Idiota II
Suerte que el sueño la tumbó al cabo de diez minutos porque Lana había sufrido de intoxicación por Jennifer Morrison durante todo su aletargada preparación para dormir. Lo mal que le supo haberle preguntado si interpretaría a Emma sabiendo que tendría que filmar escenas intimas con Regina quedó eclipsado por el ¿Por qué no? de Jenn. Absolutamente eclipsado.
Es que ¿por qué no? Es decir, eran actrices y actuar es lo que hacían. Si a ella le ofrecieran un papel de lesbiana y la historia valiera la pena, también lo interpretaría sin dudar. Sin siquiera preguntárselo. Se apoyó las manos en las mejillas notando el calor en las yemas de sus dedos. Debía estar sonrojada. ¿Qué pensaría Jenn de qué le hubiera preguntado eso en primer lugar? Suerte que las 13 horas de viaje le pasaron factura y se durmió casi de inmediato porque de estar entera no habría podido reprimir los deseos de imaginar lo que hubiera podido ser. De la serie, de los personajes y de ella misma.
Jenn por su parte se lanzó sobre la cama y hundió en la almohada tratando de que su cabecita de rubia no le enseñará escenas de Emma y Regina en su mente. 'No, no, no, Jenn, ¿en qué estás pensando?'. Era consciente que por mucho que trataba de ubicar a los personajes, la pregunta de la morena había desatado una vorágine de fantasías que incluían a Lana y a Regina en una telaraña confusa. Esto tenía que ser culpa de haber seguido leyendo fanfics, pero tuvo que seguir, era demasiado bonito para dejarlo.
Suspiró metiéndose en la cama quince minutos después. ¿Por qué Lana pensaría que ella no querría hacer una escena de esa clase? ¿Por qué no con ella? ¿Tan poco profesional la veía o es que...? No, descartado, no podía ser eso. No podía ser nada personal. Solo era una pregunta, una pregunta sin importancia. Jenn pasó su mano por las sabanas suaves e impolutas de la cama. Tomó su móvil y configuró una alarma, media hora antes de las 8. Lo suficiente para prepararse, ver que desayunaban y llamar a Lana. Se durmió tratando de dejar de jugar con su imaginación y las cosas que no sucedieron, ni sucederán porque la serie ya había terminado.
Se levantó rápido al escuchar la alarma y la desconectó. Fue al lavabo y se lavó la cara para estar un poco más presentable. Como tenía un pijama de dos piezas, no sintió deseos de usar una bata. Realmente, pocas veces las utilizaba estando en su casa. Salió rumbo a la cocina. Lola y Ava la atraparon cuando iba por el pasillo.
-¿Qué tal han dormido, pequeñajas? – las saludó a las dos - ¿preparamos el desayuno?
Estuvo fisgoneando en todos los cajones hasta hallar el café. A Lana no le iba a importar, ¿verdad? Bueno, eso esperaba. Hizo unas tostadas y las dejó en el microondas para mantenerlas calientes en el ambiente cerrado. Lavó y cortó trozos de frutas colocando todo en la mesa que había en el balcón. El sol no daba de frente y era un sitio perfecto para empezar bien el día. Caminó por el pasillo de regreso a las habitaciones y golpeó la puerta de Lana con los nudillos de forma suave.
-Voy – escuchó su voz rasposa de recién levantada y sonrió imaginándola.
La puerta se abrió y Lana apareció con unos ojos que se negaban a mirarla del todo envuelta en una bata de seda italiana. Su cabello enmarañado la hacía verse especialmente natural.
-Una Lana salvaje aparece de entre las sábanas – Jenn remedó al juego Pokemon, mientras se reía – estás despeinada – le comentó notando que le fue inevitable acariciar algunos mechones de pelo de Lana.
La mujer hizo una mueca de indiferencia – si alguien te ha dicho que amaneces peinada, te ha mentido descaradamente.
-Buenos días, Lana – Jenn le restó importancia a su comentario - ¿quieres desayunar conmigo? – preguntó – he hecho café.
-Se huele – respondió la morena bostezando y desperezándose – me lavo la cara y voy.
-Estaré en el balcón, esperando.
-Desayuno al aire libre después de la primera noche, que romántica – aventuró Lana riéndose y cerrando la puerta tras de ella.
Jennifer meneó la cabeza y llevó los últimos detalles a la mesa de afuera, como las tostadas y una mermelada que había encontrado en la nevera de Lana. La morena no tardó en aparecer. Saludo de camino a las dos preciosas compañeras de piso que tenía además de Jenn y luego vino hasta donde la rubia esperaba.
-¿Has dormido bien? – le preguntó al verla sentarse delante de ella.
-Estaba agotadísima, así que casi no me he dado cuenta de que he dormido.
-Entiendo, es lo que hace el cansancio cuando nos sobrepasa.
-¿Tú? ¿Qué tal la noche en la habitación de invitados? – preguntó Lana – gracias – agregó cuando Jenn le sirvió café.
-Bien, bien – Jennifer se cuadró de hombros – la verdad es que también dormí bien, me desperté con la alarma.
-Me engañaste – aseveró Lana y Jenn entrecerró los ojos – pensé que me llamarías para preparar el desayuno, pero te adelantaste.
La rubia sonrió – tú necesitabas dormir más que yo y es lo mínimo que puedo hacer teniendo en cuenta que te invadí la casa.
-No me quejo que conste, no todos los días te preparan el desayuno – Lana sonrió y bebió el primer sorbo de café -, pero reconozco que me hubiera gustado que lo preparáramos juntas.
-Pues la próxima será – replicó Jenn y Lana abrió los ojos en señal de curiosidad – no me mires así, seguro que habrá más oportunidades.
Lana se río en voz alta – seguro que sí – luego de tomar un trozo de albaricoque con su tenedor, agregó – por cierto, ¿vas directo al set?
Jenn negó – debo ir a casa a dejar a Ava, luego iré al set.
-Pero ¿tienes lo necesario para ir desde aquí?- quiso saber la morena.
-Repito – anunció Jennifer – debo llevar a Ava a casa primero, no puedo llevarla al set, se aburriría, creo que no me darán tregua hasta la tarde.
-No me has contestado – Lana rodó los ojos al tener que insistir.
-Sí, sí que lo tengo todo – contestó la rubia rodando los ojos también.
-Pues vete desde aquí al set y yo me quedo cuidando a Ava durante el día – Lana aprovechó una pausa para respirar para tomar una tostada – luego la vienes a buscar.
Jenn observó a Ava jugar con Lola en el interior y sonrió ante la iniciativa – me parece que Ava estará más que feliz de quedarse contigo.
-No se hable más, así de paso no tienes que salir tan pronto de aquí, creo que con media hora de camino te bastará.
-Lo tienes todo muy bien pensado y controlado, ¿no? – la rubia le guiñó el ojo a Lana -, pero mejor así podemos hablar de las cosquillas que te hicieron sentir los fics en sus partes jugosas.
-¡Pero que insistente! – Lana tuvo que dominarse para no gritar y no sonrojarse, además de no atragantarse con el café – como te gusta hablar de eso, ¿no?
-Solo me gusta lo nerviosa que te pones, no te voy a mentir.
-Ya veo que sólo soy un juego para ti – Lana dramatizó la situación fingiendo irritación.
Jennifer sonrió y luego volvió a guiñarle un ojo – el mejor de los juegos para las 8 de la mañana.
-Y dígame, Señorita Morrison, ¿qué clases de cosquillas le ha generado a usted esos encuentros de Emma y Regina? – soltó Lana devolviendo la pelota a su campo.
La rubia no se amedrentó – muchas y de las buenas – dijo viendo como Lana entornaba los ojos – va, en verdad me gustaron, se sintieron naturales, no cómo Regina teniendo sexo con el ladronzuelo ese.
Lana abrió los ojos – el sexo más incómodo, menos natural y en el momento menos apropiado del mundo – bufó – porque lo único que necesita una mujer como Regina en un momento en que el mundo mismo se resquebraja bajo sus pies es un poco de amor heterosexual para encontrarse así misma – meneó la cabeza – es que si lo analizas con calma es casi una ofensa al personaje.
-Te he visto hablando bien de ese evento durante las convenciones, bueno, al menos decir que ellos lo habían hecho – Jenn la quedó mirando – podrías haber dicho que no, no había un embarazo de por medio para probar nada.
-Yo digo lo que ellos me piden que diga, no lo olvides – le aclaró – además, Sean y yo nos llevamos bien y no quería que entendiera que su personaje a veces me resultaba tan poco especial.
-¿Te refieres al hecho de que se te lanza encima olvidándose de sus obligaciones maritales o su honor?
-Por ejemplo, no es mejor que el resto de muchos los hombres que existen, ¿no? – Jenn meneó la cabeza en aprobación ante las palabras de Lana – vale, luego se sacrificó por mí en el inframundo, pero ya sabes.
-A esa altura ya tenía una hija con tu hermana, sabemos que era un personaje casi olvidable – ahora fue Lana la que asintió en aprobación a Jenn – por eso me gusto como las historias llevaron hacia el momento en que ellas intimaban, eran especiales y no había cabos sueltos.
Lana meneó la cabeza – voy a confesar que el momento que pasan Emma y la reina en La princesa y la prisionera me pareció algo sublime y perfecto.
-Ahí sí hay cosquillas – Jenn sonrió de medio lado, pero contestó de inmediato para no molestar a Lana – lo cierto es que puedo asegurar que si esa Emma fuera real habría estado más que feliz de interpretarla.
-¿Verdad?
-La verdad que sí, me gusta pensar que Emma tiene una primera vez que no resulta en un caos o una tragedia dónde debe dejar a su hijo en manos de nadie más.
-Es una primera vez bonita, es cierto – Lana suspira – llena de amor, ellas se adoran profundamente.
-En Mensajes Recibidos también, aunque es todo más errático, más enredado, bueno, más realista.
-Tu Emma no parece para nada en desacuerdo con decirles algunas cosillas a la alcaldesa y ponerla en tono – Lana sintió que se sonrojaba, pero carraspeó para evitar que se notará lo mucho que la habían cautivado esos mensajes entre Emma y Regina.
-Sí que te han gustado que lo del sex-texto eh.
-¡JENN!
-¿Qué? Niégalo – Lana no lo hizo y a cambio, como concesión, rodó lo ojos – a mí también, no te creas que no.
-¿Lo has hecho alguna vez? – la pregunta salió de Lana sin que se lo pensará mucho – quiero decir tú misma.
Jenn se encogió de hombros – puede, aunque más lo del sexo telefónico, quiero decir no como costumbre – la rubia se sintió enredar para explicarse – es que lo he hecho en más ocasiones.
Lana comenzó a tratar de no rebotar por las antenas de su imaginación sobre la voz de Jenn diciendo según qué cosas – ya veo, así que eres una experta en el tema y podrás valorar mejor que yo lo que has leído.
-¿Me dirás que nunca lo has intentado? – Jenn la miró sospechosamente – venga ya, eres Lana Parrilla, expulsas sensualidad por dónde se miré.
-No sabía que estuvieras tan atenta a mi sensualidad – Lana aprovechó el desliz de Jenn para lanzarle una pulla -, pero sí, sí que lo he hecho antes aunque más lo del sex-texto que lo del sexo telefónico.
-Vaya, entonces la experta eres tú, cariño – había un retintín en la voz de Jennifer que demostraba que sólo hacía una broma. Estaba mofándose de la aparente incapacidad de Lana para mantener una conversación sobre esto sin estar levemente inquieta con ella. Que equivocada estaba. Debía haber recordado lo mucho que su amiga se crecía frente a los desafíos.
Se detuvo de inmediato al ver la mirada que le lanzó Lana como respuesta. Esos ojos tan expresivos la atravesaron. No lo esperaba.
-¿Quieres que te enseñe? – dijo la morena en el tono más sensual que le había oído jamás la rubia - ¿quieres que te enseñe lo que se siente?
A Jenn se le secó la boca de sólo pensarlo y toda su seguridad se desvaneció. Aquella voz y aquella mirada rompieron sus esquemas de una manera inesperada. Si Lana estuviera más cerca podría haber notado los poros de su piel estremecidos.
-¡Es broma! – agregó Lana de inmediato – deberías ver tu cara – no podía parar de reírse – finalmente te he encontrado las cosquillas, Señorita Morrison, ahora ya sé hasta dónde debo llegar para incomodarte.
-Eres mala – la rubia meneó la cabeza -, pero no has respondido mi pregunta, ¿hacen o no hacen un buen trabajo Emma y Regina con esos mensajes?
-Hacen un perfecto trabajo – repuso Lana con sencillez – es una buena manera para caldear el ambiente.
-Estoy de acuerdo – completó Jennifer.
Terminaron su café llamando al silencio por unos segundos, antes de empezar a hablar del día y de sus planes. No volvieron a tocar el tema porque en sus mentes todo estaba dicho. Ambas habían confesado sentirse bien con la relación íntima de Emma y Regina, además de no ser indiferente a las situaciones. Era mucho más de lo que hubieran compartido nunca y por eso se sentían satisfechas con el final de la conversación.
Cuando Jenn salió de la casa le dio un beso en la mejilla de despedida a Lana y les deseó un buen día a las tres. Ava estuvo inquieta al verla salir y cerrar la puerta por unos minutos, pero Lola y Lana fueron un aliciente para que olvidará que Jenn no estaba en la casa.
Lana pensó que siendo un día tan bonito podría llevarlas de paseo. Para su suerte tenía una correa extra y decidió que Lola y Ava agradecerían el gastar un poco de energía bajo el sol. Caminaron durante un par de horas, tomando pequeños descanso. Lola quería correr, pero Lana no quería exigir a su nueva amiga así que les permitió un pequeño trote que ella misma utilizó para ejercitar sus piernas. Hicieron una parada en medio de la senda por la que conducía a las dos pequeñas y aprovechó para tomarles una foto al verlas sentadas jadeando a sus pies. Un árbol les sirvió de amparo el sol del medio y Lana estimó que estaría bien regresar por donde vinieron, llegar a casa, beber agua y en su caso darse una ducha. Les ofreció agua a ambas perras. Tenía una táctica con Lola, dejaba caer el agua de la botella y la perra bebía la mayor parte antes de que llegará hasta su mano. Ava comprendió al cabo del primer intento su intención y bebió como su compañera. Las tres compartieron el agua en la misma proporción.
-Si algún día salimos a caminar con Jenn traeremos más agua – le aseguró a la pequeña que ladró con cierto entusiasmo al oír el nombre – oh, la echas de menos, ¿verdad? – acarició sus orejas – yo también – admitió mordiéndose el labio inconscientemente - ¿crees que debería invitarla a cenar? – le preguntó a la mascota de su amiga – no, ¿verdad? Tú también crees que se auto-invitará por tener que venir a buscarte o que puedo dejarlo caer sin que se noté que es una invitación directa – sonrió acariciando más a la pequeña perra – sí, creo que me guardaré esa carta para otro día.
Regresaron a la casa y poco después de su ducha comprobó que tenía razón porque, como pensaba, había dejado caer lo de cenar y Jenn como mucho había exagerado sus intenciones de mudarse a su casa. Cómo siempre la rubia le había lanzado algunas frases directas en plan broma que si alguien de afuera las leyera estimaría que su relación era de otra clase. Y ella le había seguido la corriente, aunque aclarando que a veces no sabía cómo entender los mensajes que cruzaban. El asunto de la cama es un excelente ejemplo. Cuando Jenn dijo que la cama de invitados no le bastaba para irse a vivir con ella, Lana decidió responderle que si se fueran a vivir juntas no dormiría en esa cama. La referencia era clara ya, pero para que no quedarán dudas agregó aquello de que no dormirían. A cambio, Jenn le hizo una broma que hablaba de que aquella idea le levantaba la temperatura. Lana mentiría si dijera que al darle enviar había pensado seriamente en abrir la nevera y dejar que le diera el airecillo que suelta en sus apabulladas mejillas.
¿Qué es lo que hacían últimamente? ¿Coqueteaban? Si solo fuera eso, coqueteaban y no poco, pero además se acercaban, se acercaban y se acercaban. ¿Qué era todo esto entre Jennifer y ella? No se parecía casi en nada a su etapa anterior de amistad, era algo totalmente desenfadado y diferente. Y muy agradable. ¡Joder! No podía dejar de pensar en todo el bien que le producían los mensajes y las charlas. Los detalles de Jenn.
Y si dejaba de pensar en ella, la vida solía darle menos mensajes bonitos. Como todos los que había desatado su mención del divorcio en la convención. Si hasta su agente le había consultado si se encontraba bien.
Jennifer le hacía olvidar que su vida era un errático camino en el que tenía que terminar de soltarse de lo que ya no le pertenecía. Como Regina.
Cocinó con cariño para la rubia, cuidando los ingredientes que utilizaba para que no le trajeran malas consecuencias a su problema de la migraña. Trató toda la tarde de no pensar en las cosas malas que la vida le daba, o en las que le quitaba, y se centró en cuidar de sus invitadas que tan bien se habían portado. Jenn apareció a las 17 horas con una sonrisa y una rosa.
-Aquí llego la idiota petulante – dijo al entrar por la puerta y le ofreció la flor a Lana.
-¿Para mí?
-No, para Lola – dijo Jenn y luego agregó un "dah" – claro que para ti, tonta – se lanzó sobre Ava y la levantó en brazos dándole mimos. Luego le dedicó sus atenciones a Lola - ¿se ha portado bien? – quiso saber volviendo sus ojos a la morena que se sentía atornillada al suelo con esa rosa en la mano - ¿Lana?
-¡Eh! Sí, sí, claro – respondió rápidamente bajando a la tierra - ¿de dónde has sacado la rosa?
-Hay una floristería justo a la salida del estudio y las rosas hoy olían muy bien – se acercó a Lana y tomando la rosa la hizo bailotear cerca de su nariz - así que pensé que con una sola bastaba para compartir su perfume contigo.
Lana acabó por volver a tomar aquella rosa y respiró profundamente su aroma – gracias – contestó sonriendo - ¿qué tal tu día?
Vio como Jenn se sentaba en la mesa ya preparada con un bufido cansado – cansado, pero bueno, grabar un piloto es lo que tiene – observó como la morena le servía vino tinto a temperatura ambiente – gracias.
-Lo recuerdo bien – Lana recordaba perfectamente el piloto de OUAT, la incertidumbre, el saber que todo dependía de un grupo de productores que cuidaban sobre todo las finanzas - ¿qué te parece a ti? ¿Tiene lo que hay que tener?
Vio a Jennifer sopesar su pregunta en silencio – la verdad, no lo sé bien – respondió – es decir, la premisa es fantástica, pero debes dejar a la productora con la boca un poco abierta para que decidan que vale la pena apostar y siento que el piloto no lo va a conseguir.
-Bueno, eso no lo sabes – argumentó Lana.
-No es nada que no hayas visto antes, Lana – le comentó la mujer cuadrándose de hombros – es una especie de combinación de varios géneros con el incentivo médico, creo que no lo están manejando para generar esa tensión que se necesita.
-¿Por qué mejor no brindamos con este riquísimo vino y dejamos que los señores del dinero decidan si lo tiene o no? – Lana levantó la copa y Jenn asintió – venga, ¿qué es lo peor que puede pasar?
-Tienes razón – Jennifer chocó su copa con la de Lana – oye, mañana es mi fiesta de cumpleaños.
-¿La que me has dicho que te organizan los amigos? – Jennifer asintió ante la pregunta de Lana – pues espero que me envíes algunas exclusivas, ya sabes que las espero.
-¿Quieres fotos de la fiesta o de la cumpleañera? – le preguntó la rubia.
Lana se río – ambas, Jenn, quiero las fotos graciosas de los borrachos de turno, pero también al menos una tuya.
-Me haré un selfie especial para ti – Jennifer le guiñó un ojo.
-Ahora que lo pienso, me pido el selfie y también una tuya de cuerpo entero, tendrás que pedirle a algún amigo que te saqué una foto – sugirió Lana.
-Sabía que no puedes vivir sin ver estos bíceps hermosos y mis piernas de infarto – Jenn sonrió de medio lado al decirlo y Lana negó con la cabeza divertida.
-Estaba interesada en ver tu atuendo de cumpleaños, pero vale, ¿por qué privarme de las vistas extra?
Las dos se miraron de manera divertida. Luego Jenn consultó - ¿segura que no quieres venir? – le volvió a preguntar Jennifer.
-Seguro – ratificó Lana.
-Vale – la rubia se quedó en silencio un momento y luego inquirió - ¿qué cenaremos?
-Merluza a la plancha, espárragos al vapor y ensalada tabulé – anunció Lana.
-Todo muy saludable – apreció Jenn.
-Bueno, estuve averiguando que cosillas hacen bien para prevenir las migrañas – comentó Lana al pasar y la rubia sonrió de oreja a oreja - ¿qué? No quiero que por venir a casa te sientas mal.
-Eres encantadora, Lana Parrilla – reveló la rubia – muy encantadora.
-Y tú una idiota.
-Pero una idiota adorable.
-Y petulante, no lo olvides – luego suspiró – creo que te has portado tan bien conmigo que te mereces cada mimo – admitió Lana – además una mujer siempre merece exigir lo mejor.
-Concuerdo y por eso voy a exigir trato favorable otra vez – agregó Jenn llamando la atención de Lana al levantar la copa – exijo que esto se repita tantas veces como sea posible.
-Concuerdo – chocaron de nuevos sus copas y Lana se reservó para ella que ya había ideado 'robarse a Jennifer Morrison' para otra cena en los próximos días.
Puede que al día siguiente se invente una distracción para no tenerla cerca y dejarla celebrar su cumpleaños, pero, más pronto que tarde, volvería a buscarla otra vez. Le gustaba tenerla cerca.
