EN BUSCA DE LA FELICIDAD

CAPITULO XXVIII

En la habitación del hospital una hermosa y cansada rubia reunía las fuerzas para mantenerse despierta, observaba como había sido llevada al lugar más lujoso del hospital, reservada única y exclusivamente para los pacientes más importantes, lo cual le sorprendió muchísimo ella misma había estado ahí por primera vez como enfermera cuando cuidó al señor McGregor y al parecer era la misma habitación, no había cambiado mucho ese lugar.

-¿Cómo te sientes hermosa? – Preguntó Anthony al ver que no se había dormido mucho tiempo y se esforzaba por estar despierta.

-Me siento bien amor, solo que… -Dijo Candy un poco triste por los recuerdos que generaba estar ahí.

-¿Sucede algo malo mi amor? – Preguntó preocupado, Candy negó con su rostro, y comenzó a relatarle la historia que tuvo con el señor McGregor y de como ella lo había confundido con el abuelo William y que hasta le había encontrado parecido con el color de sus ojos, le mencionó lo mucho que había sufrido su pérdida ya que se había logrado encariñar con él después de haberlo cuidado y el cómo su muerte le había afectado tanto removiéndole en su corazón cuando ella lo había perdido. Anthony abrazaba a su esposa reconfortándola de sus recuerdos secando con sus labios las lágrimas que derramaban sus ojos, el síndrome post parto era una situación que afectaba a muchas mujeres después de dar a luz y se representaba de diferentes formas, Anthony pensó que era algo normal y que solo con su amor y cuidados su pecosa pasaría esta etapa.

-Adelante. –Dijo Anthony al escuchar que tocaban la puerta, siendo dos enfermeras las que entraban con sus hijos en brazos y un grupo de médicos que iban a ver a la joven madre y felicitar al orgulloso padre, el cual lucía como pavorreal al ver a sus pequeños.

-¡Nuestros hijos! – Dijo Candy emocionada cesando su llanto repentinamente para acomodarse mejor en la cama y poder cargarlos por primera vez. Sus ojos se llenaban nuevamente de lágrimas pero esa vez por un motivo diferente, Anthony le ayudaba a colocar a ambos bebés en su regazo, los dos estaban dormidos y con cuidado los acurrucaban a ambos para no despertarlos.

-Señores Brower. – Dijo uno de los médicos. – Quiero informarles que ambos bebés así como la madre han salido muy bien, los pequeños para ser un poco prematuros y ser parto gemelar, tienen un buen peso y buena estatura, ya han sido alimentados y por el momento están descansando para tomar fuerzas. – Dijo tranquilo el médico.

-Muchas gracias doctor Thompson. – Dijo Anthony extendiendo una mano hacia el médico que les daba la información de sus hijos.

-Con su permiso Doctor Brower. – Dijeron todos los médicos para retirarse y brindarles un poco de privacidad a la nueva familia, Anthony pidió a una de las enfermeras que si podía avisar al señor Andrew que ya estaban en una habitación.

-Amor, son hermosos los dos. – Decía Candy feliz. – Se parecen a ti. - Decía orgullosa.

-Me temo mi amor que están igual de hermosos que tú, sobre todo la pequeña, tiene tus rizos. – Dijo convencido al ver como su rubia bebé tenía el mismo cabello que su esposa y al parecer el caballerito tendría el mismo cabello de su padre. – Muchas gracias amor. –Le dijo besando sus labios con mucho cuidado, en sus brazos tomó al pequeño para ayudarle y así sentirlo un poco más, era maravillosa la sensación de tenerlos por fin en sus brazos, ahora entendía el movimiento que se sentía en el vientre de su esposa y el por qué ella decía que era como si una lucha por el espacio se llevara a cabo dentro de ella.

-¿Cómo quieres llamarlos amor? – Preguntó Anthony.

-No lo sé, no esperaba que fueran dos. – Dijo Candy emocionada.

-Yo tampoco, creo que somos afortunados. – Dijo feliz, mientras Candy asentía estando de acuerdo con él.

-Andre. – Dijo emocionada.

-Andre Brower-Andrew, me gusta. – Dijo besando a su primogénito. - ¿Y para la pequeña? – Preguntó enfocando la vista en ella.

-Antonelle. – Dijo enamorada de ese nombre desde que había pensado como llamarla si tenía una hija.

-Antonelle Brower-Andrew, me parece perfecto amor. – Dijo encantado con los nombres que había elegido su esposa para los niños, ambos pequeños se removían ansiosos entre los brazos de sus padres comenzando a despertar después de haber descansado durante dos horas. – Andre y Antonelle, mi príncipe y mi princesa. – Dijo Anthony ante la mirada de curiosidad de Candy. – Y Anthony se acercó con travesura a Candy rosando sus labios. - Tú... tú eres mi Reina, preciosa. – Dijo mirando a su esposa con infinita ternura, la cual le fue correspondida de la misma manera.

Tocaron a la puerta en ese momento, siendo Anthony el que de nuevo daba el permiso para que entraran, esperaba a su tío William ya que era el que los había acompañado y comprendía que estaba ansioso por saber de Candy y del bebé.

-Adelante tío. – Dijo seguro de que era él, y efectivamente el rubio cabello de Albert se dejaba ver al momento que la puerta se abría, pero detrás de él venía la tía abuela, Harold, Stear y Patty, sorprendiendo gratamente al matrimonio.

-Candy, Anthony ¿Cómo están? – Decía impaciente sin notar ninguno que tanto Candy como Anthony tenían cada uno a un bebé en sus brazos, hasta que Stear fue el primero en darse cuenta de ello.

-¿Cómo así? –Preguntó riendo feliz. - ¿Se han dado cuenta que tanto Anthony como Candy traen a un niño en brazos?- Dijo sorprendido mientras los demás se volteaban para ver lo que el inventor decía.

-En realidad. – Dijo Anthony. – Yo traigo a un varoncito.

-Y yo traigo a una mujercita. – Dijo Candy mientras todos estallaban en gritos y ruidos de alegría.

-¡Gemelos! –Decía un Albert emocionado. - ¡Felicidades! – Decía acercándose a Anthony primero y después a Candy para abrazarlos con sumo cuidado. La tía abuela contenía sus lágrimas controlando sus emociones no sabía que esto se repetiría una vez más en su familia ya que desde su padre no se había repetido de nueva cuenta un nacimiento gemelar en la familia.

Se acercó emocionada a Anthony para ver al bebé que se removía inquieto en sus brazos y le dio un tierno beso en su frente.

-Es hermoso Anthony. – Le dijo con una sonrisa, Anthony lo puso entre sus manos para que lo cargara y la vieja Elroy sentía emocionada entre sus manos a ese pequeño ser que sin proponérselo se robaba por completo su corazón, volteando a ver a Candy con la mirada vidriosa regalándole un sonrisa de agradecimiento.

-El niño es igualito a Anthony. – Decía Stear mientras lo observaba y Patty estaba junto a Candy observando a la pequeña.

-Y la pequeña es igualita a Candy. – Dijo emocionada.

-Qué primos tan buenos tengo. – Dijo ante la mirada curiosa de los demás. – Lo que sucede es que Archie quería una mini gatita para bautizar y yo un mini Anthony y como nos quieren tanto, a ambos nos dieron gusto. – Dijo explicando el porqué de su comentario, haciendo que todos comenzaran a reír por sus ocurrencias.

-¿Cómo les llamaran? –Preguntó la tía abuela pasando el bebé a Albert, mientras se acercaba a Candy para cargar a la pequeña. – Es maravillosamente perfecta. – Dijo en un susurro al sentir la calidez del cuerpo de la pequeña.

-Andre y Antonelle. – Dijo Anthony feliz.

-Andre que significa "valiente, viril", igual que su padre. – Dijo Elroy viendo fijamente a su nieto. – Y Antonelle que significa "Tan bella como una flor", hablando de flores Anthony. – Dijo mirando al rubio con una sonrisa. – Habló el señor Charles esta mañana y avisó que hoy había abierto el botón de la nueva rosa. – Anthony se sorprendió con lo dicho y se puso más feliz aún de lo que ya estaba, siendo observado por los demás, cuando él poso la mirada en su dulce Candy.

-Mi amor, mi sorpresa para ti, floreció el mismo día que tú me regalaste la dicha de ser padre. – Dijo emocionado yendo hasta ella y abrazándola con infinita ternura. – Soy tan feliz pecosa. – Dijo ante la felicidad que los demás sentían.

-¿Y quién es el primero que nació? – preguntó Stear.

-Andre. – Contestó Candy aún abrazada a Anthony. – Andre ha nacido primero, es mayor que Antonelle por unos minutos.

-Así que el primogénito de los Brower es un varoncito. – Dijo Elroy estallando de felicidad, eso le alegraba bastante ya que la descendencia de los Andrew era asegurada para uno de los sustitutos para regir el Clan, aunque estaba primero Anthony, después Alexander el hijo de Albert y luego Andre, no cabía duda que los Andrew sabían hacer bien su trabajo.

Las visitas se retiraron para que la pareja descansara, sobre todo Candy quien no tenía ya mucha fuerza para seguir despierta, las enfermeras se llevaron a los bebés para alimentarlos y cambiarlos, mientras Anthony se recostaba junto a Candy para arrullarla entre sus brazos y permitir que descansara. La abrazó con ternura y la recostó en su pecho, como cuando estaban en casa a solas, Candy al sentir el latido de su corazón se sintió en su lugar favorito, y el escuchar su latido la fue arrullando poco a poco hasta quedar profundamente dormida, mientras Anthony velaba su sueño.

Anthony se encontraba de frente a la ventana de la habitación, observando la vista que le ofrecía la habitación, estaba entretenido en sus pensamientos y no se dio cuenta de que Candy comenzaba a despertar, encontrándose con la imagen tan maravillosa y gallarda de ese guapo joven que la había cautivado desde que era tan solo una niña.

-Buenas tardes amor. – Le dijo en un susurro, encontrando de vuelta esas esmeraldas que le robaban el aliento.

-Hola mi amor, ¿Cómo te sientes? – Preguntó acercándose rápidamente a ella para saber su estado, tomando su mano mientras la besaba enamorado.

-Me siento un poco adolorida, pero ya no estoy tan cansada. – Dijo viendo como él se aferraba a su mano besándola repetidamente. - ¿Qué sucede amor? – Preguntó confusa al ver que sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Te amo, pecosa. – Alcanzó a decirle con la garganta cerrada de la emoción. – Gracias, me has hecho el hombre más feliz del mundo. – Decía sincero.

-Yo también te amo, mi príncipe. – Le decía acariciando su rostro y secando con su pulgar esas lágrimas que osaban con atravesar su bello rostro. -¿Qué sucede? – Preguntó ansiosa. -¿Está todo bien? – Preguntó con miedo, mientras Anthony seguía besando sus manos y confirmando que todo estaba bien. -¿Entonces? ¿Por qué lloras amor? – Pregunto tierna.

-Me diste un gran susto, pecosa. – Dijo acariciando su cara con ternura, y depositando un beso en su mejilla, Candy bajó el rostro entendiendo a lo que se refería, reprochándose ella también el hecho de que estaba completamente sola y a pesar de que todos estaban al pendiente de ella, ese día no habían podido acompañarla, todo por no haber querido vivir en la mansión junto a los demás.

-Lo siento amor, te juro que me sentía bien. – Dijo en su defensa.

-Lo sé mi vida, pero no puedo permitir que algo así vuelva a pasar. – Le dijo viéndola a los ojos, decidido, ella comprendió lo que quería decirle asintiendo simplemente con una mirada y besando su mano que no paraba de acariciarla. – Amor, yo estaría más seguro si estuvieras en la mansión junto a los demás por lo menos, hasta que consigamos una casa donde vivir. – Dijo Anthony rogando que ella lo aceptara. Candy lo veía tranquila, sabía que tenía razón y más ahora que eran no uno, sino dos bebés los que tendría que cuidar, por más que se creyera autosuficiente necesitaba que alguien la ayudara con ellos y más siendo primeriza.

-Tienes razón amor, sé que no voy a poder sola, además es mejor que alguien esté siempre conmigo por si necesito algo con los niños. – Dijo siendo optimista. – Te amo Anthony. Gracias. – Le dijo robando un beso de sus labios y acariciando su rostro.

-Yo también te amo, princesa.

-¿Y los bebés?

-Ambos estaban dormidos, la enfermera los trajo hace rato para que los alimentaras, pero continuabas dormida, así que pedí que por favor los alimentaran y un rato más los van a traer.

-¿Cómo están? –Decía emocionada e impaciente por volver a tener a ese par de angelitos en su regazo.

-¡Hermosos! Igual que su madre. – Dijo con una gran sonrisa. – Gracias amor por tan bello regalo. – Decía emocionado.

-¿Cuánto tiempo permaneceré en el hospital?

-Por lo menos unos ocho días.

-¡Tanto! –Dijo decepcionada.

-Necesitas recuperarte y te harán unos estudios para ver cómo saliste del parto, la pérdida de sangre en la madre es considerable y más cuando el parto ha sido doble. – Dijo tratando de tranquilizar a su pequeña tormenta.

-Pero es mucho tiempo. – Se quejó inconforme.

-Solo el necesario. – Le dijo tratando de convencerla de que era lo mejor. – Además señorita, usted es la enfermera y yo soy el médico, así que tendrá que obedecerme. – Le dijo fingiendo ser estricto.

-Con un médico así de guapo si haré caso. – Le dijo guiñándole un ojo mientras se acomodaba en la gran cama que le habían asignado.

Tocaron a la puerta, y eran las enfermeras encargadas de llevar a sus hijos.

-Adelante. – Dijo Candy mientras Anthony se acomodaba en la cama para que no se dieran cuenta de lo que estaba haciendo.

-Con permiso doctor Brower, señora Brower. – Dijo Nataly, una de las enfermeras que habían estudiado junto a Candy y que aún permanecía ahí. Nataly conocía muy bien a Candy e incluso fueron un poco más que compañeras, más sin embargo la manera en la que la trataba ahora no era la de una amiga que se estimara.

Nataly le entregó el bebé a Candy y la otra enfermera le entregó la niña a Anthony.

-Gracias Nataly. – Le dijo Candy a la enfermera con una gran y sincera sonrisa, no esperando que Nataly le respondiera, ya que antes la había visto y ni siquiera la había saludado.

Nataly sonrió al ver que Candy hacía lo mismo.

-No tiene que agradecer, señora Brower. – Candy tomó una de sus manos y volteó a verla directo a la cara mientras esta le sonreía, devolviéndole la sonrisa. – Nataly no tienes por qué llamarme señora Brower, somos amigas ¿Lo recuerdas? – Preguntó directamente, Nataly asintió y le sonrió de nuevo.

-Gracias Candy, muchas felicidades por tus bebés, están hermosos. – Le dijo siendo sincera, la verdad es que no había querido saludarla porque temía que hubiera cambiado al ser ahora esposa de un médico y sobre todo al ya saber que era parte de la familia Andrew.

-Gracias Nataly ¿Ya conoces a mi esposo? – Le preguntó presentando a Anthony. Nataly asintió apenada, aún recordaba a los dos guapos primos de la pecosa y se sonrojaba aún de recordarlos.

-Sí Candy, el doctor Brower es uno de los estudiantes más sobresalientes. – Dijo alabando al rubio.

-Lo sé Nataly, mi esposo es muy inteligente. – Le dijo mientras cerraba un ojo a su esposo.

-Señorita Nataly. – Dijo Anthony quien se había mantenido al margen de la conversación mientras estaba entretenido con la pequeña Antonelle. - ¿Ya tiene los resultados de los estudios de los niños?

-En dos días más o menos doctor Brower. Pero por favor, puede llamarme Nataly, sino te molesta Candy. – Candy negó con un rostro más feliz.

-Bien Nataly, muchas gracias.

Una vez que se fue Nataly, Anthony se acomodó enseguida de Candy poniendo junto a ella a su pequeña hija y Candy puso al pequeño también al lado de la bebé, al reconocerse los pequeños por su aroma se acomodaron uno frente al otro buscando su calor, eso enterneció a ambos rubios quienes los miraban asombrados por como ellos mismos buscaban la compañía de su complemento.

-¡Son hermosos Anthony! – Decía maravillada Candy, derramando unas cuantas lágrimas de emoción. - ¿Cuánto pesaron? – Dijo sintiendo el peso de ambos bebés que al parecer no era tan escaso.

-Andre peso 2.950 Kg y midió 50 cm y la pequeña Antonelle peso 2.700 Kg y midio 49.5 cm. Como verás ambos nacieron de muy buen tamaño. – Dijo Anthony viendo orgulloso a sus dos retoños. – Aún no me explico cómo era que estaban acomodados dentro de ti. – Decía maravillado.

-Pues yo me puedo dar una idea. – Dijo Candy acongojada. – ¡He quedado muy gorda! – Dijo mirando su cuerpo que estaba cubierto solo con una delgada bata.

-No digas eso mi vida, quedaste divina. – Le decía Anthony besando su frente. – Además para mí ahora eres aún más bella que antes. – Le dijo besando sus labios, en el momento que sus hijos comenzaban a llorar incontrolables. -¿Qué sucede mis amores? – Le preguntó Anthony con esa tierna voz con que les hablaba desde que estaban en el vientre, hablándoles con mimos y cariños mientras veían ambos con asombro que la voz de su padre los tranquilizaba. Antonelle comenzó a abrir sus ojos como buscando de donde venía esa voz tan conocida para ella, pero que aún no tenía rostro, buscando entre sus padres la voz de su papá, mientras Andre hacía lo mismo, estando ambos rubios a la espera para conocer los ojos de sus retoños.

Antonelle fue la primera en abrir sus hermosos ojos azules, era todo un poema la cara de Candy cuando por fin identificó el color de los ojos de su hija.

-¡Amor, es igualita a ti! – Dijo emocionada. - ¡Tiene tus mismos ojos! – Y efectivamente la pequeña niña era la misma cara de su padre solo que el cabello lo tenía igualito a su mamá. El pequeño Andre no quiso quedarse detrás y también comenzó a abrir los ojos ante la atenta mirada de sus padres, quienes estaban ansiosos por ver los ojos de su pequeño hijo.

-Este guapo caballero tiene los ojos verdes como tú mi vida. – Dijo Anthony emocionado, viendo como su pequeño hijo abría los ojos enfocándolo a él mientras le hablaba fijando su mirada con la de él. - Tiene tú mismo rostro pecosa. – Decía Anthony emocionado, veía a sus dos hijos que eran igual uno al otro, la niña era igual a Anthony, pero con el cabello rizado como su madre y el niño era igualito a Candy, pero con el cabello igualito al de su padre.

-Amor, soy tan feliz. – Dijo Candy con una gran sonrisa mientras seguía observando a sus hijos, no cabían uno ni otro de felicidad, habían padecido mucho para estar juntos, pero al encontrarse de nueva cuenta todo había pasado muy rápido y hoy ya eran padres de dos hermosos niños, los cuales los miraban a ambos con detenimiento, de pronto parecía que ambos les sonreían y correspondían al amor que les profesaban.

Candy y Anthony sabían que amaban a su hijo desde su dulce espera, no sabían que el destino les tenía preparada esa sorpresa doble, pero ahora al conocerlos y tenerlos entre sus brazos pudieron comprender realmente lo que era el amor de padre, quedaron prendados de sus hijos, prometiéndose a sí mismos que los cuidarían contra viento y marea por sobre todas las cosas. Anthony agradecía el tener esa maravillosa familia y prometía a Dios y a Candy que haría todo lo posible por hacerlos inmensamente felices.

-Amor. – Preguntaba Candy en un susurro para no despertar a sus pequeños, quienes poco a poco fueron cayendo de sueño al sentirse protegidos entre los brazos de sus padres. - ¿Avisaste a tu padre sobre el nacimiento de sus nietos?

-Pedí al tío Albert que le enviara un telegrama. – Dijo tranquilo.

-¿Crees que venga a conocerlos?

-No lo sé princesa, mi padre no quiere venir con su esposa. Está muy avergonzado contigo por lo que hicieron Griselda y Daniela.

-¿Has sabido algo de ellas? – Preguntó con miedo. Anthony negaba con la cabeza.

-La verdad, después de que hablé con mi padre para informarle de nuestro matrimonio, ya no he querido mencionarlas, no tiene caso, además mi padre no permitirá que de nueva cuenta traten de difamarme o hagan algo que nos pueda perjudicar.

-Me gustaría que él conociera a sus nietos.

-No te preocupes preciosa, un día los conocerá, por lo pronto tienes que recuperarte pronto, ya falta un poco más de un mes para tu cumpleaños y quisiera cumplir con tu deseo. – Le decía al oído mientras Candy se dejaba envolver por su dulce voz. Un poco después había llegado la hora de alimentar a los bebés, Candy con ayuda de Anthony se preparaba para alimentarlos, mientras se encontraba con esa difícil tarea, Nataly le llevaba dos botellas de leche para que los alimentara en dado caso que ella aún no hubiera comenzado a lactar, recomendándole que tratara de alimentar a cada pequeño de un seno. Candy agradeció el gesto de su amiga enfermera y esta se retiró tranquilamente.

-Candy, Nataly es una de las enfermeras que… - Candy no lo dejó continuar, sino que simplemente asintió, dando por hecho que Nataly era una de las chicas que había volado a sus dos guapos primos.

-Vaya que serán coquetos. – Dijo simplemente riéndose al recordar la anécdota que le había relatado su esposa.

La semana pasó muy rápido y Candy por fin era dada de alta del hospital al igual que sus hijos, no les había afectado haber nacido unas semanas antes, para ser un embarazo doble no tenían bajo peso, al contrario habían nacido bastante grandecitos y eso les había ayudado a que fueran dados de alta junto con la madre, claro que su apuesto padre tendría que estar al pendiente de los tres por lo menos la primer semana en casa. Anthony había obtenido un permiso especial para cuidar a su esposa, con la condición de que tendría que ponerse rápidamente al corriente ya que faltaba muy poco para que comenzaran los exámenes de fin de curso.

Llegaron al departamento junto con unos mozos que les ayudarían a recoger sus pertenencias y para hablar con el señor Clark el cual los estaba esperando feliz.

-Bienvenidos señores Brower. – Les dijo con una amplia sonrisa acercándose a ver a los primogénitos del matrimonio.

-Muchas gracias señor Clark. – Dijeron ambos jóvenes al ver la manera en la que eran recibidos.

Candy entró al departamento para indicar a los mozos qué era lo que iban a llevarse de ahí, mientras Anthony le explicaba al señor Clark los motivos que tenían para cambiar de residencia, el buen hombre lo entendió sin sentirse ofendido, al contrario entendía perfectamente el miedo que tenía el joven padre desde el momento en que lo vio salir rumbo al hospital.

Candy observaba el pequeño departamento con mucha nostalgia, recordando los gratos momentos que había vivido ahí, siempre guardaría en un lugar muy especial de su corazón ese departamento, donde había llorado, pero también donde había vivido los momentos más maravillosos de su vida.

-¿Vamos hermosa? – Le preguntó su esposo abrazándola por los hombros para dirigirla a la salida, cerrando la puerta con cuidado, encerrando en ese lugar sus memorias que siempre llevaría en su corazón.

Llegaron a la gran mansión y eran recibidos por todos los habitantes, una feliz Patricia los recibía junto a su guapo inventor, quienes iban a encontrarlos felices para cargar a los dos pequeños.

-Bienvenida Candy. – Dijo su primo con sinceridad.

-Muchas gracias, Stear. ¿Cómo te sientes Patricia? – Preguntó la rubia al ver a la castaña con el vientre un poco más grande de cómo lo recordaba.

-Muy bien Candy, pero los mareos y las náuseas aún no cesan. – Decía Patty tocando su vientre mientras observaba que su esposo traía al pequeño Andre en sus brazos.

-¡Son hermosos Candy! – Dijo feliz de volver a ver a los dos rubiecitos que llegarían a acompañarla en esa gran casona.

-¿Verdad que sí Patty? ¡Son hermosos mis hijos! – Decía feliz.

Candy era acompañada por Anthony hasta su nueva alcoba, en donde estaría un tiempo junto a sus hijos, pero la recámara que sería para ellos estaba al lado de la de ellos, Anthony había pedido una recámara muy cerca para estar al pendiente de ellos cuando ya fueran un poco más grandes, por lo pronto dormirían en la misma habitación.

-¡Candy, Anthony! – Decía la tía abuela feliz de que por fin estuvieran en ese su hogar. -¡Por fin llegaron! – Dijo mientras le arrebataba a Anthony a la pequeña Antonelle. - ¡Esta niña es una belleza! – decía emocionada. –Y que decir del pequeño es tan guapo como su padre. – Decía emocionada. Se alejó con la bebé cargándola ella, mientras le decía a una mucama que agarrara al niño y lo llevara junto a ella, para sentarse y poderlos observar más fácil.

-Me tomé la libertad de contratar a dos mucamas que te ayudaran con los niños Candy, una para cada uno, así tú podrás recuperarte por completo y estarás lista para cuando llegue el próximo hijo.

-¡Qué! – Dijo Candy sorprendida.

-¡Oh vamos! Algún día me darán otro bisnieto, y más vale que sea pronto, ya no soy tan joven. – Los demás reían por las ocurrencias de la tía abuela.

-Si vieran así nos trae a nosotros y también a Annie, que aún no llegan de luna de miel y ya los está esperando para que se apresuren a darle otro bisnieto. – Decía Stear divertido por la insistencia de la tía abuela de aumentar la familia.

Candy se abrazó a Anthony feliz de estar ahí, tenía que reconocer que le agradaba estar en la mansión rodeada de tanta gente que la quería y la cual quería de la misma forma a sus hijos, por lo visto ya nunca más se sentiría sola y eso era algo que le llenaba el alma, estaba completamente dichosa por la familia que había formado.

-Anthony, soy tan feliz.

-Yo también hermosa, soy muy feliz. –Le dijo apretándola a su pecho.

Continuará…

Bueno chicas bellas, hasta aquí terminamos el capítulo de estos dos rubios, quienes están muy felices de tener a sus dos mini clones a su lado, después del susto que se llevaron ambos por el nacimiento de los gemelos, por fin decidieron irse a la mansión junto a los demás. Vamos a ver como pinta el futuro.

Espero les haya gustado el capítulo y si no que por lo menos las haya entretenido, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes desde mi México lindo!

Besos!