BAILANDO BAJO LAS ESTRELLAS
(To Dance Beneath the Diamond Sky)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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29.- Decir adiós
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"Cenizas a las cenizas. Polvo al polvo."
Una cálida brisa sopló por el cementerio, meciendo las elaboradas flores que decoraban el ataúd. Era un bonito lugar para ser enterrado, pensó Relena entumecida. En tanto como podía ver sólo había verde, como Central Park sólo que menos concurrido. Vivir en Manhattan, ser enterrado en Queens. Todos lo hacían. La propia madre de Heero descansaba cerca en algún lugar. Si hubiese tenido más energía, podría haber buscado la tumba de la mujer.
El funeral estaba llegando a su final; la mano de Milliardo en la manga de su blusa de seda le indicó levantarse. Lo hizo sin sentirlo. Sólo era un movimiento que todos esperaban que realizara.
"Encomendamos esta alma a las amorosas manos de Dios," dijo el ministro, cerrando su biblia. "Descansa en paz."
Relena lanzó su puñado de tierra en la tumba abierta con los mismos movimientos desprendidos. Deseaba la consoladora presencia de Quatre y Trowa, pero el comienzo de sus contratos con el Ballet de París había interrumpido su visita antes del funeral. Al menos Duo y Hilde estaban ahí, esperando ahora en la limosina mientras pausaba un momento ante la lápida.
Pasó una mano por el mármol. "Adiós." Con la simple despedida, Relena se giró y subió la colina hacia el camino de grava. No se giró para un último vistazo a la tumba. Simplemente se deslizó en el asiento trasero de la brillante limosina negra y esperó a que sus amigos y familia hicieran lo mismo.
"Cómo estás, Princesa?" preguntó Duo una vez que estuvo sentado al otro lado.
"Estoy bien," respondió Relena sin entonación. Observó a Hilde junto a Duo, tomando su mano discretamente. "Fue un bonito servicio."
"Sí." La joven de cabello oscuro asintió. "Muy bonito."
Cuando Milliardo y Noin estuvieron sentados en la limo, la puerta se cerró y arrancaron hacia la salida del cementerio y al puente que los llevaría a su ciudad. Unos pocos minutos pasaron en silencio. Cuando el pequeño celular en su pequeña bolsa sonó un momento después, Relena saltó.
"Hola?" lo respondió al recuperarse del leve shock.
"No podía esperar para llamarte."
De nuevo el color tocó las mejillas de Relena mientras sonreía otra vez. "Heero. Oh dios, es bueno escuchar tu voz."
"Terminó el servicio?"
Ella asintió, captando la mirada de Duo al otro lado de la silla. Le dio un pequeño guiño. "Hace unos minutos."
"Siento no poder estar ahí contigo."
"Lo estuviste," le aseguró Relena. "Cómo te sientes?"
Heero dejó escapar un respiro. "Mejor. El Demerol es mi nuevo mejor amigo."
Una carcajada escapó de sus labios. "Apuesto que sí."
"Vienes al hospital hoy?" Hubo una pausa. "Digo, entendería si no lo haces. No recuerdo ser capaz de hacer algo el día del funeral de mi mamá."
"Por supuesto que voy a verte," respondió Relena. "Sólo voy a pasar a casa para cambiarme. El negro no luce bien en mi."
Ella casi podía ver a Heero sacudiendo su cabeza. "Todo se ve bien en ti. Te veo pronto?"
"No podrán mantenerme lejos, Yuy." Un momento después, cerró su teléfono, su sonrisa aún firme.
"De verdad van a darle de alta el domingo?" Preguntó Hilde.
La expresión de Relena se tornó más brillante, toda la respuesta que Hilde necesitó. "Va absolutamente bien. Como va, estará más que listo para comenzar a ensayar con la compañía en agosto, Milliardo."
Su hermano asintió, pero no pudo sonreír. Lucrezia descansó su mejilla en su hombro dándole todo el consuelo que podía. Después de un momento, Milliardo habló finalmente. "Me alegra."
El resto del viaje fue tranquilo. En su corazón, Relena lloraba por su madre. Pero tenía la sensación de que el período de duelo iba a ser corto. Sus amigos estaban felices y bien. Su carrera estaba trazada para ella. Jean-Paul estaba pudriéndose en la cárcel, esperando el juicio. Y en tanto el juicio, programado para iniciar en enero, sería una prueba muy dura, era una que no atravesaría sola.
Su vida con Heero, traido del borde de la muerte dos veces, estaba por delante, brillando con promesa. Aunque aún contenía su respiración cada vez que hacía una mueca de dolor o cerraba sus ojos por mucho tiempo mientras hablaban, estaba fuera de peligro de acuerdo a cada doctor que lo examinaba. La pérdida de su bazo parecía no estar teniendo más efectos adversos y estaban comenzando a darle alimentos sólidos, lo cual sería un alivio. A Heero no le gustaba la gelatina y no titubeaba para dejárselo saber a todos.
Pasó otra hora antes de que regresara al que se había vuelto su segundo hogar durante la infinita semana entre la noche del taller y el día del funeral de su madre. Relena se reprimió por demorarse tanto, pero no había podido encontrar la bolsa de la tienda de disfraces en el desorden en el que se había vuelto su habitación. Una vez la tuvo, se había demorado en escoger su ropa.
Mientras caminaba por el pasillo del hospital, podía ver que la puerta de la habitación privada de Heero estaba abierta. Otro doctor debía estar revisándolo, imaginó Relena. Se acercó a la puerta y se asomó.
Ethan Yuy estaba sentado en su silla de ruedas la cual estaba cerca al lado de Heero. En la cama, su novio tenía sus brazos cruzados; el monitor sobre él pitaba en continua sucesión. Ningún hombre la notó. Por largo tiempo, no hubo nada sino silencio.
Finalmente, Heero habló. "Eso es todo lo que viniste a decir?"
"Volé toda la noche desde Hong Kong, niño." El tono de Ethan era áspero. Pero, notó Relena, también era sobrio.
"Debo estar impresionado por eso?"
El hombre bajó su cabeza por un breve momento. "Cuándo se volvió tan difícil hablar contigo?"
"Tal vez para cuando comenzaste a llamarme tu pequeño marica." Heero desvió la mirada hacia la ventana.
Hubo otra dolorosa pausa entre padre e hijo. "Traté de tomar un avión tan pronto como escuché lo que pasó," dijo Ethan. "Pero pensé…" aclaró su garganta. "Pensé que podrías estar mejor sin mi aquí."
"He estado sobreviviendo bien y solo por mucho tiempo," Heero estuvo de acuerdo con él. Un momento pasó. "Pero aún habría sido… aceptable tenerte en la ciudad."
"Lo siento." Las palabras fueron tan inesperadas que Heero tuvo que girar su cabeza como si ver cualquier mirada que tuviera el rostro de su padre fuera la única manera de confirmar que realmente habían sido pronunciadas.
Su novio parpadeó, anonadado. "Qué?"
"El ballet me quitó a tu madre," comenzó su padre. Era obvio que había pensado las palabras, tal vez las había ensayado una y otra vez. Y mientras no hubiese sido el momento más oportuno, el hombre estaba determinado a liberarlas. "Quería tenerte… más que nada. Pero los bebés cambian el cuerpo de una mujer. Ella pensó que podría regresar a lo que amaba después de que naciste… su baile. Y no pudo." Levantó sus hombros. "Eventualmente… no pudo soportar vivir más."
"Por qué estás diciéndome esto? Sólo me has dicho dos palabras en los pasados diez años y una de ellas ha sido 'marica,' pero ahora me estás lanzando todo esto? Por qué?" El dolor en la voz de Heero hizo a Relena querer correr adentro y lanzar sus brazos alrededor. Pero sus pies permanecieron firmemente plantados en su lugar mientras Ethan continuaba.
"Mereces saber… por qué he sido… como he sido. Cuando decidiste comenzar a bailar, igual a ella…" Se detuvo, sacudiendo su cabeza. "Se volvió toda tu vida. De nuevo, igual que tu madre."
Los ojos de Heero se fruncieron. "Eso estuvo mal de mi? Querer ser parte de algo que ella amó tanto?"
"No. Pero era lo único que te importaba, niño. Y eso es muy peligroso." Ethan se acercó más a la cama. "No tengo derecho a decirte todo esto ahora, especialmente después de como te he tratado. No sabía cuán malo soy cuando bebo hasta que tu novia llegó buscándote una noche." Rió. "Ella tiene carácter. Y lo que dijo dolió. De cualquier forma," Ethan tomó un respiro. "Nada le importaba a tu madre sino bailar. Ni yo, ni tú. No la imites así, niño. Porque si lo pierdes… yo también te perdería."
"Tú me perdiste hace años." Hubo una pausa. "Por qué no fui suficiente para ella?"
"Probablemente lo fuiste. Sólo no pudo verlo. Pero te amaba a su manera. Demonios, te dejó todo lo que tenía. Y lo ocultó de mí. Algo bueno también."
Su hijo repitió la afirmación. "Algo muy bueno."
Ethan retrocedió un poco. "Has estado tratando de deshacerte de mi desde que llegué aquí, no es que pueda culparte, así que voy a irme. A propósito…" Detuvo sus ruedas. "Había un mensaje de voz para ti de un agente inmobiliario. Dijo que tenía una lista de apartamentos para que miraras cuando tuvieras una oportunidad. Asumo que vas a mudarte?"
Heero asintió, pero obviamente no estaba pensando en nada excepto las nuevas revelaciones referentes a su madre.
"Entiendo," dijo Ethan. "No puedo culparte, niño. Aunque espero… verte por ahí."
"Siempre puedes ir al ballet y verme saltar en mis mallas."
El hombre sonrió tristemente. "Eso está bien conmigo." Comenzó a dirigirse hacia la puerta; Relena rápidamente desapareció de vista.
"Papá," llamó Heero. Ethan giró su silla. "No te preocupes. Ahora tengo más en mi vida que sólo el baile."
Su padre asintió antes de reasumir su salida. En el pasillo, Relena se giró hasta que su espalda estuviera encarando su dirección, pero el hombre no pareció notarla. Cuando se giró un momento después, estaba conduciéndose por el pasillo y fuera de la vida de su hijo.
Ella dejó pasar un minuto antes de alcanzar y golpear la puerta abierta. Cuando apareció a la vista, lo atrapó secando bajo sus ojos con la mano que estaba conectada a la bolsa intravenosa. "Heero? Estás bien?"
"Lo viste irse mientras entrabas?"
Relena asintió, acercándose a su cama. "Quieres hablar de eso?"
"Más tarde, sí." Heero la miró. "Por qué eres tan hermosa?"
Un sonrojo coloreó sus mejillas y se ocupó con la bolsa de su compra. "Gomez siempre pensó que Morticia era hermosa."
"Sabes… estaba muy delirante cuando dije eso…"
Relena sacudió su cabeza, alcanzando en la bolsa. "Muy tarde para retractarse." Sacó el falso bigote y la peluca. "Feliz 1ra. Semana de recuperación."
Heero tuvo que reír tanto como se lo permitieron las heridas en su baja espalda del cuchillo de Jean-Paul y en el pecho del bisturí de la cirugía. "Creo que he encontrado nuestros disfraces de Halloween para este año. Quiero usar rayas. Y engomar mi cabello hacia atrás!"
Ella levantó una ceja. "Amas ese Demerol, verdad?"
"Casi tanto como a ti," respondió ligeramente.
Haciendo la peluca y el bigote a un lado, Relena subió con cuidado a la amplia cama de Heero, acomodándose contra su lado bueno. Se recostaron en silencio por infinitos minutos, su mano descansaba levemente en su brazo, el único lugar en el que podía pensar tocar que no le produjera ningún dolor. Su total recuperación no sucedería por largo tiempo; hasta entonces, Relena estaba feliz de poder tocarlo, por pequeño que fuera.
Después de media hora, Heero giró su cabeza para presionar sus labios, secos de los benditos analgésicos, contra su sien. "Relena…"
"Hmm?" Sus ojos estaban cerrados en perfecta alegría.
"Puedes alcanzar el control del TV?"
Sus ojos se abrieron. "Quieres ver TV?"
Él se veía casi atontado. "Son las drogas y se lo negaré a todos los demás, pero estoy algo enganchado con 'The View'."
Relena se sentó y miró a su novio. "Dónde *puedo* conseguir un poco de esas drogas?"
"Burlarte del hombre con el pecho abierto no es agradable."
Tratando de luchar contra sus carcajadas, Relena tomó el remoto de la bandeja, la cual había sido hecha a un lado, para acomodar la silla de ruedas de Ethan, asumió. Encendió la pequeña televisión que estaba suspendida en la pared.
"… la policía tiene un sospechoso bajo custodia en el robo bancario que tuvo lugar el lunes en la tarde en la Union Trust en la 53 Oeste…"
Heero frunció. "Canal 10. Canal 10. Canal 10."
Relena bajó el remoto a su regazo. "Voy a traer una cámara de video la próxima vez que venga. Tienes que verte hiperventilar por esas…"
Él presionó sus dedos contra su boca. "No lo harías."
"Por qué?"
"Porque…" Heero pensó por un momento. "Me amas."
"Está bien. Me tienes." Ella miró hacia la pantalla. La próxima imagen junto a la cabeza del presentador cambió de una foto del banco Union Trust a una imagen de un par de zapatillas. Su interés se elevó, Relena subió el volumen.
"En otras noticias locales, el hombre acusado en el estrangulamiento de la dama de sociedad Helen Peacecraft Darlian, como en el intento de asesinato y violación de dos estudiantes del Conservatorio de Ballet la semana pasada fue encontrado muerto hoy, habiéndose quitado la vida al colgarse de las barras de su celda en Riker's Island. Jean-Paul Chevalier de París, Francia fue acusado el miércoles, alegando inocencia por razón de locura a dos cargos de acoso sexual, asalto, intento de asesinato y asesinato en segundo grado. Su juicio iba a comenzar en año nuevo. La Embajada de Francia ha aceptado trasladar su cuerpo a París para…"
Heero giró su cabeza para mirar a su novia. Estaba mirando el monitor sin parpadear, pero el temblor que sacudía su delgado cuerpo delataba su estado. "Relena…" Alcanzó por su mano, sólo para encontrarla fría.
"Se terminó," susurró. "Él…"
"Se fue," terminó Heero por ella. "Nunca, jamás podrá lastimarte de nuevo."
Ella sacudió su cabeza; el gentil sonido de su largo cabello contra su piel ahogó las palabras del presentador de noticias. "Tomó tanto de mi, Heero. Y trató de tomar más. Trató de alejarte de mi."
"No ganó."
Relena bajó su mentón. Su mano, que cubría la suya, estaba conectada por la aguja intravenosa que picaba la vena atrás de su nudillo medio. Ella miraba el implemento mientras hablaba. "Sí, lo hizo. Ahora… por esto… ha ganado. Tomó algo final de mí, lo único que podía. Mi oportunidad de verlo pagar por todo."
Él pudo sentir sus lágrimas aún antes de poder verlas. Ignorando su propio dolor, levantó y giró su rostro para verlo. "Podría parecer así, Relena. Pero de cierta forma, responderá por todo lo que ha hecho. Y en verdad… tú fuiste quien ganó. Eres quien sobrevivió."
"Sobrevivimos," susurró ella. Mirando las infinitas profundidades de sus ojos, sus palabras la golpearon de repente. Ella había ganado. Ella podría vivir su vida y explorar su amor por Heero. Jean-Paul había tomado mucho, pero Relena había ganado más. "Tú y yo, Heero."
"Tú y yo," repitió Heero. Con fáciles movimientos como para no abrir ningún punto, alcanzó el abandonado bigote.
Relena trató de tomarlo. "No… no está esterilizado…" Pero él ya había puesto la pieza en su lugar sobre el tubo de oxígeno bajo su nariz. "Heero, no creo que debas haber…"
Él la silenció al depositar la larga peluca en su cabeza. Sus sedosos mechones rubios se mezclaban con los falsos negros. "Vaya…" dijo Heero.
"Qué?" Ella palpó la peluca. "Se ve así de mal?"
"No. Sólo parece…" Rió disimuladamente, algo que nunca había hecho y probablemente nunca haría otra vez. "Parece que realmente necesitas hacer tus raíces."
Incisivas protestas y risas producto de las drogas flotaban por el pasillo del hospital, una afirmación de vida, amor y sobrevivencia en el menos probable de los lugares.
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Continuará…
