¡Hola! (mirada picara) Solo diré que feliz Navidad, revisen bajo su árbol porque Ho Ho Ho Santa les trajo algo que estaban esperando hace mucho tiempo. ¡Chao!

P.D: ¡Gracias a Rirukasabe y a Sweetcandy! Por sus reviews, espero este cap les guste ;) Son pioneras en este fic, se los agradezco mucho.

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Capítulo 38: Famélico.

A pesar que sus palabras lo habían perforado, se esmeró al cocinar la noche anterior. La ángel continuó afuera en lo que el empresario cenaba. De nuevo lo guardó todo, dejándolo presentable sobre la mesa. A la mañana siguiente retomó sus hábitos. Levantarse, asearse, cambiarse y bajar a desayunar. Se estaba ajustando su corbata, cuando encontró que la comida que había dejado ya no estaba. Los tuppers que la resguardaban estaban lavados encima del escurridor y sobre la mesa del comedor se encontraba una pequeña nota blanca la cual se acercó a leer. "Lamento lo que dije anoche. Gracias por la comida". Induciendo que sus labios se curvearan hacia arriba con cada segundo que lo leía.

La pantalla del elevador cambiaba de número con el pasar de los segundos. De vuelta a la rutina. Le echó un último vistazo a su traje. Estaba impecable, sin una partícula de polvo sobre la tela negra. Sonó un "ding" anunciando que había llegado a su piso. El empresario miró hacia el frente y las puertas metálicas se abrieron. Examinó el área antes de avanzar. Todos los cubículos estaban ocupados por sus empleados, quienes estaban trabajando, con sus ojos pegados a las pantallas, tecleando y respondiendo llamadas. Caminó entre ellos vigilando que todo estuviera en orden. Coincidiendo con sus miradas al sentirse observados. Entonces el ritmo de los tecleos y teléfonos sonando se detuvieron abruptamente. Eso extrañó al ojiperla. Giró sobre sus pies para encontrar el motivo de por qué se habían detenido. Hallando a sus trabajadores parados, asomándose por un lado o sobre sus cubículos, sosteniendo en el aire los teléfonos y con sus miradas ancladas a él. Neji frunció el ceño. De repente, un tímido aplauso surgió en la distancia, al cual se le fueron uniendo más palmas. Hasta que se creó una sinfonía coordinada y alentadora. ¿Qué estaba sucediendo?

— Buenos días, señor Hyuga —el muchacho dio media vuelta para ver a la portadora de esa voz. Era Shiho, quien le hizo una reverencia al tener su atención—. Quería consultarle, ¿dónde deberíamos de colocar su reconocimiento?

La rubia extendió su palma hacia el objeto, guiando la vista del joven hasta este. Neji se acercó al reconocimiento que estaba sobre el escritorio de su secretaria. Analizó cada vértice del resplandeciente trofeo de cristal, en el cual destacaba una placa dorada que decía: "Reconocimiento OAPK a empresas Hyuga año 20XX". Volteó a sus espaldas. Todavía cargaba con las miradas inspiradas de sus empleados, como si estuvieran esperando ansiosos que dijera algo.

— Deberíamos colocarlo aquí —señaló el muro que dividía el área de cubículos con la de su oficina—. Donde puedan verlo todos —se paró en frente de sus trabajadores y aclaró su voz—. No sin antes agradecerles a todos por su esfuerzo. No hay que flaquear. Sigamos con nuestras buenas prácticas y recuerden que este reconocimiento no solo me pertenece a mí sino también a ustedes.

Sus empleados volvieron a aplaudir. Neji hizo una reverencia con su cabeza y entró a su oficina seguido por la rubia de anteojos. Dejo su maletín sobre su escritorio y tomó asiento en su silla. La chica se paró justo enfrente de él, portando una sonrisa confiada.

— ¿Por qué estaban tan felices de verme? —Cuestionó el ojiperla, sacando su laptop de su mochila.

— Al parecer vieron la transmisión en vivo del evento, señor —los ojos sorprendidos del empresario cayeron en ella—. Les movió mucho su discurso. Su padre estaría muy orgulloso.

El Hyuga quedo pensativo. No tenía idea que lo transmitirían en vivo. Sacudió su cabeza y se volvió a enfocar en su trabajo.

— Actualíceme con las noticias de hoy, Shiho.

— Sí, señor.

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Su única fuente de entretenimiento eran las hojas del periódico que descansaba en sus manos. Era eso o la televisión, pero era demasiado novedoso para ella así que decidió no tocarla. Sus pupilas se devoraban cada letra impresa, las imágenes y el contenido de los papeles. Descubriendo una sección de farándula donde mencionaban el evento de la OAPK. El título decía "los mejores vestidos de la noche" acompañado de una variedad de fotos de diferentes estrellas, celebridades y magnates del negocio. Hasta que encontró una foto suya. Quedo perpleja. Recordaba que un montón de cámaras la bañaron de luces, pero nunca pensó que publicarían una foto suya. En la foto se encontraba ella, acompañada de Shikamaru quien la guiaba al interior del salón. Luciendo su espectacular vestido negro, exhibiendo la peligrosa abertura que mostraba su pierna sin recelo y sus plateados accesorios destellaban como estrellas debido a las luces. Exponía su confianza pues tener los lentes de las cámaras no la desalentaron ni un poco. Observó al empresario. Esa noche lucia muy apuesto. Dejando atrás su coleta alta y peinando su largo cabello hacia atrás, usando un saco más refinado y elegante. La estaba guiando con su mano sobre su espalda desnuda hacia la puerta. Parecía que estaba listo para protegerla en cualquier momento. Claro que nadie se esperaba que pasara lo que pasó esa noche. Quedó magnetizada viendo la imagen. Tenía sentimientos encontrados. El lugar fue maravilloso y se la estaba pasando de maravilla hasta que… perdió la conciencia. Sintió culpa de haber bajado la guardia. De haberlos metido a todos en esa situación tan peligrosa.

Entonces un sonido acaparó su interés. Era el auto del muchacho. Seguido por un conjunto de llaves que luchaban por entrar al cerrojo, hasta que la puerta se abrió. Sus orbes aquamarina se pegaron a la figura que cruzó por la puerta. Era el empresario, quien dejo su maletín en el sillón y sobre la palma de su otra mano sostenía un par de contenedores de unicel.

— Hola.

— Hola —bajó el periódico—. ¿Qué es eso?

— Pase por un restaurante que me gusta frecuentar y me pareció una buena idea comprar algo de cenar. ¿Hambre?

En lo que la rubia consultaba con su estómago, el joven se pasó de largo dirigiéndose a la cocina.

— Algo —lo siguió con la mirada, dejó el periódico sobre la mesa y lo acompañó—. Déjame ayudarte.

— Gracias.

Shikamaru colocó los contenedores a un lado. Abrió unos cajones sacando de estos manteles y cubiertos para entregárselos a la rubia en lo que se enfocaba en calentar la comida. Caminó hacia el refrigerador, abriéndolo y extrayendo de este una botella oscura. Cargándola con una mano, consultó con la chica si deseaba tomar eso, quien respondió asintiendo y una sonrisa. Cerró el refrigerador y tomó un par de copas de vino para colocarlas sobre la mesa.

— Toma asiento. Ya casi esta. —Dijo el muchacho dejando en la mesa un plato de queso rallado.

Tras decir eso, el chico jaló una silla para que la ángel se sentara. En cuestión de segundos la comida estaba lista. El Nara preparó los platos, tomó unas rebanadas de pan y las traspasó a un plato hondo. Consideró que no faltaba nada en la mesa. Fue por su cena y la colocó enfrente de Temari. Era una cálida, humeante y apetitosa pasta Alfredo que conquistó al instante su olfato. Se le hizo agua la boca. Aguantó a que el chico sirviera el vino antes de atacar su platillo con el tenedor. Por fin, él tomó asiento delante de ella. También se le veía ansioso de probar el primer bocado.

— Provecho —dijo él.

— Igualmente.

La ángel lo analizó con la mirada. El empresario acababa de regresar del trabajo por lo que aún tenía su saco casual puesto, una camisa de botones de color vino, pantalón de vestir negro y zapatos. Se miró a sí misma. Ella traía puesta una blusa blanca holgada, unos pantalones suaves de color gris y pantuflas. En resumen, en pijama. Se encogió de brazos.

— Siento como si estuviéramos celebrando algo. —Exhaló atrayendo la atención del chico.

Él desvió la mirada esculcando en su mente una respuesta.

— Bueno. Es mi segundo día de trabajo y no me han despedido —sonrió—. Eso se tiene que celebrar.

— No me vestí adecuadamente para la ocasión. —Con una sonrisa ladeada tomó su tenedor y seleccionó por donde empezaría a probar la comida.

El empresario la escaneó después de su comentario.

— No tienes que. Te ves bien. —Dijo para después volver a su platillo.

Temari sintió la honestidad en sus palabras. Comieron en paz por un breve momento.

— Ayer vi a Neji muy preocupado.

— Estos días no le serán nada fáciles. Tenten no va a medir el impacto de sus palabras y acciones. Estoy de acuerdo que necesita su tiempo a solas, pero no para siempre. Está ansiosa de irse ahora más que nunca.

— ¿Aún planean irse?

— Shikamaru —le tiró una mirada filosa—. Ya viste lo que sucede. No estamos inmunes a que vuelva a pasar.

Asintió después de recibir el regaño.

— ¿Qué las detiene de irse ahora? —Con el tenedor fue juntando algo de pasta para llevárselo a la boca.

— Bueno, Tenten hizo un muy buen trabajo evitando que me fuera. Necesito tiempo para que mi ala sane. Nosotros podemos curarnos de nuestras heridas más rápido que los humanos, casi en cuestión de minutos gracias a nuestras alas, pero si estas se dañan tardan mucho en regenerarse…—arrugó la nariz—. Es raro.

— ¿Solo eso?

— Sí —Frunció el ceño—. Solo eso. ¿Cómo te fue en tu día?

— Bien —le dio un sorbo al vino—. Hay muchos que me subestiman y creen que me van a regalar el puesto de mi padre. No los culpo. Eso pasa siempre en la mayoría de los negocios. Pero mi padre no se saldrá hasta que pasen muchos años y este seguro que dejara la empresa en buenas manos. Sean las mías o de alguien más. Por ahora este trabajo me sirve para ir armando mi curriculum. ¿Tú qué hiciste hoy?

— No mucho. Me puse a leer el periódico y salimos en el —el chico alzo las cejas—. En algo llamado "los mejores vestidos de la noche".

— ¿Enserio? —sonrió—. Eso va a inflarle el ego a Ino. Serás su publicidad de aquí en adelante. No me extraña que salieras en esa sección, pues lucías …

Se quedó mudo.

— ¿Qué? —Indagó curiosa.

— Nada.

— ¿Qué ibas a decir? —Frunció el ceño sospechando que fuera algo malo.

El Nara exhaló.

— Lucías muy hermosa —Shikamaru levantó su mirada para ver la reacción de la chica. Ella lo miraba asombrada por sus palabras, con un leve rubor en sus mejillas—. En fin. Esa noche me la pase bien. Claro sin contar lo que… ocurrió.

— También me divertí y gracias. Pero no olvides que tú también saliste. Lo que significa que también lucías —imitó su voz— "hermoso".

El chico ladeo una sonrisa y negó con la cabeza.

— Solo porque estabas conmigo. De otra manera, no hubiera salido.

— ¿Hablas en serio? —El rostro del chico mostró su confusión—. Pareciera que le hubieras pagado al periódico. Solo hablaban de lo bien que te veías y que tu nuevo look alocaba a tus fans. ¡Tienes fans! No actúes como si fueras modesto enfrente de mí.

— Y ¿tú crees que tiene razón?

— Pues… ¡Claro que sí! Es bueno verte diferente a parte de tu look de vago.

— Entonces si hago esto —se quitó su coleta y agitó su melena— ¿Te vuelvo loca?

Temari se rió.

— ¡Por Dios! ¿Quién dijo que yo era tu fan? —La rubia no paraba de sonreír—. Es cierto que te ves bien con tu cabello suelto, ¿por qué no te lo dejas así más seguido? —Regresó su mirada a su plato.

— ¿Te agrado más así? —Con ayuda de sus dedos se cepilló su cabello hacia atrás. La ángel asintió—. Me estorba mucho. —Respondió haciéndose una coleta baja.

— ¿Alguna vez has tenido el cabello corto?

— En la primaria. El reglamento no permitía otro estilo más que el corte militar.

— Wow. Quisiera ver eso.

— Tendrías que entrar a la casa de mis padres para verlo. Mi madre tiene álbumes completos de esa etapa de mi vida junto a otras cosas vergonzosas.

Cenaban en silencio. El Nara le echaba uno que otro vistazo ocasional. Recordando cómo se acusó a si misma de no estar apropiadamente vestida. Que más daba. No importaba que se pusiera con tal de compartir un rato con ella. Sus ojos aquamarina siempre lo capturaban y que le correspondiera su mirada lo hacían temblar. A diferencia de la castaña, Temari estaba tranquila respecto al episodio con el que tuvo que lidiar. Había madurado bastante de su pasado, pues lo había visitado muchas veces y crecido un poco de él. Sin embargo, tocar sus heridas le dolía. Hablar de la pérdida de sus hermanos todavía la rompía. Ese evento tenía un espacio muy especial en su vida. Como si fuera una caja que tenía muy a la mano en su interior. Una cual visitaba en ocasiones, pues atesoraba su contenido. Aunque su pasado no se interponía en su camino, mucho menos se quedaba en el olvido. Los dos disfrutaban de su plática, hablando de acontecimientos y recuerdos. Sus platos ya se encontraban vacíos desde hace rato, pero continuaron rellenando sus copas de vino. Se tuvo que abrir una segunda botella para saciar su sed de ese brebaje. Ninguno de los dos quería moverse de su lugar. Shikamaru hizo un ademán para que lo esperara. Se levantó de la mesa y trajo consigo un plato hondo lleno de fresas. Lo dejó enfrente de la ángel y se sentó esta vez a un lado de ella.

— ¿Aun tienes hambre? —Negó con una sonrisa—. ¿De dónde sacaste eso?

— Postre —respondió aun masticando— y del refrigerador —ella lo linchó con la mirada por tan absurda respuesta sin borrar la curvatura de sus labios. El muchacho tragó y siguió—. Mi madre me las dio cuando fui a su casa. A parte de otras cosas más.

Temari le robó una fresa del tazón. La colocó entre sus labios y la partió con su quijada. Permitió que sus papilas gustativas se deleitaran con el sabor.

— Están buenas. —Tiró el rabo en el plato.

Fueron devorando una fresa tras otra en lo que platicaban de cosas mundanas. El empresario la fue poniendo al tanto de cómo estaban sus amigos. Sai había vuelto de su gira así que Ino estaba encima de él, Sasuke y Sakura trabajando duro en sus respectivos trabajos, Naruto había logrado entrar a un importante despacho de abogados y de Hinata no tenía mucha información. La Sabaku resintió el transcurso de las horas, lo que la obligó a mirar al reloj que colgaba del muro. Eran las doce de la noche.

— Ya es tarde y mañana trabajas —se levantó y tomó su plato junto a sus cubiertos—. Gracias por la cena.

El empresario se quitó su saco colocándolo en el respaldo de una silla. Luego la imitó, llevando los platos sucios hacia el fregadero. Temari comenzó a lavar los trastes, mientras que el joven se dio la tarea de recolectar las copas que aún estaban medio llenas y el plato de fresas. Dejo la copa de la chica a su lado y la suya sobre la plancha de mármol.

— Déjame te ayudo. —Sugirió en lo que se arremangaba las mangas de su camisa.

— No. Trajiste la cena. Es justo que yo lave los platos.

Titubeo en si debía de hacerle caso, se encogió de hombros y volvió a coger el tazón de fresas. Recargándose en el borde de la plancha de la cocina justo a un lado de ella y al tener su atención se comió una.

— No te las vayas a acabar tu solo. Déjame algo.

— Huy. Son las últimas. —Le acercó el plato.

— Tengo jabón en las manos.

Shikamaru trazó una sonrisa ladeada.

— Abre la boca.

La rubia se detuvo en seco y lo contempló embrollada. ¿Por qué no? Con algo de timidez lo obedeció. Separó sus labios y dejo que el muchacho colocara la fruta entre ellos. Comenzó a masticarla y siguió lavando los trastes. Luego él se arrojó una a la boca. Nuevamente le ofreció otra a la rubia y esta volvió a abrir la boca para que se la diera. Aunque cuando la mordió resultó ser más jugosa que las anteriores. Haciendo que el líquido se desbordara de sus labios, a su mentón hasta terminar en sus pies.

— ¡Mm! —miró el desastre que había hecho aún con la fresa en su boca—. Perdón.

— No. Fue mi culpa —el chico dejo el plato sobre la plancha para tomar un trapo limpio y lo humedeció con el agua que salía del fregadero—. ¿Puedo?

Sus manos seguían llenas de espuma así que accedió, se le acercó y con el trapo comenzó a limpiarla. Empezando con su mentón hasta llegar a su boca, dando suaves toques para eliminar todo rastro con la tela. Subió sus pupilas hacia los de la rubia. La tenía muy cerca. Justo como aquella noche. Se miraron fijamente recordando aquel baile. Ella le desvió la mirada, pero para él ese asunto que había quedado pendiente lo estaba carcomiendo por dentro. Intensificado o no por la cantidad de vino que había ingerido, deseó retomarlo. Retiró el trapo sin moverse ni un milímetro de su lugar, bajando sus ojos constantemente hacia sus labios. Sonando una alarma dentro de la cabeza de la ángel. Recibiendo órdenes de su corazón, posó su mano sobre la mejilla de la chica. Liberando una descarga eléctrica en su cuerpo, tomándola desprevenida y encendiendo sus mejillas. Estaba profundamente encadenado a sus orbes aquamarina, siendo poseído por estos y siendo jalado hacia ella. La ángel atónita leyó sus intenciones. Se hizo para atrás sin recordar que el fregadero estaba ahí, cuya llave seguía abierta dejando el agua correr. Él se movió con ella acorralándola contra el mueble, apoyando sus manos sobre este y aprisionándola entre sus brazos. Temari resistió apoyando sus manos húmedas sobre el pecho del muchacho para mantener una distancia dentro de esa peligrosa posición. Ambos jadeando, el chico de la coleta por el deseo y la rubia por el impacto. Él reaccionó a su evasión, quedando a centímetros de su boca. Conteniéndose para dar el siguiente paso. El joven con su penetrante mirada le preguntó que pasaba.

— Detente —trató de guardar su compostura—. Esto no debe de suceder. Está prohibido. —Susurró sin poder romper el contacto visual.

— Entonces, ¿por qué esa noche no intentaste detenerme?

El sonrojo de la ángel aumentó. La respuesta a esa pregunta la impacto a pesar de saberla inconscientemente. Porque también lo deseaba. Su respiración se perturbó. Abrió la boca para contestar pero nada salía. Porque no se atrevía. Estaba lidiando con sentimientos que pretendió no tener. No quería abrir puertas que no debía.

— Te deseo, Temari.

Se acercó un centímetro más, exhalando sobre sus labios, haciéndola vibrar en su lugar. Sus palabras la sacudían. No podía moverse. La tenía hechizada con su mirada tan dominante. Permitiéndole que la impactara con su tenacidad. Su mente la regresó a la realidad. Tenía reglas. Era su deber respetarlas al pie de la letra. Sobre todas las cosas.

— Que ames a un ángel está prohibido. —Contestó en automático.

— Y a mí no me importan tus reglas. Tu misma lo dijiste.

Sus orbes aquamarinas brillaban al ser contrastados con lo rojo de sus mejillas. Estaba muy decidido y ella estaba paralizada. Asustada de que si llegaba a parpadear él aprovecharía la oportunidad. Temiendo que no podría lograr detenerlo. Aterrada de ceder. Shikamaru bajo la cabeza, apretando sus dedos sobre el borde de la mesa y extendió una mano para cerrar la llave del fregadero.

— Me estas matando, Temari —le confesó mirando al suelo—. Te daré el beneficio de la duda. Quizás me esté imaginando cosas y que no te importo. En verdad me había resignado a que jugaras conmigo, pero no lo soporto más. Te suplico que me lo digas. En serio no puedo sacarte de mi mente. Quizás solo estoy arruinando las cosas y tú no me ves de la misma manera en que yo lo hago —volvió a mirarla a los ojos—. Cualquier respuesta que me des yo la respetaré. Solo responde. Por favor. Di que no sientes nada por mí y olvidare que alguna vez tuvimos esta conversación.

Como si una brisa helada hubiera entrado, su cuerpo comenzó a temblar. Su pecho subía y bajaba con frecuencia. ¿Se estaba confesando con ella? Qué manera de hacerlo Nara. La tenía tan alborotada como si fuera una adolescente. Solo tenía que decir la verdad. Tenía que rechazarlo. Por su bien. No era la primera vez que rechazaba a un joven, pues en su pasado había mandado a volar a muchos. Lo hacía con crueldad y sin remordimiento, pero él era diferente. Se mordió el labio inferior. "Acaba con esto Temari" se dijo a sí misma. Abochornada abrió la boca… Ella lo contempló pasmada, incluso su expresión destanteo al muchacho. Agobiada volvió a abrir su boca pero las palabras que planeaba pronunciar se aferraban a su lengua. Incitando que la ansiedad del Nara fuera en aumento.

— Dilo. —Susurró alterando los sentidos de la ángel.

— Shikamaru yo —logró escupir entre tanta tensión— yo… —no podía mentir— yo… —su plan era rechazarlo, pero no podía mentir.

Apretó los dientes al encontrarse perturbada, no por él, sino con ella misma. Iba a decirle que no le correspondía, pero hacer eso sería mentir. Un ángel jamás miente. Sus cuerdas bucales se enmudecían y su lengua dejaba de funcionar si se atrevía. Sus labios temblaron y se cubrió la boca. Había chocado con el fuerte muro de la realidad. Ella misma había quebrantado sus reglas. Sus temblores se volvieron más evidentes, ¿desde cuándo se había enamorado? Se juró que jamás volvería a ser intimidada por ningún hombre, pero las armas del empresario habían sido bastante letales para ella. El Nara la observó consternado. Algo le estaba afectando, pero no se lo estaba diciendo.

— ¿Qué sucede? —Cuestionó en un susurro.

— No debo —dijo claro a pesar de que se estaba cubriendo la boca. No se atrevía ni a mirarlo a los ojos—. Déjame ir. —Dijo agitada ahora aplicando fuerza para salirse de su prisión.

— Temari. —La tomó de los brazos.

— ¡Suéltame!

— ¡Temari!

Tomó su rostro entre sus manos consiguiendo enlazar sus miradas. Deteniéndola en el acto. Él persiguiendo una respuesta, ella tratando de evadirla. "No lo hagas. Vete. Muévete" se dijo en su mente. Colocó su mano sobre la del muchacho, mostrando en su expresión una preocupación enorme. Lo que lo intrigaba.

— ¿Qué sucede? —Reiteró.

La rubia apretó los párpados con miedo de confesárselo.

— Solo voy a empeorar las cosas —enunció con su respiración agitada—. Esta mal.

El muchacho interpretó el mensaje. Normalmente lo evadía cuando se acercaba a la verdad. Ahora se había acercado tanto que ella no quería reconocerlo. Luchaba por aferrarse a la razón, pero conocer la verdad lo enloqueció. Estaba famélico de ella. Desbordándose en deseo. Era nuevo para él que anhelara tanto a alguien. Bajo una mano hacia la cintura de la rubia acercándola a él. Concediendo que sus cuerpos se comunicaran entre sí, sus corazones latían a la par, obteniendo más respuesta de este que de su propia boca. Con la mano que permanecía sobre su mejilla, deslizó su pulgar hacia los suaves y rosados labios de la chica. Petrificándola con el tacto. Haciéndola estremecerse entre sus brazos, provocando que una sensación fría recorriera todo su cuerpo. Sus mejillas se tiñeron de carmín y tenía sus ojos aqua entreabiertos cubiertos de una delgada película cristalina mirando a los suyos. Su boca acechaba al de la ángel, amenazándola que la degustaría. Alterando notablemente la respiración de Temari. Su comportamiento lo estaba volviendo loco. La Sabaku giró su cara para oponerse, cosa que al muchacho no le agradó del todo. Así que como castigo se atrevió a plantarle un beso en la comisura de los labios de la rubia, quien jadeó de sorpresa al sentirlo. Con ayuda de su mano la tomó del mentón y volvieron a quedar cara a cara. Al empresario le resultó una delicia hacerlo, pero era para probar un punto. Si quisiera detenerlo, ya lo hubiera hecho. Estaba vulnerable a los deseos que ocultaba su corazón. Shikamaru mantenía fija su mirada en la de ella. Hipnotizándola. Estaba expuesta. Se sentía frustrada consigo misma. Teniendo sus reglas, responsabilidades y su pasado, una vez más se dejó caer a la merced de sus estúpidos sentimientos. Los cuales la doblegaron a congelarse ahí. A dejar que la acariciara y que su piel sintiera alivio con su tacto. Acercándola. Tocándola. Sufriendo en su interior entre sus convicciones y sus deseos. Shikamaru se había vuelto su más grande tentación y estaba a punto de sucumbir. La respiración del chico se aceleró y dijo:

— Déjame pecar.

Apretó sus párpados dejando escapar una lágrima traicionera de ellos. Se estremeció fuerte. Resonaba con su apetito. Sus fuerzas se le escaparon, queriendo que él la moldeara a su antojo. Hambrienta de curiosidad. Sus labios eran aquella dulce manzana roja que prometía condenarla. Rindiéndose a pensamientos alarmantes para su naturaleza. Bajo los efectos que le ocasionaba, volvió a abrir sus ojos aqua revelándole sus verdaderos sentimientos hacia él y su boca se movió por si sola.

— Shikamaru, —le dio un escalofrió al escucharla— be…

La calló posando sus labios sobre los suyos, aprisionando el resto de las letras entre ellos. Temari destrozó el control que tenía sobre sí mismo al pronunciar su nombre. La rubia hizo un último intento por resistirse, tratando de comprobar que lo que sentía no era cierto y al probar sus labios iba a poder negarlo. Esas esperanzas fueron erradicadas al notar que con cada beso, deseaba otro más. Sintiéndose culpable por estarlo gozando. Dejándose llevar por las caricias del hombre. Cayendo en los velos de la locura. Sus respiraciones agitadas chocaban. Shikamaru degustaba de sus suaves labios con pasión. Sintiendo que llegaba al cielo con cada rose. Embriagándose con su néctar, presionó ligeramente el cuerpo de la fémina contra el mueble de la cocina. Besándola lento, saboreando cada segundo. Lo hacía con ansia, deleitándose de las notas sabor a fresa que tenían estos. Las manos de la chica terminaron sobre el pecho del empresario tomándolo de las solapas del cuello de su camisa. Una de las manos del Nara estaba atrás del cuello de la fémina y la otra en su espalda. De pasar a ser dulces roses, fueron incrementando su fuerza. Proyectando el anhelo que había entre ambos. Hasta que el joven no se pudo contener y terminó mordiendo suavemente el labio inferior de la rubia, quien emitió un dulce gemido que se enmudeció en su boca. Ella se alejó tratando de protestar avergonzada. Shikamaru no se lo permitió, aterrizando nuevamente sobre su boca. Probándola más profundamente. "Todavía no", demandó él. Sin dejar de besarla, sus manos fueron a sus piernas, poniéndolas debajo de sus muslos y cargándola para sentarla sobre la mesa del desayunador. Esta acción alarmó a la rubia por obvias razones.

— Shikamaru. —Jadeó intentando escapar de sus labios.

El joven le hizo caso omiso. Besándola con más fuerza. Pegándola a él, colocando su mano aventurera sobre su rodilla y subiéndola lentamente hacia sus muslos. De nuevo la ángel lo distanció de ella instantáneamente, sin poder ocultar que la hizo estremecer. Jamás se imaginaria que llegaría a comportarse así, pero no lo apartó porque no le agradó lo que hacía. Solo que su naturaleza se lo impedía. Los dos se miraron a los ojos. El empresario la contempló alborotado como la había dejado tras besarla de esa manera. La rubia temblaba sobre el desayunador, apoyando sus manos atrás de su espalda, jadeando con sus piernas colgando del borde de la mesa y sus mejillas brillaban por lo rosadas que estaban. Verla así lo estaba haciendo perder la razón.

— Si llego a sentir placer seré desterrada al infierno. —Advirtió al ver que se le iba a abalanzar encima de nuevo.

Tras escucharla el muchacho tuvo que calmar sus emociones, pues si continuaba la pondría en peligro y por una calentura así no la expondría de nuevo. Colocó todos los frenos posibles sobre sus impulsos. Alejó sus manos de ella y las posó sobre el desayunador.

— Lo siento. Me excedí. Perdón por faltarte al respeto. —Desvió la mirada.

— Está bien —dijo tomando un respiro—. Yo también me deje llevar.

Después de besarse por tanto tiempo se habían quedado sin aliento. La rubia volvió a ver el reloj. Una y media de la mañana. Sí que era tarde. Regresó su mirada al chico.

— No podemos llegar a eso de nuevo.

El Nara entendiendo la gravedad de la situación asintió.

— Te ayudo a bajar de ahí.

Shikamaru le ofreció su mano. La ángel la tomó para deslizarse hacia abajo del desayunador, pero sus piernas tambalearon y el empresario la sostuvo.

— ¿Estas bien?

— Si —jadeó con una sonrisa—. Tenía mucho tiempo de no sentirme así.

— Ven.

La envolvió en sus brazos y recargó su mentón sobre su cabeza. Temari no pudo resistirse a estar un rato más entre ellos en lo que recuperaba fuerzas. Estar tan cerca así de él le traía paz. Se dedicó a escuchar los latidos del muchacho. Estaban frenéticos al igual que los suyos. Shikamaru probó su suerte y sentía que lo podía todo. La ángel se sentía tan avergonzada de sucumbir a sus provocaciones, pero en su interior estaba tranquila. Aunque reflexionando un poco las cosas, un tema volvió a surgir en su mente. La rubia se salió de su abrazo y lo miró de frente.

— Espero entiendas que esto no me detendrá cuando sea hora de irme.

El Nara la contempló serio. Estaba tan drogado por su sabor que pretendió que eso no le molestó. Volvió a asentir y ambos se desearon una buena noche. Mientras la ángel se retiraba, miró hacia la dirección del muchacho encontrando sus ojos bien puestos sobre ella. Le nació una sincera sonrisa y se fue. Él permaneció en la cocina. Recargó sus codos en el desayunador y suspiró. Admitió en sus adentros que al menos quería continuar besándola. De nuevo evaluó su situación. Se iría. Claramente se lo advirtió y todavía se colocó la soga al cuello con gusto. Se rascó la nuca. Mejor intentarlo que nunca haberlo hecho, ¿no?