Tragedia
Herá fue llamada de emergencia y desapareció en medio de la cena. Miho no tenia la más mínima idea de que hacer, podía recordar perfectamente la cara de pánico que tenía Hera antes de irse.
No tuvo más opcion que ir a dormir, se sentía agotada. Se encerró en los aposentos asignados, por alguna razón temía dormir.
Se recostó en aquella cómoda cama y pensó en Mei, su preciosa niña. Por primera vez pensó, en sí ya se habían enterado, como estaría Erii, Mei, Makoto, incluso los otros niños.
Mei debería estar destrozada. Aunque no estaba segura de que se les haya dado aviso, tal vez Saori había enviado a Tatsumi o algún otro. Tal vez, se lo habían guardado para ellos. Su mente estaba llenada de dudas acerca de su vida. Acerca de quien era realmente. Suspiro pesadamente y cerró los ojos dispuesta a dormir, escucho un leve susurro que la incitó a dormir.
La sensacion de luz le hizo abrir los ojos. Tardo unos segundos en poder mirar y poder verlo. Sobre ella podía ver el hermoso cielo azul. Sus brazos y piernas sentían algo suave y le causaba comezón a la vez. Jalo con fuerza y lo llevó ante sus ojos, era pasto. ¿Qué no estaba en los aposentos en el páramo de Hera? Miró detenidamente sus manos tras soltar el pasto. ¿Porqué se veían tan pequeñas?
Se sentó y siguió viendo atenta sus manos, cuando miro detrás de ellas, fue que se sorprendió. Llevaba un vestido azul floreado, que no recordaba haber visto en toda su vida. Miró a su alrededor y vio un pequeño riachuelo a poco mas de un metro. No lo pensó mucho y se miró, no podía reconocer a quien veía, ¿no se supone que debería ver su reflejo? Respiro profundamente y observo detenidamente. Podía notar pequeños rasgos similares a quien ella esperaba ver, ¡pero por todos los dioses!, tenia a una niña de cabello rojo y ojos violetas, ese era su reflejo. Qué estaba pasando?
-Mihori. Al fin te encuentro, vamos. No están esperando
Apareció una niña de cabello negro y sus ojos eran igual violetas.
¿Le estaba hablando a ella?
-Apúrate! -. Insistió la niña
Miho caminó hacia ella con paso dudoso y lento. -Hermana sabes que te quiero, pero aveces me desesperas mucho.
Miho frunció el seño. Parecía que esa niña si le hablaba a ella, debería ser a esa niña de cabello rojo.
-¿Persefone hayaste a tu hermana? -
Pregunto un hombre de cabellos negros.
Miho jadeo sorprendida, ¿habían dicho Persefone? Entonces... seria algun recuerdo de su vida pasada. ¿Eso era?
-Vayan a lavarse ahora. Vamos a comer
Persefone le jaló y ella la siguió.
-Hoy has estado muy rara Miho, ¿aun estas molesta por lo que te dijo el tío?
Miho no respondió pues no sabia de que hablaba.
-Debes admitir que tu tuviste la culpa.
Miho se sentía confundida, ¿qué era tan importante para recordar aquello?
Miho sentía aquellos momentos de felicidad, ¿así se sentía tener una familia? Una bella mujer que te cocinaba a quien podías llamar madre, un tío y una hermana.
Aquella bella mujer fue a arroparlas, Miho estaba lista para dormir, por primera vez recordaba sentir una inmensa felicidad, una felicidad como ninguna otra. Una que solo podía compararse a cuando Mei estaba con ella, a cuando Seiya estuvo con ellas.
Aunque como siempre en su vida, los momentos de felicidad nunca duraban. Gritos de terror la despertaron, seguía en aquella casa. Se levantó de la cama, hacia mucha calor, ¿porqué? Al salir de su habitación lo vio. La casa estaba en llamas. Corrió a la habitación de Persefone. ¿Que estaba pasando?
Antes de poder llegar Persefone salia de su habitación. Pero no venía sola. Un hombre la estaba jalando Del brazo -Miho corre-. Le dijo su hermana con lágrimas en los ojos. Estaba aterrada, de eso no había duda.
-Vete-. El hombre golpeó a Persefone cuando le grito a Miho. Ella aun estaba aterrada y no se podía mover.
-Después vendrán por ti. No te apures-. Hablo el hombre con una sonrisa de satisfacción.
El hombre tomo a Persefone y desapareció.
-Persefone-. Su grito había sido involuntario, al ver desaparecer a su hermana y aquel sentimiento de soledad que la invadió no era muy grato.
Corrió hacia donde sabia estaba la salida, el calor en aquella casa comenzaba a sofocarla. El Incendio se propagaba con rapidez.
Finalmente salio pero había sido una pésima idea. La peor, pues fuera de aquella casa yacían los cuerpos sin vida de la mujer a quien llamó madre y el hombre, su tío le había dicho Persefone.
Se puso a llorar junto a él cuerpo de la mujer, ¿porqué tenia que suceder eso?
Su respiración era exaltada, su corazón estaba acelerado, observó con cuidado el lugar. Estaba en sus
Aposentos. En donde se había quedado dormida.
-El inicio de todo, el más cruel de todos. No he tenido podido mostrarte el cómo fueron sus muertes , creo que ya es suficiente el haberlos encontrado- Escucho la voz de una mujer, una voz un tanto triste y fría. Pero un tanto familiar para ella.
-¿Quien eres tú? -. Pregunto Mijo muy impactada, pues las emociones de el sueño anterior aun no la abandonaban.
-Mi nombre es Melpómene, soy una de las nueve musas hijas de Zeus. Me conocen como..
-La musa de la tragedia-. Susurro Miho.
-Si bueno, esto facilitará nuestras cosas.
-¿Porqué estas aquí?-. La musa suspiró
-Fui enviada por nuestro padre. Como en cada una de tus vidas. Estoy aquí, para mostrarte tus trágicas vidas. Aunque, yo considero que mostrarte la primera, es lo más fácil y si eres lo suficiente inteligente como en tus vidas anteriores, pues bueno. Me facilitaras las cosas y comprenderás que ninguna de tus vidas se diferencia demasiado.
Aquella musa tenia una forma de expresarse, que a hacia sentirse a Miho miserable.
-Ya veo. Entonces, en pocas palabras, en ninguna de mis vidas puedo encontrar la felicidad.
-¿Felicidad dices?-. Dijo la musa sorprendía y burlona. -Vaya, eres bastante cursi en esta vida. En definitiva te pareces a la primera tú. A excepción de los ojos.
-Y que hay del cabello. Según recuerdo era rojo.
-¿Tu cabello, dices? Tu cabello era algo demasiado peculiar en ti, podía pasar del rojo al negro y del negro al azul. Del negro al morado también y volver a tornarse rojo.
Zeus nunca pudo explicarse el porque, pero eso no era un peligro. Así que no se le tomó importancia.
Supongo que ya has entendido mi punto, el por qué de mi presencia y puedo irme-. Miho asintió, pero necesitaba una respuesta pronto.
-¿Porqué Ares y Hades hacen esto?
-Podríamos pasar un millón de siglos preguntándonos, ¿Porqué ellos hacen lo que hacen? Pero preferimos el no hacerlo, ¿sabes? Tu prosito en la vida es mantener la paz entre los dioses. No importa cuantas veces tengas que sacrificarte y cuantas veces tengas que sacrificar el amor que sientes por aquel joven de fuentes brazos. Pues es tu deber, fue así desde la primera vez que sucedió, es tu destino y no hay forma de cambiarlo.
-Pero yo no puedo-. Murmuró Miho
-Has podido hacerlo en cada vida. Solo tienes dos opciones.
El sacrificio o el ver morir y sufrir a todas aquellas personas que quieres y has amado.
Ares ya te a mostrado lo que está dispuesto a hacer. No le da miedo enfrentarse ante la misma Atenea, ante ninguno de sus caballeros. Miho, las únicas que pueden evitar tanta muerte eres tu y Persefone. Ya no quiero más historia que lleven mi nombre incluido.
-Melpómene... porqué.
-Tu nombre, el de Persefone y el mió siempre aparecen juntos. Tu vida esta atada a la tragedia que yo llevo conmigo.
Miho suspiró, si era difícil estar siendo Miho. No podía comprender como seria ser Melpómene.
-¿Es difícil sabes?
Miho la miro.
-Es difícil para mí, tener que mostrarte tus trágicas vidas. Al igual que es difícil ser la musa más despreciada, es difícil el ser la única que lleva consigo lo malo. Mis hermanas tienen grandes dones, todo va con el arte y la ciencia. Y yo, y yo llevo la tragedia.
Puedo comprender mejor que nadie tu situación, no es fácil llevar una carga tan pesada. Sin embargo, es lo que somos. Lo que nos toca ser.
-Siento mucho que lleves esa carga, Melpómene-. Susurro Miho conmovida por las palabras de aquella musa.
Miho no recordaba sus vidas pasadas, así que eso le daba paz hasta el momento en el que debía recordarlo. ¿Cuan difícil debía ser para todos aquellos que si lo recordaban ?
Cuan pesada era su carga.
-Es momento de que me vaya. No tenemos mucho tiempo para poder mostrarte todo, no tenemos mucho tiempo para que puedas comprender, sin embargo. Hacemos lo que podemos.
Es momento de que vuelvas a los brazos de Morfeo y te reunas con mi hermana Erato. Y si el tiempo nos es suficiente, yo regresare.
-Vendrá alguien más-. Pregunto preocupada, pues no quería recibir la visita de todas las musas.
-Clio siempre esta cerca, pero ahora... solo Erato. Mi muy cursi hermana. No te preocupes, que sueles llevarte bien con ella.
Miho vio a Melpómene desaparecer y su vista se volvió nublosa, se había vuelto a dormir.
*Melpómene en galería
Sugerencias, dudas, opiniones, comentarios, criticas, tomatazos, o cualquier cosa que quieran enviarme, todo es aceptado.
