Capítulo 30 – Diana – Cita.
No era de la clase de personas que no contestaban una llamada, porque sabía que por ser quien era, y vivir la vida que tenía, podía tratarse de algo importante. Siempre tenía su teléfono completamente cargado e incluso contaba con un teléfono de emergencias en su bolso. No es que la tecnología fuese lo suyo, muy por el contrario, le enfermaba tener que llevar los aparatos, le enfermaba tener que usar su computadora, o cualquier otro elemento similar ya sea para estudiar o para leer temas relacionados con su legado.
Prefería los libros y las cartas.
Aunque agradecía que la tecnología le diese la posibilidad de que las cosas fuesen en tiempo real, haciendo más eficiente su vida. Ese era un punto a favor.
Respiró profundo y contestó, no porque le disgustara para nada el contestar ese llamado en particular, ya que se trataba de una amiga importante en su vida, pero en el lugar y momento donde se encontraba, le causaba demasiada vergüenza el escuchar aquella voz.
"Hola, Elsa. ¿Sucedió algo?"
"Oh no, nada grave, solo que como no contestaste mis mensajes, empecé a preocuparme. Me dejaste confundida con tu escrito."
Sintió su rostro arder. Realmente no debió mandar aquello.
Podía malinterpretarse.
"No, Elsa, está todo…"
"¡Diana! ¡Mira! ¡Este animal es japonés!"
Sintió su rostro arder.
Obviamente la mujer al otro lado de la línea había escuchado con claridad aquel grito eufórico.
Akko se le acercó, dándose cuenta de que estaba ocupada, y le hizo un gesto, preguntándole si estaba todo bien. Le asintió, y la chica volvió a correr hacía una de las jaulas.
Carraspeó, sin tener fuerzas para empezar a hablar, ya que la mujer al otro lado se había quedado en silencio. Enmudecida.
"…está todo bien…"
"Así me doy cuenta. Ojalá tengas una agradable cita hoy, Diana."
Iba a refutar, dios, iba a hacerlo, pero Elsa ya había cortado la llamada. Se sintió como una idiota mirando el teléfono, mientras su rostro parecía estar cubierto en llamas. Soltó un gran suspiro y guardó su teléfono en el bolsillo de su abrigo y se arregló el cabello antes de caminar hacía la dirección donde la castaña había ido.
No es que hubiesen aclarado que aquella era una cita, en lo absoluto. Akko no sería tan atrevida para proponer una cita, o sea si, ella lo propuso, pero no lo llamó cita. Frunció el ceño, viendo a la chica sonreír mientras parecía estar a dos segundos de trepar la reja y saltar donde estaban los animales sueltos.
De acuerdo, si era una cita.
Akko le dijo, luego del beso que le dio, que podrían salir, ir a un lugar donde pudiesen estar solas, y mencionó el zoológico al que no había podido ir. No dudó en aceptar la propuesta. Realmente necesitaba relajarse, y con la castaña eso parecía ser una tarea fácil, aunque de la misma manera se estresaba.
Sintió su rostro arder nuevamente.
¿Eran novias?
No. No lo eran. Al menos no lo habían discutido.
Negó con el rostro, tal vez eso no era tan importante para la chica, o tal vez era demasiado importante saber los detalles para sí misma, pero no importaba, iba a dejar cualquier pensamiento de lado y disfrutar el día.
"¿Qué decías, Akko?"
Los ojos carmines brillaron.
"Ah, ¡Ese! O sea, no es japonés, es chino, pero es de lejos de aquí."
Apuntaba a un animal de pelaje rojo, muy parecido a un mapache. Miró uno de los letreros con la descripción de dicho animal.
"Aquí dice que es del Himalaya."
Akko dio un salto, y parecía no haber notado el letrero, y lo leyó con su ceño fruncido. Luego sintió la mirada carmín en ella, con la misma expresión de duda.
"¿En dónde queda ese país?"
Solo pudo soltar una pequeña risa. Akko siempre le preguntaba por cualquier cosa, y agradecía ser capaz de darle las respuestas. Incluso cuando no pudo, inconscientemente buscó la respuesta en sus libros en casa, y le trajo la respuesta al día siguiente.
Realmente le gustaba.
"No es un país, Akko, es una cordillera que se extiende por varios países, incluyendo China."
Y había algo que le encantaba de Akko, y era esa expresión tan autentica e impresionada cuando le decía las respuestas a sus preguntas, sobre todo si eran cosas que no se imaginaba para nada, como que el Himalaya no fuese un país. Ella golpeó sus palmas con emoción, y volteó a mirar al animal que empezaba a mascar un poco de bambú.
"¡Entonces si eres de china! ¡Soy un genio!"
Soltó otra risa y se acercó más a la chica, mirando alrededor. El lugar era bastante extenso, llevaban caminando por varios minutos. Aunque era prácticamente ver a Akko correr de un lado a otro y seguirla. Los caminos eran de piedra, las jaulas estaban reforzadas con madera y piedra, al igual que los asientos y otras instalaciones del lugar. Rustico y practico.
Vio a Akko correr nuevamente, y la vio toparse con unas cajas de madera, las cuales dejaban ver hacia adentro gracias a unos vidrios.
Se acercó y no pudo evitar que su cuerpo reaccionara de mala forma al ver al animal ahí dentro. Las serpientes no eran para nada su animal favorito. No quería decir que las odiaba, o le daban miedo, porque no era así, simplemente no le daban una sensación agradable.
Su tía tenía unas de mascota, y no era para nada grato el verlas sueltas vagando por su casa.
"¿No te gustan?"
Dio un segundo salto al percatarse de la mirada de la chica.
"Mi tía tenía unas, no creo que me puedan llegar gustar."
Akko soltó una risa, mientras estaba realmente hipnotizada por el reptil que pegaba su cuerpo a las paredes y se movía con movimientos gráciles.
"Era lo que le faltaba a tu tía para ser más aterradora."
Asintió, soltando un suspiro pesado. La chica no conocía lo suficiente a su tía, pero con lo poco que habían convivido, podía ser capaz de darse una idea clara de cómo era, y si, era aterradora en varios aspectos.
"Supongo que ella es como una víbora después de todo, no es de sorprenderse que le guste la compañía de otros reptiles."
Akko soltó una risa muy fuerte, claramente riéndose de la mueca fastidiada que había hecho. No era muy expresiva, pero la chica disfrutaba mucho cuando lo era de vez en cuando. Akko golpeó el cristal, y se sorprendió al ver un ratón ahí donde la chica apuntaba. No lo había visto. El roedor parecía tranquilo, a pesar de estar encerrado con su posible depredador.
La castaña la miró nuevamente, aun sin dejar de apuntar al pequeño animal.
"Siempre me decían que yo era como un ratón, ya que siempre aparecía cuando menos lo esperaban, creando caos, o simplemente metiéndome en problemas y escabulléndome."
La chica soltó una risa forzada, podía ver cierta melancolía en sus ojos. Realmente no le agradaba ni un poco toda esa gente que la comparaba con roedores, aunque la chica parecía estar tranquila con aquello, o quizás ya había superado esa etapa. La pobre no parecía estar exenta de apodos ni de compañeros molestándola, incluso en su país natal.
Quiso abrazarla en ese instante.
La chica siguió caminando por el lugar, y se levantó de hombros.
"Creo que ellos tenían razón."
No pudo evitar recordar lo que Weiss había dicho acerca de que los chuchos, o sea los perros, debían quedarse de la puerta para afuera. Akko tenía mucha energía como ambas chicas, así que si, tal vez también sería un buen ejemplo de un perro. Perro y ratón. Dio un salto cuando se percató de que la chica la miraba.
"¿Que animal serías tú, Diana?"
Frunció el ceño, y puso su mano en el mentón. No era algo que hubiese pensado en lo más mínimo, así que no tenía ni la más remota idea de que decir.
Negó con el rostro.
"No lo sé, ¿Crees que me parezco a algún animal?"
La chica golpeó su puño en su palma, como si hubiese estado esperando esa pregunta. Se subió a un pequeño levantamiento de piedra, y comenzó a caminar por ahí, intentando mantener el equilibrio sin mucho éxito. Se mantuvo cerca, Akko era muy torpe, quería estar ahí para atraparla si es que llegaba a caerse.
"Yo creo que un gato. Eres un poco arisca, independiente y llena de elegancia. La forma en la que caminas también es como la de un gato."
"¿La forma en la que camino?"
La miró desde abajo, con duda, y la vio detenerse. No podía ver su rostro, pero notaba una de sus orejas tiñéndose de rojo. Escuchó su tos, y una de sus manos en su nuca. Frunció el ceño. Realmente esa respuesta la había tomado por sorpresa, y estaba realmente curiosa. ¿Cómo caminaba? No tenía idea.
"¿Cómo dices tú que camino, Akko?"
La chica balbuceó un par de palabras, y luego miró hacía todos lados, para luego apuntar a una de las jaulas más alejadas.
"¡M-Mira eso! ¡Me encantan esas aves!"
Akko se lanza de ese lugar y cae al suelo con inestabilidad, pero se repone y corre hasta el lugar que había indicado.
No dudó en seguirla.
Iba a conseguir respuestas.
La chica estaba agarrada de la reja, mirando las aves moverse de un lado a otro. Soltó un suspiro y se acercó.
Necesitaba saberlo.
Apoyó sus manos al lado de cada una de las manos de la chica, y se apegó a su espalda. La había acorralado. Sonrió al sentir a la chica tensarse frente a ella. Se acercó a su oído, sin poder evitar disfrutar aquel acercamiento.
"No juegues al gato y al ratón, porque vas a perder."
Pudo sentir claramente como la chica empezó a temblar. Ahora si era una buena analogía, habiendo escuchado el apodo que le daban a la castaña. Podía imaginar la cara graciosa que la chica tendría, donde frunciría los labios e inflaría sus mejillas. Se quitó la imagen de la mente, porque quería mantenerla asustada, o al menos intimidarla lo suficiente para que le dijera.
"¿Por qué dices que camino como un gato?"
Escuchó un chillido de parte de la chica, y luego un suspiro. Podía ver parte de su mejilla, bañada en rojo.
"Uhg, ya sabes…un gato es…bueno, elegante para caminar…y tú, caminas con elegancia…y…"
"¿Y?"
Sabía que había algo más. Akko parecía bastante incomoda.
"Y…mueves mucho tus caderas…de manera…seductora…"
Sintió sus mejillas arder. ¿Qué? Dio un salto. No. No. Eso no sonaba como ella. ¿Era así? Nadie se lo había mencionado. No podía tratarse de eso.
Recordó las palabras de Anna con lo de seducir.
¿Estuvo seduciéndola con su cuerpo todo ese tiempo? ¿Era así de notorio?
"Lo siento."
Akko dio un salto, volteándose, preocupación en sus ojos. Las palabras habían salido como si nada, no controlaba ni su boca ni sus caderas. Le avergonzaba pensar que lo hacía con Akko, porque no dudaba en que Weiss le diría si lo notaba algo así.
La chica negó rápidamente con el rostro, moviendo sus manos. No se había dado cuenta, pero seguía en la misma posición, manteniendo encerrada a la chica entre sus brazos, pero con la vergüenza que tenía, no quería siquiera soltarse o sería aún peor.
"¿Por qué pides perdón? Digo, es bastante sexy…y algo hipnotizante…" La chica da un salto, dándose cuenta de que había dicho. Su rostro estaba rojo, y probablemente el suyo estaba así o más rojo. "¡No! No lo es, o sea, sí, claro que lo es, digo, no es que te haya estado mirando…tanto…"
Podía ver el pánico en los ojos de Akko, como intentaban desesperadamente salir de esa situación, y también intentaban con todas sus fuerzas no mirarla a los ojos.
Soltó una risa.
La situación era hilarante, así que no pudo evitarlo. La chica abrió los ojos con sorpresa, y también rio, nuevamente poniendo su mano en su nuca.
Eran unas idiotas.
Miró a todos lados, asegurándose de que no había observadores en los alrededores, para dar un paso al frente, dejando a la chica aún más aprisionada, para finalmente darle un beso, aun entre risas.
Esto es completamente diferente a lo que saldrá en el capítulo de Vampire's Prey. No sé si lo han leído o lo leerán, pero es como los dos lados de una misma moneda, bueno, no misma, pero ustedes me entienden.
Siento el retraso, mi esposa olvidó hacerme recordar que debo escribir y ser responsable con mis hobbies, y si, sé que soy una adulta y debería ser perfectamente capaz de manejar mi propio horario de trabajo, pero el trabajo es cada día más agotador, física y mentalmente, y no es como que pueda confiar en mí misma como un ser humano decente.
Como sea, espero hayan disfrutado el capítulo tierno, porque se vieneeeee.
Capitulo siguiente: Elsa – Conflicto.
CONFLICTOOOOOO
Lo siento, nos leemos pronto jij.
