Ojos Tristes II

¿Por qué? ¿Por qué no le había dicho nada? ¿Por qué tenía que enterarse como todo el mundo? Por internet y solo porque la stalkeaba. Si no lo hiciera ni siquiera se enteraría. Jenn le daba vueltas mientras conducía el coche hasta la residencia de Lana. Recordaba los detalles del post y le parecía imposible que esa mujer fuera la misma con la que había chocado copas durante varios momentos en la cena que habían compartido 2 días antes. Puede que ella estuviera ausente por su cumpleaños, pero incluso así habían estado enviándose fotografías, como habían pactado. ¿Por qué Lana no le había contado nada sobre su ánimo decaído, a pesar de que se lo había preguntado? Siempre que le habló del divorcio y de cómo se encontraba evadió la mayor parte de las preguntas dándole largas y ella no quería molestarla, ni presionarla así que respeto su silencio. Pero podía salir y decírselo al mundo. No a ella, a todos, como si ella no fuera alguien importante.

Esa posibilidad la tenía ligeramente desquiciada. ¿No se había ganado su confianza? ¿No era digna de una confesión más personal? No quería esa información para congraciarse, ni para nada que no fuera acompañarla, estar presente en ese mundo que Lana sentía derrumbarse y cambiar. Estar para darle la mano y que pudiera seguir.

Si se lo ponía a pensar tenía un enorme deseo de protegerla, de cuidar de ella. El pecho le dolía con esa necesidad latente. Era esa clase de dolor parecido al momento en que se ve algo tan bello que no puede dejar de mirarse y duele en los ojos porque no es parte de nuestra vida. Duele en el cuerpo su falta. Y Jennifer Morrison tenía claro que, por lo que fuera, necesitaba ver a Lana contenta, feliz como la había sentido en sus tontas excusas para pasar tiempo juntas.

Detuvo su coche ante la entrada a la casa de Lana. Le escribió, incluso le reclamó su falta de confidencia, pero no podía. No le gustaban los ojos tristes de Lana en esa foto. La miraba y quería cambiarla. Quería verla sonreír. Así que todos sus reclamos se murieron cuando Lana le aseguró que ella era lo mejor que pudiera haberle pasado en los últimos tiempos, que no hubo mentiras porque con ella en su vida se sentía distraída y mejor. Sin embargo, un solo día en que no estuvo cerca parecía haberle provocado a la morena una vuelta a la realidad que la había obligado a escribir aquella confesión pública. Quizás para ver si de esa manera los fans y los medios dejaban de ponerle presión a su vida, más de la que ya tenía al parecer.

Jenn terminó por confesarle a Lana que iría a verla en Italia. No lo había reflexionado pragmáticamente, pero quería. Su primer impulso era hacerlo y pensó que por qué debería negarse a él. De todas maneras estaría en Europa. A Lana la noticia pareció sentarle como un bálsamo y demostró su alegría al respecto, asegurándole que le había devuelto la sonrisa. La rubia supo que tenía que hacer lo que la había traído aquí en primero lugar. Le contó que estaba en la puerta y que le esperaba. Suspiró al saber que Lana bajaría en cualquier momento y repitió el plan en su cabeza, casi segura de que a su amiga le encantaría ir con ella hasta dónde irían. Quería salir de casa, cambiar de aire, manejar su coche, oír música y detenerse en el lugar perfecto para cobijar a Lana de sus fantasmas. Un lugar íntimo, pero diferente a su manera, donde dejar lo de siempre fuera.

Vio a Lana salir al cabo de cinco minutos, impecable como siempre, como si este plan fuera algo menos improvisado. Rodeó el coche y entró sentándose en el asiento del acompañante. Se quedaron mirando un momento. La respiración de Lana era más agresiva de lo normal y de repente sonrió tanto que Jenn no pudo evitar contagiarse.

-¿Dónde vamos? – preguntó al cabo de unos segundos.

La rubia le sonrió y arrancó el coche – ¿importa? – preguntó y subió el volumen a la música.

La radio delineó la voz de Selena Gómez. Una de sus canciones del año anterior, Back to you, lo llenó todo. La voz de Lana se escuchó por encima de todo el sonido.

-¿No vas a decirme?

-¿Siempre quieres controlarlo todo? – Jenn respondió con otra pregunta.

-¿Y tú siempre respondes con una pregunta? – replicó la morena.

-¿Quieres dejar de preguntar ya y hacerme el coro en la canción? – contestó Jenn y Lana se rio.

-No me la sé – confesó.

-Pues apréndela que esta es bastante buena – fue su respuesta final, mientras deslizaba un poco los vidrios de las ventanillas del coche y dejaba entrar el aire de la carretera.

Jennifer comenzó a tararear la letra de la canción y Lana pareció perderse un momento en silencio, mientras las palabras se sucedían. Para Jenn, en ese mismo momento, los pensamientos de la morena valían millones, pero no la quería interrumpir en su momento de reflexión. Una de K-pop le siguió y como ninguna de las dos la sabía se dedicaron a bailotear con los hombros, y llegaron a la conclusión que escuchar la radio era aceptar que los coreanos se habían colado en la cultura general, como antes ya lo habían hecho los latinos. Ambas coincidían en lo bueno que era ese multiculturalismo en la música y en tantas otras cosas más. No coincidía para nada con el contexto que solían vivir en su país todos los días, pero ninguna protestaba por lo que la política no podría detener por muchos muros que levantaran.

Lana tenía raíces europeas y latinas, por consiguiente decía no tener ninguna queja con eso. Y Jennifer Morrison se perdió pensando que no se oponía para nada a los efectos que las raíces no estadounidenses de Lana Parrilla le habían otorgado. Como esos ojos profundos y su actitud desafiante. Y Las curvas. Meneó la cabeza preguntándose desde cuando ella pensaba en eso y Lana la observó interesada, pero el lugar al que se dirigían apareció delante y la expresión de Jenn se comió la curiosidad de la morena.

-¿Qué sitio es este?

-Un secreto muy personal – dijo Jennifer y detuvo el coche, aparcándolo entre los que estaban allí.

Lana descendió y vio el pequeño cartel de madera que decía en letra románica "Dreams Garden". El jardín de los sueños, Lana no había oído de este sitio jamás. Tan escondido como estaba no parecía más que un tímido sitio de barrio periférico, pero la naturalidad con la que Jennifer tomaba las escaleras al lugar y la instaba a entrar, le hicieron pensar que era un lugar importante para ella.

Jenn colocó su mano sobre la espalda de Lana para instalarla a pasar dentro delante de ella. Fue inmediato, pudo ver los ojos de Lana abrirse de par en par. El aroma particular recorría aquel lugar, el aroma que sólo un buen lector puede y sabe apreciar. Jenn sabía que la idea no era totalmente original, pero su pequeño jardín de los sueños tenía un particular encanto que no tenían los otros bares que decoraban sus paredes con pilas de libros viejos y nuevos. El aroma de los libros era algo que fascinaba a cualquier que tuviera algo de amor por leer y Jenn sabía que Lana era de esas personas. Los ojos de Lana se iluminaron denodadamente.

-Dios – susurró suavemente y Jenn podía ver cómo sus ojos trataban de atrapar cada palabra que había cubría las paredes sin poder absorber ninguna. Reconocía esa fascinación, esa necesidad de acaparar, la ilusión de saber que esas paredes guardaban miles de historias contadas desde que la vida eran letras – no me alcanzaría el resto de mis días para leer cada uno de estos libros – dijo la morena finalmente saliendo de su hechizo.

-Lo sé – Jenn suspiró dejando al perfume del lugar en sus fosas nasales -, pero ¿dime que no te dan ganas de olvidarlo todo y empezar a soñar de nuevo?

Vio como Lana la observaba intensamente por un momento, pero fueron interrumpidas por el dueño del sitio y conocido de Jenn.

-Jennifer – dijo el hombre – que bueno verte por aquí, Michelle me dijo que habías llamado.

-Anthony – la rubia saludó al hombre de mediana edad - ¿cómo estás? – luego se dirigió a su acompañante – está es Lana Parrilla – anunció – y él es el dueño de este maravilloso jardín, Anthony Piggot.

-Es un gusto conocerla, Señorita Parrilla – anunció el hombre dándole la mano – hemos seguido la serie en que trabajaban y creo que usted ha rozado la perfección con su personaje.

-Otro fan – dijo Jennifer riéndose – la gracia sería encontrar un sitio donde no los tuvieras.

-Seguro que algún día encontraremos uno – comentó Lana rápidamente – gracias, Señor Piggot, este lugar es una maravilla.

-Este sitio es un sueño, además del jardín de muchos otros más, mi sueño y el de mi esposa – explicó con una sonrisa – hemos decidido compartirlo porque sabíamos que hay muchas otras personas que lo apreciarían, aunque lo mantenemos reservado para quienes consideramos más – al ver como Lana no dejaba de mirar alrededor agregó – sepa que será bienvenida si decide regresar.

-Muchas gracias, es bastante posible que lo haga.

-¿Tienes listo mi rincón, Tony? – preguntó la rubia.

-Si, por supuesto, pasen por aquí y la primera copa es cortesía – indicó el camino – tú ya sabes cómo llegar, Jenn.

-Gracias – Jenn apoyó su mano en el hombro del dueño – y saluda a Michelle de mi parte cuando la veas por favor.

Caminaron unos pasos y salieron por una puerta a la derecha del sitio, subieron unas cuantas escaleras para terminar en una sala igual que la principal, pero mucho más parecida a la biblioteca de una casa. Lana llegó a la conclusión de que era una zona más exclusiva.

-He pensado que preferirías que estuviéramos más solas – Jenn abrió una puerta de vidrio antigua y se escucharon los ruidos de la noche entrando por un amplio balcón.

Lana se sentó en el enorme sofá delante de una mesa baja – este sitio es perfecto por donde se lo miré – sus ojos revisaron los libros alrededor – Shakespeare, Wilde, Kafka, Dickens – giró la cabeza – Rice, Woolf, Austen, Shelley – es como estar en una habitación viva, tiene tanto para contar.

-Tanto que tampoco te lo acabarías, ni viniendo cada día – Jenn tomó un libro de uno de los libreros laterales – "Tiene que seguir adelante, haga lo que haga, o aunque no haga nada. Aun en el caso de que deje que la tierra se convierta en barbecho, no podrá evitar que crezcan las hierbas y los zarzales. Siempre brotará algo" – recitó acercándole el libro a Lana – Al este del edén, de John Steinbeck, uno de mis libros favoritos.

Lana sopesó aquel libro – recuerdo la película, James Dean – comentó para remarcar que la recordaba – no lo he leído, debería – dijo.

-Sí, es realmente bueno – le aseguró la rubia – mejor que la película, aunque no creo que puedas separar la imagen de James Dean del protagonista.

-Como cuando lees Harry Potter y solo puedes imaginar a Radcliffe o a Emma Watson – argumentó Lana sonriendo.

-No te hacía fan de Harry Potter – contestó Jennifer.

-Bueno, sus libros han llegado a mi mesilla en alguna ocasión, es inevitable cuando lees – la morena se cuadró de hombros.

-Es cierto, quién adora leer suele leer todo lo que cae en sus manos – Jenn levantó un telefonillo con aspecto antiguo - ¿qué quieres beber? – le preguntó a su compañera.

-Lo que a ti te parezca mejor, no tengo ninguna preferencia – Lana se levantó y pilló otro libro del librero frente a ella.

Jennifer sonrió de medio lado viéndola tan distraída – dos Saint George Negroni, por favor – cerró la conversación y se sentó a un lado de la morena que leía el prólogo de una obra de la Anne Brontë – Agnes Grey – leyó - ¿parece interesante? – preguntó.

-Parece, he escuchado que es un libro con una prosa perfecta – Lana observó a su compañera – nunca se me había ocurrido leerlo hasta ahora, aunque puede que sea que estoy invadida por tantos libros.

-Puede, la primera vez que vine recuerdo haber hecho una lista de todos los libros que quería leer – le contó – y lo cierto es que no leí más que tres de los la lista, pero cada vez que vengo leo por encima alguno de ellos y si me gusta, más adelante me lo compró – explico.

-Gracias – le dijo Lana de repente – por traerme, me ha hecho muy feliz ver este lugar.

-De nada – respondió Jenn – hace unos días que quería volver y pensé que te gustaría venir conmigo.

-Si vuelves, avísame – le pidió Lana.

-Prometido, pero si haces lo mismo – la rubia levantó la mano como si hiciera un pacto con ella y Lana río de forma suave.

Un camarero les dejó las bebidas y Lana descubrió que además de la literatura había que valorar positivamente los cocteles que preparaban. Observó de reojo que Jennifer no le quitaba la mirada de encima y supo que no le preguntaba, pero esperaba a que le dijera algo respecto de su publicación.

-¿Qué quieres saber? – dijo suspirando.

-Lo que tú quieras decirme – respondió Jenn.

-¿Y si no quisiera decirte nada?

-No te presionaría como nunca lo he hecho, sólo me gustaría enterarme sin andar de cotilla como todo el mundo, ¿vale?, pero incluso así creo que has de decidir si lo quieres compartir conmigo o no – Jennifer sonrió a sus palabras, pero Lana sintió la necesidad de disculparse.

-Perdóname, creo que no he sido justa contigo, te he hecho pensar que no me importabas lo suficiente – expuso – no he respondido como debería a estos días que pasamos juntas.

-Oye Lana, no te disculpes, discúlpame tú a mí por haberte reclamado – suspiró audiblemente - pensándolo mejor, apenas nos estamos conociendo otra vez, ¿no? – Jenn se cuadró de hombros – con la forma en la que me he comportado contigo...

Lana no la dejó continuar – con la forma en la que te has comportado conmigo, me has demostrado que todos mis prejuicios sobre ti están errados.

-No quita que yo me alejé de ti en primer lugar.

-No quita tampoco que has vuelto.

-No – Jenn sonrió – un brindis por los nuevos comienzos.

-Por las segundas oportunidades – Lana recordó que el parlamento final de Regina rezaba así.

-Vaya, como la reina buena – dijo y luego meneó la cabeza – que nombre más chungo para Regina.

-Lo sé, supongo, pero sabemos de dónde viene – agregó Lana.

-De dos mentes que estaban escasas de ideas a esa altura aparentemente – Jenn carraspeó luego de beber un sorbo de su copa - ¿estabas...? – sopesó mejor la pregunta - ¿tenías ya algunos problemas con Fred cuando filmamos las escenas finales?

Lana asintió – sí, comenzábamos a tenerlos de manera más decisiva.

-Vaya, parecías tan relajada.

-Mi trabajo siempre ha sido una escapatoria – comentó Lana – y, además, no habría demostrado nada delante de ti, tampoco.

Jennifer hizo una mueca de dolor – me lo merezco claramente, tampoco me acerque demasiado a ti.

-Solo lo estrictamente necesario para ser una buena profesional – dictaminó Lana – como casi siempre en los últimos años.

-Cuando no nos dejábamos comer por los personajes – agregó Jennifer – a veces nos acercábamos más de la cuenta por el impulso de Emma o de Regina.

-Lo sé, me daba cuenta, abrazos inesperados en medio de la grabación – Lana sonrió encantadoramente.

-¿Qué fue lo que no funcionó? – le preguntó entonces la rubia al verla más distendida – con Fred quiero decir.

Lana suspiró – estábamos en lugares de la vida diferentes, él tenía una estructura de vida en la que creo que yo no terminé de encajar – la morena hizo una pausa pensándose la siguiente frase – él quería una cosa, yo quería otra, simplemente no funcionó, dejamos de disfrutar el hecho de estar juntos.

-¿Han terminado bien?

-Bueno, dentro de lo que es posible para un divorcio de común acuerdo, aunque yo insistí un poco más en la separación, debo reconocerlo, pero sigue siendo duro empezar de nuevo – admitió Lana.

-Lo puedo imaginar – Jennifer sabía que terminar una relación era siempre un asunto espinoso, fuera buena o mala.

Los vacíos que deja una relación pueden ser una fuente de depresión y el recuerdo una señal de fracaso, pero ella tenía la certeza de que las relaciones terminan porque no funcionan como deberían, porque hay algo mal con ellas. Así que normalmente el cambio es para bien. Claro, ella no ha pasado por un divorcio nunca así que tampoco podía asegurar nada.

-Cuando acepté casarme con él teníamos mucho en común y con el tiempo todo eso se fue disipando – confesó la morena – aunque es cierto que se fue disipando muchos antes del matrimonio, pero creo que no quise verlo.

-Las relaciones no son fáciles –comentó Jenn – es casi como un trabajo.

-Si te las tomas así difícilmente consigas sentirte feliz con alguien, Jenn – Lana se había quedado en silencio antes de decirle esto, pensando en quién sabe qué.

-¿Me ves muy comprometida? – replicó la rubia – no tengo una relación hace un buen tiempo, eso debería decirte mucho.

-El espíritu libre, lo sé – Lana sonrió – y creo que entiendo lo que dices, es decir, para arriesgarte tiene que ser alguien especial.

-Es más que eso – agregó la rubia – tiene que motivarme como para querer salir de mi rutina, ser detallista, querer estar con esa persona.

Lana rodó los ojos – pues lo haces muy bien fuera de una relación romántica – señaló alrededor como mostrándole a Jenn lo mucho que se esmeraba por ella – de hecho, eres la única de mis amigos que me ha llamado y se ha preocupado por mi hoy.

La rubia sopesó en silencio aquellas palabras – creo que hay personas con las que surge natural.

-¿Aunque no obtengas una recompensa amorosa? – preguntó Lana con una expresión picara.

-Aunque me hagas dormir en la habitación de invitados – replicó Jenn haciéndola reír un poco más. Lana le dio un golpe en el hombro - ¿y qué pasa con Regina? ¿Te hace mal que leamos fanfics?

-No, que va, me encanta que hagamos eso, es solo que de repente me encuentro teniendo que romper demasiados esquemas de mi vida, ¿sabes? – le explicó – conocí a Fred en 2009 y tres años después me dan el papel más importante de mi vida – suspiró audiblemente – y el mismo año que mi relación con Fred termina, también debo decirle adiós a Regina, es como tener que superar dos divorcios a la vez.

-Lo entiendo, me costó mucho dejar a Emma Swan – admitió Jenn.

-¿De verdad?- Lana se mostró intrigada – parecías feliz de abandonarnos.

-No digas eso, no los abandoné, pero ya sabes que no me gustaba lo que le hacían a Emma – indicó – no quería que la corrompieran más – se mordió el labio – lo que no quiere decir que no me costará muchísimo pasar página.

-Pensaba que te había sido muy fácil – la morena bebió un sorbo de su cóctel y vio como Jenn hacía lo propio – no te imagino con el mono de Emma Swan.

-No sé si la extrañaba a ella o verlos a ustedes, extrañaba lo que Emma sentía en el set – ambas se quedaron en silencio unos segundos, quizás asimilando lo que significaba.

-A veces me pregunto si soy realmente tan talentosa como todos dicen – dijo Lana de repente.

-¿Por qué te lo cuestionas? – preguntó Jenn impresionada.

-Porque desde hace mucho que no consigo remontar mi carrera, me he quedado clavada en Regina Mills y por mucho que audicioné no lo consigo.

-¡Ey! – Jenn le hizo una pequeña caricia en la espalda – eres la actriz mejor reputada de todo el elenco, hiciste un trabajo fenomenal y eres muy talentosa, esta industria no es fácil, es sólo eso.

-¿Es? Tú pareces haber hecho tu paso después de Once Upon a Time – le dijo la morena.

-Que va, sólo unas pelis y algo de doblaje, si lo piensas no tengo grandes proyectos en televisión desde la serie – Jenn le dio vueltas aún más a la historia – ni Ginni, ni Bex, ni Emilie, ni Colín, ni siquiera Robert – agregó – ninguno hemos vuelto a tener un proyecto en televisión como ese y eso no es por ti, Lana, es porque la vida del actor es así.

-Lo sé, pero cuando tengo el ánimo por el suelo, como estos días, me lo pregunto – Lana agitó la cabeza negativamente – es tonto, pero es así, tampoco es que lo necesite para vivir, tengo dinero suficiente para no tener que preocuparme por ello.

-Pero te gustaría poder volver y lo entiendo.

-Si.

-Llegará como ha llegado Regina, lo sé, eres talentosa y tarde o temprano sucederá como siempre, nos sucederá a las dos – le aseguró.

-A ti ya te ha sucedido – le dijo Lana sonriendo.

-Un piloto aun no es volver, preciosa – Lana pestañeó al oír aquel apelativo, pero Jenn agregó algo para quitarle peso a sus palabras – imagínate que nos tocará a las dos juntas de nuevo.

-¿Y tener que verte todos los días? – la morena exageró su voz para mostrar aversión.

-Y todas las noches, te aseguro que ahí sí que me mudo contigo así compartimos el coche, ahorramos y no contaminamos tanto el medio ambiente – anunció Jennifer, después de la carcajada de Lana añadió – lo sé, sigo siendo una tonta.

-Sigues siendo una tonta, pero también eres una persona que vale la pena conocer, casi que envidio a tus compañeros de serie – concluyó Lana.

-Eso no lo dirás cuando veas que pasa el tiempo y sigo invadiendo tu casa – repuso la rubia.

-Mi solitaria casa, Lola y yo estaremos felices de que nos vengas a ver siempre que quieras, Jenn – le respondió Lana – haces que mi vida se vuelva más simple, más – buscó la palabra para expresarse – feliz – dijo encogiéndose de hombros – te estoy muy agradecida por estar presente.

Suspiró y luego su expresión alegre se diluyó. Sus ojos recayeron sobre el libro de Anne Bronë que había olvidado en la mesilla.

Jennifer no pudo evitar que sus manos fueran solas hacia el rostro de su amiga, lo levantó para que la mirará – no me gustan esos ojos tristes, pero si necesitas sentirte así para avanzar me gustaría acompañarte – respiró profundamente – es posible que yo no sepa exactamente por lo que estás pasando y no pueda darte un consejo certero, pero me gustaría ser testigo de cómo encuentras razones para estar menos vulnerable.

-Eres totalmente diferente a lo que recordaba – la voz de Lana tomó sus sentidos y la mirada profunda la acompañó – eres tú, pero no te conocía así.

-Ya te he dicho que soy un poco idiota – Jenn sonrió.

-Me encantaría saber por qué, ¿sabes? – Lana suspiró – ¿qué hice para que te alejarás así de mí?, para que de repente no quisieras ni verme – meneó la cabeza – entiendo que me has dicho que no lo sabes bien, pero quisiera no repetirlo.

-No lo harás, Lana – Jenn sonrió – no pienses eso, lo cierto es que en aquel momento yo sentí que no encajaba en tu vida.

-¿Qué? – Lana abrió los ojos al escuchar esa confesión.

-No lo sé, de repente te casaste en secreto y tenías hijos porque eran tuyos aunque no lo fueran, siempre hablabas de tu familia o de Fred y yo no supe como participar de todo, me sentí, no lo sé, de más – Lana pestañeaba sin parar y Jenn trató de serenar sus evidentes nervios – lo siento, ha sido estúpido, ¿verdad? ¿Me podrías perdonar?

-Eso significa que de alguna forma casarme con Fred me quitó tu amistad – resolvió Lana tratando de tomarse un segundo para pensar con calma.

-Ey, ey – Jenn la tomó por los hombros – no digas eso, yo te quité mi amistad porque actúe como una estúpida que creía no poder coincidir nunca contigo sólo porque tu estatus civil hubiera cambiado.

-Pero te eché en falta, Jennifer, muchísimo – Jenn no pudo evitarlo y la estrechó en sus brazos y se quedaron así un momento – y si ahora te fueras sería mucho peor porque puedo ver lo asombrosa que eres y tu sola presencia me ayuda a avanzar.

Lana se dejó mecer suavemente y todo su cuerpo se relajó – no me voy a ir a ningún sitio, Lana – le prometió Jenn – te lo aseguro, estaré aquí cuando esto que ahora te hace sentir tan frágil no sea más que una huella del pasado.

Se quedaron abrazadas y ambas sabían que era más tiempo del normal, pero Lana no quería apartarse y Jenn tampoco. Así hablaron de libros sin separarse una de la otra hasta que la hora de marcharse fue inminente y no tuvieron más remedio. Volvieron a casa de Lana, con el sonido de la radio como banda sonora y la mano de Lana reposando sobre la de Jenn en la palanca de cambios del coche. Como el gesto más natural con el que podían expresar la cercanía que sentían.

Quiero que me cuenten cosas! Que opinan de como marcha la historia! Han pasado cosas importantes en este capi...! al menos yo creo jajajajaa