Ciel trataba de calmar el errático latido de su corazón mientras con sus dedos secaba las lágrimas que de sus ojos se escapaban, ese sueño que lo hizo despertar llorando fue tan vívido que la sensación de angustia podía percibirla todavía claramente en su pecho.

—¿Qué sucede? ¿Tuviste de nuevo una pesadilla? —Era la pregunta de Claude que a su lado permanecía mientras su pequeño esposo dormía en esas aparentes noches infernales, como uno de sus deberes maritales.

—No fue nada... Solo esos recuerdos del pasado que a veces no me dejan tranquilo. —Titubeante le daba una respuesta esquiva porque no era un sueño donde rememoraba su pasado sino que era como un sueño en que parecía anticiparle un triste futuro donde el sufrimiento le embargaba, sus manos manchadas en sangre y el dolor de perder a alguien amado.

No quería que aquello fuera una especie de premonición, como Mathew le había comentado antes en sus estudios, algunos demonios desarrollaban ese tipo de habilidad, siendo el un humano perceptivo quizás era muy probable que desarrollara este "talento" demoníaco, el de predecir el futuro. Detalle que le atemorizaba porque si se cumplía, no deseaba que esos horribles y confusos sueños se hicieran realidad.

Sentía como su esposo lo acogía cariñoso entre sus brazos para que se calmara, que Claude se mostrara amoroso era extraño pero extrañamente no le molestaba aunque tampoco era como si tuviera más opción, debía corresponder a sus afectos para no levantar sospechas.

—Me preguntaba si te gustaría ir a visitar el mundo al que pertenecías quizás cambiar de ambiente te vendría bien. —Le proponía el demonio mayor.

—¿Lo dices en serio? Pero pensé que podría ir al mundo humano solo si hacia un pacto con alguien.

—En un lugar lleno de reglas siempre hay alguna excepción todo es cuestión de averiguar.

Ciel no pudo evitar emocionarse un poco ante la idea de visitar su lugar de origen, tan diferente al frío y oscuro infierno en el que vivía ahora. Volver a recibir la luz del sol, que por su piel rozara la suave brisa del viento de un día cualquiera, contemplar el cielo nocturno tranquilo con su luna rodeada de las titilantes estrellas, caminar por las calles transitadas de la ciudad que lo vio crecer.

—Pero debo ir con mis hijos... Sin ellos no voy a ningún lado. —Murmuró pensando en sus pequeños por nada del mundo los dejaría solos en el infierno.

—Podemos llevarlos, no hay problema.

La respuesta de Claude lo confundía un poco, que no haya puesto reparo alguno sobre sus hijos en especial por el pequeño de Sebastian le parecía extraño. ¿Acaso estaba planeando algo? ¿Sospechaba de sus planes? ¿Quería deshacerse de ellos llevándolos a un mundo donde ahora era más vulnerable que antes? Quizás solo estaba siendo paranoico pero dudaba de las buenas intenciones de su devoto esposo. ¿Qué debía hacer?

Claude le propuso ir al día siguiente, eso postergaba los planes de Ciel aunque un día más o uno menos no tenían mayor relevancia, decidió arriesgarse aceptando ese pequeño viaje que serían de unas pocas horas, su intuición le decía que debía ir. Llegó la mañana infernal, cargando a sus pequeños caminaba junto a Claude por un sendero oscuro, cada paso que daba le resultaba familiar entonces vio el revoloteo de unos pétalos blancos y negros pudiendo recordar la escena.

—Sebastian... —Sus labios sonrientes susurraron evocando el dulce recuerdo del demonio que amaba, con quien había caminado ese sendero cuando llegaban juntos al infierno aquella vez como resultado de un confuso pacto eterno. Ese nombre fue escuchado por su esposo que detuvo su andar para mirarlo fijamente, el joven demonio desvío la mirada, retrocediendo su andar se alejaba de él.

—No puedo dejar a Sebastian... —Con la mirada llorosa Ciel murmuraba, cuanto odiaba caer en ese estado de vulnerabilidad pero era inevitable, sentía que al salir del infierno lo estaba abandonando.

—Debemos irnos... —Claude con fuerza lo agarraba del brazo— Si te quedas aquí, tú y ellos morirán.

El joven demonio confundido no acertaba que decir ante esa aclaración ¿Lo estaba amenazando? La actitud de Claude era aún mas confusa porque con su gesto preocupado lo obligaba a seguir su camino.

—¿De qué hablas? Me estás lastimando... —Ciel le hablaba molesto poniendo algo de resistencia, sentía como su brazo dolía ante la fuerza que este hacia al obligarlo a caminar, los dos niños inquietos apegados en su regazo pretendían llorar.

—Te lo explicaré cuando lleguemos a tu antiguo mundo, ahí estarán a salvo. Debes confiar en mi.

Esas palabras no lo calmaban solo lo inquietaban más ¿Quién podría lastimarlos? ¿Qué pasaba con Claude? ¿Estaba enloqueciendo? ¿O solo era un pretexto para alejarlo de Sebastian? Sea lo que sea, sus planes estaban desvaneciéndose con cada paso obligado que daba al acercarse a la salida del infierno a la vez la entrada de su antiguo mundo.

—¡Explícame de una vez...! ¡¿Quién nos hará daño?! —Firmemente Ciel le cuestionaba deteniendo su andar dándose cuenta como habían llegado al inmenso jardín de flores blancas y negras donde revoloteaban más de esos pétalos que parecían girar a alrededor de ellos en un torbellino monocromo, este lugar le traía un nostálgico recuerdo. Cuanto anhelaba tener a Sebastian a su lado ahora.

—Ciel... Lo lamento... Se supone que debía acabar contigo pero no pude ni podré porque estoy enamorado de ti.

—No entiendo. ¿Por qué me matarías?

—Porque me ofrecí a hacerlo.

—¿Para quién? ¿Quién te lo pidió?

—¿Quién? Sabes que tontamente nadie confirmó que el esposo de Sebastian realmente muriera, él no murió aunque quedó muy mal herido pero ya está más recuperado.

—Entonces... ¿Tú sigues confabulado con él?

—Yo tampoco sabía que seguía vivo hasta ayer cuando se me apareció, me advirtió que iba a desaparecerte lo convencí para que no lo hiciera porque yo lo haría. Obviamente le mentí, no podría lastimarte.

Ciel se debatía entre creerle o no, todo parecía irreal, estaba tan confundido y Claude parecía sincero, aunque podía ser verdad porque ninguno de sus cercanos confirmaron su muerte. Él seguía vivo y a pesar de ser una amenaza eminente significaba también que Sebastian no debía estar encerrado pagando un castigo por un crimen que no había cometido.

—Podemos hablar mientras caminamos— Resignado Ciel le refutaba tratando de soltarse de su agarre, si estuviera solo se arriesgaría a regresar pero con sus dos pequeños no podía tomarse ese riesgo— ¡Suéltame puedo caminar solo!

Claude lo soltó ante su firme petición, quedándose en silencio se acomodaba los lentes, la mirada acusatoria del joven provocaba que sintiera remordimiento, extraño sentimiento que le agobiaba, así que pretendió seguir caminando para que el joven lo siguiera.

—¿Por qué no lo mataste? —Ciel le reprochaba con enojo— Si tanto me amas ¿No pudiste acabarlo de una vez cuando me amenazó? Debe estar debilitado, pudiste hacerlo. ¿No?

—Ciel... Tienes razón podía haberlo matado pero... Pero él no está actuando solo, opté por fingir estar de su lado seguir en lo que era nuestro plan original; el terminar contigo para hacer sufrir a Sebastian.

Ambos se quedaron callados estando en el límite del infierno, a un paso de entrar al mundo humano, Ciel pudo interpretar ese silencio junto a la mirada enamorada del demonio, sonrojado desviaba la mirada al darse cuenta de sus sinceros sentimientos.

—Debemos irnos... Te esconderás ahí hasta que dé solución a esto.

El joven demonio lo escuchó en medio de un suspiro, entonces sintió como su esposo lo cargaba en sus brazos junto a sus pequeños, cruzando ese umbral semioscuro casi de inmediato sintió los destellantes rayos de sol de la mañana terrenal que lo cegaron un poco. Era un tanto reconfortante la sensación cálida del día, sentía un sutil alivio que calmaba su atribulado corazón pero a la vez sentía algo de desapego porque ya no era parte de este mundo.

—¿Dónde iremos ahora? O más bien... ¿Dónde nos esconderemos? —Curioso cuestionaba el joven.

—A un lugar seguro... Sé que los cuidarán bien.

Aún siendo cargado se dirigían a ese lugar seguro, Ciel no podía seguir dudando de sus intenciones ¿Si todo era una trampa? Lo que más le preocupaba eran sus pequeños que despiertos abrían asombrados sus ojos ante ese mundo que les era desconocido.

—¿Cuál es tu plan? Debes tener alguno, no podremos estar escondidos eternamente —Le hablaba el joven con el ceño fruncido— Además...

Su mirada se tornaba llorosa de nuevo, Claude miró fijamente ese semblante triste y podía predecir lo que pasaba por su mente.

—¿Sebastian? Temes que no volverás a verlo ¿No?

Ciel se negaba a responder porque ciertamente lo que más le asustaba de todo esto era no volver a ver a su amado demonio, y no solo eso sino que quizás su vida también corría peligro al dejarlo en el infierno a merced de eso demonio trastornado. Ahora se sentía tan inútil, tan débil, frustrado por su condición de sus ojos empezaron a derramarse lágrimas.

—No llores, Sebastian estará bien y quizás podrás verlo pronto.

Esa aclaración confundió a Ciel, quien iba a cuestionarselo pero llegando a una modesta casa en las afueras de Londres, no pudo hacerlo pues con asombro miraba quienes lo recibían.

—¡Joven amo!

Era el llamado emocionado de sus antiguos sirvientes que lo recibían en la puerta entre lágrimas de alegría.

—Ustedes... —Murmuró Ciel, no pudo evitar emocionarse también al verlos, al menos ya no se sentía tan desprotegido, lo que no sospechaba el joven es que sus sirvientes pasaron toda una travesía para llegar donde estaban ahora. Tampoco se imaginaba es que ellos para despistar fingieron su muerte cuando quemaron la mansión, todos los creyeron muertos hasta Sebastian, su esposo. Una mentira bastante creíble de la que tuvieron ayuda de cierto shinigami peliblanco.

—¿Esos son sus bebés? —Meyrin y Finny le preguntaron más emocionados cuando se le acercaron corriendo.

—Si... Hay mucho que explicar supongo. —Sonrojado les dijo en un murmullo, sintiendo como Claude lo dejaba de pie en el suelo frente a sus sirvientes, quienes pidieron cargar a sus bebés, su amo se los permitió.

—Este se parece a usted... —Embelesado Finny decía cuando Bard cargaba a uno de los pequeños.

—Este bonito se parece mucho al señor Sebastian... —Sonrojada la mujer murmuraba emocionada cargando a este pequeño, que sonriente la miraba y pretendía quitarle los lentes.

—Debo irme... —Claude le susurró al oído al joven— Sé que estarán a salvo con ellos.

—¿Regresarás al infierno?

—Si, debo solucionar esto de una vez.

El joven lo escuchaba atento a la vez también a unos pasos oía el bullicio embelesado de sus sirvientes que tenían a sus bebés. Ciel no sabía que sentir ni que decir, le convenía que Claude regresara al infierno y si moría facilitaría sus planes pero ¿Quería que muriera?

—Desaparece a ese idiota de una vez y trata de no morir en el intento.

—Pensé que eso querías, no estabas planeando envenenarme para librarte de mi, tu cruel esposo, así podrías volver con Sebastian.

—¿Qué dices? —El joven nervioso abría sus ojos al sentirse descubierto— ¿De qué hablas?

—Eso ya no tiene importancia ahora, a veces por amor uno soporta y calla muchas cosas eso lo pude aprender de ti. Por amor a alguien más fingiste estar bien a mi lado, soportar mis abusos, disimular tu desprecio. Yo...

—¿Qué?

—Yo sé que tus sentimientos hacia Sebastian siguen siendo los mismos si es que no lo amas más, él es tu adoración, también sé que esos niños no son míos y probablemente este tampoco lo sea. —Le decía con tristeza tocándole el vientre— Sé que te escapaste a verlo, eso fue muy atrevido de tu parte, debería estar enfurecido pero sería demasiado cínico al hacerlo.

—No sé de que hablas... —Sonrojado le susurraba, tratando que los otros no oyeran sus confidencias.

—No te lo reprocho, supongo que es lo que merezco por el daño que te hice pero terminaré de pagar mis deudas contigo salvando tu vida quizás a costa de la mía. —Claude le hablaba al oído en un susurro.

—¿Darías tu vida por mi? ¿Por qué?

—Preguntas ¿Por qué? —Rozando sus labios los besaba dulcemente, Ciel correspondía ese beso, no necesitaba más respuesta. Extrañamente sentía esto como una despedida, Claude al parecer en algún momento de este forzado matrimonio se había enamorado, sabía que él no profundizaría el tema amoroso por su seria personalidad es por eso que solo le respondió con ese dulce beso.

Abrazándolo después que sus labios se separaron, se despedían en un frío silencio, los sirvientes observaban la escena con algo de confusión, no entendían muy bien el asunto. Lo que sabían que ese hombre con lentes que ahora besaba a su amo lo habían visto antes, reapareciendo de nuevo en sus vidas al descubrir su escondite el día anterior cuando les pidió proteger al amo que servían anteriormente, petición que ellos no dudaron en aceptar.

—No fui tan malo después de todo, gracias por darme una muestra de sentirme en familia.

Susurró Claude antes de comenzar a alejarse con prisa sin dar una mirada hacia atrás.

—¿Quién es ese hombre? —Cuestionó el rubio cocinero con duda cuando su amo se les acercaba y veían a ese hombre marcharse.

—Él es mi esposo... —Fue su respuesta con una melancólica sonrisa en sus labios— Estoy algo cansado, entremos.

En un suspiro les decía caminando a esa modesta casa que le serviría de refugio, los rostros de sorpresa de sus sirvientes era evidente ante esa declaración, ellos lo seguían junto a los pequeños en brazos. Ya tendrían tiempo de aclarar muchas dudas.

Claude dejaba atrás a Ciel, se prestaba a regresar al infierno, ni el mismo se reconocía. ¿Qué estaba haciendo? Bien podía afianzarse a su egoísmo, vivir a escondidas junto a él, seguir en esa falsa convivencia, la farsa de un matrimonio "feliz" pero a cambio no, regresaba para devolver la calma al joven demonio que le enseñó lo que significaba el amor. Un amor sin egoísmo alguno, un amor que no había sentido antes, del cual no creyó conocer, ni sentir pero junto a Ciel conoció.

Aún sabiendo de sus intenciones de acabar con su vida dentro de poco, de sus falsos afectos y su infidelidad no le enojó tanto más bien logró entender que este muchacho de alma dulcemente herida jamás llegaría a amarlo, aceptando su destino solo le quedaba devolverle su libertad de alguna forma. No negaba que al principio quería saciar su sed de odio y venganza contra Sebastian pero Ciel ¿Qué culpa tenía? Ahora se sentía estúpido por dejarse manipular por ese demonio, Ciel ya había sufrido suficiente merecía ser feliz con quien amaba pensaba con pesar cuando entraba al infierno sintiéndose algo debilitado.

—¡Papá...! —Era el llamado algo angustiado de Noah a su padre cuando fue a visitarlo en su jaula de encierro.

—¿Qué sucede? —Sebastian preocupado le cuestionaba al ver su semblante, intuía que algo no estaba bien además que su hijo apareciera así de repente solo lo confirmaba.

—Papá... Estás en peligro.

—¿Yo? ¿De quién?

—Mi padre no murió, fue a verme hace unos minutos está buscando a Ciel.

Esa respuesta lo desconcertó, una opresión en su pecho se intensificaba al pasar de los segundos, por su mente se reflejaba el bello rostro de su amado joven demonio. ¿Hasta cuando seguirían sufriendo? ¿Cuando acabaría esta penuria? Era ciertamente un pecado el enamorarse en el infierno pero no creyó que tenían que pagarlo eternamente.

—Debo salir de aquí... Debo proteger a Ciel. —Sebastian frustrado golpeaba esos barrotes que le impedían su libertad.

—Mathew está arreglando todo para que salgas lo antes posible pero debes calmarte, no permitas que tus impulsos compliquen las cosas de nuevo.

—No me digas que me calmes... —Murmuraba el demonio mientras que de su mirada destellante en un brillo carmesí unas lágrimas se asomaban— Ciel, los bebés están en peligro y yo aquí encerrado sin poder protegerlos ¿Cómo quieres que me calme?

El sonido de los barrotes siendo golpeados se escuchaban en ese sepulcral silencio, la incertidumbre los invadía. Sebastian sentía hundirse en la desesperación, la agonía de solo imaginar perderlos, sentía enloquecer sin imaginar que Ciel estaba a salvo aunque quien sabe por cuanto tiempo podría mantenerse así.

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Muchas gracias por leer este penúltimo capítulo espero haya sido de su agrado, ojalá pueda pronto compartirles el final. Besos! (´∀`)