Los personajes de Kingdom Hearts y Fire Emblem: Three Houses no me pertenecen, sus dueños son Disney, Square Enix y Nintendo.

CAPITULO 29 – AJUSTE DE CUENTAS

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Xehanort y los demás quedaron shockeados al mirar como Sora y Beres lograban salir de la oscuridad que ellos mismos habían creado y encerrado en ella.

— ¡Estúpidos imbéciles! ¡¿Cómo mierdas lograron salir de la oscuridad?! —espetó Kronya molesta.

— ¿Creyeron que nos mantendrían encerrados para siempre? —les recalcó Sora mirándolos con ganas.

— ¡Malditos sean! ¡Se atrevieron a burlar las tinieblas! —espetó el joven Xehanort.

— No pensábamos quedarnos ahí atrapados… —articuló Beres lista para pelear.

— Se arrepentirán, ilusos. — los maldijo el peliblanco antes de desaparecer del lugar, dejando solos a Kronya y a Vanitas.

Fue así como ambos dúos se batieron a un brutal duelo de espadas, los filos chocaban con muchísima fuerza dejando salir chispas mientras cada uno de ellos se lanzaba una mirada muy intensa.

— En verdad tienes poderes impresionantes, creo que esa mujer te motivó a volverte más fuerte de lo que esperaba. —reconoció Vanitas en tono sarcástico.

— ¡Obvio, he decidido echarle una mano a vencerlos a ti y a Kronya! —declaró Sora decidido.

Tras eso, Sora utilizó la maniobra que tras varios choques de espada, y por medio de un swing diagonal, hizo que Vanitas soltara su arma y, sin perder el tiempo, Sora le dio una tremenda paliza por medio de la técnica Ars Arcanium para así dejarlo incapacitado sin posibilidad alguna de defenderse por un largo rato.

Beres por su parte, también estaba haciendo lo propio con Kronya, quien estaba teniendo graves problemas para apenas defenderse y contrarrestar sus ataques.

La pelinaranja, ya llena de rabia y ya fuera de sí, se dirigió hacia donde estaba Sora a alta velocidad con el propósito de herirlo de muerte con la daga pero Beres fue rápida haciendo de su espada un látigo preciso que alcanzó golpearla y salvar a Sora.

— ¡A mi estudiante no lo hieres, ilusa! —le alzó la voz la peliverde-claro acercándosele a la chica.

— ¡Tu...! ¡No te burles de mí! — vociferó Kronya furiosa corriendo hacia la profesora.

— ¡Conoce tu lugar! —exclamó Beres dando un golpe critico que dejó muy lastimada a la chica.

Kronya salió volando hacia donde estaba tirado Vanitas, quien duras penas se llegó a reincorporar, al igual que ella también.

— Nos volveremos a ver, par de estúpidos. —se despidió Vanitas, advirtiéndoles que se volverían a pelear en algún momento en lo que ambos desaparecían en el portal oscuro.

— Thales se las arreglará para cumplir con la misión. —declaró Kronya les daba un mal augurio a los presentes, un mal presagio a los presentes justo antes de desaparecer del lugar.

¿Qué quiso decir con eso? ¿Qué significaban estas palabras?

— Sora, Beres… Sus cabellos y el color de sus ojos… Me recuerdan mucho a cierta persona. —Edelgard se les acercó a hacerles observación con curiosidad.

— ¿Podríamos preguntarles que les pasó? — les inquirió Riku igual de curioso.

— La Diosa nos cedió sus poderes. —declaró Beres llegando a sorprender a los dos.

— ¿La diosa? —cuestionaba Edelgard en ese estado. — Ya veo… Me alegro por ustedes dos, la Diosa ha de tenerlos en gran estima. No en vano, ustedes blanden la Espada de la Creacion y la llave del reino.

— ¿Nos tiene en gran estima? —preguntó Sora levantando una ceja.

— Efectivamente, Sora. Los trata con el mismo favor que a santa Seiros… —le explicó la emperatriz. — ¿Qué piensan hacer con ese poder, chicos?

— Lucharemos por nuestro mundo, Edelgard. —declaró Beres.

— No me sorprende que digas eso. Pero lo que si nos impresiona es que ustedes se las hayan arreglado para salir de las tinieblas. —comentó Edelgard algo perpleja.

— Siempre supe que saldrías de esta, Sora. —secundó Riku de igual manera.

— Dígannos una cosa, si el mundo, incluidos nuestros ex compañeros, se dividiera en dos facciones y luchara… ¿Qué harían?

— No quisiera que esto ocurriera, pero… Tal vez no tendríamos otro remedio. —comentó Sora pensativo.

— Correcto, en esa hipótesis, cada bando representaría tanto nuestros compañeros de clase como al pueblo llano. —argumentó Edelgard las implicaciones de esa partición del mundo. — ¿A quién…?

Pero Beres sintió un sueño tremendo y cayó al suelo, y Sora también quedó noqueado por lo mismo, preocupando a todos los presentes por poco.

— ¡Sora! ¡Beres! ¿Están bien? —los llamó Edelgard al verlos en ese estado.

— No te preocupes, solo están dormidos. —la tranquilizó Riku aliviado al darse cuenta del estado de ambos.

— Ya veo… Probablemente sea un efecto secundario de sus recientes… cambios. —dijo la peliblanca de igual manera, aunque no podía evitar sentir atracción hacia Sora mientras lo cargaba en su espalda. —Dejarlos aquí no es una opción. No puedo pedirle a Hubert que lo lleve, supongo que me va a tocar a mi…

— Te entiendo… Si quieres te ayudo a con la maestra. —comprendió Riku mientras llevaba a Beres cargándola en su espalda.

Fue así como todo el grupo se dirigió de regreso al monasterio.

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SUEÑO ONIRICO – CIELO

Sora se hallaba en un lugar entre las nubes, por alguna extraña razón se sentía solido al momento de hacer pisadas sobre una de las nubes, eso le recordaba la vez que estuvo en el mundo de fantasía mientras ayudaba a Mickey el hechicero a recobrar la música.

Solo que ahora, todo estaba desierto, o era lo que pensaba mientras exploraba los cielos…

Sora… —se escuchó una misteriosa voz femenina que el muchacho apenas podía.

— ¿Qué? —murmuró el chico tratando de encontrar el origen de esa voz.

Por aquí… —lo llamaba la voz femenina guiando a Sora hacia donde estaba la figura.

Sora corrió hacia la dirección de la dicha figura, luego entonces entre las nubes, llegó a descubrir la figura que resultó ser una hermosa mujer del mismo cabello largo con una cola de caballo y ojos verdes claros que Beres.

Ella era una mujer alta y esbelta, con flores en ambos lados de su cuero cabelludo y una tiara que formaba unas pequeñas alas de un dragón.

— ¡¿Rhea?! ¿Qué haces aquí? —dijo Sora sospechando de la mujer invocando su llave espada.

— No vengo a pelear contigo, chico, necesito que hablemos. —la mujer le pedia que se calmara.

— No estoy seguro si estás diciendo la verdad, unos hombres que decían ser inocentes fueron asesinados de forma espantosa. —Sora se iba a la defensiva.

— ¿No confías en mí? — dijo la peliverde un poco decepcionada por ese comportamiento, aunque tuvo maneras para convencerlo.

Entonces, se acercó lentamente hacia el chico de forma lenta, haciendo que este se asustara y comenzó a correr con tal de evadir a la mujer.

¿Y si lo torturaba y le hacía lo mismo que a aquellas personas inocentes? ¿Qué tal si lo secuestraba y no lo dejaba volver a ver a Beres y a sus amigos?

Sora seguía corriendo hasta por comenzó a cansarse y entonces sintió un tremendo y calido abrazo de parte de la mujer.

— ¡Su-Sueltame por favor! —le imploraba que lo dejara ir, pero esta actuaba de forma un tanto maternal.

— Solo quiero que me escuches por favor… ¿si, lindo? —comentó la peliverde.

— ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que quieres de mí? —demandó Sora ya un poco más calmado.

— Los tiempos oscuros se acercan, Sora… Te he estado viendo todo este tiempo… Desde que apareciste… Sé que no te cae bien Rhea… y de alguna forma lo comprendo… Porque no es más que una arzobispa corrupta. —declaró la mujer intrigando a Sora.

— ¿Cómo sé que no me mientes? —Sora le pedía confirmar si de lo que le dijo era verdad.

— Soy una diosa como puedes ver, desde aquí he seguido cada movimiento que haces, y de todos tus amigos, se ve que tienes muchas mujeres que quieren estar contigo. —comentó la peliverde sonrojando al muchacho de manera coqueta. — Pero el punto es que, Rhea no hace más que corromper las mentes de las personas y reprimir asesinando a la gente que no siga a sus ideales, encima de eso, forma parte del grupo que Xehanort está formando, la Neo-Organización XIII, para sembrar terror en todo Fódlan y no solo eso, el universo entero.

— No… hablas en serio… —dijo Sora impactado.

— Lastimosamente… Y no dudo que vayan a reclutar más gente con tal de invadir y saquear cada lugar que encuentren… Sora… por lo que más quieras, ten mucho cuidado con Rhea… Xehanort… y todos sus secuaces… —la mujer le imploraba que se cuidara sus espaldas.

— Si es verdad lo que dices… lo tendré… ¿Cómo te llamas por cierto? —accedió Sora comprendiendo un poco el presagio, además de preguntarle por su nombre.

— Seiros… Soy la diosa Seiros… Volveremos a vernos… —dijo la mencionada justo antes de desaparecer ante los ojos de Sora.

— ¡Seiros! Quien iba a pensar que me advertiría sobre esos problemas que supuestamente sucederían. —dijo el mencionado conmocionado.

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DEVUELTA A LA REALIDAD – CUARTO DE EDELGARD

Sora comenzó a recobrar el conocimiento solo llegando a darse cuenta de que estaba rezagado sobre las piernas de la peliblanca.

— ¿Dónde e-estoy? —titubeaba el pelicafé sonrojado por la faceta angelical de la chica.

— Estás en mi habitacion, Sora. —respondió Edelgard en ese tono, para la sorpresa del portador de la llave espada. —No te preocupes, todos lo que te desean el mal están muy lejos de aquí… Como me gustaría que esos momentos duraran para siempre… Deseo tanto aferrarme a este tiempo robado… A la ilusión que tú, Beres, las chicas y yo creemos un nuevo mundo juntos…

— Espera, ¿Sabes algo entre Beres y yo? — preguntó Sora pasmado por las últimas palabras de la emperatriz.

—Dorothea y las demás chicas me platicaron lo sucedido entre ustedes… Pero no importa… Tu eres más que la luz de mi vida… No me molestaría ser parte del ejercito que planeas tener tarde o temprano… Porque si Beres confía en ti, yo tambien lo haré. —dijo Edelgard haciendo que Sora sintiera un cosquilleo en el estómago.

— E-Edelgard… Pero si tú ya eres una emperatriz, ¿Qué no?

— Se que lo soy, pero contigo y Beres… Siento que puedo hacer muchas cosas más. —argumentó la peliblanca sonriéndole. — Ya me dijeron que Claude está pensando en tener su propio harem de chicas, no vaya a ser que tu amigo Riku también vaya a tener lo suyo.

— Ni que lo digas, no tengo planeado competir contra ambos, después de todo cada uno tiene lo suyo, ¿no crees? —habló Sora mientras bostezaba teniendo sueño.

— Pues, sé que podrías ganarles porque muchas chicas van a querer ser parte de tu ejército, estoy segura de que podrás ser un buen lord, Sora. — declaró Edelgard dándole ánimos para emprender su camino como lord. —Aunque espero que me perdones por lo que voy a hacer en el sepulcro sagrado… Echarme una mano o no depende de ti…

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AL DIA SIGUIENTE – PASILLO DE LA ACADEMIA – 10 de la mañana.

Sora salió de su habitación ya lista para pasar el día encontrándose con Riku por el campus del monasterio.

— Sora, ¿Cómo amaneciste? —lo saludó el peliblanco.

— Bien, Riku. —respondió el pelicafé amable. — ¿Y tú qué tal?

— Igual, eso lo que hiciste ayer fue impresionante, en verdad quieres mucho a tu maestra. — le recalcó Riku sonrojando a su amigo.

— Le prometí al capitán Jeralt, que en paz descanse, que la protegería, tan solo eso. —se defendió Sora en ese estado.

— ¿En serio? Entonces me da la señal de que están enamorados, ¿no es así? — declaró su amigo sonriendo entre dientes.

— ¡Riku! ¡No digas eso en voz alta! —le reprochó Sora sonrojado pidiéndole ser discreto.

— Ah, entonces admites estar enamorado de tu maestra. —dijo el mencionado ganando el debate.

— Bueno, sí. —Sora lo admitía derrotado. — ¿Pero qué tal con Hilda y Marianne?

— Eeehh… —ahora Riku se sonrojaba de igual manera, su amigo había dado justo en el clavo. —Ambas son lindas, Marianne es una chica dulce e Hilda igual.

— ¡Hola, chicos! — los saludaba Dorothea alegre. — ¿Cómo están? ¿De que hablaban?

— Co-Cosas de hombres, ¿verdad Riku? —respondió Sora de la forma más discreta.

— Si, así es. —afirmó el mencionado entendiendo el mensaje de su camarada.

— Bueno, si ustedes lo dicen. — asumió Dorothea aunque sabía de qué platicaba, así que mejor decidió fingir que no escuchó nada.

— Hola, veo que se han levantado temprano, y eso que hoy no es día de clases. —los saludó Beres uniéndoseles.

— Hola, Beres, bueno, es que ya se nos quedó la costumbre de levantarnos temprano. —explicó Sora el motivo riendo entre dientes.

— Me alegra oir eso, siempre llegas corriendo al salón de clases, aunque últimamente te he visto más descansado que de costumbre. —comentó Beres dando su observación como profesora que era, mirándolo discretamente con coqueteo.

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ACADEMIA DE OFICINAS

Ingrid por su parte, había encontrado otra carta que no era más ni menos que su padre Conde de Galatea, al parecer no se rendía en obligar a su propia hija en contra de su voluntad.

— Uhhh… —Ingrid se encontraba cabizbaja.

— ¿Qué pasa, Ingrid? Nunca te habia visto suspirar así. —la saludó Dorothea entrando al aula con los demás.

— ¿Te encuentras bien? —secundó Beres preocupada por la faceta de la rubia.

— Ah, hola, Dorothea… Y hola, Sora, Riku. — respondió Ingrid de vuelta, intentando ocultarles su problema. — No es nada… Nada importante.

— Pues cualquiera lo diría por tu aspecto. —Dorothea le hizo ver que algo le estaba pasando y no lo quería decir. — Entiendo entonces tienes el ceño fruncido, ¿no?

— A decir verdad, si pasa algo… Siempre pasa algo… Tan solo estoy un poco preocupada. —Ingrid admitía sus problemas.

— ¿Qué te preocupa, Ingrid? —le preguntó Beres por algun motivo en especial.

— Pues amigos de la infancia que siempre están dando problemas… Mi familia… Todo eso. —respondió la futura mujer caballero, para luego ir directo al grano. — Bueno, es que me ha llegado una carta de mi padre.

— ¿De tu padre? —inquirió Sora atento.

— Ah, ¿del conde de Galatea? Debe ser genial tener por padre a tan celebre caballero. —elogio Dorothea a la chica, pero esta no se mostraba feliz.

— Gracias, pero verán, el problema es que el contenido no es para nada agradable. —dijo Ingrid mostrándose inconforme dándole la dicha carta.

— ¿Puedo ver? Vaya, si es una propuesta de matrimonio… para ti. —dijo la pelicafé sorprendiendo y molestando a los presentes.

— ¿Una propuesta de matrimonio? —preguntó Sora en ese estado. — ¿Cómo es posible?

— ¿Alguna vez has conocido a un pretendiente? —preguntó Riku intrigado.

— No he coincidido nunca con él, pero lo conozco de oídas. —respondió la rubia al respecto.

Ingrid describió a su supuesto pretendiente como un mercader que llegaba a ocupar cierta posición en la corte, quien resultaba ser un noble emprendedor procedente de un territorio aliado.

—Seguramente ansíe el emblema de Daphnel para darle más prestigio al nombre de su familia. —la rubia terminaba de explicarles como era ese sujeto con la que casaria.

— Pues si, tiene sentido. Que idiota. —dijo Dorothea, quien al parecer conocía a ese tipo.

— ¿Lo has conocido, Dorothea? —preguntó Ingrid al verla tener cierto conocimiento sobre el pretendiente.

— Asi es, Ingrid. Conozco a ese tipo. —les explicó la pelicafé. —Se dedicó a cortejarme cuando yo era cantante.

— ¿Cortejarte? —la interrogó Sora levantando una ceja.

— Si, Sora, ese tipo me estaba enamorando para hacer sus caprichos hacia mi persona. —comentó Dorothea con molestia hacia el tipo. — ¿Sabes lo que te recomendaría, Ingrid? Mantente alejada de él.

— Ha ofrecido una dote considerable, asi que al menos debería pensármelo… por mi familia. —Ingrid les hacía ver que no le era fácil rechazar la propuesta y lo muy presionada que se sentía.

— Ese dinero esta manchado de sangre. Eso es lo que es. —comentó Dorothea revelándoles más detalles sobre ese hombre.

— ¿Qué dices? No hablas en serio. —dijo Ingrid perpleja por las palabras de su amiga.

— Ingrid, ¿Recuerdas lo que hablamos? —Sora le hizo recordar la conversación que tuvieron hace tiempo atrás. — Se que muy en el fondo no quieres a ese tipo que se quiere adueñar de tu corazón, tu eres dueña de tu vida, de tus decisiones… No debería de importarte lo que digan sobre ti. Confía en nosotros.

— Sora tiene razón, Ingrid. No debes sentirte presionada por más que tu familia te quieran obligar a hacer algo que no quieres. —coincidió Beres con las palabras de su alumno.

— La fortuna de ese patán esta manchada de sangre. ¿De verdad quieres restablecer tu posición de tu familia con dinero de esa procedencia? —le recalcó Dorothea pidiéndole que lo pensara. —Es decir, no son más que rumores, pero valdría la pena investigar.

— Si, creo que sería mejor resolver el asunto. — dijo Riku tomando la iniciativa.

— ¿Tu que piensas, Beres? ¿Deberíamos investigar? —preguntó Sora igual de dispuesto.

— Si, vamos. —accedió la peliazul marino lista para emprender la misión.

— ¡Genial! Vamos a hablar con los demás. —declaró Dorothea lista para empezar.

— ¿Eh? Este… Bueno que más da… Vamos. —suspiró Ingrid derrotada aceptando ir.

FIN DEL CAPITULO 29