Esa mañana el cielo estaba teñido de color gris.

Las nubes se arremolinaban en dirección al pueblo, amenazando con dejar caer la fría lluvia sobre ellos. Esa mañana Víctor se había despertado muchas horas después de pasado el alba, con un poco de dificultad logro incorporarse de la cama, su temperatura estaba elevada y su rostro estaba enrojecido, sentía su cuerpo pesado y un ligero dolor de cabeza, tal parecía ser que tuviera algo de fiebre, siendo aquello lo que hacía que le retrasara su despertar esa mañana.

Creyendo que podría tratarse de un resfriado, mando a llamar al médico que atendía exclusivamente a la familia real, quien le examino cuidadosamente por unos minutos hasta hacer un gesto que indicaba saber que era lo que tenía el joven zarévich.

— Es su celo, alteza.

— ¿Mi celo? —repitió confundido.

— Usted está teniendo su primer celo en este momento su alteza, todos los síntomas que tiene indican aquello —explico.

— Entiendo — respondió, razonando un poco. Parecía ser algo normal, después de todo, Víctor estaba en la edad y ya le habían explicado con anterioridad a que correspondía, solo no espero que este fuera tan molesto, en múltiples factores —. ¿Qué hago para que este malestar desaparezca, o en su defecto que disminuya? —consulto.

—Es posible que necesite de la compañía de un omega para sobrellevar su celo, hare la nota al consejero real para que establezca las candidatas —índico el galeno con total naturalidad mientras guardaba lentamente sus instrumentos médicos en su maletín, por otro lado, Víctor le miro un poco desorientado.

— ¿Compañía? —Repitió intentado analizar el contexto planteado por su médico—. Esta refiriéndose a…

—Sí, su alteza, a que un omega que le provea de su cuerpo para saciar los deseos provocados por su celo —se explico al mismo tiempo que el joven alfa buscaba analizar todo —. Usted es un joven alfa sano y en crecimiento, estoy seguro que alguna de las jóvenes omega de la servidumbre, estarán más que dispuestas a servirle para tales requerimientos.

— No lo hare.

— ¿Su alteza?

— No fornicare con ninguna de esas omegas —estableció Víctor de inmediato bajo la incredibilidad del médico.

— El primer celo de un alfa es extremadamente doloroso y difícil de sobrellevar, como tal es necesario que usted tenga relaciones sexuales con un omega. Entiendo que pueda preocuparle dejarlas en cinta dado que es nuestro principal heredero, pero usted no debe preocuparse por ello. Las omegas que estén a su disposición serán preparadas con antelación con infusiones de plantas medicinales que imposibilitaran por unos días su fertilidad—sin embargo, el estruendo sordo de la mano de Víctor golpeando la mesa de noche hizo que el médico cesara su explicación.

— No quiero ningún omega aquí, ¿ha quedado claro? —fulmino la oración utilizando por primera vez en su vida la voz de mando, que para un pobre beta como lo era aquel medico, implico un miedo general que le obligo a bajar su rostro de inmediato en señal de sumisión.

— Como usted desee, su alteza, indicare a la servidumbre que no permita el paso de ningún omega en las cercanías de su habitación.

Y dichas esas palabras, el hombre se retiro de la habitación a paso apresurado, cerrando rápidamente la puerta tras de sí. Víctor observo la puerta por unos instantes para después proceder a retirar sus ropas, quedando completamente desnudo para así cubrir su cuerpo con la fina cobija y recostarse en su lecho. De verdad hubiera querido reclamarle al médico, aquella forma de utilizar a los omegas como un simple objeto le había parecido extremadamente ruin y asqueroso, pero por más que quiso pensar más a fondo en ello, no podía. La temperatura de su cuerpo era intensa, la piel le quemaba y su entrepierna dolía como el infierno, el joven zarévich no sabía cómo poder sobrellevarlo, necesitaba liberar esa presión de algún modo pero no quería tocar a nadie en ese castillo, no quería tener frente a nadie que no fuera…

— Yuuri…

Durante las 48 horas que transcurrió el celo del alfa, este no salió en ningún momento de su habitación. Sus alimentos eran entregados por el personal beta masculino del castillo, estando en lo que parecía ser unos días de exclusión casi total. Ni siquiera su madre o hermana tenían permitido el acceso a la habitación del joven, dado que al ser su primer celo, este sería uno de gran intensidad y dolor. Al no tener la compañía de ningún omega para liberar su deseo, Víctor recurría a sus propias manos, sufriendo en diversas ocasiones por no poder anudar en ninguna de las veces que lograba llegar al orgasmo, en ninguna de esas ocasiones que satisfacía sus instintos evoco imagen alguna, solo permaneció allí, luchando contra el malestar, el calor y el dolor de su cuerpo y mandíbula. Solo la última noche de su celo, en el borde de la bruma de calor evoco una imagen, su mano que descansaba sobre el acolchado camino directamente hasta su entrepierna que dolía intensamente, con cada movimiento que ejercía la imagen se volvía más nítida, más intensa. Los cabellos oscuros, la piel blanquecina, las piernas voluminosas y las caderas estrechas, pero sobre todo, aquellos hermosos ojos de color ámbar que hicieron que no pudiera retenerlo más, terminando escuetamente sobre parte de su cuerpo desnudo y lleno de sudor. Respiraba agitadamente, recostándose en el suelo cercano a la cama mientras buscaba la forma de calmarse, alzo un poco el rostro encontrando el borde de la ventana que dejaba al descubierto el cielo estrellado, un intenso golpeteo se postro en su pecho junto a esa dulce sonrisa que le había acompañado en su mente durante esa última noche.

— Yuuri —susurro con un intenso sonrojo cubriendo su rostro, y alzando su mano al cielo reflejado en la ventana mientras pensaba en el omega, termino finalmente por caer en los brazos del sueño.

El joven zarévich pasó alrededor de dos días completos durmiendo. Y en esa última noche, aun convaleciente producto de la bruma del celo, había tenido un sueño.

Un sueño donde estaba en un paraje lleno de flores, donde existía una particular predominancia entre los lirios y las rosas azules. En él se encontraba corriendo felizmente por aquellos campos floreados junto a una persona de cabellos oscuros, ambos tomados de la mano sin preocupación alguna, disfrutando de la compañía del contrario hasta caer de espaldas sobre las flores, y mientras respiraban agitadamente entre las risas, volteo hacia el rostro de aquella persona que le acompañaba, observando la figura etérea de Yuuri sonriéndole ampliamente.

Es al despertar durante esa mañana, que el alfa sintió un ínfimo malestar en el pecho, una presión que comenzaba a ser cada vez más constante y que solo ocurría cuando pensaba en Yuuri.

Sintiéndose mucho más ligero y sin ningún tipo de calentura, se levanto de la cama para el baño, hizo sus necesidades, se baño y posteriormente se vistió saliendo de la habitación. No paso mucho tiempo para que se diera cuenta que era el centro de atención desde que puso pie fuera de la habitación, los comentarios callaban por donde pasaba hasta que llego al salón comedor para poder desayunar algo, la servidumbre y las cortesanas le miraban con prudencia. Víctor podía sentir sus miradas y percibir con mucha más fuerza que antes los aromas reflejados en las feromonas que estas emanaban. Parecía sé que luego de su celo, sus sentidos parecían haberse acentuado mucho más. Para Víctor eso no suponía ningún problema, era hasta conveniente, o eso fue que lo pensó mientras llevaba algunos bocados de su comida. Sin embargo, aquel olor que emanaban aquellas damas, particularmente las jóvenes omega, le parecía por demás asqueroso, nada grato. No era suficiente para que abandonara la estancia pero si era incomodo.

Termino de comer, y levantándose de su asiento dio otro vistazo a las cortesanas, quienes sonrieron coquetas y algo divertidas, no obstante, el zarévich se retiro sin dirigir algún comentario. Luego de un par de años de clases de etiqueta, había aprendido a sobrellevar con naturalidad una falsa sonrisa que pudiera utilizar en diversas ocasiones de interacción social, no obstante, en ese momento Víctor no quería tratar con nadie.

Seguía con aquel malestar en su pecho.

Camino hasta los jardines del castillo al fin de calmar su mente, las flores exquisitamente podadas que adornaban con su sutil belleza atrajeron su atención, pero de entre todas las flores que existían en ese extenso jardín, solo una capto su mirada, precisamente sus sentidos por el aroma de la misma. Un hermoso lirio de tonos azul claro, era leve pero suficiente para recordarle algo, un olor que en ese instante le parecía exquisito, semejante al proveniente de ese diminuto lirio y que era capaz de dejarlo postrado hacia él. Se parecía tanto al aroma de Yuuri.

Pero ¿Por qué solo con Yuuri?

¿Por qué el aroma de Yuuri le parecía tan dulce cuando hacía un instante había querido vomitar por el olor combinado de cinco bellas omegas?

¿Qué tenía de diferente, de especial?

Luego de haber pasado por aquel sacrilegio llamado celo, Víctor había comenzado a pensar múltiples cosas. Respecto a si mismo, respecto a porqué Yuuri parecía sobresalir en todos sus pensamientos y sentidos, pero no solo en su celo, desde hacía ya bastante tiempo en particular. No parecía ser algo relacionado a su conexión como maestro y estudiante, tampoco estaba relacionado a su amistad, era algo más fuerte, más extraño.

Una diminuta gota cayó sobre la cabeza del zarévich, quien alzo la vista sobre el cielo. Tal parecía que sería un día lluvioso. Se debatió mentalmente si ir esa mañana al lago para conversar con Yuuri, aun se encontraba indispuesto y por ello había salido de las paredes del castillo para esclarecer sus pensamientos, decidiéndose por recorrer los extensos caminos del laberinto de rosales que existía dentro de los jardines del palacio. Su mente estaba nublada igual que el cielo, con la diferencia que no estaba llena de color gris, sino de un intenso mar color ámbar.

— Lo veo un poco abatido su honorable alteza.

Víctor se exalto al verse sorprendido de repente, buscando de inmediato el origen de aquella voz hasta encontrarlo a unos escasos metros de distancia de su persona. El alfa relajo un poco su postura, sonriendo un poco divertido con la figura ligera de un joven de risos dorados que se acercaba sonriente hasta él.

— Sinceramente no la he estado pasando muy bien, Chris.

— Eso puedo verlo dibujado completamente en tu cara, no tienes que decírmelo —contesto el joven noble mientras le abrazaba con gran efusividad.

Chistopher Giacometti, un joven alfa de 16 años que pertenecía a la nobleza del principado suizo que estaba al oeste del imperio ruso. Víctor y él se conocían desde los ocho años, siendo mejores amigos desde entonces. No se podían ver regularmente dado que la familia Giacometti se encargaba de los procedimientos económicos más importante del principado suizo, a lo cual estaban obligados a viajar constantemente por el mundo. Chris, apodo sugerido por el mismo joven, había llegado escasos tres días al palacio imperial pero dado el celo de Víctor y posteriormente su descaso continuo de dos días más, no pudo presentarse ante él hasta ese día.

— Estuve esperando bastante por ti, y estoy a solo tres días de marcharme nuevamente a otra región del imperio, deberías recibirme con mucha más alegría, mon cheri—dijo con una mueca de tristeza y que era una acostumbrada sobreactuación del suizo.

— Lo siento amigo, no han sido días sencillos — menciono el zarévich con tono cansado al tiempo que iban caminando por el extenso laberinto de rosas, Chris le miro empático.

— Parece ser que pasar un primer celo sin la compañía de un omega es verdaderamente un desafío — comento despreocupadamente, captando la atención completa de Víctor de inmediato.

— Entonces todo el mundo lo sabe ya —reflexiono el zarévich, no con preocupación, pero si con un poco de vergüenza, no era de su agrado que su intimidad fuera tema de conversación en el castillo.

— No te lo voy a negar, fue de lo único que escuche durante mi corta estancia dentro del castillo, muchas cortesanas estaban inconformes dado que querían acompañarte en tu primer celo —comento el suizo pícaro, pero Víctor suspiro pesadamente siendo ese momento captado por su mejor amigo, quien le invito a sentarse en uno de los bancos del centro del laberinto y que contaba con la vista de una de las más hermosas fuentes que se ubicaban en el jardin—. Veo que los comentarios respecto a tu celo no son los únicos que te están molestando —estableció el rubio observando cuidadosamente cada reacción proveniente de su amigo, el otro alfa solo resoplo con cansancio.

— Es complicado Chris, lo he pensado demasiado, pero en mi mente solo hay nebulosas y vacios, no puedo dejar de pensar en él, no sé que me está pasando —admitió.

Hubo un breve silencio entre ambos, donde solo podía escucharse el sonido del agua caer desde la fuente. El alfa suizo se estiro en su asiento para luego levantarse y caminar un poco cerca de la fuente, Víctor le miraba en un silencio que no era común en él.

— Esto es más grave de lo que imagine, nunca pensé que este momento llegaría —dramatizo Christopher mientras Víctor le miraba cansado de sus exageraciones al mencionar cualquier tema.

— No estoy para juegos en este momento Chris, de verdad me siento bastante desorientado—respondió un poco exasperado el ruso mientras su amigo le miraba con una sonrisa entretenida.

— No estoy jugando, mon cheri, de verdad estoy sorprendido de ver que de los dos, tu serías el primero en caer enamorado.

Nuevamente ambos quedaron en silencio, esta vez más profundo de parte del ruso que por el suizo. Víctor se quedo mirándolo por unos instantes en los que buscaba una respuesta adecuada para responderle, aun cuando el tono de color en su rostro parecía delatarle con notoriedad.

— Eso no puede ser, Chris yo no puedo —intentaba explicarse pero las palabras simplemente morían en su boca cuando estaba tratando de pronunciarlas.

Victor apretó fuertemente su pecho, negando el aceleramiento en los latidos de su corazón. El no podía estar enamorado de Yuuri, era algo verdaderamente impensable. El omega era verdaderamente una persona hermosa, y extremadamente encantadora. Pero era su maestro, y una persona mucho mayor que él, estaba seguro que sus sentimientos jamás podrían ser correspondidos. Pero por sobre todo de eso estaba su posición social, aunque estuviera en completo desacuerdo con ello, estaba al tanto que jamás podría escoger a la persona que amara a menos que se enamorara de la persona que sus padres eligieran para él. Incluso si Yuuri le correspondiera, no estaba seguro que sus padres pudieran aceptarle y aun con su aprobación, no quería comprometerlo a una vida llena de restricciones, no cuando Yuuri era un ser libre. El suizo le miro compasivo para después colocar su mano en uno de sus hombros en señal de apoyo, Víctor le miro sin entender.

— Puedo darme una idea de que pasa por tu cabeza, y lo entiendo perfectamente, pero no te sulfures pensando en todo lo que puede ser perjudicial para tu posición o lo que pensara esa persona sobre ti, en este momento solo dedícate a pensar lo que sientes tu.

— Lo que yo siento —repitió el zarévich.

Todo era verdaderamente confuso, el dolor en su corazón, las palabras de apoyo de su amigo, el recuerdo de la sonrisa de Yuuri mientras le veía. Víctor estaba en una encrucijada de sentimientos complejos que lo arrinconaban contra la pared.

¡Hola mis corazones de cristal! Luego de tanto tiempo les traigo una actualización de El príncipe del hielo, de verdad he amado poder traerlos esto ya que estaba en un pequeño bloqueo de escritor con este capitulo, pero al fin he salido de él y les he traído varios elementos que siempre había querido tratar en un fanfic omegaverse.

¡El celo de un alfa! Si, nuestro Víctor ahora es un joven alfa hecho y derecho, con todas aquellas implicaciones que ha traído este consigo, yendo algunas más allá del componente biológico. Aquí observamos un aspecto de la realeza que siendo omegaverse o no, siempre ha sucedido, intuyo que se habrán podido dar cuenta de eso.

También observamos el inicio del clímax respecto a los sentimientos que tiene Víctor por Yuuri, la participación de nuestro personaje estrella, nuestro eros maduro (aunque aquí todavía es ilegal) Christopher Giacometti. Me moría de ganas de escribir de él, y sera de mucha importancia en los siguientes capítulos.

Y díganme ¿Que les pareció el capitulo de esta semana? he visto que le han dado mucho apoyo a esta historia al agregarla a sus listas de lectura y votando en todos los capítulos, de verdad, amo muchísimo esta historia y me encanta que a ustedes también les guste.