Capítulo 26.- Nancy-Bird

"You can do anything you decide to do."

Amelia Earhart


Derpy despertó en la caseta de Bondi con fuerzas renovadas.

¡Tenía que seguir los consejos de sus amigos y empezar a preparar el vuelo de verdad! ¡Y tenía menos de seis meses para conseguirlo!

Olvidó las Piper de Bankstown y se dirigió aquella misma mañana con Black Betty en el lomo al aeropuerto de Sydney, volando. Enseguida vio desde arriba las tres enormes pistas cercanas a la costa, con una intrincadísima red interna de senderos de carreteo. Edificios enormes. Y aviones... Aviones gigantescos... Con tres aleteos suaves aterrizaron en la plataforma y al hacerlo asustaron a un grupo de emús, que se les quedaron mirando desde lejos.

¡Más emús!

–No tengo ni idea de qué encuentran los emús en los aeropuertos –murmuró Derpy.

Luego aclaró a Black Betty que estaban buscando un avión grande y que empezarían a hacer pruebas con él; la perra entonces empezó a olisquear por la plataforma hasta que se paró cerca de un jet el cual Derpy había aprendido en el Flight College que se llamaba "de negocios". Nunca había entendido por qué los humanos tenían aviones para hacer negocios, pero así era como los llamaban.

–Guau.

–Ese no está mal, pero Rainbow Dash dijo que el más grande.

Black Betty se acercó entonces a lo que por las marcas en la librea (los humanos llamaban librea al acabado de pintura exterior de un avión), Derpy leyó era un "A320".

–¿Guau?

–Umhhh... Este mejor, aunque...

Entonces BB correteó hasta el siguiente. Aquel era magnífico, porque no solamente tenía cuatro motores (hasta entonces Derpy sólo había visto aviones con dos, como mucho), sino que era mucho más largo. ¡Pero mucho más! La librea decía "A340".

–Bueno, este no está mal tampoco... Mejor este que un B737 o un A320, porque al tener más motores, si alguno falla...

–Guau, guau.

Derpy abrió la boca mucho cuando llegó a donde la llamaba Black Betty. Dentro de un hangar (así llamaban los humanos a los edificios en donde a veces aparcaban los aviones), la cosa más grande que había visto jamás aguardaba oculta entre sombras y oscuridad. Con ayuda de BB, encontró los frenos del portón y lo abrió para que la luz entrara...

–Va a ser este –suspiró admirada–. Creo que no puede haber otro más grande.

Era un monstruo de cuatro motores con las alas más enormes que Derpy había visto nunca. Su timón de dirección casi tocaba el altísimo techo del hangar y... ¡Dentro de cada uno de sus motores podían haber cabido más de cuatro ponies uno encima de otro! Su librea era blanca y en la deriva, la figura también blanca de un canguro resaltaba en un fondo rojo.

–"Nancy-Bird Walton" (*1)– leyó Derpy–. No, ese no puede ser el modelo...

Resultó ser "Airbus A380-842 VH-OQA". De un par de aleteos voló hasta el parabrisas de la cabina y echó un vistazo al interior... Se asustó un poco, porque vio muchísimos botones y pantallas... Y un joystick en la posición del piloto... Pero no había cuernos... ¿Cómo se volaría aquello? Derpy recordó entonces que debía encontrar el simulador de un modelo A380 en el aeropuerto, tal y como había recomendado Rainbow Dash.


(*1).- NdA: Nacy-Bird Walton (o Nancy Bird-Walton, depende de la fuente) fue una pionera aviadora australiana. Quantas bautizó a su primer A380 en su honor. Tras reparaciones, volvió a servicio en 2012, un año antes de las desapariciones en el mundo de los humanos. Si os interesa profundizar en por qué tuvieron que repararlo, descubriréis un motivo más (hay muchos, y no estoy siendo sarcástico) por el que respetar a los pilotos de avión.


Encontrar el simulador fue mucho más simple que ponerlo a funcionar, porque Derpy descubrió que la compañía que operaba a Nancy-Bird se llamaba Quantas y sólo tuvo que revisar varias oficinas con el símbolo del canguro hasta dar con el lugar. Primero encontró lo que parecía una cafetería, con una televisión enorme y un armario lleno de cajas parecidas a las de las cintas de vídeo, pero más finas. Estuvo tentada de inspeccionarlas, pero como no había electricidad y estaba buscando un simulador, siguió explorando y llegó a lo que parecían unos vestuarios. No. Allí tampoco habría un simulador. Para ser franca, ¿cómo se suponía que era un simulador? Había esperado encontrar un cartel o algo y... ¡Oh! ¡Allí estaba! Tras lo que parecían unas oficinas administrativas había precisamente un cartel que decía "hacia el simulador" con una flecha al final de un pasillo. Tras seguirla, llegó a lo que parecía un hangar no muy grande y vio lo que desde fuera parecía una caja levantada del suelo por unas extrañas barras negras, pero dentro... Al asomarse dentro... ¡Dentro era exactamente igual que la cabina de Nancy-Bird! Solo que en vez de ventanas y parabrisas, tenía como una pantalla muy grande que estaba apagada.

–Frío y oscuro –murmuró cuando se sentó en el asiento del piloto.

–Guau.

–Creo que no está roto... Sólo... Apagado.

Como ya había advertido Doctor Hooves, comprendió que necesitaba electricidad para hacerlo funcionar, pero allí no había una batería ni paneles solares... Doctor había hablado de generadores de tierra... ¿Dónde podría encontrar uno?


Los generadores resultaron ser como remolques para coches con un motor dentro. Remolques muy pesados. Derpy aprendió a moverlos con algo llamado "tractor", que aunque no era como el de la granja, además de mover generadores también se usaba, lo supo por las fotos, para mover los aviones sin tener que encenderlos. A eso, al parecer, se le llamaba maniobra de push-back. Tras medio día buscando por el aeropuerto tractores con las llaves puestas, encontró uno de color naranja y alargado que le pareció perfecto. Era un vehículo muy raro, bajo y muy pegado a suelo, con forma de caja alargada y ruedas muy pequeñas; como el Dart, resultó que tampoco iba muy deprisa. Logró hacerlo arrancar y llevarlo hasta el almacén de generadores; allí ató uno como mejor pudo y lo trasladó, frenéticos saltos de alegría de Black Betty, hacia la sala del simulador.

–Creo que también podemos usar este tractor para sacar a Nancy-Bird del hangar, así que lo aparcaremos por aquí cerca.

–Guau.

–Bueno, aún no sé cómo pilotar a Nancy-Bird... Por eso necesitamos el simulador.

Acercó a la sala donde estaba el simulador el cuerpo generador todo lo que pudo, lo que le llevó a romper tres paredes, cinco puertas y dejar marcas a lo largo del pasillo. Una vez consiguió acercarlo lo suficiente, sacó los cables y empezó a leer en el manual que tenía colgado de una cuerda cómo se podía obtener electricidad de aquel chisme. En el fondo, descubrió, era como la batería de la granja, excepto que tenía ruedas, había que echarle gasoil, se podía mover, y al encenderse hacía un ruído muy desagradable... Y el olor... Puag.

Tardó tres días (y cuatro calambrazos especialmente desagradables), en lograr dar corriente al simulador gracias a que se le ocurrió enchufar los cables al cuadro eléctrico general. Aquello, mágicamente, encendió luces y permitió como en la granja del señor Willington que todos los ingenios humanos en varias habitaciones a la redonda, pudieran cobrar vida.

Mejor ventilar la habitación, pensó cuando apagó el generador al tercer día: ¡la peste de aquel trasto era insoportable!


Aprender a manejar el simulador era el siguiente paso.

Aún no podía siquiera "volar" con él y de algún modo que desconocía debía "iniciarlo". La caja que por dentro era una cabina se conectaba a través de unos cables muy gordos a una sala de control blanca llena de televisiones enganchadas a pequeñas máquinas de escribir de plástico, pero que no tenían papeles; y la verdad era que no tenía ni idea de cómo arrancarlo todo, incluso disponiendo de electricidad. Derpy encontró varios archivadores llenos de instrucciones de "puesta de arranque" y siguió todos los pasos durante otros tres días sin dar con la clave. Aquellos chismes se llamaban computadoras y controlaban de alguna manera complicadísima al simulador. Le decían, por ejemplo, qué clase de vuelo se quería simular. ¡Las opciones parecían infinitas!

–¡Incluso podemos simular fallos de motor! ¡Como el de Bondi!

–Guau.

–Es que... Aún no sé cómo arrancarlo todo.

Black Betty volvió a tumbarse en el suelo y bostezó aburrida.


La pobre Black Betty no llevaba una buena semana.

Derpy pasaba la mayor parte del tiempo leyendo o probando botones en la sala de control, y cuando BB se hartaba de esperar salía a perseguir emús para matar el rato. A pesar de que se sentía mal por ella, Derpy no podía dedicarle más tiempo, ya que iba muy retrasada y gracias a las lámparas los ratos por la tarde que dedicaban normalmene a pasear podía aprovecharlos para seguir leyendo. El control de la electricidad no sólo le había permitido a Derpy enchufar lámparas y bombillas: hasta encontró un radio cassette en un cuarto de limpieza en el que pudo volver a oír (¡después de tanto tiempo!) la cinta de mezclas de Bruce; pero a pesar de aquellos pequeños éxitos, hacer funcionar el simulador seguía resistiéndose. Derpy había logrado encender las computadoras, pero no lograba llevar la flechita en la pantalla al lugar adecuado y darle a los botones en la secuencia correcta. Hablar a la computadora no funcionaba.

Pedírselo por favor, tampoco.

Al activar el botón de la pantalla que decía "Empezar simulación", siempre aparecía un mensaje de error diferente con un odioso pitido.

Preocupada por el aburrimiento de Black Betty y harta de no lograr nada, al cuarto día empezó a apretar botones al azar hasta que un mensaje por pantalla avisó de que la simulación iba a empezar en diez... Nueve... Aturdida por el éxito inesperado, Derpy agarró a Black Betty y se metió con ella en la caja blanca.

Al hacerlo, comprendió que había pasado tanto tiempo intentando arrancar la simulación que no había empezado a ver siquiera cómo se pilotaba un A380.

–¡Necesito más manuales!


Dos días después ya se había leído el manual de operación y descubrió que Nancy-Bird no tenía cuernos, sino un joystick. Había además tres grupos de controles en cabina: el pedestal, el glareshield, el panel superior y el panel de instrumentos principales. En el pedestal estaban las palancas de gases de motores: eran los aceleradores de Nancy-Bird. En el superior había montones de ayudas y controles auxiliares, entre ellas los botones que arrancaban las bombas de combustible. En el glareshield, por otro lado, había por ejemplo una ruletita de rumbo la cual, al hacerla girar con el piloto automático puesto, conseguía que el avión fuera automáticamente al rumbo marcado. Y otra ruletita para la altitud... ¡Vaya! El panel principal... ¡Ese era increíble! Aunque había más de esas computadoras que a Derpy no le gustaban nada, la que quedaba delante de los ojos se podía esconder y... ¡Incluso podía seleccionar desde antes de despegar a qué aeropuerto quería ir!

Black Betty volvió a bostezar y lanzó un gañido.

–Está bien. Mañana nos tomamos el día libre. ¿Te apetece? Creo que nos lo hemos ganado.


Al día siguiente Derpy llevó a Black Betty al Hyde Park y se sentaron convenientemente alejadas del cocodrilo del Pool of Reflection. Hacía un día tranquilo, y varios grupos de wombats se paseaban tranquilamente en busca de hojas que comer. A la sombra de un árbol y después de almorzar unas tostadas untadas en Vegemite, Derpy no pudo evitar seguir leyendo el manual de operaciones.

–¡Es increíble Black Betty! Estoy empezando a creer que el piloto automático de Nancy-Bird podría llevarme sin tener que preocuparme más que de despegar y aterrizar.

–¿Guau?

Derpy parpadeó y despegó los ojos del manual. Había dicho "llevarme" y no "llevarnos". Y al hacerlo, los ojos castaños de Black Betty se la habían quedado mirando con una expresión preocupada. Nunca habían hablado de ello.

Desde haberla encontrado en el camino, la verdad era que no había querido nunca pensar en un mañana. ¿Y si se moría? ¿Y si encontraba otros perros con los que quisiera irse? Estar con Black Betty era siempre divertido y Derpy echaba de menos pasar tiempo con ella por culpa de todo lo que tenía que estudiar. Pero... Era más que eso... Black Betty era más que un animal que hubiese encontrado en el camino, o una mascota. Derpy no estaba segura de si hubiera llegado tan lejos en aquel viaje sin ella a su lado.

Black Betty era su amiga.

Si no había pensado en llevarla con ella, era porque hasta ese instante había pensado que era más seguro para ella quedarse allí, en Australia.

–Lo siento... Es que... ¿No quieres quedarte aquí?

–Guau.

–Ya sé que no hay otros perros en Sydney... Lo último que quiero es dejarte sola, pero... Aún no estoy segura de que vaya a lograr llegar a América. ¿Qué pasa si estrello a Nancy-Bird en el océano? Yo tengo que ir a América para volver a reunirme con mis amigos y tengo que arriesgarme, pero tú no...

–Guau. Guau. Guauu.

–¿Que te daría igual que hubiera otros perros? Sí, claro que somos amigas, pero... ¿Y si estrello el avión y nos matamos? Me gustaría que vinieses conmigo, pero tampoco quiero que... Te mueras por mi culpa.

–Guau.

Black Betty subió a su regazo y se hizo un ovillo allí, dando por zanjada la discusión. Derpy la acarició, sorprendida. No recordaba que algún pony hubiese confiado tanto en ella como para arriesgar así su vida.

–Bueno. Entonces será mejor que aprendamos a pilotar bien. Tú también. Tendrás que ayudarme como copiloto.

–¿Guau? Guau.

–¿Llevarnos una barca hinchable por si acaso? Sí, creo que es buena idea.