Noah trataba de animar a su padre, más que animar trataba de calmarlo porque se notaba bastante alterado pero no era para menos, la vida del joven demonio que amaba estaba en peligro, no quería perderlo cuando tenían toda una eternidad que compartir juntos. La última visita de Ciel fue extraña pero a la vez esperanzadora porque su joven amante le convenció de que pronto saldría de su encierro para retomar su amorosa convivencia, sin embargo ahora todas esas esperanzas se desvanecían en este mar de incertidumbre.
—Papá... Al salir de aquí ¿Qué harás? Si sigues así alterado no ayudarás en nada. —Su hijo a manera de regaño lo quería hacer entrar en razón.
—Lo sé, lo sé... Pero no puedo evitarlo, siento que algo oprime mi pecho, esta angustia me ahoga, duele. —Sebastian le hablaba sin dejar de caminar de un lado a otro de su oscura jaula, se sentía tan frustrado e impotente— Si algo le pasa, no me lo perdonaría jamás.
Noah lo miraba fijamente, inquieto jugaba con sus propias manos pues no acertaba que decir, esa angustia al parecer era un poco contagiosa porque también una sensación de agobio le embargaba. Aunque estaba enojado con Ciel, tampoco le deseaba algún mal, no quería que muriera además no entendía todo este asunto, sentía que algo no encajaba quizás era porque todo fue muy repentino.
—¿Y tu bebé? —Sebastian le cuestionó para tratar de calmarse y cambiar de tema para aclarar un poco su mente.
—Lo dejé en un lugar seguro al cuidado de un amigo de Mathew, no quiero que mi padre se lo lleve o algo así, puede ser capaz ¿No? Ya ni sé que pensar de él.
—Su odio lo hizo volver a la vida, eso lo hace más peligroso que antes. Si quiere lastimarme ¿Por qué no viene a mi directamente para matarme?
—Es obvio porque te mataría en vida el quitarte a Ciel, ese sufrimiento sería peor que la muerte misma ¿No?
Sebastian se quedó callado, obviamente así era, amaba tanto a Ciel, este niño demonio forzado con vestigios de humanidad era su punto débil, su más hermosa debilidad, cerraba los ojos evocando en su mente el reflejo de su dulce sonrisa, su profunda mirada. El amor era como una enfermedad para los demonios y él estaba completamente enfermo pero aún así no se arrepentía de que este sublime sentimiento invadiera su ser entero.
—¡Noah...! —Le llamaba una ansiosa voz, entrando con prisa interrumpía los pensamientos del demonio enamorado.
—Mathew ¿Qué sucede? —Cuestionó presuroso a su llamado.
El demonio se les acercó explicándole a ambos la situación, Sebastian en unos minutos sería liberado, esto quitaba un poco la frustracion que le agobiaba pero ahora debía pensar como enfrentar esta problemática situación y salir bien de ella, no podía volver a dejarse llevar por sus impulsos perjudicando a todos.
Mientras tanto en otro remoto lugar del infierno, Claude después de tanto buscarlo se encontraba con el demonio que fue un día su salvador y cómplice en ese estúpido e infantil juego de venganza, rencor y celos.
—Debí imaginar que no lo harías... ¿Qué tiene ese niño para cautivar a los demonios a su alrededor de esa manera?
Este demonio le reprochaba aunque aparentaba hablar con calma su mirada denotaba enojo, fijando sus ojos destellantes en Claude que sólo con su usual gesto se acomodaba los lentes.
—Ciel lleva en su interior a mi hijo, no pude matarlo.
—¿Solo por eso...? Creí que era porque estás enamorado. —Le insinuó divertido.
—No estoy enamorado ya te lo aclaré, es solo por mi hijo. —Este le aclaraba con seriedad, que penoso le era ser descubierto en esto de sentir el amor. Aún con Ciel le fue tan difícil admitir este sentimiento, luchó con todas sus fuerzas para reprimir esta agobiante sensación pero fue inevitable no enamorarse de este muchacho, tenía algo atrayente que no podía verse con claridad pero cuando caías bajo su "hechizo" no había escapatoria.
Quizás lo inexplicable eran los rastros de su alma humana que persistían en su naturaleza demoníaca, aunque había algo más que eso, algo que no se podía explicar con lógica.
¿Cuándo se enamoró? No podría dar una respuesta con precisión, como muchos sucesos importantes en la vida solo ocurrió sin un motivo específico, quizás influyó su fortaleza porque a pesar de todo su espíritu no se doblegaba, manteniéndose digno a pesar de la humillación. Aunque su vida marital fue una farsa desde el principio, por momentos no lo sentía así o al menos eso quería creer, Ciel lo besaba como nadie lo había besado, la forma en que se aferraba a su cuerpo en esos abrazos le daba una calidez que no había sentido antes.
¿Todo había sido mentira? Quería creer que no fue así, ese niño que fue su esposo a cabalidad era muy especial, ahora se daba cuenta porqué Sebastian se enamoró y no lo culpaba por aferrarse a ese amor que era una blasfemia infernal. ¿Quién no se enamoraría de Ciel? De esa belleza física que se complementaba con su bella forma de ser, era el pecaminoso deleite, la tentación perfecta para experimentar el amor.
Pero al parecer no todos eran vulnerables a sus sutiles encantos entre ellos el demonio que frente suyo mostraba sin reparo alguno su odio al joven, más que todo parecía ser cuestión del orgullo herido de alguien que no le gustaba que le quitaran lo suyo, no es que estuviera enamorado de Sebastian, quien no era su amor ahora solo era solo su capricho.
—Entonces ¿Supones que yo no debo matarlo por estar embarazado? —Al hablar esbozaba una sonrisa perversa en sus labios— Ya sé que ese hijo ni siquiera es tuyo y tú también lo sabes pero aún así lo estás protegiendo.
—Hay cosas que no comprenderías, creo que yo las entendí a tiempo. Ciel no merecía todo este sufrimiento del que fui parte, fui un maldito cobarde pero aún no es tarde para rectificar mis errores por eso aunque no vuelva a verlo le daré su libertad para que retome su vida con quien ama.
—Eso es muy conmovedor pero patético, denigras tu naturaleza con tales absurdos sentimientos —Acercándose con firmeza a cada paso pretendía intimidarlo— Sabía muy bien que me ibas a traicionar por eso sin que te dieras cuenta te mantuve vigilado, por ahí me contaron como se despidieron, que fue un tierno adiós. ¿Crees que el beso que te dio fue real?
Claude solo desvió la mirada para si mismo fue muy real ese beso, aún de forma cursi sentía la calidez de sus labios en los suyos en ese profundo beso de aparente despedida, sabía que Ciel no lo amaba como a Sebastian pero algo sentía, no podía fingir tan bien. ¿No?
¿Cómo podría fingir que al dormir en las últimas semanas lo abrazara con tal fuerza? Con una casi perceptible sonrisa pensaba en como le hubiera gustado dormir a su lado una noche más, esas noches en que lo veía conciliar el sueño en su regazo. Este joven le regaló una dulce muestra de lo que era convivir junto a alguien, de tener un esposo, una familia, experimentar el amor en todas sus formas incluso ahora como sacrificio.
No importaba cuanto se denigraba al albergar estos sentimientos solo por la dicha de haberlos experimentado, se enamoró de la presa que debía hacer sufrir, aún cuando descubrió sus perversos planes no se enojó más bien se enorgulleció de su perspicacia y valentia, él le demostró lo que se hace por un gran amor y por sus hijos.
Saliendo de su breve cursi sentir aterrizaba a la dura realidad, dándose cuenta que quien lo vigilaba sabía del escondite en donde estaba Ciel, podría ahora mismo lastimado incluso haberlo matado. Se prestaba a regresar al mundo humano porque no podía perderlo de esa manera, al darle la espalda sintió como este demonio que ya no era más su aliado sino su enemigo declarado detenía su andar poniéndose de frente, muy cerca de su rostro lo miraba con malicia.
—Tú no vas a ninguna parte —Diciendo esas palabras enterraba una especie de pequeña guadaña en su pecho, con gesto de dolor Claude daba un quejido notando como su verdugo sonreía satisfecho, sonrisa que se borró porque el demonio herido enterraba también algo en su abdomen.
—No dejaré que lo lastimes... Que mi muerte no sea en vano. —Murmuró Claude con una forzada sonrisa pero satisfecho de su hazaña. El otro ligeramente se quejaba apartándose, los dos mal heridos se miraban desafiantes.
—No estuvo mal pero como estás débil no fue muy profundo pero quizás con este juguete tuyo... —Sacando esa daga ensangrentada de su abdomen se lo mostraba— Sería romántico enterrarsela a tu amado, como un regalo de tu parte.
Claude mal herido sentía como las fuerzas lo abandonaban, agudizando su dolor caía al suelo, entrecerrando sus ojos veía como la silueta de este demonio se alejaba.
—Ciel... Lo siento... —Murmuró con tristeza sintiendo perder la conciencia eso no le impedía que siguiera arrastrándose por el frío suelo, aunque sabía que era imposible llegar a salvarlo no quería morir sin hacer un último esfuerzo. En unos minutos llegó al camino lleno de pétalos blancos y negros alertándole que estaba cerca al umbral entre el infierno y el mundo humano.
—¡Papá... Mathew...! ¡Miren quien está aquí! —Gritaba Noah al ver a Claude en el suelo cuando se disponían a ir al mundo humano.
Sebastian se acercó con prisa, porque aunque unos demonios le contaron que habían visto a su esposo por el umbral no sabían donde estaba Ciel, Claude era quien podía dar respuesta a su incertidumbre pero estaba ahí agonizante, ya se imaginaba lo peor.
—¿Dónde está Ciel? —Le cuestionó desesperado mientras trataba de contener el sangrado con sus manos sobre su profunda herida— ¡Dime...!
—Ciel, está en peligro... Deben ir a salvarlo, no dejes que lo lastimen... —Claude con dificultad le pedía— Él fue a buscarlo... Lo matará...
Los demonios se sorprendían al ver como Claude, tan frívolo y perverso que había hecho sufrir a Ciel estaba preocupado, angustiado y parecía sincero en su sentir.
—Él nunca dejó de amarte, eres muy afortunado, así que hazlo feliz se lo merece, Ciel es especial. Perdónenme por lo que les hice.
Sebastian lo escuchaba atento, no lo perdonaría pero si trataría de cumplir esa promesa porque es lo que haría pero antes debía impedir que lastimaran a Ciel. Claude con su último aliento le indicó donde hallarlo, con prisa los demonios se alejaron dejando el frío cuerpo inerte de ese demonio que había revivido odiando pero murió de nuevo amando.
Los tres demonios agilitaban su paso, Noah estaba impresionado por ese mundo que le era mostrado era la primera vez que lo visitaba y le parecía tan contrastante al suyo, cálido y luminoso, en teoría sabía como era pero percibirlo era diferente a lo que imaginaba.
—¡Noah no te quedes atrás! —le regañaba Mathew al ver como distraído se retrasaba en su andar.
—No fue buena idea traerlo —Murmuraba Sebastian un poco preocupado pues no quería arriesgar la vida de su joven hijo.
—Quizás pueda ayudarnos, es su hijo... El vínculo entre ellos puede servirnos ya que un ataque de Noah puede ser determinante.
Eso no tranquilizaba a Sebastian, sería demasiado doloroso si perdiera a todos a quienes amaba, no quería ni imaginarlo pero no era momento de ser negativo solo debía empeñarse en sobrevivir esta pelea sin que nadie más muera.
—¡¿Quienes son ustedes?! — Gritaba Bard cuando dos extraños hombres aparecían en su casa, en posición de ataque sacaba una de sus armas, Finny, Meyrin y Tanaka hacían lo mismo. No dejarían que lastimaran a su querido joven amo, quien escondido junto a sus bebés en una de las habitaciones sentía como la angustia se apoderaba de su ser al percibir la presencia maligna cerca.
—Ustedes no se metan... Sino quieren salir lastimados solo deben entregarme a su "joven amo".
—Lo que pides es imposible... No te daremos a nuestro señor sin pelear. ¿Verdad? —Valientemente el rubio le hablaba a este hombre que tenía su camisa manchada en sangre.
Sus compañeros asintieron con la cabeza afirmando su pregunta, su deber era proteger a su amo y ahora a esos pequeños amos a su cargo, sus vidas estaban a merced de su señor, no les importaba sacrificarse por él.
—Vaya eso comprueba que no solo los demonios tienen debilidad con ese mocoso, sino también a los humanos idiotas... ¿Qué tiene ese niño?
Los sirvientes solo esbozaron una sonrisa, su amo les había explicado la situación aunque todavía no la tenían muy asimilada, sabían lo del infierno y sus demonios, entonces se dieron cuenta que ese hombre herido frente suyo era el demonio esposo de Sebastian, se notaba que estaba lleno de resentimiento, envidia y celos por su pequeño señor.
—No te refieras a nuestro amo de esa forma, él odia que le digan niño. —Le refutaba Finny con molestia.
—Ya me aburrí de esta conversación, ustedes lo quisieron así.
Acercándose los atacaba con fuerza, los sirvientes no se atemorizaban sino que con valentía los enfrentaba aunque llevaban las de perder porque eran fuertes esos dos demonios. Ciel por su parte escuchaba esa ruda pelea desatada afuera por su culpa, se sentía tan impotente al no ser de ayuda, no quería que ellos murieran pero no podía hacer nada mas que esconderse, ni siquiera creía en Dios para pedir por un milagro, todo dependía ahora del destino. Sus dos bebés intranquilos se movían en su regazo entonces el silencio incierto se percibía. ¿Qué había pasado?
—Ciel... —Le llamaba una voz que al reconocerla hizo que se estremeciera por el miedo, sus leales sirvientes habían perdido la pelea al parecer— Mira que lindo te ves con esa cara de susto.
Sarcástico este demonio le hablaba al abrir el armario donde estaba escondido, al verlo tan vulnerable le satisfacía.
—¡Has lo que quieras conmigo pero deja a mis bebés, ellos no te han hecho daño!
—Ummm... Directamente no me han hecho algo pero son el fruto de la traición y eso me hace odiarlos. Desde que te vi supe que te convertirías en un estorbo en mi vida, debí matarte desde que pusiste un pie en mi casa. Me quitaste todo lo que quería ahora yo te quitaré todo lo tuyo, Claude seguramente ya murió aunque él no significaba nada para ti, era algo tuyo. ¿No?
El joven se sintió hundirse en la desesperación porque de algún modo quería que Claude apareciera para ayudarlo pero ahora eso sería imposible, pensaba en Sebastian pero quien sabe si él sabía lo que estaba pasando. El demonio acercándose trataba de quitarle a sus bebés, Ciel se negaba a dárselos, aferrándose a sus pequeños cuerpos empezaron a llorar.
—¡No te los daré... Son míos...!
Ciel sintió como golpeaban su cara y parte de su cuerpo para obligar a que los soltara, algo que no haría. Entre lágrimas le rogaba que no los lastimara, se abrazaba a ellos aunque su ser le dolía, sus fuerzas se desvanecían lentamente. Solo sintió el golpe del suelo cuando fue lanzado de ese armario.
—Son míos... Míos... —Con su boca que tenía sabor a sangre murmuraba, uno de sus ojos estaba más hinchado teniéndolo cerrado y apenas podía ver— No les hagas daño... Por favor.
La escena era dolorosa, Ciel sentía rendirse, llorando aceptaba su triste destino, cuanto le dolía dejar su vida de esta manera... Morir sin saber que sería de sus hijos, muriendo llevándose con él al pequeño que crecía dentro suyo.
—Los amo... Mis bebés. —Murmuraba entre lágrimas a sus pequeños que por esos segundos se abrazaron a su padre, sin palabras correspondían a su amor— Perdón... Por dejarlos así...
Ciel no miraba a nadie más, su mirada borrosa estaba fijada en los inocentes rostros de sus pequeños quienes también lo observaban, si iba a irse de este mundo lo último que quería llevarse consigo era esas hermosas caritas que le recordaban a su amado Sebastian. De repente el joven demonio sintió como sangre le fue salpicada, angustiándose pensaba que era la sangre de uno de sus bebés.
—¡Ciel! ¡Noah encárgate de Ciel! —Gritaba Sebastian cuando tenía por detrás sometido a su esposo, le había atravesado una guadaña por la espalda, esa sangre es la que había salpicado. Mathew se encargó del otro demonio que era más débil de lo que pensaba.
—Asegurate de matarme bien esta vez querido... —Susurraba con burla este con el respirar agitado, Sebastian con enojo al ver lo lastimado que estaba Ciel, le encajaba con fuerza esta arma en su cuerpo, que deleite era escuchar el crujir de sus entrañas.
—Ciel... Ciel... —Le llamaba Noah para que no perdiera la conciencia mientras le quitaba a los bebés para revisar sus heridas.
—Noah... Cuida a mis bebés... —Le rogaba sintiendo un fuerte dolor en todo el cuerpo— ¿Ellos están bien?
—Si... Están bien, tienen un padre que los ama y los protegió sin importar el dolor.
Ciel al oírlo esbozó una dulce sonrisa que borró de inmediato cuando sintió unas fuertes punzadas en su vientre haciendo que se retorciera de dolor en el suelo donde estaba.
—¡Mathew! ¡Ayuda a Ciel!
Los dos demonios mayores dejaron a sus contrincantes muertos en el suelo, con prisa tomaron a Ciel para ponerlo en la cama.
—Es un aborto... —Susurró Mathew en tono de preocupación, Noah lo miraba algo sorprendido porque no sabía que Ciel estaba esperando un bebé de nuevo— Debemos volver al infierno, aquí no puedo ayudarlo.
Sebastian tomaba en sus brazos a su amado que algo aturdido por el dolor se abrazaba a él.
—Sebastian... ¿Eres tú? Pensé que no vendrías... —Le susurraba mientras caminaban fuera de esa cabaña con sus manos ensangrentadas las pasaba por su rostro como queriendo comprobar que no estaba soñando. Al caminar veían como los sirvientes mal heridos estaban en el suelo quejándose, al menos no habían muerto se sentía un poco aliviado.
—Usted no puede hacer nada sin mi... ¿Qué esperaba? —Con una sonrisa su demonio embelesado le hablaba, Ciel sonreía aunque su cuerpo dolía se sentía feliz por estar de nuevo junto a su amado, cerrando los ojos perdía la conciencia.
—¡Ya despertó! —Emocionado Noah exclamaba cuando Ciel abría lentamente sus ojos, que estaban un poco hinchados por los golpes.
Sebastian se acercaba a abrazarlo, besando sus mejillas sonrojadas no se le despegaba.
—Hasta que al fin despiertas... Ya me estaba preocupando.
Expresaba Mathew con alivio pues habían pasado un par de días desde que Ciel mal herido había llegado al infierno y apenas despertaba.
—¿Cómo están mis bebés? —Ciel les cuestionaba al no verlos cerca.
—Están en su habitación juntos a nuestro bebé. —Mathew le respondía.
El joven se abrazaba a Sebastian, le susurraba al oído sobre el bebé en su interior pues no percibía su pequeña presencia, su demonio le abrazó acariciando su vientre se prestaba a responderle.
—Está ahí solo que por los remedios para no perderlo está dormido, pero sigue vivo. Debes guardar reposo absoluto, de no ser porque has desarrollado tu naturaleza demoníaca ahora estarías muerto, te dieron una buena paliza.
—Es bueno saber que sirvo para recibir palizas y no para darlas... —Murmuró resignado— Mis sirvientes ¿Cómo están?
—Ellos se están recuperando, quedaron bastante heridos pero estarán bien, prometí que cuando estuvieras mejor los irías a visitar —Sebastian sentía que Ciel quería preguntar por alguien más pero no se atrevía— Lo siento pero Claude no sobrevivió...
—Ya veo... —Murmuró Ciel pretendiendo no dar importancia a la noticia.
—Noah... Mathew... ¿Podrían dejarnos solos?
Ante la petición de Sebastian los dos demonios salían de la habitación dejando a la pareja sola, el demonio se recostaba junto a su pequeño lo abrazaba, este igual se refugiaba en su regazo con el mismo afecto.
—Cuánto extrañaba estar así contigo. —Susurraba el mayor sin soltarlo— Al menos sabiendo que estás despierto.
—¿Me abrazaste mientras dormía?
—Claro que si, es inevitable. —Ambos se quedaron en silencio pero no dejando de mostrarse cariñosos con besos y caricias.
—¿No te asquea estar conmigo? —Cuestionó Ciel desviando la mirada se tensaba un poco.
—¿Por qué preguntas eso? No me asqueas, una nueva vida empieza para nosotros a partir de ahora, el pasado quedó atrás.
Ciel se sentía incómodo, algo extraño al saber que había compartido una vida marital con alguien más que no era Sebastian, ahora que entraba en razón se sentía sucio porque su cuerpo había sido deleite de otro, al parecer le llevaría algo de tiempo librarse de esta amarga sensación, de sentirse menos.
—No tienes que cohibirte conmigo en cuanto a tus sentimientos, superaremos esto si lo hablamos. —Le decía al intuir el motivo de su silencio, Ciel solo lo abrazaba aunque no le gustara darle la razón a Sebastian debía hacerlo porque callarse solo complicaría su naciente relación.
Los próximos días fueron de sanación tanto física como emocional para el joven, Sebastian muy enamorado era comprensivo y paciente en este proceso junto con sus cambios complicados por el embarazo. Pasaron varías semanas, Ciel en reposo con su vientre abultado trataba de cuidar a sus hijos, los que Noah se los llevaba a la cama para que los atendiera.
—Yo aún me siento tonto por pensar mal de ti, creí que estabas enamorado de Claude. Lamento mi desconfianza —Noah apenado le decía, a diario lo venía haciendo cuando se enteró de la verdad.
—Tsk... Ya deja de lamentarte ya te perdoné, además todo ese plan fue estúpido ni siquiera pude ejecutarlo.
—Pero Claude se lo creyó porque al final se enamoró de ti... —Insinuaba Noah con una traviesa sonrisa— Te amó tanto que dio su vida por ti y creo que de haber sobrevivido te hubiera dejado el camino libre para que volvieras con Sebastian ¿No lo crees?
Ciel desviaba la mirada porque era un poco penoso admitir que era capaz de despertar esas pasiones, todo era una farsa pero ¿Hasta que nivel lo fue en realidad? Noah intuía que su amigo algo se guardaba al notar su silencio.
—Ya te conté como mi papá se puso cuando vio a los bebés... Se emocionó mucho hizo esta cara —El joven cambiaba de tema y para hacer reír a Ciel remedaba el gesto de Sebastian—
Bueno todos nos alegramos cuando nos enteremos que los dos bebés son de mi padre.
—Si... Yo también me alegré cuando me di cuenta... No quiero nada que me recuerde a Claude. —Decía resignado Ciel con una vaga sonrisa, eso sería Claude un recuerdo agridulce, aunque más amargo que dulce.
—¿Estás seguro que quieres hacerlo? —En la noche susurraba Sebastian al oído de su pequeño amo que sonrojado le pedía un poco de placer cuando estaban en la intimidad de su habitación.
—Necesitamos pasar la prueba final de todo este proceso. ¿No?
—Pero el bebé... No quiero lastimarlo, que tal si lo golpeó y te lo hago escupir por la boca.
—No digas estupideces... —Conteniendo la risa, Ciel lo regañaba— Te amo porque eres muy estúpido ¿Eso me hace estúpido?
—No cariño... Eso te hace admirable...
Ambos sonreían, el joven demonio entendía el vínculo especial que tenía con Sebastian, con él era tan fácil hablar y sonreír, amar y ser feliz, podía mostrarse tal cual sin reprimirse.
Ciel bajaba su ropa interior, de espaldas a él se apegaba a su cuerpo para provocarlo, el roce de su trasero a su entrepierna estaba funcionando porque Sebastian jadeaba sutil mientras besaba su cuello y repartía caricias en ese frágil cuerpo ansioso por sentirlo.
—Lo meteré despacio... Algo de masaje anal no te hará daño creo que te hará bien ¿No?
—¿Masaje anal? Eres un tonto... —Entre excitado y divertido le decía en un murmullo, sentía como era penetrado lentamente pero no por eso menos excitante.
El tenue vaivén de caderas de los amantes los sumergía en una oleada de placer que habían extrañado tanto. Entre gemidos y besos volvían a unir sus cuerpos, aferrados uno al otro volvían a pertenecerse.
—Creí que les había advertido sobre no tener sexo. —Les regañaba Mathew al día siguiente cuando Ciel estaba a punto de parir.
—Es por culpa de Sebastian y sus estúpidos masajes anales. —Murmuraba sonrojado Ciel sintiendo como el bebé se movía con fuerza por salir.
—Oye yo no quería, tú me obligaste.
—¡Cállate!
Noah sonreía ante la divertida discusión, Ciel minutos después caía en un profundo sueño sabía que al despertar estaría con su bebé, quizás uno que fue concebido en medio de la desesperación pero no por eso era menos especial ni sería menos amado.
Pasaron varios días, Ciel con buena salud y mejores ánimos como había prometido volvería a su mundo para visitar a sus fieles sirvientes, junto a toda su familia.
—Owww el joven amo tiene muchos bebés... —Emocionada Meyrin hablaba cuando veía como su amo en sus brazos cargaba un bebé más pequeño que los demás.
—Y los que nos faltan. —Sebastian acotaba con una sonrisa cargando a sus gemelos que estaban un poco más grandes.
—Solo nos quedaremos con estos... No tendremos más, no somos conejos... —Ciel le regañaba mientras era recibido por sus animosos sirvientes que estaban también recuperados.
—Bueno si tienen más y no los quieren yo con gusto acepto uno... Son tan lindos. —Decia ella toda emocionada saludando a los juguetones bebés.
—Yo también quiero uno... —Pedía emocionado Finny con una sonrisa.
—¡No son mascotas para estar regalando!
Les regañaba su amo, pasaron unas horas con ellos, Ciel no dejaba de agradecerles su fidelidad porque mantuvieron su promesa de protegerlo aun cuando no se habían visto por meses. Sus sirvientes se emocionaron por la gratitud de su amo, nada les hacia más feliz que eso.
La familia de demonios regresaba al infierno después de su visita, Sebastian jugaba con sus bebés mientras caminaban por el sendero que los llevaba al umbral del infierno.
Ciel lo miraba de reojo, unas lágrimas rodaban por sus mejillas.
—¿Qué sucede Ciel? ¿Estás triste por qué no te cargo a ti también?
—No es eso, idiota... —Murmuró molesto— Es solo que... Me alegra que me hayas perdonado.
—Te amo... Perdonar es parte de amar aunque creo que después de todo no tenía nada que perdonarte.
El demonio detenía su andar, veía como se acomodaba para cargar a todos, aunque Ciel se negaba a ser llevado así pero al final lo aceptó. Todos siendo cargados por Sebastian llegaban al infierno a paso lento, era como un paseo familiar sentían el frío rozar sus pieles y esos pétalos monocromos envolverlos. El joven demonio miraba a su bebé más pequeño, esos enormes ojos color dorado que lo miraban amoroso.
—Él es mi hijo también, hay vínculos más fuertes que la sangre por eso no hay nada que perdonarte.
Ciel esbozaba una nostálgica sonrisa, se abrazaba a su amado demonio, era admirable su posición entonces supo que su amor era verdadero, al aceptar en sus vidas a ese niño que era fruto de su relación con Claude, le conmovía en gran manera.
—Se puede decir que ambos tenemos recuerdos de nuestros fallidos matrimonios, es lo único bueno que se podría rescatar de esas uniones.
—Al menos me alegra saber que mi esposo cambió para bien, el tuyo no, era un maniático.
—Querido Ciel ¿Me vas a presumir a tu primer esposo? Que cruel eres... Quizás soy mala influencia por eso no deberías casarte conmigo que tal si te vuelves malo.
La pareja hablaba entretenida en su caminata, sus pequeños quietos solo los escuchaban.
—¿Ya no quieres casarte conmigo?
—Claro que si... Solo va la advertencia de que a mi lado sacas tu lado malvado.
—Yo soy malvado —Ciel le aclaraba divertido.
—Solo falta que pase el tiempo estipulado para casarnos. Esperemos que este segundo matrimonio mutuo sea el definitivo.
—Será definitivo, será por la eternidad...
Susurró Ciel robándose un beso de esos labios que amaba tanto besar, que diferente era su vida, la diferencia de como entró al infierno unos meses atrás cuando su pacto salió todo mal. Siendo cargado por su demonio mayordomo que en ese momento lo despreciaba pero ahora estaban enamorados y con unos hijos a quienes debían cuidar. Esbozando una sonrisa se sentía satisfecho con su nueva vida no le molestaba para nada pasar toda la eternidad de esta dulce manera. Después de todo el suplicio vivido era momento de volver a saborear la felicidad.
—Sebastian, se mi amante compañero por la eternidad...
Susurró el joven demonio entonces en el viento un "Si, mi amado señor" resonaba dulcemente mientras sus miradas destellaban en el refulgor carmesí que su amor infernal incitaba.
Un nuevo pacto eterno se formaba entre dos demonios que contra su naturaleza cayeron en el ambiguo abismo del amor
Un nuevo pacto eterno se formaba entre dos demonios que contra su naturaleza cayeron en el ambiguo abismo del amor
Muchas gracias por haber llegado a leer el final de esta historia (#^.^#) me alegro a quienes estuvieron desde el comienzo hasta el fin espero haya sido de su agrado toda la historia, cualquier duda que haya quedado al aire me la hacen saber. Agradezco su apoyo es un gusto escribir estas historias y una gran alegría el terminarlas :')
Besos!
