Os aviso que el capítulo tiene escenas de violencia extrema, por lo que si sois impresionables leed bajo vuestro propio riesgo.
Capítulo 30
-Debes estar bromeando - continuó Mjosgard, aún en estado de shock tras la revelación de su sobrina - Eso era una broma ¿No es cierto?
Pero la seriedad en el rostro de ella contestó a su pregunta.
El hombre se dejó caer al suelo.
-Dios mío... Supongo que eso explica por qué apareciste de pronto en Marijoa... - la miró - Todo este tiempo... Durante esos cuatro años que desapareciste... ¿Lo estuviste ocultando?
Ella asintió.
-Madre mía, esto... realmente va a ser un problema...
-¿Vas a reportarme al Gorosei? - preguntó mientras apretaba los puños con fuerza.
-¿Qué? ¡Dios, pues claro que no! ¿Tan poco fiable me ves? - contestó rápidamente alarmado - Ya te o he dicho, somos familia ¡No pienso venderte!
Mina también se dejó caer al suelo. Sabía que no debía confiar en las palabras tan a la ligera, pero sintió un gran alivio al escuchar esas palabras.
-Bueno... Supongo que por eso no querías que ese chica apareciese por aquí... - recordó algo de pronto - Oh, mierda. Sigue ahí afuera.
Mjosgard fue corriendo afuera para inventarse cualquier excusa con el fin de que Rebecca se marchase, y, tras un largo rato, volvió a entrar al salón.
-¿Cómo la has convencido de que se fuese?
-Le he dado comida y le he dicho que estabas enferma.
-Menuda salida más fácil... - intentó bromear para aligerar el ambiente.
Ambos se sentaron y no dijeron nada más durante un buen rato, hasta que finalmente, Mjosgard rompió el silencio.
-Sabía que tu vida con Doflamingo no había sido fácil, pero ¿Qué te hizo unirte a la Armada Revolucionaria? Quiero decir, no tiene ninguna lógica aparente...
Ella puso una mirada triste y suspiró.
-Supongo que me di cuenta de que estaba en el bando equivocado...
-¿El bando equivocado?
-Verás, honestamente a pesar de todos los problemas que había en Dressrosa y el sufrimiento que causaba la guerra, nunca pensé del todo las consecuencias de mis actos. Yo tan sólo cumplía con la misión que se me encomendaba, y si bien en algunas ocasiones tenía un sentimiento parecido a la culpa, tampoco le daba mucha importancia...
-¿Y qué fue lo que te hizo cambiar?
Ella se mantuvo en silencio.
-Mina - la miró con preocupación - Puedes confiar en mi ¿Qué fue lo que viste?
Ella suspiró. Recordarlo aún provocaba que su corazón encogiese.
-Ocurrió en el anterior Reverie...
- Hace más de cuatro años, durante el Reverie -
Tras aquella charla desagradable con Im, Doflamingo dejó de asistir a las reuniones oficiales. Mina también dejó de dar paseos por las calles perfectamente adoquinadas de color blanco, y decidió mantenerse cercana a donde su tío se encontraba.
-El es último día ya, así que entraré a hablar con una persona y nos iremos - dijo Doflamingo con seriedad - Estoy harto ya de toda esta manada de inútiles.
Mina asintió y se quedó escoltando a las afueras de la habitación.
Había pasado ya una hora, y no tenía aspecto de que el rubio fuese a aparecer en poco tiempo, por lo que Mina comenzó a ver a través de uno de los ventanales.
Afuera observó una de las calles de entrada a Marijoa. Estuvo un rato con la mirada perdida, hasta que vio a uno de los reyes que se deslizaba a través de la calle.
¿Se deslizaba?
La curiosidad finalmente la ganó, así que decidió bajar a investigar.
Se situó en los adoquines donde vio a aquel rey deslizarse, y esperó.
De pronto, sintió que el suelo comenzaba a moverse sin que ella hiciese nada. Aquello la fascinó por completo, lo encontraba hasta emocionante. Era como si se tratase de una cinta transportadora ¿Cómo funcionaría eso? ¿Maquinaria compleja?
Aquello la divirtió, por lo que decidió dejarse llevar un par de veces más, pero comenzó a notar que con cada paseo que daba, iba más lento, hasta que al final a penas se movía.
-¿Hm? ¿Se habrá roto?
Comenzó a buscar alguna marca que indicara dónde se encontraba el mecanismo para que la calle avanzara, estaba segura de que debían ser algunos engranajes y algún motor, y tal vez se habían estropeado alguno de sus materiales.
Tras buscar un rato, encontró una ranura, pero no pudo ver nada en su interior, así que colocó la oreja, por si escuchaba el sonido de la maquinaria, pero en su lugar escuchó un sonido un tanto extraño.
-Suena como si fueran... ¿Quejidos? - comenzó a extrañarle, así que golpeó ligeramente el suelo, descubriendo que, en efecto, estaba hueco, por lo que debajo debía de haber una habitación donde se alojaba la maquinaria para hacer mover el suelo.
Pensó que esos quejidos eran tal vez de algún trabajador que había ido a mirar qué había pasado y tal vez se había hecho daño. Normalmente no le importaba mucho los problemas ajenos a ella, pero como estaba bastante aburrida decidió prestar ayuda, por lo que comenzó a hablar a través de la ranura.
-Oiga ¿Necesita algo? Si necesita ayuda cargando o moviendo algo ahí abajo puedo ayudar, tengo bastante fuerza.
No escuchó una respuesta del otro lado.
-¿Disculpe? ¿Hay alguien ahí?
-Ayuda - escuchó decir a una voz muy baja y aguda.
Aquellas palabras la extrañaron ¿Tal vez el personal había tenido un accidente y por eso pedía ayuda?
-¿Necesita que baje ahí? Pero no sé cómo llegar...
-¡Ayúdanos, por favor! - la voz ahora sonaba más fuerte y con mayor decisión.
Aquello ya comenzaba a molestarla, por lo que empezó a intentar hacer palanca entre el suelo y la ranura, para levantar el suelo. No iba a ser un problema, ya que ella tenía mucha fuerza física, por lo que, tras intentarlo un par de veces, comenzó a levantar el suelo como si de una tapa se tratara, aunque con mucho esfuerzo.
Finalmente, escuchó un crujido, y una pequeña parte del suelo cedió bajo sus pies, creando un boquete por el cual ella se cayó hasta tocar el fondo, el cual estaría a unos 20 metros bajo el suelo.
Tras recuperarse de la caída, comenzó a sacudirse el polvo. Aquella habitación estaba totalmente a oscuras, no podía ver nada.
Dejó que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad, pero aún así no era suficiente. Consiguió ver que en la pared se encontraba una antorcha, por lo que sacó un mechero que traía con ella de emergencia y prendió fuego para poder tener un poco más de iluminación.
Agarró la antorcha y comenzó a inspeccionar la habitación.
No había maquinaria, si no que en el centro había un enorme molino tumbado, que supuso que, al girarlo, provocaría que el suelo comenzase a moverse.
-Espera, no hay un motor que lo mueva - comenzó a observar mejor aquel molino - ¿Acaso lo mueven...personas?
Aquello era enorme, probablemente necesitaban a más de 20 adultos para mover aquella enorme rueda.
De pronto, escuchó un pequeño gemido, seguido de unos cuantos llantos.
Mina volteó la cabeza para ver el resto de la habitación, pero ahí descubrió quiénes eran los que movían aquella rueda.
Niños.
Niños que no tendrían ni 7 años de edad.
Todos estaban arrinconados y temblando de miedo en una de las esquinas, por eso ella no había podido verlos al principio.
Mina corrió y se acercó.
-¿Habéis sido vosotros los que habéis pedido ayuda? - preguntó. No sabía por qué, pero algo de esa situación estaba comenzando a impacientarla. Una presión desconocida para ella comenzaba a surgir en su pecho.
Estaba nerviosa.
-¿Quién eres? - contestó uno de los niños, el cual parecía ser uno de los más mayores del grupo.
-Soy... - se pensó bien si debería decir que era princesa de Dressrosa - Me llamo Mina ¿Quiénes sois vosotros? ¿Qué hacéis aquí? ¿Acaso no hay algún adulto entre vosotros?
Al escuchar la palabra "adulto" los niños se estremecieron, como si de un monstruo se tratara.
Ella se acercó al que hablaba, necesitaba conseguir más información, y no podía simplemente gritarles tan alejada de ellos. Además, eran niños asustados, por lo que no sentía peligro aparente.
-Tranquilos - dijo ella para crear confianza - ¿Podéis decirme...
Antes de que pudiera terminar la pregunta, por fin pudo ver bien a todos esos niños de cerca.
Todos estaban en un estado tanto higiénico como de salud deplorable. Iban casi desnudos y tenían dos boquetes enormes en la cara.
No tenían ojos.
Por primera vez en su vida, supo identificar aquel sentimiento que la azotó al ver aquello.
Horror.
Se acercó corriendo a los niños y se arrodilló enfrente del que parecía más mayor. Comenzó a tocarle la cara para observarla mejor.
El menor no la evitó, pero comenzó a temblar al comenzar a ser tocado.
Mina conocía muy bien aquella reacción. Era la de alguien que había sido abusado.
-No... no te preocupes, no voy a haceros daños - dijo para hacer que los niños no se horrorizaran más con su toque, pero la voz le temblaba - ¿Quién os ha hecho esto? ¿Por qué estáis aquí?
-Ellos - dijo el niño mientras temblaba y lloraba - Los adultos con traje de buzo.
La joven se estremeció. Los Tenryubitos...
-¿Cómo habéis llegado aquí?
-No lo sé - continuó hablando el niño, pero con la voz temblorosa - Yo estaba con papá y mamá, pero alguien me llevó a un escenario y... - comenzó a agarrarse la cabeza con ansiedad - Todos gritaban... y de pronto alguien me arrastró hacia un barco y al bajar...
-¿Qué pasó al bajar?
El niño se señaló la espalda.
La marca de la garra del dragón. Los habían marcado con fuego como si se trataran de ganado.
-Dolió mucho... - temblaba - Y después los buzos... ellos...
Mina intentó calmar al niño.
-¿Ellos te quitaron la vista? - preguntó con seriedad - ¿Fueron ellos los que hicieron esto?
El pequeño asintió.
-¿Por qué? ¿¡Por qué harían algo así!?
-Porque les divertía...
Mina se dejó caer con todo su peso en el suelo. Estaba en estado de shock por completo.
No lo entendía. Jamás en su vida había visto semejante nivel de crueldad.
La guerra había sido horrible y traumática. Y sí, había visto mucha gente muerta y herida por el enemigo.
Y también había presenciado torturas al bando contrario. Había visto a gente sufrir antes.
Pero esto era diferente. Esto era una crueldad... sin justificación alguna.
Había matado por ideales, por órdenes... por un objetivo. Pero jamás por diversión.
Tuvo que aguantarse las ganas de vomitar.
-No os preocupéis, os sacaré de aquí - comenzó a hablar con nerviosismo - No dejaré que os quedéis aquí.
-Usted... ¿Realmente nos sacará de aquí?
Aquel tono de voz tan miserable hizo que el corazón de la joven se estremeciera. El sentimiento de culpa se intensificó.
-No pienso dejar que sigáis sufriendo esto.
Los niños parecían confiar en las palabras de aquella joven, por lo que se agruparon cerca de ella.
-Debemos irnos de aquí.
No era nada fácil guiar a más de 20 niños ciegos, pero ellos eran bastante inteligentes. Ella lo sabía mejor que nadie, el sufrimiento aumentaba la agudeza.
No sabía por dónde sacarlos, ni tampoco a dónde los llevaría, pero si de algo estaba segura es de que no permitiría que volviesen a ese lugar.
Tras avanzar durante un rato, comenzaron a escuchar pasos.
Los niños se aterrorizaron.
-No... ¡No!
-Están viniendo ¡Nos volverán a hacer daño!
-¡Mantened la calma! - intentó tranquilizarlos - Nadie volverá a tocaros. Esto acabará hoy mismo.
-Señorita - dijo de pronto aquel niño más mayor - No permita que los buzos vuelvan... Por favor.
Su corazón se volvió a estremecer.
-Os lo juro, bajo ningún concepto dejaré que os vuelvan a hacer daño.
El niño dibujó una pequeña sonrisa.
El grupo continuó moviéndose. Pero de pronto, un estallido sonó de pronto.
Una de las paredes había sido derruida. Y tras ella aparecieron tres hombres: Uno de negro, uno de blanco con una máscara y uno con traje de buzo.
Mina los reconoció al instante: Un guardaespaldas, un agente del CP0 y un Tenryubito.
-¿¡Quién diablos eres!? - comenzó a gritar aquella mujer Tenryubito, aunque más bien era una niña que no superaba los 12 años.
-Santa Sharlia - dijo el hombre de negro - Por su seguridad manténgase detrás mía.
-¿¡Por qué tienes a mis esclavos!? ¡Son míos!
Aquel comportamiento caprichoso enfadó a la pelirrosa.
-La forma en la que los tratas es inaceptable - contestó furiosa - Me los voy a llevar.
-¿Perdona? ¿Cómo te atreves a hablar así a un noble mundial? - aquel miembro del CP0 parecía estar amenazándola.
-¡No tenéis ningún derecho a torturar niños! ¡Y menos por diversión! ¿Cómo diablos los teníais en esa habitación haciendo girar el molino? No tenéis sentido común...
-Usted es... el hombre de blanco se acercó a ella - Ya veo, eres la acompañante del bastardo de Doflamingo - dijo con tono alegre. No podía ver su cara por la máscara, pero podía jurar que estaba sonriendo.
-Apartad de mi camino, o si no hablaré con Doflamingo sobre este incidente.
-¿Hm? ¿Sobre qué incidente? Yo solo veo a una niña perdida en zona restringida.
-No te hagas el loco, los niños se vienen conmigo.
-Lo siento, querida, pero eso no va a pasar.
Antes de que ella siquiera pudiese reaccionar, aquel hombre disparó una bala, la cual impactó en el cuello del niño que todo el rato la había acompañado de más cerca.
-¿¡PERO QUÉ DIABLOS HACES!?
Mina enseguida intentó frenar el sangrado, pero debía ser realista, aquella era una herida mortal.
-Señorita... - intentó decir el niño con dificultad mientras la sangre brotaba de su boca - No permita que volvamos con ellos... Lo prometió...
La joven comenzó a entrar en pánico al ver morir a aquel niño en sus brazos.
-Lo pagarás - dijo llena de rabia - ¡No permitiré que vuelvan!
Intentó luchar con aquel hombre, pero las paredes de la mina eran demasiado inestables, y aquel sitio colapsaría de golpe. Además, no quería reconocerlo, pero aquel agente del CP0 era mucho más fuerte que ella. No tenía posibilidades de ganarle.
Midió las probabilidades, y decidió que lo más sensato era intentar escapar a como diese lugar.
Provocó un derrumbamiento, el cual separó a Mina y a los niños de aquellas personas.
-¡Vamos! ¡Debemos llegar a la superficie antes de que vuelvan! - empezó a apresurar el paso de los pequeños, pero no era suficiente.
El derrumbe provocaba pequeños temblores, que para una persona normal no serían de gran problema, pero para niños menores de 8 años, ciegos y en pésimas condiciones, era todo un desafío.
Hizo todo lo posible para mantenerlos a salvo, pero de pronto olió algo.
-Gas.
Aquello era malo. Muy malo.
Si continuaban respirándolo morirían intoxicados. Además de que la mínima chispa haría que aquello explotara el lugar.
Apagó la antorcha y continuó guiando a los niños a toda prisa, hasta que finalmente vieron una luz. Era una salida.
Todos corrieron ante las indicaciones de la pelirrosa, pero el agente del CP0 volvió a aparecer ante ella.
-¿Me ves cara de idiota? Ni sueñes con llevarte a los esclavos, son propiedad de un Tenryubito.
-¡A LA MIERDA LOS TENRYUBITOS! ¡Ellos se vienen conmigo! ¡Déjanos salir!
De pronto, el hombre golpeó con tanta fuerza a Mina, que la dejó casi noqueada en el suelo.
Tras tumbarla en el suelo, la agarró del pecho y comenzó a herirla de gravedad, clavando sobre todo en la parte derecha un puñal repetidamente y rasgándole la piel.
El dolor era insoportable y la sangre le brotaba sin parar. Tras acabar con ella, se dirigió hacia los niños.
Mina, desde el suelo, vio como el hombre de blanco comenzaba a arrastrar a los niños en dirección a aquella insoportable noble que no paraba de gritar.
No podía moverse, el golpe la había aturdido por completo.
Escuchó los gritos de agonía de los niños. Estaban siendo azotados con brutalidad por aquella niñata vestida de buzo.
-¡No! ¡Por favor!
Los gritos de ayuda de los niños retumbaron en su cabeza.
-Señorita ¡Sálvanos!
No había forma de escapar. Ese hombre la había dominado por completo. Ya no le quedaban fuerzas ni para moverse, había perdido demasiada sangre. la rasgadura con el puñal había sido tan fuerte y profundo que prácticamente podía tocarse las costillas. Y era extremadamente doloroso.
La brutalidad con la que trataban a esos niños estremeció una vez más si corazón. Cuando otro niño estaba punto de morir a causa de los golpes, intentó buscar a Mina a pesar de su ceguera, y, mientras agonizaba, pudo escuchar sus últimas palabras.
-Por favor, haz que pare... para siempre...
"...No importa cómo" recordó que le dijo aquel niño.
Sacó a duras penas el mechero que recordó que portaba con ella.
El agente del CP0 la miró.
-¡Ni se te ocurra prender fuego! ¡Los matarás también a ellos!
Mina miró por última vez a los niños.
Todos ellos sonrieron, sabiendo que morirían de manera instantánea con el fuego. Pero aquella era una sonrisa llena de paz. Todos ellos deseaban la muerte por encima a una sola tortura más.
-¡DÉJALO! - gritó desesperado el agente - ¡SUELTA ESO, PERRA LOCA! ¡TÚ TAMBIÉN HAS CONTRIBUIDO A ESTO! ¡ESTO ES POR CULPA DE DOFLAMINGO!
¿Doflamingo? ¿Qué tenía que ver su tío en todo eso?
De todas formas no le importaba. Nada de eso le importaba más.
-Te lo he dicho - dijo de manera retadora mientras se desangraba - Esos niños no volverán contigo.
Prendió el mechero.
Lo último que recordó fue una enorme explosión, un dolor sofocante en el pecho y la pérdida de su consciencia.
Había explotado la mina, con ella y el agente del CP0 dentro.
Y con los niños.
