Alianza Forzada.

Este fanfic participa del evento de la semana Cherik (del 3 al 9 de junio) para celebrar a nuestra pareja favorita. Le añado el hashtag "#Cherikweek2019"

Muchas gracias a KiKaLoBe por su ayuda, y a ella y a todos los que me han acompañado en la lectura, votos y comentarios va dedicado el epílogo.

Capítulo Treinta: Epílogo

Cinco años después

Charles se desconectó de Cerebro después de que Logan, Raven y Scott aparecieran en el sótano teletransportados por Kurt.

-Misión cumplida – anunció el general.

-Felicitaciones, equipo – contestó el telépata, mientras bajaba de la plataforma para recibirlos.

El ambiente había cambiado: Hank había reformado el sótano con nuevas máquinas y un espacio amplio para que el grupo pudiera moverse con facilidad cuando salían y entraban en cada misión. A su vez, había diseñado una zona cerrada con paredes de vidrio, donde se proyectaban escenas virtuales que simulaban batallas con el fin de que el equipo pudiera entrenarse. McCoy había mudado el laboratorio a un subsuelo recientemente construido, para seguir investigando. Ahora no estaba presente porque se había tomado el día libre ya que Alex lo había invitado a pasear, y lo que el mutante genio no imaginaba era que en tal paseo Summers le propondría matrimonio.

Charles abrazó a su hermana y estrechó las manos de los demás. La última misión había concluido y todos tenían que correr a prepararse porque en cuestión de horas se reunirían esa tarde a festejar el cumpleaños de Peter. Raven y Kurt se retiraron primero porque el joven todavía no había comprado el regalo para su mejor amigo y su madrastra se había ofrecido a ayudarlo. Scott los siguió y Logan quedó solo con Charles un momento. El lobo era el encargado de organizar el festejo y todos se preguntaban si detrás de su apariencia serena, no estaría a punto de estallar cual volcán, porque Peter no era quisquilloso y quería una celebración tranquila pero Howlett siempre se desvivía por ofrecer lo mejor a su familia y esta era una de esas ocasiones. Se habían casado hacía tres años, Peter se había mudado a la casa de Logan y ahora tenían una hijita de seis meses.

-¿Seguro que no necesitas ayuda? – le ofreció el telépata y no era la primera vez que lo hacía.

-No – sacudió Logan la cabeza -. Llevo días preparando todo, solo tengo que llegar a casa, saludar al mocoso y entregarles los dulces que les prometí a él y a la mocosita – se palpó los bolsillos -. Mierda – carraspeó -. Dejé el paquete lleno de golosinas en la entrada.

El lobo se refería a la entrada al edificio que habían visitado en la reciente misión para ayudar a un par de mutantes en una zona despoblada de Rusia. Ahora había perdido los dulces de Peter y de su hija.

Charles rio. Desde que se había convertido en padre, Logan se había vuelto distraído porque como se desvivía por atender a esposo e hija a la vez y todo el tiempo, olvidaba las cosas.

-No te rías, Charles – lo amonestó un tanto molesto -. Ya sé que me distraigo con facilidad pero no perdí el olfato.

El telépata rio más.

-¿Qué quieres decir con que no perdiste tu olfato?

-Que lo mantengo intacto – se frotó el puente de la nariz – y para demostrártelo te aviso que ya me di cuenta.

-¿Cuenta de qué?

-De que estás embarazado.

Charles quedó de una pieza. Esa mañana lo había descubierto con un test casero y, loco de alegría, se estaba guardando la noticia para dársela a Erik esa noche después de la fiesta. ¿Qué lo había delatado ante el lobo? ¿Alguna expresión, la sonrisa perenne o acaso Howlett ahora leía mentes como él?

-Fue tu cara – le contestó Logan al ver su confusión -. Tienes la cara radiante de un gestante, Charles. Bueno – sacó un cigarro -. Iré a fumar esto por allí, lejos de ti y de tu barriga, mientras busco algún almacén para comprar los dulces por el camino.

El telépata se estaba acariciando el vientre instintivamente.

-Tal vez no valga la pena que los compres – sugirió -. Peter va a tener su fiesta y habrá bastante comida.

-No, pero me pidió específicamente lo que quería y la paleta exacta para la mocosita.

-Está bien – aceptó Charles -. En ese caso nos vemos en una hora. Adiós, Logan.

-Espera, subamos juntos – propuso el lobo y a la salida del ascensor, él enfiló hacia su casa y Charles hacia sus aposentos.

Cuando llegó el telépata, Lorna, ya de cinco años, pizpireta y con el cabello castaño verdusco revuelto, corrió a recibirlo. Era la imagen en miniatura de Charles, tanto que hasta el tono de sus ojos había heredado. Su hermana, en cambio, era idéntica a Erik, desde los ojos hasta la altura elevada porque ya se la notaba espigada y esbelta.

-¿Cómo salió la misión? ¿Qué hicieron? ¿Cuánto pelearon? – interrogó la pequeña con mucha excitación, y la pregunta que más la intrigaba -. ¿Cuándo seré lo suficientemente grande para estar en el equipo?

Charles la cargó en brazos y le acarició la mejilla para tranquilizarla. Era un acto espontáneo que resultaba al instante porque la niña se calmó. Él comprendía que el sueño de esta hija era formar parte del equipo X-Men, para ayudar a los demás mutantes y moverse con energía porque era activa por naturaleza.

Wanda era tranquila, no le gustaba movilizarse mucho, solo lo justo y necesario porque lo suyo era pensar antes de actuar. Tenía un carácter que se imponía y causaba respeto en los demás niños. Erik ya le había comentado a su esposo que se veía que sería una líder innata: sin dudas la próxima gobernante de Genosha. Su único defecto era el llanto insistente y agudo si algo no salía como lo había planeado. Pero con mucha paciencia, sus padres estaban modelando su temperamento. Lorna tenía la personalidad de Peter, lo suyo era actuar y estar activa, igualita a su hermano mayor.

Sus padres estaban orgullosos de ambas y no podían sentirse más agradecidos de las dos bellezas que habían engendrado. Claro que ahora vendría otro más y ya Charles se planteaba si soportaría hasta la noche para darle la noticia a Erik.

Con Lorna en brazos, el telépata se dirigió al salón de juegos, donde estaba Wanda lista para la fiesta y jugando mientras mataba el tiempo. Le encantaban las muñecas y se encontraba arrodillada vistiendo y peinando a un par de ellas.

Sean seguía custodiando a Charles y a las niñas cuando no participaba en alguna misión, y en este momento estaba en el salón con Wanda. Se acercó al telépata y le informó que todo se encontraba en orden.

-Gracias – asintió Charles -. ¿Seguro que no te veré en la fiesta?

-Es que esta noche tengo un compromiso – explicó el soldado con hermetismo. Estaba comenzando una relación, que todavía no quería hacer pública, y se juntaría con la mutante para cenar cada noche -. Pero te prometo que ya no falta mucho para que la presente. Adiós.

-Adiós y que disfrutes tu velada – le deseó.

Wanda seguía jugando concentrada.

-Wanda, cariño – la llamó su padre -. Vamos a buscar a papá en el despacho para ir todos juntos al cumpleaños de Peter.

-Está bien – aceptó la niña y tras acomodarse el largo y ondulado cabello cobrizo, se puso de pie -. Ya estoy lista.

Charles bajó a Lorna y tomó de la mano a cada niña para llevarlas. Llegaron, la insistente Lorna golpeó la puerta con sus puñitos y Erik mismo se levantó a abrirles. Alzó a cada hija en un brazo y cuando iba a aproximarse para besar a su esposo, Charles contuvo el aliento y corrió al baño del despacho para regurgitar porque no tenía nada en el estómago.

-¡Papá! – gritó Wanda asustada y comenzó a llorar.

-No es nada, caballito – la consoló Erik y bajó a Lorna para abrazarla con ambos brazos. Con Wanda alzada, se acercó preocupado a la puerta del baño -. Charles, ¿estás bien?

Charles se lavó la boca con enjuague, la cara y salió con su mejor sonrisa, una disimulada porque sentía acidez en el estómago.

-Estoy, amor – le sonrió y acarició la cabeza a Wanda para aliviarla -. Ya, pequeña. Estoy bien, ¿lo ves? ¿Por qué no vamos los cuatro a la fiesta y así juegan con Laura mientras esperamos a los invitados?

Los Howlett-Lehnsherr Maximoff habían llamado Laura a su primogénita porque se trataba del segundo nombre de Magda y Peter quería de esa manera honrar a su madre, a quien no había conocido. Logan había aceptado el gesto gustoso pero le había propuesto que a la próxima hija le pusieran Luna porque el lobo estaba convencido de que tendrían otra.

Erik bajó a Wanda, que corrió más tranquila a tomar de la mano a Lorna y así salieron las niñas del despacho. Charles iba a seguirlas pero Erik lo detuvo.

-Charles – suspiró, tomándolo del brazo -. ¿No hay nada que quieras decirme?

-No – mintió tontamente -. Es decir, no hasta esta noche.

A Erik se le dibujó la sonrisa de tiburón y lo abrazó con fuerza.

-Sabía que tarde o temprano ocurriría esto – rio, emocionado -. ¿De cuánto tiempo estás?

-Solo me hice el test, Erik – explicó Charles, tratando de sonar sereno pero estaba tan emocionado como él y lagrimeó al mirarlo a los ojos -. Dio positivo y. . .

-Papás – protestó Wanda desde la puerta -. Ya quiero llegar.

Lorna no decía nada pero estaba dando saltitos de ansiedad.

-Platicamos esta noche – le murmuró Charles al oído.

Erik asintió y se acercaron a las niñas para tomarlas a cada uno de la mano y partir hacia el coche, donde habían dejado el regalo para Peter.

…..

Peter esperaba ansioso a su esposo, mientras vestía a Laura con un vestidito rosa y trataba de peinarle los pocos mechones que tenía por cabello en dos coletas. El pelo era demasiado fino, escaso y cortito, y fracasaba una y otra vez. Laura era tranquila, en apariencia un Logan en miniatura pero con la nariz y los ojos de Peter, y estaba jugando con la brújula de su padre. Sin embargo, protestó cuando le estiró un mechón.

-Está bien – Peter se dio por vencido -. Hoy llevarás el cabello suelto – concluyó e hizo el peine a un lado para alzar a su hija. Le quitó la brújula antes de que se la llevara a la boca y se la metió en el bolsillo del pantalón -. Fuiste demasiado paciente, Laura. Yo no sé si hubiese soportado tanto.

La bebé sintió hambre y antes de que llorara, su padre fue, preparó y regresó con el biberón tibiecito en un segundo. Se sentó en una silla y acomodó a la pequeña en el regazo para alimentarla. Laura succionó con energía.

Así los encontró Logan al entrar con una bolsa cargado de dulces. La bebé prácticamente no daba más que un par de lametazos a la paleta así que todos iban destinados a su mocoso.

-Feliz cumpleaños, Pet – lo saludó con un beso efusivo. Luego bajó la cabeza para besar la frente de Laura que le hizo ruiditos de alegría pero no abandonó el biberón. Al igual que para Peter, la comida para ella era sagrada -. Buenas tardes, mocosita. Veo que estás emperifollada para la fiesta, ¿de quién? ¡De papi! – y con cuidado para no quitarle el alimento, la cargó y meció en los brazos, mientras la bebé seguía succionando.

-Deja que termine el biberón mientras me cambio – pidió el joven y en un parpadeo, regresó todo acicalado, con una camisa blanca, pantalón de vestir y zapatos. Tenía el cabello peinado hacia atrás y consultó su reloj pulsera solo para divertirse con lo rápido que se había preparado -. Ya está.

Logan rio y con Laura comiendo en brazos, lo abrazó y le dio otro beso. Este fue mucho más prolongado y los invitaba a dejar a la bebé en su corralito para continuar con caricias y terminar enredados en la cama. Total, les quedaba una media hora y era tiempo suficiente para. . . oyeron golpes en la puerta.

-¿Hay alguien ahí?

-¿Hola?

Eran Wanda y Lorna.

Logan suspiró frustrado.

-¿Puede ser tu padre más puntual e inoportuno, mocoso? – se quejó.

Peter se acomodó el cuello de la camisa y fue a abrirles. Las niñas lo recibieron con su mejor sonrisa y un paquete enorme y envuelto, que levantaba cada una de un extremo y tenía una tarjeta con un mensaje redactado por ellas con su caligrafía infantil.

-¡Feliz cumpleaños, Pet! – exclamaron al unísono.

Peter, emocionado, besó a cada una en la mejilla y saludó a sus padres. Erik lo estrechó con fuerza.

-Veintitrés años, hijo – lo felicitó con orgullo -. ¡Cómo pasa el tiempo!

-Papá, no te pongas sentimental – bromeó el joven y consiguió que su padre lo apretara más.

-¡Vamos, Peter! ¡Abre tu regalo! – reclamó más que pedir la decidida Wanda.

-Eso lo haremos adentro – determinó el joven y tomó el paquete e invitó a su familia a pasar.

Laura ya había terminado su comida y Logan le limpiaba los restos de leche de las comisuras con un pañuelo. Las gemelas apenas la vieron, olvidaron el regalo y circundaron a su sobrinita para jugar con ella. Logan las llevó al salón de juegos para que se divirtieran las tres, mientras los adultos conversaban. Regresó y saludó a sus suegros.

Peter abrió el paquete. Se trataba de un traje negro de una textura suave, adherido al cuerpo, y unas gafas especiales para cuando se moviera con su velocidad en las misiones.

-La tela es de un material especial que diseñaron juntos Stark y Hank – explicó Charles -. Te permitirá más agilidad y soltura cuando corras.

-¡Wow! – exclamó el joven con sus hoyuelos y levantó la ropa con ganas de probársela ya mismo. Peter tenía tres devociones en la vida: su familia, la velocidad y las misiones del equipo X-Men. Estaba orgulloso de ser parte del grupo y que Charles, su líder, hubiera pensado en un traje particular para él, lo enorgullecía -. ¡Gracias!

Erik y Charles lo felicitaron nuevamente y Logan fue a la cocina y trajo unos aperitivos, los primeros de los muchos que degustarían. Todo acompañado de cerveza y licuados de frutilla preparados por el lobo, los favoritos del homenajeado. Peter estaba feliz y reía y disfrutaba. Sus padres se dirigieron un instante al salón de juegos para saludar a Laura. Erik se deshacía de ternura con su nieta y aunque a varios les llamaba la atención que fuera tan estricto en el gobierno y tan dócil con las niñas, su esposo lo entendía perfectamente: Erik había perdido a su familia siendo apenas un niño y toda su vida había buscado la manera de recuperarla. Ese había sido uno de los motivos, además de su buen corazón, por los que adoptó a Peter sin saber que era suyo y ahora disfrutaba de sus hijas y de su nieta. También era una de las razones de su devoción hacia Charles, adoraba a su esposo porque con él había construido una familia propia.

Más tarde tocaron a la puerta Raven y Azazel. Kurt y su novio recién llegado de Chicago, se presentaron teletransportados en la sala, riendo con complicidad porque Warren acababa de explicarle que con las inversiones que su padre pensaba hacer en Genosha, él estaba pensando mudarse definitivamente a la isla. Erik y Worthington ya habían discutido contratos comerciales importantes con el visto bueno de Logan, que seguía encargado de las finanzas. Cuando Peter le preguntó mitad en broma y mitad en serio dónde estaba su regalo, Kurt exclamó un: "¡Autsch!" porque con la alegría por lo de Warren lo había dejado en el departamento. Raven soltó un suspiro, frustrada, pensando en lo minuciosa que había sido al ayudarlo a encontrar un presente en poco tiempo, todo para nada. En cambio, Peter rio con ganas mientras Logan se acercaba a la puerta para abrir a Marie, que entró entusiasmada con un paquete del doble de tamaño que el de los Lehnsherr-Xavier. Tenía en la espalda una mochila donde traía a Pietro, y fue a dejar al gato en el salón de juegos para que se entretuviera con las gemelas y la bebé.

Cerca de la cena llegaron Hank y Alex. El tímido científico portaba su anillo de compromiso con un orgullo increíble. Ambos eran todas sonrisas y casi no necesitaron dar la noticia porque estaban tan conmovidos que sus emociones inundaron la sala y Charles los leyó sin querer. Estuvo a punto de felicitarlos sin darse cuenta. Afortunadamente justo entró Wanda protestando porque Lorna le había quitado un juguete y mientras se concentraba en su hija, Alex soltó el anuncio y todos festejaron.

Sharon llamó para saludar a Peter. Le tenía un cariño especial al joven porque no olvidaba que había integrado el equipo que la rescató de Emma. Le mandó los mejores deseos suyos y de su esposo, que no se encontraba en la casa. Brian ya había dejado la banca senatorial y se estaba enfocando en comenzar una campaña para postularse a alcalde porque no olvidaba su ambición de ocupar la Casa Blanca. Ella había aprendido a acompañarlo y él a dividir su tiempo entre la política y su familia.

Próximo al brindis, Stark llamó desde Nueva York para felicitar a Peter y saber qué opinaba del traje. El muchacho se lo agradeció de corazón y escuchó la voz de Steve del otro lado de la línea. Le insistía a Tony que se los anunciara pero Stark se despidió abruptamente de Peter, les deseó buena fortuna a él y a todos los presentes y colgó. Conociendo lo excéntrico que era, nadie se sorprendió con su actitud cuando el joven la comentó más tarde.

Continuaron con los festejos, cortaron el pastel y Charles no pudo terminar su porción porque sentía que el estómago le rechazaría el chocolate y la menta. Erik notó el malestar de su esposo y se despidió amablemente de todos. Las niñas ya estaban cansadas y Laura llevaba un par de horas durmiendo en su cuna, así que siguieron a sus padres felices.

Erik se encargó de meterlas en las camas, cantarles una canción de cuna en polaco que había aprendido de sus padres, y apagarles el velador. Las niñas descansaban en camas paralelas divididas por una mesa de luz y con la voz serena de su padre, quedaron reconfortadas y se durmieron enseguida. Magneto aprovechó para regresar a la sala con su esposo, que se había puesto un pijama cómodo y lo esperaba junto al tablero de ajedrez. Pero Erik no tenía ganas de jugar una partida con el bebé en camino, y prefirió besarlo con los chasquidos fogosos que eran la antesala del acto sexual. Charles no protestó y riendo, lo tomó de la mano para guiarlo a la recámara conyugal; hacía un par de años que habían decidido compartir el dormitorio así que se mudaron al del telépata y convirtieron el antiguo de Erik en un salón privado para la familia. Habían hecho otras modificaciones para transformar los departamentos en una acogedora casa familiar dentro del castillo.

Se metieron en la cama, se desnudaron y antes de hacerle el amor, Magneto se entretuvo contemplando y besando cada centímetro del cuerpo de su consorte. A la mañana siguiente él se haría de un tiempo para acompañar al Charles al médico después de dejar a las niñas en la escuela. Morían de curiosidad por saber cuánto tiempo llevaba de embarazo y podían hacerse la idea de las próximas indicaciones y cuidados del obstetra. Sin embargo, esta noche se amaron despacio, tranquilos pero sin perder la pasión. Ya después de más de media década se conocían uno al otro perfectamente y sabían explorarse. Erik sabía cuál caricia y cuál beso despertaba más la libido de su esposo y Charles conocía qué movimiento excitaba más a su amor. Por eso, sin la ansiedad de los primeros tiempos, ahora disfrutaban con serena avidez el acto sexual.

Cuando alcanzaron el orgasmo, se recostaron juntos y apagaron la luz. El telépata concilió rápido el sueño sobre el pecho de su esposo, mientras que Erik le acariciaba el pelo. Estaban los dos desnudos como les gustaba dormir con solo las cadenitas con el ámbar colgando de sus cuellos. No olvidaban a la criatura que habían perdido aunque ahora tuvieran dos preciosuras y otra en camino. Magneto reconocía que esa tragedia los había unido más y le había enseñado a Charles a lidiar con la culpa.

Erik estaba ya somnoliento cuando sonó el teléfono de su mesa de luz. Alzó el tubo creyendo que se trataba de algún problema gubernamental y se sorprendió al oír la voz de Tony del otro lado.

-Sé la hora que debe ser en Genosha – se excusó el científico -. Pero necesitaba decirte que tenías razón y no es algo que yo lo afirme a menudo – silencio -. Magneto, oye, ¿sigues allí?

Erik se frotó los ojos para acomodar las ideas. Volteó hacia Charles, preocupado de despertarlo.

-¿A qué te referías con que tenía razón? – murmuró.

-Cinco años atrás, cuando acabamos con ese Cráneo Rojo, tú me lo dijiste y no te lo creí.

Erik estaba demasiado cansado para elucubrar.

-Refréscame la memoria.

Tony rio.

-¡Ah, no lo recuerdas! Tú me aconsejaste lo de Steve y hoy te hice caso y dijo que sí – silencio otra vez -. Me hiciste ver lo que sentía por él, yo pensé que era simple amistad y una gran admiración pero no, amigo, tú te diste cuenta de que me había enamorado y hoy, cinco años después, lo cité en un café aquí en Nueva York y platicamos y, así fue, se ha formado una pareja entre los Vengadores.

Erik sonrió feliz por ellos y con orgullo porque había dado en el blanco aquella vez. Le llamaba la atención que Tony hubiese esperado tanto tiempo para comprender algo que para él, Magneto, había sido obvio desde el principio, pero lo importante era que le había abierto su corazón a Steve y el Capitán había aceptado.

-Felicitaciones a ambos – contestó -. Recuerda que la isla de Genosha siempre les dará a los dos la bienvenida.

-¿Es una invitación para que vayamos a vacacionar dentro de un par de meses? – indagó Tony, siempre suelto y desvergonzado.

-Tú lo decides – respondió Erik y bostezó. Ya era tarde -. Adiós y saluda al Capitán de mi parte.

-Comenta la noticia a los demás, especialmente a Charles – pidió Stark.

-Mañana a primera hora – prometió Erik y se frotó los ojos, ya semidormido -. Adiós.

-Adiós – se despidió Tony y cortó.

-Erik – murmuró Charles, mientras su esposo colgaba el tubo. Se desperezó y bostezó -. Creo que nuestro nuevo hijo tiene hambre, digamos que antojos.

Erik rio y lo abrazó, haciéndolo rodar en el colchón para acomodársele encima.

-¿Estás poniendo a un hijo mío como excusa para que te consienta?

-¿Tú qué opinas? – replicó Charles insinuante.

Magneto estaba agotado pero se calzó la bata, solícito, para ir hasta la cocina a buscarle algo qué comer.

-¿Qué quieres? ¿Helado de crema, chocolate, un pedazo del pastel que nos regaló Peter?

-Algo que podamos compartir los dos en la cama – pidió Charles y se sentó en el colchón para esperarlo.

Erik fue a la cocina y mientras cargaba helado de chocolate en los dos tazones, miró por la ventana y vio la luna redonda como una moneda plateada. Le recordó la primera noche que Charles pasó en Genosha cuando el trauma de su pasado lo despertó y él lo cargó hasta la cama y lo contuvo para consolarlo. En ese momento el joven le había provocado compasión y él había culpado a Brian por no explicarle que su hijo sufría de ansiedad. Ahora las cosas eran distintas. Los dos estaban casados y eran felices. ¿Qué más podían pedir?

Absolutamente nada.

Puso los tazones rebosantes de helado en una bandeja y regresó a la habitación. Charles seguía desnudo, solo vestido con la cadenita, y estaba ansioso por mimarse con su esposo, los dos juntos comiendo en la cama, como la pareja feliz y armoniosa en la que se habían convertido.

…..

¡Hola! Pasaron siete meses desde que subí el primer capítulo para participar del evento de la semana Cherik. Me fue divertido y grato escribir esta historia y me llenó de alegría el apoyo a través de lecturas, votos y comentarios. Muchas gracias y espero que hayan disfrutado.

Muchos besos

Midhiel