Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Primavera: Albaricoque

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—Albaricoque.

Conocida en occidente como flor de albaricoque, es una flor hermafrodita, produce néctar y polen. El significado de esta flor en el lenguaje de las flores habla sobre la bifuncionalidbad del espíritu. Somos un poco divinos, un poco humanos.

—Si el mundo se acaba mañana... ¿Con quién les gustaría estar? —preguntó el sensei delante de la clase y todos empezaron a reflexionar sobre ese detalle.

La mayoría de los niños hablaron sobre sus amigos, otros sobre héroes que admiraban y algunos cuantos fueron más graciosos con sus respuestas. La realidad es que la pregunta tenía cierto aire filosófico que trataba sobre la racionalidad de la existencia y la realidad de que existía en que todos los días podría ser el día en que el mundo se acabara.

Así era para los shinobis.

Un día respirabas.

Y al siguiente ya no.

Viktor lo sabía.

Con sus tiernos nueve años le había tocado sepultar a su madre y en lo único que le entraba en la cabeza es que no toda la gente era buena.

La única persona con la que el niño quería pasar su último día de existencia había sido incinerada y sus restos depositados en un frío hoyo en la tierra. No comprendía de dónde salía la alegría o cuál era el proceso de sentirse bien. Él ya no podría volver a sentirse bien jamás.

Escondió su rostro entre sus brazos y suspiró pesadamente.

—Nikiforov —dijo el maestro y el niño alzó la cabeza para ver al adulto frente a él, giró su mirada y todos sus compañeros, volvió su mirada hacia el sensei y no era Celestino en una versión más joven de sí mismo, si no Yuuri que le sonreía con paciencia y amor—. Si el mundo se acaba mañana... ¿Con quién te gustaría estar?

Los labios del niño se entreabrieron y sintió el mismo efecto que la adrenalina deja de golpe al arrancar y hacerlo despegar por su cuerpo cuando estaba a punto de entrar en batalla. Apretó los dedos de sus pies y después apretó sus puños pero estos los sintió pegajosos, cuando bajó la mirada se encontró que estaban llenas de sangre y sobresaltado giró su mirada l rededor. Había explosiones que detonaban a escasos metros de ellos.

—Viktor... si el mundo se acaba mañana.

Viktor negó enérgicamente y sus cabellos albinos se pegosteaban en su rostro mientras sostenía a Yuuri de los brazos.

—¡No dejaré que mueras maldita sea¡ ¡El único que puede patearte el trasero soy yo y aquí no vas a morir! —resolvió fríamente apretando más y más los homrbos del moreno que lo sostuvo del chaleco acercándolo a él para mirarlo a los ojos.

—No podemos darnos el lujo de que el enemigo siga avanzando, Viktor —respondió Yuuri tragando saliva secamente—. Probablemente seamos la última compañía que siga en pie y en condiciones de seguir peleando... así que no me subestimes ni me impidas que desarrolle mi trabajo como ninja porque te juro que te voy a odiar.

El resto de sus compañeros guardaba silencio agazapados contra la pared de piedra que los protegía, del otro lado del descampado el enemigo aguardaba por un movimiento en falso para acabarlos. Era la vida del shinobi. Otabek tragó saliva y miró al par discutir.

—Yuuri tiene razón, Nikiforov.

—¡Cierra la puta boca! —gritó el albino y el moreno frunció el ceño. Era sabido que Otabek y Viktor no se llevaban bien, sin embargo Yuuri estaba demasiado agotado mentalmente como para aguantar una disputa o jugar al intermediado así que sólo suspiró profundamente para apartarse de golpe del ninja de hielo y ajustar los guantes en sus manos. El cuero chilló alertando a los que hacían guardia atrayendo su mirada a la figura pequeña y menuda de Katsuki que hizo a un lado a Otabek y a Viktor.

—No desperdicien la oportunidad que les daré... les alcanzaré apenas termine —advirtió con voz aplastantemente seria que le indicaba a Viktor que no podría hacer nada para cambiar la convicción de Yuuri. ¿Cuándo había logrado tal hazaña? Cuando le pidió que no fuera a esa misión Yuuri se negó, cuando le pidió que dejará a Otabek Yuuri se negó, incluso cuando le pidió que tuvieran sexo (hasta uso la frase "por favor") Yuuri se negó. Yuuri era todo un caso y a él le tocaba correr con la peor parte.

—Vete a la mierda, Katsuki —bufó Viktor mientras que regresaba con el resto de sus hombres para organizarlos y Yuuri sonrió suavemente, volvió sus ojos a Otabek que le observaba con seriedad.

—Ten cuidado.

—Siempre tengo cuidado, Otabek —respondió Yuuri como si se tratará de una horrible obviedad. Trataba de concentrarse y Viktor sólo podía ver en la corta lejanía como Otabek limpiaba con sus dedos lastimados las mejillas sucias del otro ninja. Un instante de intimidad que él habría querido pagando lo que fuese (incluso con su vida) de poder acceder a él. Los compañeros se concentraban en el plan que Pichit trataba de explicar, había logrado ubicar a todos los posibles enemigos y había encontrado una breve ventana de escape que usarían cuando el adversario se concentrara en Yuuri que haría de carnada. Era un rol sumamente peligroso el que Yuuri tendría que desarrollar pro era el único con suficiente estamina para lograrlo.

Después de un rato Yuuri y Otabek se acercaron al contingente de seis ninjas para ponerse al corriente con las indicaciones. Y después de un breve intercambio de palabras decidieron que en cuanto fuera lanzada la señal pondrían manos a la obra.

Katsuki se preparó mientras que usaba un poco de la sangre que tenía en una de las heridas abiertas que tenía en el brazo para hacer sellos con sus manos y dejar caer su mano al suelo, el contrato de invocación fue visible y dos cuervos aparecieron.

—Yuu-kun —saludó uno de llos.

—Shiroi, Kuroi —les miró serio. El moreno dio las indicaciones a sus cuervos mientras el resto se preparaba. Enseguida los cuervos desaparecieron en un "poff" y Yuuri se incorporó para empezar a hacer sellos pero antes de que pudiera terminar la técnica una mano le detuvo del antebrazo. Viktor se inclinó un poco. Sus labios rozaron su oreja y después corrió hacia sus compañeros que esperaban por él. Para los otros no fue más que un gesto para dar últimas indicaciones pero para Otabek no fue simple el leve sonrojo que apareció en las mejillas de su pareja ni mucho menos el titubeo que hubo en sus acciones antes de girar su mirada hacia Viktor y después intentar concentrarse para volver a poner manos a las obras.

Después de breves segundos de desconcierto, Yuuri encontró su centro nuevamente.

Hizo los sellos con sus manos para hacer que poderosas lías salieran desde el suelo, saltó al medio del campo de batalla, era un objetivo fácil pero los dos cuervos aparecieran desde lo alto para dejarse caer en picada obligando a los ninjas enemigos a salir a base de ataques con sus garras y picos. Mientras salían huyendo o atacando a los cuervos Yuuri se apresuró a sostenerlos con las lías para ahogarlos y sepultarlos, uno, dos, tres, cuartro ninjas. Una kunai hacia él que bloqueó con una de las lías. El ruido de los metales luchando, la tierra abriéndose y el cese de una vida se escuchaba junto a las explosiones que de fondo hacía brillar el bosque casi del mismo modo en que las estrellas tildaban en el cielo. Viktor fue el último en moverse, quedándose con la imagen de Yuuri sometiendo a diez ninjas con precisión, humildad y fuerza.

Era una hermosa estampa que quería seguir viendo de por vida.

Volvió su mirada y por breves instantes sus ojos y los de Katsuki conectaron. Los labios de Yuuri se movieron y Viktor tuvo intenciones de tratar de interpretar o adivinar lo que decía Katsuki, pero su atención fue robada por seis enemigos que les caían encima. Sus manos se movieron lentas y las de Otabek y las del resto de la compañía. Aquella misión había sido un fracaso y el mal sabor de boca fue lo que despertó a Viktor frente al bloque de hielo que contenía a Yuuri.

Sus ojos hinchados, sus boca amarga y el dolor en el cuerpo por haber dormido en una incómoda posición. Confundido, miró hacia todos lados. Pero no había nadie más en esa sección del templo que ahora fungía como prisión para el presunto traidor. Se preguntaba cuánto tiempo había dormido y porqué su cuerpo se sentía aletargado, cansado casi como si hubiese estado bajo algún tipo de difícil genjutsu. Suspiró y se incorporó lentamente y notó de inmediato que tanto sus manos como su ropa tenían escarcha que él mismo había producido durante su pequeño episodio de desasosiego. Escuchó afuera a voz de los ANBU ahogada por las enormes puertas de piedra, Viktor volvió su mirada hacia Yuuri que parecía inerte como la noche anterior en que había quedado llorando a sus pies pidiendo perdón o desde el día en que él mismo había accedido a sellarle. Acarició el denso vidrio y pegó su frente.

A cualquier otro le hubiese quemado, dañado, pero a él no. No a él. Concentró su chakra en un inútil intento por hacer una pequeña fisura a la prisión sin éxito y maldijo su propio talento.

Siempre lo pensó, siempre lo meditó.

Volverse un auténtico traidor por Yuuri no sonaba tan mal, aunque hacerlo y liberarlo implicaría tirar por tierra el magnifico trabajo que el moreno había hecho allá en Vegetales a pesar que ahora el mundo estaba volcado a una guerra. Como si no fuese suficiente los conflictos internos, tenían que sobrellevar una guerra. El mundo era un sitio tenebroso, lúgubre y cruel. Tener a Yuuri en ese encierro era, también, una forma de protegerlo.

Viktor sabía que jamás encontraría paz. Que jamás lograría una ascensión por los horribles crimines que le había tocado ejecutar en pro de una paz que jamás lograría ver, no obstante, quería que se dijera que al menos había logrado cuidar lo que realmente siempre le importó. Y si un día moría lejos de esas cuatro paredes, lejos del sitio donde había depositado su corazón, quería volverse viento que se colara por alguna fisura para romperse contra esa jaula que él mismo había alzado.

Restregó una vez más su frente contra la fría superficie antes de que tiernas manos le despertaran con suaves movimientos. Se revuelve en la cama con lentitud. Los sueños ya no son horribles repeticiones de parte de lo que ha vivido como soldado. Pero aún así, siguen siendo desconcertantes porque se represente con facilidad el haber tenido temor en dar el siguiente paso hacia Yuuri. La boca le sabe pastosa y no entiende lo que siente pero aún así se abraza a donde pertenece, y hunde su rostro en el vientre suave de Yuuri.

Esas mismas manos le peinan los cabellos y él responde con un suave gruñido que a Yuuri le sabe divertido porque a pesar que Viktor no luce como el Viktor que el recuerda, hay cosas que no cambiaron en lo absoluto.

—¿Es muy tarde? —cuestiona el albino con voz ronca gracias a la somnolencia.

—Me sorprende como tu resistencia ha decaído con los años, Vitya —le responde Yuuri que usa una de las camisas que Viktor le dio para que pudiera dormir. El albino no sabe que responder ante esa ofensiva apreciación, y es que si hace apenas un poco de memoria lo último que recuerda es Yuuri y él empujándose en la cama entre besos y música en sus caricias, después... silencio. Cierra los ojos y se tira contra la cama ocultando su rostro rojo de vergüenza.

—¿Me quedé dormido?

—Apenas tocaste la almohada —dice con simpleza sin gramo de reproche aunque con un gesto bastante hilarante y divertido a lo que Viktor sigue sin saber qué responder, siente vergüenza y con razón porque tenía todo un plan pensado en su cabeza, un ataque y acto de apertura ganador, una erección firme lista para despuntar en éxito y la convicción de aprovechar cada segundo a lado de Yuuri antes que los niños volvieran pero ahora sabe que lo ha echado a perder, suspira girando su mira da a Yuuri que lo observa de cerca. Sigue siendo mortalmente atractivo y el corazón le late fuerte al mayor—. Debes tener mucho trabajo con ser uno de los candidatos para volverse Hokage y cuidando a un convaleciente ¿no? —Yuuri alcanza la mano de Yuuri para entrelazarla con la del otro que en con una sonrisa trata de ocultar su pena.

—Algo así —concede sincero a Yuuri mirando el techo, pero no tarda tanto en volver su atención a Yuuri. No quiere apartar la mirada de él.

—Ya habrá tiempo de... —no se atreve a decirlo pero la sonrisa lo delata y Viktor sonríe asintiendo.

—Sí, tendremos tiempo para eso —confirma y le besa el mentón, Yuuri se deja besar con una sonrisa, y busca los labios de Viktor por iniciativa propia. Se miran entre sí y una sonrisa cómplice los envuelve antes de volver a besarse y Viktor atrae por la cintura a Yuuri, pegándolo con firmeza mientras Yuuri pasa sus manos por los fuertes y pronunciados hombros ajenos, abriendo sus piernas para permitir que el mayor se acomode mientras lo deja contra la cama y Viktor hincado sobre él.

Están en medio de la cama y las caricias de sus labios descienden hasta su cuello donde Viktor hace magia con suaves mordidas y lengua que le roza húmeda haciéndolo suspirar. El sabor de Yuuri es maravilloso y Nikiforov endurece rápidamente otra vez, el menor siente la respuesta del cuerpo de Viktor haciéndolo inflarse orgulloso (y un poco avergonzado), aunque olvida toda reflexión cuando el mayor se restriega contra su trasero y él se empuja ansioso porque la anticipación lo carcome. Es en instantes como esos que se da cuenta del paso del tiempo porque siente unas ganas terribles que se acumulan en la base de su estómago y se revuelve en sus entrañas. Viktor le retira la camisa al menor, al que no le importa donde queda tirada ni mucho menos ser girado con facilidad contra la cama para que la boca del otro recorriera desde la nuca y descendiendo por el medio produciendo un efecto de colisión, el mundo de pronto pareció pequeño e insignificante.

Las manos de Viktor en su cuerpo eran la brisa que el torturado espera un instante antes de morir, la que le alivía el alma y le hace saber que dios lo perdonó sin importa la inmensidad del crimen. Esa tibia epifanía que te llena los nervios y cada fibra de tu cuerpo advirtióndote de la cercanía del cáliz de la vida eterna. Al tanto Viktor escribía con saliva de fardo el nombre de Yuuri en el medio de su espalda, justo ahí donde ni siquiera la propia luna había echado un vistazo porque el panorama se reservaba para un único espectador.

...

Viktor vuelve a dormir y Yuuri le contempla mientras que su piel tibia se enfría lentamente. Mira hacia el exterior, la noche está cayendo y Umi junto a Ren no deben de tardar en llegar. Se mueve con cuidado para no despertar a Viktor, pero no importa lo brusco de sus movimientos el albino ni siquiera respinga. Yuuri sonríe de medio lado y recoge sus lentes de la mesita de noche, se los pone y puede ver con mejor detalle al hombre que abraza el calor de la almohada que guarda el aroma de Yuuri.

Sale de la habitación justo a tiempo para recibir a Umi y Ren que recién llegan.

—Y luego, rodó por el suelo —cuenta Umi y Ren ríe cubriendo su rostro.

—Bienvenidos —dice Yuuri para hacer notar su presencia.

—¡Estamos en casa! —responde de inmediato Ren y Umi sonríe a Yuuri mientras que se acerca después de quitarse rápidamente los zapatos. El menor se abraza a la cintura de Yuuri y éste le acaricia los cabellos, no se debe esforzar el pequeño dolor que siente por el apretón pues Ren enseguida llega para apartar a su hermano y ser ahora el que abraza a Yuuri.

—¿Ya comieron? —pregunta el moreno y los gemelos se miran entre sí antes de negar enérgicamente pues si de algo saben es de las historias que su padre les ha contado durante todos esos años de la deliciosa comida que Yuuri preparaba, y ahora, serán capaces de probar. Yuuri no puede evitar sonreír antes de enviarlos a lavarse las manos mientras él revisa la cocina para saber con qué cuenta para prepararles algo de cenar a sus hijos.

Había sido un día bastante pesado y no puede sencillamente negar el hecho que su cuerpo se siente aún un poco letárgico. Sin embargo no siente nada fuera de lo normal, Minako, a quien había visto ese mismo día, le advirtió que ante el menor síntoma irregular en él debía de acercarse al hospital. También le dijo que debía de entrenar lentamente para recuperar toda sus habilidades, sin embargo lo último que quiere es permanecer diez u once meses incapacitado lanzando un par de kunais. Aunque adora su nueva vida, y el tener otra vez a su familia, sabe que hay peligros que acechan desde la oscuridad que está dispuesto a hacer exponer. La seguridad no es algo que tengan comprado.

—Papá y tú tuvieron sexo, ¿verdad? —pregunta de pronto Umi que ha aparecido de la nada a su lado, Yuuri mira con sorpresa a su hijo y entreabre los labios, sus mejillas empiezan a arder.

—¡Umi! —regaña Ren que entra por la cocina. Ambos usan una yukata fresca y cómoda—. No seas irrespetuoso —insiste y Umi entorna los ojos mientras corre a buscar los platos para que Yuuri sirva la comida—. Se te está quemando el pescado, papá —dice Ren señalando el sarten y Yuuri reacciona, suspira.

—No es algo que deba de hablar con ustedes —inquiere el mayor cuando sirve el pescado en el plato principal para dejarlo en el medio de la mesa, sirve el arroz también y un poco de sopa de setas que preparó en el entretanto.

—No, no es de nuestro cuidado... sin embargo queremos saber si padre y tú están bien ya sabes... bien... bien —reafirma Umi sentándose en la mesa.

Ren sirve el agua de sabor en vasos para entregarlos a los dos que agradecieron. Yuuri suspira otra vez.

—¿Bien-bien? —enarca la ceja.

—Umi y yo tenemos miedo que no estén juntos como pareja.

Yuuri entiende y afirma.

—Bueno, eso tampoco es asunto suyo —explica aunque le enternece las preocupaciones de los menores, recarga su mano en su mentón—. Sin embargo, no importa que ocurra con Viktor y conmigo... ambos los vamos a cuidar y tanto él como yo estaremos para lo que ustedes necesiten —asegura y los gemelos se quedan un momento en silencio para después sonreír con auténtica felicidad.

Viktor sigue durmiendo y Yuuri se encarga de ayudar a Umi y a Ren con su tarea. Los hermanos han descubierto las bendiciones de los postres preparados de Katsuki, así como se maravillan ante la magia en las manos de éste, la forma en que puede hacer crecer la vida entre sus manos. Las plantas que crecen. Las flores que florecen. El amor con que los observa y les acaricia las mejillas. El modo en que habla y parece que el mundo responde. Pero lo mejor, lo mejor llega a la hora de dormir, después de bañarse y de meterse a la cama.

Ren y Umi, cada uno tiene su habitación, pero dormir separados después de tanto tiempo de no estar juntos es pecado por lo que comparten sin problema el futón, apretaditos y calentitos, uno junto al otro mirando con ojos de adoración al adulto que está con ello. Yuuri ha accedido a acostarse con ellos. El moreno los observa fijamente en el medio de la oscuridad. Es extraño saberse en ese lado de la cama, saliéndose de las líneas convencionales y superando incluso sus propias apreciaciones del futuro en el que vive.

Por su condición y preferencia sexual pensó que jamás llegaría el momento en que un par de niños terminarían llamándole "padre". Titubeando un poco acaricia la cabeza de Umi y la mejilla de Ren, ambos ríen y él ríe en consecuencia y su alma se siente menos ligera.

—Cuando era niño... mi mamá me cantaba una canción.

Ren se emociona al igual que su hermano, porque es la primera vez que escuchan acerca de otro familiar. Una madre, significa que tienen una abuela.

—¿Dónde está? —pregunta Umi.

—¿Es kunoichi? —ahora pregunta Ren.

Yuuri se lo piensa un poco y después suspira.

—Ella murió el mismo año que me encerraron —cuenta sin decorar la información y tuerce los labios suavemente—. Sí, fue una gran kunoichi, el hokage se los puede decir.

—Mientes —murmura Umi.

—No lo hago, fue la mejor kunoichi médico cuando estuvo viva —dice Yuuri sonriendo.

—¿Osea que no iba a la guerra? —insiste Umi.

—Nop, o bueno... fue asesinada pero no tiene que ver en nada con una guerra —trata de que el niño le entienda y Umi asiente.

—¿Y la querías mucho?

—Mucho —responde el moreno sonriendo con cariño a sus hijos que se remueven emocionados.

—¿Y cómo va la canción? —pregunta Ren y Yuuri se lo piensa, antes de empezar a tararear, por algún motivo siempre sintió vergüenza cuando su madre le cantaba esa canción, pero ahora que a él le toca cantarla no siente vergüenza, al contrario, lo ve como otra forma de apreciar la perfección que él ve en el resultado de la mezcla de su ADN con el de Viktor. Esos preciosos par de ojos que le observan con fijeza, tienen la misma curiosidad de Viktor en sus mejores días. Sonríe otra vez, y se acomoda nuevamente.

Bolsita de leche

Masita de pan

Pipita de harina

Cachetes de flan

Deditos de algodón en las manitas y en los pies

Agua santa que huele a bebé

Te ries y el mundo se siente importante

Y todos los duendes se vuelven gigantes—canta y Ren y Umi se ríen porque les ha tocado la nariz, las mejillas y los estómagos. Yuuri no parece ser un tipo afectivo, o no al grado de su, a veces, ridículo padre Viktor. Por el contrario, pese a la juventud que demuestra Yuuri parece mucho más centrado que lo que a veces Viktor puede parecer con sus sonrisas idiotas y sus acciones bochornosas para sus hijos.

Contigo los días son fiesta

Y haces que la música suene sin orquesta

Te gusta que el viento te sople en la cara

Comer con las manos sin usar cuchara

Tocar las flores que salen en abril

Y hablar con los trenes del ferrocarril

En tu propio eje y sin camiseta

Te gusta dar vueltas como los planetas

Jugar todo el tiempo aunque no hayan juguetes

Andar por el pasto sin las zapatillas

Eres amigo de las cosas sencillas

Por eso me abrazas y me descongelas

Y me haces sentir como un globo que vuela

Yuuri observa con ojos grandes a la mujer que le canta y le pica la nariz para hacerlo reír, aunque enseguida, por acto reflejo, cubre su propia nariz. Sus mejillas se encienden de inmediato y Hiroko sonríe encantadoramente satisfecha debido al antídoto que es la sonrisa de su hijo después de un día cansado de trabajo. Yuuri sigue viendo a su madre que le sigue cantando y abrazándolo contra sí. Se gira a cantarle a Mari que acostada en el fotón escucha a su madre, es más grande que Yuuri pero aún así disfruta la música de su madre. El aroma de melocotón y albaricoque no deja de fluctuar al rededor haciendo de ese instante mágico. Ambos hijos se sienten somnolientos y Mari bosteza sin oponer resistencia dejándose dormir. Pero Yuuri pelea por mantenerse despierto más tiempo, viendo el rostro redondo y moreno de su madre que se ríe porque es chistoso el rostro concentrado de su pequeño hijo.

Hay que ser buena gente y agradecido

Y proteger el árbol para que no se caiga el nido

Y ojalá que nada te duela

Pero si te duele que te sirva de escuela

Ojalá que te enamores muchas veces

Porque con un beso lo malo desaparece.

—Voy a estar bien, madre —decía Yuuri mientras le sonreía a su madre.

—¿Estás seguro, siempre puedo hablar con Yakov —responde Hiroko mientras que acomoda el traje a su hijo.

—No, de verdad estaré bien —sonríe Yuuri con timidez porque le avergüenza hasta la muerte cuando su mamá se toma tantas atenciones, suspira profundamente.

—Vale, confío entonces.

—Gracias —Yuuri toma su placa de Konoha y Hiroko lo detiene, ella la amarra entorno al uniforme de su hijo. Agradece otra vez.

—Yuuri —alza la mirada a su madre y sus labios besan su frente—. Ten cuidado.

Él se sonroja y asiente con una mano sobre su frente, es extraño porque su madre siempre guarda distancia, es afectuosa pero respetando el límite de la intimidad de su hijo. No obstante Yuuri, quién es de verdad nada afectuoso no se enfada. Por el contrario, siente la necesidad de abrazarla de regreso. Se alejan en silencio y Yuuri mueve la mano para correr hacia la calle donde le espera el equipo ANBU.

No tienes que llorar

Va a parar de llover

Yo salí a trabajar, pero voy a volver

Y te voy a construir un castillo de bambú

Lo que nunca tuve yo quiero que lo tengas tú —y Yuuri aprieta los labios, los párpados. Siente el mismo escozor en su cuerpo porque ha pasado tanto tiempo. Mucho más de lo que él asimila y su madre, su padre, siguen muertos. Nada los ha hecho regresar, ni siquiera el haber cobrado venganza se los ha devuelto y se siente casi vacío como se sintió una vez en aquel funeral donde hasta su propio poder le falló. Aspira por la nariz. En la oscuridad se permite derramar lágrimas silenciosas, y el aroma de albaricoque y melocotón que a propósito ha producido para hacer dormir a sus hijos se queda, Umi abraza fuerte a su hermano y Yuuri se desliza con suavidad del futón, quedándose en el borde con las piernas recogidas y cubriendo su rostro.

—¿Extrañas mucho a tu mamá, padre? —es la voz tenue y suave de Ren.

Yuuri gira un poco la mirada y le sonríe, agradece que está oscuro y así su hijo no puede ver el dolor de su rostro.

—Sí, la extraño mucho —responde y el tono le tiembla un poco pero aún así fuerza una sonrisa como si fuera capaz de restringir el llanto que sigue escurriendo y mojando sus manos.

—Nos tienes a nosotros, y te queremos —explica Ren para después bostezar, y las inocentes palabras del niño hacen sonreír al mayor.

Se queda un rato más con ellos hasta que se asegura de que Ren está realmente dormido y abandona la habitación en silencio, invoca un cuervo que deja de guardia en la ventana pues no puede dejar de sentirse un poco paranoico. Las probabilidades de que alguien ataque de forma directa irrumpiendo en la casa de Yuuri y Viktor son pocas, pero se sentirá más tranquilo con el pequeño cuervo que sólo debe vigilar. Sonríe al animal que se queda en una rama cercana, y su graznido es tierno porque apenas es un polluelo que recién ha comenzado a hacer misiones de rango bajo, sin embargo Yuuri se percata como un águila vuela hacia el cielo, ha salido de la habitación que comparte con Viktor.

Cuando entra a donde Viktor, éste se encuentra despierto vestido y con un pergamino en la mano. Mira a Yuuri y le extiende el escrito que ha llegado desde la oficina del homage. Yuuri la lee en silencio y enarca la ceja.

—Hmp...

—¿Irás?

—El pueblo necesita una prueba de que no soy un traidor.

—No eres un traidor, Yuuri —murmura Viktor.

—Tú, yo, el Hokage, Minako lo sabe... pero eso no basta... no quiero que Umi y Ren sigan con el estigma de que soy un traidor —informa con voz suave.

—A Konoha no le importa, a quienes le debe de importar y que a ti te debe de importar saben que no eres un traidor —contradice Viktor cruzándose de brazos y Yuuri no puede dejar de pensar que Vitya luce genial con los brazos fuertes y los hombros firmes, anchos. Aprieta los labios y se concentra en lo que tiene frente.

—Me voy a preparar —masculla mientras camina hacia el clóset.

—Es hasta mañana, tienes tiempo.

—Si parto antes yo...

—Ren y Umi se sentirán decepcionados si te vas y no te despides... —Viktor había olvidado el desazón que era ver a Yuuri partir y él quedarse, aprieta los labios—. Yo también me sentiré decepcionado... —lo dice, y Yuuri se queda callado, desvía la mirada. Se gira otra vez para quedar frente a Viktor al que le regala una mirada de sincera culpa.

—Voy a volver —promete.

—No dudo que lo hagas solo... quiero, esta vez, pasar más tiempo contigo... por favor —ofrece su mano y Yuuri mira esa mano, la acepta sin dudar, se deja atraer como una constelación que es acomodada por los dioses, abrazada y perfeccionada. Se estrecha más fuerte a Viktor que le besa el cuello un par de veces más—. Quiero tenerte aquí, un poco más... después, puedes irte a salvar el mundo, señor importante —busca sus labios, Yuuri lo recibe y no tarda en enredar sus piernas en las caderas de Viktor que lo lleva cargando hasta la cama.

No se puede cansar ni aburrir de ese cuerpo, jamás podría hacerlo.

La idea en su adolescencia de cortar sus piernas o mínimo romperlas vuelve a danzar en su mente mientras que se acomoda entre ellas sin dejar espacio sin marcar en los hombros de Yuuri que gime suavemente ante el delicioso maltrato que está sufriendo. Tensando sus músculos y suavizando su vida en cada caricia, en cada beso, en cada roce.

—Viktor... —llama Yuuri mientras los quejidos se vuelven más osados, se elevan hasta que debe de acallarse mordiendo la firme piel del albino, no quiere despertar a los niños y su fuego interno, se aviva y sus ojos se pierden. Y hay estrellas y todo el firmamento alto en el cielo dentro de su alcoba. Hay un vacío en el estómago y después calor que se apacigua con más calor. El aliento de Viktor es frío pero a Yuuri le sabe a sustancia inflamaría que lo hace estallar.

Es dolor y es placer que se funden y dan sentido a la existencia, a la corrupción de la inocencia.

...

De Yuuri podían decir cualquier cosa, pero la principal (y la que más le atemorizaba a sus enemigos) era que él estaba hecho de guerra.

—¿Están listos? —cuestionó con voz suave pero fría.

Un escalofrío cubrió el cuerpo de quienes le acompañaban pero no dudaron en asentir firmemente. Yuuri dio una mirada atrás donde Hokage, Minako y Viktor los despedían.

Yuuri comprendía perfectamente la importancia de esa misión, sería una otras tantas pruebas que la vida le ponía para valer y reafirmar su existencia, su lealtad, su valor. ¿Valía la pena? Dioses, claro que lo valían, arriesgar cada segundo de su vida con tal que sus hijos y Viktor estuvieran a salvo. No duda mucho antes de saltar hacia los árboles que rodeaban las laterales de la aldea y emprender su viaje hacia la misión.

—¿Crees que vaya a estar bien? —susurra Minako.

—Estoy seguro que sí va a estar bien —comenta el hokage antes de girarse para caminar de regreso a su oficina—. Después de todo es el padre de mis nietos —masculla y Viktor sonríe tan grande que le duelen las mejillas. Minako camina a su lado con una sonrisa también orgullosa.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).