Capítulo 53 - A escondidas por Hogsmeade

En la torre de Gryffindor nadie pudo dormir aquella noche. Sabían que el castillo estaba volviendo a ser rastreado y todo el colegio permaneció despierto en la Sala Común, esperando a saber si habían atrapado a Black o no.

La profesora McGonagall volvió al amanecer para decir que se había vuelto a escapar. Por cualquier sitio por el que pasaran al día siguiente encontraban medidas de seguridad más rigurosas.

- ¡Tch! Exagerados…- pensó Harry con fastidio.

El profesor Flitwick instruía a las puertas principales para que reconocieran una foto de Sirius Black. Filch iba por los pasillos, tapándolo todo con tablas, desde las pequeñas grietas de las paredes hasta las ratoneras.

Sir Cadogan fue despedido, y eso molestó mucho a Harry.

- Pobre Sir Cadogan, - pensó con los ojos entrecerrados, mientras que los demás lo celebraban. - está claro que en este colegio no saben valorar su gran valentía…-

A Sir Cadogan lo devolvieron al solitario descansillo del piso séptimo y lo reemplazó la señora gorda. Había sido restaurada magistralmente, pero continuaba muy nerviosa, y accedió a regresar a su trabajo sólo si contaba con protección. Contrataron a un grupo de hoscos troles de seguridad para protegerla.

- Bueno, si intentan algo…- pensó Harry con malicia, recordando como había dejado fuera de combate a un troll en su primer año. Teniendo en cuenta que estaba en tercero, su habilidad era más que suficiente para dejarlos fuera de combate.

Recorrían el pasillo formando un grupo amenazador, hablando entre gruñidos y comparando el tamaño de sus porras. Harry no pudo dejar de notar que la estatua de la bruja tuerta del tercer piso seguía sin protección y despejada. Parecía que Fred y George estaban en lo cierto al pensar que ellos, además de Harry, Ron y Hermione, eran los únicos que sabían que allí estaba la entrada de un pasadizo secreto.

- Hm…¿deberíamos contárselo a alguien? - pensó Harry detenidamente. - ¡Bah! Mientras no oigamos que Black entra por Honeydukes creo que no habrá ningún problema…-

Ron se convirtió de repente en una celebridad. Por primera vez, la gente le prestaba más atención a él que a Harry, y era evidente que a Ron le complacía. Aunque seguía asustado por lo de aquella noche, le encantaba contarle a todo el mundo los pormenores de lo ocurrido.

- Estaba dormido y oí rasgar las cortinas, - explicó, mientras que Chloe asentía y escuchaba fascinada. - pero creí que ocurría en un sueño. Entonces sentí una corriente... Me desperté y vi que una de las cortinas de mi cama estaba caída... Me di la vuelta y lo vi ante mí, como un esqueleto, con toneladas de pelo muy sucio... empuñando un cuchillo largo y tremendo, debía de medir treinta centímetros, me miraba, lo miré, entonces grité y salió huyendo... -

- ¿Crees que está bien si le dejamos presumir un poco? - preguntó Hermione, frunciendo el entrecejo.

- Han estado a punto de matarle, ¿no? - dijo Harry, sonriendo. - Dejemos que disfrute del momento…-

- Sabes, - dijo Hermione de repente. - aún me lo sigo preguntando…¿Por qué Black atacó a Ron en vez de a ti? ¿No te parece un tanto sospechosos? Es decir, se supone que él va a por ti, Harry…-

- No lo sé…- dijo Harry, de brazos cruzados. - quizás se equivocó de cama. Era de noche, todo estaba a oscuras y se supone que él no posee ninguna varita en estos momentos. Por ende, es evidente que tuvo un pequeño error de cálculo. Lo más importante es que no acabó en tragedia…-

Durante la tarde, Harry había bajado a los terrenos para practicar magia con Chloe y Luna, llevando consigo su mochila y la capa de invisibilidad (por si los Dementores estaban cerca y su Patronus no fuera suficiente para detenerlos). Eran las únicas amigas que tenían tiempo libre porque Hermione seguía liada con muchos deberes encima; Ron estaba demasiado distraído con las masas haciéndole preguntas sobre Sirius Black y su intento de asesinato; y Ginny estaba en la biblioteca estudiando con Draco Malfoy.

Mientras avanzaba cerca de la cabaña de Hagrid, sin embargo, escuchó una voz que captó su atención. Con discreción, Harry se acercó sigilosamente a la ventana, solo para ver a Hagrid preparando té y a una joven sentada en la mesa.

Harry no tardó demasiado en darse cuenta de quien era. Ella tenía un largo, liso y bien arreglado cabello castaño que le llegaba hasta la cintura, con un flequillo de color anaranjado; vestía una túnica negra y votas de cuero a juego. Indudablemente era guapa pero su rostro reflejaba una frialdad la cual solo Harry llegó a ver en alguien como Snape.

Hagrid, por otra parte, parecía muy contento con la visita. - Aquí tienes, - dijo alegremente, mientras le servía un té a su invitada. - ya me extrañaba que no vinieras a visítame antes, Mérula. -

- Vaya, siento no haber venido antes. - replicó Mérula, rodando los ojos. - Quizás no te hayas dado cuenta, pero me he pasado meses siguiéndole el rastro a esa escoria de Black. - Fang se acercó a ella solo para que le haga cosquillas en las orejas. - Aún no puedo creer que haya conseguido infiltrarse en Hogwarts. Casi mata a un estudiante. -

- Oh si, - dijo Hagrid, tomando asiento. - aunque diría que a Ron ya se le ha pasado el susto. Es más, parece muy contento ahora que tiene mucha gente detrás, interesándose en él. -

- ¿En él, o en su pequeña historia? - se burló Mérula, tomando un sorbo de su té. - Es penoso que haya tenido que esperar a que un fugitivo de Azkaban intente matarle para conseguir algo de fama. -

- ¿Qué quieres decir? - preguntó Hagrid.

- Lo he visto, - dijo Mérula, con una sonrisa arrogante. - está necesitado de fama, Hagrid. Todo lo que he escuchado del pequeño Weasley es su talento en el ajedrez mágico, y por lo visto eso no es suficiente reconocimiento para él. El resto del colegio solo lo ve como el amigo de Harry Potter, al cual sigue a todas partes como si fuera su sombra…-

- Ron no es mi sombra, - pensó Harry, indignado. - y tiene mucho talento para más cosas a parte del ajedrez mágico. Es evidente que esta tía no sabe nada de él. -

- No estoy de acuerdo, Mérula. - replicó Hagrid suavemente. - Ron es un buen mago, los profesores están contentos con su progreso. Tal vez no saque las mejores notas, pero son muy buenas. -

- Hay quien nace con el talento para ser exitoso y tener una gran reputación y hay quien acaba formando parte del montón. - se burló Mérula. - Si ese chico es incapaz de entender eso me parece que acabará siendo un pobre infeliz. -

- ¿Siempre tienes que ser tan dura con la gente? - suspiró Hagrid.

- Solo digo lo que pienso, - dijo Mérula, encogiéndose de hombros. - no me gusta que la gente se haga falsas ilusiones y piensen que todo es posible. Siempre hay limitaciones, para unos más que para otros. -

Observando desde la ventana, a Harry no le entraba en la cabeza como alguien como Mérula Snyde podía llevarse bien con Hagrid. La única razón que encontraba era muy simple: sus años en Hogwarts. Por supuesto, Harry no tenía ni idea de qué tipo de persona fue Mérula durante su etapa en el colegio, salvo lo comentado por los profesores y varios conocidos de Hogsmeade.

- Harry suele decir que soñar es gratis. - sonrió Hagrid.

- Pues que sueñe lo que quiera. - espetó Mérula. - Está bien, no voy a insistir en ello si te niegas a entender. Hace años te dije lo absurdo que es que tengas a todos esos insectos ocultos en el bosque prohibido (las acromántulas son muy cariñosas, ¿no?). Pueden vivir perfectamente donde sea y apañárselas por sí mismos, y si les pasa algo la responsabilidad es de ellos, no de ti. -

- Les he cogido cariño, - dijo Hagrid con sinceridad. - me sería imposible ir allí y echarles a todos. -

Harry no comprendía como Hagrid estaba tan tranquilo hablando con ella. Luego, pensó que había dos posibilidades: O se conocían de años y se entendían bien, o sencillamente Hagrid estaba aplicando su experiencia con criaturas mágicas peligrosas en Mérula.

- Solo dilo y estaré encantada de limpiar ese bosque. - dijo Mérula maliciosamente. - Siempre es divertido molestar a las arañitas. -

- No será necesario. - dijo Hagrid, frunciendo el ceño. - Si piensas eso porque has visto a los centauros, a los unicornios y a las acromántulas alteradas es por los Dementores. Su número ha crecido con el pasar de los días. -

- Por supuesto, - se quejó Mérula. - el señor ministro tenía que pasar por aquí y ver que no había demasiados por los alrededores. ¿A que esperamos? Llamemos a Scrimgeour para que envíen más, ¡fantástico! - añadió con sarcasmo.

- No me gustan nada los Dementores. - dijo Hagrid, encogiéndose. - Lo pasé muy mal cuando me encerraron en Azkaban por dos meses, pensé que me moriría del susto. -

- Aún me cuesta creer que te encerraran en Azkaban sin más argumentos que lo ocurrido en el pasado con ese rollo de la Cámara de los Secretos. - dijo Mérula, negando con la cabeza. - Y luego la gente se pregunta porque no entré en el Ministerio…-

- No debería extrañarte, - dijo Hagrid. - has sido una de las mejores y…¡De acuerdo, si! ¡Fuiste la mejor, la mejor! - añadió rápidamente al ver la cara de Mérula. - El caso es que podrías haber hecho grandes cosas en el Ministerio, con todo lo que sabes…Podrías haber destacado en cualquier departamento y…-

- ¿Y estar a las órdenes de un zoquete incompetente? - espetó Mérula. - Por favor…-

- ¿Qué me dices del Departamento de Cooperación Mágica Internacional? -

- ¿Me quieres ver rodeada de vejestorios? ¿Escuchar sermones en cada sesión? ¿Debatir sobre leyes absurdas? - se burló Mérula, fingiendo arcadas. - Hasta la clase de historia de la magia con Binns me parece más interesante que esa "parroquia de chiste". -

- Hm…¿Qué tal el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos? - sugirió Hagrid, riéndose un poco. - Odio admitirlo, pero fuiste una pesadilla para Gryffindor cuando jugabas de buscadora. -

- Hm…no estaría mal, - reconoció Mérula. - pero el primer motivo echa por tierra todos los demás. -

- Podrías haber hecho cosas grandiosas en el Departamento de Seguridad Mágica. - dijo Hagrid con terquedad. - Con lo poderosa que eres podrías llegar a lo más alto empezando como una aurora de gran nivel. -

- No me interesa formar parte de esos hijos de p… -

- ¡Mérula, ese lenguaje! -

- Ya le dije en su día a Scrimgeour lo que tenían que hacer si me querían dentro de su querido departamento…-

- ¿Les pediste algo? - preguntó Hagrid, sorprendido. - ¿Qué fue? -

- Les dije que si no echaban al inútil de Fudge que se olvidaran de mí. - dijo Mérula arrogantemente. - Por supuesto, y como bien he podido comprobar, a los idiotas del Ministerio no les importa que su ministro sea un inútil, que no tenga ni idea de lo que pasa a su alrededor, que tenga que acudir a "El Profeta" cada vez que lo estropea todo y necesita lavar su imagen; que tenga una pila de tareas pendientes a punto de estallar en su despacho y que, para colmo, tenga que enviarle notitas a Dumbledore para preguntarle qué hacer. - se río a carcajadas. A continuación, cogió aire e imitó al ministro. - ¡Oh! ¡Que inútil soy, que horror de ministroooo! ¡Dumbledore, ayúdame Dumbledore! No me gustas, estás viejo, ¡pero aun así necesito tu consejo para que no me echen mi*rd* encima! - Hagrid estalló en carcajadas. - Es patético, ¡patético! Y encima se jacta de lo que hace, creyendo que su gestión es un éxito cuando tiene a seres como los Dementores custodiando Azkaban, privilegiados seleccionados a dedo, jugando con la gente a la hora de hacer promesas y dejar pasar el tiempo para luego no cumplir con su palabra…En definitiva, su mandato es una chapuza, una vergüenza…-

- Te entiendo perfectamente, - aseguró Hagrid, limpiándose las lágrimas de la risa. - pero, tengo la sensación de que tu enfado no viene solo porque Fudge está al mando. Dime, ¿aún sigues enfadada por lo que pasó con tus padres? - preguntó

Algo ocurrió tras esa pregunta que Harry no esperaba. El rostro de Mérula se volvió sombrío y en cuestión de segundos toda risa por parte de Hagrid murió.

- ¿Qué si estoy enfadada? - repitió ella. - ¿Por qué iba a estarlo? ¿Por qué fueron seguidores de Voldemort? - a Harry le sorprendió mucho que dijera ese nombre sin ningún problema. Hagrid se estremeció un poco. - ¿Por qué los aurores entraron en mi casa y me los arrebataron cuando tenía ocho años? O quizás porque Azkaban y la presencia de los Dementores han provocado que pierdan la cabeza…-

- Mérula…yo…ay caray, no debí decir eso…-

La joven terminó de beber su té antes de volver a hablar. - Sé lo que hicieron, - dijo. - y sé que merecían ir allí pero…¿Hacía falta que estuvieran tan expuestos a los Dementores? Hagrid, ellos…se han olvidado de mí…-

- No…-

- Hace un año fui a visitarles por Navidad, - susurró Mérula tristemente. - y cuando los vi y ellos a mí…me preguntaron quién era…No tenían ni idea de porque estaban entre rejas, de porque estaban viviendo en esas condiciones tan lamentables…Me tuve que tragar mi orgullo para ir directamente al Departamento de Seguridad Mágica a pedir su ingreso a San Mungo, incluso si era con vigilancia, pero se negaron a aceptar la petición (¡Thc! Les mandé a la mi*rd*). Volví con mis padres e intenté devolverles todos los recuerdos posibles, pero…no pude…- miró un momento una de sus manos con decepción. - había demasiados Dementores y no podía concentrarme…todo cuando me venía a la mente eran recuerdos de algunos actos malévolos que hicieron en casa con determinadas visitas…luego está cuando cayó Voldemort y los aurores irrumpieron en mi casa para llevárselos…También pensé en algunas cosas que hice en Hogwarts de las cuales…bueno…de nada me sirve arrepentirme. -

- También hiciste muchas cosas buenas. - dijo Hagrid, con una sonrisa triste. - Te pasaste años insistiendo en que no tenías buen corazón, que te daba igual todo…y sin embargo, allí estabas tú, ayudándonos cuando tuvimos problemas con las maldiciones de las bóvedas y tomando grandes riesgos en esas aventuras. Tal vez no seas la mejor a la hora de expresarte, pero todos siempre insisten en lo mismo: no eres del todo mala. -

- ¿Aun siguen diciendo eso de mí? - suspiró Mérula, llevándose una mano a la cabeza. - ¿No fue suficiente con decirles que cosas como la amistad y el amor son un asco? -

Hagrid bajó la cabeza. - Estoy seguro de que piensas eso por John. - dijo. - Le echas de menos, ¿verdad? -

- ¿A quién? - dijo Mérula, con una risa carente de humor. - ¿A ese idiota? -

- ¿Por qué le llamas idiota? - preguntó Hagrid, y tan pronto como lo hizo tuvo que agachar la cabeza. Mérula le había tirado con fuerza su taza, atinándole por poco. Fang saltó y se fue corriendo a ponerse a cubierto bajo su manta.

- ¡Porque lo es! - gritó ella, levantándose de la silla y respirando bruscamente. - Y si, ¡la amistad y el amor son un asco! ¡UN ASCO! ¡Es un asco porque ya lo viví con mis padres, y tuvieron que venir los malditos aurores a arrebatármelos por la fuerza! -

- De acuerdo, - farfulló Hagrid, cubriéndose la cabeza con sus robustos brazos. - lo entiendo, pero no hace falta que…-

- ¡ES UN ASCO PORQUE AUN TENIENDO ESA MALDITA EXPERIENCIA VOLVÍ A TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA! - gritó ella, dándole una patada con rabia a una de las sillas. - Cuando vine a Hogwarts me prometí a mí misma que rechazaría a todo aquel que quisiera ser mi amigo o que me quisiera como algo más, y aun así…-

- Nunca pensé que vosotros dos os acabaríais llevándoos bien. - comentó Hagrid, protegiéndose con las manos e intentando tranquilizarla. Harry lo miraba como si intentara tranquilizar a un dragón enloquecido. - Sobre todo si tenemos en cuenta cómo empezó vuestra historia. -

- Si…- dijo Mérula, poniendo en su lugar la silla que había pateado y sentándose. - John fue el único que tuvo el descaro de desafiarme. Nadie podía conmigo, nadie…excepto él…-

- Me atrevería a decir que eso es exactamente lo que te gustaba de él. - dijo Hagrid.

Mérula asintió con una sonrisa triste. Harry, sin embargo, le costaba entender como dos personas que se llevaban mal podían acabar siendo amigos, ¿o quizás eran más que eso?

- ¿Qué habrá pasado antes de mi llegada? - pensó el azabache. - Esa historia de las bóvedas…el tal John Anderson…Ni Hagrid, ni Dumbledore, nadie me ha contado nada. Ni siquiera en la escuela hablan de ello. -

- Nunca nos has contado lo que pasó en esa última bóveda. - dijo Hagrid misteriosamente. - Volviste y solo hablaste con Dumbledore y el profesor Snape. Una vez te graduaste, desapareciste por un año…-

- No tengo que explicarle nada a nadie. - dijo Mérula, desviando la mirada. - Ya le dije a Dumbledore y a Snape lo que pasó, con eso basta. Que ellos quieran contártelo o no es su problema. -

- En realidad esperaba que tú me lo contaras. - dijo Hagrid. - Rowan, Penny, Ben, Charlie, André…todos querían respuestas y no las tuvieron. En la graduación del 91 lo único que dijo Dumbledore fue que John había desaparecido y hasta ahora seguimos sin conocer su paradero. En ese sentido me recuerda a Jacob…-

- Jacob es otro idiota que tuvo que morir para salvarle. - masculló Mérula. - Se quiso hacer el héroe intentando acabar con Rakepick y lo único que provocó fue que John fuera a buscarle para enfrentarla, complicando más las cosas. -

- ¿Quién será Rakepick? - pensó Harry. - Hm…es extraño, diría que ese nombre lo he oído antes en algún lugar, pero no recuerdo donde ni cuando…-

- Y al final fuiste tu quien le salvó a él. - añadió Hagrid.

- El mejor día de mi vida, - dijo Mérula sombríamente. - ya ves. - de repente, ella se volvió hacia la ventana. - ¿Es cosa mía o hay alguien escuchándonos? -

- ¡Maldita sea! - pensó Harry, sacando rápidamente su capa de invisibilidad y ocultándose en ella.

Mérula abrió la puerta de una patada, blandiendo su varita. Olfateó un poco y repentinamente apuntó con su varita hacia donde estaba oculto Harry. - ¡Revelio! - exclamó.

Sin embargo (y eso sorprendió mucho a Harry), no pasó nada de nada. El joven mago seguía oculto bajo la capa, intacto.

- ¿Todo bien, Mérula? - preguntó Hagrid desde el interior de la cabaña. - ¿Hay alguien ahí? -

- No, - respondió ella. - debe haber sido mi imaginación. - se guardó la varita y cerró la puerta.

Consciente de que no era muy prudente arriesgarse más (y que a Mérula se le fuera la pinza y acabara hechizándole), Harry decidió marcharse hasta las cercanías del Lago Negro. Una vez allí, oculto entre unos arbustos, se quitó la capa y la guardó en su mochila.

- ¿Cómo es que no pudo descubrirme? - pensó Harry. - Increíble, o Mérula falló al conjurar el "Revelio" (cosa que no me creo ni de broma) o esta capa es más especial de lo que imaginaba…-

- ¡Harry! - le llamó alguien.

Alzando la vista, Harry pudo ver a Chloe practicando duelo con Luna. Los hechizos que estaban usando eran bastante buenos: el maleficio rechazo y el encantamiento escudo, por ejemplo, llevaban más potencia mágica y efectividad que en prácticas pasadas.

- Veo que os habéis empleado a fondo. - observó el azabache. - Hola a ti también, Luna. -

- Hola Harry, - le saludó ella en tono soñador. - ¿Has tenido algún contratiempo? Parece que vienes de espiar a alguien. -

- ¿Eh? - farfulló Harry. - Hm…no, no sé porque piensas eso…-

- Tienes cara de haber espiado a alguien, - observó Luna. - pero no te preocupes, no te preguntaré por nombres o por motivos. Estoy segura de que no lo hiciste con malas intenciones. -

Harry estaba acostumbrado a que Luna fuera capaz de intuir lo que hacía alguien con solo mirarle a la cara, o a los ojos, y sin embargo le irritaba. Le irritaba ser demasiado lento a la hora de recurrir a su protección Oclumántica para disipar todo rastro de emociones a tiempo, que tenía claro que necesitaba practicar mucho más.

- Que ella no necesite ser Legeremántica para intuir lo que hacen las personas con solo mirarlas es terrorífico. - pensó Harry, suspirando.

- La verdad es que sería interesante saber que te ha retrasado. - dijo Chloe, acercándose a él.

- Digamos que me entretuve con una "charla interesante", - se explicó Harry, sin ganas de especificar nada. - dejémoslo ahí. Bien, me parece que alguien va a necesitar demostrarme cuanto a progresado, debido a las múltiples sesiones que se ha saltado. -

- Tenía mucho trabajo, - se excusó Luna, sabiendo que se trataba de ella. - además, desde hace días que mis zapatos se pierden por la escuela. -

- ¿Cómo es eso? - preguntó Harry, arqueando las cejas.

- Puede que sean los Nargles. - sugirió Luna. Chloe se llevó una mano a la cabeza. - Debe de haber un muérdago cerca de la Torre de Ravenclaw, tendré que buscarlo. -

- Luna, - dijo Chloe, con los ojos entrecerrados. - ¿no sería más realista pensar que alguien busca gastarte una broma? -

- ¿Hm? No, no lo creo. - dijo Luna. - En Ravenclaw hay muy pocos bromistas. -

- Tulip Karasu, - recordó Harry. - la amiga de Fred y George fue de Ravenclaw, y por lo que nos han contado ella gastaba muchas bromas cuando estaba en la escuela. -

- Por eso digo que hay muy poco bromistas en Ravenclaw. - insistió Luna. - No sé porque algún compañero mío iba a encontrar divertido coger mis zapatos y tirarlos por cualquier parte de Hogwarts. -

- Bueno, - dijo Chloe, ajustándose los nudillos. - como encuentre al gracioso que se está metiendo con mi amiga se va a enterar. Haré de su vida en Hogwarts un infierno…- añadió maliciosamente.

- Creo que el estar gastando bromas estos días la ha vuelto un tanto peligrosa. - pensó Harry, riéndose un poco. - Lo voy a sentir mucho por el gracioso de Ravenclaw. -

Harry puso a prueba las habilidades de Luna en un pequeño duelo, con un buen resultado para tratarse de alguien que no practicaba con frecuencia. Para acomodar un poco la práctica decidió hacer un repaso de varios hechizos que no eran necesariamente para duelos, pero que usándolos de la manera idónea en el momento idóneo podían ser efectivos, como el encantamiento tira y afloja (Carpe Retractum).

….

Neville había caído en desgracia. La profesora McGonagall estaba tan furiosa con él que le había suprimido las futuras visitas a Hogsmeade, le había impuesto un castigo y había prohibido a los demás que le dieran la contraseña para entrar en la torre.

No todo le fue tan mal a pesar de quedarse sin ir con los demás, ya que eso le permitió pasar más tiempo con Luna Lovegood, a quien ya consideraba una buena amiga, con la que compartía muchas tardes de estudios sobre plantas y criaturas misteriosas.

- Son tal para cual…- pensó Harry divertido.

Neville esperaba tranquilamente a que los demás regresaran para entrar a la Torre de Gryffindor. Sin embargo, su moral cayó por los suelos cuando recibió "algo" de parte de su querida abuela.

Dos días después de la intrusión de Black, envió a Neville lo peor que un alumno de Hogwarts podía recibir durante el desayuno, un vociferador. Las lechuzas del colegio entraron como flechas en el Gran Comedor, llevando el correo como de costumbre, y Neville se atragantó cuando una enorme lechuza aterrizó ante él, con un sobre rojo en el pico.

- ¡Oh no! ¡Es un vociferador! - exclamó Ron, con la tensión por las nubes. - Fred y George recibieron uno en su primer año. ¡Es como una bomba a punto de estallar! ¡Cógelo Neville! ¡Cógelo y vete de aquí cuanto antes! - le aconsejó muy nervioso.

Neville no necesitó oírlo dos veces. Cogió el sobre y, sujetándolo como si se tratara de una bomba, salió del Gran Comedor corriendo, mientras la mesa de Slytherin, al verlo, estallaba en carcajadas. Oyeron el vociferador en el vestíbulo. La voz de la abuela de Neville, amplificada cien veces por medio de la magia, gritaba a Neville que había llevado la vergüenza a la familia.

- ¡Cáspita! - dijo Chloe, a quien se le cayó la mermelada del susto que se llevó al oír el vociferador. - La abuela de Neville es terrible cuando se enfada, ¿no creen? -

- Si, - asintió Ron, tal vez pensando con empatía en Neville. - creo que perfectamente podría hacerle la competencia a mi madre. - miró a Harry y le dijo: - Oh, ahora que me acuerdo…¡La semana que viene hay otra visita a Hogsmeade! -

- No es justo, - protestó Chloe. - ¿porque tenemos que esperar hasta tercero para ir a Hogsmeade? Es absurdo, ¡yo quiero ir ahora! - se quejó, llevándose las manos a los cachetes y haciendo un puchero bien gracioso.

- Vamos, - dijo Hermione, tratando de animarla. - no te enfades. El curso que viene podrás pedirle a tu madre que te firme el permiso, ¿no? -

Chloe asintió, pero sin perder esa cara de enfado que para Harry era más bien la cara de la típica niña pequeña que se quedaba sin golosinas.

Indudablemente, Harry podía comprender su frustración, aunque en el caso de Chloe era evidente (las visitas a Hogsmeade estaban disponibles a partir del tercer año). Sin embargo, en el caso de Harry era, en su opinión, un enorme ridículo por parte de los docentes.

- Que tu no vayas es normal, - dijo Harry, enfurruñándose. - pero que yo, estando en tercer año y con la autorización firmada no pueda ir…-

- Harry, - empezó Hermione. - sabes porque no puedes ir. -

- ¡Pero no es justo que me dejen sin ir a Hogsmeade solo porque piensan que soy un indefenso niño de trece años! - bufó Harry, aporreando la mesa con su cáliz de agua. - Lo último que necesito es que McGonagall le pida a Percy que sea mi escolta. - añadió, mirando de reojo a su alrededor, contemplando como las miradas de sus profesores, además de los prefectos y los Premios Anuales iban dirigidas hacia él.

- Uffff, Percy como escolta, - dijo Ron, rodando los ojos. - creo que acabaras muriendo, pero del aburrimiento que es tenerlo cerca hablando de lo que quiere hacer una vez se gradúe. En casa tuvimos que soportar ese tostón todo el verano. -

- Bueno, - dijo Hermione, limpiándose sus labios con una servilleta y recogiendo sus cosas. -tengo muchísimo trabajo. No te enfades con los profesores Harry, insisto en que ellos solo cumplen con su obligación. - se acomodó su enorme mochila en la espalda y se fue en dirección a las puertas del Gran Comedor, donde por poco le pega en la cabeza a Hannah Abbott con la mochila cuando giró en dirección a la gran escalinata.

Poco después pensó que, en lugar de estar perdiendo el tiempo enfadándose por la tontería del "El que dejó en evidencia a Azkaban", iba a aprovechar el tiempo para ultimar sus trabajos pendientes.

- Está bien. - dijo resignado. - Supongo que siempre puedo aprovechar el tiempo para cosas más practicas…-

- ¿Qué? - dijo Ron, sin creerse lo que escuchaba. - Es decir, ¿piensas quedarte? ¿Teniendo ese bendito mapa en tu poder?

- ¿Mapa? - dijo Chloe, frunciendo el ceño.

- ¡Shhhh! - pidió silencio Harry. Hizo señas para que Ron y Chloe se acercaran y decirles: - A ver, no os voy a engañar, me gustaría usar el mapa…pero también me gustaría no tener a Hermione enfadada conmigo por…-

- ¡Vaya escusa! - masculló Ron. - Da igual en que día estemos, este año Hermione está ahogándose entre pergaminos, mapas, trabajos y clases en la misma franja horaria (¡Y sigo sin saber cómo demonios lo hace!). Llegará el sábado y seguirá sin levantar las narices de sus libros. ¿Qué pintas tú con los deberes y practicando magia en los terrenos cuando puedes escaparte una hora y pasar un gran día en Hogsmeade? -

- Hm…no estoy seguro. - dijo Harry, dudando y con ganas de recordarle a Ron la importancia de los deberes.

- ¿Hola? - bufó Chloe. - ¿Me vais a explicar de qué mapa estáis hablando? -

- Aquí no, - respondió Harry rápidamente. - te lo explicaré luego. -

Hasta la llegada del sábado, Harry decidió acompañar a Hermione en la biblioteca y estudiar con ella, al mismo tiempo que se ayudaban entre ellos en determinados trabajos a entregar. El azabache pensó que el no ir a Hogsmeade y de tenerla a su lado podía compensar la pérdida de esa visita.

Sin embargo, no contaba con que Chloe estaría determinada a visitar Hogsmeade después de explicarle el funcionamiento del Mapa del Merodeador durante la última practica que tuvieron juntos el viernes, en los terrenos.

- ¡Es una pasada de mapa! - chilló ella, lanzándole varios maleficios rechazo a Harry. - No entiendo cómo te puedes quedar ahí, encerrado en la biblioteca con Hermione pudiendo usar esa maravilla e ir a donde quieras. -

- No me gusta quebrantar en exceso las normas. - admitió Harry, rechazando magistralmente los maleficios. - Lo hice en navidad porque, en fin, era la primera vez con el Mapa y estaba indignado. Pero ahora con el incremento de numero de los Dementores, Snyde merodeando por Hogsmeade y Black planificando su siguiente movimiento (me imagino) no creo que sea una buena idea. -

- Vamos Harry, - le pidió Chloe, poniendo ojitos. - siempre he querido ir a Hogsmeade, ¡estoy como loca por comprar en Honeydukes! -

- Si me escaqueara a Hogsmeade, - dijo Harry. - y me tardara más de la cuenta Hermione podría sospechar. No creo que sea buena idea…-

Chloe infló sus cachetes con enfado, se acercó corriendo a Harry y le agarró del cuello de la camisa para situar su cabeza a su altura. - Escúchame bien, Harry Potter. - dijo ella, amenazándolo con golpearle en la nariz. - Siempre he querido ir a Honeydukes y sé perfectamente que a ti no te interesa aburrirte en Hogwarts en una tarde de prácticas teniendo ese Mapa contigo. ¡Así que o me llevas a Hogsmeade o te dejo una cara nueva! -

Harry no podía explicarse el porqué, pero entre que por una parte deseaba ir a Hogsmeade, y que Chloe le empezaba a recordar un poco a la señora Weasley cuando amenazaba a sus hijos, pensó que por una vez sería mejor ceder.

- Vale, - suspiró él. - me has convencido. - Chloe le soltó. - Por un momento pensé que me amenazaría con chivarse a los profesores sobre que tengo el Mapa. Espero que Hermione esté muy ocupada mañana o posiblemente me sermoneará durante tres horas. - pensó, aunque tampoco sonaba tan mal la idea.

…..

Con la decisión tomada, Harry le prometió a Chloe que irían a Hogsmeade junto a Ron. Tan solo esperaba que el montón de deberes que tenía Hermione sobre la mesa de la Sala de Estudios no terminara tan pronto. Un pensamiento un tanto desagradable porque también quería que ella dejara de trabajar tanto.

Una vez llegó el sábado, mientras ponía en orden su habitación, Harry había caído en la cuenta de que no había puesto a prueba las revelaciones del Sombrero Seleccionador, en lo referente a la Espada de Godric Gryffindor. Se enfrascó tanto con sus deberes y las prácticas de duelo que había dejado de lado el tema. Aun así, no se le olvidó el método para invocarla.

Aprovechando que no había nadie en el dormitorio, Harry decidió poner en práctica lo aprendido.

- Vamos a ver…- murmuró. - cierro los ojos…- los cerró. - visualizo la espada…- la Espada estaba en su mente. - Extiendo la mano…- lo hizo y dijo: - ¡Custo Gladipredium! -

Se escuchó como el sonido de un filo, y una sensación pesada llegó a la palma de su mano. Sintió el tacto de algo frío tocar sus dedos. Al abrir los ojos, allí estaba él, empuñando con su mano la Espada de Godric Gryffindor.

- ¡Increíble! - pensó, incapaz de creérselo. - ¡Puedo invocar la espada! -

Agitándola y mirando el filo de reojo, Harry quedó más que asombrado ante su capacidad de poder invocar de nuevo a la hoja con la que atravesó la cabeza del basilisco, provocando su muerte en el interior de la Cámara de los Secretos.

Justo cuando más estaba disfrutando del momento, el azabache miró de reojo el Mapa del Merodeador. Alguien se acercaba rápidamente.

- Hm…no creo que sea conveniente enseñarle este descubrimiento a nadie por ahora…- pensó Harry. - ¡Somnum Amigladio! - exclamó.

La espada que tenía en su mano se desvaneció como ocurrió la última vez que la empuñó. Harry supuso que regresó a su lugar de letargo, que muy probablemente se trataba del legendario Santuario perdido de Gryffindor.

- ¡Eh, Harry! - dijo Ron, quien acababa de entrar en la habitación. - ¿Estás listo para ir a Hogsmeade? -

- Errr…sí. - dijo Harry, cogiendo la capa de invisibilidad. - Le dije a Hermione que hoy me dedicaría a practicar duelo, aunque me parece que cuando le dije eso ella estaba demasiado centrada en sus deberes…En fin, el caso es que no quiero ser visto, y mucho menos quiero que vean a Chloe. -

- Aún no puedo creer que cedieras a llevarla allí, - dijo Ron. A Harry le pareció un poco extraño que no se opusiera a la idea. - aunque, por otra parte, es normal. Ella nunca ha estado en Honeydukes. -

- Bueno, si me negaba estaba dispuesta a darme una paliza. - admitió Harry. - Creo que soy más capaz de enfrentar a un troll con las manos que a ella. -

- Madre mía, - se rió Ron. - no puedo creer que llegara a amenazarte con una golpiza, que absurdo suena. - miró su reloj y añadió: - Ahora mismo la gente debe estar reuniéndose en el patio para ir a Hogsmeade. Os veré en Honeydukes, ¿no? -

- Claro, - asintió Harry. - a menos que primero le llame la atención Zonko o Las Tres Escobas, lo cual no descarto. -

Ron se adelantó para reunirse con los otros alumnos que irían a Hogsmeade. Mientras tanto, Harry tuvo que esforzarse para no tropezar con nadie bajo la capa. Había quedado con Chloe en el tercer piso, cerca de la estatua de la Bruja Tuerta.

Sin embargo, en cada piso por el que pasó para llegar hasta allí estuvo cerca de tener contratiempos. Como en el momento que pasó por el quinto piso, donde Filch intentaba atizar a Peeves con su escoba de barrer, ya que al poltergeist le había dado la gana de llenar el pasillo que gobstones, lo que provocaba que todo el que pasara por allí terminara por los suelos (eso incluyó al propio Filch y a su gata, la señora Norris). Harry por poco acaba cayendo por la Gran Escalinata con todo y capa.

- Espero que no hayan visto a mis zapatos bailando claqué. - pensó el azabache, maldiciendo a Peeves.

En el cuarto piso, sin saber porque, salieron disparados varios libros persiguiendo a Fred y George con la intención de morderles. A continuación, pudo ver desde la lejanía a la señora Pince, despotricando contra ellos por ocultar Bombas Boñigaentre las estanterías de los libros de historia. Entonces Harry recordó haber escuchado a los gemelos hablar sobre una pequeña broma para el "Premio Asnal", cayendo en la cuenta de que la broma era para Percy.

- ¿Bombas Boñiga? ¿Es en serio? - pensó Harry, arrugando la nariz. - A veces se pasan con sus bromas. ¿Por qué involucrar a los libros en esto? -

Finalmente, al entrar en el pasillo del tercer piso encontró a Chloe, vigilando desde atrás de la estatua. Harry se acercó a ella sigilosamente y le susurró: - Chloe. -

- ¿Eh? - se sobresaltó ella.

- Aquí, soy yo. - dijo Harry rápidamente. - Escóndete bajo la capa, rápido. -

Ella asintió y se ocultó dentro, y justo a tiempo. Harry había visto a través del Mapa como varias personas se acercaban al lugar, entre ellos el profesor Snape. Cuando este pasó cerca de la estatua de la Bruja Tuerta lanzó una mirada fría y calculadora hacia donde estaban. Harry le tuvo que tapar la boca a Chloe para que dejara de respirar en exceso. Una vez Snape pasó de largo, dejando el pasillo despejado, Harry alzó la varita, diciendo "Dissendio" para que se abriera la entrada y ambos pudieran pasar para luego deslizarse por aquella especie de tobogán de piedra.

- A estado cerca… - suspiró Chloe, una vez alcanzaron la tierra húmeda.

- Confiemos en que Snape no nos haya descubierto. - dijo Harry, utilizando el encantamiento Lumos y acomodándose la capa al hombro. - Que manera de ponerme pegas de por medio. Espero que la visita a Hogsmeade sea más agradable. -

- ¡Si! - chilló Chloe alegremente, encendiendo su varita con Lumos. - ¡No puedo esperar! ¡Honeydukes, allá vamos! -

Ambos corrieron por el túnel a gran velocidad hasta alcanzar su meta: La trampilla que daba con el sótano de Honeydukes. Completamente ocultos por la capa invisible, Harry y Chloe salieron para meterse entre las estanterías llenas de golosinas.

Harry miró a Chloe, y lo que vio le pareció lo más cómico que había visto de ella desde que la conoció. Era como una niña pequeña iluminada en un mundo de fantasía, con las babas saliendo de su boca, impaciente por salir de la Capa y gastar todos sus ahorros en golosinas.

- Bien, - dijo el azabache, poniendo la capucha. - al ser de tercero no creo que se fijen mucho en mi si voy con la capucha. Sin embargo, es imprescindible que tu estés con la capa puesta. No pueden verte de ninguna manera. -

- Ou…- bufó Chloe, pero asintió. - está bien, aunque será difícil disfrutar de Honeydukes a escondidas. -

- Bueno, - dijo Harry. - te he traído hasta aquí, ¿no? -

Subieron hasta la tienda, donde encontraron a varios estudiantes de cuarto año apiñados en la caja para pagar por lo que querían llevarse (el dependiente parecía tener ganas de desmayarse). Harry podía escuchar a Chloe soltar un "¡Ooooh!" por cada estantería con la que se cruzaban. Con sigilo y agilidad logró alcanzar a Ron, que estaba contemplando la estantería de ranas de chocolate.

- Hola Ronald. - le saludó Harry.

- Har…- farfulló él, pero Harry le cayó de inmediato. - lo siento, es la costumbre. - echó varios vistazos a la espalda de Harry y añadió en voz baja: - ¿Qué no viene ella contigo? -

- Está bajo la capa. - susurró el azabache. - Con lo bajita que es no me cabe la menor duda de que la pueden confundir con una niña de segundo año, por no decir de primero. -

Entonces sintió un golpe en la pierna derecha. Volviéndose, se dio cuenta de que Chloe le había propinado un puntapié. Ron tuvo que esforzarse en no estallar a carcajadas.

- ¡Oye! - protestó ella en voz baja. - No soy tan bajita, solo soy una cabeza más baja que Hermione. Por cierto, - le entregó a Ron un pedazo de pergamino. - Ron, ¿podrías coger todo esto para mí? Lamentablemente tengo que esconderme bajo la capa. -

- ¿A caso soy tu elfo domestico? - bufó Ron.

- Si lo haces te pagaré las chuches de hoy. - masculló Chloe.

- Oh, - dijo Ron, con un brillo en los ojos. - vale, si me lo pones así... -

- De acuerdo, - dijo Harry, sonriendo. - mientras disfrutáis de las chuches me gustaría tomar algo en las Tres Escobas. No os importa, ¿verdad? -

Lejos de recibir alguna respuesta por parte de sus amigos, tanto Ron como Chloe empezaron a llenar una cesta de golosinas. Interpretando eso como que no les importaba demasiado, Harry se encogió de hombros y salió de la tienda.

El día era agradable, con un poco de brisa. Harry pensó que era fantástico dar una vuelta por High Street, y más con el final del invierno acercándose. Se sintió un poco extraño al pasear entre tantos magos y brujas, lo cual era más raro teniendo en cuenta que pasaba casi un año entre magos y brujas durante su estancia en Hogwarts. Quizás la diferencia entre andar por las calles de un pueblo y andar por los terrenos de un castillo hacía que no se tratara de algo tan habitual.

Antes de darle una visita a Madame Rosmerta y pedir una ronda de cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas, Harry decidió dar una visita a la oficina de correos. Dentro, por lo menos trescientas lechuzas ululaban suavemente, desde las grises grandes hasta las pequeñísimas scops ("Sólo entregas locales"), que cabían en la palma de la mano de Harry. Miró los distintos precios que había para enviar lechuzas a diversos países (una de las lechuzas, la cual iba rumbo a Japón, salió volando tan rápidamente que parecía haberse llevado un buen susto). Había una que tenía como destino Egipto ("Me pregunto si alguna vez Bill volverá de visita a Reino Unido, me gustaría conocerle", pensó Harry).

Luego visitó la tienda de Zonko, que estaba tan llena de estudiantes de Hogwarts que Harry no tuvo ningún problema para pasar desapercibido ("Bendita capucha", pensó Harry). Había artículos de broma para satisfacer hasta los sueños más descabellados de Fred y George. A Harry le habría gustado saludar al señor Bilmes y a Tulip (que estaba poniendo en orden una estantería con cajas de globos luminosos no explosivos que por alguna extraña razón se habían caído al suelo) pero con la maraña de gente que había y el hecho de que no era conveniente revelarse en público decidió no hacerlo. Salió de Zonko al cabo de cinco minutos con el monedero más vacío que cuando entró, pero con los bolsillos abarrotados de bombas fétidas, dulces de hipotós, jabón de huevos de rana y una taza que mordía la nariz.

- No me vendrá mal para hacerle alguna broma a ciertos Slytherins. - pensó Harry, visualizando a Goyle con la taza en su nariz. - O también podría hacer algún trueque con Fred y George. Suelen dar alguna sorpresa de las buenas si la mercancía es convincente. -

Después de disfrutar de un buen rato en Zonko, a pesar de toda la gente que abarrotaba la tienda, Harry decidió finalmente dar una vuelta por La Tres Escobas. Entró en la taberna y con mucha tranquilidad tomó asiento en una mesa al lado de la chimenea. Fue entonces cuando por la puerta entraron Ron y (bajo la capa) Chloe. Ron llevaba una bolsa enorme, llevan de golosinas. Harry le hizo señas desde su asiento para que vinieran.

- Aquí estas, - bufó Ron, dejando la bolsa a un costado de su asiento. - te hemos estado buscando por todas partes. -

- ¿Hemos? - dijo Harry, esperando que su amigo se diera cuenta que estaba mencionando a Chloe.

- Pues claro, - dijo Ron, pero entonces recibió un golpe en el brazo. - ¡Oye! -

- ¡Shhhhh! - dijo Chloe en voz baja, sentándose con todo y capa. - Se supone que no estoy aquí, ¿recuerdas? -

- Pero si eres tú quien se ha metido en este embrollo. - se quejó Ron. - He tenido que cargar con esta condenada bolsa desde que salimos de Honeydukes. -

- Baja la voz, - musitó Chloe. - y por si lo has olvidado, te he pagado todas las chuches que has querido (¿en serio eres tan tonto?). ¿Te parece poco siete ranas de chocolate, cuatro sapos de menta, cinco varitas de regaliz y seis bombones explosivos? - Ron se cruzó de brazos y desvió la mirada. - Encima no he podido visitar la oficina de correos, ni Dervish y Banges, ¡ni siquiera Zonko! -

- Estaba hasta reventar, - bufó Ron. - ¿crees que podríamos haber entrado? ¿contigo así? No me jod**…-

- Cállense, - dijo Harry en voz baja. - acabarán mirándonos y empezarán a sospechar. - en ese momento, Madame Rosmerta llegó a su mesa.

- Hola guapos, - dijo ella. - ¿Qué les puedo servir? -

- Tres jarras de cerveza de mantequilla por favor. - pidió Harry, tratando de no sonar mucho a él.

- ¿Tres? - dijo la señora Rosmerta. - Oh, esperáis a alguien más, ¿no? -

- Por supuesto. - respondió Harry rápidamente.

- Muy bien, - sonrió Rosmerta. - marchando una ronda para tres. -

A pesar de que Ron y Chloe entraran como una especie de pareja muggle que acababa de hacer demasiadas compras en un supermercado, el ambiente en la taberna era bastaste tranquilo. Harry no podía evitar sentirse afortunado en ese sentido, ya que sus dos amigos estaban siendo horrorosos a la hora de mantener la discreción. A Harry le pareció extraña la manera en la que un mago con gabardina había caído estrepitosamente al suelo con su jarra de cerveza, como si alguien le hubiera empujado (por supuesto, no faltaron las risas por parte de algunos clientes). Madame Rosmerta volvió poco después con tres jarras de deliciosa cerveza de mantequilla.

- Servido, - dijo ella. - que disfrutéis, queridos. - y se marchó a atender a otros clientes.

Capitulo 54 - Un misterioso enmascarado.

Después de disfrutar con la cerveza de mantequilla (Harry tuvo suerte de no tener que dar explicaciones de porque la tercera jarra se vació "sola"), Harry, Ron y Chloe decidieron subir una cuesta para ir a visitar la Casa de los Gritos, el edificio más embrujado de Gran Bretaña. Estaba un poco separada y más elevada que el resto del pueblo, e incluso a la luz del día resultaba escalofriante con sus ventanas cegadas y su jardín húmedo, sombrío y cuajado de maleza.

- Hasta los fantasmas de Hogwarts la evitan. - explicó Ron, apoyado como Harry y Chloe en la valla, levantando la vista hacia ella. - Le he preguntado a Nick Casi Decapitado...Dice que ha oído que aquí residen unos fantasmas muy bestias, nadie puede entrar. Fred y George lo intentaron, claro, pero todas las entradas están tapadas. -

- Es alucinante…- susurró Chloe, con la cara media descubierta bajo la capa de invisibilidad.

- No me importaría entrar allí, - reconoció Harry, interesando en descubrir que misteriosas y espeluznantes criaturas albergaba la casa. - sería un reto interesante. -

- Bueno, - dijo Ron, rodando los ojos. - es evidente que allí dentro no estará un basilisco escondido. Eso sí, podría haber algún hombre lobo, por ejemplo. -

Justo cuando Harry estaba por reconocer que había algo de credibilidad en la teoría de Ron, se volvió sobre sí mismo tras escuchar unas pisadas. Por un momento imaginó que se trataba de Pansy Parkinson, Crabbe y Goyle, sin embargo, al volverse no había nadie.

- ¿Qué pasa? - preguntó Chloe.

- Escóndete bien bajo la capa, - susurró Harry, blandiendo su varita. - creo que alguien nos está siguiendo. -

- ¿Eh? - dijo Ron, mirando a sus alrededores. - Yo no veo a nadie, ¿no te lo estarás imaginando, Harry? -

- Hace rato que llevo presenciando ciertas cosas extrañas mientras visitaba las tiendas de Hogsmeade. - explicó Harry, recordando Honeydukes, la oficina de correos, Zonko y Las Tres Escobas. - ¿Y cómo se cayó ese sujeto en la taberna? No me parecía que fuera por la gabardina o porque anduviera mal. Algo o alguien le empujó…-

Repentinamente, la brisa se volvió más fuerte. Harry sintió como si la temperatura se redujera, y al ver como una manta de hielo invadía la zona donde estaban se temió lo peor. ¿Los Dementores estaban cerca?

El viento ganó fuerza hasta el punto de volverse una ventisca. Harry se preparó para confrontar a los Dementores, y más al conseguir visualizar una figura oculta bajo una capucha. Entonces el aire se redujo hasta volverse una ligera brisa, y la temperatura volvía a ser normal, ¿Qué estaba pasando? Harry pensó que no podía tratarse de los dementores, pues con su presencia el frío era continuo, a menos que estos decidieran pasar de largo, cosa que ni remotamente creía.

- ¿Quién eres? - inquirió Harry, al ver la figura negra y encapuchada que tenía en frente.

No podía tratarse de un Dementor, pues aquel individuo tenía piernas y manos humanas; su vestimenta era oscura y llevaba puesta una máscara plateada y esmeralda que hacía parecerle a una especie de hombre-serpiente. En los orificios de los ojos solo había oscuridad, lo cual Harry interpretó como que estaba ante alguien poco humano.

- ¿Creéis que sea Sirius Black? - preguntó Chloe, muy nerviosa y en voz baja.

- No lo sé…- respondió Harry, mirando fijamente a aquel individuo.

- Harry, - susurró Ron, con la varita temblando en su mano. - ¿no será…no será él? ¿Ver-verdad? -

- ¿Voldemort? - sugirió Harry, sin dejar de mirar al individuo enmascarado. Escuchó a Chloe soltar un gritito ahogado. - No…no creo. Se supone que Voldemort está divagando por el mundo como un espectro incorpóreo. -

- ¿Quién…quien crees que sea? - farfulló Chloe, con la voz temblorosa. - ¿Harry? -

- No te quites la capa. - masculló Harry, sin dejar de apuntar con su varita al extraño individuo con mascara. - ¿Quieres algo? -

Tan pronto como hizo aquella pregunta tuvo que reaccionar. El extraño enmascarado había sacado su varita e inmediatamente provocó una explosión que por poco impactaba en Harry.

- ¡Depulso! - exclamó Harry, apuntando a donde estaba Chloe para apartarla ("¡No hacía falta que me empujaras!", protestó ella). - ¡Vamos Ron! -

- ¡Maldita sea! - balbuceó Ron, rechazando un poderoso maleficio rechazo que le había lanzado el enmascarado. - ¿¡Por qué siempre nos tiene que pasar estas cosas!? -

El enmascarado provocó una enorme llamarada y se la lanzó a Ron. Harry se puso en frente rápidamente y aprovechando sus conocimientos sobre el fuego y su destreza mágica logró rechazarla.

- ¿Ha-Harry? - farfullo Ron.

- Ahora verás lo que es el fuego de verdad. - gruñó Harry, creado una esfera de fuego en la palma de su mano y arrojándosela al extraño.

- ¡Wow! - chilló Chloe con asombro. - ¡Eso es increíble, Harry! -

El encapuchado enmascarado era bastante rápido, y por mucho que le lanzara ráfagas de fuego, Harry ni le rozaba. Entendiendo que era inútil, decidió tomar una postura más defensiva, esperando contratacar después con un rechazo y movimiento de enganche.

No parecía que el combate llamara la atención de los aldeanos, lo cual a Harry le parecía extraño. Era como si la gente no pudiera verlos, ni siquiera oírlos. ¿Qué estaba pasando?

- Tal vez nos ha encerrado dentro de un campo mágico indetectable. - pensó Harry, esquivando con dificultad hasta tres encantamientos aturdidores. - Rayos, este sujeto es muy hábil, ¿Quién demonios será? ¿Black? No creo, se supone que él no posee una varita…-

- Demonios, - bufó Ron. - es como intentar atinarle a una cortina de humo. ¿Eh? -

- ¡Cuidado Ron! - gritó Harry.

El enmascarado había lanzado un potente Vermillious Tria sobre Ron, sin embargo, un campo de energía logró protegerlo. Chloe se había quitado la capa de invisibilidad y con su varita, había conjurado magistralmente un encantamiento Protego.

- ¿¡Que haces, loca!? - gritó Ron, regañando a su salvadora.

- ¡Evitar que te electrocuten! - exclamó Chloe, mirando al enmascarado desafiantemente. - Ya estoy harta de quedarme al margen, ¡acabemos con esto! -

- Bien, - asintió Harry. - rodeadle y dejémosle sin margen de maniobra, ¡vamos! -

Un buen trabajo en equipo podía marcar la diferencia en la pelea, sin embargo, aquel individuo no era normal. Cada vez que parecía estar más cerca de sucumbir ante los hechizos de Harry, Ron y Chloe de la nada desaparecía para sorprenderles por detrás, por no decir que desde un sitio o espacio concreto. Hechizos, maleficios y encantamientos ofensivos volaban a gran velocidad, y Harry no podía evitar en parte sentirse emocionado. No estaban haciendo frente a Sirius Black, pero estaban ante un muy digno rival. ¿Qué era un mago adulto? Posiblemente, pero no estaba del todo seguro. La idea en ese momento era encontrar un modo de vencerle.

- ¡Carpe Retractum! - exclamó el azabache, logrando en un descuido sujetar al extraño con mascara. - ¡Ahora! -

- ¡DESMAIUS! - gritaron Ron y Chloe, combinando fuerzas.

Y justo cuando los encantamientos aturdidores estaban a punto de impactar en el enmascarado, este se soltó con una enorme fuerza mágica, y en una especie de arranque de ira atacó a los tres lanzando unos poderosos maleficios rechazo. Harry hizo todo lo posible por defenderse bien, al igual que sus amigos, sin embargo, su magia no fue suficiente para rechazar completamente los maleficios, terminando los tres por los suelos.

Harry no lograba explicarse lo que había pasado.

- ¿Quién diablos eres? - pensó, levantándose con dificultad. - Maldita sea, por mucho que intentamos ingeniar una estrategia este sujeto consigue zafarse como si nada. -

El enmascarado se movió rápidamente en dirección a Harry, y justo cuando parecía que iba a lanzarle un hechizo a muy corta distancia este salió despedido bruscamente hasta impactar contra un árbol.

- ¿Pero qué…? - farfulló Harry, poniéndose de pie rápidamente.

- ¿Qué diablos haces aquí, Potter? - inquirió una voz femenina.

Harry se volvió, solo para ver a Mérula Snyde apuntando firmemente con su varita al enmascarado, el cual se había levantado casi de inmediato.

- ¡Es Snyde! - señaló Ron, sobresaltándose.

- ¡Wow! Nos ha encontrado. - dijo Chloe con sorpresa.

- No fue tan difícil para empezar. - gaznó Snyde en tono presumido. - Al parecer a este idiota con mascara no se le ocurrió la brillante idea de mejorar sus encantamientos aislantes. Por otra parte…Sería interesante saber porque estás aquí, Potter. - añadió, mirando a Harry.

- Solo estábamos explorando Hogsmeade, - explicó Harry rápidamente. - hasta que apareció este sujeto. - añadió, señalando al enmascarado.

- Eso es evidente, - dijo Snyde, chasqueando la lengua. - lo que no me entra en la cabeza es que hayas salido de Hogwarts a pesar de que los docentes te lo han prohibido. Hm…- miró a Chloe y añadió: - Tú, por otra parte…pareces ser de primer año. Con menos razón tu deberías estar aquí, niña. -

Por supuesto, ese comentario no le hizo ninguna gracia a Chloe.

- ¡MALDITA SEA! ¡SOY DE SEGUNDO AÑO! ¡Y NO SOY TAN BAJAAAA! - chilló ella, muy enfadada y poniendo una cara que a Harry le costaba interpretar como de enfado, mientras que Ron se burló discretamente.

El enmascarado intentó atacar a Snyde, pero ella maniobró rápidamente con su varita para ejecutar varios encantamientos "Depulso" que dejaron al misterioso mago de regreso al tronco.

- Esa mascara… - susurró Snyde, abriendo sus ojos ampliamente. - ahora que la veo bien…no, no es posible…

- ¿Qué pasa con la máscara? - inquirió Ron.

- ¡Tch! ¡Eso no te interesa! - masculló Snyde, sin embargo, Harry podía notar que claramente estaba más alterada que al principio, pues su respiración se hizo más pesada. - Cojan sus cosas y lárguense de aquí, me estáis estorbando. - hizo un gesto con la varita y las bolsas con chuches fueron a parar a las manos de Ron y Chloe.

Harry recuperó su capa de invisibilidad y le preguntó a la bruja: - ¿Crees que podrás con él? Ni entre los tres hemos podido hacerle algo, no creo que sea prudente que te confíes. -

- A ver si te metes esto en la cabeza, Potter. - dijo Snyde, con una vena palpitándole en la frente y apretando los puños. - Soy la bruja más poderosa que ha pisado Hogwarts jamás, y este miserable que ves aquí no es más que otra escoria a la que gustosamente añadiré a mi lista de presas. - añadió, señalando de mala gana al enmascarado. - Ahora, y a menos que quieran que comente algo de vuestra escapada a los profesores de Hogwarts, ¡LARGUENSE DE AQUÍ! ¡ESTORBOS! -

Harry quería replicar y desafiar una vez más al enmascarado, pero finalmente se fue con Ron y Chloe del lugar mientras dejaban que Snyde lidiara con él.

- ¡Nos ha llamado estorbos! - pensó Harry, con ganas de hechizar a Snyde por herir su orgullo.

Cuando salieron de la barrera, se podía escuchar amortiguadamente el ruido de los hechizos que los dos estaban usando en un posible intenso combate mágico. Harry tuvo que admitir que no le había gustado nada la sensación que había vivido, de ser muy inferior al nivel de aquel enmascarado, y que si desafiara a Snyde probablemente terminaría muy mal.

Repentinamente mientras pensaba en ello, ocurrió algo que no esperaban. No solo la barrera que les había separado del resto del ambiente de Hogsmeade había desaparecido, sino también el enmascarado y Snyde.

- ¡De…desaparecieron! - exclamó Ron, quien casi pierde varias cajitas con golosinas de Honeydukes ante la sorpresa.

- Puede que Snyde se lo haya llevado de aquí para no causar problemas. - dijo Harry, sacando su hipótesis, poniéndose la capucha y cubriendo a Chloe con la capa de invisibilidad. - Odio admitirlo, pero es lo mejor que podía hacer. ¿Se imaginan lo que pasaría si la gente viera ese duelo? Se desataría el caos. -

- Cierto, - dijo ella, sacando la cabeza de la capa. - y si ya de por si la seguridad en Hogwarts es tal con la presencia de los Dementores, el que aparezca ese sujeto sería…-

- Una invitación a quedarnos encerrados en el castillo hasta acabar el año. - añadió Ron, negando con la cabeza.

Los tres caminaron en dirección al pueblo, mientras hablaban de su duelo contra el enmascarado, dudando sobre si era buena idea compartir dicha experiencia con Hermione y los demás. Harry, por su parte, se sentía entusiasmado. El duelo había puesto a prueba lo mejor de sí mismo, e incluso con un buen trabajo en equipo le fue imposible lidiar con aquel extraño. Necesitaba mejorar en la práctica mágica para ser lo suficientemente poderoso como para enfrentar a magos de mayor nivel.

- Por cierto, - dijo Chloe, oculta bajo la capa. - ¿Cómo es que puedes lanzar fuego con las manos, Harry? -

- Pues…-

- Vaya, vaya, miren a quien tenemos por aquí…- dijo una voz burlona, justo cuando estaban a punto de llegar a la Oficina de Correos.

Harry no se atrevió a alzar demasiado la mirada, pues no quería que le descubrieran, pero no le fue muy difícil intuir a quien tenían cerca de la oficina. Era Parkinson, acompañada por dos moles como eran Crabbe y Goyle.

- ¿Qué sucede, Weasley? - preguntó ella, mientras Crabbe y Goyle sonreían maliciosamente, al mismo tiempo que comían golosinas de Honeydukes. - ¿Por qué vas con ese de ahí? - dijo, señalando a Harry bajo la capucha. - ¿Te han abandonado tus amiguitos? ¿Ya no te juntas con San Potter y la sangre sucia de Granger? -

Harry sintió como le palpitaba una vena en la frente, pero justo cuando iba a blandir su varita para atarle la lengua a Parkinson alguien gritó con mucha rabia.

- ¡TÚ, CARA DE CERDA! - era la voz de Chloe.

Por supuesto, los tres Slytherins se llevaron un buen susto, seguramente pensando que se trataba del algún espíritu errante que venía de la Casa de los Gritos. Su paranoia fue a más cuando Chloe le asestó un puñetazo en la nariz a Parkinson.

- ¡Ahí tienes, en todo el morro! - gruñó ella, mientras que Ron se reía y Harry dudaba si era conveniente pararla o no.

- ¿¡Que está pasando!? - gimió Parkinson, llevándose una mano a la nariz la cual comenzaba a sangrar. - ¿¡Quien ha sido!? - inquirió, mirando a Crabbe y Goyle.

A continuación, Harry tuvo serias dificultades para contener una carcajada. Chloe aprovechó que estaba bajo la capa para incendiarle el trasero a Crabbe, provocando que se arrastrara por los suelos en un absurdo intento de apagar su culo. Goyle intentó ayudar a su colega, pero cuando se agachó ella le coló una bomba fétida en los pantalones y le tiró al suelo de un empujón, dejando que la bomba provocara un olor muy apestoso.

- ¡Basta! - gruñó Parkinson, blandiendo su varita. - ¿¡Quién es el payaso que está haciendo esto!? ¡Sal de una vez o…! -

No tuvo tiempo de terminar de hablar porque Crabbe y Goyle la dejaron tirada, al mismo tiempo que corrían a toda prisa en dirección a Hogwarts y arrollaban a todo aquel que se interponía en su camino.

- ¡Volved aquí, par de idiotas! - ladró Parkinson inútilmente. Pero cuando se volvió para ver quien se estaba destornillando de risa se quedó de piedra. - ¡AAAAAAAAAAAH! - chilló de terror.

Sin darse cuenta, Chloe había dejado expuesta su cabeza al reírse mucho. Negando con la cabeza, Parkinson se marchó corriendo en dirección al castillo.

- ¡Te ha descubierto! - gruñó Ron, encarándose con Chloe. - ¡Te han descubierto con la capa! ¿Sabes lo que pasará si se enteran de que has estado aquí? ¿Y si descubren que Harry tiene una capa de invisibilidad? Te dijimos que tenías que quedarte bajo la condena capa, ¡j*d*r! ¡Ahora se lo dirá a Snape! -

- ¿¡Sabes lo molesto que es venir aquí bajo una capa y no poder disfrutar libremente de una visita solo por ser de segundo año!? - replicó ella, con una vena palpitante en su frente. - ¿¡Y encima me tengo que preocupar porque esa imbécil salga huyendo!? ¡Me da igual! ¡Se lo tenía bien merecido! -

- Puede que sea verdad, - admitió Harry. - pero una cosa no quita la otra, has quedado expuesta. En cuanto se le pase el susto a Parkinson estoy seguro de que le comentará algo de esto al profesor Snape. Será mejor que volvamos al castillo cuanto antes…-

Chloe infló sus cachetes. - No es justo. - protestó ella, haciendo un puchero y escondiéndose bajo la capa.

- Bueno, - dijo Ron, cogiendo las bolsas con golosinas. - yo iré por mi cuenta a Hogwarts. Ojalá no os metáis en problemas. -

¿Creería alguien a Parkinson? Nadie sabía lo de la Capa de Invisibilidad, nadie, excepto Dumbledore y los amigos de Harry. Por supuesto, a Harry no le valía hacerse faltas ilusiones como que en la escuela tomarían a Parkinson por una chalada. Si contaba algo, Dumbledore comprendería perfectamente lo ocurrido y por ende, podrían extremar más las medidas de seguridad.

- No fastidies, - pensó Harry, mientras esquivaba a varios estudiantes dentro de Honeydukes para alcanzar la trampilla junto con Chloe. - lo último que necesito es que sean más patéticos y me bloqueen los pasadizos secretos…-

Y así, volvieron a bajar a la bodega, por el suelo de piedra y volvieron a meterse por la trampilla. Una vez dentro, Chloe se quitó la capa, se la puso debajo del brazo y corrió todo lo que pudo junto con Harry por el pasadizo.

- Maldición, - jadeó ella. - esa idiota llegará antes que nosotros. ¿Cómo pude ser tan tonta y no ir con cuidado? ¡Lo tenía todo bajo control! -

- Yo también estaba enfadado cuando insultó a Hermione. - admitió Harry. - Si no eras tú, probablemente hubiera sido yo quien la hubiera fastidiado. -

- ¡Parkinson y su gran bocota! - se quejó Chloe. - De seguro que ya está allí en el castillo, buscando a Snape para hacerse la victima…-

No dejaron de correr hasta que ambos alcanzaron el tobogán de piedra. Harry le sugirió a Chloe dejar la capa dentro del túnel, pues era demasiado comprometida en caso de que Parkinson se hubiera chivado a algún profesor. La ocultó en un rincón oscuro y ambos empezaron a escalar con rapidez. Sus manos sudorosas resbalaban en los flancos del tobogán.

Llegaron a la parte interior de la joroba de la bruja, Harry le dio unos golpecitos con la varita, asomó la cabeza y salió junto con Chloe. La joroba se cerró y precisamente cuando ambos salían por la estatua, oyó unos pasos ligeros que se aproximaban.

Era Snape.

- ¿Es en serio? - pensó Harry, intentando concentrarse para recurrir a la Oclumancia y evitar ser descubierto, mientras que Chloe ponía cara de "¿y ahora que hago?".

Snape se acercó a los dos con paso rápido, produciendo un frufrú con la toga negra, y se detuvo ante ellos. - ¿Y bien? - preguntó él.

Había en el profesor un aire extraño. Su cara era un reflejo calculador combinado con algo de enfado. Harry trató de disimular con cautela, demasiado consciente de que tenía el rostro sudoroso y las manos manchadas de barro, que se apresuró a esconder en los bolsillos. Chloe mostró una sonrisita bien cómica, quizás intentando aligerar el ambiente, sin embargo, ni de broma eso iba a servir con Snape.

- Venid conmigo, ahora. - dijo el maestro de pociones.

Entendiendo que se habían metido en un buen lío, ambos siguieron al profesor escaleras abajo, al mismo tiempo que intentaban limpiarse las manos en el interior de la túnica sin que Snape se diera cuenta. Bajaron hasta las mazmorras y entraron en el despacho de Snape. Los sombríos muros estaban cubiertos por estantes con grandes tarros de cristal, dentro de los cuales flotaban cosas verdaderamente asquerosas, detrás de la mesa, brillando a la luz del fuego de la chimenea y acentuando el aire tenso de la situación. Harry temía en parte lo que estaba por venir, recordando que Snape ya había pasado cerca de la estatua de la bruja tuerta poco antes de que empezara su escapada a Hogsmeade.

- Tomad asiento. - dijo Snape. Los dos se sentaron, sin embargo, el profesor permaneció de pie. - La señorita Parkinson acaba de contarme algo muy extraño. - Harry no abrió la boca, y Chloe se puso a juguetear con sus pulgares. - Me dijo que se encontró con Weasley y alguien más junto a la Casa de los Gritos. Al parecer, Weasley y su compañero estaban solos. La señorita Parkinson asegura que estaba hablando con Weasley cuando de repente, los señores Crabbe y Goyle sufrieron un episodio bastante humillante, terminando ambos por los suelos de manera misteriosa y en mitad de la calle. ¿Cómo…creéis que pudo ocurrir? -

Harry fingió estar sorprendido y frunció el entrecejo. Chloe intentó hacer lo mismo, pero claramente estaba conteniendo una risita. Snape le lanzó a ella una mirada parecida a la de un hipogrifo.

- Entonces…- dijo él, mirando a Chloe. - la señora Parkinson presenció una extraordinaria aparición. ¿Se le ocurre qué pudo ser, señorita Malfoy? -

- Hm…no. - respondió ella, intentando aparentar una curiosidad inocente.

- Su cabeza, Malfoy. Flotando en el…aire. -

Hubo un silencio prolongado.

- ¿Mi cabeza flotando? - repitió Chloe, aparentemente sorprendida. - Que yo sepa mi cabeza sigue sobre mi cuello…-

- ¿Qué estaría haciendo su cabeza en Hogsmeade…Malfoy? - inquirió Snape con voz suave e ignorando la actuación de Chloe. - Su cabeza no tiene permiso para ir a Hogsmeade. Ninguna parte de tu cuerpo, en realidad… -

- Lo sé. - dijo Chloe, rodando los ojos. - ¿No será que Parkinson habrá tenido alucinaciones? -

- Parkinson no…alucina. - gruñó Snape, y se inclinó hacia delante, apoyando las manos en los brazos del asiento de Chloe, para que sus caras quedasen a un palmo de distancia. - Si tu cabeza estaba en Hogsmeade, también estaba el resto de ti...Cosas como esta me hacen creer más en el juicio del Sombrero Seleccionador cuando te puso en Gryffindor, claramente… alguien con tu actitud no podría encajar en Slytherin… -

- ¿Entonces cómo explica que Crabbe y Goyle estén en Slytherin? - preguntó Chloe, inflando los cachetes. - No son capaces de tirar de talento e ingenio como tanto presume su casa, parecen un par de trolls. Si están donde están me imagino que es más por la herencia familiar que por las cualidades, porque vamos, otra razón no encuentro…-

- Silencio…- susurró el profesor.

Harry sabía que Snape tenía a Chloe contra las cuerdas, por lo que decidió intervenir.

- Aún sigo sin entender porque estoy aquí, profesor. - dijo con calma.

- ¿No es evidente? - dijo Snape, mirando a Harry. - Si Malfoy ha salido del castillo para ir a Hogsmeade a tenido que recibir la ayuda de alguien…-

- He estado arriba estudiando, - dijo Harry tranquilamente. - en la Sala de estudios de la Torre de Gryffindor. -

- ¿Hay alguien que pueda testificarlo? - inquirió Snape.

- Pondría preguntarle a Hermione, - sugirió Harry, confiando en que su pequeña excusa fuera suficiente para convencer al profesor. - pero poco después de terminar la última redacción para Aritmancia se quedó dormida. No me extraña en realidad, está haciendo demasiado…-

- ¡Hmph! Un argumento bastante convincente…- dijo Snape, pero su mirada le decía a Harry que no estaba convencido en lo absoluto. - sin embargo, ese sudor y ese barro de ambos, y el hecho de que "merodearais" cerca de una estatua me inquieta mucho…Vacíense los bolsillos, ahora…-

- ¿Por qué? - preguntó Chloe, encogida en su asiento.

- Si os negáis…entonces no tendré ningún inconveniente en llamar al director. - se burló Snape, cruzándose de brazos. - Bolsillos vacíos, ya…-

Harry era consciente de que Chloe no era oclumántica como él, ya que de lo contrario Snape no estaría tan convencido de lo que estaba haciendo. Resignado, vació sus bolsillos, al igual que Chloe, dejando encima del escritorio del profesor el Mapa del Merodeador, un par de bolsas con unos cuantos Sickles de plata y varias bombas fétidas.

- Hm…os podéis guardar las bolsas con dinero. - dijo Snape. Tanto Harry como Chloe lo hicieron. - Veamos, tenemos por un lado esta…porquería para idiotas sin cerebro. - señaló a las bombas fétidas, ofendiendo a Chloe. - Me pregunto de donde habrán salido…-

- De-de Zonko. - farfulló ella. - Ronald Weasley me las trajo de allí tras su última visita. -

- Weasley, ¿eh? - la mirada de Snape pasó al mapa. - ¿Y qué me dicen de este…viejo pergamino? -

- Un trozo de pergamino que me sobró. - dijo Harry, encogiéndose de hombros.

Snape le dio la vuelta, con los ojos puestos en él. - Supongo…- susurró. - que no necesitarás un trozo de pergamino tan viejo. ¿Puedo tirarlo? - preguntó, acercando la mano con el Mapa al fuego.

Harry pensó en intentar utilizar su poder sobre el fuego para ver si podía salvar el Mapa. Sin embargo, Chloe se encargó de echar por tierra su idea.

- ¡No! - exclamó ella rápidamente.

- ¿Cómo? - dijo Snape, mirándola de manera calculadora. - ¿Es otro precioso regalo del señor Weasley? ¿O es...otra cosa? ¿Quizá una carta escrita con tinta invisible? ¿O tal vez... instrucciones para llegar a Hogsmeade evitando a los…Dementores? -

- Oh venga, - pensó Harry, quejándose. - ¿no podías recordar que tengo conocimientos sobre el control del fuego, Chloe? Al igual solo cree que puedo lanzar fuego con las manos y ya. -

- Veamos, veamos... - susurró Snape, sacando la varita y desplegando el mapa sobre su escritorio. - Revela…tus secretos…- dijo, tocando el pergamino con la punta de la varita. No ocurrió nada. - Muéstrate…- insistió, golpeando el mapa con energía. Siguió en blanco. Yo… Severus Snape, profesor de este colegio te ordeno que me muestres la información que ocultas… - dijo, volviendo a golpear el mapa con la varita.

Como si una mano invisible escribiera sobre él, en la lisa superficie del mapa fueron apareciendo algunas palabras: "El señor Lunático presenta sus respetos al profesor Snape y le ruega que aparte la narizota de los asuntos que no le atañen."

Snape se quedó helado. Harry contempló el mensaje estupefacto, pero el mapa no se detuvo allí. Aparecieron más cosas escritas debajo de las primeras líneas: "El señor Cornamenta está de acuerdo con el señor Lunático y sólo quisiera añadir que el profesor Snape es feo e imbécil."

Habría resultado muy gracioso en otra situación menos grave. Chloe se había llevado las manos a la boca, probablemente intentando no reírse. Y había más: "El señor Canuto quisiera hacer constar su estupefacción ante el hecho de que un idiota semejante haya llegado a ser profesor."

A Harry le estaba costando mantener su Oclumancia. El mapa añadió unas últimas palabras que por poco le hace soltar una carcajada: "El señor Colagusano saluda al profesor Snape y le aconseja que se lave el pelo, el muy guarro."

- ¿Con que esas tenemos? - dijo el profesor Snape con voz suave. - Muy bien…- se dirigió al fuego con paso decidido, cogió de un tarro un puñado de polvo brillante y lo arrojó bruscamente a las llamas. Chloe dio un saltito de asombro. - ¡Lupin! - gritó dirigiéndose al fuego. - Quiero hablar contigo, ahora…-

Totalmente asombrado, Harry se quedó mirando el fuego. Una gran forma apareció en él, revolviéndose muy rápido. Unos segundos más tarde, el profesor Lupin salía de la chimenea sacudiéndose las cenizas de la toga raída.

- ¿Llamabas, Severus? - preguntó Lupin, amablemente.

- Sí…- respondió Snape, regresando a su mesa con amplias zancadas. - Le he dicho a Potter que vaciara los bolsillos y llevaba esto. - señaló el pergamino en el que todavía brillaban las palabras de los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta. En el rostro de Lupin apareció una expresión extraña y hermética. - ¿Qué…te parece? -

Lupin siguió mirando el mapa. Harry tenía la impresión de que él estaba muy concentrado.

- ¿Qué te parece? - repitió Snape. - Este pergamino está claramente encantado con Artes Oscuras. Entra dentro de tu especialidad…Lupin. ¿De dónde crees que lo pudo conseguir el señor Potter? -

Lupin levantó la vista y con una mirada de soslayo a Harry, le advirtió que no lo interrumpiera. El joven mago asintió, tampoco tenía muchas más opciones.

- ¿Con Artes Oscuras? - repitió Lupin con voz amable. - ¿De verdad lo crees, Severus? A mí me parece simplemente un pergamino que ofende al que intenta leerlo. Infantil, pero seguramente no peligroso. Supongo que Harry lo ha comprado en una tienda de artículos de broma. -

- ¿De verdad? - preguntó Snape. Claramente estaba conteniendo el enfado. - ¿Crees que una tienda de artículos de broma le vendería algo como…esto? ¿No crees que es más probable que lo consiguiera directamente de los fabricantes? -

Harry no entendía qué quería decir Snape. Y daba la impresión de que Lupin tampoco.

- ¿Quieres decir del señor Colagusano o cualquiera de esas personas? - preguntó. - Harry, ¿conoces a alguno de estos señores? -

- No. - respondió Harry tranquilamente.

- ¿Lo ves, Severus? - dijo Lupin, volviéndose hacia Snape. - Creo que es de Zonko. -

En ese momento entró Ron en el despacho. Llegaba sin aliento. Se paró de pronto delante de la mesa de Snape, con una mano en el pecho e intentando hablar.

- Yo...le di...a Harry...ese objeto. - dijo con la voz ahogada. - Lo compré en Zonko hace mucho tiempo...-

- Bien. - dijo Lupin, dando una palmada y mirando contento a su alrededor. - ¡Parece que eso lo aclara todo! Me lo llevo, Severus, si no te importa. - Plegó el mapa y se lo metió en la toga. - Harry, Chloe, Ron, venid conmigo. Tengo que deciros algo relacionado con el trabajo para las próximas semanas. Discúlpanos, Severus.

Harry no se atrevió a mirar a Snape al salir del despacho. Él, Ron, Chloe y Lupin hicieron todo el camino hasta el vestíbulo sin hablar.

Luego Harry se volvió a Lupin. - Esto…profesor Lupin, yo…-

- No quiero disculpas. - dijo Lupin. Echó una mirada al vestíbulo vacío y bajó la voz. - Da la casualidad de que sé que este mapa fue confiscado por el señor Filch hace muchos años. Sí, sé que es un mapa. - dijo ante los asombrados Harry, Ron y Chloe. - No quiero saber cómo ha caído en vuestras manos. Me asombra, sin embargo, que no lo entregarais, especialmente después de lo sucedido en la última ocasión en que un alumno dejó por ahí información relativa al castillo. No te lo puedo devolver, Harry. -

Harry ya lo suponía, y quería explicarse. - ¿Por qué pensó Snape que me lo habían dado los fabricantes? -

- Porque los fabricantes de estos mapas habrían querido sacarte del colegio. Habrían pensado que era muy divertido. -

- ¿Los conoce? - dijo Harry impresionado.

- Nos hemos visto. - dijo Lupin lacónicamente. Miraba a Harry más serio que nunca. - No esperes que te vuelva a encubrir, Harry. No puedo conseguir que te tomes en serio a Sirius Black, pero creía que los gritos que oyes cuando se te aproximan los Dementores te habían hecho algún efecto. Tus padres dieron sus vidas para que tú siguieras vivo y tú les correspondes muy mal...cambiando su sacrificio por una bolsa de artículos de broma…-

En el fondo, ese comentario no le gustó a Harry en lo absoluto. ¿En serio pensaba Lupín que no era consciente de la suerte que había tenido? Por supuesto, fue una suerte vivir, y luego soportar diez largos años con los Dursley encerrado en una alacena bajo las escaleras y un trato de lo más hostil, pero por lo demás, bien.

A pesar de las ganas que tenía de decirle a Lupin unas cuantas cosas, como de añadirle directamente a la lista de profesores que le estaban subestimando, decidió callarse y dejar que se marchara con el mapa.

- Vámonos. - dijo Harry a Ron y Chloe.

Despacio, subieron la escalera de mármol. Con todo lo que había pasado en demasiado poco tiempo, no había caído en la cuenta de que había anochecido (Harry supuso que ya debían de ser las siete de la tarde). Al pasar al lado de la estatua de la bruja tuerta, Harry se acordó de la capa invisible. Seguía allí abajo, pero no quiso ir por ella, no estaba de humor.

- Es culpa mía…- susurró Chloe. Había permanecido en silencio durante la conversación con Lupin y por lo que Harry había visto, parecía muy arrepentida de haber ido a Hogsmeade. - Yo te persuadí para que me llevaras. El profesor Lupin tiene razón, fue una idiotez…-

- Odio admitirlo, - dijo Ron de repente, mirando a Harry. - pero en parte también tengo la culpa por insistir en que vinieras a Hogsmeade en vez de quedarte…-

- Bueno, - dijo Harry de repente. - también es culpa mía por ceder. Es decir, ni de broma me sentí amenazado por ti, Chloe. Sin ofender…- añadió, al ver su puchero. - Por otra parte, debo reconocer que esperaba un poquito más de Lupin. -

- A ver si lo adivino. - dijo Chloe. - ¿Estas molesto porque te dijo que no estas correspondiendo al sacrificio de tus padres? ¿Poniéndote en peligro cada dos por tres? -

Dejó de hablar. Habían llegado al corredor en que los troles de seguridad estaban haciendo la ronda.

- Hm…por un lado si, - reconoció Harry, cabizbajo. - por el otro entiendo lo que dice. Mis padres dieron sus vidas por salvarme y darme la oportunidad de vivir…pero…- alzó la mirada y dijo con un tono gélido: - ¿De verdad él espera que me sienta feliz viviendo con gente como Voldemort o Black sueltos por el mundo? ¿Y qué hay de ese enmascarado al que enfrentamos? El peligro llegará igualmente a mí, tarde o temprano…-

- La verdad es que da la sensación de que haya donde vas siempre ocurre algo. - dijo Ron, en tono pensativo.

- Con este ya son tres años en esta situación, - señaló Harry, mirando su mano derecha. - pero eso hace que venir aquí sea tan interesante. -

- Tan interesante que da la sensación de que te gusta que quieran matarte. -

Harry alzó la vista, Hermione estaba en frente de ellos. Al verle la cara, Harry no tuvo ninguna duda de que estaba enterada de lo ocurrido. ¿Se lo habría contado a la profesora McGonagall? En cualquier caso, estaba listo para ser sermoneado una vez más.

- Antes de que le regañes, - intervino Chloe, justo cuando Hermione había abierto la boca. - es mejor que lo sepas. Fui yo quien convenció a Harry para ir a Hogsmeade. -

- En parte yo también, - dijo Ron, frotándose la nuca. - y tampoco es necesario que nos eches la bronca, ya nos quitaron el mapa de todos modos y…- Hermione le lanzó una mirada tan dura que hizo que se callara.

- Miren, - empezó Hermione. Harry pudo ver cómo le palpitaba una vena en la frente, aunque no sabía si era por su escapada o por la enorme cantidad de trabajo que había tenido. - para empezar, si, tenéis parte de la culpa, pero Harry pudo haberse negado a ir a Hogsmeade perfectamente. Por supuesto, no lo hizo, y me da la sensación de que no lo vas a hacer hasta convencer hasta el último fantasma de este castillo de que es capaz de lidiar con Black. ¿Sabes Harry? En realidad, no me molesta mucho que te hayas escapado a Hogsmeade… molesta más que no me hayas dicho nada…-

- ¿Eh? - repitieron Harry, Ron y Chloe.

- ¿Por qué no me dijisteis nada? -

- ¿En serio hace falta que te lo digamos? - dijo Ron, arqueando las cejas. - De habértelo dicho no habrías tardado nada en desmontarnos el plan, corriendo al despacho de McGonagall para comentarle algo al respecto. -

- ¡Pues debería haberlo hecho! - replicó Hermione, perdiendo la paciencia. - ¿No os dice nada el hecho de tener a un asesino merodeando por Hogsmeade? ¿Por los alrededores del castillo? Me da igual que no tenga varita, si no andamos con cuidado, podría…-

- No sé si nos creas con esto, - interrumpió Harry. - pero nos hemos encontrado con algo más serio en Hogsmeade. -

- ¿Qué? -

- ¿Hay alguien en la Sala Común? -

- Si, - respondió Hermione, cediendo un poco mas a su cansancio. Harry no lograba entender como era capaz de seguir en pie con todo el trabajo que tenía encima, y mas teniendo en cuenta de que la noche estaba al caer. - y si preguntas por la Sala de Estudios ahí encontrarás a Percy. Si es algo que solo me quieras contar a mí no creo que…-

- Bien, vamos a esa aula de allí. – dijo Harry, señalando una de las aulas vacías del séptimo piso.

Los cuatro entraron en ella una vez abrieron la puerta con el encantamiento de apertura (Alohomora). Una vez allí, entre Harry, Ron y Chloe le contaron a Hermione lo que había pasado en Hogsmeade. Por supuesto ella no pudo evitar reprochar cada tontería que habían hecho.

- No creo que sea muy divertido ir por Hogsmeade escondida bajo la capa todo el tiempo, Chloe. - replicó Hermione. Chloe soltó un bufido y se cruzó de brazos. - El año que viene (a menos que pase algo muy raro) estarás en tercer año, entonces ya podrás ir sin esconderte.

Cuando le contaron sobre su encuentro con aquel poderoso mago enmascarado, Hermione dijo en tono misterioso: "Si Snyde se lo ha llevado de allí es por algo mas que poner a salvo el pueblo, estoy segura".

Al final, y con la noticia de que el Mapa del Merodeador ya no estaba en poder de Harry, consiguieron convencer a Hermione de que no les echara mas en cara su imprudencia y se fuera a dormir para recuperar energías y no desmayarse.

….

Al día siguiente llegó el domingo, y lejos de uno de esos días en los que no había clases de ningún tipo y uno podía pasar el tiempo haciendo todo tipo de actividades. La primera actividad que se le ocurrió a Harry ese día fue levantarse, y en su mesita de noche escribirle una nota a Dumbledore para poder hablar con él acerca del enmascarado.

La única que aprovechó ese día para algo académico era Hermione. A pesar de ser consciente de que hacía demasiado, seguía empeñada en no rendirse y acabar (Algo que Ron encontrada remotamente imposible) su enorme lista de deberes.

Harry no podía evitar admirar aquella actitud por parte de ella. - Creo que por eso tiene más conocimientos que yo. - pensó. - Aun así, debería descansar. Su falta de descanso le puede traer consecuencias desagradables. -

Y Harry no bromeaba al respecto. Hermione tuvo que visitar en ocasiones a Madame Pomfrey para recibir algún tratamiento. La enfermera le comentó un día que durante la última visita Hermione había recibido una dosis de poción de despertares y poción vigorizante.

Conociendo todo eso, Harry pensó que contaba con argumentos suficientes como para acudir a la profesora McGonagall y comentarle el problema de Hermione. Pero por otro lado sabía que su mejor amiga jamás se lo perdonaría. Harry pasaría a ser víctima de un sermón diario.

- Hm…tampoco estaría tan mal. - pensó, imaginándoselo.

Desde segundo curso, Fred y George aprovechaban algunos domingos para hacer inventario. Sospechaban que Peeves se colaba en sus "almacenes particulares" para robar artículos de broma. Muy a pesar de los diversos sistemas defensivos que instalaron en los lavabos de su tienda secreta, no tuvieron mucho efecto sobre el poltergeist. Ron, por el bien de los artículos de broma, decidió ayudarles con el inventario.

Justo cuando Harry tenía pensado visitar a Hagrid para tomar el té, Chloe lo alcanzó en los terrenos. Llevaba a su muñeca Barbie con ella.

- ¿Hoy no hay practica de hechizos? - preguntó ella.

- ¿No has quedado con Ron para gastarle bromas a los de Slytherin? - preguntó Harry, sonriendo.

- A ti tampoco te veo con Hermione. - replicó Chloe, sonrojándose e inflando los cachetes.

Harry se rascó la nuca nerviosamente y dijo: - Se ha hecho un lío con tantas materias. No tengo ni idea de cómo Bill y Percy lograron sobrevivir hasta sacarse los TIMOs. He intentado convencer a Hermione para que dejara un par, pero se niega. - suspiró. - Ya no sé qué hacer…-

- ¿Sabes? - dijo Chloe, mientras dejaba a su muñeca sentada encima de una roca. - Yo pienso que lo de Bill y Percy debe tener truco. No me creo que exista gente capaz de acudir a varias clases al mismo tiempo. - sacudió la cabeza antes de añadir: - Harry, creo que aquí hay gato encerrado. -

- Si, - admitió Harry, mientras mirada a los alrededores. - yo también lo creo. Pero ahora mismo necesito pensar en otros asuntos…- blandió la varita y dijo: - De momento, ¿Qué tal si comprobamos como llevas ese Desmaius? -

Chloe sonrió y dijo alegremente: - ¡Pensé que no lo dirías! - blandió su varita, la agitó y exclamó: - ¡Desmaius! -

Harry no se esperó un encantamiento aturdidor tan bien ejecutado. Por muy poco logró rechazarlo con un Protego. - Vale, - dijo, un poco aturdido. - eso sí que no me lo esperaba. ¡Estupendo! - añadió con emoción, antes de agitar su varita y decir: - ¡Desmaius! -

Chloe esquivó rápidamente el hechizo, tal y como Harry pensó que haría. Era solo el principio, y para darle más emoción al duelo, Harry decidió emplearse a fondo.

- ¡Flipendo Duo! - exclamó él, lanzando una ráfaga mágica del maléfico rechazo mejorado.

- ¡Ah! - gimoteó Chloe, al costarle trabajo rechazar el hechizo de Harry. - Vamos en serio, ¿eh? ¡De acuerdo! - dijo con entusiasmo, antes de lanzarle un "incendio" a Harry.

- Veamos…- pensó el azabache, contemplando la opción de responder con sus conocimientos del fuego. Sin embargo, decidió darle utilidad al encantamiento "Aqua eructo".

El chorro de agua extinguió casi sin problemas el Incendio lanzado por Chloe, sin embargo, ocurrió algo inesperado: Tras el vapor apareció un rayo eléctrico. Harry tuvo que recurrir a una maniobra evasiva, la cual casi lo daña.

- Como puedes ver, - dijo Chloe con confianza. - sigo practicando siempre que dispongo de tiempo. -

- Un buen conjuro Vermillious Duo. - admitió Harry, reincorporándose rápidamente. - ¿Sabes? Empiezo a pensar que tú me das tantos problemas como tu hermano. -

- ¡Algún día lo superaré! - replicó Chloe, inflando los cachetes.

- Bien, - sonrió Harry. - sigamos. Esto se está poniendo interesante. -

Los dos continuaron su duelo particular durante varios minutos. Era sorprendente que los profesores no estuvieran muy al tanto de la situación, ya que la práctica de duelos sin autorización estaba prohibida. Sin embargo, Harry llevaba tiempo practicando no solo con Chloe, sino también con Hermione, Ron, Luna y a veces Ginny.

Harry en ocasiones se preguntaba porque no reabrían el club de duelo. Aquella fue (aunque odiaba admitirlo) la mejor idea que Gilderoy Lockhart había tenido en su corta etapa como profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. ¿Sería buena idea preguntárselo a Dumbledore? Posiblemente.

El problema era que todos los profesores ya tenían demasiados asuntos que atender, como preparar clases para seis cursos (deberes, correcciones, exámenes, notas, etc.). Todo lo que se le ocurría a Harry era practicar magia a escondidas.

- ¡Venga Harry! - chilló Chloe, muy entusiasmada. - ¿¡Cuando piensas disparar fuego por las manos!? ¡Aún no me has contado como se hace! –

- ¡Sería difícil de explicar! - respondió Harry. Sonrió y añadió: - Pero por ahora, ¡creo que te puedo dar algo mas de dificultad con esto! - alzó la palma de su mano y le lanzo varias ráfagas de fuego con una potencia controlada para poner a prueba a su amiga.

Por supuesto, ella no se iba a dejar vencer por unas bolitas de fuego. Una vez las rechazó con elegancia, gritó: ¡Muy bien, esto se pone interesante, prepárate! - agitó rápidamente la varita y gritó: - ¡Depulso Máxima! - Una fuerte ráfaga de aire estuvo cerca de empujar a Harry, pero con elegancia él lo esquivó. - ¡Oh no! - gimoteó. - ¡Mi Barbie! -

La muñeca de Chloe salió volando por los aires hasta el circulo de piedra cuando el hechizo de su dueña le alcanzó sin querer. Fue entonces cuando se escuchó un "¡Ay!", como si alguien hubiera recibido un golpe. Harry y Chloe interrumpieron el duelo y se dirigieron hacia allí para echar un vistazo. Subiendo a trompicones y comenzaron a escuchar la voz de alguien que conocían muy bien.

En opinión de Harry, fue un alivio que la muñeca solo atinara a Ron.

- ¿¡OTRA VEZ!? - se quejó este, mientras se dolía del golpe en el suelo. Tenía un chicón en la frente.

- ¡Por Merlín! - dijo Chloe, llevándose las manos a la cabeza. - Ron, lo siento mucho. - se disculpó rápidamente, mientras se agachaba para examinar el chichón.

- ¿Sabes Ronald? - dijo Harry, sin contener las ganas de sonreír. - Me parece que a esa muñeca le encanta tu cabeza. -

- ¡Cállate! - se quejó Ron. - ¿¡Que tiene ese condenado plástico con vestido y peluca en contra de mi cabeza!? ¿¡eh!? -

- No…no fue adrede. - dijo Chloe rápidamente, mientras sacaba un pañuelo. - Harry, ¿lo puedes empapar de agua? Aun no sé cómo hacerlo. -

- ¿En serio? - preguntó Harry, sorprendido. - Creo que te has enfocado mucho en los hechizos más agresivos y no has probado otros medios para el duelo. -

- ¿Puedes hacerme el favor de empapar el pañuelo y dejar los comentarios para luego? - pidió ella, comenzando a perder la paciencia.

- Bueno…- dijo Harry, mientras murmuraba un "Aguamenti" para empapar el pañuelo de agua.

- ¿Así que estabais en un duelo? - preguntó Ron, mientras que Chloe intentaba cuidar de él.

- Si, - respondió Harry. - ya que tú y los demás estáis tan liados con diferentes temas. Iba a visitar a Hagrid cuando ella me alcanzó. ¿y bien? ¿Habéis acabado de hacer inventario? -

- Si, pero con varias perdidas. - dijo Ron. - No cabe duda que Peeves ha estado colándose en los almacenes y robando artículos de broma. A saber la que va a liar. -

- ¿Ron? - preguntó Chloe con cuidado. - ¿Quieres que te lleve a Madame Pomfrey? -

- No te preocupes. - dijo Ron de malhumor. - No es la primera vez que tu "arma homicida" intenta liquidarme. -

- Exagerado. - se burló Harry.

- Bueno, si vas a enfadarte conmigo…- suspiró Chloe, mientras se ponía en pie para recoger a su muñeca.

- Oye, - dijo Ron, reincorporándose lentamente. - ¿A dónde vas ahora? -

- Tengo que arreglarla. - dijo Chloe, señalando a la muñeca. - Creo que la voy a dejar en mi cama una temporada. Siento mucho haberte golpeado…- añadió tristemente antes de marcharse por el puente.

Ron se quedó mirando como se iba, y Harry estaba seguro de que ella estaba llorando.

- ¿Crees que dije algo malo? - preguntó Ron, mientras se frotaba el chichón.

- ¿En serio me está haciendo esa pregunta tan estúpida? - pensó Harry, rodando los ojos. - ¿A parte de fastidiarla con su muñeca y hacerle interrogatorios con respecto a Ginny y su hermano siempre que los ves? - dijo. - Hazte una idea. Yo en tu lugar iría a tranquilizarla. -

- ¿Me pega con su dichosa muñeca y tengo que disculparme? - preguntó Ron bruscamente, probablemente sintiéndose tonto.

- Si no lo vas a hacer entonces haz lo que quieras. - dijo Harry, marchándose. - Si quieres puedes acompañarme a ver a Hagrid, como tenía pensado hacer al principio. -

- Cre-creo que iré a verla. - dijo Ron, empezando a correr por el puente.

- Bien, - pensó Harry, sonriendo. - a ver si por fin se comporta como un caballero. -

Nota del Autor:

Hola a todos, en primer lugar, me gustaría disculparme con todos los lectores del fic con el retraso de la entrega de capítulos. El problema no es solo mi trabajo (hay días que me toca trabajar doce horas) sino también los otros proyectos que tengo pendientes.

Estoy añadiendo varios trozos que me había dejado en este tercer año, que serán claves para el futuro del fic el cual, dedicaré con mas empeño dentro de una o dos semanas como mucho. Espero no tardarme demasiado, entre unas cosas y otras me retrasé mucho con la entrega de estos capítulos.

Saludos y gracias por su paciencia 😉