Milady,

Ayer intenté escribir en el diario sin mencionar a Marinette, porque le dije que mantendría nuestra relación dentro de la burbuja, y me estoy conteniendo mucho para no escribir sobre ella. Porque sé que antes de entregarte esta libreta tendré que arrancar todas las páginas que estoy escribiendo acerca de lo nuestro, y ya empiezan a ser demasiadas.

(O quizá no. Quizá de aquí a entonces ya no habrá peligro, nuestra relación será pública, Marinette y yo estaremos casados, con niños... oh, no, no me puedo creer que ya esté considerando esa opción. Ignora lo que acabo de escribir. Te prometo que trataré de centrarme después del paréntesis).

Anoche fui a verla. Nos hemos visto un par de veces desde que decidimos empezar "algo" dentro de la burbuja, y ya empieza a estar más relajada cuando estamos juntos. Parece que ya no le da miedo tratar algunos temas que antes no podía mencionar, así que nuestras conversaciones son más fluidas y naturales. Ella sabe que puede censurar cualquier asunto que le resulte incómodo, así que se limita a decir "no spoiler" y hablamos de otra cosa, y no pasa nada.

Ayer, sin embargo, me habló de algo que considero importante, y que estoy convencido de que jamás me habría contado hace unas semanas. Estábamos juntos en la tumbona, abrazados, como de costumbre, mientras contemplábamos el cielo nocturno sobre París. Entonces ella bostezó y cerró los ojos, a pesar de que aún era temprano.

–Parece que tienes sueño –comenté–. ¿Quieres que me vaya ya?

–No, no. Puedo aguantar un poco más.

–¿No estás durmiendo suficiente? Porque, si es por eso, puedo venir más temprano. Y marcharme antes. No me gustaría que robaras horas al sueño por mi culpa.

Sonrió y me besó en la mejilla con cariño.

–No es por tu culpa –respondió–, y estoy durmiendo bien. De hecho, desde que vienes a verme duermo mejor que antes. Es solo que...

Se calló de pronto, dudando sobre si debía continuar o no.

–¿No spoiler? –insinué.

Pero ella negó con la cabeza.

–No, creo que esto te lo puedo contar, aunque no puedo darte detalles. Verás, estoy... –Inspiró hondo antes de continuar–, estoy preparando un examen muy importante. Es esencial para mi futuro, y si no lo paso... –se estremeció, y de nuevo una sombra de miedo oscureció su expresión.

Me quedé un poco sorprendido, porque no tenemos ningún examen de ese tipo en perspectiva en el colegio.

–¿Qué tipo de examen? –pregunté.

–No spoiler –respondió ella, y cerré la boca.

Que no pregunte en voz alta, sin embargo, no significa que no vaya a darle vueltas al asunto en mi cabeza. Se me ha ocurrido que quizá se trata de un examen para entrar en alguna academia de diseño o algo por el estilo. Puede que lo esté preparando a espaldas de sus padres y por eso no quiere que nadie se entere. Y tal vez tiene miedo de suspender porque eso significaría que debe renunciar a su sueño definitivamente y dedicarse a ser panadera el resto de su vida (no es que sea malo ser panadera; pero, sencillamente, no es lo que ella quiere).

Bueno, esto es una teoría, y como no le puedo preguntar al respecto, no sé si es correcta o no.

Así que la abracé y le dije al oído:

–No te preocupes, seguro que lo vas a hacer muy bien. Eres increíblemente lista y talentosa.

Se sonrojó un poco, halagada, pero frunció el ceño con preocupación.

–No estoy segura de que sea cuestión de talento o de inteligencia, ¿sabes? Los... conocimientos que tengo que estudiar son un poco complicados, y aún no los comprendo del todo. La persona que me estaba preparando para el examen ya no puede hacerlo, así que estoy sola, pero... –Dudó un momento antes de proseguir–, eso no es lo peor. Hay otra cosa que me preocupa, y es que los examinadores piensen que no tengo... la actitud adecuada.

–¿La... actitud? –repetí sin comprender.

–Es difícil de explicar. Son gente muy estricta, ¿sabes? Y creo que no me ven con buenos ojos, así que tengo que demostrarles que me estoy tomando muy en serio el examen y todo lo que conlleva.

–Parece algo muy estresante –comenté–. Pero no tienes por qué presentarte al examen, ¿no? Quiero decir... que está afectando a tu estado de ánimo y probablemente también a tu salud. ¿Crees que vale la pena?

Ella suspiró con tristeza.

–No tengo opción, Cat Noir.

–Pero... pero... ¿no puedes presentarte el próximo año, para prepararlo con más calma?

Marinette negó con la cabeza.

–Esta es mi única oportunidad. Si no me presento... habrá consecuencias. Si no apruebo... habrá consecuencias. –Tragó saliva–. La única opción posible es aprobar el examen. Si lo consigo...

–Cuando lo consigas –corregí, y sonrió.

–Cuando lo consiga –prosiguió–, puede que las cosas sean diferentes. Al menos durante un tiempo –añadió en voz muy baja, aunque yo la oí perfectamente.

Reflexioné un momento.

–¿Tus padres saben todo esto? –le pregunté.

–No, no lo sabe nadie. Y nadie debe saberlo fuera de la burbuja. Es importante, Cat Noir.

Respiré hondo.

–Lo sé, lo sé, pero es que... me tienes preocupado, ¿sabes? Tengo la sensación de que es algo muy serio, y no me gusta la idea de que te estés enfrentando a esto sola.

Me sonrió con dulzura.

–No estoy sola. Tú estás a mi lado, y no sabes lo mucho que significa para mí.

Pero no me parecía suficiente.

–¿Y a ti... te basta con eso? –le pregunté–. Quiero decir... que no puedo ayudarte como a mí me gustaría, y tú ni siquiera puedes contarme todo lo que te preocupa. –Suspiré–. No imaginas lo inútil que me siento ahora mismo. Debo de ser el peor superhéroe de la historia –murmuré, abatido.

Pero ella sonrió otra vez y me besó suavemente.

–No tienes por qué sentirte así –me dijo–. Esto es... como esas batallas con Ladybug, ¿sabes? Cuando ella imagina un plan supercomplicado y te dice lo que tienes que hacer, y tú simplemente lo haces sin preguntar, aunque no entiendas nada, porque confías en ella. –Inspiró hondo–. Y ella sabe que puede contar contigo siempre. Sabe que estarás ahí, no importa lo que pase. Porque, aunque nadie conozca tu verdadero nombre ni tu rostro detrás de la máscara, hay algo que sí sabemos todos... y es que se puede confiar en ti con los ojos cerrados. –Tragó saliva–. Y tú me transmites esa sensación de seguridad – añadió en voz muy baja–. De que, si caigo... no llegaré al suelo, porque tú estarás ahí para salvarme. –Se acurrucó junto a mí y la abracé con fuerza–. Todo parece mucho más sencillo a tu lado, Cat Noir. Me he sentido muy sola estos días, pero desde que estás conmigo... me encuentro mucho mejor.

Me sentí halagado por una parte, pero por otra me sabía mal por Lk. Porque no considero que merezca esa confianza más que él. Después de todo, y aunque mi alter ego conozca bien a Marinette de nuestra vida diaria, ella no puede decir lo mismo con respecto a Cat Noir.

–Pero antes... no estabas sola, ¿verdad? Quiero decir que estabas saliendo con un chico y, aunque probablemente tenías tus razones para romper con él... bueno, no lo conozco mucho, pero parece buen chaval. Y digno de confianza.

Doy fe de ello, milady, y tú también, porque le entregaste el prodigio de la serpiente. París es un pañuelo, ¿verdad?

Marinette sonrió con calidez.

–Sí que lo es –respondió–. Las dos cosas, quiero decir: buen chico y totalmente digno de confianza. Y sé que él también quería ayudarme, y lo habría hecho encantado, de haber podido. –Suspiró–. Pero no es algo racional. Por algún motivo que no puedo explicar, me siento mucho más unida a ti. Como si hubiese un vínculo muy fuerte entre los dos, algo que no se puede expresar con palabras.

–Así me siento yo con Ladybug –exclamé sin pensar, y de pronto me di cuenta de lo que acababa de soltar. Me puse colorado–. Quiero decir... me sentía, porque... porque... porque ahora...

Marinette se rió suavemente.

–No pasa nada. Sé que has estado muy enamorado de Ladybug, y que quizá todavía lo estés. No tienes que avergonzarte. –Suspiró–. Sé por experiencia que lleva tiempo superar un primer amor. Incluso aunque nunca te haya correspondido –añadió con tristeza, y me acordé de que Marinette, antes de salir con Lk., había estado enamorada de otro.

–¿Quién fue el tuyo? Si se puede preguntar. Si no quieres hablar de ello...

Sacudió la cabeza.

–No, no tiene importancia. Era un chico de mi clase. Pasé mucho tiempo enamorada de él, pero nunca me atreví a decirle lo que sentía. Y cuando él empezó a salir con otra chica asumí que no era para mí y ya está. –Cerró los ojos con cansancio–. No es ningún drama, supongo. Todo el mundo ha pasado por eso alguna vez.

La abracé en silencio, pensativo. Ella me miró y sonrió.

–¿Estás intentando adivinar quién es?

–¡Nooo, para nada! –me apresuré a responder.

–Porque no te lo voy a decir.

–¿Ni siquiera dentro de la burbuja?

–Nooope. No spoiler.

–Oooh –me lamenté con las orejas bajas–, me vas a dejar con la intriga. Y eso que yo te conté desde el primer día quién era la musa de mis sueños. No es justo, ¿sabes?

Se rió. Me encanta saber que puedo hacerla reír.

Pero había pronunciado las palabras mágicas, así que cambié de tema.

Y ahora estoy en casa y no puedo dejar de pensar en todo lo que Marinette me ha contado. Claro que siento curiosidad por saber quién es el chico que le gustaba (con las pistas que me ha dado, pienso que podría ser Kim, que tiene novia desde hace poco), pero ahora mismo me preocupa mucho más todo ese asunto del examen. Me preocupa porque es algo que la tiene muy asustada, pero ni siquiera se lo ha contado a sus padres, ni lo compartió con Lk. ni con A. en su momento, al parecer. No entiendo por qué tiene que ser un secreto. No me parece que sea algo bueno, la verdad. Supongo que el hecho de que se haya atrevido a hablar de ello conmigo es un buen comienzo, pero siento que no es suficiente. Todavía no sé de qué se trata y, por tanto, sigo sin tener ni idea de cómo ayudarla.

Siempre tuyo y (cada día un poco más) de Marinette,

Cat Noir


NOTA: Pues empezamos a destapar el pastel :).