Disclaimer: Todo aquello que reconozcan le pertenece a Stephenie Meyer
Rosalie POV
De lo primero de lo que fui consciente, fue del terrible dolor de cabeza que me aquejaba. Me giré en la cama, esperando que la nueva postura aliviara parte de la presión que sentía en las sienes. Fue peor, pues la luz del sol sólo empeoró la situación. Pensar en la luz del sol me hizo cuestionarme todo. Ya era de día. ¿Cuánto había dormido? ¿Por qué me sentía así? ¿Por qué tenía la sensación de que estaba perdiéndome de algo importante? Con esa angustia, me incorporé lentamente. ¿Qué me había sucedido anoche que no podía recordar nada? ¡Dios! No sentía una… ¿una resaca? Desde hacía años. Nada más ponerme de pie, hizo que me mareara, así que corrí a mi baño y logré alcanzarlo antes de que las primeras arcadas vinieran. Mientras me echaba agua al rostro, trataba de recordar qué había hecho para acabar de este modo y por qué seguía sintiéndome angustiada por saber qué día era.
Me enjuagué la boca, me lavé los dientes y me di un vistazo en el espejo. Definitivamente, ésta no era yo. Tenía los ojos inyectados en sangre, ojeras y todavía había rastros de maquillaje en mi rostro. Salí de mi habitación con pasos inseguros, no había nadie a quien despertar, pero no quería volver a marearme. Ya en la cocina, saqué el jugo del refrigerador y unas pastillas para la migraña de la alacena. Tomé los medicamentos y di un trago más de jugo para poder pasarlas sin problemas. Mi vista se dirigió al calendario que tenía imantado al refrigerador y casi tiro el vaso al suelo. Estaba marcado el día. A las once tenía la cita con el juez. Miré el reloj que había sobre el mismo y sentí que el pánico se apoderaba de mí: Diez cuarenta.
No tenía tiempo de nada. Dejé el vaso en la mesa y me apresuré a regresar a mi habitación. Me vestí con lo primero que encontré en el clóset, me cepillé el cabello dos veces, saqué un empaque de toallitas y mientras bajaba corriendo la escalera, tomé un sombrero y unos lentes de sol. Me hice con mi bolso y las llaves que había dejado en el vestíbulo y salí como alma que lleva el diablo, rogando porque un taxi apareciera lo más pronto posible. Mientras lo hacía, yo trataba de recordar todo lo que había sucedido el día anterior…sin poder traer a mi memoria ni el más mínimo detalle. ¿Qué demonios había hecho?
Emmett POV
Diez cincuenta y cinco. Miré el reloj por la que tenía que ser la millonésima vez y volví a mirar hacia la puerta de entrada a la sala. Rosalie aún no aparecía y su demora estaba inquietándome. Los dos habíamos quedado en estar a tiempo para poder entrar juntos con el juez. Habíamos hablado el día anterior y ella me había asegurado que estaría a tiempo. ¿Le habría pasado algo? Paul, a mi lado, estaba concentrado en el documento que habíamos trabajado esos días para presentarle al juez nuestra propuesta. Él sería el encargado de hacerle saber al juez los detalles, pero Rosalie y yo, como padres, debíamos estar presentes para poder responder cualquier pregunta.
Antes de que la rubia llegara, una joven secretaria nos indicó que entrásemos a la sala. Yo dirigí mi vista una última vez a la puerta y nada. ¿Qué se suponía que estaba haciendo al no estar a tiempo? Paul y yo entramos a la sala, donde una juez nos esperaba. Ambos nos acomodamos detrás de nuestros respectivos asientos, pero permanecimos de pie, esperando su permiso para poder sentarnos. La mujer leyó el expediente que tenía frente a sí y luego volvió a mirarnos.
–¿Dónde está la señorita Rosalie Hale?
Antes de que Paul y yo pudiéramos elaborar una excusa para justificar a la madre de mis hijos, ésta hizo una ruidosa aparición. Y al verla, mi estómago se retorció. Porque reconocía a esta Rosalie a la perfección: se trataba de la Rosalie con resaca. Mi corazón se rompió. Había estado sana por años y nada más le había bastado volver a la ciudad para que sus viejos hábitos hicieran su aparición. Y lo peor, justo el día en que pediríamos al juez que nos concedieran una custodia compartida de nuestros hijos.
–Buenos días, lamento la demora – Rosalie dijo, quizás más fuerte de lo que debería, mientras andaba torpemente hacia donde estábamos Paul y yo, que procuramos no reaccionar ante su aparatosa llegada. La rubia dejó sus cosas y tiró la bolsa, el temblor de sus manos no era tan evidente, pero yo podía percibirlo. Jamás había deseado que desapareciera de mi vida, ni siquiera en su peor momento, pero aquí y ahora, lo anhelaba más que nada.
–¿Se encuentra bien, señorita Hale? – preguntó la juez con un tono de voz profesional, pero comenzando a tomar notas.
–Sí, muchas gracias, su Señoría – le rubia se pasó una mano por los pantalones de mezclilla en un gesto nervioso.
–Bien, entonces tomen asiento y comencemos – ella nos indicó las sillas frente a nosotros y los tres obedecimos. – Estamos aquí para poder determinar la situación legal de sus hijos: Emmelie y Jasper Carlisle. ¿Quién me contará la historia?
Paul se puso en pie y comenzó a relatarle a la juez la historia del nacimiento de los mellizos, obviando los detalles del hospital y el malentendido de los doctores. El hermano de Sam hizo un gran trabajo al maquillar todo para hacerlo lo más claro y conciso posible. Mientras él hablaba, yo podía percatarme de la inquietud que emanaba de Rosalie, y al parecer, no era el único. La juez no le quitaba el ojo de encima. Me pellizqué el puente de la nariz, sabiendo que esto complicaría las cosas.
–¿Señorita Hale?
–Dígame, su Señoría
–¿Podría quitarse los lentes de sol? – ante esto, Rosalie obedeció y, aún de perfil, alcancé a percibir el enrojecimiento de sus ojos.
–Disculpe
–¿Me puede decir que hizo ayer, señorita Hale?
–Yo…eh…estuve por la mañana con mi hermano, trabajo con él, almorcé con mis hijos, los llevé con su padre y luego fui a casa
–¿No salió?
–No…no estoy segura – el silencio que siguió a su comentario fue revelador. La juez volvió su vista al expediente y tanto Paul como yo, miramos a la rubia, pero ella se negaba a devolvernos la mirada.
–Señorita Hale, tengo aquí una carta de un centro de rehabilitación en Manchester que avala que usted se rehabilitó de sus adicciones ¿Correcto?
–Así es, señoría.
–¿Podría pasar ahora mismo un examen toxicológico?
–No, señoría – la respuesta de la rubia llegó un minuto después de lo esperado. Sentí que el techo del lugar se me venía encima.
–¿Puede explicarme por qué?
–Mire, podría intentar mentirle, pero estoy consciente de cuál es mi aspecto y mi estado en este momento. Hoy que desperté, reconocí inmediatamente los síntomas de la resaca. Y desde ese momento, hasta ahora, he tratado de recordar por qué me siento así. No podría decírselo, pero sí puedo asegurarle, que estoy segura de que no tomé nada de manera voluntaria
–¿Me está tratando de decir que su estado se debe a factores ajenos a usted? – ¿a qué demonios estaba jugando Rosalie?
–Sí, su Señoría. Podría ir a mi casa en este momento y no encontraría nada que no compraría en un supermercado – la rubia aseguró.
–Señorita Hale, voy a pedirle que salga de la sala, donde uno de mis compañeros la acompañará a que deje usted unas muestras de sangre y orina para ser analizadas en el laboratorio. Quiero corroborar que, hasta este día, usted había estado "limpia"
Rosalie se levantó de la silla, se tambaleó un poco, pero consiguió llegar a la puerta sin mayores inconvenientes. Esto ya estaba sentando un mal precedente y yo no sabía qué tanto podría ayudarla. Además, me preocupaba que asegurara que esto no era culpa suya. ¿A dónde esperaba llegar con esas declaraciones?
–¿Señor Cullen, había visto a la señorita Hale en estas condiciones desde que se presentó con sus hijos?
–No, su Señoría. Ni una sola vez. – aseguré con firmeza y con sinceridad.
–¿Los niños en alguna ocasión han mencionado que su mamá beba o consuma sustancias ilícitas?
–No, su Señoría.
–¿Qué hizo usted ayer, señor Cullen?
–Desayuné con mi esposa y mis hijos, jugué con ellos, fui a entrenar, volví a casa y vi películas con ellos hasta que se quedaron dormidos
–¿Dónde está su esposa en este momento?
–En casa
–¿Con los pequeños?
–No, ellos están con sus abuelos
–Bien, por favor, salga y llámela. Quiero hablar con ella. Nos reuniremos nuevamente en unas horas cuando estén listos los resultados de la señorita Hale – ella ordenó y Paul y yo nos pusimos de pie y salimos de la sala.
No bien nos encontramos lejos de los oídos de la juez, yo me encaré con Paul para poder preguntarle por todo lo que estaba sucediendo y qué tendríamos que hacer. En ningún momento se me hubiera ocurrido que tendría que pasar por esto de nuevo, que Rosalie nos haría pasar por el mismo infierno que nos llevó a la separación, menos cuando nuestros hijos se encontraban en medio de esta situación.
–Antes que nada, háblale a Kate y pídele que venga – me indicó Paul y yo me tragué todas las preguntas que tenía para salir del juzgado para poder hablarle a mi mujer.
–¿Emmett, mi amor todo está bien?
–No, Kate. La juez me ha pedido que te llame, quiere que te presentes en la audiencia
–¿Ahora?
–Sí. ¿Estás ocupada?
–No, mi amor. Estaré ahí en unos quince minutos ¿Está bien?
–Sí, está perfecto.
–Muy bien, me daré prisa. Ahora te veo
Después de colgar la llamada, me quedé fuera por un momento, tratando de calmar todas las emociones que estaba sintiendo. No podía creer que Rosalie se atreviera a presentarse así a la audiencia, me enojaba que sostuviera que había sido algo involuntario, pero que afirmara que estaba consciente de estar bajo el influjo del alcohol, o algo más. ¡Dios! Le había jurado que protegería su derecho a tener la custodia de nuestros hijos, pero no me estaba poniendo las cosas fáciles con su actitud. Quería zarandearla y hacerla entrar en razón. El cielo me perdonara, pero deseaba que no se hubiera presentado.
Bella POV
Como me había sugerido la doctora, tras dos semanas de haber asistido a la primera consulta, ahora me encontraba en su consultorio nuevamente, para una nueva revisión. Sólo que esta vez me encontraba acompañada por Edward, quien me había prometido que, de ahora en adelante, vendría conmigo a cada una de ellas.
Nada más llegamos, la doctora me pidió que me acostara en la mesa de inspección mientras ella acercaba el ultrasonido y se ponía unos guantes. Edward no dijo nada, pero se mantuvo siempre a mi lado. Aunque los dos habíamos acordado que nos quedaríamos con el bebé y que yo había aceptado casarme con él, todavía sentía que el piso se movía bajo mis pies. Todo esto estaba resultando ser muy repentino y, con la cabeza más fría, me preocupaba que estuviéramos precipitándonos directo hacia el precipicio.
Entonces la doctora me pidió que me levantara la blusa y me advirtió que el gel estaría frío. Mi cuerpo se estremeció ante la sensación y Edward me tomó de la mano, lo que logró distraerme del frío. Una vez acostumbrada, Aline comenzó a pasar el aparato por mi abdomen, buscando al bebé. Nos explicó que, al tratarse del primer mes de embarazo, todavía no tendría forma definida.
–Aquí lo tenemos – nos señaló la pantalla y Edward y yo lo buscamos con la mirada. – Como se podrán dar cuenta, es apenas una pequeña bolita – a mi parecer, era del tamaño como de un cacahuate. – aunque todavía no tiene una forma tangible, su corazón ya ha comenzado a funcionar y sus órganos están comenzando a desarrollarse
–¿Todo va bien? – fue Edward el que preguntó.
–Es demasiado pronto para saberlo, pero mientras atiendan a las revisiones mensuales, podremos tener un mejor control sobre su desarrollo ¿Quieren que les imprima una fotografía? – ella nos preguntó y los dos asentimos.
Cuando me acomodé la blusa y me reuní con Edward frente al escritorio de Aline después del ultrasonido, instintivamente busqué su mano, él me atrajo a su lado y pronto sentí sus caricias en mi espalda. Aline me dio las indicaciones sobre estas semanas, me recomendó que evitara estar demasiado tiempo fuera y que siguiera tomándome las vitaminas que me había recetado. También me recomendó que procurara no comer demasiados irritantes y me previno sobre posibles cambios de humor.
Al salir de la consulta, Edward y yo nos dirigimos a mi departamento. Últimamente, estaba de lo más complaciente conmigo, como si quisiera demostrarme que lo más importante para él era mi felicidad. Una vez en la sala y los dos con sendas tazas de té, comenzamos a platicar sobre lo que nos traería esta nueva etapa en nuestras vidas.
–¿Puedo hacer una sugerencia? – él me preguntó con algo de timidez
–Puedes – respondí con una sonrisa divertida.
–Me gustaría que pasáramos estos meses fuera de la ciudad. No me refiero a todo tu embarazo, antes de que me interrumpas y me digas que tienes que trabajar, eso ya lo sé – él adelantó cuando yo abrí los ojos como platos – sólo hasta que el bebé esté más desarrollado. Aquí hay demasiados contaminantes y me gustaría que estuvieras en un lugar con un aire más puro
–¿Tienes algún lugar en mente? – dicho así, su sugerencia era de lo más prudente y yo me encontraba pensando que podía ser algo bueno. Además, en VS todavía me debían mis vacaciones y las semanas prometidas por mi participación en el Show de invierno.
–¿No vas a discutir conmigo? – su pregunta me hizo reír, al igual que la sorpresa en sus gestos. Me acurruqué a su lado y apoyé mi cabeza en su hombro, dejándome envolver por su presencia
–No. Creo que tienes razón y me gustaría tener un poco de paz y aire fresco para variar – los brazos de Edward pronto me rodearon y yo cerré los ojos, satisfecha.
–Podemos ir a la casa en los Hamptons. Mamá acaba de remodelarla – él sugirió y sentí cómo me besaba en la sien – además, estaremos cerca de la ciudad, si necesitamos acercarnos a ver a la doctora Hannigan.
No dudaba que Esme nos permitiría pasar el tiempo que requiriéramos en su casa en la playa. También me imaginaba que intentaría mantenerse al margen y que no haría preguntas, pero el hecho de que fuera su casa, me hacía pensar que merecía una explicación. Además, ya estábamos actuando de manera muy sospechosa: Edward había decidido no asistir a la fiesta de Fin de Año de la compañía, en vez de ello, se había sumado a la celebración privada que manteníamos los Swan. Había sido una noche tranquila y yo no podía más que estar agradecida por todo lo que estaba haciendo por mí.
–Estás haciendo que me enamore de ti – le confesé en susurros
–¡Qué bien! – fue la respuesta que recibí y que me hizo soltar una risita. Él me dio otro beso en la sien y yo lo tomé de la barbilla para poder besar sus labios.
Después de un beso particularmente dulce, los dos nos quedamos dormidos.
Cuando me desperté, me encontré en la cama, cubierta con una cobija y sin zapatos. Sin poder evitarlo, sonreí complacida y me estiré completamente descansada y feliz. Al levantarme, me percaté que Edward no estaba en la habitación, sin embargo, dudaba que se hubiera ido sin decirme nada. Me bajé de la cama y salí, dispuesta a buscar al cobrizo. Estaba en la sala, mirando la ecografía con un gesto que no dejaba traslucir sus emociones.
Di los últimos pasos para alcanzarlo y, cuando estuve tras él, rodeé su cuello con mis brazos y besé su sien como él tantas veces hacía conmigo. Sólo pasaron dos segundos para que una de sus manos se posara sobre las mías.
–Estás muy pensativo – le dije al oído.
–Es sólo que no sé cómo le diré a Emmett que estás embarazada
–¿Te preocupan las burlas? – sonreí al imaginarme todo lo que Emmett podría inventar
–No…no es eso – al oír la seriedad en su tono, lo solté y fui a rodear el sillón para poder acuclillarme frente a él
–¿Qué ocurre entonces?
–Te enteraste que estabas embarazada apenas dos semanas después. Me dijiste el mismo día que te enteraste. En la cita con la doctora del primer mes estuve contigo, tomándote de la mano y ahora pasaremos unos meses juntos, dándole a nuestro bebé lo que necesita para desarrollarse más sanamente – mientras él iba hablando, yo iba comprendiendo hacia dónde iba su pensamiento
–Así que lo que sientes es culpabilidad por lo que tú podrás experimentar y lo que él no tuvo con los gemelos – terminé por él
Edward no dijo nada, pero asintió con la cabeza. Entonces, mis ojos se llenaron de lágrimas al notar cuánta empatía tenía el cobrizo hacia la situación de su hermano con sus pequeños. Sabiendo que no podía hacer mucho, me senté en el reposabrazos del sillón y atraje a Edward a mis brazos. Él no se resistió y su cabeza pronto estuvo recargada en mi abdomen. Yo besé su cabeza y lo mantuve conmigo.
–Estoy segura de que él estará feliz por nosotros, Edward. Emmett nunca ha sido una persona rencorosa o envidiosa. – una ligera sonrisa se dibujó en mis labios. Conocía bien al hermano del ojiverde. No había nadie tan bonachón y genuino como Emmett – Además, no dudo que él y Kate vayan a querer agrandar la familia en un futuro.
Por unos instantes, ni Edward ni yo dijimos nada, pero sentí como la tensión en su cuerpo iba disminuyendo, poco a poco. Pronto, sus manos se posaron sobre mi vientre para acariciarlo con ademán distraído. Yo sonreí e hice lo propio con sus mechones de cabello.
–¿Estás mejor?
–Sí – él respondió y luego vi esa sonrisa que tanto me volvía loca – pero ahora me acabas de recordar que mi hermano no parará de burlarse de nosotros – el comentario me arrancó una carcajada.
–Seguramente. Pero ya nos las apañaremos – al buscar mis labios, me di cuenta de que la melancolía ya se le había pasado y mientras nos besábamos, le acaricié el cuello con dulzura – estaba pensando…que quizás sería bueno decirles a tus padres que estoy embarazada
–¿Estás segura?
–Sí. Esme ha sido muy comprensiva y tu padre apoyó que pasaras Año Nuevo conmigo y mi familia. Si vamos a vivir en su casa de la playa por unos meses, creo que merecen ser los primeros en saber que serán abuelos otra vez.
Así que nos fuimos a casa de los Cullen para poder darles la noticia y hacerles la petición correspondiente.
Esme POV
Miré el reloj, por la que tenía que ser centésima vez, en esa última hora. Eran las cuatro de las tarde y Emmett no había regresado de la audiencia. No había habido llamadas, ni de mi hijo, ni de mi nuera, ni de Rosalie. Nadie nos había avisado nada, y aunque los mellizos estaban comportándose tan bien como podían hacerlo dos niños de cuatro años, sentía que comenzaban a inquietarse. Desde que Emmett los conociera, no habían pasado tanto tiempo alejados de sus dos padres. Ahora, estaban mirando una película con su abuelo mientras yo hacía la cena.
Estaba terminando de poner las cosas en la mesa, cuando escuché cómo un automóvil se estacionaba en la entrada. Me quité el delantal que protegía mi ropa, y me apresuré a recibir a quién fuera que hubiera llegado. Al ver que del automóvil de mi hijo menor se bajaba Bella con una enorme sonrisa, yo también sonreí, pese a mi preocupación. Edward se reunió con la castaña y pasó un brazo por sus hombros con un gesto que se notaba ya natural.
–¿Nos invitas a cenar, mamá? – él me preguntó subiendo los escalones de la entrada
–Por supuesto que sí – respondí mientras él me daba un beso y luego me dirigí a Bella para darle un abrazo – Siempre será un placer tenerlos en casa
–Muchas gracias, Esme – la castaña me dijo y yo le acaricié la mejilla como si fuera mi propia hija
–Te ves muy bien, Bella
–Gracias, sí. Me encuentro bastante bien.
Cuando entramos a la casa, Carlisle venía bajando la escalera. Al parecer, nuestros nietos se habían quedado dormidos mientras miraban la película. Así que tendríamos un momento de paz para poder cenar con nuestro hijo y su novia. Mientras pasábamos al comedor, sonreí al ver que entre Edward y Bella las cosas estaban marchando bien. Ella se notaba feliz y mi hijo lucía una mirada orgullosa al estar con la castaña.
Cenamos los cuatro con tranquilidad y con una charla amena. Al terminar, nos fuimos a la sala de estar. Apenas acababa de servir el café cuando me percaté de la mirada que se dirigían y que Bella asentía. Supuse que ahora nos enteraríamos del motivo detrás de esta visita sorpresa. Me senté al lado de Carlisle, quien me rodeó la cintura con un brazo y me acarició la espalda, seguramente, notando mi ansiedad.
–Mamá, papá, Bella y yo tenemos que hacerles una petición…y darles una noticia
–¿Está todo bien? – pregunté, tratando de enmascarar mi preocupación.
–Sí. Es sólo que queríamos saber si podríamos pasar unos tres o cuatro meses en la casa de los Hamptons
Carlisle y yo nos dirigimos una mirada confundida. Al parecer, no era a la única a la que la petición le parecía algo extraña. Sin embargo, la casa en los Hamptons era un lugar para la familia y si para ellos era importante poder tener un poco de privacidad, yo no tendría ningún inconveniente en que estuvieran allá por tanto tiempo.
–Por supuesto, hijo, sabes que esa casa nos pertenece a todos – Carlisle fue el que habló y yo asentí y les dirigí una sonrisa.
–Entendemos si necesitan algo de tiempo a solas – yo me imaginaba que para Bella estaba resultando algo agobiante encontrarse con que la gente comenzaba a fijarse en ella por su relación con Edward – y prometemos que no iremos sin antes consultarlo con ustedes. Su privacidad es importante
–Te lo agradecemos mucho, Esme y aunque sí tiene que ver la privacidad, pues es más el aire fresco y la tranquilidad lo que nos mueve a querer pasar una temporada fuera de la ciudad – Bella miró a Edward con una sonrisa cómplice y luego volvió a dirigirse a nosotros, sus ojos me buscaron inmediatamente y yo sólo le sonreí.
–Bueno, supongo que ésa es la petición, así que ¿cuál es la noticia? – preguntó Carlisle con la calma que siempre le había caracterizado.
–Bella no quería pedirles la casa sin que les explicáramos la razón por la cual queremos pasar una temporada en los Hamptons – mi hijo nos dijo y observé cómo las mejillas de su chica se sonrojaban.
–Cariño, no necesitan darnos una explicación. No es nuestra intención inmiscuirnos en su relación – me dirigí directamente a ella, sabiendo que necesitaría tiempo para ajustarse a lo que implicaba una relación con una figura pública, como era mi hijo, al ser el representante de la empresa familiar ante la sociedad.
–Lo sé y se los agradezco mucho, Esme, pero de todos modos es algo que no tenemos intención de ocultar…además, en algunos meses será de lo más evidente – ese comentario hizo que me percatara de que Edward tenía una mano posada en la cintura y parte del abdomen de ella y que los ojos castaños de Bella brillaban más que de costumbre. Me tapé la boca con una mano.
–Mamá, papá…Bella y yo vamos a tener un bebé
Tanto Carlisle como yo, nos levantamos como resortes del sillón para poder abrazarlos. Mientras Edward recibía las felicitaciones de su padre, yo abracé a Bella con una enorme emoción. Ella me correspondió de la misma manera.
–¡Oh, Bella! No sabes el gusto que me da por ustedes. Estoy segura de que serán unos padres fantásticos
–Te lo agradezco mucho, Esme. Me preocupaba un poco su reacción al enterarse porque Edward y yo apenas llevamos un par de meses juntos – ella me dijo con las mejillas sonrojadas y yo no pude más que acariciárselas.
–Mientras ustedes dos sean felices y esto es lo que quieren, entonces yo estoy feliz
–Sí. Edward y yo queremos tener un poco de tiempo para prepararnos y también para poder experimentar lo que será vivir juntos antes de que llegue el bebé
–Lo entiendo. Creo que es lo mejor que pueden hacer.
Después de la ronda de abrazos y felicitaciones, los dos nos contaron cómo fue que se enteraron, nos dijeron que el bebé llegaría en septiembre, nos enseñaron la ecografía, y Edward, como petición especial, nos suplicó que no le dijéramos nada a nadie hasta que hubieran llegado al final de su primer trimestre. Como Carlisle era doctor y yo había tenido tres hijos, entendía por qué deseaban mantenerlo privado. Todos convenimos que lo mejor sería no dar demasiadas explicaciones a nadie para no levantar sospechas hasta que todo fuera más seguro.
Carlisle estaba encantado con la noticia, podía verlo en sus ojos. Y yo no podía más que alegrarme del mismo modo. Quizás la relación de Edward y Bella fuera a un ritmo diferente que la de Jazz y Alice y la de Emmett y Kate, pero se veía a leguas que ellos estaban enamorados y emocionados ante la perspectiva de convertirse en padres. Yo no tenía la menor duda de que serían muy felices juntos.
Un ratito después, los mellizos se despertaron. Se emocionaron mucho al ver a sus tíos, pero también tenían mucha hambre, de modo que nos fuimos todos a la cocina para poder darles de comer. Edward y Bella sólo se quedaron unos diez minutos más, después de que los mellizos les contaran sus aventuras de ese día, los dos se fueron. Tras acompañarlos a la puerta, volví a la cocina para supervisar que los pequeños comieran bien.
–¿Abu Esme? ¿Cuándo van a venir mamá y papá? – fue Emmelie la que preguntó, sin embargo, Jazz también me miró con curiosidad, esperando mi respuesta.
–Me imagino que ya no deben de tardar, cielo – fue lo único que pude decir sin revelar nada sobre mi preocupación. Ya eran las siete y la audiencia había comenzado a las once. Si esto estaba tardando tanto, no podía significar nada bueno.
–¿Mamá vendrá para ponernos la pijama?
–¿Vamos a dormir con ustedes, abu?
–No lo sé, pequeños.
Estaba a punto de responder que no sabía nada cuando escuchamos que la puerta de entrada se abría. Antes de que nosotros pudiéramos hacer algo, Emmelie y Jasper se bajaron corriendo de las sillas para poder llegar a sus padres lo más pronto posible. Carlisle y yo salimos tras ellos. En el vestíbulo, Emmett estaba hincado con ambos niños recargados en su pecho, Kate los miraba con una expresión de tristeza y Rosalie estaba cruzada de brazos a la entrada con Royce, su pareja, dos pasos por detrás de ella. Además, Paul estaba en el centro de la estancia, acompañado de otros dos hombres. Ambos de traje y ambos llevando unos documentos en las manos
–¿Qué ha ocurrido? – pregunté, a sabiendas de que la respuesta no sería nada bueno.
–Habrá un juicio por la custodia – fue Kate la que nos dio la noticia.
Entonces me percaté de que Emmett estaba escondiendo su tristeza de sus hijos, manteniéndolos abrazados, y que Rosalie se mantenía tranquila solamente porque Royce estaba tomándola de la mano. Me llevé una mano a la garganta, aun cuando el gesto no podría evitar que se me formara un nudo apretado dentro. Entonces, mis nietos se soltaron del cuello de su padre y nadie fue capaz de disimular la tensión. Esto no iba a acabar bien. De ninguna manera.
–Buenas tardes a todos, mi nombre es Marcus Vulturi y soy el representante del Tribunal Familiar. – uno de los dos hombres dio un paso al frente y le tendió la mano a mi marido y posteriormente, a mí – Señora Cullen, como abuela de los pequeños, se le solicita a usted y a su marido que sean los custodios de Emmelie y Jasper Carlisle mientras se lleva a cabo el juicio por su custodia– se me acercó y me tendió la solicitud de la juez – ambos padres tendrán derecho a visitarlos todos los días por dos horas y tendrá que ser siempre al interior de su residencia. Sólo usted y su marido están autorizados para llevarlos y recogerlos del colegio
–¿Mami nos vamos a quedar con la abuela? – Emmelie fue la que preguntó y pronto mis dos nietos la abrazaron fuertemente de las piernas. Hasta yo pude ver cómo todo el cuerpo de la rubia temblaba.
–Sí, mi amor. Tú y Jace tendrán que pasar una temporada con los abuelos. Pero su padre y yo los vendremos a ver todos los días – ella les explicó, acariciándoles la cabecita a ambos
–¿Pero por qué, mami? – Jace preguntó con el ceño fruncido
–Son las instrucciones que nos dieron a su papi Emmett y a mí
–¿Cómo cuando la directora dice que no podemos salir al recreo?
–Así es, mi amor
–Señorita Hale, Señor Cullen, ambos tienen diez minutos para poder despedirse de sus hijos. – ordenó Marcus, el representante del Tribunal.
Emmett y Rosalie tomaron a los pequeños de las manos y los subieron a acostar. Cuando hubieron pasado los diez minutos, Rosalie bajó de la escalera y sin decirle nada a nadie, se retiró junto con el otro hombre que había venido con ellos. Se trataba de James Laurent, el abogado que representaría a Rosalie en el juicio. Se trataba de uno de los mejores amigos de Royce, y era uno de los mejores abogados de lo familiar que había en Nueva York. Que estuviera involucrado en esto dejaba traslucir que las cosas no habían salido nada bien en la audiencia.
El señor Vulturi nos leyó a Carlisle y a mí nuestros derechos, nuestras obligaciones y nuestras funciones como custodios de Emmie y Jace. Mientras esto sucedía, yo no podía apartar la mirada de mi hijo mayor, el cual no parecía estar prestando atención a nada. Como no obtendría ningún tipo de información por su parte, intenté con mi nuera. Sin embargo, Kate lucía todavía peor que Emmett. Cuando el señor Vulturi terminó de leer los términos de nuestro nuevo papel como custodios, Carlisle y yo firmamos. Fue en ese momento que instó a Emmett a abandonar la casa, pues no podía tener mayor contacto con sus hijos, por incidental que fuera, más que el que se estipulaba en el acuerdo.
Emmett y Kate se irían a casa y Paul se quedaría a contarnos todo lo sucedido. Apenas pude darle un breve abrazo a mi hijo y a mi nuera, pero fue suficiente para saber que las cosas no sólo se habían puesto mal en el juicio, sino que también ellos enfrentarían otros problemas en casa. Con un nudo en el estómago los vi partir.
–Tienes que contárnoslo todo, Paul – mi marido pidió con gesto pétreo. Hacía años que no lo veía tan preocupado. Me coloqué a su lado y tomé su mano entre las mías. Fuera lo que fuese, teníamos que ser fuertes y tener la mejor disposición del mundo.
–Me temo que las cosas no han salido bien. Rosalie no pasó el examen toxicológico que se le hizo y está dejando entrever que alguien quiere hacerla quedar mal parada frente a la juez – explicó Paul mientras todos tomábamos asiento en la sala – como los resultados muestran que sólo anoche tuvo contacto con una sustancia, la juez estuvo dispuesta a creerle. Mientras ella iba a entregar las muestras respectivas, la juez suspendió la audiencia por unas horas y le ordenó a Emmett que llamara a Kate para que ella también estuviera presente
–Pero ¿por qué esta James Laurent involucrado? Creí que tú llevarías el caso por los dos – esta situación estaba probando ser demasiado para todos.
–Imagino que Rosalie le habló a Royce cuando la mandaron a hacerse las pruebas. Cuando Kate llegó, también lo hicieron Royce y James. De ahí las cosas se complicaron. Tal parece, que las hermanas de Kate podrían estar involucradas en la intoxicación de Rosalie, aunque no hay manera de probar nada. – ni Carlisle ni yo pudimos decir nada tras escuchar eso. Paul suspiró y continuó – como no se puede asegurar que Rosalie está limpia y que Kate no está involucrada, la juez dictaminó que ninguno de los dos padres podrá tener la custodia de los mellizos hasta que esto se aclare.
–¿Tendrán…tendrán que ir los mellizos al tribunal? – pregunté, preocupada por mis nietos.
–Lo más probable es que sí. Tanto James como yo estamos de acuerdo en que lo más importante es resolver todo lo que se pueda de manera íntima para llegar a la próxima audiencia como un frente unido y no como si esto se tratara de una pelea entre Emmett y Rosalie, pero si lo de la intoxicación de ella no se resuelve pronto, podríamos encontrarnos en un juicio bastante largo.
–¿Por qué se ha planteado que Tanya e Irina están involucradas? – preguntó Carlisle.
–Porque el único lugar al que fue Rosalie ayer, se trató de la casa de Emmett a dejar a los pequeños y fue Kate quien le dio unos tés relajantes, mismos que le dieron sus hermanas y que fueron lo único que Rosalie tomó antes de irse a la cama anoche. Podría tratarse de una confusión o de un producto en mal estado, pero de probarse que ellas tuvieron que ver…Emmett podría perder la custodia compartida.
Ni Carlisle ni yo tuvimos más que decir. Paul se despidió de nosotros, prometiéndonos que haría todo lo que estuviera en su mano para resolver esto de la mejor manera y nos instó a llevar lo mejor posible nuestro rol como custodios. Mientras Carlisle acompañaba a Paul a la puerta, yo me dirigí a la habitación que ahora era la de los mellizos y los miré dormir con las lágrimas corriendo por mis mejillas. Este juicio iba a terminar con la tranquilidad de mi familia, y el imaginarme a los pequeños enfrentándose a algo así a tan corta edad, me llenaba de inquietud.
Ni las buenas noticias que tenían Bella y Edward podrían compensar toda la angustia y el dolor que nos esperaba con esta situación. Afortunadamente, ellos estarían en los Hamptons y esperaba que Bella pudiera estar tranquila, sin que toda esta situación la afectase a ella y al bebé.
Cuando Carlisle se reunió conmigo, los dos nos fuimos a nuestra habitación para poder pasar la noche. Ninguno tenía nada que decir. Los dos estábamos muy afectados por lo que había sucedido con Emmett. Sólo podía rogar porque el asunto entre Rosalie y las hermanas de Kate se resolviera lo mejor posible. Si no, nos tocaría enfrentarnos a una situación mucho peor.
¡Hola a todos! Sí, sí es real que he actualizado. Me tardé muchísimo, lo sé y lo lamento, este capítulo ha sido uno de los más difíciles para mí de escribir. Espero que la espera haya valido la pena para todos ustedes y que disculpen estos meses en los que no supieron nada de mí. Como ya les había prometido, no dejaré de escribir hasta tener esta historia completa.
Antes de ir a los agradecimientos, quisiera aclarar dos cosas: primero, el juicio que enfrentan Rosalie y Emmett es algo que salió de mi invención, he revisado algunas cosas en internet para saber cómo funcionan los juicios de custodia en Estados Unidos, sin embargo, nada dicen sobre la situación específica que viven Emm y Rose; segundo, tengo que reconocer que en el capítulo anterior, dejé que mi manera de pensar influyera en lo que le dice la ginecóloga a Bella. Me explico: Desde que pensé en que ambos fueran padres, me concentré en eso y permití que eso se reflejara en la actitud de la ginecóloga, quien pudo haberle ofrecido a Bella la opción de interrumpir el embarazo.
Habiendo aclarado eso, ¿qué les ha parecido hasta ahora la historia? ¿Se imaginaban que Irina y Tanya podrían involucrarse? ¿Qué creen que diga Emmett cuando se entere del embarazo de Bells?
Ahora sí, me voy a los agradecimientos:
Nelita Cullen Hale: Espero que te haya gustado el capítulo y que hayas pasado unas muy bonitas fiestas con tu familia. Gracias por seguir con la historia y por siempre comentar. Un beso!
Yesenia Tovar: Sí, habrá bebé y boda aunque dependerá de Bella cómo funciona el orden de esa ecuación. Gracias por tu comentario y por continuar leyendo el fic. Saludos
Bitah: En el próximo capítulo por fin verán ese encuentro entre los mellizos y Royce, eso quizás te dé un indicio de hacia dónde van las cosas entre ambos rubios. Me alegra que también te gustara el giro con Edward y Bella y que este capítulo también te haya complacido. Muchas gracias por siempre comentar. Besos!
Vanessa: Espero que hayas pasado unas grandiosas fiestas con tu familia y que hayas empezado bien el año. Yo un poco atrasada pero por fin cumpliéndoles. Un beso!
sueosliterarios: Me tardé muchísimo en actualizar, discúlpame! espero que te haya gustado el capítulo y que haya valido la pena la espera. En unos cuantos capítulos podremos ver a Edward tratando de complacer a Bella con sus antojos nocturnos...y en los Hamptons todavía será peor porque en la historia todavía no existe UberEats xDDD. Te leo pronto!
jupy: Hola! Espero que este capítulo te haya gustado y que haya valido la pena esperar tanto. Como verás, ya los abuelos saben que volverán a serlo y los dos están muy felices por la pareja. A saber cómo lo tomará el buen Charlie Swan xD jajajaja. Espero poder seguir leyendo tus impresiones.
SandyDollanganger: Tenías razón con lo del embarazo, como puse en mi nota anterior, reconozco que me dejé llevar por lo que yo quería que sucediera y no pensé en que hay mujeres que toman otro camino. Con respecto al método anticonceptivo, ni Rosalie ni yo somos médicos, las dos sugerimos el parche porque fue lo que se nos ocurrió, por eso van con un médico para darle el adecuado. Y de verdad lamento mucho la demora con el capítulo, fue difícil para mí continuarlo, pero por fin logré terminarlo, espero que lo hayas disfrutado. Un abrazo!
Espero leer pronto sus impresiones sobre este nuevo avance y aprovecho para desearles un tardío Feliz Año Nuevo, que realicen todos sus propósitos y que sea un muy buen año para todos ustedes.
Con cariño,
Dayan Hale
