Yuuri tenía mucho en que pensar, no sabía en qué momento todo se había echado a perder de esa manera, hasta el punto de que ni siquiera pudieran hablar para resolver las cosas. Si tan solo hubiese cargado su teléfono esa noche nada de esto hubiese pasado, si la preocupación no le hubiera ganado y no hubiese aceptado el teléfono de Víctor todo estaría bien. Si él fuera un alfa y Yura su omega esto no sería igual.
Todo se limitaba a eso, las inseguridades estaban provocando que todo se fuera al caño y no culpaba al rubio para nada, quizás eso era lo peor en cierto modo; porque lo entendía, sabía que debía ser difícil perder a su único familiar, saber que tu novio tiene un destinado que ahora es su amigo y eso solo hacía que la culpa recayera sobre él mismo.
En la soledad de su habitación, Yuuri se preguntaba si su omega estaría pensando en él o estaría envuelto en el calor del alfa que hacía llamar su amigo, porque él también se sentía inseguro y más desde que todo el asunto de su abuelo comenzó. Se sentía egoísta, pero no podía evitarlo, lo necesitaba cerca, sentía que quería estar a su lado aunque este lo despreciara, pero eso también le haría mal al rubio. Otabek lo había dicho y él lo conocía hace años.
Sentado en su cama abrazó sus piernas pensando que debería tener paciencia, que todo mejoraría con el tiempo porque el tiempo todo lo cura, incluso el corazón adolorido de su novio paulatinamente se iría sintiendo mejor. Solo quería ser parte de su proceso, pero al parecer no podría ¿Qué más se perdería con esta distancia?
Decidió llamar a Phichit quien por suerte este le contestó y lo único que pudo hacer tras escuchar su voz fue ponerse a llorar, porque increíblemente no lo había hecho ese día. El moreno preocupado le preguntó que sucedía y Yuuri no podía explicarle con claridad por lo que su amigo decidió ir enseguida.
A Phichit se le partió el corazón al escuchar a Yuuri llorar de esa manera y la única razón que podía encontrar para ello era el ruso rubio. No le importo que Chris se quejara de que iba a salir sin decirle a donde iría, su amigo era más importante además de que en este último tiempo lo había abandonado, ahora que lo necesitaba no lo dejaría solo.
De camino a casa del japonés llamó a Otabek para saber a qué se enfrentaría al llegar, sabía que tenían una promesa de no hablar sobre sus amigos ya que eso se interpondría en la grata relación que ambos llevaban, pero solo le preguntaría por el asunto en general, no por Plisetsky en ecpecífico. El moreno le contestó tardando más de lo usual, le explicó de la muerte de Nikolai, el hecho de que el rubio estuviera molesto con Yuuri por estar con Víctor ese fatídico día y que el japonés hubiese ido día tras día a ver a su novio, pero que Yuri no quería verlo.
El corazón del moreno se oprimió, Yuuri era del tipo de persona que odiaba molestar a los demás y suponía que por lo mismo no había acudido a él antes. Sus problemas con Chris eran recurrentes y el japonés lo sabía, por eso no lo había llamado y si lo hacía ahora era porque ya estaba completamente al borde. Como su mejor amigo debería ver primero por su interés personal y luego por su relación con el ruso.
Llegó con rapidez a su casa, como siempre estaba solo aunque por lo que vio no había dejado de comer sino al contrario. En la habitación del chico había bolsas de frituras, dulces y chocolates esparcidas. Suspiró y se sentó en la cama junto a Yuuri, ya le ayudaría a limpiar después.
—Yuuri —le habló acariciándole el cabello, el azabache se había acostado apoyando su cabeza en las piernas de su amigo— todo esto es demasiado complicado y nadie te culpará si quieres alejarte de esta relación por un tiempo —le habló con calma ya que sabía que era un tema delicado— Plisetsky también necesita su propio tiempo para pensar y tú no puedes echarte a morir, debes terminar de estudiar para poder demostrarte a ti mismo que puedes superar cualquier cosa.
Yuuri escuchaba con atención y analizaba las palabras del otro, él ya había hecho todo lo que pudo así que tal vez todos tenían razón y solo debía esperar a que las cosas se calmaran para poder hablar con claridad. De lo único que estaba seguro en ese momento era que a pesar de todo se amaban, podía sentirlo en lo doloroso que era estar sin él y de alguna manera sabía que Yuri se sentía igual, no podía explicar cómo, pero lo sabía. Lo sentía.
El estar con Phichit ese día le ayudó mucho, se sintió más tranquilo y decidió que le daría tiempo a su novio, dejaría que se recuperara de la pérdida de su abuelo para luego hablar con él tranquilamente. Una cosa a la vez, solo esperaba que con el tiempo el sentimiento entre ellos no quedara olvidado.
—Si el sentimiento es verdadero siempre estará ahí —le contestó Víctor en una llamada telefónica luego de que el moreno se fuera— Yuuri, si de verdad se aman nunca podrán olvidar al otro —Víctor lo sabía y ahora lo entendía mejor, su madre a pesar de ahora estar con su destinado y ser feliz, aún amaba a su padre y pensaba en él. Eso le daba esperanzas a Yuuri, pero derrumbaba las suyas, aunque no le importaba con tal de que el japonés fuera feliz.
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El tiempo fue pasando, Yuuri decidió que seguiría con su vida normal ya que no podía echarse a morir. Iba a la universidad y de vez en cuando veía a Phichit, pero con quien más seguido se encontraba era con Víctor. El platinado estaba con él la mayor parte de su tiempo libre, no dejándolo caer en malos pensamientos o sentimientos dolorosos.
Víctor lo distraía invitándolo a muchos lados distintos, obligándolo en cierto modo a salir de su zona de confort y eso le hacía bien, se sentía positivo, confiaba en que llegaría el momento en que podría hablar con el rubio y todo estaría bien.
El rubio no había vuelto a la universidad, seguramente perdería el año aunque era comprensible después de lo sucedido. Ni iban en la misma carrera, ni en el mismo año como para poder ayudarle con los estudios o algo parecido, además de que no quería verlo aún ¿Cómo lo sabía? todos los días intentaba llamarlo, pero su número al parecer seguía apagado. Le había enviado mensajes a Otabek y este le decía que Yuri seguía encerrado, aunque poco a poco iba mostrando signos de mejora en su estado anímico. Eso tranquilizaba un poco a Yuuri.
No quería que pasaran más tiempo alejados, pero no había nada más que hacer, le pedía a Otabek que por favor le dijera a Yuri que cuando quisiera hablar él estaría disponible.
Otabek se sentía mal por el japonés, sabía que estaba intentando arreglar las cosas, pero el hecho de que Yuri aún no quisiera hablar con él solo hacía que las cosas fueran mal. Se notaba que a su amigo le hacía falta su novio, mucho más de lo que hubiese pensado. Si no supiera que ambos eran omegas, diría que su amigo y Yuuri estaban enlazados y por eso se les hacía tan difícil la ausencia del otro.
El alfa no podía hacer nada, cada vez que mencionaba a Yuuri, su amigo se enojaba y lo echaba de su cuarto. Peor fue cuando el rubio prendió su teléfono para distraerse con las redes sociales y ellas había varias fotos de Yuuri con Víctor, ambos sonriendo. Al parecer pasaban bastante tiempo juntos, por lo que las palabras del japonés sobre tener una conversación quedaban olvidadas gracias a la rabia que Yura sentía.
Otabek podía darse cuenta que entre el enojo de su amigo también había decepción, Yuri pensaba que si fuera un alfa todo sería distinto, habría marcado a Yuuri como suyo y aunque hubiese encontrado a su destinado luego, el omega le pertenecería ya que tendrían un lazo. El alfa podía oler la tristeza del omega y eso comenzaba a afectarle también, esto era muy diferente a la vez que fue abusado porque esta vez Yuri anhelaba a alguien que él mismo se negaba a ver.
La confusión era perceptible en el omega, la necesidad de este por estar con su pareja hacía que su aroma se volviera levemente más atrayente aún sabiendo que eso no funcionaria con otro de su mismo género. El cuerpo de Yuri llamaba a su pareja de alguna manera, su cuerpo expresaba lo que su boca no quería decir.
Llegaron a un punto en que el rubio ya no salía de su cuarto, Otabek le decía al japonés que todo estaba bien para no preocuparlo más, pero no era cierto. Un día se hartó de todo y obligó al rubio a bañarse, lo levantó como si no pesara nada y lo llevo al baño.
— ¡Bájame, maldición! ¿Qué haces? —preguntó molesto una vez llegaron al lugar.
—Te pedí una hora con el médico, báñate para que vayamos —le habló cortante, sabía que si era suave terminaría cediendo ante su amigo como siempre.
—No necesito un medico, déjame en paz —se quejó como un niño pequeño.
—No estás bien, el médico nos dirá si necesitas un psicólogo, además me preocupa que no estés comiendo adecuadamente —le dijo en el mismo tono de antes, Yuri quiso salir del baño, pero Otabek lo detuvo. No quería usar su voz de mando, pero al parecer no le quedaba alternativa— báñate y vístete —la voz del alfa hizo estremecer a Yuri quien no tuvo más remedio que obedecer, Otabek sabía que el omega lo odiaría por ello, pero ya estaba desesperado.
Yuri hizo lo que le pidió en silencio, estaba enojado por lo que no le habló al alfa en ningún momento, ni siquiera cuando llegaron al hospital y tuvieron que esperar a ser llamados. Las personas los miraban extrañados puesto que era raro que un omega mirara de mala manera a un alfa y este no hiciera nada para infundir respeto, además de observar de manera desaprobatoria al alfa por dejar que su omega actuara de esa forma, emanando sus feromonas llenas de enojo y poniendo nerviosas a las personas del lugar. Otabek ni se inmutaba, estaba agradecido de haber llegado hasta ahí sin ningún golpe por parte del rubio, así que no se arriesgaría a estropear más las cosas.
—Yuri Plisetsky —llamó una enfermera y los dos se levantaron para dirigirse donde ella les indicaba— el doctor los atenderá en un momento —les dijo para luego retirarse.
Esperaron unos minutos para que un alfa con bata blanca apareciera frente a ellos, el hombre preguntó a Otabek por todo lo referente a Yuri asumiendo que este era su alfa y como al parecer su amigo no diría nada él comenzó a decirle lo que sucedía, aunque no le dijo que tenía pareja ya que no sabía si el rubio querría hablar de ello.
El médico asintió mientras anotaba algunas cosas como el cambio que había percibido el alfa en el aroma de Yuri, los cambios de humor repentinos y la posible depresión por la muerte de su abuelo. Cuando terminaron de hablar, el doctor le pidió a Yuri que se quitara la ropa para revisarlo, cosa que este hizo a regañadientes. Odiaba que los extraños lo tocaran.
El doctor lo examinó, le preguntó sobre su celo, cada cuanto le llegaba y otras cosas que el omega comenzó a procesar en su cabeza entendiendo para donde iba el asunto, aunque lo encontraba totalmente estúpido. Era imposible.
—Por favor recuéstese en la camilla —le pidió a lo que hizo caso de inmediato, el doctor trajo una máquina extraña y le pidió a Otabek que estuviera cerca de Yuri en ese momento. Aplicó un gel en el estómago del rubio y puso un pequeño aparato por su abdomen de un lado a otro como si buscara algo. De pronto se pudo escuchar claramente, en el vientre del omega los latidos de un corazón— felicidades, van a ser padres.
