Estoy viva, y esta historia también. (Este fandom aun tiene un lugar especial en mi corazón, y espero que las responsabilidades de ser adulto me permitan continuar escribiendo tonterías para mi disfrute y para aquellas lindas personitas que le dan una oportunidad)


Cuando estés en Roma - Parte 8

7 de septiembre (Italia)

Prusia no pudo evitar sonreír mientras miraba todas las fotos que había sacado a escondidas sobre su cita, muchas de ellas era de su lindo canadiense en distintos ángulos sonriendo o riendo, otros pocos de Italia quien fue más perceptivo de sus acciones y se aseguró de posar o darle un guiño a la cámara con la presteza de un modelo, y el resto fue de su hermano en no muy generosas tomas pero eso solo lo hacía más divertido.

Una vez que termino de subir algunas para presumir de su noche en Italia en su blog, describiendo lo impresionante que fue con lujo de detalles, cerro su laptop y regreso a la cama para ver si Canadá había despertado por su cuenta.
La respuesta fue no y, en otra situación, el prusiano permitiría que su pareja durmiera hasta tarde y aprovecharía para sacarle un par de fotos debido a lo adorable que se veía durmiendo acurrucado entre las sabanas con sus rizos desparramados por la almohada y su rostro siendo tan pacifico. Pero Canadá había sido muy claro anoche de que debía buscar a Kumajirou temprano de donde sea que se encuentre ahora, probablemente con una nación de confianza.

"Espero que no sea Romano", es lo que pensó Prusia mientras retrocedía un par de pasos y se preparaba para saltar a la cama para así despertar a su pareja.


Romano abrió los ojos a regañadientes, la luz que entraba por la ventana era una molestia y se maldijo por olvidar cerrar las cortinas.
El italiano estaba tan cansado que no quería nada más que seguir durmiendo, pero la cumbre estaba hecha y tenía que regresar a su hogar, había tantas tareas pendientes que hacer y no confiaba que sus "subordinados" le dieran a su huerta el cuidado que requería.

Así que el italiano se sentó en la cama, pasando una mano por su rostro y bostezando, mientras deseaba un café con cada fibra de su ser.

- Joder.. –Dijo mirando a su alrededor, parpadeando un par de veces para aclarar su vista.- Esta.. no es mi habitación.

- Por supuesto que no, Sherlock. –Una voz le respondió repentinamente, haciendo que el italiano se sobresaltara y luego gruñera cuando un conjunto de ropa se estrelló en su cara.

- ¡Tu, bastardo.. ! –Y lo que pareció ser una corbata enrollada lo golpeo en la frente.

- Silencio. –Exigió Inglaterra en un tono serio, presionando un dedo contra sus labios.- Es muy temprano y hay gente aquí que quiere descansar.

Romano hizo una mueca, molesto y confundido, porque el inglés estaba muy despierto y arreglado para que se estuviera refiriendo a el mismo. Así que tomo su ropa, se levantó y fue al baño a vestirse en el momento en el que Inglaterra salió por la puerta hacia la sala.

Alrededor de diez minutos después, un italiano completamente vestido y mediamente presentable cruzo el umbral hacia la sala y se detuvo en el instante en que vio el despliegue de lo que parecía ser el resultado de una pijamada improvisada. Con naciones, mascotas y un revoltijo de sabanas y almohadas ocupando el sofá y parte del suelo.

- ¿Qué diablos.. ? –Cuestiono en voz baja dirigiéndose al inglés que se encontraba sentado en el sofá individual tomando te en silencio.

- Ellos salieron anoche y al regresar por sus mascotas decidieron, por quien sabe qué razón, quedarse a dormir aquí. –Explico sonando algo incrédulo el mismo.

- No escuche nada. –Murmuro el italiano confundido.

- Prácticamente cayeron dormidos en menos de diez minutos. –Respondió encogiéndose de hombros.- Tuve que bajar a recepción y explicarles la situación para que me trajeran más mantas y almohadas, cuando se los dije por teléfono pensaron que solo era una broma.

- Me sorprende que te lo hayan dado de todas formas.

- Por suerte para mí, tu hermano justo entro al hotel en ese momento y me ayudo a convencerlos. –Dijo Inglaterra a lo que Romano rodo los ojos pensando, "por supuesto que sí, tenía que ser él."

- Ese estúpido.. –Mascullo recordando que la noche de ayer su gemelo había tenido su llamada cita doble con Alemania, Prusia y Canadá.

Y hablando de Canadá, su mascota estaba despierta y reconociéndolo, se acercó al italiano preguntando predeciblemente por comida.

- Si quieres comida pídesela al sujeto de ahí, bola de pelos. –Indico el italiano dándole una pequeña palmadita en la cabeza mientras señalaba a Inglaterra.- Es el de las monstruosas cejas, es imposible que te confundas.

- ¡Hey! –Exclamo molesto y rápidamente se cubrió la boca, temiendo haber despertado a alguien.

- Tch, mantén el tono bajo. –Ordeno el frailecillo encaramado sobre una repisa, sacudiendo sus alas con irritación.- ¿No tienes respeto o qué?

Inglaterra frunció el ceño, pero no le respondió, simplemente se fue a la cocina murmurando sobre pájaros raros arrogantes. A su vez, Romano regreso a la habitación y se dispuso a ponerse los zapatos y arreglarse el cabello.

Cuando la nación italiana regreso a la sala, todas las mascotas estaban despiertas y comiendo alrededor de Seychelles quien estaba sacándoles fotos y admirándolos con suaves "awww". Ella parecía haber sido informada de su presencia porque no pareció sorprendida de verlo, sonriendo pícaramente al italiano quien atino a esbozar una sonrisa algo incomoda y murmurar un bajo "buenos días" que solo hizo que la joven le guiñara el ojo antes de seguir arrullando dulcemente a las mascotas.

Inglaterra salió de la cocina con una nueva taza de té que le entrego a la nación isla, antes de regresar al sofá para mirar a Romano con una expresión agria, que el italiano encontró divertida al ver que había un par de raspones estropeando su frente.

- Pff, ¿qué carajo te paso en la maldita cara? –No pudo evitar preguntar.

- No quiero hablar de eso. –Replico en un tono que no dejaba pie a discusión, pero al italiano no le importo.

- Fue el frailecillo, ¿cierto? –Adivino correctamente y se giró en la dirección donde el pájaro se había movido, viendose bastante orgulloso al respecto.- Oye, nada mal. –Dijo llamándole la atención.- Aunque hubieras aprovechado para rebajarle un poco esas estúpidas cejas.

El pájaro movió sus plumas con mofa, y respondió:

- ¿Bromeas? No voy a tocar esas cosas con mis patas, jefe, ¿has visto que tan grande son? No puede ser natural.

- Joder, buen punto. Por cierto, me gusta tu pajarita, ¿es nueva?

- Si, fue un soborno del chico. –Respondió agitando un ala en dirección de Islandia.- Lo compro en una gran tienda con clase aquí.

Ambos empezaron a hablar sobre la moda con Seychelles dando pequeños comentarios aquí y allá mientras disfrutaba su te.

Inglaterra que vio todo el intercambio con estupefacción, se cruzó de brazos y dijo:
- ¿Por qué no me extraña que ustedes dos se lleven tan bien? –Refriéndose al pájaro y al italiano.

Antes de recibir una respuesta, probablemente grosera, alguien toco la puerta y el inglés no perdió tiempo en levantarse a atender.

- Oh. "Él" está aquí. -Anuncio el pájaro en un tono prudente inclinando su cabeza en dirección a la nación islandesa que dormía recostado por el sofá.- Ah, Ice-boy va a estar en muchos problemas cuando despierte.

- No creo que más de los que tendrá este bastardo de aquí. –Respondió señalando a nación danesa roncando suavemente en el suelo.

- Si, por supuesto, ¿puedo ofrecerte un poco de té? –Escucharon la voz de Inglaterra decir mientras se acercaba acompañado por Noruega, quien asintió levemente.- Por favor, espera aquí con estos dos malhablados.

Los mencionados le dirigieron una breve mirada de fastidio al inglés antes de regresar su atención al noruego, cuya expresión estaba en blanco mientras miraba alrededor con indiferencia ante la vista.

- Buenos días. –Saludo finalmente con su mirada clavada en una persona en el suelo.- Si me permiten.. –Comenzó a decir y rápidamente el italiano y el frailecillo se quitaron del camino.

- Todo tuyo, bastardo místico.

El noruego reconoció sus palabras con un asentimiento antes de que, sin ningún miramiento, presionara su talón contra el estomago descubierto de Dinamarca, ejerciendo mas y mas presión con cada segundo que le tomara despertar.

- ¡Au, au, au, au, au, L-Lu..! ¡Auch! ¡Lukas, espera!

- ¿Acaso no fui lo suficientemente claro contigo sobre vigilar a mi pequeño hermano? -El tono y la mirada del noruego solo podía describirse como frió y amenazante.

No había falta decir, que todos despertaron por los gritos de dolor del danés.


Canadá salió del ascensor con las manos cubriendo su rostro en vergüenza.
- ¿Y dices que baile frente a todos? –Cuestiono sonando lamentable.- Maple, no debí beber tanto…

- ¡Pero estuviste impresionante, pajarito! –Aseguro el prusiano pasando un brazo por encima del hombro del canadiense para atraerlo hacia él y poder darle un beso en la mejilla.- ¡Fuiste tan sexy en la pista de baile, hasta me vi obligado a golpear a dos imbéciles que querían propasarse contigo! -Comento con una sonrisa de oreja a oreja.

Canadá sonrió tímidamente, con las mejillas aun coloreadas, y dijo:

- Gracias Gil, pero en realidad no es correcto que golpees a la gente, menos si son humanos, pudiste haberlos lastimado mucho. –Renegó suavemente, caminando por el pasillo con Prusia pegado a su lado.

- ¡Fue en defensa tuya, pajarito! Además, ellos están bien. –Se excusó haciendo pucheros, que solo causo que Canadá rodara los ojos con una sonrisa cariñosa en sus labios.- Lutz me detuvo antes de que realmente pudiera darles todo lo que merecían. –Mascullo para si con un poco de malhumor cuando Canadá se distrajo para comprobar algo en su celular.

- La habitación de Arthur es esta, Gil. –Indico deteniéndose frente a una puerta.

Ambas naciones tuvieron que esperar unos minutos a ser atendidos, pero finalmente alguien abrió la puerta y se llevaron una sorpresa al ver que era Romano quien se encontraba del otro lado.

- Joder, si esta maldita habitación tuviera un mínimo de capacidad ya lo habrían sobrepasado. –Dijo el italiano molesto, solo para fruncir el ceño cuando no mostraron señales de moverse.- Vamos, entren, maldita sea, no solo se queden allí.

Prusia y Canadá intercambiaron una mirada perpleja, antes de entrar.
- ¿Acaso.. hubo una pijamada o algo así, eh? –Cuestiono Canadá al ver el desastre de la sala y todas las naciones que se encontraban allí.

- Nada más lejos de la realidad, ingenuo estúpido. –Contesto Romano negando con su cabeza.

- ¡Kesesesese! ¡Mikky, Arty! –Les saludo el prusiano con entusiasmo al identificarlos entre la pequeña multitud.

- ¡No me llames así, idiota! –Respondió Inglaterra desde su lugar cerca de la cocina donde estaba charlando con Noruega. Mientras que Dinamarca, quien parecía estar en una esquina lamentando todas las decisiones de su vida, alzo una mano y le sonrió torpemente. Lo cual Prusia tomo como una invitación para acercarse y así lo hizo, queriendo investigar que estaba pasando.

- ¡Mathy! ¡hola! –Exclamo Seychelles alegremente entrando en el espacio del canadiense para darle un abrazo.

- ¿Michelle? Hola. Pensé que te habías ido con papá ayer. –Dijo Canadá algo confundido, ya que recordaba que Francia lo había mencionado.

- ¡El me dejo quedarme para salir con mis amigos! –Explico felizmente sacando del bolsillo de su campera su celular para enseñarle su lista de contactos.- ¡Mira, Mei y yo conseguimos los números de muchos hermosos chicos italianos!

- Ah, estoy seguro que papá estaría orgulloso. -Contesto sin saber que más responder, notando distraídamente que Romano habia desaparecido de la vista.- ¿Has visto a León?

- Después de golpear a Inglaterra y acusarlo de corromper a sus hijos, el Sr. Yao se llevó a Li y a Yong Soo a la habitación para darles el "discurso de la deshonra". –Respondió Seychelles sonando divertida.

- Yo me salve de oírlo porque fingí estar dormida. –Agrego Taiwán apareciendo a su lado cargando en sus manos a un pequeño oso panda dormido.

- ¿Crees que terminara pronto? –Le pregunto Canadá.

- Ya pasaron.. –Dijo la taiwanesa inclinándose hacia Seychelles para ver la pantalla de su celular.- diez minutos, así que ya debe estar por terminar.

- Gracias.

- ¡Ah! Pero si buscas a tu oso, esta con Emil en el balcón.

- Oh, muy bien, gracias. –Dijo aliviado de no tener que tratar con China enojado y se dispuso a ir al balcón, esquivando a las naciones en su camino.- C-Con permiso.

Tal como había dicho Taiwán, en el balcón estaban Islandia y su oso pero también un frailecillo que al verlo lo reconoció diciendo:

- Hey, es el tipo de los panqueques.

- Buenos días Sr. Puffin, Emil y, por supuesto, tu también Kumadaigo.

- Kumajirou. –Corrigió el oso polar sentado en el regazo de Islandia.- ¿Quién eres?

- Soy Canadá, tu dueño, ya sabes. –Respondió de forma automáticamente sonriendo al islandés cuando este le entrego a su amigo.

- ¿Todavía están todos allí? –Cuestiono Islandia sonando malhumorado.

- Me temo que sí. –Respondió sonriéndole con simpatía. El islandés parecía algo desalineado y como si aún no se había despertado por completo, probablemente estaba deseando no estar aquí en absoluto pero teniendo en cuenta que había visto tanto a Noruega como Dinamarca aun conversando adentro retirarse no era una opción.

- Tsk, que molestos. –Se quejó y el canadiense procedió a sentarse en el balcón y tener una pequeña y agradable charla con Islandia, esperando distraerlo y animarlo un poco.


Fue una mañana agitada y estresante, pero Inglaterra finalmente se encontraba fuera del hotel a punto de tomar un taxi que lo llevaría al aeropuerto. No quería nada más que irse pero Estados Unidos estaba haciéndolo muy difícil quejándose y negándose a escucharlo.

- ¡Eres horrible, Artie! ¡¿Cómo haces una pijamada y no me invitas?!

- Por última vez, no hubo ninguna ridícula pijamada. –Respondió impaciente todavía sosteniendo la puerta para el norteamericano.- Entra al auto de una vez, muchacho, harás que lleguemos tarde a nuestros vuelos. –Ordeno dando una breve mirada al asiento trasero donde Canadá y Seychelles estaban esperando pacientemente. ¿Era mucho pedir que Estados Unidos siguiera el buen ejemplo?
Todo era culpa de Francia que se había ido el día de ayer, dejándolo con el deber tácito de asegurarse que "los niños" lleguen a tiempo a sus vuelos. No es que ellos no pudieran hacerlo solos pero el francés le había impuesto la tarea de velar por Seychelles durante su día extra de estadía en Roma, y además era ridículo que los hermanos norteamericanos pagaran un taxi por separado del inglés para ir al mismo lugar, fue solo adecuado y amable ofrecer que compartieran el transporte, pero la nación inglesa ahora se preguntada si hubiera sido mejor no extender la invitación a Estados Unidos en absoluto.

Estados Unidos por su parte bufo y siguió quejándose, alegando que iba a organizar una pijamada que superaría cualquier otra pijamada en la historia y no invitaría al inglés. Tardo un par de minutos más pero finalmente tomo su lugar e Inglaterra cerró la puerta con un poco más de la fuerza necesaria, mirando al cielo como quien ruega por paciencia para lo que dure el viaje en auto.

- ¡Adiós a todos! ¡Buen viaje! –Les saludo alegremente Italia del Norte desde la puerta del hotel, junto a Alemania que también los despidió deseándoles un regreso seguro a casa.

- ¡Kesesesese! –Se rio Prusia inclinándose a la ventana para ver mejor a Canadá, quien estaba sentado en el medio, ignorando la expresión malhumorada del estadounidense quien comenzó a subir la ventanilla rápidamente.- ¡Llámame en cuanto llegues, pajarito!

- Lo hare. –Respondió sonriéndole antes de acomodarse en su asiento y lamentar no poder despedirse adecuadamente de Romano ya que no había podido encontrarlo después de haberlo visto en la habitación de Inglaterra. Aparentemente, según Italia, se había ido del hotel sin más, alegando tener deberes que atender.

- Supongo que tendré que llamarlo.. –Murmuro Canadá algo preocupado, abrazando a Kumajirou más cerca de su pecho.

- ¿Todos listos? –Pregunto Inglaterra girándose para verlos desde el asiento del copiloto.- ¿Estas segura que no te olvidaste nada en el hotel, cariño? –Le pregunto dirigiéndose a Seychelles que alzo su bolso de mano y asintió.

- ¡Muy segura, Arthur!

- Bien. Al aeropuerto, por favor.

...

..

.

- Entonces.. -Comenzó a decir Seychelles inocentemente, llamando la atención de las naciones.- ¿Que es lo que tu y Romano hicieron de divertido anoche, Arthur?

- ¿Eh? ¿eh? ¿Que?

- ¡N-N-Nada de lo que estas insinuando, jovencita.. !

- ¡JAJAJAJAJA!

El viaje al aeropuerto no fue pacifico en absoluto.


11 de septiembre (Venecia, Italia)

Italia del Norte sostuvo la mano del hombre con firmeza y seguridad al despedirlo, la reunión había sido un éxito y ahora que tenía todos los informes respecto a su amado país solo haría falta revisarlos para poder terminar con sus responsabilidades de esta semana.
- Gracias por su tiempo, Sr. Vargas. –Dijo el hombre mayor con una sonrisa mientras tomaba su maletín dispuesto a irse de su oficina.

- ¡Fue un placer, que tenga un buen día y salude a su esposa e hijos por mí! –Saludo alegremente al humano, sosteniendo de forma educada la puerta abierta para su salida.

- Lo hare, lo hare. –Respondió afable con un ademan de su mano y cruzando el umbral.

Italia cerró la puerta tras ello y regreso a su asiento determinado a terminar su papeleo el día de hoy, pero entonces el timbre de su celular resuena en su oficina haciendo que la nación se sobresalte y luego salte a atenderlo.
- ¿Hola? ¿Hermano? –Cuestiono esperanzado al altavoz.

- "¿Aun no has podido comunicarte con él, Feliciano?" –La voz del otro lado cuestiona y es reconocida como Alemania. Italia si bien estaba decepcionado, no pudo evitar sonreír, después de todo hubo un tiempo en que el alemán había sido muy rígido respecto a hacerle una llamada social, mucho menos en horario de trabajo. Era un alivio ver que la nación alemana se había relajado un poco y que no siempre tenía que ser el italiano quien buscara al otro queriendo saber de él.

- No, pero estoy seguro que en cuanto escuche mis mensajes me llamara. –Dijo con una seguridad que realmente no sentía, había pasado casi una semana desde lo último que supo de su hermano después de todo.- No es la primera vez que sucede, tampoco será la última.. por desgracia. –Comento con el ceño fruncido, antes de sacudir la cabeza, mentalmente diciéndose que debía ser más positivo.- ¿Cómo has estado, Luddy? –Pregunto decidiendo apartar por un momento su preocupación.


13 de septiembre (Ottawa, Canadá)

- "Entonces le dije: ¡Sr. Presidente ese es el trabajo de un héroe, no tiene que darme las gracias, JAJA!"
El rostro de Estados Unidos esbozo una sonrisa victoriosa y llena de júbilo que no perdió ni ápice de su esplendor por la cámara con la que estaban realizando la video llamada.

- Me alegra saber que la pasaste bien en esa parrillada, Al. –Comento Canadá respondiendo a la felicidad de su hermano con una sonrisa y un tono amoroso.

- "¡Ojala hubieras estado aquí! Tony no quiso acompañarme y no tenía a nadie como mi secuaz, te lo juro, ese tipo, ¿cómo es que viajar al Triangulo de las Bermudas es más importante que una comida en la Casa Blanca?" –Menciono su gemelo no por primera vez, haciendo un mohín.- "Él se lo pierde, no es como si hubiera nada interesante en ese lugar aparte de-.. "

El timbre cubrió las palabras de su hermano y Canadá miro a la cámara con una expresión de disculpa.

- Oh, ese debe ser el repartidor. Lo siento, Al, ¿seguimos hablando luego?

- "¡Claro, Mattie!" –Contesto la nación estadounidense sin problemas.

El canadiense se despidió y termino la llamada, dirigiéndose a la entrada rápidamente, no queriendo hacer esperar al repartidor.

- ¡Kumasagero, la comida está aquí! –Anuncio cargando en sus manos la cena que encargo prolijamente empaquetada.

Su oso polar alzo su cabeza por encima de los almohadones de la cama, donde se había instalado a dormir, exigiendo comida.

Con los dos ya acomodados en la cama frente al televisor y con la comida repartida, el canadiense tomo su celular con una mirada anhelante.

- Solo lo intentare una vez más. –Le dijo a su oso, quien lo miro e inclino la cabeza confundido antes de regresar su atención a su cena. Canadá presiono un número hasta que salto el marcado rápido, pero la llamada no fue respondida ni al quinto tono así que corto.- Bien, parece que hoy tampoco quiere hablar con nadie, eh, Kumachigo. Quizás mañana tenga mejor suerte.


14 de septiembre (Italia)

Romano suspiro y con pesar entro a su habitación cargando una escoba y una pala. En la esquina seguían las partes de lo que antes era una antigua, hermosa y delicada caja de música que definitivamente no merecía ese final; pero su enojo hace unos días había tomado lo mejor de sí y lo había descargado en el primer objeto que tuvo a mano. Que tal objeto haya sido uno de los primeros regalos que España le había hecho fue solo una coincidencia, es lo que se dijo mientras reunía minuciosamente cada parte.

- Bastardo infeliz.. –Mascullo sosteniendo la bolsa con la caja en ruinas sin saber qué hacer con ella, optando finalmente por dejarla a un lado antes de salir de su habitación. Necesitaba aire, una distracción y ¿qué mejor manera que ponerse al día con los quehaceres que había dejado tan descuidadamente estos confusos días?

Tal como era su rutina, trabajo duro y diligentemente hasta que el sol se encontró en su punto más alto. La tierra mancho su ropa, el sudor resbalo por su frente y sus manos endurecidas recibieron algún que otro imperceptible raspón pero Romano se sintió satisfecho y en calma por primera vez desde que la reunión termino, por supuesto como la naturaleza lo dicta, es en ese momento en que algo tenía que interrumpirlo.

- ¡Hermano!

Italia del Norte se encontraba vestido elegantemente, cargando en la mano el chaleco negro que antes había acompañado a su fina camisa borgoña, pero con sus zapatos y calcetines desaparecidos probablemente porque se los quito para evitar ensuciarlos al entrar a la huerta. Se veía algo agitado y tenía una expresión extraña mezcla de lo que parecía ser alivio y quizás un poco de frustración.

- ¿Terminaste todo tu trabajo en Venecia, estúpido? –Cuestiono volviendo a su trabajo.

- Si, lo hice, yo.. –Contesto su gemelo y se detuvo así mismo, sabiendo que si empezaba a relatar todo lo que hizo terminaría olvidando a lo que había venido.- ¡E-E-Espera! No intentes distraerme, ve, ¿por qué no has respondido ninguno de mis mensajes, ni contestado mis llamadas?

Romano se limitó a encogerse de hombros, acomodándose el sombrero distraídamente.
- Ah, mi teléfono.. Lo perdí, creo. –Admitió de forma despreocupada.- Probablemente esta por ahí sin batería.

Su gemelo hizo una mueca, no convencido, y continuo:
- ¡Estaba muy preocupado por ti! ¡Tu solo.. desapareciste! ¡De nuevo, ve!

- ¿De qué hablas, estúpido? No desaparecí, ¿o eres ciego ahora?

- Sabes bien de lo que hablo, hermano. –Replico Italia llevando sus manos a la cintura y frunciendo ligeramente el ceño al no ser tomado enserio.- Vine a visitarte, ¿sabes? No había nadie aquí, tampoco nadie podía decirme a donde estabas porque nadie te vio en toda la semana.

- Créelo o no, estaba aquí, viaje varias veces al pueblo, quizás solo tuviste mala suerte. –Contesto Romano con sencillez, continuando su trabajo como si realmente no fuera nada importante.- De cualquier manera, ¿importa? No es como si haya pasado nada.

- Si no quieres decirme dónde estabas no lo hagas, pero tampoco me mientas, hermano. –Dijo el italiano más joven soltando un suspiro ante tal mentira descarada.- Solo.. estaba preocupado por ti, cuando desapareces así.. cuando nadie puede ubicarte,… Me asusta pensar que te haya ocurrido algo.. ve..

Romano no alzo la vista pero aun así supo que su gemelo estaba al borde de las lágrimas, haciéndole sentir irremediablemente culpable.

- Estúpido. –Exclamo dejando escapar un fuerte resoplido mientras se sacudía las manos y procedía a darle palmaditas en la cabeza a su gemelo más joven, quien lo miraba con tal preocupación en sus ojos.- Se cuidarme muy bien solo, maldición, no tienes porque ponerte así.

- Pero hermano-..

- Ah-ah, cállate. –Le interrumpió chasqueando los dedos un par de veces y procedió a señalarse a sí mismo.- Estoy aquí, estoy bien, así que no tienes que preocuparte, ¿entiendes? Ahora, ve a cambiarte y se útil, maldición. Hay todo una lista de tareas pendientes que no se harán por si solas.

Ante esto Italia del Norte hizo un puchero y se lamentó gimiendo:
- Pero hermanoooo… Acabo de llegar, ten piedad de mí, veeee..

- Tch. Si piensas quedarte, tienes que trabajar. –Declaro mientras volvía su propia tarea que había dejado a medio hacer.- En esta casa no se alimenta a holgazanes.


Alrededor de una hora después, cuando el sol se había vuelto insoportable para continuar con el trabajo en la huerta, las Italia entraron a su casa para un merecido descanso y probablemente un largo baño para limpiar la tierra que ahora los cubría casi por completo.

Romano magnánimamente permitió que su hermano ocupara el baño principal primero, conformándose con lavarse las manos y el rostro en el fregadero de la cocina mientras esperaba su turno. El italiano se sirvió limonada y se recostó en el sofá de su sala.

Su celular, rastreado y hallado rápidamente por su gemelo, ahora tenía 30% de batería por lo que aprovecho para revisar las llamadas perdidas y leer los mensajes con las que su hermano y un par de otras naciones intentaron comunicarse con él. Entre ellas, y debió haberlo esperado, se encontraba Canadá cuyos mensajes eran diarios y cada vez más preocupados por su falta de respuesta.

- Diablos.. –Murmuro y procedió a responder el último con un simple "¿Qué?", ni un minuto después el número del canadiense apareció en la pantalla ante una llamada entrante.

Haciendo una mueca, se acomodó en el sofá y presiono responder.

- "¿Qué? ¡¿Qué?!... ¿Me ignoras por días solo para responderme de la nada con un qué? ¡Pensé que te había pasado algo, tu.. t-tu idiota!"

Romano soltó un suspiro y respondió:
- Solo me tome un tiempo para mí, joder. ¿Acaso es eso algo ilegal?

- "Por supuesto que no." –Y sonaba como si lamentara haber dado esa impresión.- "L-Lo siento si soné como.. "–Suspiro, sonando cansado.- "Estaba preocupado por ti, Lovino. Todas mis llamadas iban al correo de voz y no me respondías ni por mensaje y tampoco.."

- Entiendo, bien. No quiero tener esta conversación otra vez. –Le interrumpió frotando su mano por su frente con frustración.- Estoy bien, Mateo, no tienes que preocuparte. –Aseguro con calma.- Ahora, ¿había algo que querías hablar aparte de lo obvio?

Canadá suspiro por el teléfono, probablemente resignándose ante la intención del italiano en cambiar de tema.
- "Quería invitarte a mi juego de hockey, nos reuniremos en mi casa en Vancouver, ¿la recuerdas cierto? ¿Crees que puedas venir?" –Cuestiono definitivamente un poco malhumorado pero Romano no lo tomo en cuenta.

Para incredulidad de Romano, los "juegos de hockey" había sido una de las raras buenas ideas de Prusia. A día de hoy le sorprendía cuan exitoso era, no solo porque mantenía una asistencia bastante notable de naciones que o bien querían pasar un buen rato o bien descargar algo de estrés, sino también por ser un impulso muy positivo para Canadá quien no suele socializar con otras naciones fuera de las reuniones mundiales. El canadiense disfrutaba tener la oportunidad de estar con otras naciones y poder jugar a su deporte favorito sin contenerse, algo que aparentemente compartía con Rusia quien a pesar de su apretada agenda nunca faltaba a ninguno de los juegos y por lo tanto llego a prestar su "casa" en ocasiones para llevar a cabo dichos partidos.

- ¿Cuándo es?

- "En dos días."

- ¡¿Dos?! ¡¿No pudiste avisarme con más tiempo?!

- "¡Intente hacerlo!" –Respondió el canadiense en defensa.

Romano no pudo decir nada contra eso así que pregunto:
- ¿Quiénes irán?

- "Los mismos equipos de la última vez. Ah, incluyendo a Abel y Al, dijeron que podrían desocuparse a tiempo cuando les pregunte." –Dijo feliz al respecto.

- ¿Qué hay del bastardo cabeza de té? ¿No le has invitado?

- "¿Arthur?" –Dijo sonando nervioso por alguna razón, guardo silencio unos segundos y procedió a explicar.- "Tuve la intención de hacerlo, pero hable con papá hace unos días y me dijo que estaba tan ocupado con su trabajo la última vez que lo visito que ya pasa más tiempo en su oficina que en su casa en Londres." –El canadiense suspiro en la línea, en un tono melancólico.- "No quiero molestarlo con algo tan tonto como un juego de hockey."

- Ah. –Fue todo lo que atino a articular, sin saber que decir sobre eso.- Creo que puedo llegar a Vancouver en la noche antes del día del juego, ¿eso está bien?

- "¡Si, muy bien! Te estaré esperando, Lovino." –Es lo que Canadá respondió, sonando terriblemente esperanzado.

Después ambos se despidieron y Romano se quedó en su sofá pensando sobre todo y nada a la vez.


15 de septiembre (Dinamarca, Copenhague)

Dinamarca salió de la cocina con su plan: "Consigue un adelanto de la cena" siendo frustrado por un firme noruego que no se ablando con ninguna clase de súplica y lo envió a "hacerse útil en otra parte". No estaba seguro de que podría hacer ya que todos los preparativos para su viaje habían sido terminados hace un par de horas, por lo que camino distraído a la sala pensando que podría ver un poco de televisión mientras esperaba que la cena estuviera lista.

Sus planes vuelven a frustrarse al descubrir que el sofá estaba siendo ocupado en su totalidad por la figura perezosa de Islandia, quien estaba hablando con alguien si el constante tecleo y las notificaciones fueran un indicio.

Absorto como estaba, el islandés no pareció darse cuenta de su presencia, incluso cuando se asomó por detrás del sofá para intentar espiar al ser superado por la curiosidad sobre quien tenia la atención de la joven nación. Estaban manteniendo una charla en ingles sobre películas, así que el danes no pudo adivinar por su cuenta de quien se trataba.

- ¿Con quién hablas, Emi?

Islandia se sobresaltó y por reflejo atrajo su celular a su pecho para esconder la pantalla, antes de voltearse y fruncir el ceño al verlo tan cerca.
- No hagas eso, es privado. –Regaño dejando que la molestia se filtrara en su voz.

La nación danesa sonrió y se recargo cómodamente en el respaldar del sofá.
- Solo tengo curiosidad, ¿es uno de tus amigos?

El islandés tardo unos largos segundos debatiendo consigo mismo si responder o simplemente ignorarlo, Dinamarca ya estaba esperando la segunda opción más frecuentemente seleccionada por la joven y taciturna nación.

- Si. –Respondió finalmente y el danés se animó pero no pregunto nada más al ver que el islandés parecía no haber terminado de hablar.- Esta de paso en Estados Unidos. –Comento y Dinamarca asintió comprensivo y siguió guardando silencio expectante.- Yo.. quería invitarlo a ver el juego. ¿Eso está bien? –Pregunto con un rastro de inseguridad y timidez que solo hizo sonreír al danés quien lo encontraba entrañable.

- ¡Por supuesto que puedes invitarlo! –Respondió sin dudarlo, ensanchando su sonrisa cuando vio el alivio y alegría en los ojos del islandés, que rápidamente se esfumo.

- Deja de sonreír así, es molesto. –Dijo Islandia dándole un suave revés en la mejilla con el sobrante de la manga de la enorme sudadera verde oscuro que vestía, y era casi tres veces su talla extendiéndose hasta la mitad de los muslos.

La prenda había sido olvidada por Turquía en una de sus visitas, es lo que Islandia le había contado al danés. Al parecer, la siguiente vez que se vieron el turco no acepto que se lo devuelvan y lo llamo un regalo para total desconcierto del islandés que en ese tiempo no sabía cómo proceder ante tales gestos y termino por aceptar y pasar toda una semana en una especie de frenesí, buscando por internet algo adecuado para regalarle al turco la próxima vez que se vieran.
No hace falta decir que Turquía ahora usa con orgullo una bufanda de cuello azul hecho a mano cuando viaja a lugares fríos, para la total envidia de Noruega quien al enterarse habia pasado las siguientes dos semanas de un humor agrio.

- Jeje, solo estoy feliz de que Emi tenga amigos. Sera una buena oportunidad para conocerlos mejor, siempre eres tan reservado al hablarnos de ellos y nunca quieres presentárnoslos en las reuniones.

- No es como si no los conocieras, los has visto en las reuniones, no es necesario presentarlos. –Respondió Islandia con su atención de nuevo en el celular.- Sobretodo no desde esa noche en Roma.

- No es lo mismo, Emi. –Dijo el danés antes de soltar un suspiro melancólico y continuar en ese tono.- Además, esa noche me dijiste que mantuviera la distancia y por hacerlo termine perdiéndolos de vista por horas y cuando los encontré ya estaban regresando al hotel. –Hizo una pausa y enterró su cara en sus manos por un momento.- Lu estaba tan enojado conmigo, aun no sé cómo se enteró de lo que paso.

Islandia se abstuvo de mencionar las veces que avisto a uno o más hadas revoloteando en la periferia del grupo, después de todo Dinamarca nunca pudo verlas y por lo tanto no le creería. Además, lo último que necesitaba es que su familia piense que es más raro de lo que ya es, prefería dejarle las "cosas mágicas" a Noruega quien tiene la habilidad de hacer que todo lo extraño sea algo normal.

- Quien sabe. -Dijo fingiendo ignorancia.

- De cualquier modo.. –Comenzó y pareció animarse de nuevo.- Después del juego hagamos algo divertido con tu amigo. ¿Quién es, por cierto? ¿No es Turquía, verdad? Sabes que Lu se pone nervioso al tenerlo cerca.

- Nervioso no es como lo llamaría.. –Murmuro para sí mientras terminaba de escribir lo que él creía que era una aceptable invitación para su amigo.- No, no es el. –Le respondió alzando su mirada un momento para ver al danés suspirar de alivio.

- ¿Entonces?

- ¿Si?

- ¿Quién es?

En ese momento Noruega se asomó en la sala, vistiendo un delantal.
- La cena estará en 10 minutos. –Anuncio antes de mirar al danés y ordenar.- Pon la mesa. –Y entonces mirar al islandés y decir.- Lávate las manos.

- No soy un niño. –Se quejó pero de todas formas se levantó del sofá y salió de la sala.

En cuanto Islandia desapareció de la vista, Dinamarca se acercó al noruego a pasos largos y procedió a tomar sus manos con solemnidad, sorprendiendo a Noruega que solo pestaño y miro la expresión en el rostro del danés volviéndose más y más conflictiva.

- ¿Qué sucede? –Logro preguntar después de haber sido tomado por sorpresa, sin hacer un intento de recuperar sus manos que estaban recibiendo pequeñas caricias de los pulgares de Dinamarca.

- Lukas.. –Dijo Dinamarca con los ojos casi llorosos, haciendo que Noruega comenzara a preocuparse internamente.- Nuestro hermanito está creciendo demasiado rápido. –Finalmente termino de decir sonando muy emocional y orgulloso a la vez.

Noruega permitió que el silencio se extendiera por cinco segundos, antes de devolverle el apretón al danés y proceder a torcerle las muñecas para liberar sus manos.
- Y tú sigues igual que siempre. –Declaro inexpresivo, dándole la espalda.- La mesa. Ahora. –Ordeno antes de dirigirse de regreso a la cocina.

Dinamarca hizo un puchero y siguió al noruego mientras se frotaba distraídamente las muñecas.


¿Valio la pena la espera? No lo creo, pero este es.. ¡el fin de este arco!
Mientras subo esto ya estoy editando el siguiente capitulo así que espero, espero, realmente espero que la próxima actualización este en unos días más.
PD: Regresare para hacer algunas correcciones de ortografía y demás porque estoy casi segura de que quedan cositas que corregir que mi mente no esta procesando ahora mismo.

Saludos a todos.
Kira Mirai