Sin apenas percatarse de ello llegó la noche. Llevaba tanto tiempo enfrascado en esos viejos libros que ni siquiera se había dado cuenta de que la hora para la cena había expirado. Últimamente alimentarse correctamente se había vuelto algo superfluo para él. Todos los días, todo su tiempo desde que ella despertó... Descubrir que le estaba sucediendo a Hermione Granger se había convertido en su obsesión.

La noche iba avanzando mientras se sumergía entre viejos tomos y pergaminos, probablemente jamás había investigado las maldiciones mágicas tan concienzudamente. Y mientras leía las interminables páginas repletas de magia negra el recuerdo de esa muchacha le asaltaba una y otra vez, incapaz de permanecer concentrado únicamente en los textos que examinaba. Sus hermosos ojos color café volvían a su memoria y con ellos sus aterciopelados labios, el sutil aroma a flores blancas que emanaba de su cabello cuando la joven caminaba próxima a su persona, su alegre risa al bromear con sus amigos. El leve endurecimiento en su voz al hablarle cuando ambos se encontraban a solas, como si la verdadera Hermione sólo se mostrase ante él. Cada detalle de la joven había quedado grabado a fuego en su interior, para su desgracia.

Parecía que sería otra infructuosa noche de búsqueda así que con resignación cerró el último de los volúmenes que estaba leyendo. Necesitaba tomar un poco de aire fresco antes de continuar, así que se levantó del viejo sillón haciendo que la madera de este crujiese y caminó con cansancio hasta el ventanal. Hacía semanas que usaba esa oficina para sus investigaciones, abandonando cada vez con mayor frecuencia su preciado despacho en las mazmorras. Por curioso que pareciera esa anodina habitación le imbuía de un estado de paz poco común en él. Sospechaba que el hecho de saber que en el piso de arriba descansaba Hermione también lo ligaban a ese lugar durante las noches.

Tras abrir los cristales para que la brisa de la noche entrase en la torre permaneció asomado por la ventana durante unos segundos. Las vistas desde ese lugar eran de las más hermosas en Hogwarts, en parte por la gran altitud de la majestuosa edificación. La luna se encontraba en su plenitud y la luz que proyectaba hacía que esa noche fuese menos oscura. Desde allí podía ver los terrenos adyacentes al castillo sin dificultad. Se encontraba observándolos cuando discernió una figura adentrándose en el bosque prohibido. Primero pensó que podía tratarse de Hagrid, ya que el medio gigante era el encargado de custodiar dicha zona, pero la envergadura de esa persona era mucho menor así que descartó esa posibilidad. Temiendo que algún alumno hubiese decidido hacer una excursión no autorizada a semejante lugar decidió seguirlo. Con la intención de alcanzarlo con la menor brevedad Snape uso su habilidad de vuelo, aprendida del mismísimo Lord Voldemort. Convertido en una nebulosa negra atravesó el cielo hasta llegar al camino por el que el desconocido había accedido a la zona boscosa.

Cave inimicum — Conjuró con su varita realizando varias florituras hacia el cielo hasta que una neblina lo cubrió por completo.

Este hechizo le garantizaba que su apariencia quedaba oculta y sus pasos silenciados, de esta manera tendría la posibilidad de sorprender a la persona que merodeaba por allí. Sospechaba que podría tratarse de Potter, ya que el muchacho siempre había sido muy indisciplinado y solía saltarse las normas de la escuela con relativa facilidad.

Conforme avanzaba la espesura del bosque se tornaba mayor, haciendo que su frondosidad le dificultase el avance. Snape sólo podía escuchar los pasos del sujeto pues era incapaz de vislumbrar su persona entre tanto follaje. Hasta que todo quedó en silencio, sin duda esa persona finalmente había llegado a su destino. El hombre avanzó un poco más deseoso por descubrir quien acudía al bosque en plena noche y la motivación que tenía para ello.

En su campo de visión aparecieron dos lenguas de fuego que se elevaban alumbrando la zona donde el desconocido se encontraba. No tardó mucho en discernir que ante sus ojos se hallaba una mujer de espaldas a él, con las manos extendidas a ambos lados de su cuerpo. De éstas nacían las llamas, algo que impresionó a Severus pues jamás había visto semejante uso de la magia.

Fue en ese momento cuando la mujer pareció despertar de su trance y alertada al sentirse observada lanzó una de las llamaradas en dirección a Severus. Esta impactó en el árbol que estaba a su diestra, haciendo que saltasen de éste pequeños trozos de madera al rojo vivo. Snape se movió con rapidez para evitar que estos le hiriesen aunque algunas esquirlas quemaron su negra capa. Fue en ese momento cuando detuvo el hechizo de ocultación para mostrarse ante ella.

— ¡Hermione! — Exclamó con el fin de identificarse, varita en mano por si era necesario defenderse de otro ataque.

La joven se sorprendió al verlo y bajó ambas manos al descubrir que se trataba de su profesor, haciendo que las llamas desaparecieran de ellas.

— ¡¿Desde cuándo eres capaz de hacer eso?! — Preguntó acercándose más a ella perdiendo sus remilgadas formas por la sorpresa y el enfado.

— No... yo... — Respondió dubitativa — Pensaba que era el mortífago infiltrado en Hogwarts.

— Pues ya ve que no — Respondió volviendo a su papel distante y calmado — No ha respondido a mi pregunta, señorita Granger.

— Un par de semanas — Confesó temiendo que ese hecho fuese suficiente para expulsarla de la escuela.

— ¿Desde que dejó de las pociones de Madame Pomfrey? — Severus pensaba interrogarla hasta obtener la verdad.

La gélida mirada de su profesor parecía escrutarla con más dureza de la acostumbrada. En ese momento Hermione se dio cuenta que no podía mentir a ese hombre, la conocía demasiado bien.

— Está en lo cierto — Admitió por primera vez, pues ante Pomfrey y McGonagall había fingido seguir tomándolas — Tras nuestro encuentro en la biblioteca seguí su consejo de abandonarlas.

Severus desvió la mirada sin poder evitar sentir vergüenza al recordar lo ocurrido la mencionada mañana.

— ¿Lleva dos semanas escapando del castillo? — La pregunta salió de sus labios con cierta incredulidad, le parecía imposible que nadie la hubiese descubierto antes.

— Al principio practicaba en mi habitación pero... — Se detuvo volviendo a dudar de nuevo si confesarle todo — Se volvió peligroso así que pensé que era mejor alejarme de la escuela.

— ¿Qué más es capaz de hacer? — Le exigió saber tras escuchar esa afirmación por su parte, realmente estaba preocupado por si sus nuevas habilidades podrían entrañar peligro para otros o para su propia persona.

— Puedo crear fuego y agua — Respondió mientras se acercaba más a él, quedando los dos uno frente al otro.

Tras esto extendió la palma de su mano. De ella comenzó a brotar agua creando una columna que se elevaba al igual que lo había hecho anteriormente el fuego. Severus la miraba impresionado, no necesitaba usar su varita o verbalizar el hechizo. ¿De dónde sacaba semejante poder?

Gradualmente una figura se formó en el pequeño torrente de agua, un pez creado con el mismo líquido comenzó a nadar sobre su mano moviéndose en círculos hasta alcanzar la cima acuosa.

— ¿Cómo lo hace? Es... increíble — Admitió Snape al ver la hermosa magia que Granger era capaz de realizar.

— Sólo he de desearlo — Explicó mientras le sonreía con timidez — No pude explicárselo tras el duelo con Draco y tampoco ahora, es algo que habita en mí.

Hermione no tenía un explicación para esa magia pero comenzaba a disfrutar de ella controlándola cada vez mejor. El agua de su mano se evaporó dejando su piel seca en un instante.

El semblante de Severus permanecía inalterable mientras la escuchaba. Una vez que esta terminó de hablar los dos guardaron silencio durante unos largos segundos.

— ¿Piensa llevarme ante Dumbledore? — Preguntó por fin la muchacha rompiendo el incomodo silencio — Supongo que merezco el castigo.

— No hace mucho le dije que nada de lo sucediera en nuestras clases saldría de mí — Respondió el hombre mirándola directamente a los ojos.

— Pero... — La confusión de Hermione se reflejaba en su rostro.

— A partir de ahora supervisaré sus prácticas personalmente — Explicó con cierta complicidad — Y continuarán siendo un secreto.

"Nuestro secreto"