A pesar de que un altar de sacrificios no era el lecho más cómodo del mundo, Sirius necesitó poco tiempo para dormirse. El agotamiento de sus actividades previas, el calor del cuerpo de Bellatrix y la tranquilidad de comprobar que solo la necesitaba a ella para ser feliz compensaron la incomodidad. No así su compañera, que se limitó a cerrar los ojos y meditar cómo podría crear una variante de crucio con fines sexuales. En eso estaba cuando sintió que uno de sus anillos encantados empezaba a calentarse. Sacudió suavemente a su compañero.
-Siri -susurró-. Hay alguien fuera, subo a ver.
-¿Qué? -preguntó él abriendo los ojos desconcertado.
"Tranquilo, está todo bien. Ahora vuelvo" aseguró la bruja desapareciendo entre los pasillos. La creyó, nunca se había sentido tan a salvo como con Bellatrix. Había renunciado por completo a su fantasía de protegerla. Que se encargara ella, él se ocuparía de besuquearle el cuello y jugar con su pelo: reparto equitativo de tareas. Sabía que tenía decenas de hechizos protegiendo toda la montaña y que su anillo se calentaba cuando alguien aparecía en sus terrenos. Y solo podían hacerlo por invitación de la propia bruja, había poco riesgo. Aún así, no pensaba dejarla sola.
Con esfuerzo porque aún no se había recuperado del todo, buscó lo que quedaba de su ropa. Recordó que su camisa había quedado destrozada en la planta de arriba y también había perdido sus botas. Utilizó un encantamiento para calentarse y salió de la cámara a los oscuros pasillos de la mazmorra. Se dio cuenta de que salir no era tan fácil como parecía. A la ida Bellatrix le había conducido sin dudar y le había parecido un trayecto corto, pero en soledad resultaba mucho más laberíntico. Para no perderse, decidió invocar su patronus para que le guiara. Al momento apareció el enorme dragón plateado, en ocasiones aún esperaba ver a su perro anterior. "Mira, ¡sigo enamorado!" se comentó a sí mismo con sorna. El espectro empezó a moverse por las galerías y en menos de lo esperado, se desvaneció ante la tortuosa escalera.
Mientras subía, evocó la escena de su amante mortífaga obligándole a bajar para torturarlo y ofreciéndole ser su esclavo sexual. Rápidamente cambió a la imagen de Snape, ya estaba bien de actividad genital por una tarde. Cuando por fin llegó al final, el muro volvió a abrirse y en cuanto salió, se cerró de nuevo sin dejar rastro. Encontró sus botas y se las puso, la camisa estaba irrecuperable. Anduvo con premura hasta el señorial recibidor y salió de la mansión. En el límite antiaparición, estaba Bellatrix. Entendió al instante que los intrusos sí habían sido invitados.
Frente a la bruja, contemplándola en silencio con la tensión evidente en el rostro, estaban Harry y Hermione. Habían empleado la runa que la bruja les envió para asistir a su boda. Su primera reacción fue de alegría, pero enseguida recordó lo mal que su ahijado había tratado a su prometida. Se acercó a ellos y saludó a Hermione. A Harry le dirigió un simple gesto de cabeza. Bellatrix le miró con indecisión y nerviosismo, era evidente que no sabía cómo gestionar la situación. Para dejar clara su posición, el animago abrazó a la morena por la espalda y cruzó las manos sobre su cintura. El hecho de que no llevaba camisa y lucía una herida abierta con las iniciales de la mortífaga también denotaban a quién pertenencia. Cuando la bruja se dio cuenta, para que no se sintiera incómodo, llamó a uno de los elfos para que le trajera una camisa.
-Eh...
Fue todo lo que acertó a decir Harry. Era evidente que no esperaba una reacción tan fría de su padrino, había creído que le besaría los pies por dignase a aparecer en su descabellada boda. Se dio cuenta de que no valía con haber acudido, tendría que disculparse. Pero quería hacerlo con él solo, no era capaz ni de mirar a la bruja oscura a los ojos. Bellatrix seguía siendo una negada para las relaciones sociales, pero los gestos de Hermione le dieron una pista de lo que debían hacer. Así que cuando su amante se separó de ella para ponerse la camisa que acaba de traer el elfo, comentó:
-Os dejamos, mi sangre sucia me tiene que contar con quién me está siendo infiel.
"¡Oye!" protestó de inmediato Hermione por el apelativo. La bruja le pasó un brazo por los hombros y se alejaron de ahí. A los dos hombres aún les dio tiempo a escuchar el resto de la conversación:
-¿Te gustaría que yo te llamase loca? -preguntó la sabelotodo.
-¡Por supuesto que no! -se indignó la morena- Solo Siri puede llamarme loca. Tú puedes llamarme trastornada, demente, chalada, desequilibrada... ¡Te dejo elegir!
Hermione sacudió la cabeza pero no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Sirius y Harry las observaron mientras desaparecían en el bosque. El mayor tenía curiosidad por saber cómo iba a explicarle a la chica que tenía dragones viviendo en su montaña. Sabía que hablaban por carta con asiduidad, pero no le había confesado sus crímenes (ni lo haría nunca). Cuando sus siluetas dejaron de verse, Sirius se dio cuenta de que seguía mostrando la sonrisa estúpida que se le ponía siempre que miraba a su prometida, así que rápidamente la quitó. Recuperó el rostro neutral y entró a la mansión seguido por Harry. Se sentaron en el salón y el animago le miró enarcando una ceja, esperando que empezara a hablar.
-Este lugar es impresionante -murmuró Harry para romper el hielo.
-Lo es -respondió únicamente.
El chico asintió, no esperaba que el enfado fuese tan severo. Hubo unos minutos de silencio e incomodidad mientras intentaba armar un discurso coherente. Se le hacía raro y casi violento discutir la vida sentimental de quien era su única figura paterna. Intentó quitárselo de encima lo más rápido posible.
-Lo siento, Sirius, confío en ti y quiero que seas feliz con quien tú prefieras. Aunque no me caiga bien, respeto tu decisión. No debería haberme metido en tu vida privada.
-¿En mi vida privada? -repitió él- Eres mi ahijado, Harry, eres casi como mi hijo, no quiero que te metas, ¡quiero que seas parte fundamental de ella!
Harry sonrió aliviado.
-Pero también quiero y necesito que Bella lo sea.
Harry borró la sonrisa.
-Después de Azkaban renuncié a tener una familia, mi única obsesión era matar al traidor de Peter, ya todo me daba igual. Sé que tú y yo siempre seremos familia, pero tú tienes tus ambiciones, tu trabajo, tus amigos, tú novia... Tu propia vida, como debe ser. ¿No entiendes que yo también necesito a alguien?
-¡Por supuesto que sí, te lo mereces más que nadie! Has tenido una vida muy dura y has hecho lo imposible por protegerme y ayudar a la Orden. Nada me haría más feliz que que tuvieras la vida que mereces pero... cualquier mujer querría estar contigo, ¿tiene que ser ella? Sé que es guapa y con ella no te aburres, pero es una asesina...
-Solo puede ser ella. Ojalá no hubiese tomado las decisiones que tomó, pero eso ya no podemos cambiarlo, solo puedo estar a su lado para asegurarme de que tiene un futuro mejor. La quiero, la quiero muchísimo, Harry. Bella es mi primer amor, mi único amor.
Jamás había expresado sus sentimientos con tanta claridad y creyó que se sentiría cursi e incómodo. Pero no fue así. Era la realidad y necesitaba que Harry lo entendiera. Y era un gryffindor orgulloso, valiente y algo demente: no tendría problema en ponerse a gritar en medio del Callejón Diagon que amaba a su prima. El chico asintió y le miró con sentimientos encontrados. Sabía que su padrino se estaba abriendo completamente y el afecto era mucho más profundo de lo que había pensado. Pero aún así, no tenía claro cómo responder sin empeorar la situación.
-Pero... ¿ella te quiere a ti? -preguntó con poca firmeza.
-Sí -respondió él sin dudar.
-¿Cómo puedes saberlo? Es muy buena mintiendo, Lupin no se fía de ella. Y de momento eres tú el que se ha mudado de país, ha renunciado a sus amigos y se ha tatuado a su dragón...
-Por sus ojos, lo sé por sus ojos -aseguró él-. Cuando era pequeña, algunos domingos su padre la llevaba a ver partidos de quidditch y al salir venían a cenar a Grimmauld. Siempre llevaba un dragón de peluche y lo sentaba en una silla a pintar junto a ella -recordó sonriendo-. A veces nos invitaba a Reg y a mí unirnos. Eran sus días más felices, le encantaba el quidditch, pasar tiempo con su padre y dibujar dragones de colores. Nos contaba que cuando fuese mayor sería la bruja más poderosa del mundo. Y sonreía. Cuando sonreía, sus ojos brillaban tanto que casi cambiaban de color. Yo asentía pensando que era un sueño inalcanzable, pero daba igual, podría conquistar a cualquiera si sonreía y sus ojos brillaban así. Me equivoqué. Cumplió su sueño, pero no volvió a sonreír.
El animago interrumpió el relato con la mirada perdida, recordando aquellos tiempos y preguntándose de nuevo si no podría haber hecho algo más para ayudarla. Harry no se atrevió a intervenir, bastante tenía con asimilar que la mortífaga había sido una niña inocente y normal. Al rato, Sirius recordó el propósito del discurso y continuó:
-Conforme fue creciendo y la responsabilidad a la que la sometía su apellido aumentó, se fue cerrando en si misma y se volvió más oscura. En cuanto a los catorce la informaron de que se casaría con Lestrange, la perdí del todo. Dejé de reconocerla y sencillamente pasamos a odiarnos por nuestros ideales opuestos. Obviamente Azkaban no nos ayudó a ninguno... Pero el caso es que ahora, cuando está conmigo y me mira, vuelve a ser ella. Sonríe, le brillan los ojos y sé que es feliz, sé que la hago feliz. Y sinceramente, Harry, es lo único que deseo en esta vida.
Hubo unos segundos de silencio. "Lo entiendo" respondió el joven al fin, lentamente pero con sinceridad. El merodeador asintió. Se quedaron un rato mirándose sin hablar hasta que Sirius murmuró divertido: "James siempre bromeaba con que debía pedirle que fuese mi pareja en el baile de Navidad. Al parecer yo era el único que no me daba cuenta de que estaba enamorado...". El chico abrió los ojos notablemente como hacía siempre que oía hablar de su padre. Tras asimilar la información, quedó convencido del todo.
-Lo siento, Sirius, siento todas las cosas malas que te escribí y me gustaría mucho poder ser tu padrino de boda.
El hombre sonrió brevemente.
-A mí me gustaría también, pero no es a mí a quien tienes que pedir perdón. Ha hecho cosas horribles, pero de no ser por ella, no habríamos derrotado a Voldemort. Dedicó muchas horas a entrenarte y a asegurarse de que estabas preparado y obviar esa parte es tan malo como intentar obviar su lado oscuro. Entiendo, por mucho que me duela, que no le tengas ningún cariño, pero mandarle una carta amenazándola e insultándola fue muy ruin, Harry, nunca creí que dejaría de estar orgulloso de ti.
El rostro del chico se enrojeció de la vergüenza y la tristeza. Se arrepintió en cuanto envió la carta, pero él era así, de hacer estupideces en caliente. Sirius tenía razón: lo menos que podía hacer era disculparse.
-¿Dónde está? ¿Le puedes pedir que venga? -preguntó Harry.
-Estará desquiciando a Hermione -suspiró Sirius levantándose para ir a buscarlas.
Hermione sabía por sus cartas que Bellatrix tenía una familia de dragones (ella creía que media docena como mucho) viviendo en su montaña. Dio por hecho que estaban ahí antes de que ella llegara y por eso se quedó en ese lugar. La mortífaga no la sacó de su error. Verlos alzar el vuelo a pocos metros de ella en una nube de color y majestuosidad casi hizo llorar de emoción a la gryffindor. Estaba inmersa en ese espectáculo mientras la duelista jugaba con Saiph a esconderse entre los árboles. Al poco, apareció a su lado y le exigió que le contara con quién le estaba poniendo los cuernos. La chica la miró y respondió con cierto nerviosismo:
-En primer lugar, ¿cómo te has enterado? Y en segundo, no te estoy siendo infiel, lo dejamos hace mucho. ¡Y además, tú te casas mañana! -exclamó indignada.
-Menudencias -respondió la bruja haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia-. Yo me entero de todo, el mundo es mío, pequeña. Ahora cuéntame de una vez quién es.
-Se llama Pansy, es de slytherin y durante el colegio no...
-¿Apellido?
Hermione suspiró con hastío. Así era la bruja oscura: lo primero el apellido para identificar su estatus de sangre. "Parkinson" murmuró. La morena entrecerró los ojos meditando de qué le sonaba ese nombre. Al poco la miró extrañada y preguntó:
-¿No era esa la cría que acosaba a mi sobrino?
-Bueno, yo no diría acosar, pero sí...
-Era un poco insulsa y bastante cobarde, pero era mona, de slytherin y de sangre pura. Su familia casi se arruinó durante la guerra: Voldemort les pidió dinero para sus coacciones a cambio de no tomar la marca y fueron demasiado cobardes para negarse. Les costará décadas recuperarse. Pero bueno, igual lo apruebo, aunque...
-¡Que no necesitamos tu aprobación! -se indignó la castaña que en el fondo se alegró de conocer el nuevo dato.
-Por supuesto que sí, por muy noble que sea su familia (nada comparada con los Black, obviamente) no voy a permitir que cualquiera se relacione con mi sangre sucia.
-¡Que no me llames sangre sucia! ¿Cuántas veces tengo que repetirte que mi sangre es igual que la tuya? -preguntó airada- Roja, con plasma, glóbulos rojos y blancos y...
-¡Te puedo llamar plasma! -exclamó divertida.
-¡Por supuesto que no! ¡Tengo un nombre y...!
-¡No, no, no! ¡Mejor aún! -comentó la bruja ignorándola- ¡Te llamaré globulito!
Hermione resistió las ganas de darse cabezazos contra un árbol. No decidía si chillar o reír. Sabía que Bellatrix le estaba tomando el pelo, pero aún así tenía una capacidad de desquiciarla inigualable. Pansy a su lado era una simple aficionada. A ella siempre le habían dicho que era insufrible, pero la mortífaga era mucho peor. En ese momento fue consciente de cuánto la había echado de menos. Así que, contra todo pronóstico, la miró y le suplicó:
-Por favor, Bellatrix, llámame sangre sucia.
-Ya es tarde, globulito -respondió ella alegremente-. Y ahora volvamos al tema, cuéntame lo de mi sustituta.
La castaña puso los ojos en blanco, pero le halagaba que la mortífaga se interesara por su vida, así que satisfizo su curiosidad. Le contó cómo habían empezado, lo mal que se llevaban en Hogwarts y como poco a poco se habían ido entendiendo. Como su compañera la escuchaba con atención, también le relató la visita a casa de los padres de ella, que la miraron con desprecio, y la de Pansy a los Granger, que le dijeron a Hermione la suerte que tenía de haber encontrado a alguien. La chica lo narró con ligereza, como si no le afectara. Pero en el fondo le entristecía que ni sus padres se hubiesen preocupado por ella, que pensaran que debía aferrarse a esa opción porque era la única que tenía. Pansy era genial y no era -del todo- su culpa, pero las reacciones de sus dos familias habían sido muy favorables a la slytherin y muy condescendientes con la gryffindor. Y nadie se había preocupado de cómo le afectaba eso.
-Así que a pesar de que igual la desheredan -comentó la chica con sorna-, Pansy sí que se plantea un futuro conmigo...
-¿¡Que se plantea un futuro contigo!? -repitió la bruja con incredulidad- Joder con la mocosa... ¡Tendrá suerte si tú aceptas aguantarla! Soy la primera fanática de la sangre pura, pero también de la inteligencia y tú le das mil vueltas a esa cría, vales mucho más. Como se pase lo más mínimo con mi globulito, te juro que...
Bellatrix tuvo que interrumpir la amenaza porque Hermione se acercó a ella y la abrazó con fuerza. "Gracias" susurró. Era lo que quería oír, lo que necesitaba oír. Por supuesto no consideraba en absoluto que valiese más que su novia ni que nadie, pero necesitaba que al menos una persona así lo estimara. La mortífaga le dio palmaditas en la espalda sin entender qué estaba pasando. Cuando Hermione finalmente se separó ruborizada por su arrebato afectivo, la morena siguió como si nada:
-Vale, vamos a lo importante, ¿qué tal en la cama?
-¡No te pienso contar eso!
-¡Oh, vamos! ¿A que ha alucinado contigo, a que se ha dado cuenta de que tienes muy buena técnica porque te enseñó la mejor? -preguntó con su sonrisa burlona.
El rostro de Hermione subió varios tonos más de rojo. Aunque intentó ocultarlo, la bruja se percató y dio saltitos victoriosa. Por mucho que le avergonzara hablar del tema, decidió que debía ponerla en su sitio:
-¡Oye no es todo mérito tuyo! -protestó la chica- Pansy y yo nos queremos y el sexo es mejor cuando hay amor y...
-Sí, sí, lo que tú digas -la cortó ella- ¿Piensas en mí cuando lo hacéis?
A Hermione se le descolgó varios centímetros la mandíbula ante semejante impertinencia. La bruja la miró con cara inocente poniendo ojitos y morritos y cruzando los brazos detrás de la espalda. "¿A que sí? ¿A que la quieres muchísimo pero aún así sigo siendo la persona más alucinante con la que te has acostado?" preguntó con tono infantil. La sabelotodo creyó que iba a vomitar de la vergüenza y los nervios. Decidió que atacar era más fácil que defenderse.
-Esa pregunta revela más de ti que de mí, ¿acaso tú piensas en mí cuando lo haces? -preguntó la chica intentando fingir calma y suficiencia.
Su interlocutora frunció el ceño.
-¿Te emociona la idea de que piense en ti cuando veo el pene erecto de mi primo?
-¡POR EL AMOR DE DIOS, BORRA ESA IMAGEN DE MI MENTE! -chilló la gryffindor horrorizada- ¡No es broma, usa obliviate! ¡YA!
La slytherin rió y negó con la cabeza. La chica se alejó entre los árboles fingiendo seguir a un duendecillo para intentar serenarse. Había olvidado el don que tenía Bellatrix como duelista verbal: tampoco podía ganarla en ese terreno. ¿Cómo iba a lograr avergonzar a una mujer orgullosa de casarse con su primo? Tenía que haber cerrado la boca... Odiaba la forma en que la bruja la ponía contra las cuerdas, pero a la vez, estimulaba su intelecto, con nadie más se atrevía a hablar sobre esos temas. Creía que se había librado del consultorio sexual cuando tras un giro entre los árboles, la bruja apareció de nuevo ante ella sonriendo de oreja a oreja. "¡Buu!" exclamó. Hermione maldijo en voz alta. A su acompañante le dio igual.
-Tranquila, globulito, es normal. En Grimmauld vivimos como una familia y entiendo que nos veas como figuras paternas porque te hemos enseñado mucho más que tus padres muggles. He leído sobre eso, creo que los de tu clase lo llaman "Complejo de Edipo" o "Complejo de Electra". Es evidente que sufres ambos.
Hermione la miró mientras abría y cerraba la boca sin acertar a pronunciar nada. Sacudió los brazos en un gesto de rendición. Que la bruja hubiese leído libros de psicología muggle para usarlos en su contra le molestaba y emocionaba a partes iguales. Intentó huir de nuevo, pero la bruja la frenó y la obligó a mirarla a los ojos. "¿Tú la quieres de verdad?" preguntó con seriedad. Hermione asintió. La slytherin preguntó de nuevo: "¿Y ella a ti?". La chica volvió a asentir.
-Entonces de acuerdo -concedió la bruja emprendiendo el camino de vuelta a la mansión-. Os doy mi aprobación... de momento.
Hermione puso los ojos en blanco pero no pudo evitar sonreír. Adoraba a esa maldita chiflada, entendía de sobra lo que veía Sirius en ella y le alegraba profundamente que se hubieran salvado el uno al otro. Decidió atacarla por ahí.
-Yo tenía razón -murmuró con altivez-. Te dije que encontrarías a alguien y tú me dijiste que no. Gané esa apuesta.
-¡Qué vas a ganar! -protestó la bruja oscura- ¡Es Sirius! No lo he encontrado, está en todas partes, lleva ahí toda mi vida, ¡lo difícil con él es desencontrarlo! Recuerdo cuando me encerraron en Azkaban y pensé "Por fin, unos años de soledad para estar tranquila conmigo misma"... ¡Y hala, en la celda del enfrente! En la de enfrente. Que no era grande Azkaban ni nada para que me tuvieran que clavar a mi primo a tres metros... Hay días que me agobio de sus besuqueos y sus cursiladas y huyo aquí al bosque. A los dos minutos, ¡dos minutos, no más!, tengo a un enorme chucho siguiéndome mientras sonríe burlón. Que me dirás tú que los perros no sonríen, pero te juro que él sí.
El tono airado de la bruja acompañado de sus dramáticos gestos hizo a Hermione partirse de risa. Eran tal para cual. Y lo más maravilloso fue que a pesar de todos aquellos comentarios, en cada frase se notaba que adoraba a Sirius. Le brillaban los ojos hasta cuando le maldecía. Decidió burlarse de ella e intentar una vez más ganar uno de sus duelos dialécticos:
-Nunca creí que vería a la gran Bellatrix Black profundamente enamorada de un traidor de sangre.
"¡Yo no estoy...!" se frenó porque se dio cuenta de que hasta un muggle idiota se daría cuenta de que estaba loca por su primo (y loca a secas también). Así que tuvo que reconocerlo:
-Sí, es verdad, yo tampoco lo creía posible... Pero es que se preocupa por mí, me hace reír, me acepta como soy, tiene el atractivo innegable de los Black, sus aptitudes orales son maravillosas...
-¿Cómo? -preguntó Hermione sin pensar.
-Oh, no sé si será porque puede transformarse en perro y practicar, pero te juro que ningún hombre me había comido tan bien el...
-¡POR DIOS, BELLATRIX! ¡¿ES QUE NO TIENES NINGÚN SENTIDO DE LA DECENCIA NI DEL DECORO?!
-¡Eso mismo dijo Cissy cuando se lo conté! -comentó la bruja divertida.
-¿¡No te das cuenta de que Sirius es mi amigo y ya nunca más voy a poder mirarle a la cara!?
-Mírale al culo, lo tiene estupendo.
Se rindió. Bellatrix había ganado de nuevo. "Te odio" murmuró la chica sin dejar de caminar. Bellatrix le cortó el paso y pegó su cuerpo al suyo. "No es verdad", le aseguró mirándola a los ojos. "Soy lo mejor que te ha pasado jamás" le susurró al oído. Por mucho que su mente se negó, el vello de todo el cuerpo se erizó al sentir el aliento de la mortífaga tan cerca de su piel. Murmuró alguna negativa que fue más un gesto que verdaderas palabras e intentó separarse sin mucho éxito. Con un gesto deliberadamente lento, la morena le apartó la melena y se relamió. Acercó la boca a su cuello y más que besarla, rozó su piel con sus labios en un gesto altamente sensual. La chica empezó a temblar abiertamente intentando separarse de ella. No podía pasar nada, no quería que pasara nada... más la primera que la segunda.
La slytherin se separó de su cuello, pasó los brazos por su cintura y la miró a los ojos. Hermione se preguntó una vez más cómo era posible que alguien tuviese las pupilas tan parecidas a la noche. Tampoco entendía cómo unos ojos podían reflejar tantas guerras y a la vez tantas pasiones. Cada gesto de la bruja resultaba embriagador, intoxicante. No pensaba en su novia, ni siquiera pensaba en Bellatrix. Lo que había delante de ella era pura magia oscura hecha carne. ¡Y que carne! Había olvidado la sensación del pecho de Bellatrix junto al suyo y la electricidad al sentir sus manos sobre sus caderas. Y hubiera preferido que permaneciera en el olvido. Cuando creyó que alguien le había lanzado un hechizo paralizante y otro para ahogarla en mi vida, la mortífaga se inclinó sobre su oído y susurró "¿No me echas de menos? ¿No te gustaría volver a besarme?".
-Yo... ¿Nno...?
La chica contestó con lo mejor que pudo teniendo en cuenta el abotargamiento de su cerebro. Pero no hubo en su tono rastro alguno de convicción ni seguridad. Quizá un solo beso... ¡No, claro que no! Para ninguna de las dos significaría nada y harían daño a dos personas que las querían. No merecía la pena. No obstante... Era como rechazar a la propia Circe, a un ser superior: parecía un crimen en toda regla. Pero ahora estaba con Pansy y la quería. Ya, pero no se enteraría... En mitad de su debate, la bruja acercó sus labios a los suyos, se los humedeció y los separó ligeramente con lentitud. No iba a poder negarse, no quería negarse. En el último momento...
-¡De acuerdo! -exclamó Bellatrix alegremente alejándose de un salto.
Hermione maldijo a la mortífaga y a todos sus ancestros mientras su compañera se partía de risa. Aborreció al momento ese juego que se traían desde el principio. Apretó los puños e intentó calmar la respiración. La mortífaga seguía caminando a saltitos sin dejar de reírse a carcajadas.
-Por un segundo -empezó la morena con dificultad por las lágrimas-, por un segundo he creído que me decías que sí y veías que iba de farol. ¡Pero te has rendido, has perdido tú, como siempre! No puedo hacerle eso a mi perrito un día antes de la boda... aunque si esperas dos semanas...
-¡¿Te das cuenta de lo cruel que eres?! ¿No puedes torturarme con un crucio y ya? Sabes que estoy con...
-¡Qué pesados estáis todos con que os crucie! -exclamó la bruja interrumpiéndola- Voy a tener que hacerlo para que me dejéis en paz... Y no te preocupes por tu novia, ella me hubiese comido la boca sin remordimientos. Siempre sospeché que su fascinación con Draco era una tapadera, cuando la invitaban a la Mansión Malfoy se pasaba la cena mirándome las tetas de reojo.
Lo peor fue que Hermione estuvo de acuerdo, aunque no lo manifestó. "¡Te odio, eres insoportable!" bufó la gryffindor. Como ya se distinguía la salida del bosque, apretó el paso alejándose de la bruja. "Eso mismo me decía Siri" comentó la cantarina voz a sus espaldas, "Y acabamos de follar duro en...". Hermione se giró con cara de cólera y la apuntó con la varita en un gesto altamente amenazante que hasta a sus amigos les daba miedo. La bruja la miró sorprendida pero segundos después siguió carcajeándose. "Eres adorable, globulito, si me falla lo de Sirius volveré contigo. Hasta entonces puedes entretenerte con mi sustituta" murmuró cuando consiguió calmarse. Hermione prácticamente corrió hacia Harry y Sirius. El chico, viendo su expresión, le dirigió una mirada interrogativa para asegurarse de que estaba bien. Su amiga asintió e intentó serenarse. Ni muerta confesaría lo que acababa de pasar. Cuando al poco apareció Bellatrix, el joven reunió valor y le preguntó si podían hablar en privado. Ella asintió, pero Hermione preguntó suplicante:
-¿No podemos hablarlo aquí todos juntos?
Adoraba a Sirius, pero tras el dato de sus habilidades orales, se moriría de vergüenza si tenía que quedarse a solas con él. No era capaz de mirarle a los ojos (tampoco al culo). El animago se dio cuenta de que había tenido razón en sus predicciones: su prometida había conseguido trastornar a lo joven con algún dato inquietante. Creyó que sería algo referente a sus turbios asuntos bélicos y laborales. O quiso creer que era eso. Porque sabía que su prima no habría tenido problema en narrarle con detalle sus actividades mazmorriles. Intentó ofrecerle un plan para tranquilizarla:
-Habíamos quedado con Draco para cenar, sé que no os lleváis muy bien, pero si quieres acompañarme a buscarlo...
-¡Nos llevamos genial! -exclamó de inmediato- Bueno, tampoco tanto, pero tengo muchas ganas de verlo. Vamos.
Por supuesto era mentira. En la batalla de Hogwarts habían tenido un ligero acercamiento y eso era todo, pero agradecería que hubiese alguien más aparte de ella y el animago. Si era Draco, genial, pero si era Voldemort resucitado o incluso Umbridge en ropa interior también le hubiera valido; ese era su nivel de incomodidad.
Y resultó que para sorpresa de todos fue agradable. Draco se sorprendió al verla y al principio la tirantez fue palpable. Pero habían pasado por mucho más de lo que merecían y habían madurado. Además, ambos estaban estudiando a distancia su último curso y les gustó poner en común sus dificultades con las asignaturas. Por su parte, Harry se disculpó con Bellatrix. Saiph, indignado porque el chico a quien había regalado sus cromos hubiese traicionado a su mamá, le mordió hasta dejar la huella de sus dientes en brazos y manos. Bellatrix decidió que estaban en paz y le perdonó. Al poco aparecieron los otros tres. El encuentro entre Draco y Harry no fue tan fluido como con Hermione, la tensión era notable tras tantos años de enemistad. Sin embargo, llegaron a entenderse; Harry recordaba cómo el chico le entregó su varita para poder vencer a Voldemort. La cena no fue demasiado incómoda: Bellatrix contó suficientes absurdidades y barbaridades como para que todo el mundo olvidase sus rencillas.
Después de cenar, Hermione le suplicó a la bruja oscura que le enseñara la biblioteca y se marcharon juntas. El animago aprovechó para revelarle a Draco que Harry sería su padrino pero que quería que él también lo fuese. La relación entre ambos era cordial y más bien distante, pero el chico era importante para Bellatrix y deseaba congraciarse con él. Si a su ahijado le pareció mal, no protestó.
-De acuerdo -aceptó el rubio altivo- pero como le hagas daño a mi tía...
-¿Te das cuenta de que yo soy tu tío segundo? Y mañana también seré tu tío a secas... -comentó el animago sonriente.
-Eso tendrás que ganártelo -respondió Draco-. Y te juro que como le hagas el más mínimo daño a tía Bella, te mataré. No pude matar a Dumbledore porque era un hombre inocente y no me había hecho nada, pero te juro que a ti...
-¡Eh! -le interrumpió Harry- ¡No insultes a Sirius! ¡Es mucho más probable que sea la...!
"¡Harry!" le frenó el merodeador. El chico cerró la boca. El animago se dio cuenta de pese a lo que ella pensaba, Bellatrix sí tenía gente que se preocupaba por ella. Por mucho que Draco hablara en serio, obviamente no le causó el más mínimo miedo. Pero le enterneció que se preocupara por el bienestar de su tía. Así que apoyó la mano en su hombro y le miró a los ojos.
-Quiero muchísimo a tu tía y prefería morir antes que hacerle daño. Así que si algún día se lo hago, será un honor que me mates tú.
Draco pareció algo turbado con la respuesta pero frunció el ceño y asintió. Por supuesto a Harry no le había hecho ninguna gracia semejante ofrecimiento. Comentó que ya le gustaría ser tan buen duelista como para matar a Sirius.
-¡Por favor! ¿Harry-expelliarmus-Potter me está desafiando a un duelo? -se burló él.
-¡Aquí y ahora! -le retó el moreno al instante.
Sirius comprendió que un adulto sensato frenaría aquel arrebato infantil. Sirius comprendió que él no era un adulto sensato.
-No podéis hacerlo aquí. Si le destrozáis el salón a Bella se cabreará mucho, le gusta ser ella la que destroza las cosas. Podemos ir a una de las salas de entrenamiento.
Ambos chicos aceptaron de inmediato. Pusieron rumbo a la biblioteca porque estaban seguros de que Bellatrix no querría perdérselo y Hermione no querría perder la oportunidad de echarles la bronca. De camino, para desestabilizarlo y enfurecerlo, Harry le comentó a su rival que su tía había vivido con ellos varios meses y le había entrenado todos los días. Draco sintió verdadera rabia, pero se disipó enseguida y comentó con arrogancia:
-Cuando yo tenía cuatro años mamá se cabreó con tía Bella porque la pilló intentando enseñarme a usar crucio con su varita. Así que creo que me ha entrenado mejor que a ti.
A Harry el dato le inquietó bastante. Al animago le hizo gracia, al menos su tía se preocupaba por su aprendizaje. Las reacciones de la parte femenina fueron las esperadas: a la mortífaga le pareció una idea genial ver quién de los dos era mejor y Hermione rugió que estaban todos locos y no deseaba presenciarlo. No obstante, decidió que debía haber un adulto responsable supervisando el duelo y ninguno de los Black lo era, así que los acompañó rezongando. Entraron en la sala de duelo y los tres espectadores se sentaron en un lateral. Mientras efectuaban la reverencia inicial, Sirius le comentó a su prima que le daba pena Draco porque no tenía ninguna posibilidad.
-¡Sí, claro! -resopló ella- El pobre Potter acabará como un duende contra un centauro...
"¿Quieres apostar?" murmuró él sin apartar la vista de los chicos. Su prometida aceptó de inmediato. Para exasperación de Hermione, además de la violencia incluyeron la ludopatía en aquel sinsentido. La mortífaga le preguntó qué quería jugarse, a ella le daba igual, estaba segura de que su sobrino ganaría.
-Si gana Harry, tú serás una mortífaga capturada por la Orden; si gana Draco, yo volveré a ser un miembro de la Orden atrapado por los mortífagos.
A la bruja le pareció bien y se dieron la mano para cerrar el pacto. Hermione, algo separada de ellos, no lo entendió bien. Hasta que lo entendió. Ahora aquello incluía violencia, ludopatía y depravaciones sexuales. "¡Arg, por favor, pero qué asco! ¿¡Es que no podéis dejar de causarme traumas!?" exclamó. Gritó tan fuerte que hasta los duelistas la miraron frunciendo el ceño. Ella se disculpó y los chicos siguieron. Sirius, algo avergonzado, le pidió perdón por hacerla sentir incómoda. Bellatrix siguió riéndose de su globulito.
Harry y Draco empezaron por hechizos sencillos y la cosa se fue complicando. Ambos eran muy buenos, los mejores de su clase en Defensa contra las Artes Oscuras. Iban realmente igualados. Tanto que pasaban los minutos y se iban cansando pero no se erigía un ganador. Hasta Bellatrix, que amaba el duelo, comenzó a aburrirse. Al rato apoyó la cabeza en el hombro de Sirius y cerró los ojos. Él la miró sonriendo. Los dos jóvenes seguían combatiendo ajenos a todo, cada vez más agotados. Parecía que se iban a derrumbar de un momento a otro, pero aún así, seguían manteniendo su expresión arrogante y lanzando hechizos sin parar.
-Alguien tiene que detenerlos -comentó Hermione nerviosa-. Están agotados y son demasiado cabezotas. Vendría bien que hubiese algún adulto entre nosotros...
-Tienes razón, Hermione. Te diré lo que vamos a hacer -resolvió Sirius-: Bella va a seguir durmiendo porque hoy nos ha torturado a todos de varias formas y eso le produce un estado de relajación muy propicio para el sueño. Yo voy a seguir contemplando lo adorable que está cuando duerme. Y tú vas a seguir siendo el adulto responsable como lo has sido toda tu vida.
La chica bufó y sacudió la cabeza. Eran tal para cual. Él y su prima y Draco y Harry. Aún así, tomó nota mental de burlarse de Bellatrix por dormirse sobre su primo cual adolescente. Cuando ya estaba dispuesta a finalizar el combate con un empate, el rubio derrotó finalmente al moreno. Y paradójicamente fue con un expelliarmus. Su grito de emoción y el gruñido de fastidio de su oponente despertaron a la mortífaga. Justo a tiempo para que su sobrino creyese que había presenciado su victoria.
-¿¡Lo has visto, tía Bella, has visto qué bien lo he hecho!?
-¡Claro que sí! -respondió ella revolviéndole el pelo- Estoy muy orgullosa de ti, siempre has sido el mejor.
Hermione y Sirius pusieron los ojos en blanco al ver la hipocresía de la slytherin. Ella miró a Sirius con una sonrisa cruel para recordarle quién había ganado la apuesta. El hombre tragó saliva y rezó porque Bellatrix quisiera esperar unos días para cobrar el premio, aún no se había recuperado de su última sesión... Los cinco estuvieron un rato más charlando en el salón y al poco se fueron a la cama. Draco quiso quedarse esa noche con ellos porque se había hecho ya tarde y le daba pereza bajar a su casa. Los dos Black subieron a su planta y Sirius comentó que igual estaba bien cumplir la tradición de no verse la noche antes de la boda.
-¿Por qué? ¿Deberíamos haber cumplido también la de llegar vírgenes al matrimonio? -rió la bruja.
-Ya... Llegamos un par de días tarde para eso. Pero quiero hacerlo, es una norma en las familias de sangre pura, ¿no? -preguntó él.
-De hecho, en las familias de sangre pura hay que estar sin verse durante toda la semana previa a la boda.
-¡No jodas!
-Ya te digo que sí. Fue la semana más feliz de mi vida sin ver a Rodolphus...
El animago sacudió la cabeza y sonrió. Finalmente su prima aceptó cumplir con la tradición. Se dieron un beso de despedida en absoluto casto e inocente y cada uno se retiró a su habitación. Cinco minutos. Cinco minutos tardó Sirius en arrepentirse. Le hacía ilusión que la próxima vez que viese a Bellatrix fuese para casarse, pero eran demasiadas horas sin ella... Se duchó y se metió a la cama. Imposible dormir. Demasiados nervios e ilusión. Además, se había acostumbrado a dormir con su princesa entre sus brazos, sin ella ya no era capaz.
Decidió subir a la azotea a ver las estrellas como hacían algunas noches, eso le relajaba. Se puso una elegante bata encima del pijama y subió hasta el último piso. En cuanto abrió la puerta sintió la purificante brisa nocturna. Y entonces vio que no era el único que había tenido esa idea.
-¡Siri! Han sido veinte minutos sin vernos, creo que es nuestro récord -se burló la bruja.
Se dio cuenta de que ella iba más preparada: había echado una manta en el suelo, tenía otra para taparse y una almohada. También había subido una botella de champán y un par de ranas de chocolate para Saiph que debía ser el bulto que correteaba bajo la manta. La bruja se ofreció a irse si le hacía ilusión lo de no verse. Él la detuvo de inmediato: si el destino quería que no se separaran, ¿quién era el para contradecirlo? Se metió con ellos bajo la manta y brindaron con champán mientras Bellatrix les explicaba por duodécima vez las constelaciones. Estaba segura de que si les preguntaban, Saiph sería mucho más capaz de identificar las estrellas que su primo. Y así, en la azotea de su mansión, pasaron juntos su última noche de solteros.
