Especial 2 – Ruby – Atentado.
Miró de reojo a Weiss.
Podía notar su rostro tenso, siendo este aún más tenso de lo usual. Era de agradecer que esta no fuese tan rígida con ella, ahora incluso podía bromear con ella y burlarse de la actitud que tenía cuando la contrató, y podía quedarse tranquila, Weiss solo soltaba un bufido y desviaba el rostro, siguiendo en lo suyo, a veces le gritaba y le señalaba lo idiota e insoportable que era, pero no lo decía en serio, bueno, en un comienzo sí, pero ahora podía notar una pequeña sonrisa en su rostro.
Pensaba en eso, en esa actitud, y no podía evitar sonreír.
Antes habría temido el ser despedida.
Era su primer trabajo y no quería ser echada de una forma abrupta.
No era el caso, Weiss había cambiado mucho.
Quería pensar que si, que había sido su presencia la que la había suavizado un poco, aunque dudaba que hiciera algo para merecerse dicho logro. Normalmente solo la fastidiaba, pero cada vez la mayor parecía más relajada al ser fastidiada.
Eso era bueno ¿Cierto?
Escuchó un suspiro pesado a su lado, sacándola de sus pensamientos. Si bien siempre se mantenía alerta, Weiss podía estar mucho tiempo inerte y a veces incluso parecía una estatua. Había intentado aprender esa habilidad, pero incluso luego de ese medio año, se le hacía imposible. Al menos estaba más disciplinada gracias a los constantes regaños.
No le dijo nada, solo la miró, y esta, acostumbrada a su mirada insistente, la observó de vuelta.
Ninguna dijo nada.
Podía entenderlo sin necesidad de alguna palabra.
Lo sentía en su estómago.
Por meses creyó que Jacques Schnee era un hombre de negocios común y corriente, pero cuando Weiss le reveló, en un arrebato de ira y con la intención de darle una lección, que el sujeto era una máscara viviente, no le costó unir cables y darse cuenta de que la cicatriz en su rostro fue hecha por ese hombre, y cuando le preguntó, esta solo miró al suelo.
Todo tenía sentido.
Ahora que estaba ahí, donde Jacques había puesto tal peso en los hombros de Weiss, quería pensar que no era una trampa o una excusa para hacerla sentir insignificante, hacerla sentir inútil, incapaz de hacer lo que él hace.
Era solo un discurso, y sabía que la mayor podía hacerlo, de todas formas, cantaba ante multitudes y se jactaba de poder soportar a un público insufrible.
¿Pero porque todo le sabía tan mal?
No lo sabía, pero lo único que podía hacer era asentir y sonreírle, intentando que se distrajera un poco.
Esa situación era molesta por quien la había preparado, no por la situación en sí.
Weiss la miró en silencio, para luego asentir y seguir mirando al frente.
Le hubiese gustado ver esa pequeña sonrisa en los labios de la mujer, pero era mucho pedir.
Le gustaba verla sonreír.
Sonreírle a ella.
¿Por qué estaba así? ¿Por qué se sentía así alrededor de Weiss?
Podía decir que era su amiga, pero…
¿Por qué?
Quizás…
El cartel gigante tras sus cuerpos anunciaba una de las grandes propuestas de la compañía Schnee. Estaban en una plaza concurrida, sobre un escenario que fue armado para la ocasión, y se encontraban cerca del municipio de la ciudad, así que había varias personas importantes, como el alcalde y los concejales. Podía escuchar al equipo de seguridad en su oído, confirmando sus posiciones.
El alcalde comenzó a hablar, y todos parecían atentos, al menos los que estaban ahí de antemano. Los transeúntes detenían su caminar para descubrir que ocurría, que era todo eso, y luego seguían su camino y algunos otros se acercaban, interesados.
No había brisa alguna, los arboles silenciosos. Solo podía escuchar la voz del hombre por los altavoces y el eco que dejaba alrededor, así como también el murmullo general del público. Pájaros cantando, niños jugando, personas vendiendo sus productos u ofreciendo algún servicio, y autos pasando en las calles laterales.
Era un día cualquiera en una plaza cualquiera.
Weiss subió los escalones y se dirigió al centro del escenario.
La siguió, manteniendo la distancia suficiente, sin dejar de mirar a nadie a su alrededor. Nunca imaginó que sería un guardaespaldas, pero gracias a su madre sabía suficiente para desenvolverse en eso. Y en realidad agradecía que su pánico social fuese disminuyendo, sin embargo, el estar ahí frente a la vista de tantas personas, le seguía dando temblores en el estómago, enfatizando los que ya tenía de antemano.
Respiró profundamente, la misma secuencia de sonidos en sus oídos, solo que ahora era la voz de Weiss y el eco de esta en los grandes parlantes.
No, no era igual. ¿Por qué tenía la sensación de que algo estaba mal?
El primer disparo le dio la razón.
No vio al perpetrador, no estaba ni en el público ni era un transeúnte. Podía estar oculto en la distancia, sobre los edificios, pero juzgando que la bala chocó con el escenario, en el espacio de metros entre ella y Weiss, asumió que el edificio estaba muy lejano o era un tirador muy malo. La otra opción era que iba en un vehículo por la poca prolijidad del tiro.
Un terrorista no perdería la oportunidad de dispararle a Weiss Schnee o al alcalde ahí presente si tuviese un tiro limpio.
"¡Arrójense al suelo!"
Alcanzó a gritar para calmar el pánico bajo el escenario, donde la gente gritaba, los niños lloraban, y donde las sillas ahí dispuestas eran movidas de un lado a otro ante los movimientos temerosos y entorpecidos de los espectadores.
Vio como dos guardias de seguridad miraban de un lado a otro, intentando buscar al que disparó, pero era imposible que este estuviese a la vista, así que apretó el botón de su intercomunicador, con la esperanza que le hicieran caso y salieran de su letargo.
"Resguarden al alcalde y a los concejales."
Ella misma se acercó a Weiss, asegurándose que estuviese bien. Había un podio donde estaba el micrófono, y detrás de este estaba ella escondida. Podía notar sus manos temblar y notó el pánico en sus ojos. Aun se veía el agujero que dejó la bala en las tablas del escenario, y sabía que esta había notado que el proyectil se dirigía hacia ella.
Ya tenía su revolver en la mano, e intentaba mirar si es que había alguien más con un arma, y ahí, entre la multitud que corría de un lado a otro, lo vio.
En ese instante, sus miradas se cruzaron, y notó la punta del arma apuntando directamente a su cara. Volvió a ocultarse detrás del podio y escuchó claramente la bala pasar por su oído.
Logró ocultarse a tiempo.
No era la misma arma, así que no era el mismo tirador, y este claramente tenía buena puntería.
Señaló la posición del sujeto al equipo, y ahora fueron más disparos los que decoraban el ambiente, así como los gritos desesperados de los civiles presentes, todos corriendo intentando salvar sus vidas.
Podía escuchar la respiración acelerada de Weiss, descontrolada, temerosa.
Iba a decirle algo, iba a poner su mano en su hombro, iba a hacer lo que fuese necesario para calmarla, para tranquilizarla…
Pero justo en ese instante notó de reojo como alguien subió al escenario de un salto.
Sea quien sea que haya sido ese sujeto, debió de tener entrenamientos de combate, o no habría sido capaz de desarmarla con la facilidad que lo hizo. Notó el ardor en su mano ante el golpe rápido que le llegó, forzándola a soltar su revolver. Luego vio como el sujeto levantaba su mano, con su propia arma, y se preparaba para disparar.
Ella también había tenido duros entrenamientos.
No pudo hacer que soltase el arma, pero logró evitar que el disparo le llegase a Weiss, o a su persona. Este hizo un segundo intento por disparar, y nuevamente lo evitó, prácticamente colgándose de su antebrazo.
Debía proteger a Weiss.
Ser baja no era un problema.
Dio un salto, golpeando al hombre en la quijada, haciendo que este diera un paso en falso, luego se dio otro impulso, empujándolo, mientras que golpeaba la muñeca del sujeto con el codo. La pistola cayó al suelo, y antes de que este pudiese reponerse e ir a buscarla, se movió con rapidez y pateó el arma lejos de su alcance.
Agradecía a su hermana y sus enseñanzas en combate cuerpo a cuerpo, porque lo suyo eran las armas y no podía depender de ellas todo el tiempo.
Luego fueron forcejeos intensos.
Weiss.
Supo que estaba bajo el escenario cuando su nuca chocó con el frio de una de las sillas, la cual estaba destruida en el suelo. Se encontraba en el pavimento, el atacante sobre ella, luego cambiaron de lugares, una y otra vez, luego volvió a sentir el frio de la silla ardiendo en su cabeza. Podía sentir el dolor esporádico en su cráneo, en su rostro incluso, ante aquellos golpes que habían acertado, pero la adrenalina la mantenía con energías e impedía que su cuerpo se quejara.
Ya no sabía que pasaba a su alrededor.
Hablaba con los de seguridad mientras intentaba mantener al sujeto a raya, y estos estaban teniendo sus propios problemas.
Pudo reconocer el brillo de su propio revolver por el rabillo del ojo, lejos pero tan cerca a la vez.
Mantenerlo a raya no era su único objetivo.
Weiss.
Logró llevar sus pies al torso del hombre, el cual estaba arrojando todo su peso sobre ella. Fue difícil darse el impulso, pero no dudó en hacerlo. Aun había disparos, aun había tiradores, aun había terroristas, aun había pánico, no podía quedarse ahí todo el día.
Logró sacárselo de encima y sin dudarlo tomó el trozo de silla de su nuca y golpeó al hombre en la cara.
Este cayó al suelo, a su lado, sujetándose el rostro con ambas manos. Podía notar sangre por doquier. Se levantó rápidamente y tomó su arma. Apuntó al hombre, y le dio un disparo certero en la rodilla.
Weiss.
Escuchó los gritos desesperados del sujeto, pero su oído entrenado pudo escuchar el pasar de la bala a solo unos metros. Un sonido minúsculo, pero estaba tan familiarizada con aquellos sonidos, que pudo detectar de inmediato que no eran las armas de servicio que usaban los de seguridad, por ende, era un atacante, no un aliado.
Le bastó una mirada.
Le bastó una milésima de segundo.
Lo miró, lo detectó, y antes de que este pudiese ejecutar su tiro, le disparó en la mano con su revólver, haciendo que este gritase y soltase de inmediato su arma, lanzándola lejos. Se aseguró disparándole en la rodilla, como al primer sujeto, evitando que así pudiese levantarse, el dolor dejándolo inconsciente.
Weiss.
Miró al escenario, sintiendo el pánico subir por su cuerpo, tomando el lugar de toda la adrenalina. Pidió información relevante, mientras avisaba de los dos sujetos caídos.
Subió al escenario.
¿Por qué nadie le dijo? ¿Por qué nadie vio nada?
¿Por qué no estuvo ahí?
Se tiró al suelo de inmediato, sintiendo el ardor en su rostro y en su pecho.
¿Por qué no la salvó?
No fue suficiente.
No fui suficiente.
Puso sus manos en el abdomen de Weiss, sintiendo la humedad en su vestido elegante. El rojo rápidamente tiñendo la tela y sus manos.
Una ambulancia, gritó nuevamente, rogando que el equipo hiciera algo. No podía detenerse a llamar, no podía dejar de hacer presión, no podía alejarse de ella, no de nuevo. La dejó sola un momento y eso ocurrió.
Pudo notar sus ojos celestes, opacos, agotados, húmedos. El pánico que antes había ya no estaba, había desaparecido. ¿Era eso resignación? No. Negó. No podía ser eso. No quería pensar que era eso. No iba a permitirlo.
Weiss era…
Weiss no podía rendirse.
Se acercó más a su rostro inerte, intentando que sus ojos la observaran, que dejaran de mirar la nada con ese dejo lúgubre.
"Weiss, mirame, tú puedes con esto."
Esta movió su rostro, lentamente, los ojos de ambas haciendo contacto.
Sentía el rostro arder, ya no sabía si era por los golpes que parecía tener en algún lugar de su cabeza o las lágrimas que parecían brotar de la nada.
El solo pensar en la muerte, acechando a alguien más, a alguien cercano, la lastimaba como nada más en el mundo. No quería que nadie más muriera, no si podía evitarlo.
"No fui suficientemente buena, lo siento, te fallé, Weiss."
No quería perderla.
Dios.
No.
No de nuevo.
No quería perder a nadie más.
No quería perderla a ella.
¿Y si la perdía?
Notó una leve sonrisa en el rostro de la mayor, su piel clara tornándose aún más pálida con cada segundo, su rostro decayendo, sus cejas fruncidas ante el dolor que debía de estar experimentando. Sus manos lograban detener el sangrado, pero no era suficiente. Necesitaba una maldita ambulancia, ahora.
Los paramédicos vienen en camino, escuchó en su oído, siendo uno de los guardias el que dio el aviso. Se alegró con la noticia, pero ver a Weiss sumirse en el dolor y en la resignación, perdiendo esperanzas, era suficiente para que el miedo de una posible pérdida se intensificara en su pecho.
"Weiss, por favor, resiste."
Estaba rogando. Estaba desesperada. Si cerraba sus ojos, todo se acabaría. Si no hacía algo, todo se acabaría.
Weiss pensaba que a nadie le importaba, que estaba sola, que ni siquiera su familia la quería, que vivir así no era suficiente para luchar por su existencia.
Pero Weiss Schnee no estaba sola, no más.
Tal vez era su jefa, tal vez era su amiga, pero los sentimientos que tenía hacia ella no hacían más que crecer. Porque si, ahora que estaba ahí, ahora que la veía en el borde entre la vida y la muerte, no podía tener el panorama más claro. Le gustaba. Le gustaba mucho. Le gustaba lo suficiente para sacrificar su vida por la de ella.
Debía decírselo.
Debía demostrárselo.
Así que solo la besó, desesperación en cada célula de su cuerpo. Sintió la sangre ajena en su boca, mezclada con lo salino de sus lágrimas, las de ambas. Pero no importaba. Necesitaba hacer eso. Lo necesitaba. Quería tener la esperanza de que su amor, de que sus sentimientos, serían suficientes para anclar a la mayor al mundo de los vivos. Le rogaba a Dios de que la mantuviese ahí. Que no se la llevaran.
Que no fuese como cuando se llevó a su madre o cuando se llevó la luz de su hermana.
No te la lleves.
Por favor.
Cuando se levantó, notó sorpresa en los ojos celestes, notó vida en su rostro. Tal vez había quedado en shock, o estaba asqueada, o molesta, o lo que fuese, pero verla teniendo una expresión viva fue suficiente para que las lágrimas salieran con más fuerza, pero esta vez con alivio. Ya podía oír las sirenas alrededor. Ya estaba todo bien. Todo iba a estar bien.
Un paramédico llegó a su lado, rápido, analizando la herida, ejerciendo presión mientras otro traía la camilla. Sabía lo que hacían, pero tampoco los miraba. No podía quitar la vista de la mujer, aun sintiendo el miedo en su garganta. La tomó del rostro, notando como esta se quejaba del dolor que sentía mientras intentaban tratar su herida y detener la hemorragia. Intentó que el tacto la desconcentrase del dolor, y al parecer fue útil.
Le sonrió una vez más, mientras acariciaba sus mejillas con sus pulgares, sin importar demasiado la sangre aun cálida en su piel, ahora en la de ambas.
"Estarás bien, Weiss. Solo quedate conmigo."
Yo no me alejaré nunca más de ti.
Bueno, sé que todos querían saber que ocurrió en aquel atentado, y sí, aquí está. Finalmente. Entre tantos disparos, entre tanto caos, era fácil de que alguien pudiese acertar un disparo directo. Pero Weiss está bien, quedémonos tranquilos. La bala salió. Todo esta bien.
Sufro tanto, aunque soy yo quien hizo esta maldad.
Espero lo hayan disfrutado y se haya aclarado algo el panorama.
Por cierto, hablando del Whiterose, se me ocurrió una idea de historia, con Weiss dragona y Ruby cazadora, así que estaré publicando en mi Instagram todo lo que se me ocurra.
Nos leemos pronto.
