciosa en ese instante, por lo que necesitaba acapararla de todas las maneras posibles.

La morena debió soltar a Fiona y aprovechó el descuido para correr a su alrededor, acompañada esta vez de su pequeño potrillo. Ella, en cambio, continuó su labor de flaquear el cuerpo de su novia. El brazo de Rachel cayó derrotado sin siquiera intentar atrapar la cintura de la rubia, sabiendo que sería un acto inútil y, apretó en cambio con su otra mano, el agarre a su hijo.

Quinn no podía soltarla. La amaba tanto que quería llorar; le parecía injusto que sintiera algo descomunal como eso y el corazón se le apretara cada vez que pensaba en ella. Y se le apretara más cuando la tocaba y aún más doloroso se apretaba cuando la besaba. Era una sensación tan contradictoria amar hasta que doliera. Pero dolía con tanta sanidad que al final todo se curaba.

Provocada por la adrenalina del día, Rachel le mordió el labio inferior y ella atrapó su cuello, obligándola a que el beso se profundizara aún más. Era apenas el primer pedazo que le tocaría de esa mañana por lo que, recordando que todo apenas empezaba, después de unos segundos descendieron la intensidad.

– Feliz cumpleaños, mi amor – pudo murmurar la sicóloga, contra su boca y antes de reiniciarlo todo – Quinn – gimió intentando frenar nuevamente

– Lo siento…gracias– respondió, acariciando sus frentes y separándose al fin – Quedan más lindas esas palabras en tu boca que en el lomo de Fiona – agregó al observar como el equino se quitaba el cartel de su cuerpo

– ¿Pero fue una linda idea? –

– La mejor…ven aquí – le dijo esta vez a Tony, al tomarlo entre sus brazos y recostarlo contra su pecho– ¿y cuánto tiempo llevaban esperándome aquí, eh? –

– Solo unos minutos. Sabes que el ama dormir igual que yo ¿Tienes hambre?–

– Y mucha ¿quieres café? – Rachel negó ligeramente

– Hoy tú no haces nada. Yo te atiendo – le aseguró con otro fugaz beso

Tras regresar por sus pasos, Robin corrió tras ellas y relinchó, cuando trataron de ingresar al interior del rancho. Asomándose al costado de su cuello, Tony alardeó un grito de felicidad hacia el animal, casi indicándole que en otro momento regresaría. Quinn le palmeó ligeramente el pañal y rió, cuando el potrillo se sentó a esperarlo bajo el pórtico y ellos se perdían en la cocina, dispuesto a empezar con el desayuno aquel día.

– Feliz cumpleaños – le repitió Rachel, al dejarle en la mesa una bandeja preparada por ella misma. Una taza de té de limón, como a ella le gustaba, una pequeña fuente con fruta cortada y tostadas calientes, esperando ser juntadas con la mermelada de frutilla que yacía en una esquina

– Gracias – le dijo con timidez. Luego de entregarle a Tony, se acomodó donde siempre y comenzó a degustarlo todo

– ¿Tienes algún plan hoy? – le cuestionó la morena mientras se alzaba apenas la remera para amamantar al pequeño

– ¿Un plan? – Rachel asintió varias veces – estar aquí con ustedes – agregó con obviedad

– Lo suponía pero quiero decir…algún plan que nos incluya con alguna actividad en especial – ella alzó los hombros

– No lo creo ¿por qué? –

– Porque es tu día y se hace lo que tú vayas a elegir. En tu honor realizaremos las actividades que tú desees ¿Te han celebrado el cumpleaños alguna vez? –

– No lo recuerdo pero creo que no–

– Bueno, las celebraciones van de eso. Preparamos una pequeña fiesta, invitamos a las personas que tú quieras y comemos pastel. Y debes soplar una vela, por supuesto – le explicó, con ilusión en su rostro de que todo aquello se cumpliría

– Y si no quiero, no lo hacemos ¿verdad? – Rachel la miró con reproche – dijiste que las cosas se hacían según mis deseos –

– Si, Quinn pero…–

– Esas cosas no me gustan. Reuniones y todo lo demás –

– ¿Cómo lo sabes? Nunca has tenido tu propia fiesta de cumpleaños–

– Además ¿a quién invitaríamos? –

– A la gente que tú quieras. A tus padres –

– A Russel no –

– De acuerdo, a Judy entonces ¿Quién más? –

– Pues no conozco a nadie más, Rachel – respondió llevando la taza a su boca y mirándola tras ella. La cara pensativa de su novia la asustó un poco

– Podría invitar a Blaine y Kurt – ofreció sus amigos y ahora jefe de Quinn

– ¿Y traerlos aquí? Este lugar no…–

– Y Kristen – siguió, haciendo referencia a la compañera de trabajo de la ojiverde – Y por supuesto Santana –

– Rach, el viaje hasta aquí es largo. Para cuando ellos lleguen ya no será mi cumpleaños –

– ¿Y qué con eso? La idea es celebrarlo –

Y a veces, las ideas se convierten en hechos.

Faltaba poco más de una hora para que diera la medianoche y así su cumpleaños acabara. Faltaban esos 60 minutos cuando las luces de autos aparecieron a lo lejos, delatando la llegada de gente al rancho.

Quinn lanzó un largo y pesado suspiro; incrédula ante la insistencia y perseverancia de su novia y, aunque temblaba un poco de nervios, no pudo negarse a si misma la felicidad que la inundó al ver llegar a aquellas personas que Rachel le había nombrado por la mañana.

Todos se acercaron a ella con una caja envuelta, adornada con un moño y la saludaron con total entusiasmo, como si se conocieran desde pequeños y no tan solo unos meses. Judy recibía los regalos y los acomodaba a un lado, aún más alegre por tal arrebatada reunión.

Durante la tarde había ayudado a Rachel a inflar unos globos, cortar y armar unas guirnaldas y luego ella misma cocinó el pastel para su hija, ansiosa porque todos lo probaran y halagaran sus dotes gastronómicos.

Era la primera vez que el rancho se veía inundado de tanta gente y, como por la mañana, apeteció que el tiempo se detuviese y así disfrutarlo todo con más tranquilidad y detalle.

– El presente y nada más, mi amor – le recordó Rachel acercándose con el pastel y una vela en medio, encendida y lista para que el aliento la apagara con el deseo insistente de su interior

Cuando infló sus mejillas y retuvo unos segundos el aire, abrió la palma de su mano y, de manera imaginaria, aquel control para manipular el tiempo cayó y estrepitosamente se estrelló contra el piso.

¿Qué sentido tenia regresar al inicio cuando nada de allí valía si quiera la mitad de lo que ahora tenía? En el inicio estaba sola. No tenía afecto y no lo sentía por nadie. En el inicio estaba su padre. En el inicio no estaba Rachel ni Anthony. Desde el inicio hasta allí, el presente, había caminado entre césped y pisando espinas.

De regreso al inicio no era una opción y, cuando al fin expulsó el aire y la llama se agotó, produciendo los aplausos de los demás, Quinn entendió el favoritismo de su novia por aquel libro.

De errores y tropiezos se hace la vida y se sobrevive a través del tiempo de esa forma. No hay manera de evitarlo ni manipularlo. Vivir es algo muy distinto y cada uno elige cómo hacerlo.

Tras pedir su deseo y sentir algo de pastel que Rachel quitó y lo pintó en su nariz, como un infantil juego, entendió también que su propósito ya se hacía cumplido: uno dormía entre los brazos de Judy, con un brillante y precioso chupón celeste, desentendido de toda la situación alrededor .

Y el otro, si es que podía pedir dos deseos, continuaba riendo porque ahora más pastel dejaba en su nariz y también en sus mejillas.

"Regresar al inicio de una historia, a veces, no tiene sentido. Releerla y detenernos por momentos para suponer cómo la escribiríamos siendo lectores, a veces, cobra sentido.

La ficción acompañada de la imaginación nos lleva a volar por lugares inhóspitos que solo nosotros sabemos dónde detenernos para aterrizar. Aunque, algunas otras veces, volamos sin parar y el vuelo se hace más largo.

La capacidad de capítulos jamás medirá el sentimiento que nos envolvió y, muy por el contrario, solo nos deleita con un rejunte de emociones que pueden transmitirse en tres palabras así como en seis hojas.

Autor y lector adquieren la misma relevancia frente a la obra y sin derecho alguno a juzgar a los protagonistas ni a otros personajes. Solo leer y tratar de comprender por qué actuó cada uno en su momento.

Las historias son historias y todos tienen la suya; sin importar como fue desde el inicio o con la desfachatez que la han remontado…"

Quinn atrapó la cintura de Rachel y la besó. Su novia tenía razón, estaba avanzando tanto en la lectura de My Lady que ya recordaba de memoria algunos párrafos.

Solo que, su historia, es un poco más real y de su propia autoría, por lo que no detendría el tiempo. O tal vez en algún punto podrían cruzarse porque, ocultándole a la morena que leía la novela por segunda vez, recordó que en el capitulo siguiente, la propuesta de boda aparece para los protagonistas.


Bueno queridisimas lectoras, es un capitulo algo flashero pero ¿cómo se vuelve después de tanto tiempo? Gracias por los rws, me sorprendió lo vivo que aún sigue el fandom pero que alegría, de verdad.

Seguramente el fic no supere los 40 o 45 capitulos. Nos leemos pronto

Ni Glee ni sus personajes me pertenecen