Rurouni Kenshin y sus personajes son propiedad de Watsuki Nobuhiro y Shueisha.

Género: Romance.
Rating: T (+16)
Capítulo relacionado: ninguno.
Advertencia: no.
Palabras:1110

#40.- Fin de año

Odiaba las fiestas, pero no podía escapar de aquella. Estaba en un rincón tomando té con calma mientras el resto de los miembros del Aoi-ya corrían arriba y abajo preparándolo todo. No entendía por qué estaban montando todo aquel despliegue en vez de seguir con sus vidas como siempre.

Shiro y Misao se movían con una exasperante sincronía, dejando platos y decorando cosas, riéndose a carcajadas... Cuando había regresado a Kyōto, Aoshi, había creído que la influencia de Okina la había convertido en la muchacha risueña y despreocupada que era sin embargo, viéndola con Shiro se daba cuenta de que había sido el joven shinobi quien más la había influido. Le molestaba, un poco, toda aquella complicidad que los envolvía, el aura de unión que les rodeaba.

Aoshi no estaba celoso, bueno, tal vez lo estaba un poco, a pesar de que Shiro y Omasu eran pareja, no de manera oficial, pero todos conocían más que de sobras que se amaban profundamente.

A menudo se preguntaba si a Misao y él también los veían también como una pareja o si, en cambio, veían un amor unidireccional e infantil. Él no solía mostrar emociones más allá de las que le permitía ver a Misao, así que suponía que para todos era algo que no llevaba a ningún sitio y eso, en parte, le hacía gracia.

Apuró el té mientras el resto danzaba a su alrededor sin prestarle demasiada atención. Misao rió, la buscó con la mirada, encaramada sobre los hombros de Kuro colgaba cintas de colores del techo, parecía estar disfrutando de aquello más que los demás. Y le pareció fascinante el modo en el que Misao era capaz de disfrutar de cualquier cosa por pequeña o simple que fuera.

Saltó de aquellos hombros, con gracia y agilidad, le sonrió, Aoshi sintió que la necesitaba y que era horrible que estuviera tan cerca y lejos a la vez.

—¿Quiere más té Aoshi-sama?

—No, gracias, Misao.

Ella le sonrió y acarició su hombro al alejarse, la siguió con la mirada. Misao le había descubierto hacía ya un par de meses, desde entonces se había asegurado de que notase que lo sabía. A Aoshi, que ya hacía demasiado tiempo que deseaba rodearla con los brazos, besarla y hacerle el amor, empezaba a hacérsele difícil mantener aquella estudiada distancia y, suponía, que ella era plenamente consciente y que por eso no paraba de tentarle.

—¡Maldita sea! —Okina se dejó caer a su lado como un peso muerto rompiendo el hilo de sus pensamientos—. Estoy agotado.

—No lo estarías de no haber tenido esta estúpida idea de hacer una fiesta.

—Mírate, tan joven y con tan poco espíritu.

Aoshi ni se molestó en fruncir el ceño como respuesta.

—Así jamás encontrarás una mujer que quiera casarse contigo.

—Lo dices como si estuviese obligado a casarme.

—Deberías estarlo, piensa en la gente a la que haces daño.

Con "gente", Okina, se refería a Misao, pero jamás lo admitiría en voz alta, como si fuese alguna suerte de secreto que estaba enamorada de él.

—Nenji, soy demasiado viejo para cambiar.

—Tonterías.

»Esta noche más vale que te comportes como un hombre normal y dejes que Misao se divierta.

—No tengo intención alguna de entrometerme.

Okina asintió, aunque en realidad esperaba que se entrometiera y la rescatase de lo que le tenía preparado.

º º º

Aquella fiesta llevaba en marcha casi tres horas y a Aoshi le dolía la cabeza. Había gritos, risas y música. La gente se movía al compás convirtiéndose en un masa uniforme que se balanceaba y alzaba los brazos.

Misao se escabulló de entre el gentío, Aoshi no sabía cómo lo había logrado, pero se plantó frente a él con una bandejita entre las manos. La admiró por aquel impensable logro.

—Le he traído algo para comer y beber.

—No era necesario.

—No puede pasar la última noche del año solo y sin comer nada, es... —Enmudeció y frunció el ceño como si estuviera buscando en las profundidades de su mente la mejor forma de definir su actitud sin ofenderle—. Triste, supongo.

—No me gustan las multitudes.

—Pues no se preocupe, mientras yo esté aquí cruzaré cualquier multitud que se plante en su camino para traerle lo que necesite —declaró con tono alegre como si aquel fuese el único cometido en su vida. Sonrió—. Y si quiere algo más silbe que vendré en seguida.

—Siéntate conmigo un rato, Misao.

—¡Claro!

Misao suspiró al sentarse, debía de estar realmente cansada, no la había visto parar ni un segundo desde que se había levantado por la mañana.

—Oh, Kami, estoy agotada.

—¿Por qué no te vas a dormir entonces?

—Uy, si hiciera eso Jiya vendría a sacarme del futón armado con un boken o con sus tonfa.

—Debería comprender que estás cansada y respetarlo.

La muchacha puso los ojos en blanco y meneó las manos en el aire exasperada.

—Es que me está buscando un marido, ¿puede creérselo? Como si yo necesitase uno para algo. —Sus mejillas se tiñeron de un suave tono rojo, Aoshi se preguntó qué debía de estar pasando por su cabeza—. Y encima no paran de invitarme a tomar sake, si sigo así acabaré borracha antes de que acabe la noche y mañana seré como un trapo viejo e inútil...

Había notado el ligero olor a sake que la acompañaba, pero había creído que alguien se lo habría derramado sobre la ropa. Él estaría encantado de poder secuestrarla y liberarla de aquel suplicio de celebración, de los hombres revoloteando a su alrededor, del sake... se la llevaría lejos para que pudiera descansar y estar tranquila.

—Puedo hacerte de guardaespaldas siempre que lo necesites.

Ella se rió y se agarró con fuerza a su brazo casi clavándole los dedos.

—Ojalá pudiéramos irnos muy lejos.

—Misao...

Volvió a reírse, se apartó y se puso en pie de un salto.

—No me haga caso, he bebido demasiado sake y ya no sé ni lo que digo. Discúlpeme, Aoshi-sama.

»Piense en avisarme si necesita algo, vendré en seguida.

—Te lo agradezco.

Misao se inclinó para besarle en la mejilla, como acostumbraba a hacer, pero Aoshi se movió para buscar el contacto con sus labios. Si Misao no supiese lo que sabía habría pensado, igual que cualquier testigo que hubiese podido haber, que sus labios se habían encontrado por accidente. Le sonrió una última vez y regresó a la fiesta dando pasitos alegres.

Aoshi le había robado varios besos desde que había regresado al Aoi-ya, especialmente en los últimos meses, pero aquel con sabor a sake se acababa de convertir en su preferido. Acabar el año con un beso era una buena manera de cerrarlo.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Quería escribir algo para Navidad, pero no tuve tiempo, así que, como he tenido unos días algo más tranquilos en el trabajo, he aprovechado para escribir esto para fin de año. El shot en realidad no acaba aquí, podréis leer la continuación mañana en "Kannô-sei". Espero que os guste
Os deseo a todas las personas que me leéis un maravilloso año nuevo lleno de cosas buenas y bonitas. Un abrazo.