Chocolate


Sumary: El invierno ha llegado y cubierto todo con su manto. Ichigo y Orihime solo necesitan de una manta, chocolate caliente, pan y la compañía del otro.

Advertencia: Lemon. PWP?


Una pequeña sonrisa se dibujo en el rostro de Ichigo al ver a Orihime soplar su bebida. Momentos como ese le hacían pensar en lo equivocado que estaba cuando afirmaba que no podía estar más enamorado de su esposa. No sabía en qué momento comenzó a amarla como lo hacía, pero sí que desde el momento en que admitió lo que sentía fue más consciente del efecto que esos pequeños gestos tenían sobre él.

Decidió beber de su chocolate, algo de lo que se arrepintió al instante. No porque supiera mal, Orihime lo había preparado para él, sino porque estaba caliente. Si no hubiera estado tan concentrado observando a la mujer frente a él habría notado el humo que desprendía de su vaso.

—Deja que lo enfríe para ti.

Ichigo se puso de pie y tomó el vaso de Orihime. Con ayuda de un batidor manual se encargó de darle la temperatura deseada a las bebidas.

—Gracias —Orihime tomó el vaso de chocolate caliente y besó la nariz de su esposo.

En el televisor se estaba transmitiendo una película extranjera sobre un niño que se quedaba solo en su casa durante navidad y cuya casa era invadida por ladrones. Ichigo la había visto más veces de las que podía recordar, con su padre, hermanas y también con Orihime. Esa era la segunda vez que la transmitían ese año e Ichigo estaba bastante seguro de que no sería la última vez.

Al principio ambos estaban prestando atención a la película e incluso la disfrutaban a pesar de que se sabían casi todos los diálogos. Después de que Ichigo dejara los vasos en la cocina la atención de ambos se enfocó en otra cosa. Todo comenzó con un juego inocente entre un par de enamorados.

Ichigo empezó a hacerle cosquillas a Orihime. Deslizó sus dedos sobre sus mejillas, sobre su cuello, sobre su costado y sobre cada parte que quedara expuesta. Orihime comenzó a reírse desde el primer roce. Desde pequeña había sido muy sensible a las cosquillas y el que Ichigo conociera sus puntos más sensibles no ayudaba mucho.

Cuando Ichigo se detuvo, notó que se encontraba sobre Orihime. Sus rostros estaban a escasos centímetros y él no podía apartar la mirada de su esposa. Ella estaba despeinada y sus mejillas tenían un intenso sonrojo. En su mente solo había espacio para un pensamiento y ese era sobre lo hermosa que lucía la mujer que tenía tan cerca.

Orihime fue la que inició el beso. Colocó sus manos sobre sus mejillas y rozó sus labios. Deslizó su lengua sobre sus labios pidiéndole acceso e Ichigo se lo concedió. A veces Ichigo se sorprendía con la clase de gestos que podía tener la mujer que amaba, pero ese no era uno de esos casos. Él no estaba dispuesto a quedarse atrás, sin importar cuántas veces besará a Orihime, cada ocasión era única y en cada momento quería explorar cada rincón de su boca.

Cuando se separaron, Ichigo volvió a hacerle cosquillas a su esposa, pero en esa ocasión no usó sus dedos. Ver a Orihime con los ojos cerrados le hicieron pensar en usar una manera diferente para complacer a su esposa. Al principio, un poco tímido, su depositando pequeños besos en la zona que unía el hombro con el cuello, algo que fue desapareciendo cuando escuchó los suspiros de Orihime.

Los besos dieron lugar a pequeños mordiscos. Orihime inclinó su cabeza de modo que tuviera un mayor acceso. La película fue olvidada. Si le quedaba o no una marca a Orihime era lo que menos le importaba. Todo en lo que podía pensar era en lo mucho que estaba disfrutando de las atenciones de su esposo.

Orihime colocó su mano sobre la frente de Ichigo y se separó durante unos instantes. Se deshizo de su abrigo, de la blusa y del sostén. Si bien estaba nevando, el frío no era un problema para ella. Si bien el termostato estaba encendido, eran los besos y la forma en que el hombre que amaba mordisqueaba su cuello lo que habían hecho que su temperatura corporal aumentara.

Se sentó sobre las piernas de su esposo, notando el efecto que había provocado en cierta parte de su cuerpo. Una sonrisa traviesa apareció en su rostro antes de comenzar a despojar a Ichigo de sus prendas. Aunque no se encontraba del todo desnuda consideraba injusto que fuera la única en retirar algunas de las prendas que vestía.

Ichigo levantó las manos para que Orihime pudiera desprenderlo de su camisa. Si bien durante las primeras veces Orihime había tenido sus reservas, con el tiempo fue liberándose de todas sus inhibiciones y entregándose más al placer. Estaba con su esposo y se sentía con la total confianza para adentrarse en un mundo que le era desconocido.

—¿Sabes que te amo?

—Me gusta escucharte decirlo.

—En ese caso, te amo, te amo, te amo. A veces siento que no me alcanzaría toda una vida para decirte lo mucho que te amo.

—A veces pienso que me gustaría vivir cinco vidas, hacer tantas cosas y probar nuevas emociones, pero tú serías la única constante. Nunca podré amar a nadie más como te amo a ti.

Ichigo y Orihime nuevamente se besaron. Solo fue un roce de labios, pero fue un beso cargado de emociones. Era un gesto en el que expresaban el gran amor que se tenían y el inmenso deseo de estar juntos por el resto de sus vidas. Querían envejecer juntos, tener hijos y ver crecer a sus nietos.

Ichigo continuó besando el cuello de Orihime, Sus besos descendieron y llegaron a uno de sus pechos. Pellizcó el pezón notando lo endurecido que estaba. Orihime gimió al sentir los dedos de Ichigo en su piel y eso bastó para que Ichigo continuará. Escuchar a su esposa gemir era uno de los sonidos favoritos del hombre de cabellos naranja.

Rodeó con sus labios el pezón de su amada y estimuló el otro con sus dedos. Nunca se había considerado como alguien pervertido, pero había algo en Orihime que lo hacía querer más y anhelar probar nuevas experiencias. Lamió y degustó toda la piel que estaba expuesta, lo quería todo de ella.

Orihime frotó su trasero contra el miembro endurecido de su esposo provocando que este gimiera. Comenzó a mover sus caderas arrítmicamente, disfrutando de los sonidos que brotaban de la boca del hombre que amaba.

Podía sentir la humedad en su entrepierna y la creciente necesidad de sentir a Ichigo en su interior.

Orihime se puso de pie y casi sintió pena al ver la cara de su esposo cuando se separaron. Tatsuki le había regalado un libro poco después de que comenzara a salir con Ichigo y quería poner en práctica una de las cosas escritas en sus páginas. Llevó sus manos hasta la cremallera del pantalón de Ichigo y, con las manos temblorosas por la excitación, se deshizo de la prenda.

—¿Qué tienes en mente? —le preguntó Ichigo.

—Tú solo déjate llevar.

Orihime se sintió un tanto nerviosa al ver el pene erecto de su esposo. Quería continuar, pero temía no contar con la capacidad para hacer algo así. Se inclinó indecisa y comenzó a depositar pequeños besos en la punta de este. Lo frotó con la mano, preguntándose si lo estaba haciendo bien.

Los gemidos de Ichigo le hicieron saber que no lo estaba haciendo tan mal. Comenzó a lamer, recordando las instrucciones del libro, trazando las venas que estaban tan marcadas. En más de una ocasión consideró cubrirlo con su boca, pero en cada una de esas ocasiones desistió y decidió aumentar la velocidad de sus caricias. Un fluido fue liberado y Orihime lo lamió. Estaba disfrutando de esa nueva experiencia, pero debía admitir que no tenía el sabor que decía en las novelas eróticas que había leído.

Orihime levantó su mirada y al ver la expresión en el rostro de Ichigo sintió una sensación de orgullo brotar en su pecho. El placer que su esposo experimentaba hacía que su excitación aumentara.

—¿Dónde aprendiste eso?

—Lo leí en un libro, pero me falta mucha práctica.

—No me molestaría ayudarte con eso.

Orihime continuó lamiendo el pene de Ichigo, asegurándose de retirar todo el líquido pre seminal.

Orihime se puso de pie y se deshizo de su ropa interior, quedando únicamente vestida con su falda larga. Se sentó sobre el regazo de Ichigo y movió sus caderas de modo de que el pene de su esposo pudiera ingresar en su interior. Lo recibió gustosa. Ambos estaban ansiosos por ese momento.

Los movimientos de caderas eran arrítmicos y cada vez más veloces. Todo en lo que ambos podían pensar era en las sensaciones que les provocaba la unión de sus cuerpos.

Orihime gimió con fuerza cuando sintió la semilla de su esposo en su interior. Dejó caer su cabeza sobre su regazo, tratando de recuperarse del orgasmo.

Ichigo estiró la mano para tomar el control y apagó el televisor. La película había sido olvidada tiempo atrás. Rodeó a Orihime con sus brazos y la llevó hasta su cama. Una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a su esposa soñolienta. La colocó con mucho cuidado y después de arroparla, besó su frente. Se colocó a su lado y se preparó para dormir.