Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía
Solo para mayores de 18.
Yani, Sarai muchas gracias por ayudarme con la corrección de capis!
Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook
Marzo, 2010. Dos años atrás.
—¿Cuántas veces te voy a decir para qué sirven los cestos, Edward?
Bella se detuvo frente al cesto de la ropa sucia, con los brazos en jarras.
»¿Ves esto?, se llama tapa, la levantas y la cierras. ¿Lo ves?, mira, lo haré de nuevo, levantas… cierras, ¡y depositas aquí tu jodida ropa sucia! —gritó asustándolo, antes de que respirara profundo, negando—. No sé por qué me molesto la verdad —bufó metiendo toda su ropa en el cesto—, cada día es más de lo mismo y lo mismo, toallas mojadas aventadas por aquí, zapatos por allá… de verdad a veces solo quisiera matarte.
—Buenos días para ti también, Torpe.
—Ugg —exclamó enojada, antes de llevarse una pastilla a la boca y tragarla.
—¿Sigues tomándote los anticonceptivos? —Bella lo miró como si estuviera loco.
—Justo en este momento estoy pensando en tomarme dos. No sé para qué rayos quieres un hijo cuando tú ya eres un niño, no necesito dos niños en este momento, muchas gracias.
Edward se incorporó en un codo, el sol entraba directamente por la ventana, haciendo que su cabello cobrizo fuera un verdadero espectáculo matutino, ni para qué hablar de su torso, y solo porque estaba endemoniadamente guapo justo ahí, se dijo que seguía casada.
—Mira. —Él se incorporó, sentándose hasta el borde de la cama—. Sé que te parezco un imbécil cada vez que dejo la ropa tirada…
—O los trastes en la recámara…
—O los zapatos donde sea…
—O el jabón lleno de…
—¡Esta bien, está bien! —dijo tirando de sus manos, obligándola a sentarse en su regazo—. Sé que soy un asno, Bella, pero de verdad… puedo cambiar todo eso si tenemos un hijo.
—¿Es un chantaje? —elevó una ceja—, porque puedo pagarle más a Lauren para que venga diario a la casa, y no solo dos veces por semana. —Él se rio entre dientes.
—Lo digo en serio.
—Yo también, no creo en el cambio radical, Edward —dijo empujándole el cabello hacia atrás—. No puedes poner tu ropa sucia en un cesto, ¿qué crees que me haga pensar que de pronto también vas a cambiar pañales y hacer biberones?
—Puedo cuidarlo. —Jugueteó con sus dedos entre los suyos—. Quiero un niño, he soñado con eso desde que nos casamos. Quiero llevarlo al teatro, y mostrarle el mundo de la actuación, quiero llevarlo a montar motocicletas como lo hacía su madre —le guiñó un ojo, conocedor de que ya casi no la conducía—, o quiero solo… lo quiero, Bella, quiero que formemos nuestra familia, ya casi tenemos treinta años.
—Ay, Edward —susurró acariciándole la barba de algunos días—. No… no me siento lista en estos momentos, ya sabes… con Emmett regresando de Colombia y sus ideas de contratar cantantes con estilo de narcotraficantes…
—No importa, yo puedo cuidarlo. Mi trabajo no es tan demandante y lo sabes, además… puedo retirarme de las obras y dedicarme al taller como había querido antes, ese es otro de mis sueños, puedo enseñarle a cambiar bujías y…
—¿Y qué si es una niña? —Él parpadeó, una lenta sonrisa dibujándose en sus labios.
—También puede hacerlo, las niñas pueden hacer cualquier cosa. —Bella se rio, depositando un beso en sus labios.
—Lo pensaré, ¿está bien? —El escepticismo en la expresión de su esposo no la molestó en absoluto—. Sin embargo… —agregó ignorando la ceja levantada de Edward—, a cambio, quiero que pienses en la oferta de Rosalie, sabes que te irá mejor.
Su marido rechinó los dientes. Bella sabía que Edward de todas las personas, era quien menos querría ser un mánager, pero después de que ella hubiese renunciado a Warner, Rosalie y ella no habían perdido el contacto. Ella realmente era muy dulce e insistente con que volviera, pero como jamás lo haría, se le ocurrió una buena idea: que Edward sí podría hacerlo, después de todo no le iba muy bien en el teatro. Si bien sus obras tenían buenas reseñas y siempre público, no era… algo que lo hiciera destacar, y Bella sabía que su marido merecía mucho más.
Rosalie compartía sus pensamientos, también creía que Edward podía hacer más con su vida que solo quedarse como director de obras independientes y estuvo encantada con la idea, quería a Edward en sus filas, quería su oído especial para detectar a nuevos artistas, su conocimiento sobre la industria musical en la que había trabajado por tantos años… pero él se negaba siempre a siquiera considerarlo. Bueno, si quería un hijo, ella también tenía sus condiciones.
—Ahora eres tú quien me quiere chantajear —murmuró él, besándole la barbilla, antes de colocarla a horcajadas sobre su erección matutina—. Lo pensaré, ¿de acuerdo?, pero si me voy, debes venirte conmigo a Seattle. —Bella se tensó ante eso.
—¿Mudarnos?, pero aquí tenemos todo, no veo por qué nos mudaríamos otra vez, no tiene ningún sentido…
—¿Pretendes que me vaya solo?
—Solo es un viaje de cuatro horas.
—Diarias.
—Valdría la pena —cuchicheó, antes de sacudir la cabeza—. Lo siento, Edward, yo solo… mudarme en medio de todos estos problemas me parece algo imposible.
—Bueno, si estabas intentando chantajearme estás fracasando terriblemente —bromeó besándola—. No obstante… conozco otros métodos más efectivos para tratar de engatusarme —murmuró paseando la nariz por su cuello, haciendo que cerrara los ojos ante sus caricias.
—¿Cuáles métodos son esos?
Esos increíbles ojos verdes se convirtieron en lisos y oscuros pozos, y Dios, siempre se sentía acalorada estando con él, no importaba la hora del día, sus manos en su cuerpo, su respiración contra su cuello…
—Descúbrelos por ti misma, señora Cullen.
Bella elevó una ceja, diciéndole con una mirada que lo haría, y que esperaba que valiera la pena. Acto seguido, estiró la mano encontrando su celular, para poner la canción que sabía más le gustaba a su esposo. Él había dicho que se sentía muy sexual cuando la compuso, que incluso estaba pensada en ella. Esa canción podía ponerlo duro en el escenario, y en la cama, no era la excepción. Edward apretó su mandíbula, sus músculos se contrajeron, los tendones en su cuello se tensaron como si estuviese tratando de alcanzar el control. Control que ella no quería. Iba a demostrarle qué tan determinante podía ser cuando quería algo. Salió de sus bragas y, volviendo en solo segundos a su misma postura, pinchó el pecho de Edward, haciéndolo reclinarse hacia atrás mientras tiraba de su bóxer para poder montarlo.
—Puedo ser muy convincente, señor Cullen.
Y entonces, lo tomó. Fácilmente, la gravedad hacía cosas muy interesantes, como esto, donde podía tomarlo por completo, donde podía verlo inmerso en su satisfacción, y controlar el ritmo que quería llevar. El aliento de Edward se quedó atrapado… y cómo amaba sus reacciones, amaba el golpe embriagador del poder femenino que le daba cuando las causaba. Segundos después, Edward llevó sus manos a sus caderas, instándola a seguir, pero no necesitaba hacerlo, se encontraba lo suficientemente excitada como para no disminuir ni un poco el ritmo.
Él acarició sus hombros y sus manos se deslizaron alrededor de su espalda mientras enterraba el rostro en su cuello y acariciaba la piel sensible entre su mandíbula y su oreja, y eso sumado a su clítoris frotándose contra su piel, la tenía realmente por las nubes. Apoyando las manos en su pecho se enderezó, disfrutando de la vista de Edward. Tenía la mandíbula apretada, sus hermosos ojos verdes yendo a la deriva entre el movimiento de sus pechos y la conexión entre sus sexos. Era un placer saber que después de tantos años, seguía mirándola con hambriento deseo.
De forma inesperada, Edward se sentó, tomándola por sorpresa ya que de esa manera entró más profundo, robándole un gemido. Sus labios la acallaron mientras comenzaba un ritmo más marcado, más desenfrenado que la hizo sujetarse de sus hombros, enterrándole las uñas con cada impulso, el roce de su piel contra su clítoris se intensificó también y lo que parecía tardar todavía un par de minutos, se volcó sobre ella como un inesperado clímax, cada célula de su cuerpo temblaba de éxtasis, haciéndola desfallecer. Bella gimió alto, perdida en sensaciones mientras él empujaba una y otra vez contra ella, llevándola a través del orgasmo alto, muy alto hasta que perdió la noción del tiempo y lugar. Segundos después lo sintió tensarse dentro de ella, sus fuertes manos presionando sus caderas mientras se estremecía con la violencia de su propio orgasmo.
Y cuando se dejó caer de vuelta en la cama, se la llevó con él. Quedando ambos saciados y agitados.
—Dios mío —dijo Edward, todavía recuperando el aliento—, por alguna razón, no puedo dejar de pensar en música...
—Edward...
—... en Seattle...
—Edward...
—... en un empleo como ¿mánager?, qué loco, es como… como si me lo hubieran incrustado en el cerebro…
Bella se rio, todavía sin aliento, subiendo por su pecho y mordisqueándole la barbilla, haciéndolo callar entre risas.
—Es mi hechizo.
—Se llamará maginal.
—¿Qué rayos es eso? —dijo observándolo con una sonrisa. Tenía el cabello revuelto y los ojos brillantes y saciados.
—Magia vaginal.
Bella rodó los ojos, antes de reírse entre sus labios. Edward la arrastró sobre su pecho y murmuró cosas pervertidas sobre encantamientos, era un idiota, pero amaba a ese hombre más que a nada en el mundo.
Hola, hola! Por acá les dejo actu, el capi que sigue nos toca presente. ¡Espero les haya gustado este!
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Mil gracias a todas por sus buenos deseos, y continuamos!
