Capítulo 36

You Light

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En algún momento, del que nadie fue testigo.

Pariston paro los pies, frente a Ging.

- Me sorprendió bastante cuando oí que le sacaste de su cuarto, ¿Puedo preguntar que pretendes hacer? ¿Tienes una explicación para esto?

- ¿Te llamaron para que me detengas? ¿A ti? No lo creo.

- Solo pasaba por aquí, preguntándome qué planes tienes.

- Ninguno, esto es algo que el Presidente Netero me encomendó.

Pariston cambio su sonrisa por una expresión desconcertada.

- No me imaginaba que fueras tan mal mentiroso. El presidente ya no se encuentra aquí para que sus órdenes tengan validez.

- Hay una gran diferencia entre morir en el campo de batalla y morir en la comodidad de una cama- filósofo el Freecs- Porque en una de ellas, puedes visitar al muerto mientras en la otra, solo puedes honrarlo haciéndole favores.

- Te equivocaste de discurso. ¿Pretendes convencerme con eso? Fácilmente puedo acusarte de toma de rehenes.

- Haz como quieras, Rata. Me importan tres pimientos si no me crees, yo me la llevo. Con o sin tu permiso.

El moreno siguió su curso, pasando de Pariston que nunca se movió de su lugar.

- Que buena voluntad tienes, ¿Porque no la empleas con tu hijo? Supongo que sabes que está peleando con la primera guardia del rey hormiga, ¿No vas a ayudarlo? Puede que muera.

- El no morirá- Ging se detuvo solo para decir estas palabras- Y tampoco será parte de tus planes.

- ¿Me descubriste?- Pariston llevo las manos a su espalda, sonriendo a nueva cuenta- Solo use el plan del presidente para deshacernos de los cazadores más problemáticos, fue un milagro que la mayoría sobreviviera...oh, bueno, no fue un desperdicio.

- Tu lógica me asquea.

- Estoy bastante seguro que lo que sea que te diga no te hará cambiar de opinión, así que solo te preguntare algo- Pariston le sonrió de manera amigable- ¿Cómo crees que acabaran las cosas? Si es verdad que el presidente te pidió hacer esto...

- ¿Importa lo que piense, acaso? Si me lo pidió a mí, lo haré.

- Vaya, vaya. No sabía que fueras así de leal.

- "Leal". Nueva palabra para tu boca, pensé que no la conocías.

Decidido a no dar marcha atrás, Ging Freecs se llevó a la dormida Komugi entre sus brazos con el presentimiento, no, con la seguridad que Pariston no le diría nada a nadie, ¿Porque tan seguro? Porque así como Ging era conocido por dar problemas en su ausencia, Pariston era peor causando estragos con todos los secretos que se conocía y nunca contaba.

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- ¡No esta!

Al escuchar este grito, Knov entro precipitadamente a la habitación, encontrándose a una espantada Palm Silberia.

- ¿Que sucede?

- Komugi...no está aquí. Ni los doctores saben...

- ¿Cómo es eso posible? ¿Quién se llevaría a alguien como-?

Antes de terminar la oración, Knov lo entendió. Komugi era una pieza importante para descubrir la versión verdadera de los hechos del palacio real y del propio Rey Meruem, en pocas palabras era su recurso más valioso.

- ¿Y si fue...?- Knov no supo si era la costumbre o solo una idea suelta, porque sus labios pronunciaron un nombre sin siquiera pensarlo:- ¿Pariston?

Palm palideció, no quería imaginarlo, no deseaba pensar en eso.

- Espera, aún...- Palm se tapó su ojo mágico y se felicitó a si misma por haber visto a Komugi horas atrás, en la sala de enfermería, ya que ahora logro verla perfectamente- ¡Es ella!

- ¿Donde esta?

- No sé...se ve desierto y a cielo abierto, hay mucha luz para ver algo fijo. ¿Dónde, donde?- Palm se esforzó por buscar pistas dentro de su propio ojo, temiéndose lo peor.

- Mientras estás en eso, yo daré aviso. No me lo creo, ¿Por qué nadie está enterado de esto?

- Porque no deberíamos buscar a la señorita Komugi, ahora no, al menos.

En la puerta, apareció Satotz, ayudando a Morel con su portasuero.

- El vice presidente acaba de dar un aviso. La joven llamada Komugi estará bajo vigilancia especial, se la han llevado a ciudad York.

- Eso no tiene sentido- contradijo Knov, cuyo cabello blanco acentuaba sus expresiones.

- ¿Estamos seguros que Parison se la llevo?- cuestiono Morel, con mala cara- Eso es lo que menos sentido tiene y si así fuera...hn, ese Pariston no tiene códigos.

- ¡Ya sé dónde está!- exclamo Palm, alarmando a todos- No es dentro de un avión, ni nada que se le parezca. Knov, por favor, abre un portal.

- No hay problema, ¿Donde?

- Yo iré con ustedes.

- Ni lo pienses, Morel, debes reposar. Señor Satotz, informe de esto a los Zodiacos- Palm se dirigió a los hombres con gran entereza y voz de mando- Se han llevado a Komugi a la tumba del Presidente Netero y el Rey Meruem.

- ¿La "tumba"? ¿Entonces esa niña está en…?

- ¡Knov, llévame lo más cerca posible!

- No debería, ese lugar está contaminado y puede que...

- Sin peros, llevarme allá. ¡Juro por este ojo que traeré a Komugi de vuelta!

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Primero que nadie, Killua noto un camión que nada tenía que ver con la Asociación aproximándose a lo lejos. Curioso, se puso a investigar y se dirigió a una ruta donde podía interrumpir la marcha del vehículo. Sin esperárselo, también se los encontró a ellos.

- Lo que me estas pidiendo es demasiado…

- Al principio pensé que no podría lograrlo pero ahora, tras haberte conocido…- Bajo la voz con cierta vergüenza- ¡Sé que podemos lograrlo juntos! Tampoco quiero separarme de ti, ¿Y tú?

- Sabes que no puedo dejarte y si eso es lo que quieres, nos meteremos en problemas, muchos problemas sin embargo…- Trago duro, para pronunciar con valentía:- No te dejare, estaré contigo sea como sea. Lo prometo.

- Gracias, no sabes cuánto significa para mí que digas eso- Salto en dirección al rostro contrario y le dio un dulce beso- Te quiero, Pokkle.

Killua rodo los ojos con fastidio.

- Guacala, ¿Porque será que siempre me los encuentro así?

- ¡Killua, tu aquí…!

- Apareciéndote de la nada, ¡Casi parece que nos espías!

- Abejona, baja el volumen. Cupido, controla tus hormonas.

Killua se burló de lo gracioso que lucían estos tontos enamorados, que lejos de ser discretos pareciera que querían presumir de su amor.

- Estábamos hablando de algo muy importante, ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?- resoplo Ponzu.

- Haciendo el vago, mientras ustedes no se tardaron nada para...

- ¡Por favor, no lo digas!- suplico Pokkle, incomodísimo.

- Como sea. Yo sigo de largo, continúen con lo suyo.

- ¿Uh, a dónde vas?- Ponzu lo siguió, curiosa.

- No te importa, quédate lejos.

- Eres igual a un gato arisco. No veo como ese tsundere pueda domesticarte, la verdad.

- ¿"Domesticarme"? Repite eso, doña bicho.

- Ya, por favor, princesa… Killua, solo es curiosidad.

- Si insisten, síganme a tentar su suerte.

Killua no contesto a sus preguntas, permitiendo que lo siguieran hasta llegar a un camino apartado del bosque. Diez pasos después, los neumáticos de un camión rompieron el silencio y los tres vieron a un gran coche detenerse justo en frente de ellos. Curiosamente, se parecía muchísimo al vehículo del hangar en el que estuvieron alguna vez.

Del copiloto, la compuerta se abrió y tanto Ponzu como Pokkle se pusieron a la defensiva.

Un ser desconocido salto del auto y toco el piso con sus tentáculos, asustándolos en demasía… Menos a Killua, que nunca se imaginó alegrarse de volver a ver a alguien que casi logra que lo maten.

- ¡El enemigo!

- Nada de eso- Killua levanto su brazo, en ademan de saludo- ¡Ikalgo, hola!

- ¿Killua?... ¡Killua!

Pokkle bajo sus flechas de energía y Ponzu no tiro ningún frasco de veneno que traía en su mochila.

Habían presenciado demasiadas anormalidades antes y durante de la guerra, en el tiempo actual se imaginaron que no pasarían grandes cambios pero tal y como veían ahora, las sorpresas seguían a la orden del día.

Al pulpo le brillaron los ojos, lleno de emoción.

- ¡Estas aquí! Completo en una sola pieza, me alegro.

- Y tú estás vivo, Ikalgo, y yo que creía que te comieron con salsa verde.

- ¡No digas cosas tan sombrías!

Killua se rio, feliz de verlo bien. Su amigo cayó en la cuenta de la pareja que los miraba en silencio.

- ¿Son tus compañeros?

- Sí, el shojo andante.

- ¡Preséntanos bien!

- Ven conmigo, más adelante está mi escuadrón. Te presentare a Gon, el chico divertido del que te hable. ¡Ah! Deja que te presente a mi pareja también.

- ¿Nos ignoras?- Ponzu preparo su puño.

- Eso me encantaría, en serio,… pero no tenemos mucho tiempo, Killua.

- ¿"Tiempo", dices? ¿Por qué hablas en plural?

Killua se respondió a sí mismo al vislumbrar a casi una docena de hormigas quimera en el interior de la camioneta.

- Conque a esto te referías con "asuntos pendientes".

- Así es, vine a despedirme adecuadamente. El tiempo corre y debemos movernos.

- ¿Todos?

- Sí, escaparemos del imperio del horror.

- ¿Huir es su mejor opción?

- Sé que suena indigno pero este es el mejor momento para buscar una vida mejor.

Ikalgo lo dijo de tal manera que Killua entendió que no podría hacerlo cambiar de idea.

- Lamento que esto acabe así. Hubiera querido despedirme de ti de otro modo.

- No digas eso, ayudaste bastante sin mencionar que traicionaste a tu especie.

- Lamento no haber hecho más por ayudarte, a ti y a tus amigos.

- Tranquilo, te la cobrare después- Su cara de adeudador malévolo hizo que Ikalgo sudara la gota gorda- ¿Seguro que no quieres quedarte un poco más?

El Zoldyck no era de insistir pero sentía que si su amigo se iba ahora no volverían a verse hasta pasado un buen tiempo.

Ikalgo le extendió su tentáculo, sonriendo de tristeza.

- Volvamos a vernos en otra ocasión, en algún lugar donde las hormigas quimera y los humanos sean iguales.

- ¿De qué hablas, pulpo? ¿Aún no te diste cuenta?

Él agarro el tentáculo y lo apretó con fuerza. Ikalgo ni siquiera se quejó ante el apelativo porque Killua le dijo lo más asombroso que oyó nunca:

- No importa a donde vayas, este mundo es el único lugar para vivir. Por eso, todos somos iguales.

Ikalgo enterneció entero, pensando que Killua era verdaderamente maravilloso, tal vez más sublime que los calamares. Creyó ver una luz cegadora rodeando a Killua y tomando forma sobre su blanca cabellera, haciéndolo ver digno y hasta majestuoso, como una figura divina bajo el poder del sol radiante, destacando su hermosura y candor. Este niño era la meta que ansiaba alcanzar, el calamar más esplendido del arrecife, verlo era todo un privilegio.

- Sí, tienes razón...

"Que ingenuo he sido. Este el mismo mundo en que tú vives y donde puedo encontrarte. Realmente soy afortunado de haber cruzado caminos contigo."

A Ponzu le sorprendió la manera que el pulpo miraba a su compañero, casi como se mira a un dios.

- Interesante, el rubio tiene competencia.

- ¿A qué te refieres, princesa?

- A nada, ideas mías.

- ¿Eh? ¿Qué te pasa?- Killua soltó a su amigo- ¿Por qué lloras tan de repente?

- Lo siento, perdón.

- ¿Que te dije? Entre amigos no se disculpan.

Ikalgo se froto duramente los ojos, fuerte, tenía que ser fuerte. Al lado de Killua, se sentía inferior y torpe. Si no se controlaba, empezaría a llorar a mares.

Una ruidosa bocina provoco que algunos pájaros emprendieran el vuelo; al volante, Welfin estaba impaciente.

- Ya oíste, hay que seguir adelante. Adiós, amigos de Killua.

- Adi,… adiós- dijeron Ponzu y Pokkle, sintiendo que sobraban allí.

- ¡Nos vemos, Ikalgo! Espero verte pronto.

- Sí, yo también.

Ikalgo se contuvo las lágrimas para regresar dignamente a la camioneta y sentarse al lado de Welfin, siendo el copiloto. Desde los cristales, Ikalgo agito sus tentáculos hasta que el camión dio la vuelta y retrocedió en su camino, desapareciendo entre los arboles verdes y las montañas empinadas.

Era el momento de liberarse y retirarse de todo; de la ciudad, del rey, de los guardias reales, de su sucio trabajo, de matar y comer humanos. Este era su momento para vivir.

- Oye, deja de llorar, ¿quieres?

- No estoy llorando, es tinta.

- Sea como sea, estas molestando- Welfin acomodo el retrovisor para comprobar que nadie los seguía- Mira el lado positivo, al menos tenemos ganancia de ir a cualquier lugar que queramos y gozar de sus productos.

- ¿No acordamos que no mataríamos gente?

- No hablo de eso, lo decía porque este tipo tiene propiedades muy pintorescas alrededor del mundo, ¿no es cierto, Bizzet? Seguramente nos dejaras quedarnos una buena temporada en alguna de tus grandes casas de lujo, después de todo, yo te deje subir al coche y salve tu vida.

- Aah, sí- afirmo Bizzet con temor, escondido detrás del asiento- Aun tengo propiedades que nadie conoce, podemos ir a alguna para variar.

- Entiendo que te escondas por temor a la persecución política, ¿pero porque nos acompañas?- inquirió Ikalgo, ya secado de las lágrimas para mirar retadoramente al secretario, pues no le caía muy bien.

- Aun puedo vivir muchas cosas, ¿no?

- ¡Viviremos en una mansión de revista!- festejo Hina, dándole unos codazos amistosos a su asistente- Esto si es vida, chicos, eso es, llévenme a mi reino.

- Niña presumida- mascullo Welfin, comentario que fue aprobado por la hormiga escarabajo que hizo una mueca ante las patadas eufóricas que daba la chica desde atrás- Y bien, ¿A dónde vamos primero?

- ¡A la casa más grande y linda que encontremos, lobizón! Ah, espera. Mi ropa se ensució y no es presentable. ¡Secretario, saque billetera y cómpreme ropa!

- Ya vas con tus demandas, Hina.

- Yo pienso que podríamos ir al sur. Hace poco, me vinieron a la cabeza imágenes de un campo grande y verde, muy pacifico- dijo Bloster, sin saber que se refería a GLC.

- Suena aburrido, amigo. Yo oí de una ciudad llamada Estrellas Fugaces, dicen que es un lugar perfecto para pasar desapercibido. Nadie te molesta- Aporto Welfin, que recordaba cosas de su antigua vida a ratos.

- ¿Porque el apuro?- Ikalgo los tomo por sorpresa- El instinto nos dirá hacia dónde ir.

- Veo que alguien se tomó su nueva naturaleza de hormiga quimera muy en serio- insinuó Hina, sin dejar de menearse entre los asientos de manera inquieta.

- ¿Naturaleza? Es verdad que somos híbridos de hormiga y humanos, ¿Pero quién dice que no tenemos los mismos sueños y deseos?- Un incrédulo silencio lleno el coche- No me importa hacia dónde ir, porque estoy seguro que hallaremos un lugar que podamos llamar "hogar" algún día, ¿Ustedes no?

Con estas increíbles palabras, el camión que llevaba a casi media docena de hormigas quimeras sobrevivientes descendió por la montaña.

"Viajare y me hare más sabio", decidió Ikalgo. "Me convertiré en un amigo que pueda ayudarte, Killua, lo prometo".

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El trayecto era arriesgado y lleno de dificultades, por nada era una zona exclusiva para armamento pesado y altamente letal; le fue bastante complicado andar por esos lares, en especial con la carga en su espalda.

El límite estaba marcado por una gigantesca grieta en la tierra. Ya no podía continuar. De no ser por el aire seco y la poca presión atmosférica, el veneno se habría propagado a mayor distancia en pocas horas. Por fortuna, Cheadle le había dado dos barbijos especiales.

Al llegar, inspecciono todo lo que le alcanzaba a la vista. Cualquier diría que lo que estaba haciendo no tenía lógica alguna, que era un riesgo inútil, pero el presidente Netero se lo pidió y allí estaba el.

- ¿Dónde estoy?

Concentrado en sus plegarias, una voz femenina le llamó la atención.

- Estamos en un funeral.

- ¿Fu…funeral? ¿Quién es usted?

- Soy un cazador.

- ¿Caz-ador?- Arqueo las cejas sin entender, a la vez que el miedo la hacía encogerse en su lugar.

- Me llamo Ging Freecs. Y tú eres Komugi, ¿no?

- ¡Cómo! ¿Cómo sabe mí...nombre? ¿Qué está pasando?

- Pasa que estamos en un funeral.

Por supuesto, esto no hizo sino poner de los nervios a la pequeña.

- Por favor, dígame donde estoy. Si es un funeral, ¿No debería oír campanas o personas caminando?- interrogo confundida. Toda su vida confió en sus sentidos y sabía que algo no cuadraba allí- Tampoco suena,…no suena a que estemos en el palacio.

- Eso en parte es verdad, el palacio del Rey Meruem ha sido completamente destruido.

- ¡Por Kami, no, eso no! ¿Y el Rey, se encuentra bien el rey?

- Niña, este funeral es por él y el hombre que lo mato.

Algo dentro de ella se rompió, pálida del asombro.

- No...No es verdad... ¿Quién es usted? ¡¿Es el enemigo del rey?! ¡Déjeme ir, por favor!

- Deja de sacudirte, es inútil. Nadie viene aquí por la exposición del veneno.

- ... ¿Veneno? ¿Qué va a hacerme?

- Un viejo muy persuasivo me pidió traerte. Tremendo lugar, ¿no crees? Estamos en un campo de veneno, si te alejas del límite, el solo respirar será mortal.

Komugi tembló entera, desbordada de sentimientos.

- Por…favor, explíqueme que pasa- Se irguió sobre sus propios pies, a sabiendas que no traía su bastón guía consigo- N-no...No entiendo nada. ¿Dónde están el rey y la señorita Neferpitou?

- Mucha pregunta, seria tedioso explicarlo.

- ¡Aquí es!

Si Komugi tuviera visión habría visto que Palm Silberia apareció a través de un círculo luminoso sobre la tierra.

Knov no tuvo problemas en traer a Palm hasta allí, ya que con anterioridad el astuto hombre marco muchos sitios lejanos al palacio por si acaso en la retirada tenían que ubicarse lejos. La entrada al destrozado campo de experimentación militar era uno de ellos.

- ¡Komugi! ¡¿Estas bien?!- Se detuvo de golpe al ver a Ging- Tenías que ser tú, el padre del año.

- Y supongo que tú eres la acosadora de Knov, la que se convirtió en pez fuera del agua.

- ¡No soy una acosadora! Solo...solo me gusta tener un ojo sobre él.

- Otra voz, ¿De quién es...? ¿Qué está pasando?

Palm no vacilo al abrir sus brazos y tomar a Komugi entre ellos, sin poder alcanzarla porque Ging se lo impidió.

- No te metas en mi camino, ¿Que pretendes trayendo a esa pobre niña a este tipo de lugar?

- Fue el favor que el viejo me pidió. Debo encargarme de esta chica.

- ¿Encargarte? Ridículo, el hecho de haberla traído ya es una estupidez. Veo que le pusiste protectores y la vestiste bien pero si se quedan aquí por más tiempo...

- Este es el deseo de ella.

Palm no supo qué cosa decir sino balbucear incredulidad. Nerviosa, Komugi se tocó los dedos de las manos, como recordando cosas que le daban vergüenza.

- ¿Qué, que?- Komugi se agito- ¿Usted escucho mi deseo, señor cazador?

- Sí, fui yo. Ten cuidado con lo que deseas, niña, porque aquí estamos.

- ¡Con razón!- Ella se cubrió la boca- Perdone las molestias, no debí gritarle, esto pasa porque soy muy tonta y olvidadiza.

- Komugi, ¿Tu pediste venir? ¿Porque?

- Yo tampoco lo entiendo. La visite a su habitación y escuche que deseaba venir, y como yo estaba de camino a despedir al presidente aproveche para...

- ¡No te pregunte a ti! ¿Tienes noción de donde estas, Komugi? ¡Este es un sitio peligroso, está contaminado! No deberías quedarte. Te estas poniendo en gran riesgo.

- Es que yo...yo solo quería, con el Rey…

Ella arrastro las palabras con gesto lastimero y Palm entendió que debía ser más suave.

- Entiendo que tengas miedo, querida, es normal. Yo me llamo Palm Silberia, solo quiero hacerte una pregunta. ¿Porque pediste venir aquí?

- Porque quiero estar con el Rey y porque...aun no le di mi respuesta.

- ¿Tu respuesta?

A tiempo, ella recordó los consejos de Neferpitou.

- Ustedes son enemigos del Rey, ¿verdad? Por eso me encierran y me preguntan las mismas cosas.

- No es así, tranquila. No te lo puedo explicar ahora, lo único que debes saber es que las cosas no son como crees con el Rey. Si me acompañas yo puedo...

- No.

Komugi sonó repentinamente valiente.

- No quiero escucharlo otra vez. Desde que desperté me dijeron que estaba equivocada, que el Rey era alguien maligno y monstruoso, que la maravillosa señorita Neferpitou y los señores Youpi y Pouf eran insectos horripilantes- Sorbió su nariz, esforzándose por terminar las oraciones con coherencia- Alrededor mío, voces que nunca había escuchado se quejaban y gritaban, repitiéndome que todo este tiempo fui engañada... ¡Pero los sentimientos que llevo dentro no son una mentira para mí!

No solo Palm, a Ging también se le congelo la faz de la impresión.

Komugi trago duro, luciendo más nerviosa que avergonzada de su arrebato de sinceridad.

- Ame cada segundo que pase en el palacio, me gusto la compasión con la que la señorita Neferpitou cuidó de mí y siempre estaba ayudándome, la música que producía el señor Pouf y que te transportaba a otro mundo, la dura voz del señor Youpi que se hacía respetar. Me gusto la amabilidad del Rey y su tacto gentil cuando toco mis feas manos. Para mí, todo era un sueño demasiado hermoso... Sabía que algo debía estar mal, siempre me pregunte que hice para ser tratada de ese modo maravilloso. Yo nunca he sido tan..., tan feliz como cuando estaba con el Rey y sus Guardias Reales. ¡¿Por qué?! ¿Porque alguien como yo tiene derecho a una felicidad como esa? Todo eso, que lo viviera una estúpida, inútil y sucia tonta...no sabía si era real o no pero lo viví, lo disfrute. No me digan que son engaños, que son inventos. Porque para mí, ¡Fueron los mejores momentos de mi vida! Viví al lado de esos que llaman "monstruos" y fui muy feliz, ¡No pueden quitarme eso!

Su confesión enterneció por la fuerza de sus palabras, lástima que durara lo mismo que un estornudo porque Komugi si estornudo, echando flemas acompañadas de saliva. Se froto la nariz duramente, avergonzada por no haberse contenido.

Ging se quitó los mocos que le saltaron al traje con arena, mientras Palm miraba atenta y fijamente a la niña que comenzó a llorar, al sentir el peso de todo lo que dijo jugándole en contra, haciéndola sentir sola y sin consuelo.

"Es doloroso, no necesito verlo para saberlo", pensó Palm al ver la expresión desolada de Komugi. "¿Cuánto has sufrido para que esos monstruos te hayan dado alegría? Si esta vida fue tan dura contigo, lo suficiente para que digas que fuiste feliz al pasar unos días con el Rey y esos Guardias entonces..."

- Hable con Reiza- Anuncio Ging, de la nada- Como la chica insiste, podría llevarla a ver a esa hormiga de nombre Neferpitou.

- ¡¿Harías eso?!

- Bueno, el juego Green Island aún no está a la venta.

Palm no sabía si eso era un alivio o una desgracia, no sabía de qué modo motivar o consolar a la joven ciega en ese estado, arrodillada al suelo y sollozando con dificultad al respirar.

- ¿Qué tal si seguimos las oraciones?- Ging si sabía cómo cambiar el tema- Hay que apurarse, la ropa que trae ayudara a que el veneno se retrase pero su asma es problema mayor… Niña, recuerda que estamos en un funeral.

Con la boca trémula, Komugi se sobo la cara.

- Disculpen, fue mi error. No debí decir eso…Perdón, gracias por su ayuda, señor cazador. Aunque no pude llegar a tiempo para estar con el rey, usted me trajo hasta aquí, se lo agradezco mucho.

- Cumple tu deseo y despídete con lo que tienes.

- Sí, voy a orar, con permiso.

De pronto, Palm Silberia entendió algo y por más insólito que fuera, no quiso detener el curso de los acontecimientos.

No hacía falta suponer que Komugi era torpe y lenta, así que Palm debió empujarla hacia adelante y gritar "¡Corre!" antes que Ging Freecs se pusiera de pie. Haciéndole caso, la chica corrió y trato en lo posible de no tropezarse, quitándose los protectores y respiradores. Cuando alcanzo el límite de donde lucharon los dos poderes legendarios, Komugi no sabía que alcanzo el punto más peligroso. Como si quisiera desafiar a la Rosa de los Pobres, se quitó el traje anticontaminación con el que Ging la vistió para seguir con su ropa normal y continuo corriendo, apresurando el paso, cayéndose y levantándose otra vez hasta perderse en el manto violáceo de la Rosa tragándola.

- ¿Que carajos has hecho, sirenita?

- Tú también te diste cuenta, ¿No?

El arqueólogo se sorprendió bastante, luego echo la cabeza hacia atrás y se fijó en el cielo, suspirando.

- No te lo voy a negar, supuse que algo así podía pasar. Rayos, no entiendo el corazón de las mujeres.

- Sigo sin entender. ¿No dijiste que el presidente te lego a Komugi para encargarte de ella? ¿No se supone que eso incluye protegerla? ¿O acaso?- Palm adivino la verdad, perpleja- ¿El presidente en realidad te pidió...?

- Es un viejo muy perceptivo, ¿no crees?

La peliazul se mordió los labios, ¿El presidente fue capaz de predecir esto? ¿El imagino que algo así pasaría? Lástima que jamás obtendría la respuesta a eso.

- ¿Y tú? ¿Cómo supiste que esto era lo que ella quería, acaso fue instinto de mujer?

A decir verdad, podía darle muchas razones. Que el amor de la jovencita la conmovió, que al ver el dolor que Komugi cargaba hizo que tomara una arriesgada decisión, que su naturaleza hormiga reconocía a Komugi como la reina de su especie y por ende quería cumplirle sus deseos, que como humana y mujer Palm entendía su profunda angustia, y por todo eso quiso darle un último consuelo.

Pero no pudo decir nada, porque sus ojos se llenaron de lágrimas y se le hacía confuso distinguir a Ging Freecs.

- No hay culpa, descuida, ella no es una víctima. Esto prueba que eso que dijo el viejo tuvo sentido, al final.

Ella estaba por cubrirse el rostro con las manos, para evitar seguir mostrando su rostro lloroso, cuando oyó al arqueólogo.

- Oh. El presidente Netero menciono algo muy curioso cuando me llamo y pidió que le hiciera este favor- Palm le presto su atención, expectante- Él dijo...

En el suelo, un portal se manifestó apenas un minuto después y cuando Knov apareció, descubrió a Palm llorando de manera imparable y a Ging rascándose la cabeza por no saber qué hacer. ¿Qué paso allí?

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A fortuna, sus piernas todavía le daban para correr, no sabía si la estaban persiguiendo o si alguien la estaba observando, solo se concentraba en correr, sin importarle si eso presionaba su pecho o forzaba su cuerpo, que no estaba acostumbrado al ejercicio.

Tenía que continuar, tenía que encontrarlo sea como sea.

- ¿Komugi, estas ahí?

- ¡Rey!- Con sus oídos desarrollados, Komugi siguió la voz que acaba de escuchar. Cuando creyó alcanzarlo, cayo de cara al piso y en su cabeza se formó un chichón- Aay, eso dolió.

- Komugi, levántate.

- ¡Sí, perdón!

Afirmándose de sus rodillas, se paró al mismo tiempo que el aire venenoso le golpeo en la cara, el calor del sol aumento la presión al no haber sombra con la que protegerse.

Con media boca quemada por el magma, Meruem no podía indicarle que tan cerca estaba de ella.

- ¿Rey? ¿Dónde está?

Buscando en su rango, su pie toco algo e inmediatamente se arrodillo. Puso sus manos a investigar. ¿Que era? ¿Estos eran brazos o piernas? ¿Que sobraba aquí y que faltaba allá? No lo sabía, tampoco quería imaginarse nada y mejor así, porque Meruem tampoco hubiera querido que supiera como quedo, moribundo y destrozado.

- ¿Es usted, rey?

- Déjame recostarme en ti.

- Aah, sí, si- Ella accedió, más preocupada por la salud del Rey que en lo bochornosa que sería esa posición, o incluso lo difícil que fue ubicar la cabeza masculina sobre su regazo- ¿Y ahora?

- General 3-25-7.

Una burbuja de alivio y alegría dentro de ella se hincho de pura felicidad. Era el corazón de Komugi latiendo muy de prisa.

- Rey...

- Juega- La voz del Rey conservaba autoridad a pesar de su debilitada garganta y baja entonación- Cuando gane, te hare mi reina.

Komugi busco la mano de la criatura y la estrujo fuertemente, sin preguntarse porque era anormalmente grande y la sintió tibia, no como antes.

- Espía 5-12-4.

- Espía 8-11-2. Volviste por mí, arriesgándote a ser morir envenenada. Eres una tonta.

- No me importa- La voz se le quebró- Por favor, déjeme ser egoísta y quedarme con usted. Con los guardias, la señorita Neferpitou.

- Ellos no están aquí.

- ¿Qué? Perdone mi insolencia pero eso, eso me parece imposible, ellos no lo dejarían.

- Donde estén, estoy seguro que siguen peleando…Son así de leales, pero yo…no era digno de su lealtad.

- ¿Se siente solo? ¡Disculpe mi descaro! Fue un impulso, no quise ser grosera.

- ¿Te quedarías a jugar conmigo? ¿Hasta el final?

- ¡Sí!- exclamo ella, con convicción- Sí, jugare. Todo el tiempo que quiera.

Komugi pasó sus dedos por el dorso de la mano tiesa del rey, buscando su reacción y lo consiguió cuando Meruem hizo lo mismo.

- ¿Sabe? Esta ha sido la primera decisión que tome por mí misma, fuera del Gungi. Porque al despertar lejos del palacio, me imagine que todo lo que viví con usted fue un sueño...pero yo seguí creyendo, porque quería volver a escuchar su voz.

Meruem no le contesto, restándose a mirar la amplia y abierta sonrisa de la chica.

- Solo pensaba en regresar...con usted, con sus guardias, a revivir ese sueño - Ella se jadeo dolorosamente- Muchas gracias por permitirme estar a su lado. Soy muy feliz, solo con esto.

Con esfuerzo, Meruem subió su mano libre hacia el rostro de Komugi y la toco cuidosamente, queriendo conocer la calidez y la suave palidez de la chica antes de no poder ser capaz de sentirla. Apenas y podía mantener la conciencia, por eso es que en un último y trabajoso intento, Meruem le acaricio los labios.

- Peón 4-55-6.

Komugi creyó que fue un invento de su imaginación, un accidente o incluso una equivocación, pero no pudo darle explicación a la sensación nueva y extraña dándole en sus labios cuando Meruem se separó de ella y se reacomodo en su regazo.

- No te distraigas, es tu turno.

Al oír al Rey como siempre, Komugi se dijo que era idea suya.

- Como usted diga, mi rey.

- Meruem, di mi nombre. Es tu derecho, como reina.

Aunque Komugi no pudiera verlo, el rey esbozo una diminuta y sincera sonrisa.

Al paso de las horas, Komugi comenzó a sentirse mareada y débil. Estuvieron jugando al Gungi con su indiscutible ganadora hasta que cayó la noche y ya no escucho la voz del Rey, y en vez de asustarse, Komugi sonrió tristemente.

- Descansa, Meruem.

Su boca estaba seca y su garganta dolía, por la nariz le goteaba sangre y su respiración se cortaba. No le quedaban fuerzas, pero se mantuvo tomando la mano de Meruem todo el día, con una sonrisa imperturbable en su rostro.

Con esa misma sonrisa, Komugi cayó rendida junto a los restos del rey todopoderoso.

"Quiero hacerle este favor, o al menos dedicarle este pensamiento. Rey Meruem, jamás te consideraste humano pero… ¿Nunca has pensado que el amor es una forma de humanidad? Tu nombre significa La Luz que lo Ilumina Todo pero la verdadera luz te tocara, cuando sientas como un humano."

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Era como volver en el tiempo, al menos para Kurapika.

A bordo de una avioneta cruzando los cielos, junto con gente extraña a destino desconocido.

Esta vez, la equipada y lujosa aeronave era una avioneta modesta y pequeña, donde la mayoría de sus pasajeros iban apretados y buscaban una ventana por la que respirar sin que les golpeara en la cara.

Ya no estaban la coqueta Blaise o el leal Squala, menos la apática Machi. Quien pesaba por su ausencia era el comandante Kite.

Pokkle y Ponzu se hablaban en secreto, susurrándose unas palabras con una expresión tensa y a la vez ansiosa. Quizás se preguntaban qué hacer cuando tocaran tierra, lo normal.

El doctor y ahora también piloto Leorio, solo rompió el silencio para preguntar hacia donde iban a parar, a lo que Gon contesto tenían que seguir a los socios de Kite hasta la frontera de la república.

- ¿Cómo crees que se acabara esto?- Leorio lo sorprendió.

- Sinceramente, no tengo idea- confeso, por primera sin sentir vergüenza o curiosidad por una cosa. Si se trataba de sus amigos, solo podía esperar lo mejor.

- Y yo pensando que tenías una respuesta para todo.

- Pase lo que pase, ellos tomaran la última palabra. Confío en ellos.

- Sí, yo también… Con estos chicos, tampoco me espero un final aburrido.

Al fondo, Gon y Killua dormían juntos y sin importar las condiciones, hasta lucían como dos niños normales que descansaban luego de un largo día de emociones que aún no terminaba.

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Una Curiosidad del capítulo de hoy.

Y se preguntaran, ¿Por qué "Curiosidades" ahora? Esto nunca paso.

Porque quiero sacarme esto de adentro pero ya.

En lo personal, con respecto al canon, creo que Palm sabía perfectamente que cuando Meruem le pidió tener a su lado a Komugi, también le estaba insinuando que quería morir con ella. Después de todo, Palm conocía del efecto contagioso de la Rosa de los Pobres y, básicamente, ella es indirectamente culpable de la muerte de Komugi, porque de haberla mantenido escondida o en su defecto, transportarla por el poder de Know a un lugar descontaminado para seguir jugando contra el Rey como tanto quería- Total Komugi no podría ver nada y es fácil de persuadir- la jugadora del Gungi se hubiera salvado. Pero no, parece que Komugi si o si tenía que morir, tal y como ella expresa: "Nací para este momento", y si no puse esta parte es porque me pareció suficiente dialogo para extender más el drama.

En pocas palabras, Palm fue quien decidió el fin de Komugi. Tuvo mil opciones y aun ante el mismísimo Meruem tuvo la oportunidad de seguir resguardándola hasta que el rey pereciera o morir la sirena con el secreto, todo sea para proteger a la chica. Sin embargo, Palm decide por Komugi y eso también se refleja aquí.

Por cierto, la confesión de Komugi va con ella bastante bien, a mi juicio. No tengo dudas que era eso exactamente lo que pensaba y sentía cuando estaba en el palacio, pasando sus días con el Rey y sus guardias. Quien diga lo contrario es su opinión.

Fuera de eso, espero que les haya gustado y nos leemos la próxima.

¡Que pasen buenas fiestas, saludos!

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