NA: Perdón por la espera, señoras :3 Querría haber actualizado hace unos días pero sufrí un percance inesperado y no he podido volver a escribir hasta hoy.
Este capítulo es merecidamente dedicado a las lindas de Paola Hernández y Margot Berrocal por tan bonitas palabras que le dedicaron a este fic hace escasos días. Soy feliz de haber podido llegar a vuestros corazones con la historia de estos dos. Gracias por el amor incondicional :D
Capítulo 38: The wedding.
Cuando Hermione despertó necesitó de un momento para empezar a ser vagamente consciente de que Draco la estaba mirando.
Se estiró un poco, apartó los mechones de cabello que cubrían su rostro y se incorporó lentamente en la cama. Su vista estuvo fija en la sábana hasta que encontró la valentía para mirarlo a él. Una parte de su ser deseaba con todas sus fuerzas que lo ocurrido la noche anterior solo hubiera sido un mal sueño. Uno horrible y muy vívido, pero solo un sueño.
—Draco…
—Espera, antes de que digas nada más… Yo también te quiero.
Aquellas palabras fueron para Hermione una mezcla de sentimientos muy dispares. Por un lado felicidad, por otro, pena. Felicidad porque la seguía queriendo, pena porque lo de anoche había sido real; Cuando ella se lo había dicho antes, cuando él no había respondido.
Alzó una mano para acariciar su mejilla. Sus dedos se enredaron en su pelo rubio y se quedaron allí.
—Era todo lo que necesitaba escuchar —dijo con suavidad.
—También mereces escuchar una disculpa —terció él. Parecía arrepentido.
—No hace falta, de verdad.
—Sí, sí hace falta. —La rudeza de su voz solo se vio suavizada cuando la miró a los ojos y añadió—: Te hice llorar.
—He estado algo sensible estos días.
—Por favor, no hagas eso —le rogó, tomando la mano que acariciaba su cabello y encerrándola entre las suyas.
—¿Hacer qué?
—Quitarle importancia. Todo lo que te afecte negativamente es importante para mí.
—Draco, escucha —lo interrumpió con sutileza—. Eres humano, también tienes derecho a sentir dudas de vez en cuando.
—¿Dudas?
Hermione torció un poco el gesto.
—Sí, ya sabes. Tu ex está a punto de casarse, y…
Ahora Draco parecía contrariado.
—¿Piensas que tengo dudas con Astoria? —preguntó, confuso—. ¿Crees que lo que me pasaba anoche era que no podía elegir entre tú y ella? —Hermione no dijo nada, pero su silencio otorgó lo suficiente—. Vaya…
—Sinceramente, ¿qué querías que pensara? O mejor, ¿qué estabas pensando tú?
Draco no intentó ocultar el dolor en sus ojos cuando negó con la cabeza y la miró con tristeza.
—Pensaba en la manera en la que puede cambiar la vida en un segundo. No sé, me sentí nostálgico de repente. Hoy se casa Astoria y no voy a ser yo quien la esté esperando en el altar, aunque un día tuve la certeza de que así sería. Tienes razón, he estado pensando en eso, pero también en muchas otras cosas. Pienso en ti, en el momento en el que tú y yo nos casemos y en las sillas vacías de las personas que falten. Pienso en que ya no tengo cerca a mi primo, y también pienso en la familia con la que no tengo relación. Pienso en el accidente y sigo estremeciéndome por las posibilidades que tuve de morir o quedar en una silla de ruedas para siempre. —Hizo una breve pausa—. Cuando dijiste que me querías… me bloqueé. No soy una persona insegura, ya lo sabes, pero en ese momento no pude evitar preguntarme si tú también te convertirás en un recuerdo algún día, si de aquí a un tiempo será otro hombre el que espere por ti frente a un altar.
—¿Por qué piensas esas cosas? —Hermione se veía seriamente disgustada.
—Porque sé de buena mano que, por muy bueno que sea el amor, a veces termina acabándose… como todo lo bueno en la vida —confesó—. Sabes que hoy me quieres, pero no puedes estar segura de cuáles serán tus sentimientos en el futuro.
—No te atrevas a afirmar algo así delante de mí —contestó ella con rudeza, luego negó enérgicamente con la cabeza y se acercó aún más a él—. No me hace falta tener visiones del futuro para saber que mis sentimientos hacia ti son verdaderos.
Draco la abrazó mientras buscaba su mirada.
—Me alegro, porque esto es lo más puro que he tenido nunca.
—Bien, pues si ambos estamos de acuerdo en que todo esto ha sido un malentendido… solo quiero pedirte algo antes de zanjar el asunto.
—Lo que quieras.
—No vuelvas a dudar de mis sentimientos, ¿de acuerdo? Es casi insultante —terció, presionando un dedo sobre su pecho—. Desde que te conozco solo sé con certeza una cosa, y es que voy a amarte hasta que muera.
Draco levantó las manos, rindiéndose a su amenaza.
—Nunca más. Ahora ven aquí. —Pasó un brazo por sus hombros y la obligó a tumbarse a su lado. Hermione miró torpemente la pared del fondo para ver la hora que marcaba el reloj.
—La boda es en menos de dos horas.
—¿Y?
La chica abrió mucho los ojos, casi sorprendida.
—¡Que tenemos que arreglarnos! ¿Has comprobado que tu traje no tenga arrugas de la maleta? Tienes que ducharte, y yo también. Y luego necesito peinar esto —dijo, señalando la maraña de pelo sobre su cabeza—. He traído algo de maquillaje, pero todavía no sé cómo quiero usarlo. ¿Será muy atrevido usar un labial rojo? ¿O quizás debería ponerme algo más sutil? ¿Las sombras de ojos marrones son elegantes para este tipo de eventos? Quiero maquillarme, pero tampoco quiero llamar demasiado la atención. ¿Tiene sentido? Además, tenemos que darnos prisa si no queremos que se nos pase la hora del desayuno.
—¿El desayuno?
Hermione estuvo a punto de responder, pero la picardía en su sonrisa le mostró la intención subyacente en sus palabras.
—Oh, no…
Las yemas de aquellos dedos paseándose por su bajo vientre y dejándole el vello de punta allí por donde tocaban hicieron que cambiara la palabra "no" por su contraria. Una vez. Dos. Tres. La almohada en el suelo, su frente contra el cabecero. La piel desnuda y las sábanas ardiendo. Besos en el pecho, mordiscos en el cuello. La cama crujió en consecuencia de la fogosidad que desprendían sus cuerpos. Hermione gimió, y luego sonrió. Sí, algo tenían las habitaciones de hotel. Y mucho había pasado desde aquel primer hotel en Londres, cuando, aun sin conocerlo, se lanzó a vivir aventuras a su lado. En sus brazos. Suspiró. Ahora la abrazaba, y mientras movía las caderas entre sus piernas, se aferraba a ella como si la necesitara, como si realmente siguiera temiendo que llegara el día en el que dejara de quererlo.
Quiso resoplar.
Como si eso pudiera llegar a pasar.
—Te amo —le susurró al oído como si hubiera podido escuchar sus pensamientos. Hermione se relajó al instante.
—Te amo más.
El clímax, un desayuno perdido, muchas prisas y las agujas del reloj moviéndose a una velocidad vertiginosa. Al final, los labios rojos y un recogido algo despeinado sobre la nuca. Él, algo tenso en su traje perfecto e impoluto.
Parecieron ser los últimos invitados en llegar a la playa donde tendría lugar el enlace. Habían instalado un suelo de madera sobre la arena, por lo que las sillas y el altar estaban perfectamente alineados. Hermione miró los tacones en sus pies y agradeció inmensamente a quien hubiera tenido aquella fantástica idea.
El novio ya esperaba de pie, varias filas de asientos más hacia el mar, la llegada de su prometida. Hermione entrecerraba un poco los ojos para verlo en la distancia cuando Draco la arrastró hacia unas sillas vacías en la última línea. No parecía interesado en ver la cara del hombre, ni siquiera parecía mínimamente curioso al respecto. Asistir a aquel evento era algo que debía hacer por sí mismo y su relación actual, pero realmente no tenía demasiadas ganas de estar allí, y Hermione podía notarlo.
—Solo serán unas horas —le recordó en voz baja. Era precisamente lo que llevaba diciéndose a sí misma desde que salieron del hotel.
Una música empezó a sonar por los altavoces que habían sido estratégicamente colocados para que no desentonaran con la estética del lugar, y todos los invitados se giraron para dar la bienvenida a la novia.
Hermione no sabía en qué momento había pasado todo tan rápido, pero Astoria ya caminaba por la larga alfombra roja que separaba las hileras de asientos en dirección al altar. Con un vestido de novia estilo sirena, escotado, ajustado a su cuerpo y lleno de pedrería, estaba tan hermosa que Hermione quiso llorar. ¿De qué habían servido las horquillas en su pelo, su maquillaje y los tacones? Por un momento, solo por un instante, se sintió insignificante a su lado. Luego, cuando la mujer ni siquiera se percató de la presencia de Draco porque mantenía la vista fija en su futuro marido, lo entendió todo. Recordó que aquella no era una competición entre mujeres. No había ninguna lucha que ganar. Ambas tenían la suerte de estar con las personas a quien amaban, y siendo sinceros ya eran todos demasiado mayorcitos para ese tipo de rivalidades tan triviales. Además, esa era su boda, y se suponía que en las bodas la novia debía ser la total y absoluta protagonista. Lo era. Y estaba hermosa.
Decidió no mirar a Draco durante la ceremonia, ya que no quería hacerle sentir incómodo o presionado de alguna forma. No quería que pensara que debía mantenerse impasible durante el enlace de su exnovia. Quería dejar que su rostro expresara lo que sentía sin miedo, sin limitaciones.
—Y si alguna vez te preguntas si te quiero… Ya te amaba incluso antes de conocerte. —Astoria concluyó sus votos y, sin que nadie pudiera verlo venir, su prometido tomó su rostro entre las manos y la besó efusivamente. El público suspiró de ternura mientras que el sacerdote frente a ellos puso mala cara.
—Solo por si nunca habéis asistido a una boda… el beso siempre va después de los "sí, quiero" —los reprendió.
—Creo que queda claro que ambos queremos —bromeó Astoria. La gente se echó a reír, uniéndose también los novios a la vez que mostraban una complicidad envidiable. Hermione no pudo evitar sonreírse.
—De igual manera, no podré firmar el acta si no respondéis por separado. —Pudo apreciarse cómo la novia rodaba un poco los ojos hacia los invitados, provocando alguna que otra risa más—. Marcus Flint, ¿aceptas a esta mujer como tu legítima esposa, prometiendo amarla, honrarla y cuidarla, y no separarte de ella mientras los dos viváis?
—Sí, acepto.
—Astoria Greengrass, ¿aceptas a este hombre como tu esposo, en la riqueza o en la pobreza, en la salud o en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?
—Sí, acepto.
Una marea de aplausos inundó el lugar, mezclándose con las risas de los novios y el sonido de las olas al romper en la orilla. Hermione se sorprendió gratamente cuando descubrió que Draco también aplaudía, e inmediatamente después alzó la mirada para toparse con una expresión totalmente relajada en su rostro. Ya no había estrés, angustia o tirantez. Parecía como si el "sí, quiero" de los novios hubiera puesto el ansiado punto y final a la historia que ya llevaba tantos años concluida. Hermione lo abrazó con fuerza y él hundió la mejilla en su coronilla. Draco había estado en lo cierto todo el tiempo. Contra todo pronóstico, también contra sus propios presentimientos, asistir a aquella boda había supuesto alivio y calma para ambos.
Ahora sabía que no debió haberse preocupado tanto cuando apenas había motivos, y los pocos que había no se sustentaban en la lógica. Era mejor así, todos contentos.
Seguían abrazados cuando los novios recorrieron el pasillo de vuelta y los ojos de Astoria se posaron en ellos un segundo. Su felicidad era tan inmensa que no se vio alterada por su presencia, aunque pareció… pareció ligeramente sorprendida.
Cuando Hermione quiso darse cuenta, Draco se había separado de su lado y saludaba a una mujer de cabellos grises y porte distinguido. Dudó entre si debía acercarse o no, pero no tuvo que pensarlo demasiado porque él se giró y le hizo un gesto para que se acercara. La chica tomó un largo suspiro y caminó hacia ellos con los nervios a flor de piel. Podía imaginarse quién era esa señora, y lo cierto era que cuanto más se acercaba, más sentido cobraban sus suposiciones. Draco la recibió rodeando su cintura con el brazo.
—Amanda, ella es Hermione, mi novia. Hermione, ella es Amanda, la madre de Astoria.
—Es un placer conocerla —casi titubeó mientras extendía una mano hacia la elegante y hermosa mujer—. Ha sido un enlace hermoso.
Amanda sonrió con calidez y estrechó su mano con firmeza.
—Sí, tratándose de Astoria no podía ser de otra manera. Gracias, eres muy amable. —Rió suavemente. Luego les dio algunas indicaciones para llegar al lugar donde se celebraría el convite, siendo que llevaban directas al hotel donde se alojaban. Ninguno de los dos lo comentó en voz alta—. En fin, queridos, siento estar dispersa. Debo irme a atender mis responsabilidades como madre de la novia. Me alegro mucho de volver a verte, Draco. Pareces una persona totalmente diferente desde… bueno, ya sabes —dijo, volviéndose entonces hacia Hermione—. Vosotros dos os veis bien juntos.
Le guiñó un ojo a la chica, se dio la vuelta y se alejó. Hermione pensó que había sido una buena decisión no mencionar la ruptura con su hija, no cuando se estaba celebrando su enlace con otro hombre.
—Qué agradable —comentó cuando se hubo alejado lo suficiente.
—Lo es —coincidió él—. En realidad toda su familia es encantadora. El problema son sus amigos.
—¿No te llevas bien con ellos?
—Quería hacerlo en su momento, pero nunca me aceptaron en el grupo —reveló, aunque no pareció darle importancia—. Tus amigos son diferentes, es fácil llevarse bien con ellos.
—Bueno, las piezas siempre terminan encajando cuando están en el lugar indicado.
Se sonrieron mutuamente y se dispusieron a volver al hotel, siguiendo a la marea de gente para llegar al salón de celebraciones, que se situaba junto a un jardín privado decorado para la ocasión. Supuso que la fiesta se desplazaría hasta allí una vez que el postre se hubiera servido a los comensales. Aquel pensamiento hizo que sus tripas sonaran más escandalosas de lo que le hubiera gustado admitir. Haberse perdido el desayuno por la mañana tenía parte de la culpa, pero no era como si fuera a quejarse por ello.
—¡Draco! —Una mujer se lanzó al cuello de su novio sin importarle en absoluto que caminaran dados de la mano. Le dio un largo abrazo y, luego de separarse y ponerse un mechón tras la oreja, añadió—: ¡Wow, mírate! ¡Pareces un hombre nuevo! —Cuando finalmente reparó en Hermione, echó una fugaz mirada de soslayo a sus manos entrelazadas—. Oh, ya veo. Bueno, ¿a qué esperas? ¿Es que no piensas presentarnos?
Sorprendentemente Draco se rió y le pellizcó el brazo bien fuerte, pero antes de que pudiera quejarse o devolverle el gesto, se apresuró a decir:
—Daphne, te presento a mi novia, Hermie. Hermie, ella es Daphne, la hermana de Astoria.
—Hermione —apuntó, luego hizo el amago de extender una mano, pero ella se adelantó dándole un abrazo. Justo después le dio unas bruscas palmaditas en el hombro.
—Buen trabajo si has sido la que ha conseguido que se vea así de buenorro —dijo sin reparos. Hermione tuvo que esforzarse por no arquear una ceja en respuesta—. Aunque claro, solo estoy hablando de su presencia, siempre supimos que realmente era un buen hombre. Me lo hubiera quedado yo cuando ellos rompieron, pero por desgracia para él me van más otros… órganos reproductores. Lo siento, tío.
—Lo sé, una pena —bromeó el aludido.
—Bueno, debo seguir saludando a los invitados. En la puerta de la sala hay un tablón, podéis saber qué mesa os han asignado buscando vuestros nombres. ¡Pasadlo bien!
Hermione miró por encima de su hombro para verla alejarse, luego Draco tiró de ella para salvar la distancia que los separaba del lugar del banquete.
—Vamos, me muero de hambre.
No podía estar más de acuerdo. La pareja recorrió el largo pasillo y se posicionó tras un grupo de personas que cuchicheaban cosas frente al tablón con los nombres que Daphne acababa de mencionar. Las alarmas de Hermione saltaron estrepitosamente cuando escuchó claramente cómo decían sus nombres entre los murmullos.
—Creí que bromeaba cuando dijo que invitaría a Draco —dijo una de las mujeres.
—Lo sé, ¿verdad? ¿Quién invita a un ex a su boda con otro hombre?
—Lo que yo no puedo creer es que lo hayan puesto en la misma mesa que Vincent… ¡Después de todo lo que pasó! ¿Es que se ha vuelto loca?
—¿Y quién es esta tal… Jeirmiani? ¿Jirmaion?
Draco pareció tensarse tanto que tuvo que mover un poco los hombros para relajarlos. Apretó su mano con fuerza y carraspeó alto para hacerse escuchar.
—Es Hermione —casi espetó—. Hola, qué bueno volver a veros.
Los ojos de la chica iban de su novio al grupo de personas que lo miraban boquiabiertos, y viceversa. Al contrario de lo que decían sus palabras, y en contraste con los anteriores encuentros, Draco no parecía nada feliz de encontrarse con aquella gente. Hermione apretó un poco los labios al suponer que se trataba de los amigos de su ex. La tensión podía cortarse con las uñas en ese momento. Finalmente, una de las mujeres recobró la compostura y puso una sonrisa forzada en sus labios.
—¡Draco! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?
—Ella es Hermione, mi novia —dijo, evadiendo su pregunta a propósito—. Hermione, ellos son Millicent, Tracey, Susan, Dean y Gregory.
—Un placer.
La tal Tracey la miró de arriba abajo con ojos de víbora. Draco dio un paso al frente, interponiéndose parcialmente.
—¿Me permitís? Quisiera saber el número de nuestra mesa.
—La trece —respondió Millicent, la mujer que había intervenido antes—. Estamos todos juntos.
Hermione sintió un escalofrío recorrer su espalda tan fuerte que no pudo evitar estremecerse. No es que fuera demasiado supersticiosa, pero… ¿sería una señal el hecho de que los hubieran puesto en la mesa número trece?
—Estupendo —espetó su novio, volviendo a tirar de su mano para entrar en la sala y perderlos de vista.
Buscaron la mesa en cuestión, se dirigieron hacia allí y se sentaron juntos. Hermione colocó su bolso en el respaldo de la silla y se arrimó a la mesa. Desde donde estaban podían ver al grupo de amigos que se había quedado cuchicheando en la entrada. Hermione miró a Draco y, después de advertir la manera tan negativa en que le había afectado aquel reencuentro, decidió actuar y ser el apoyo que él necesitaba en esos momentos.
—¿Sabes? Si no te conociera diría que te has comportado como un insolente ahí fuera. Como un idiota, incluso. Pero como te conozco diré que realmente debieron haber sido unos capullos contigo. —Su falta de respuesta solo la animó a reafirmar sus pensamientos—. Sé que tú no eres así, ¿de acuerdo? No te sientas mal por no estar bien, sobre todo cuando se trata de estar rodeado de personas que no fueron agradables contigo en el pasado.
—Tú lo has dicho: "Pasado". Ellos están en el pasado, ya no importan.
—No, no importan, pero parece que aún tienen el poder de influir en tu estado ánimo. No lo permitas —le pidió. Luego se acercó lo suficiente como para hablarle al oído—. Seguramente la gente salga fuera a seguir con la fiesta una vez que se terminen el postre. Aprovecharemos entonces para escabullirnos y volveremos a la habitación. Seguramente nadie nos eche de menos si nos vamos los primeros. ¿Te parece un buen plan?
Draco besó su frente, tomó su mano y volvió a besar sus nudillos de manera caballerosa.
—El plan siempre será bueno si estoy contigo.
—¿Incluso aunque se estén acercando? —susurró Hermione, quien veía por el rabillo del ojo cómo los amigos habían decidido dejar de juzgarlos y tomar asiento en la misma mesa.
Draco tomó una profunda respiración antes de contestar.
—Hermie, eres el motivo por el que un momento pasa de ser "absolutamente desastroso" a convertirse en un "completamente soportable". Consigues eso solo con tu presencia.
—Entonces no me separaré de ti nunca.
—¿Eso es una promesa?
—Más bien un juramento —apuntó.
Draco encajó la palma de su mano en su mejilla. Ambos ansiaban un beso en ese momento, pero…
—Disculpad, ¿interrumpimos algo? —dijo Tracey con tono altivo.
Hermione puso su mejor sonrisa para mirarla a la cara.
—No, por supuesto que no. —Tenían que compartir al menos un par de horas todos juntos, ¿no era lo más sensato tratar de llevarse bien mientras durara? Luego podían irse todos a la mierda, o a dondequiera que fueran con esa arrogante actitud. Hermione señaló el pequeño papel que había en el centro de la mesa—. Curioso número, ¿verdad? Tenía entendido que se evitaba en las bodas, ya sabéis, por el tema de la mala suerte y eso.
—¿Eres supersticiosa? —preguntó Millicent mientras arqueaba una ceja.
—En realidad no, pero... ¿por qué tentar a la suerte? —Hizo su mejor intento por fingir una sonrisa y luego miró la silla vacía que quedaba al otro lado de Draco—. ¿Quién falta?
Los presentes se miraron entre ellos, llenando el ambiente de una incomodidad repentina que Hermione no alcanzaba a entender.
—Ese es el lugar de Vincent —dijo Susan.
—¿Me nombrabais? —Justo en ese momento, un sonriente hombre apareció en escena y ocupó el lugar libre. La sonrisa se esfumó velozmente de su cara tan pronto como se percató de la presencia de Draco a su lado. El hombre llamado Gregory intervino para intentar destensar el ambiente.
—Bueno, ¿y qué os ha parecido la ceremonia? El lugar era hermoso, ¿cierto? Pero el sacerdote me ha resultado algo arrogante.
—Hay quien ha estado en sitios peores —respondió el recién llegado casi a regañadientes, luego alzó las cejas en un gesto altivo y se echó hacia atrás en la silla—. Y seguro que con peores compañías que un cura idiota.
Hermione notó cómo la mandíbula de Draco se tensaba sobre la vena que acababa de sobresalir en su cuello. Millicent, quien se había estado sirviendo vino mientras su amigo hablaba, bebió tan rápido que apenas quedó algo cuando volvió a dejar la copa en la mesa.
—Está claro que Astoria ha querido vengarse de vosotros dos, por lo que el resto de nosotros y esa pobre chica tendrá que sufrir las consecuencias durante la noche —comentó. A pesar de que había verdad en sus palabras, el tono que empleó fue lo suficientemente burlón como para que pareciera que bromeaba—. ¿Alguien quiere vino?
Había empezado a llenar las copas de sus amigos cuando la música sonó y, en medio de un aluvión de aplausos, los novios entraron en la sala cogidos de la mano. Tomaron asiento en la mesa nupcial y un despliegue de camareros empezó a salir por doquier con la comida en bandejas humeantes.
Hermione suavizó el ceño cuando se dio cuenta de haberlo fruncido. Tenía muchas preguntas para Draco, empezando con por qué Astoria querría castigarlos sentándolos en la misma mesa y siguiendo con qué tipo de conflicto había tenido con ese tal Vincent como para que, después de tantos años, sus reacciones hubieran sido así de violentas. Porque había habido violencia en las palabras de ese hombre… aunque Hermione no llegara a entender muy bien por qué.
Al menos no había ocurrido otro tipo de violencia más… física. Al menos no todavía.
Aquella idea le hizo querer acercarse lo suficiente como para preguntarle discretamente si no sería un mejor plan huir en ese momento… pero uno de los camareros se interpuso entre ellos y sirvió solomillo en salsa en sus platos. El olor era simplemente delicioso. O tal vez era que realmente se moría de hambre. Fuera como fuese, el hecho de que él ya hubiera empezado a comer le dio a entender que podría soportar un rato de incomodidad rodeado de gente que no era de su agrado.
La conversación durante la comida empezó a centrarse en temas sobre los que ella no podía opinar: La noche en la que Astoria conoció a su ahora esposo, Marcus Flint, durante una excursión a Newquay con sus amigos. La pedida de mano tan maravillosa que le organizó este en Nueva York. La despedida de soltera y los recuerdos de la adolescencia que salieron a flote durante la misma. Ella y Draco se limitaban a fijar la vista en sus respectivos platos y a llevar el tenedor a su boca una y otra vez.
En realidad estaba conforme con la exclusión. No le apetecía demasiado fingir interés o tratar de mantener una conversación que en cualquier momento terminaría volviéndose incómoda. Por eso, no pudo evitar apretar el extremo del cuchillo con fuerza cuando Tracey dijo su nombre en alto por primera vez en lo que pareció una eternidad. Ya casi habían llegado al postre, ya casi lo habían conseguido.
—Y, esto… ¿Hermione?
—¿Sí? —respondió.
—Ya basta de hablar de nosotros. Cuéntanos un poco cómo se siente haber sido el tema de conversación de toda Londres durante una temporada. Es decir, todos nosotros hemos visto el famoso vídeo, por supuesto. ¿Fue pactado?
Hermione cogió la servilleta de tela y se limpió las comisuras de los labios con suavidad. Ya había calado a Tracey a primera vista, así que sabía a la perfección que su intención solo era provocar algún tipo de enfrentamiento. Dejó la servilleta de nuevo en la mesa.
—Lo siento, Tracey, porque el tema de conversación podría ser más interesante si así fuera, pero me temo que no. No fue pactado, fue robado, y resultó ser un verdadero dolor de cabeza, si quieres mi opinión.
—Claro, claro, eso pensaba —dijo después de darle un sorbo al vino—. He visto que, aparte de ese vídeo, eres totalmente anónima en internet. Debió haber sido un fastidio para ti.
Hermione arqueó una ceja, incrédula.
—¿Has visto?
—Bueno, sentía curiosidad, ¡dispárame por ello! —Se rió—. Creo que todo el mundo ha intentado buscaros en alguna red social desde que os convertisteis en la pareja más envidiada de internet. Hmm, Draco, ¿hace cuánto que te borraste Facebook? Cuando quise entrar en tu perfil habías desaparecido de mi lista de amigos.
—Eso es fácil. Hay quienes se dan cuenta de que no les conviene dejar un rastro público de su pasado en internet —intervino Vincent con evidente sorna.
—¿Sabes qué otra cosa va a ser fácil? —gruñó Draco inesperadamente.
—¿Qué? ¿Romperme la nariz como la otra vez? —lo provocó.
Draco bufó a la vez que se inclinaba hacia él con gesto amenazante.
—Oh, Vincent, no creas que seré tan suave esta vez.
Hermione se apresuró a coger su brazo para tirar de él de vuelta a su sitio.
—¿Me acompañas fuera, amor? Creo que necesito tomar el aire.
Draco pareció más que predispuesto a hacer lo que le pedía. Tomó su mano y ambos caminaron por entre las mesas hasta salir del comedor. Tras abrir una puerta corredera de cristal pudieron ir fuera, al jardín, donde el sol ya se estaba poniendo.
Él sacó una cajetilla del interior de su chaqueta y se llevó un cigarro a los labios. Hermione frunció los suyos mientras lo veía encenderlo, pero no protestó. Si un poco de nicotina podía hacer que se relajara, ¿por qué negársela?
Draco soltó el aire de sus pulmones y el humo se desvaneció frente a ellos.
—Lo siento si te has sentido abrumada durante la comida.
Ella rió. El cigarrillo se consumió un poco más con otra calada.
—Yo estoy bien. Solo me pareció que necesitabas que te sacara de allí cuanto antes.
—¿Ha sido tan evidente?
—Casi lo golpeas… Y por lo visto no hubiera sido la primera vez.
—Éramos jóvenes. Teníamos nuestras discrepancias.
—¿Qué os pasó?
Draco dirigió una mirada suplicante hacia ella mientras negaba un poco con la cabeza.
—Prefiero… prefiero no hablar de ello.
—Vale —respondió ella. No necesitaba respuestas en ese momento, necesitaba acabar con el evidente estrés que le provocaba aquel evento y las personas que asistían. Apartó la mano que volvía a llevar el cigarro a su boca y se puso de puntillas para darle un beso con sabor a tabaco—. Vale —repitió—. ¿Sabes qué? No necesitamos quedarnos hasta el postre. Vámonos ahora.
Draco sonrió de verdad por primera vez en horas. Lanzó el cigarrillo lejos y, sosteniendo su cabeza con una mano y su cintura con la otra, la alzó sobre sus zapatos y pegó la frente contra la suya.
—No puedo esperar a volver a la habitación.
—¿Qué quieres hacer allí? —preguntó ella con lascivia.
Draco volvió a sonreír. De alguna manera, sus ojos no mostraban el reflejo de segundas intenciones.
—Solo quiero estar contigo.
En ese momento, algo vibró dentro del bolsillo interior de su chaqueta. Introdujo una mano y sacó su teléfono móvil, en cuya pantalla aparecía el nombre de su amiga. Se lo tendió a Hermione, quien lo aceptó rápidamente.
—Olvidé el bolso dentro —explicó casi con disculpa grabada en la voz—. ¿No te importa volver a entrar? No puedo irme sin él. —Draco asintió y se alejó a la vez que ella descolgaba la llamada—. Ginny.
—¡Te he llamado quinientas veces! —gritó al otro lado de la línea—. Si no supiera que estás con Draco seguramente pensaría que te han secuestrado al menos un par de veces por semana.
—Lo siento, lo siento —se disculpó, volviendo adentro y cerrando la puerta después de que una ráfaga de viento le hiciera estremecer de frío. Divisó un radiador de pared en un pasillo alejado y caminó hacia allí para volver a entrar en calor—. ¿Qué ocurre?
—¿Cómo que qué ocurre? —respondió con indignación—. ¡Cuéntame qué ha pasado! ¿Alguien se ha opuesto al enlace? ¿Ha habido malos rollos entre los invitados? En las bodas siempre pasa algo. ¿Había algún niño rubio por allí que se pareciera a Draco?
—¡No! —exclamó, riendo justo después—. Por suerte no tendré que ser la madrastra de nadie. Aunque sí que ha habido algún… desencuentro con alguien.
—Soy toda oídos.
Hermione rodó un poco los ojos.
—Siento desilusionar a la chismosa que llevas dentro, pero no ha pasado nada más allá de que en nuestra mesa había un hombre con el que al parecer Draco tuvo algún tipo de enemistad hace años. No sé qué motivo tendría, pero Astoria se ha encargado de ponernos justo donde sabía que Draco no sería bien recibido. Ninguno de sus amigos llegó a aceptarlo en el grupo que tenían entonces.
—¿Sabes por qué?
Una voz que no salió por el altavoz del teléfono logró asustarla lo suficiente como para que el teléfono resbalara de sus manos y cayera al suelo junto a sus pies. No tuvo que forzar mucho la vista en la oscuridad del corredor, aquel hombre ya estaba realmente cerca de ella.
—¿Qué? —atinó a balbucear, sintiendo el corazón latiendo en su garganta pero tratando de mantener la compostura. No podía imaginar qué motivo podría tener alguien que no la conocía para acecharla de esa manera en un lugar tan apartado a donde se estaba celebrando el banquete. Su lado más racional la obligó a pensar que se habían encontrado por casualidad.
—Que si sabes por qué nunca fue bienvenido en el círculo de amigos de Astoria… Draco Malfoy —escupió su nombre con tanto asco que Hermione necesitó controlar su impulso de encararlo.
No, aquello no había sido casualidad.
—No, no lo sé, y tampoco me interesa —espetó. Sabía que mentía, pero no quería darle el gusto de escucharlo de su boca. Esperaría a que Draco quisiera contárselo, y no importaba cuánto tiempo tardara en hacerlo.
Vincent esbozó una sonrisa que, con el juego de luces y sombras que los envolvían, pareció realmente tétrica.
—¿Entonces eres de esas?
—Explícate —le exigió. Él enarcó una ceja.
—¿Eres de las que les van los criminales sin importar sus antecedentes? Porque sinceramente, no lo pareces. —Vincent dio un par de pasos en su dirección. Hermione retrocedió hasta que sus piernas se encontraron con el radiador—. Tienes cara de niña buena, pero ya sabes lo que dicen… las apariencias engañan.
Hermione necesitó armarse de valor para responder a aquella desorbitada acusación.
—No sé qué fue lo que pasó entre vosotros, pero creo que el hecho de que resultaras con la nariz rota en una pelea no te da derecho a llamar criminal a nadie.
Vincent abrió los ojos como platos. Su boca también se abrió debido a la sorpresa. Transcurrió un puñado de segundos antes de que el hombre pudiera recuperar el habla.
—No lo sabes… —murmuró, acercándose más para examinar el desconcierto de su rostro—. Evidentemente que no lo sabes.
—¿Saber qué?
Hermione tragó saliva. Las comisuras de aquellos labios se movieron hacia arriba.
—Lo que he dicho antes, que Draco es un criminal. —El hecho de que dividiera en sílabas aquella última palabra le daba un toque que rozaba la burla y lo sombrío—. Y no lo digo yo, lo dice la justicia que un día lo juzgó. Tu novio es un criminal con todas las letras. ¿Dónde te piensas que se hizo su primer tatuaje? —Parecía estar disfrutando el mutismo de la chica—. La serpiente de su brazo. Has tenido que verla cientos de veces, ¿verdad? Pues es un tatuaje carcelario. —Rió con verdaderas ganas. Luego añadió—: Tu novio es un criminal, y tú sin saberlo.
Draco apareció por entre las sombras, encajando la palma en el gaznate del hombre y alejándolo de Hermione para, inmediatamente después, estampar su espalda contra la pared.
—Tú destrozaste mi relación con Astoria —gruñó el rubio, quien parecía realmente fuera de sí en ese momento—. No voy a permitir que hagas lo mismo esta vez, ¿me escuchas?
Vincent gimió, pero pareció sacar fuerzas de donde no las había para responder a quien lo tenía agarrado por el cuello.
—Eres… eres tú el único que… que lo estropea todo.
Era evidente que Hermione había entrado en un estado de shock con su aparición. ¿Esa reacción era la confirmación de que todo lo que Vincent le había dicho era verdad? No sabía qué pensar. No sabía cómo proceder. ¿Criminal? ¿Cárcel? Y si era cierto, ¿qué delitos había cometido? ¿Y por qué ella no lo sabía?
El sentimiento que le provocó el no saber quién era la persona que estaba agrediendo a aquel hombre contra la pared simplemente desgarró algo dentro de su pecho. Y sintió sangrar, sintió morir.
Un puño en alto. La ira reflejada en el rostro de un hombre que ya no conocía.
Un labio roto. Sangre en el suelo.
Un "¡Para!" rasgando su garganta.
Draco reparando en ella, soltando al hombre y dejándolo ir para después mirarse las temblorosas manos. Y luego mirarla a ella. Un paso en su dirección. Dos hacia atrás.
Demasiadas lágrimas en los ojos de Hermione como para dejarla distinguir la súplica silenciosa en su mirada.
¿Qué se suponía que habría después? ¿Y por qué tenía la sensación de que todo había sido una mentira?
—¡Hermione! ¡Hermione! ¿Estás bien? —gritó la voz de Ginny desde el altavoz del teléfono que seguía en el suelo.
NA: ¿Pensáis que Draco realmente estuvo en la cárcel o que es un truco de Vincent para separarlos? Y si es cierto, ¿qué delitos podría haber cometido el buenazo de Draco? Mmmm. Todas las respuestas en el siguiente capítulo xD
¿Me dejas un review?
Cristy.
