¡Hola! Hola. No esperaban que publicara ahora ¿verdad? Les diré que se agarren porque el capítulo después de este estará uff uff. Quizás lo publique la siguiente semana. Quizás, quizás. Tengo que pulirlo muy bien para que lo disfruten. ;) Garantizado. ¡Gracias a Rirukasabe y a Stephany Lee por sus reviews! ¡Gracias por su apoyo y seguir este fic!
Capítulo 37: "Fotografía"
Los cubiertos, platos y contenedores se encontraban estáticos sobre la mesa. Tal y como los había acomodado la noche anterior. Evidentemente tenían horas sin que nadie los abordara. Únicamente él, quien observaba la escena como si fuera una pintura. Con su espalda recargada en el borde del desayunador y sosteniendo una taza a la altura de su boca. Absorto en sus pensamientos, le dio un sorbo al oscuro y cálido líquido cuyo aroma se había apropiado de la mitad de la casa. Creyó que lo reconfortaría, sin embargo se sentía más fragmentado que nunca. Buscando alguna indicación de que la castaña había abierto su puerta durante la noche. Con sus dedos se masajeó las cienes. De repente, un estruendo capturó su interés. Dejó la taza sobre la mesa y se apresuró al piso de arriba. Escaneó los pasillos. La respuesta de que había sido no se encontraba a simple vista. Tuvo que haber sido ella, no había otra alma en esa casa más que ellos dos. Tocó su puerta sin pensarlo dos veces.
— Tenten. ¿Te encuentras bien?
La casa se sentía vacía esa mañana, que su voz hizo eco entre los muros. Transcurrieron los minutos y seguía sin obtener respuesta alguna. Impaciente, aguardo con su oreja casi pegada a la puerta.
— No te preocupes. —La escuchó apagada.
Las comisuras de sus labios se elevaron un poco. Sintió un poco de emoción de que le dirigiera la palabra. Colocó la palma de su mano sobre la madera que los dividía y acercó más su rostro a ella.
— ¿Necesitas ayuda? —Mantuvo la mirada baja. Al menos por escucharla le había quitado la duda de que si permanecía ahí. La pausa se alargó. El empresario asintió comprendiendo que la chica no deseaba conversar—. Si necesitas algo no dudes en llamarme, ¿sí?
— Gracias.
El ojiperla retrocedió con las manos vacías. Actuó dentro de sus límites y se fue. Mientras, del otro lado de la puerta se encontraba la ángel, con su ritmo cardiaco acelerado y con su espalda pegada a la pared. En el otro extremo del cuarto, estaba aquella caja de plata, tirada, completamente abierta y con su contenido a la vista. Se cubrió sus ojos, dejándose caer al suelo lentamente. No deseaba verlo, no deseaba tenerlo cerca.
ooo
— En verdad, ¿tengo que ir?
— Si hijo. Así aprovechas y me dices que no quieres para tirarlo.
— Mamá —rodó los ojos— ya te he dicho que tirar, pero tú te niegas por el valor "sentimental" que le tienes a mis cosas.
— Cosa que me digas, cosa que va para afuera.
— Si tú dices. ¿No puede ser otro día? —Esperó en el teléfono—. Bien —suspiró— te aviso cuando vaya para allá. Adiós.
Shikamaru colgó la llamada. No era un buen día para que sus padres estuvieran desescombrando cosas en su casa. Porque sabía lo que conllevaría eso. Un eterno debate de que quería conservar, que no y dar las razones por ello. Discutir con su madre y al final que ella se saliera con la suya. Se rascó la nuca con tedio. Si demoraba más, su teléfono seria bombardeado de mensajes en un santiamén. Que problemático. Se cambió de ropa buscando una prenda adecuada que tapara los ya muy visibles moretones que tenía sobre su piel. Nada era lo suficiente bueno. Si usaba un cuello de tortuga terminaría muriendo de calor porque iba a tener que estar moviendo cajas y otros objetos de su lugar. A parte que el clima no era nada favorable. ¿Qué diría? Enlisto un montón de posibilidades que hicieran creíble su historia. Vaya que la verdadera razón iba ser de mucho impacto para sus padres, pero simplemente no podía llegar a decirles: "¿Recuerdan a la chica de aquella noche? Esperen a escuchar esto."… Cuello de tortuga sería. Una vez listo, tocó la puerta de la rubia con los nudillos y dijo:
— Temari, iré con mis padres. No tardo.
Escuchó un repentino ajetreo dentro de su habitación y la ángel no demoró ni un segundo en abrir la puerta alarmada. Su rostro todavía mostraba evidencias de sus lágrimas del día anterior. Sus orbes aquamarina lo barrieron de arriba para abajo.
— ¡No pueden verte así!
El empresario desvió la mirada y alzo los hombros.
— ¿Tienes maquillaje?
— Espera aquí. —Ordenó tensa.
Le cerró la puerta en su cara. Escuchó un ruido extraño venir de su cuarto y luego le volvió a abrir. La chica lo miraba fijamente con una pluma blanca en su mano. El Nara alzó una ceja.
— No te muevas.
— ¿Qué…?
Temari pegó la palma de su mano en el pecho del muchacho con la pluma en medio de los dos. Entonces, donde la ángel tenía su mano comenzó a sentir una sensación cálida. Parpadeó confundido. Luego ella alejó su mano de él y la pluma ya no estaba.
— Listo. Eso debió de sanar algunas cosas.
— ¡¿Qué?! —Frunció el entrecejo.
Shikamaru se fue al baño algo incrédulo y al mirarse al espejo notó el cambio. Las marcas de su cuello se habían ido. La cortada de su labio ahora era meramente un pequeño rasguño. Se quitó el suéter tirándolo al piso. Casi no quedaba ni una sola huella de violencia sobre su piel. Volteó a ver el marco de la puerta donde la ángel lo observaba atentamente.
— ¿Por qué no lo hiciste antes? —Escupió estupefacto analizando cada centímetro de su cuerpo.
— Tenía que curarte tus heridas antes, sino se iban a infectar. Solo acelere un poco tu capacidad de sanarte —el chico le clavó sus pupilas—. Pero si todavía quieres maquillaje —comentó en tono de burla antes de irse—. Ino dejo algunas de sus cosas acá.
ooo
¿Acaso tenía que hacer algo para demostrarle su apoyo? ¿Tenía que hacer algo para que le creyera? Ella desconocía que él conocía su dolor. Había pasado todo frente a sus ojos. Poco comparado con lo que ella había vivido en carne propia. Apagando la flama de alegría que solía ser. Tan radiante, tan cálida, iluminaba con tan solo sonreír. Dejando el fantasma humeante de su agonía. Intangible e inalcanzable a sus dedos. Evitando su tacto, se filtraba a través de ellos. No la lograba sostener, ni siquiera despertar la chispa de sus ojos que ahora añoraba. Escuchar su voz, escuchar su risa. Le daba cierta ansiedad saber que estaban en el mismo lugar, pero no lograba acercársele. ¿Le habría fallado de alguna manera? ¿Estaría molesta con él? ¿Se lo diría de ser así? Regresó a la realidad en un parpadeo, dándose cuenta de que la noche había caído. Su preocupación no había cesado. Sus pies se movieron solos y lo arrastraron de nuevo a su puerta. Deseándolo y en contra de su voluntad volvió a tocar. Tomó valor y entonó su voz.
— Tenten, ¿quieres comer algo?
— No tengo hambre.
En esa ocasión, respondió inmediatamente. Su voz se escuchó afligida.
— Tienes que comer. —Insistió.
— Ahora no. Solo —hizo una pausa— déjame sola. Después bajare.
— Esta bien.
Regresó a la cocina. La comida que había rechazado desde la noche anterior, la evaluó y decidió guardarla en el refrigerador. Tras la frágil promesa de la castaña, volvió a cocinar para dos, preparó la mesa para que se sentaran dos… y empezó a cenar. Solo. Eso lo incómodo. Como era posible que después de años de estar acostumbrado a su soledad, le perturbaba repetir sus viejos hábitos. No podía evitar en pensar en su bienestar. Moría de ganas de ayudarla, pero no lo podía hacer con esa distancia. Nuevamente dejo la comida presentable y resguardada por si la ángel decidía salir. Subió a su habitación, se cambió y se acostó. Quedándose en completo silencio. Muy atento por si escuchaba algún ruido en la distancia. Nada. Solo quietud. Hasta que el sueño reclamó su conciencia. Apagándola en contra de su voluntad. Al día siguiente, bajo con esperanza de ver un cambio. Desilusionado agachó la mirada al darse cuenta que la castaña no había salido ni comido durante un día entero. Sus nervios comenzaron a tragárselo vivo. No era de él, pero necesitaba apoyo.
…
El timbre sonó al atardecer. El Hyuga se aproximó a la puerta principal y la abrió. Encontrándose con un par de rostros familiares. Con un ademan les hizo una indicación de que entraran y sus invitados lo obedecieron. Cerró la puerta detrás de ellos y preparo su voz para hablar en voz alta.
— Tenten, Temari está aquí.
Después de unos minutos, los tres escucharon una puerta abrirse de golpe acompañado de pasos acelerados. Ante los ojos aperlados apareció la figura de la castaña, bajando las escaleras con prisa para lanzarse con urgencia hacia los brazos de su tutora. Ella la recibió con brazos abiertos, correspondiéndole su fuerte abrazo. En voz baja y muy alterada, le susurró una petición al oído y ella se lo concedió. La rubia se excusó con los muchachos y acompañó a la castaña hasta el exterior de la mansión. Quedando los dos empresarios solos. Neji invitó a Shikamaru a tomar asiento en la sala, quien se quitó su saco y lo arrojó al brazo de uno de los sillones para luego sentarse en el. El ojiperla tomó asiento en el sillón de junto. Permanecieron mudos durante unos segundos.
— Te ves mejor.
El Nara se examinó a sí mismo y se arremangó las mangas de su blanca camisa.
— Temari me ayudó con eso.
— ¿Qué tal tu primer día de trabajo?
— Ansió la hora de llegar a mi cama y dormir como tronco —suspiró con tedio—. Eso de levantarme temprano no es lo mío. Y tú, ¿por qué no fuiste a trabajar?
— Después de la tiranía de Lee, tuve que darles un par de días libres a mis empleados sino quería ser demandado por recursos humanos. Mañana volvería todo a la normalidad —hizo una breve pausa— bueno casi todo.
El Nara estudió su postura. Encorvado, con sus manos entrelazadas, codos en las rodillas y su mirada perdida. Se le veía tenso.
— Me sorprendió que me llamaras.
— No quería comer aunque le ofreciera comida ni quería salir —se recargó en el respaldo del sillón cruzándose de brazos—. No sabía qué hacer para ayudarla. Sé que Temari es la única persona con la que se siente segura.
— Me imagino que ha sido muy duro.
— Solo quiero que este bien —Shikamaru curveó una involuntaria sonrisa. Neji lo notó y se puso alerta— ¿Te parece gracioso?
El muchacho negó con la cabeza. Neji representaba la viva imagen de lo que sintieron sus amigos y él en el tiempo que su padre falleció, pues se recluyó tanto que parecía que había desaparecido de la faz de la tierra. Sin importar cuantas veces lo llamaran, visitaran a su trabajo o casa. Él mantenía su puerta siempre cerrada ante todos ellos. Necesitaba su momento a solas y su convivencia hasta en ese instante fue en aumento. Su actitud cambió, pero siguió adelante. Conocer a la castaña lo había reformado, pues jamás en su vida Shikamaru esperaría recibir una llamada del Hyuga para pedirle ayuda.
— Necesita su tiempo, pero estará bien. Mientras tú estés pendiente de ella. —Respondió el Nara.
…
— Lo siento Tenten, no es posible —observó el rostro desilusionado de la castaña, cuyas lágrimas amenazaban con caer—. Necesito que mi ala sane para poder regresar allá. Sabes que no te puedo obligar a quedarte conmigo y si así lo deseas puedes regresar ahora mismo. Yo por mi descuido tengo que esperar un poco más para que eso suceda.
Las ángeles se encontraban sentadas en la orilla de un espejo de agua que estaba a unos cuantos metros de la entrada de la mansión Hyuga. A diferencia de la casa de su amigo, su jardín estaba despejado teniendo de vegetación algunos arbustos, cubre suelos, enredaderas y una que otra fuente distribuidas en el terreno. Tenía un diseño minimalista, pero elegante. Tenten se quedó viendo al vacío unos minutos, procesando las palabras de su protectora.
— No puedo dejarte sola.
— Entonces, tenemos que esperar unos días hasta que pueda emprender vuelo de nuevo. ¿Está bien contigo? —Concentrada en sus pensamientos la de orbes chocolates asintió—. ¿Cómo estás? —Preguntó en un tono dulce.
Todavía con el shock reflejado en su semblante ella contesto.
— Duele —su voz se quebró y una lagrima rodo por su mejilla—. No estoy bien. Solo quiero alejarme de todo esto.
Temari la miró con compasión. La envolvió entre sus brazos y la abrazó fuerte. Permanecieron en esa posición unos segundos.
— ¿Sabes que Neji está muy preocupado por ti? —Acarició su cabello—. Él nos llamó para que viniéramos porque no querías salir de tu habitación.
— N-no puedo convivir con él —se alejó de sus brazos—. Se me eriza la piel de solo pensarlo. Detesto estar ahí. Déjame irme contigo.
La Sabaku le tiró una mirada desaprobatoria. En otra situación, escuchar que le implorara eso, hubiera sido música para sus oídos. Este no era un momento así.
— Eso no es justo para él —la castaña la miró incrédula—. Mira, no te obligare a nada. Te recordare únicamente que él te detuvo cuando yo no estaba y aun así se preocupa por ti. Tenten —la tomó de las manos— lo único que te voy a pedir es que delimites quien eras antes y quien eres ahora. Está bien que de tu experiencia te vuelvas precavida, pero no dejes influenciar tus decisiones por el pasado. Hasta donde yo recuerdo, tu yo del presente estimaba mucho a Neji. Y él no pertenece en tu pasado. Él está aquí ahora. ¿De acuerdo? Piénsalo bien. Si esa es tu decisión definitiva, la respetare. ¿Qué dices?
La ángel continúo sumergida en el caos de sus pensamientos, pero al menos escuchó a la rubia. Arrojó sus palabras en el vórtice de su mente, esperando a que estas por su propia fuerza organizaran mejor sus ideas, pero algo empezó a hacer mucho ruido entre ellas.
— Temari, ¿te podría pedir otro favor? —Le dijo con una expresión en blanco.
Tan pronto las chicas entraron a la casa, fueron seguidas por las miradas curiosas de los empresarios. Ellos acompañaban sus charlas con un vaso de whiskey, para aflojar sus nervios y tensiones del día. Mas decidieron dejarlas ser para no molestarlas. La castaña arrastró a Temari hasta su habitación, abrió la puerta dejando que se abatiera por el impulso y permaneció en el pasillo. Indicándole que entrara primero. La ángel la obedeció. Entró y dio media vuelta percatándose que la de orbes chocolates seguía afuera, con la mirada baja y sosteniéndose un brazo para contener su nerviosismo.
— ¿Podrías deshacerte de eso? —Señalo con su dedo índice el objeto.
La de orbes aquamarina siguió con la mirada su dedo hasta toparse con aquella caja de plata que estaba abierta con su contenido derramado en el suelo. Retornó su vista hacia Tenten y después se acercó a la caja.
— Rómpela. —Suplicó la castaña.
Temari se arrodilló y levantó el trozo de papel para contemplarlo. Era una foto donde estaban Tenten y su novio del momento, con gruesas chamarras sobre ellos, bufandas, gorros y guantes. Los dos sonriendo para la cámara y atrás de ellos se extendía un blanco paisaje. Volteó la foto e inscrita en su reverso decía: "Con amor, Josuke". Torció la boca encorvando sus cejas hacia abajo. Entendía por qué no se quería ni acercar al objeto. Partió la foto a la mitad. Guardó una de las mitades dentro de la caja, cerrando la tapa, y conservó la otra en su mano. Recogió la caja de plata del suelo y se levantó. Caminó hacia la castaña aun viendo el trozo de papel que tenía entre sus dedos. Se paró enfrente de ella y la miró de reojo.
— Deberías de conservar esto —extendió su mano hacia ella ofreciéndole la foto donde solo salía ella—. Ama a esa chica y no la olvides. A pesar de su final. Porque al final de todo fuiste ella. Sé que sus recuerdos están enredados de otros que desearías no recordar, pero es parte de ti. Tienes que aceptarlo.
Tenten vaciló en decidir si debía tomarla o no. En contra de su voluntad lo hizo. Muy apenas sosteniéndola con las yemas de sus dedos como si tuviera miedo a quemarse con ella. La rubia trazó una sonrisa ladeada y apoyó su mano disponible en el hombro de la chica.
— Ya vuelvo.
La ángel se reunió con los muchachos, los cuales se levantaron de sus lugares al ver que iba a decirles algo. Temari se paró justo enfrente de Neji. Miró una última vez el objeto que tenía entre sus manos y se lo entrego.
— Deshazte de esto. Que Tenten nunca lo vuelva a ver.
El ojiperla agarró la caja con incertidumbre. Comprendiendo gradualmente el repudio que le tenía a dicho objeto. No necesito ver su contenido para recordar que tenía dentro.
— ¿La foto?
— No tuve el valor de dejarla en el bote de basura. La rompí y está dentro de eso. Te dejo lo demás.
— Gracias.
— Neji —atrajo su atención—. Estos días serán un tanto complicados. No la presiones. Le tomara tiempo, quizás más de lo que te pueda asegurar, pero no te tomes a pecho sus acciones. Créeme que actuara de una manera de la que no estará orgullosa en lo que sus sentimientos se recuperan. Aun así, si se vuelve a encerrar de esta manera, por favor llámanos ¿sí? —el ojiperla asintió—. Bien, le llevare algo de lo que le preparaste y no me iré hasta que coma. Lo necesita.
La rubia se apartó de ellos. Sacó comida del refrigerador y acomodo lo que le pareció más adecuado en un plato de cerámica. Después lo metió a calentar al horno microondas en lo que le servía algo de tomar a la castaña. Una vez que estaba todo listo, se lo llevó a la habitación de la ángel. De nuevo, quedaron ellos dos. Regresaron a sus lugares y el ojiperla miró consternado al Nara.
— ¿Desde cuándo es tan amable? —Cuestionó el ojiperla.
— Desde que no te ve como una amenaza. —Respondió tranquilo el chico de la coleta.
Paso un rato y la rubia regresó los trastes vacíos a la cocina. El hambre que ocultaba la castaña dejo los platos impecables, como si no hubieran puesto comida sobre ellos. Luego de asegurarse que todo estuviera bajo control, Temari y Shikamaru se despidieron de Neji. Abandonando la casa del Hyuga. Pasó una hora. El ojiperla tenía la misión de deshacerse de la caja. Iba a meterla en una bolsa negra y tirarla en un basurero de la avenida, pero su curiosidad despertó. La abrió sintiendo que no debía de hacerlo. Encontrándose con la foto rasgada en su interior. Frunció el ceño y la examinó. Se sentía aliviado de que nunca le había agradado esa persona. Giró el papel y encontró el mensaje engañoso. Conteniendo mentiras en cada letra. No le extrañaba que la ángel quisiera deshacerse de dicho objeto. Ni siquiera merecía ser recordado. Dejo la foto fuera y metió la caja dentro de una bolsa de basura. Fue por un encendedor, un plato y regresó a donde estaba el papel. Esperando por él sobre la plancha de mármol del desayunador. Colocó el plato sobre este, tomo la fotografía y prendió el encendedor debajo de la foto. Acercando la llama a una de sus esquinas. Hasta que esta se extendió sobre el papel, gradualmente cambiando su textura. Carbonizándola y convirtiéndola en cenizas a su paso. En su mente, se imaginaba que al hacer eso, estaba condenando a las llamas del infierno a ese bastardo. Soltó la fotografía dejándola caer y terminar de consumirse sobre el plato. Reflejando su resplandor amarillo en sus pupilas aperladas.
— ¿Qué haces?
Su voz lo espantó. No esperaba que esa misma noche le fuera a dirigir la palabra. La castaña lo miraba con cautela desde la escalera. Era la primera vez que la veía así desde hace mucho tiempo. Entro en pánico, mirando de reojo si la foto se había quemado por completo. Para su suerte así fue y tomó el plato donde quedaron las cenizas para llevarlo al fregadero.
— Me deshacía de un papel —abrió la llave del fregadero y dejo que el agua se llevara los restos del plato.
Tenía que ser cauteloso en tratar de mentirle, pues sabía que podría detectarlo si lo hacía. No quería romper su confianza tan pronto.
— ¿Te dijo Temari que la quemaras?
La volteo a ver anonadado al escuchar sus palabras. No era tan inocente como antes. Ahora era más intuitiva a lo que pasaba a su alrededor. Dio media vuelta y se cruzó de brazos.
— Me pareció lo más adecuado. —Confesó.
Una expresión de dolor abordó el semblante de la castaña. Sufría en su interior y el Hyuga no lo sabía, pero estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para hablarle.
— ¿Podrías hacer lo mismo con esta? —Se acercó entregándole el papel.
El empresario la recibió. Asombrando de encontrar la otra mitad de esa foto. Su expresión cambio a una de pena. Hacerle lo mismo a esa mitad, significaría que los pensamientos que tuvo al quemar la otra aplicarían para esa. Se le hacía imposible poner a arder a una imagen donde estaba ella sonriendo. La miró a los ojos.
— No puedo. —Le regresó la foto.
— Por favor —estaba al borde de lágrimas—. No quiero recordar.
Era bastante contrastante esa Tenten con la que solía conocer. Aunque la del pasado tenía miedo que su vida anterior la cambiara y así fue. La infecto tanto que mato toda la vida que solía emanar. A Neji le estrujaba el corazón que se lo pidiera. No podía, no podría deshacerse de ella de esa manera.
— Hagamos esto. Yo me quedo con la foto. Te prometo que no la volverás a ver, pero no la voy a quemar—. La ángel se abrazó a sí misma y asintió. El empresario vio de reojo la bolsa negra que estaba tirada en el suelo—. Voy a salir a tirar la basura —le informó recogiendo la bolsa—. ¿Necesitas algo de afuera? —La castaña negó—. Está bien. Ya regreso.
Tomó las llaves de su coche y salió de la casa. Estaba desperdiciando una muy buena oportunidad para charlar con ella y lo lamento muchísimo. Pero tenía una tarea muy importante. Sacó de su bolsillo la foto y la contempló. No podía. No podía deshacerse de ella. Tomó su celular para quitarle la funda que lo protegía y ahí la escondió. La ángel nunca la vería ahí. Le volvió a colocar la funda a su celular y lo guardó.
…
Extrañado apagó el auto. Se bajó y se dirigió a la fuente que estaba a unos metros del ingreso. Haciendo crujir las piedras sueltas debajo de sus pies.
— ¿Qué haces afuera?
— Quería tomar aire fresco.
Mantuvo su mirada fija sobre la luna llena que estaba elevada sobre ellos. Su brillo era lo suficientemente fuerte para iluminar todo el jardín del Hyuga. La ángel parecía como si fuera una muñeca de porcelana que la habían olvidado ahí. Mirando eternamente el cielo estrellado.
— Esta helando. Debiste traer una chamarra. Aguarda aquí.
El empresario regresó a su coche para sacar de la parte trasera un rebozo afelpado blanco que utilizó la castaña en el evento de la OPAK. Regresó con ella y le ofreció la prenda. Ella lo tomó con mesura, se cubrió con ella y regresó su vista al satélite albino. El silencio se prolongó.
— Regresare a la casa. —Dijo el muchacho dando marcha atrás.
— ¿Por qué decidiste quedarte con la foto? —Lo detuvo en seco— ¿Por qué Temari y tú me insisten que me aferre a mi pasado? ¿No sería mejor olvidarlo todo?
— No lo creo, Tenten.
— Si te dijera que te odiare eternamente por mantener la foto, —lo miró a los ojos— ¿te desharías de ella?
— No.
La ángel se desilusionó con su respuesta. Agachó la cabeza y sus ojos se cristalizaron. Neji se contuvo, viéndola a la distancia. Quería abrazarla, dejar que sus penas rodaran entre sus brazos. Decirle que entendía, que lo había visto todo, pero se calló todo eso. Dejaba que sus palabras lo afectaran. Si Temari creía que debía de conservarla, entonces se mantendría firme con esa decisión.
— Déjame sola. —Finalizó con su voz quebrantada.
El ojiperla asintió en silencio y se fue. Sintiéndose pesado, culpable e impotente. Entro a la casa y apoyo sus manos sobre el respaldo de su sillón.
