Mimi
Su madre le suplica a través de la puerta. No sabe si está llorando o no. No le interesa. Tampoco le interesa si es de día o de noche. No ha comido en no sabe cuánto tiempo. Está oscuro, así que no distingue si tiene los ojos abiertos o cerrados. Recuerda el aroma a sándalo con tanta nitidez que es como si él estuviese dentro de la habitación con ella. Recuerda la sensación de sus manos, suaves, no cayosas, por sobre su piel, su aliento caliente trazando besos por su cuello, no lamiendo su oreja, y el peso de su cuerpo sobre ella. A veces, el recuerdo hace que su mano se pierda entre sus piernas, pero no consigue sentir lo mismo. Y entonces llora, y se siente vacía. Porque lo tuvo todo y lo ha perdido nuevamente. Las olas la han sumergido y no sabe cómo salir a la superficie otra vez.
