Las damas decentes no iban al East End.

Las damas decentes no descorrían las cortinas de las ventanillas de sus carruajes para mirar hacia la calle cuando pasaban por Shoreditch y Bethnal Green.

La señora Barrington se revolvería en su tumba, pero Thomas… Thomas lo hubiera aprobado.

Sakura notó cómo se le encogía el corazón cuando el carruaje de alquiler pasó ante la pequeña parroquia de Thomas Haruno.

El diminuto edificio parecía quedar

aplastado entre dos moles de ladrillo, pero lograba no perder la dignidad.

Detrás, en el estrecho cementerio de la iglesia, reposaba el cuerpo de Thomas.

Una diminuta losa, la única que Sakura pudo permitirse, indicaba el lugar concreto.

Más allá de la iglesia estaba la vicaría donde ella había pasado un año lleno de esperanzas.

Dos puertas después estaba el local que Thomas había acondicionado,

allí donde los sin techo podían obtener una comida caliente y un lugar en el que guarnecerse de la lluvia.

La diócesis no lo había aprobado, así que Thomas lo había financiado de su propio bolsillo.

Un filántropo había recogido el testigo a su muerte.

Sakura entró en el desvencijado edificio, esperando encontrar allí las respuestas que buscaba.

En el aire flotaba el olor a comida y a cuerpos sin lavar.

Daniel Uchiha la seguía, destacaba por su imponente altura junto a ella y a su doncella.

El larguirucho muchacho era quien más nervioso estaba de los tres.

—¿Estás segura de que deberías estar aquí? —susurró Daniel—. Papá me dará una paliza si se entera de que he permitido que te acerques a una mujer de la calle, y no quiero ni pensar en lo que me hará tío Sasuke.

Una joven con aspecto cansado estaba sentada en una dura silla con las piernas estiradas y las faldas tensas sobre las rodillas.

Cuando entró Sakura, levantó la mirada, parpadeó y se puso en pie con rapidez.

—¡Caray! ¡Si es la señora!

Sakura se acercó a la chica y le cogió las manos.

—Hola, Molly.

Ella sonrió ampliamente con sincero deleite.

Tenía el pelo castaño, la nariz

respingona cubierta de pecas y una sonrisa acogedora.

Olía a tabaco y alcohol, como

siempre, y se podía percibir también en su piel el débil aroma de una colonia masculina.

—¿Qué hace aquí, señora H? He oído decir que se casó con un señoritingo y que ahora vive en un palacio.

—Las noticias vuelan.

—¿Qué suponía? No hay nada más interesante que un poco de chismorreo antes de salir de «ronda».

—Le guiñó el ojo a Daniel—. ¿Me ha traído a este crío para que lo convierta en un hombre?

Daniel se puso rojo como una remolacha.

—¡Cállese la boca!

—Oh, ¿te doy miedo, niñito?

Sakura dio un paso adelante y se interpuso entre ellos.

—Daniel, calladito. Molly, mi sobrino me acompaña para protegerme. Las calles son peligrosas.

—¿De veras? No me diga. ¿Para qué han venido?

—Tengo que preguntarte algo.

Sakura apartó ligeramente a Molly de Daniel y Katie, le puso unas cuantas

monedas en la palma de la mano y comenzó a explicarle el asunto.

—No sé mucho —dijo Molly—. Mucho nivel para mí. Pero sé a quién preguntar. Una de las chicas se casó con uno de sus protectores y ahora disfruta de una posición acomodada. Aunque es un poco pretenciosa, no es mala gente.

Sakura sacó más monedas y le explicó a Molly lo que quería saber.

La chica le escuchó atentamente y luego le guiñó un ojo.

—De acuerdo, señora. —Escondió el dinero dentro del corsé—. Déjemelo a mí.

El tren estaba tardando demasiado tiempo en llegar a Londres.

Sasuke se paseaba de un extremo a otro del pasillo una y otra vez, incapaz de sentarse.

Naruto se arrellanó en una esquina del compartimiento y se dedicó a leer periódicos deportivos, fumando un cigarro tras otro.

Sasuke encontraba empalagoso el humo y se pasó un tiempo considerable en la plataforma trasera con los conductores.

Observó cómo iban dejando atrás la vía, pero la uniformidad de las traviesas y de las regulares curvas del trazado no apaciguó su estado de ánimo.

Cuando entraron por fin en la estación Euston, Sasuke saltó del asiento y se abrió paso bruscamente entre la multitud para alquilar un cabriolé.

Esperó a Naruto y a Curry en el interior del vehículo, cerrando las cortinillas para que no le vieran.

Indicó al conductor la dirección de Belgrave Square, pues supuso que Sakura se había instalado allí.

La casa de la señora Barrington ya había sido su refugio en una

ocasión y a su esposa le gustaba sentirse segura.

La niebla se arremolinaba en las calles de la ciudad, blanca en las plazas más elegantes y sucia en los barrios bajos.

Sasuke se había acostumbrado a los suaves días del verano escocés y la neblina le pareció pesada y agobiante.

Golpeó la puerta principal de la casa con los puños enguantados sin esperar a Curry.

Siguió haciéndolo hasta que un anciano mayordomo abrió la hoja una rendija con un chirriante sonido y le preguntó qué quería.

Él empujó bruscamente para abrirla del todo y entró a grandes zancadas.

—¿Dónde está ella?

El mayordomo retrocedió.

—Fuera. ¿Podría decirme quién lo pregunta?

Naruto atravesó el umbral antes de que el mayordomo pudiera cerrar, seguido de Curry con las maletas.

—Es su marido —explicó Naruto—. ¿Dónde está?

El anciano tuvo que levantar la cabeza para mirarles.

—Le escuché decir que iba al East End. Es una zona peligrosa, milord, donde abundan ladrones y asesinos, y sólo le acompañaba el muchacho.

—¿Daniel? —Naruto soltó una carcajada—. Pobre mujer. Venga, será mejor que vayamos a buscarla.

Sasuke ya había salido de la casa.

Otro cabriolé se detuvo en ese momento detrás del que ellos habían abandonado.

Casi sin dar tiempo a frenar, el largo cuerpo de Daniel abandonó el vehículo.

A su delgado rostro asomó una expresión de desilusión al ver a su tío.

Sasuke le empujó a un lado y metió la cabeza en el carruaje buscando a Sakura.

Escuchó que ella decía algo sobre pagar la tarifa, pero Curry podía ocuparse de eso.

Sacó de allí a su esposa; no le gustó en absoluto cómo la envolvía la niebla.

—Sasuke… —comenzó a decir ella—. ¿Qué van a decir los vecinos?

A él le importaba un bledo lo que dijeran.

Le rodeó la cintura con un brazo y la introdujo en la casa.

La casa de la señora Barrington poseía un sofocante olor a viejo.

El rancio hedor contrastaba con el fresco aroma a lavanda que Sakura emanaba, y pareció como si la

casa quisiera absorber aquel perfume y limpiarse de un pasado lamentable.

—Si lo que pretendes es llevarme a mi dormitorio —señaló Sakura cuando

llegaron al final de la escalera—, quizá deberías preguntarme cuál es.

A Sasuke le daba igual cuál fuera, pero permitió que ella le guiara.

El dormitorio al que ella le llevó era pequeño y sus paredes estaban cubiertas con un horrible papel

con enormes pensamientos.

Había una cama con cuatro postes, un tocador junto a la ventana y una silla de madera.

Las cortinas eran tan tupidas que ocultaban la poca luz de aquel oscuro día londinense.

El siseo de las lámparas de gas y su acre olor a cerrado completaban la sombría escena.

—Esta es la habitación de una criada —gruñó Sasuke.

—Era parte del servicio. Las acompañantes ocupan un puesto intermedio, igual que las institutrices. No son como los lacayos, pero tampoco forman parte de la familia.

Sasuke perdió el hilo de las palabras.

Giró la llave bajo el picaporte de porcelana y se acercó a ella.

—El mayordomo me ha dicho que has ido al East End.

—En efecto. Quería averiguar unas cuantas cosas.

—¿Sobre qué?

—¿Sobre qué crees, mi querido Sasuke? —Sakura se quitó la bufanda de seda que se había puesto para protegerse de la niebla y se sacó los guantes.

—Le enviaste un telegrama a Inuzuka.

Ella se puso roja.

—Sí, es que quería…

—Te dije que no te acercaras a él. No es de confianza.

—Quería enterarme de qué es lo que él sabía. Puede que descubriera algo que tú desconocías.

A Sasuke la furia le supo a polvo.

—Así que le has visto. Te reuniste con él.

—Sí, vino aquí.

—Vino aquí.

—Tú te negaste a contarme nada. ¿Qué podía hacer?

—¿No lo entiendes? Si averiguas demasiado no podré protegerte. Si te enteras de algo, podrías desaparecer; podrían matarte.

—¿Crees de veras que yo podría desaparecer por pensar que Stephenson, el amigo de tu hermano, o su amante, la señora Mei, han matado a…? —tanteó ella,

con expresión de inocencia.

Sasuke nunca había podido leer la expresión de la gente.

Todo el mundo conocía instintivamente las señales de la furia, del miedo, de la felicidad o de la tristeza.

Él no tenía ni idea de por qué alguien reía o lloraba.

Tenía que observarles, estudiar lo que hacían.

Agarró a Sakura por los hombros y la sacudió.

—¿Qué piensas tú? Dímelo. Yo no lo sé.

Ella le observó con los ojos verdes muy abiertos.

—Oh, Sasuke . —En lugar de temer su fuerza, ella le puso las manos suavemente sobre los hombros—. Tú crees que fue Itachi quien lo hizo, ¿verdad?

Sasuke negó con la cabeza.

Cerró los ojos y siguió negando una y otra vez mientras se aferraba a Sakura como si fuera a caerse si no lo hacía.

—No. —La palabra resonó en la estancia, y él la repitió una y otra vez sin cesar.

—Sasuke.

Sasuke se interrumpió con mucho esfuerzo, pero mantuvo los ojos bien cerrados.

—¿Por qué piensas eso? —La voz de

Sakura le envolvía como un arrullo—. Dímelo.

Sasuke abrió los ojos; la angustia de cinco años le ahogaba.

Sally se había jactado de conocer secretos que llevarían a Itachi a la ruina, que le apartarían por completo de la vida pública.

Su hermano amaba la política, aunque sólo Dios podía saber por qué.

En mitad del coito con Sally, ella le había enfurecido tanto al repetir una y otra vez cómo pensaba chantajear a Itachi, que él se retiró, se vistió y salió de la habitación.

Estaba tan furioso que supo que tenía que largarse de allí.

Había recorrido el lugar en busca de whisky, intentando, sin éxito, dar con su hermano mientras intentaba calmarse.

Una vez que fue capaz de volver a pensar de manera coherente, regresó a la habitación de Sally.

—Cuando abrí la puerta, vi a Itachi allí dentro. Estaba con Sally sobre la chaise a los pies de la cama.

Las imágenes inundaron su mente antes de que él pudiera detenerlas, tan nítidas como aquel día.

Itachi estaba con Sally y ella le envolvía con sus extremidades

desnudas.

El suave gemido de placer de la chica se convirtió en uno de miedo.

—Itachi le arrebató un cuchillo… No sé por qué lo tenía. Ella comenzó a insultarle y él lanzó el cuchillo al suelo. Entonces, mi hermano le apretó la garganta hasta que ella se tranquilizó y comenzó a reírse. No, no quiero seguir hablando, no quiero que tú sepas estas cosas.

—Pero… —Sakura frunció el ceño—. Sally no murió estrangulada, ¿verdad? Nadie ha mencionado que tuviera magulladuras en la garganta.

Sasuke negó con la cabeza.

—Itachi… él solía… No, tú no lo comprenderás. Era el dueño de la casa. La señora Mei y las chicas eran suyas.

—No podían ser suyas. Estamos en Inglaterra.

Por alguna razón desconocida, Sasukequiso reírse.

—Le obedecían ciegamente. Querían hacerlo. Para ellas, él era su amo y señor.

Sakura frunció el ceño más profundamente y luego mostró una expresión de sorpresa.

—Oh… —La partícula estaba cargada de significado.

—Fue antes de que se casara, después puso fin a todo. Pero cuando su esposa murió, comenzó de nuevo. Siempre fue muy discreto, pero nosotros lo sabíamos. Estaba triste y lo necesitaba.

—Bueno, la mayoría de la gente se conforma con poner crespones y vestir de luto —bromeó débilmente—. Pero ¿por qué intentó estrangular a Sally Tate?

Sasuke puso la mano sobre la tráquea de Sakura.

—Cuando cortas el paso del aire, el clímax es más intenso, más poderoso. Por eso él apretó las manos hasta que ella sólo pudo gemir guturalmente.

Sakura agrandó los ojos.

—Vaya, qué… interesante.

—Y peligroso. —Sasuke apartó la mano de su cuello—. Itachi sabe hacerlo, sabe en qué momento debe detenerse.

—Eso es todo lo que viste —dijo Sakura muy despacio—. Pero ¿fuiste testigo de cómo la mataba?

—Al verles juntos, los dejé solos. Sabía que si alguien podía disuadir a Sally de hacerle chantaje, ése era Itachi. Se me ocurrió ir a casa, pero me había dejado el reloj en la mesilla y no quería irme sin él. Encontré una jarra de whisky en la sala de abajo y me la bebí mientras esperaba. Un poco más tarde, escuché que Itachi abandonaba la casa, le seguí, pero sólo alcancé a verle subir a un carruaje de alquiler.

Regresé a por el reloj y me encontré a Sally… muerta.

—Oh… —Sakura se quedó callada un rato y se mordisqueó los labios—. ¿Qué te contó Itachi sobre lo ocurrido?

El hecho de que ella todavía estuviera ante él, hablando con toda la

tranquilidad del mundo, como si el tema sólo le intrigara, era un milagro para él.

Sakura no había hecho ningún gesto de repugnancia ni se había desmayado por todo lo que él le había revelado.

Permanecía de pie, como un ancla en el mar embravecido que era su vida.

—Me dijo que había salido del dormitorio en cuanto acabó con Sally y que su ayuda de cámara le ayudó a asearse y a vestirse en otra habitación. Cuando regresó, se encontró a Sally muerta. Entonces bajó corriendo las escaleras y se fue a casa. Explicó que no me había visto en la sala o habría insistido en que me fuera con él. Aseguró que no podía estar allí cuando llegara la policía o su carrera política peligraría. —Sasuke negó con la cabeza—. No lo creo. Itachi no huiría si no la hubiera

matado. Habría puesto la casa patas arriba hasta dar con el culpable.

—Es posible —meditó Sakura en tono firme y calmado—. Si no conociera a Itachi, podría creer que la mató y huyó. Pero le conozco y creo que, si él hubiera decidido matarla, se habría asegurado de que tú estabas lo más lejos posible antes de llevar a cabo una acción tan atroz. Por consiguiente, no puede haber sido Itachi.

—Sé lo que vi.

—Sí. —Sakura se dio la vuelta y se alejó de él pensativa, sin histerias—. Y la policía creería lo mismo que tú, y también el jurado y el juez. Pero no conocen a Itachi. Él jamás te habría puesto en peligro, no dejaría que te arrestaran ni que te devolvieran al sanatorio. No quiere que vuelvas a estar encerrado.

—Porque me necesita. Porque necesita mi maldita memoria.

—No. Porque te quiere.

Su mujer era increíblemente inocente.

Había sido testigo de toda clase de cosas en los barrios bajos de Londres, se había visto desposeída y desesperada, y aún así veía algo bueno en los Uchiha. Increíble.

—Itachi es despiadado —dijo Sasuke—. Te dije que yo no tengo capacidad para amar. Él tampoco, pero no le importa. Hará lo que sea necesario, incluso matar, aunque sea uno de sus hermanos el que tenga que pagar por ello.

Sakura negó con la cabeza; su pelo rosa brillaba bajo la luz.

—Te equivocas.

Sasuke se rio.

—Los Uchiha somos desafortunados en el amor, Sakura. Te lo dije, destruimos todo lo que tocamos.

—Sasuke, en estos cinco años, ¿nunca te has parado a analizar lo ocurrido sinconsiderar que Itachi es el culpable? ¿No has pensado ni una vez que no fue Itachi y en quién podría haber sido?

—Por supuesto que sí —respondió Sasuke con irritación, pasándose la mano por el pelo—. He recordado cada imagen, sopesado cada posibilidad una y otra vez. He imaginado que fue alguno de los otros hombres, que lo hizo la señora Mei o

alguna de las otras cortesanas, y también que podía haber entrado un extraño. Incluso he llegado a pensar que lo hice yo y no podía recordarlo.

—¿Qué me dices sobre Lily Martin? ¿Por qué la ocultaste en Covent Carden?

—Ella miró dentro de la habitación, vio a Itachi con Sally. Me juró que no había visto cómo Itachi la apuñalaba, pero yo fui incapaz de saber si mentía o no. No podía arriesgarme a que hablara con la policía, así que envié a Curry para que la sacara de allí antes de que la interrogaran. Pero no la oculté lo suficientemente bien.

—¿Crees que fue Itachi quien dio con ella y la mató?

—Sí.

Sakura se alejó de él otra vez.

—Bueno, vaya desastre.

—No tiene por qué serlo. Si logramos que Inuzuka mantenga las narices alejadas de todo esto, las cosas seguirán como hasta ahora.

—No, no lo soportarías. —Sakura se plantó ante él—. Te destroza. Y también destroza a Itachi y al resto de la familia. Todo lo que dices suena muy razonable, pero tiene que haber otra explicación. Itachi piensa que lo hiciste tú. Por eso salió de allí buscándote, por eso regresó, para asegurarse de que no estabas allí.

Debió de ser una sorpresa atroz para él darse cuenta de que seguías en el interior del burdel cuando Sally murió.

Sasuke parpadeó y, por un segundo, clavó los ojos en los de ella.

Le encantaban; tan verdes… Podría ahogarse en ellos. Apartó la mirada.

—¿Porque cree que estoy loco? Cree que estoy loco y tú te equivocas.

—¿Por qué todos los Uchiha sois tan condenadamente tercos? El asesino

entró y apuñaló a Sally mientras Itachi estaba con su ayuda de cámara. Puede que creas que Itachi es cruel,

pero te aseguro que existe mucha gente más cruel que él.

Los recuerdos inundaron la mente de Sasuke.

Otros recuerdos que llevaba dos

décadas intentando olvidar.

La imagen de Itachi rodeando el cuello de Sally con las manos se superponía a la de otra pareja.

—Sakura, creo que fue Itachi porque se parece muchísimo a mi padre.

—¿A tu padre, el barbudo? Itachi tiene un aire con él, pero…

Sasuke no la oía.

El terror que había sentido cuando tenía nueve años le inundó de

nuevo.

Recordó con toda nitidez haberse escondido en cuclillas bajo el escritorio en el estudio del duque al oír que entraban sus padres.

Se estaban gritando, como siempre,

y podría ser él quien acabara castigado.

Observó que su madre se abalanzaba sobre su padre, dispuesta a arañarle la cara, y que él le rodeaba el cuello con las manos.

El duque apretó y apretó hasta que

ella quedó laxa.

Su hermosa madre acabó inmóvil en el suelo mientras su marido se cernía sobre ella, con las manos abiertas y la cara pálida por la impresión.

Entonces ocurrió lo más terrible.

Su padre rodeó el escritorio y vio a Sasuke.

Un acuoso terror recorrió todo su cuerpo cuando el duque se abalanzó sobre él y lo cogió por los brazos, sacudiéndole de la misma manera que había sacudido antes a su

madre.

«No vas a decírselo a nadie, ¿has entendido? Resbaló y cayó; eso es lo que sucedió. Tienes que mentir, ¿comprendes?»

Le zarandeó una y otra vez, con más fuerza.

«Maldito seas, ¿por qué no me miras cuando te hablo?»

Le encerró en su cuarto, bajo llave, y a la mañana siguiente le metió en un carruaje hacia Londres, donde le examinó la Comisión que dictaminó que estaba loco.

No fue hasta después de llevar dos semanas en el sanatorio que entendió que no volvería a su casa.

Nunca.

Sakura le enmarcó la cara con las manos.

—¿Sasuke?

—Él la mató —dijo Sasuke —. No quería. Pero se dejó llevar por la furia, como yo.

—¿Estás hablando de Itachi?

Sasuke negó con la cabeza.

—De mi padre. Mató a mi madre. La estranguló con sus propias manos.

Le contó a todo el mundo que tropezó con la alfombra y que murió del golpe al caer. Mis hermanos no lo creyeron, pero no podían preguntarme, ¿verdad? Me habían declarado loco, me habían encerrado, así que nadie me creería si contaba lo que vi

hacer a mi padre.

Sakura le rodeó la cintura con los brazos y apoyó la cabeza en su pecho.

—Oh, Sasuke, ¡cuánto lo siento!

Él la abrazó con fuerza un instante, buscando su calidez.

En lo más profundo de su interior, temía perder el juicio algún día como había hecho su padre.

Estrangular a la mujer que amaba y matarla antes de poder evitarlo.

Sakura confiaba en él; se moriría

si le hacía daño.

Ella alzó la cabeza con las pestañas mojadas de lágrimas y la besó en

la frente.

—Itachi es tan cruel como lo fue mi padre. Pero no se deja llevar por la furia, es muy frío.

—Todavía pienso que te equivocas.

Itachi te envió a Escocia tras la muerte de Sally para protegerte, no para apartarte.

Sasuke lanzó una mirada exasperada al techo antes de tomarla por los hombros y empujarla hacia el lecho.

—Puedo protegerte de Itachi, pero sólo si dejas de hacer preguntas. Olvida High Holborn y no vuelvas a hablar con el inspector Inuzuka. Te utilizará para obtener lo que quiere, y también lo hará Itachi.

Ella le miró con tristeza.

—¿Quieres que me pase el resto de mi vida viéndote sufrir así? ¿Prefieres seguir pensando que tu hermano asesinó a una mujer? ¿No te gustaría saber lo que ocurrió en realidad?

—No.

Observó que a ella se le llenaban los ojos de lágrimas antes de girar la cabeza para evitar su mirada.

—Quiero ayudarte.

—Pues la mejor manera de hacerlo es no volviendo a hablar con Inuzuka otra vez. Y dejar de investigar qué ocurrió. Prométemelo.

Ella permaneció un momento en silencio, luego suspiró.

—La señora Barrington siempre decía que la curiosidad era mi peor defecto.

—Te protegeré. Te lo prometo, Sakura.

—Muy bien —susurró ella—. Haré lo que quieres.

Sasuke se relajó por fin.

Estrechó a Sakura entre sus brazos y la apretó con fuerza.

—Gracias. —La besó en el pelo—. Gracias.

Ella se puso de puntillas para besarle.

Cuando él amoldó sus labios a los de ella, no se le ocurrió pensar que Sakura había claudicado con demasiada facilidad.

La autora del libro es Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimot