NA: Tiempo libre + inspiración = capítulo terminado en tiempo récord.
Gracias por seguir leyendo y comentando esta historia, gente hermosa, en especial gracias a la linda de NerakLime porque siempre amo y siempre amaré sus reviews :3
Espero que os guste, hacedme saber vuestras impresiones de la pequeña sorpresa que hay por ahí, entre los párrafos :D
Capítulo 39: Consequences.
—¿No vas a responder?
La voz de Draco sonó sombría al hacer un gesto con la cabeza hacia su teléfono móvil, que permanecía en el suelo junto a los pies de Hermione. La preocupada voz de Ginny todavía podía escucharse desde abajo cada vez que hablaba. Tras no recibir respuesta, Draco decidió acercarse lo suficiente como para agacharse y tomarlo él mismo. Al incorporarse de nuevo pudo notar un ligero estremecimiento por parte de Hermione, quien lo miraba con ojos llorosos y una expresión de dolor en el rostro. Cogió su mano y puso el teléfono en ella, luego le devolvió el bolso que había ido a buscar e hizo el amago de desaparecer por el lado opuesto del pasillo. Hermione atinó a agarrar su chaqueta para evitar que se alejara.
—¡Hey, espera! —le rogó—. ¿Es que no vas a darme una explicación?
Draco se giró casi obligado. Era más que evidente que se estaba odiando a sí mismo por ser el motivo de su llanto. Apretó los labios tan fuerte que Hermione no pudo evitar clavar los ojos allí.
—No —dijo al fin, consiguiendo que lo mirara a los ojos de nuevo—. Todo lo que diga ahora solo empeorará las cosas.
Soltándose de su agarre, Draco volvió a girarse y empezó a irse.
—¿Qué? ¡No! —suplicó ella, corriendo para interponerse en su camino—. Espera, espera por favor. —Hermione se secó las lágrimas, tomó aire y volvió a enfrentarlo de nuevo—. Solo necesito saber que todo tiene una explicación. Dime que todo tiene una explicación.
Draco endureció su mirada.
—No, Hermione, tú no quieres una explicación. Lo que necesitas escuchar ahora es que todo lo que dijo ese idiota de Vincent es mentira, y yo no puedo decir eso. No puedo mentirte, ¿entiendes? Y tú tampoco quieres escucharlo.
—¡Quiero saber la verdad!
—¡No, no quieres!
—¿Por qué no?
Draco tomó su rostro entre las manos y se puso a su altura para verla mejor. Hubo una chispa de desesperación en sus ojos cuando dijo:
—Porque eso lo cambiaría todo, Hermione. ¿Estás lista para eso? Porque sinceramente, yo no.
—¿Por qué? ¿Qué cambiaría? —preguntó, a pesar de ser muy consciente de cuál sería la respuesta.
—¡Cambiaría la forma en la que me ves! —gritó, cansado de que no se diera por vencida. Luego, cuando vio cómo las lágrimas volvían a empañar su rostro, empleó un tono de voz mucho más suave—. ¿Es que no lo ves? No soy quien crees que soy.
—¡Sé quién eres! ¡O al menos eso creía! —replicó con frustración—. ¡Sé quién es el Draco al que juré amor eterno esta mañana, pero no conozco a ese Draco agresivo que acaba de romperle el labio a una persona!
—Quizás es porque Vincent tiene razón y siempre estropeo todo lo que me importa.
Hermione se quedó clavada en el suelo mientras lo veía esquivarla y marcharse a pasos agigantados. El peso de la realidad la sacudió con fuerza cuando, tras doblar una esquina, desapareció de su vista. ¿Cómo habían llegado a esa situación? ¿En qué momento su cuento de hadas se había torcido tanto que el príncipe azul había terminado convirtiéndose en el villano?
Quiso derrumbarse allí mismo, quiso gritar, llorar y patalear sin importarle ni la gente ni el lugar. Quiso maldecir, quitarse los tacones y tirarlos contra la pared hasta romperlos, y quiso hacer todo aquello por la impotencia de no tener el poder de dar marcha atrás al tiempo y encontrar a Draco mucho antes que Astoria, ser ella quien estuviera a su lado en sus momento más sombríos y convertirse en su pasado, su presente y su futuro.
No podía hacerlo. Ni siquiera podía estar segura de que fueran a superar aquello. Él estaba dolido y ella demasiado decepcionada. ¿Por qué no había confiado en ella para contarle algo tan importante? ¿Iba a hacerlo alguna vez, o pensaba limitarse a ocultárselo durante toda la vida? Porque ella no había dudado en abrirle su corazón hasta las entrañas desde el principio.
La pena dio paso al enojo cuando, tras todos esos pensamientos, se sintió insultada por la falta de reciprocidad. No, no era justo. Y ahora, cuando ya había descubierto que había cosas de su pasado realmente turbias, era menos justo aún que ni siquiera le hubiera dado la oportunidad de decidir si era lo suficientemente grave o si podría soportarlo. ¿Qué sentido tenía no contarle la verdad por miedo a que las cosas cambiaran cuando ya habían empezado a hacerlo?
Disgustada, colgó la llamada con Ginny que todavía seguía en curso y puso rumbo a cualquier sitio lejos de allí.
"¡Mierda!", se escuchó cuando cruzó la esquina en dirección al hall principal. Hermione se percató en ese instante de un camino de gotitas rojas que llevaba al aseo masculino. Sin dudarlo ni un momento, cruzó la puerta para encontrarse de frente con Vincent y su labio roto. Estaba inclinado sobre uno de los lavabos, rodeado de un montón de papeles empapados de sangre y sujetando otro contra la herida. Al tropezar con el canuto de un rollo terminado abrió su bolso y le ofreció el paquete de pañuelos que guardaba por si acaso. El hombre la miró de reojo, pero luego de un par de segundos terminó aceptando lo que le extendía.
—¿Qué querías conseguir con todo esto? —se atrevió a preguntar—. ¿Crees que ha merecido la pena?
—¿Que me rompan el labio por decir la verdad? Obviamente no —espetó el hombre, haciendo muecas de dolor a la vez que balbuceaba—. Pero sinceramente, no me sorprende viniendo de él.
—¿Sabes? Siempre he condenado y siempre condenaré la violencia, pero no tenías ningún derecho a hacer lo que has hecho.
—¿Estás diciendo que merezco esto?
—Estoy diciendo que todos nuestros actos tienen consecuencias —replicó, dejando salir todo el enojo que sentía en forma de reproche—. Tú no tenías buenas intenciones cuando decidiste seguirme y malmeter en una relación que no te incumbía en absoluto. El mal atrae a lo malo, deberías saberlo.
Vincent rió por lo bajo, cerrando los ojos inmediatamente después debido al dolor de su labio.
—¿Estás segura de esa regla? Él es el mal y tú eres demasiado pura, niña. Deberías estar con otro tipo de persona.
—Para empezar, no soy una niña. Y para terminar, y en consecuencia, puedo estar con quien yo decida.
—Entonces… atente a las consecuencias.
Hermione resopló porque en parte tenía razón. Ahora estaba enfrentando las consecuencias de enamorarse de una persona y de lanzarse al vacío por ella sin ni siquiera hacer preguntas. Lo amaba, lo amaba más que a nada, pero ya no estaba tan segura de saber quién era en realidad. Y odiaba pensar que, tal vez, aquel hombre pudiera conocerlo mejor que ella… ella, quien había estado desnuda entre sus brazos y besando sus labios hasta el alba.
Sus ojos se empañaron de nuevo, pero consiguió contener el llanto justo a tiempo.
—Déjame ver —le pidió, acercándose y apartando el papel ensangrentado que cubría la herida. Era demasiado profunda—. Deberías ir al hospital, seguramente necesiten darte puntos. ¿Quieres que avise a alguien?
Vincent estuvo de acuerdo, así que Hermione se dio la vuelta para irse, pero antes de que pudiera hacerlo, él añadió:
—Gracias.
Ella asintió.
—Intenta ser amable la próxima vez —le dijo—. Las personas cambian.
Y de eso estaba segura, porque sabía que las cosas entre ellos dos habrían sido diferentes de haber conocido entonces al Draco que ella conocía ahora.
Hermione caminó de vuelta al salón de celebraciones, donde apenas un puñado de personas permanecían sentadas a la mesa, charlando entre ellas o terminando su postre. Ahora la mayoría de las conversaciones y las risas de la gente se mezclaban con la música que provenía del jardín anexo. Todos parecían estar disfrutando mientras bebían alcohol o bailaban en la pista. En contraste, Hermione se movía por entre la gente con expresión derrotada intentando encontrar alguna cara conocida.
—¡Hey! ¿Dónde os habíais metido? Draco me debe un baile. —Daphne la interceptó con alegría y dinamismo, pero su sonrisa desapareció tan pronto como se percató del rímel corrido bajo sus ojos. Estaba a punto de decir algo cuando vio algo más alarmante en sus manos—. ¡Por Dios, estás sangrando!
—No es mía —se apresuró a decir—. Vincent está en el baño de hombres, necesita que alguien vaya a ayudarlo.
—¿Dónde está Draco? —preguntó de manera automática.
—No lo sé. —La mirada inquisitiva de Astoria desde el otro lado de la fiesta no pasó desapercibida para ella—. Creo que ya he tenido suficiente de esto, Daphne. Necesito volver a mi habitación.
—¿Te alojas aquí?
Hermione asintió con la cabeza mientras se iba. No quería quedarse para seguir hablando, no podía hacerlo más. No estaba bien, y nunca se le había dado bien fingir. Así que corrió hacia el ascensor y subió a su planta con la esperanza de encontrar a Draco en la habitación. Pero allí no había nadie.
La cama estaba hecha, sus sentimientos alborotados. ¿Cómo podía dejar de llorar? ¿En qué momento se arreglaría todo ese desastre? ¿Lo haría alguna vez, o aquello estaba destinado al fracaso?
Se quitó el vestido, los tacones, se lavó la cara y recogió su cabello únicamente con un coletero. La ropa cómoda le hacía bien cuando parecía estar desmoronándose por momentos allí, de pie, con el alma en vilo y el corazón desgarrándose.
Cinco minutos. Diez. Quince.
A pesar de todo lo que acababa de pasar, podía decir con certeza que odiaba estar alejada de él y que quería que volviera. Y por un momento quiso llamarlo para hacérselo saber, pero luego recordó que su teléfono lo tenía ella.
Veinte. Treinta.
Unos repentinos toquecitos en la puerta hicieron que la adrenalina de Hermione se disparara y corriera a abrirla, pero la persona que encontró al otro lado no era la que había esperado. La mujer miró disimuladamente sus ropajes antes de preguntar:
—¿Puedo pasar?
La chica necesitó un instante para reaccionar.
—¿Cómo has sabido…?
—Mi hermana me lo dijo. Solo tuve que preguntar el número de la habitación en recepción —explicó, luego la miró con un deje de impaciencia—. ¿Y bien?
Hermione se apresuró a hacerse a un lado para dejar pasar a la novia, quien entró y recorrió la estancia con ojos indagadores.
—¿Estás buscando a Draco? Porque no está aquí.
—Más bien compruebo que no esté —terció la hermosa mujer—. Quería hablar contigo.
Hermione se cruzó de brazos, casi a la defensiva.
—Si vienes por lo de Vincent… Siento que haya pasado algo así en tu boda, pero…
—No, no. Ya me he enterado de eso, y no diré que soy la total responsable porque los únicos idiotas aquí son ellos, pero admito mi parte de culpa por haber forzado la situación. Realmente pensé que habrían madurado lo suficiente —se quejó—. Me dieron muchos dolores de cabeza cuando Draco y yo salíamos, así que los puse en la misma mesa a modo de castigo por todo lo que me hicieron pasar. Quería obligarlos a tener que comportarse civilizadamente en la compañía del otro por una vez en su vida, pero ya veo que mis expectativas fueron ridículamente altas.
Hermione suspiró. No sabía por qué le estaba contando todo aquello de repente.
—¿A qué has venido? Deberías estar disfrutando de tu fiesta.
Astoria dio unos pasos en su dirección, haciendo que el brillante largo del vestido se moviera por el parqué.
—¿Podemos sentarnos? —Hermione no podía negar que si ya le sorprendía el simple hecho de que se estuviera dirigiendo a ella, que quisiera que se sentaran juntas para hablar era realmente chocante. Aun así, ambas mujeres se sentaron en el filo de la cama y, tras unos segundos en silencio, la novia empezó a hablar—. Antes que nada debes saber que esto no era algo que yo pensara hacer el día de hoy, pero después de ver lo que ha pasado… creí que merecías una explicación. Y creo que debería empezar por el principio.
Hermione esperó pacientemente a que la mujer ordenara las ideas en su cabeza.
»No sé qué te habrá contado Draco sobre mí o sobre la relación que tuvimos, pero es importante mencionar que realmente lo quise como a nadie, tanto que fue uno más en mi familia durante mucho tiempo. ¿Sabes? Mi madre llegó a quererlo como al hijo que nunca tuvo. Luego nos separamos, y fue una ruptura muy dolorosa porque ninguno pudo decir adiós. En el momento en el que él fue privado de su libertad, yo… yo simplemente desistí. Anteriormente lo había intentado todo, incluso tratar de quedarme embarazada para hacerle recapacitar. —Astoria se rió por lo bajo—. No me juzgues por eso, yo era algo ingenua en ese entonces. Y reconozco que fue una pésima idea, ¿quién tiene hijos para que sirvan de parche en su relación? Es estúpido. Y a mí ni siquiera me gustan los niños.
Hermione esbozó el amago de una sonrisa que solo quedó en el intento.
»El caso es que me fui, y lo hice porque me di cuenta de que yo no era la niñera de nadie. Yo ya no podía seguir siendo la que intentara arreglar tanto desastre. Y sabía en ese entonces, y sigo sabiendo ahora, que su pasado es producto de los traumas infantiles que llevan años atormentándolo. Sin embargo, eso no era motivo suficiente para quedarme. Porque siempre intenté arreglarlo, siempre quise convertirlo en una mejor persona, pero ya no podía hacerlo más. Me di cuenta de que no era mi responsabilidad, de que era él quien debía enderezar su propia vida… así que me fui. Por mi propia salud mental. ¿Y sabes por qué lo sigo queriendo, aunque ya no de la misma forma?
Hermione, que había estado evitando su mirada todo ese tiempo, alzó la vista para darle a entender que estaba interesada en escuchar aquello que tuviera que decirle.
»Porque a pesar de que hizo cosas estúpidas en el pasado, siempre tuvo un buen trasfondo. Y puedo decirlo aun habiéndolo visto en sus momentos más bajos. Porque incluso ahí, sumido en oscuridad, ansiedad, y con problemas hasta el cuello, fue una buena persona con la gente a la que amaba.
—¿Qué tipo de buena persona acaba en la cárcel? —se atrevió a preguntar. Le costaba imaginar a su Draco entre rejas, rodeado de criminales y gente sin moral.
—Oh, él se merecía eso, créeme. Solo necesitaba poner orden en su vida, priorizar lo importante y alejarse de las malas compañías. Al final terminó haciéndolo, pero no a mi lado. Creo que aún me guarda rencor por mi partida.
Hermione respiró profundamente.
—Él nunca ha dicho una sola mala palabra sobre ti.
La mujer sonrió, y su sonrisa se vio sincera.
—Nos quisimos mucho —le aseguró—. Nos quisimos todos. Siempre fue bueno para él tener a mi familia alrededor, solía decir que tenía suerte de habernos encontrado. —Su sonrisa se desvaneció rápidamente cuando un pensamiento cruzó su mente—. Todavía no estamos seguras de cómo llegó a sus oídos lo de la enfermedad de mi padre, ya que hacía tiempo que nos habíamos separado… pero más tarde nos enteramos de que estuvo haciéndose pruebas a escondidas para ver si podía ayudarlo en su hospitalización. ¿Entiendes lo que eso significa? Estaba dispuesto a someterse a un trasplante de riñón para que mi padre viviera. Lamentablemente, ellos no eran compatibles, y… bueno, él terminó falleciendo. —Hermione estaba tan sumida en su narrativa que ni siquiera cayó en la cuenta de que tal vez fuera conveniente darle el pésame. Cuando quiso hacerlo, Astoria se le adelantó—. No te preocupes, fue hace mucho tiempo. Él no sabe que lo sé, pero siempre le estaré agradecida por haber estado predispuesto a hacer tal sacrificio por alguien de mi familia… Esa es quizás la razón más importante por la que quise que estuviera presente el día de mi boda. Se supone que un día tan especial debes tener alrededor a toda la gente a la que quieres, ¿no?
Hermione había olvidado respirar durante tanto tiempo que ahora empezaban a arderle los pulmones. Draco nunca le había ocultado que Astoria siempre había sido y siempre sería alguien eternamente presente en sus pensamientos, pero nunca llegó a comprender realmente todo ese amor que se tuvieron. Ahora que la mujer se había sincerado con ella en persona, todo cobraba un poco más de sentido. Ahora sabía que Astoria había hecho todo lo que estuvo en su mano para evitar que cayera al abismo en muchas ocasiones, hasta que él finalmente saltó y ella tuvo que alejarse para no ser arrastrada a la profundidad.
Ella no lo había abandonado… se había ido porque él le había obligado a hacerlo.
—Gracias por estar ahí para él cuando lo necesitó —dijo de corazón.
Astoria se encogió de hombros, metió la mano en un bolsillo oculto del vestido y sacó una fotografía analógica del interior.
—Cómo no hacerlo —dijo, luego se la tendió para que la cogiera—. La encontré hace poco, pero ya no la necesito. He querido traerla para dársela a quien fuera la acompañante de Draco, así que… es tuya.
Hermione sujetó la instantánea con ambas manos, quedando maravillada con todo lo que mostraba. Un Draco muy joven, sin camiseta y sin una gota de tinta en la piel, le sonreía en lo que parecía ser un atardecer en la playa. Un par de gaviotas sobrevolaban el mar en ese momento, quedando eternamente plasmadas. A un lado, la sombra de la silueta de una chica en la arena, seguramente Astoria, con el cabello al viento mientras tomaba la foto.
Un fugaz pensamiento contrajo su pecho en ansiedad. A simple vista era solo una foto que podía resultar bonita para cualquiera, pero mirándola mejor podía percibirse asombrosamente bien el dolor en aquellos ojos grises. Y ahora que lo pensaba, la sonrisa tampoco era sincera.
Sí, había mucho pesar en aquel joven rostro, mucha angustia y desconsuelo.
Hermione se sorprendió enjugándose una lágrima.
»¿Necesitas un abrazo? —Hermione casi rió por su propuesta, pero en lugar de eso negó enérgicamente con la cabeza—. Bien, porque tampoco soy de darlos.
La chica decidió dejar la foto a un lado. Lo último que quería en ese momento era ponerse a lloriquear delante de la que una vez fue su novia, así que se apresuró a decir algo para distraerse.
—Pareciste sorprendida al verme antes, en la ceremonia —comentó.
—Bueno, evidentemente esperaba que Draco viniera acompañado porque así me lo había hecho saber, pero… nunca pensé que fuera a aparecer con su empleada. Porque eres la del pub, ¿verdad?
—Antes que su empleada primero fui su novia —aclaró.
—Es decir, eres tú la chica del vídeo.
—Por supuesto que lo has tenido que ver —dijo aburrida, rodando los ojos.
—En realidad, no. Me lo dijeron mis amigos, pero nunca sentí la necesidad de verlo con mis propios ojos. Aunque si quieres la verdad, esperaba que fueras de otra forma. —Hermione enarcó una ceja—. Es que no pensé que fueras su tipo.
Enarcó la otra. Astoria ni siquiera parecía mínimamente arrepentida de sus palabras. Por un momento Hermione casi se sintió insultada, pero no tardó en decidir no darle ese poder.
—Tampoco pensabas que pudiera cambiar y por eso desististe, ¿no? Míralo ahora.
La mujer esbozó una sonrisa. Parecía orgullosa de su respuesta.
—Sí, definitivamente tienes el carácter. Ahora debería volver a mi boda, estoy segura de que mi marido me estará buscando bajo las piedras.
—Felicidades, Astoria —la felicitó, levantándose ambas de la cama—. Y si ves a Draco… ¿le dirás que suba?
Una expresión en su cara le dio a entender que era muy poco probable que ella o cualquiera de los invitados fuera a ver a su novio durante lo que quedaba de día. Aun así, se limitó a asentir y se fue, recogiendo los bajos del vestido antes de cerrar la puerta y dejarla sola.
Hermione se revolvió bajo las sábanas cuando la luz de la mañana fue demasiado intensa. No había conseguido dormir demasiado, y los pocos sueños que había logrado tener no habían sido precisamente tranquilos y agradables.
Rodó sobre la cama al recordar todo lo que había pasado el día anterior. Había tenido la esperanza de que encontrar que había vuelto durante la noche, pero Draco no estaba allí, y no tenía pinta de que lo hubiera estado desde que ella se acostó… Así que se levantó y cogió la foto que había dejado en la mesita antes de dormirse. Tuvo una sola cosa clara después de mirarla por un largo tiempo: Seguía amándolo. Y sabía que se había sentido desconcertada al descubrir que había ciertas cosas sobre él que no conocía, pero al contrario de lo que Draco pensaba, ella quería saberlas todas.
Estaba decepcionada por el hecho de que no hubiera confiado en ella, pero ansiaba que llegara el momento en el que fuera sincero con ella para ver cómo proceder. Ya casi había asimilado que Draco había estado en la cárcel en algún punto de su vida, ahora solo necesitaba saber qué acciones le habían llevado allí para acelerar el proceso. Porque ella quería solucionarlo, y tal vez no fuera a ser ese mismo día, pero el tiempo se encargaría de ponerlo todo en su lugar.
Hizo su maleta, recogió también las pertenencias de Draco y se sentó en el sofá a esperar su llegada. Cuando finalmente lo hizo, habían pasado más de tres horas y ella se encontraba mirando la fotografía que le había dado Astoria. Se levantó y se la metió rápidamente en el bolsillo trasero del pantalón.
—¿Dónde has pasado la noche? —preguntó, haciendo su mejor esfuerzo por sonar natural.
—¿Nos vamos? —dijo él con seriedad. Se agachó para tomar tres maletas y salió de la habitación sin apenas mirarla.
Hermione tragó saliva y respiró profundamente, tomó la mochila restante y lo siguió. Dejaron la llave en la recepción y fueron directos al coche. Acomodaron las cosas en el maletero, se subieron y pusieron rumbo a Londres. La chica se mantuvo en silencio unos minutos, pero la incertidumbre que sentía era demasiado pesada como para contenerla por más tiempo.
—¿Vas a ser sincero?
—Estuve en la playa.
Hermione tardó en comprender que sus palabras eran la respuesta a la pregunta que le había hecho en la habitación.
—Me refería a lo de ayer —apuntó, hablando con suavidad.
—¿Podemos no hacer esto ahora?
—¿Cuánto tendré que esperar?
Él no respondió, así que Hermione se giró para mirar por la ventana. Con los nudillos contra su mejilla, veía el paisaje pasar ante sus ojos con relativa rapidez. El silencio y el tiempo libre le hicieron pensar en la conversación que habían tenido la mañana anterior, cuando Draco le había expresado su preocupación por la manera en la que todo puede cambiar de un momento a otro. Irónicamente, y tan solo veinticuatro horas después, todo aquello tenía algo más de sentido ahora.
Decidió no pensar más, así que suspiró y se escurrió en el asiento. De vez en cuando lo miraba por el rabillo del ojo, pero dejaba de hacerlo tan pronto como veía que su mandíbula se tensaba.
Miró entonces su reloj. La una y cuarto. Llevaba una gran cantidad de horas sin comer nada, por lo que sus tripas rugieron escandalosamente de solo pensarlo.
—¿No has desayunado? —le escuchó decir.
—¿Y tú?
Draco sopló por la nariz y paró en el primer restaurante de carretera que encontró. Se sentaron en una mesa alejada de la gente y ambos pidieron el mismo plato principal: pollo en salsa con patatas. Hermione esperó a que el camarero se alejara para mirarlo fijamente.
»Odio que estés evitando mirarme a la cara.
Draco se frotó las sienes con frustración, aun con los ojos fijos en la mesa.
—¿Cómo esperas que lo haga después de todo lo que ha pasado?
—Sabes que no hacerlo no va a hacer desaparecer el problema, ¿verdad?
—¿Por qué no puedes entender que me siento sumamente avergonzado? —preguntó con un atisbo de irritación en la voz—. Deja de sacar el tema, por favor.
Hermione resopló, pero respetó su deseo de no hablar más. Cuando los platos llegaron, la pareja no tardó en empezar a comer. Olía demasiado bien y ambos volvían a estar demasiado hambrientos. Después de probar un par de trozos, Hermione bebió agua para limpiar su paladar y frunció ligeramente el ceño. Había algo en el sabor que le resultaba extraño, pero se limitó a pensar que tal vez se tratara de un exceso de especias.
Terminaron de comer en silencio y volvieron al coche. Hermione desabrochó el botón de su pantalón cuando estuvo dentro y con el cinturón abrochado. Había comido tanto que ahora se sentía incómodamente hinchada, su vientre se había transformado casi de la misma forma como cuando tenía la menstruación… lo cual le hacía recordar algo.
Puso su bolso en el regazo y lo abrió para coger la pastilla que debía tomar a diario. No había muchas cosas dentro, así que encontró el blíster con relativa rapidez. Lo giró para presionar sobre una de ellas y sacarla cuando… cuando se dio cuenta de que aquella tableta de pastillas no era la que había esperado encontrar. Se quedó en blanco unos minutos mirando el blíster y sin pensar realmente en nada. Luego, cuando se obligó a encontrar una respuesta, su corazón se aceleró hasta el punto de doler. ¿Había estado tomando durante todos esos días las pastillas para la alergia en lugar de los anticonceptivos?
Su cuerpo se tensó como mecanismo de defensa después de llegar a esa conclusión. Recordó que había vomitado el contenido de su estómago durante el viaje de ida, así que probablemente las pastillas no le estuvieran haciendo efecto desde el día antes de partir. Contó mentalmente todas las veces que habían tenido relaciones sexuales durante aquellas pequeñas vacaciones. De haber podido entrar en pánico lo habría hecho, pero en ese momento se encontraba tan asustada que ni siquiera alcanzaba a mostrar alguna emoción en su rostro.
Su teléfono móvil sonó en ese momento.
No fue realmente consciente de haber descolgado hasta que escuchó una voz en su oído.
—Hola, ¿Hermione? Soy Leticia, la nuera de tu profesor y quien te hizo la entrevista en la empresa. Lo siento, sé que te dije que te llamaría en cuestión de una semana, pero surgieron algunos asuntos que tuvimos que solucionar antes de poder incorporar a la nueva plantilla. En fin, te llamaba para darte la noticia de que el trabajo es tuyo, Hermione. —La chica miraba la carretera frente a ella con los ojos como platos. Odiaba admitir que solo había sido vagamente consciente de lo que Leticia le había dicho al teléfono porque había algo mucho más intenso rondando su cabeza y ocupando toda su atención—. ¿Hola? ¿Sigues ahí?
—¿Qué? Ah, sí.
—El puesto es tuyo, Hermione. ¿No estás contenta?
Hermione quiso llorar, gritar y reír al mismo tiempo.
—Es estupendo, gracias —dijo sin emoción.
Leticia se rió al otro lado de la línea.
—Asumo que estás en shock por la noticia.
Sí, por supuesto que estaba en shock por la noticia.
—Lo siento. Es que ya no esperaba tu llamada.
—Lo entiendo, tranquila. Más tarde te mandaré un email con toda la documentación que necesito para darte de alta como trabajadora. Te incorporas en un par de semanas. ¿Te parece bien?
—Sí, sí —dijo instintivamente. Luego colgó. Cuando se giró para verlo, Draco le estaba dedicando una mirada de soslayo, curioso—. Conseguí el trabajo.
La férrea expresión de su rostro se suavizó hasta el punto de mostrar cierta alegría por ella, pero ninguno de los dos habló más hasta que llegaron a la ciudad.
Nunca algo que ella misma había dicho había cobrado tanto sentido como aquella vez. Todo en la vida tenía consecuencias: enamorarse a primera vista y ocultar un pasado oscuro era por lo que ahora ellos dos estaban en esa situación.
Todo, todo traía consecuencias… hasta los despistes más estúpidos sumados a una pasión claramente desbocada y vertiginosa.
NA: CHAN CHAN CHANNNN. Literalmente llevo años queriendo escribir este capítulo, ¡por fin llegamos! Más información sobre cómo acabarán estos dos en el próximo capítulo xD
¿Me dejas un besho review? Esta vez no tardé tanto :3
Cristy.
