Caricias II

Lana observaba aquellos rizos entre sus dedos. Dudaba si ella los acariciaba o eran ellos los que acariciaban su mano. Jenn reposaba con los ojos cerrados sobre sus piernas, en una postura intima que necesitaba una cercanía completamente diferente. Y es que todo el día, desde las 5 de la tarde, la cercanía de ellas dos había prosperado a nuevas dimensiones. Quizás como corolario de la última noche que compartieron en aquel trocito del cielo que era de Jenn y que ahora les pertenecía a las dos.

La tarde y la llegada de Ava y Jenn comenzaron diferente. Ava para empezar entró corriendo y ladrando feliz al interior de su casa, pasando de Lana y yendo directa a Lola quién también estuvo más que entusiasta de verla. Y cuando Lana se giró sonriendo a expresar su fingido disgusto por ser rechazada, tropezó con los brazos de Jenn que se cerraron a su alrededor. Se habían abrazado en la noche anterior y ahora ese límite no tenía por qué regresar. Al menos eso pensaba Jenn aparentemente y al cabo de los primeros 2 segundos de tensión, la propia Lana se relajó y acordó en silencio que un abrazo de bienvenida no era una mala opción.

-¿Cómo estás, Lana? – fue la forma que escogió Jennifer para saludar después de separarse.

-Bien, Jenn, ¿y tú? – preguntó – bien aunque un poco rechazada, ha pasado de mí – dijo señalando a la mascota de la rubia.

-Lo sé, cuando ha visto que veníamos aquí comenzó entusiasmarse – explicó Jennifer – fue bajar del coche y casi no puedo sostenerla, tuve que soltarla aquí frente a la puerta.

-Parece que Lola es buena anfitriona después de todo – expresó Lana quién por fin consiguió algo de atención de Ava y de dedicó a acariciarla un poco.

-Se parece a su dueña, al parecer – indicó Jenn aprovechando para saludar a Lola – hola Lolita bonita – dijo en un apretado intento de español.

Lana se sonrió - ¿y eso? ¿Desde cuando eres hispano-parlante?

-Desde que esta hermosura ha llegado a mi vida – comentó y luego agregó – bueno, ya sabes que no es el primer contacto que tengo con el español y aunque mi acento es nefasto, cierta señorita se merece todo mi esfuerzo – acarició más decididamente a Lola y Lana sonrió.

-No es tan malo tu acento – contestó finalmente – sólo es que no hablas lo suficiente, al igual que yo.

-Ya – Jenn se puso de pie - ¿estás bien entonces?

-Ya te dije que si – insistió Lana – en verdad.

Lo cierto es que la noche con Jenn había servido para quitarse mucha carga de los hombros y la morena se sentía especialmente liviana después de eso. Menos dolida, más en camino a pasar página. Jennifer la había alentado lo suficiente a buscarle lo positivo a las cosas que sucedían. El hecho de que tuviera la entereza para confesarle que había dejado de hablarle al casarse por no sentirse cómoda, le había dado una pauta extra para entender que su divorcio había traído más que un par de cosas positivas. Le había dado una segunda oportunidad con alguien a quién apreciaba en el pasado.

Y que elogiará su trabajo y su talento, más señalarle lo dura que puede ser la industria, habían hecho que tumbará de un plumazo sus dudas sobre si era alguien que valía para actriz. Esa mañana había llamado a su agente y organizado su agenda sin preocuparse de qué le depararía el destino. Incluso, su agente le había mencionado que la notaba mucho mejor. Ella sólo dijo que una amiga le había dado razones para creer que las cosas pasan por una razón y cuando tocan. Su agente estuvo de acuerdo.

Salió al mercado temprano y buscó lo mejor para una cena compartida. Tenía la intención de invitar a Jennifer desde que se despertó, en poco se marcharía a Italia y sus posibilidades de verla serían nulas, a excepción de los días de mutua visita. Los cuales eran pocos. No eran suficiente, hoy lo tenía claro, necesitaba más. Siempre pensando en cuidar de la rubia compró los ingredientes más sanos que pudo encontrar y se detuvo a por el postre en una pastelería del vecindario. Cuando le propuso venir tenía casi todo preparado, aún cuando no supiera si la respuesta era favorable. Lo que no esperaba era que Jenn manifestará deseos de tomar el lugar de Ava en sus caricias, pero jugando se había comprometido a dedicarle sus atenciones. Porque hablaba en serio, ¿no? Igual solo la estaba molestando para mofarse de ella. Sería algo propio de Jenn.

Ahora, con la rubia en casa, lo único que podía pensar era en tratar de mostrarse natural.

-¿Un Martini Royal? ¿Te apetece?

Jenn asintió – claro, no sabía que también tenías habilidades preparando cocteles – dijo cuando la vio tomando la coctelera.

-Tengo muchas más habilidades que no conoces, Jenn – le respondió guiñándole el ojo.

-Que interesante – Jenn sonrió de medio lado - ¿crees que podré conocerlas todas alguna vez? – soltó.

-¿Segura que quieres conocerlas todas? – la rubia asintió y ambas se rieron – no la tenía a usted tan aventurera, Señorita Morrison.

-¿Qué puedo decir? Soy una caja de sorpresas – Lana le dio su coctel a Jenn y esta lo probó mostrándose agradada con el sabor – que sabroso, tendré que recomendarte con Anthony.

-No me molestaría trabajar allí – aseguró Lana -, pero me despediría por distraerme con los libros.

-Posiblemente – estuvo de acuerdo la rubia - ¿brindamos?

Lana se cuadró de hombro – brindamos cada vez que nos vemos, así que ¿por qué no? – acercó su copa a la de Jenn - ¿por qué brindamos?

-Por el mejor Martini Royal que he bebido en mi vida – Jennifer chocó su copa con la de ella.

-Eso que aún no has probado la quiché que acabo de preparar – replicó la morena.

-¡Quiché! Creo que tengo que contratarte como mi cocinera personal, Lana – dijo Jennifer de manera determinada.

-No te alcanzaría el dinero para pagarme – le aseguró la otra mujer y vio como Jenn hizo una mueca de picardía antes de acotar.

-Creo que encontraría como pagarte satisfactoriamente.

Se quedaron en silencio un momento, las dos mirándose antes de que Jennifer estallará en una risa que relajó el ambiente.

-Tendrías que ver tu cara, ahora mismo – le dijo la rubia.

-Eres de lo peor.

-Y así te gusto.

-Asumes mucho tú, ¿no? – Lana sonrió de medio lado y la instó a salir al balcón – ven, trae tu copa, cuando el sol cae se ve precioso desde aquí.

Se sentaron en silencio a ver la puesta de sol. Jenn pensando en algo que Lana no podía saber, ella en lo equivocada que estaba Jennifer si pensaba que se había sentido incomoda por la insinuación sobre su pago. Tenía que reconocer que no era incomodidad lo que había sentido, solo ansiedad. Quería entender si Jenn sólo bromeaba o escondía alguna verdad detrás de esas tonterías que soltaba, detrás de las insinuaciones jocosas. No lo preguntaría, pero quería saberlo.

Ava se acercó a ella y, cumpliendo su compromiso, Lana la alzó a su falda y la acarició mientras le detallaba a Jenn sus planes de viaje.

-Creo que es estupendo que quieras explorar todo el país – comentó la rubia mientras bebía otro sorbo de su Martini – es decir, Italia es precioso, tiene sitios que son una maravilla como el Lago de Como o Venecia, Florencia – comenzó a numerar – creo que cambiar de aire un tiempo, salir de lo mismo te enchufa de nueva energía, es una buena idea que te tomes este mes.

-Es casi un mes, no llega, pero tienes razón – Lana sopesó un momento en silencio – además, Europa tiene la particularidad de que se llega a todos lados relativamente rápido, podría hacer más que sólo recorrer Italia, podría ir a Grecia, está prácticamente al lado.

-O a Francia, aunque creo que hemos estado bastante por allí, ¿no?

Lana sonrió – sí, yo voy casi cada año, ¿tú? ¿Sigues yendo? – preguntó.

-Menos, pero también voy normalmente – luego añadió – mi agente dice que somos las más solicitadas en convenciones y eventos.

-Sí, lo sé – Lana hizo una mueca de curiosidad – tu agente te habla mucho de mí, ¿no?

Jennifer se río audiblemente – realmente no, sólo te ha mencionado las dos veces que te he dicho, pero he de reconocer que le caes mejor que el resto de los actores, a ellos no los ha mencionado nunca.

-Bueno, eso quiere decir que si se filtra que volvimos a pasar tiempo juntas no te dirá que no soy buena para tu carrera cuando los fans enloquezcan.

-Como si me importaría su opinión – argumentó Jenn.

-¿No le harías caso a tu agente si te dijera que es mejor dejar de contactarme? Se supone que es quién sabe que es mejor para tu carrera – inquirió Lana interesada en la reacción de su amiga.

-Exacto, mi carrera, esto es mi vida personal y sólo yo sé lo que es mejor para mí – levantó la copa y Lana la chocó con la suya sonriendo de medio lado.

La morena no pudo evitar morderse el labio de lo exageramente feliz que se sentía. Sentía que sus pulmones querían tomar más aire del apropiado y tuvo que tragar saliva para contener sus emociones. Que Jenn tuviera tan claro que su vida estaba mejor con ella que sin ella era mucho más de lo que pudiera procesar. Se la quedó mirando un segundo sin decir una palabra.

-¿Qué es lo que tanto te impresiona, Lana? – quiso saber Jenn - ¿qué me da igual lo que digan o qué piense que tú vales tanto?

-Lo siento, es solo que siempre he pensado que te incomodaba que se inventarán toda clase de historias sobre nosotras y sé que amas tu profesión – explicó – así que oírte decir que rehusarías a un consejo de tu agente me ha llamado la atención.

-¿Tú aceptarías que tu agente te dijera que no te conviene verme? – Lana negó con la cabeza – pues entonces ¿por qué me crees diferente a ti? – Jenn suspiró notando que la morena se mantenía en silencio – es porque me alejé de ti – bufó – vale, supongo que me lo merezco.

Lana se sintió fatal al ver como la mueca, habitualmente dulce y alegre de Jenn, se volvía amarga. No pudo evitar que sus manos se acercaran solas al rostro de la rubia – ey, no, no digas eso, lo siento, Jenn, no era lo que quería decir – se disculpó.

-No me alejé de ti por mi carrera, nunca habría hecho eso.

-Lo sé, perdóname si te di a entender eso -, pero parecía que Jenn no la escuchaba.

-¿Nunca vas a volver a confiar en mí? – le preguntó la rubia mirándola profundamente.

Lana suspiró – por Dios, Jenn, lo hago, claro que confió en ti, mírame – señaló alrededor – estas en mi casa, compartiendo mi mundo, te he contado cosas que ni siquiera le he confiado a mi madre, ¿crees que no confío en ti, realmente?

-Pero no esperas lo mejor de mí, esperas lo peor – retrucó Jenn.

-No, descubro lo mejor de ti – Lana la observó tratando de tranquilizarla – no estoy esperando nada malo de ti porque no espero nada, pero cada vez que abres la boca o que haces algo me muestras una Jennifer que yo no conocía.

La mirada de la rubia se suavizó – nunca pienses que renegaría de ti por mi carrera, soy celosa de mi intimidad y por eso no publico abiertamente que hemos vuelto a hablar, pero yo jamás dejaría que alguien dijera que no debería verte.

Lana sonrió – lo sé, ni yo.

-Vale, lo siento, me he puesto un poco vehemente – Jennifer sonrió un momento – es que no me gusta que pienses que no te valoro.

-Y no lo pienso, te lo dije ya, nadie se preocupa de mí como tú – Lana sonrió de medio lado contagiándose de Jenn – ven, es hora de cenar, nos hace falta.

Volvieron al interior de la casa y se sentaron a la mesa. Lana reveló su elaborada cena y Jenn aseguró que le costaría mucho pagar por sus servicios de cocinera, haciendo que la morena le diera un golpe en el hombro. Lana trató de no pensar en qué clase de pagos eran los que Jenn estaba cotejando para pagar, trato de no pensar mal sobre todo o al menos de no pensar mucho. Últimamente, sentía que su mente jugaba con ella misma, tejiendo ideas que eran nuevas sobre ella y Jenn. Por eso las reprimía todo lo que podía.

-¿Vemos una peli? – preguntó Lana cuando estaban terminando de cenar.

-Vale, ¿qué peli?

-La que te apetezca a ti, eres la invitada.

-Yo quiero ver Wonder Woman – dijo entonces Jenn.

-Oh, Gal Gadot, ¿quién pudiera resistirse? – admitió Lana.

Acabaron de cenar y se sentaron a ver a esta hermosa mujer morena combatir con sus hermanas amazonas contra las fuerzas de los nazis que llegaron allí casi por casualidad. Lana no pudo evitar pensar lo muy a gusto que se sentía al estar en una situación tan rutinaria con Jennifer.

-¿DC o Marvel? – preguntó a mitad de la película para atraer la atención de la su compañera.

-¿Por qué elegir si podemos tener lo mejor de ambos mundos?

-No seas aburrida y contesta – le recriminó la morena.

-Bueno, supongo que Marvel, las películas me gustan más, aunque DC tiene a Wonder Woman que me encanta, por ejemplo – se rascó la frente y agregó – y yo doblo a Selina Kyle en su nueva animación, aunque hace unos años doble a La Avispa en una animación para Marvel – hizo una mueca de reflexión – no sabría que decirte, pero supongo que Marvel más.

Lana se río – no saldrá de estas cuatro paredes.

-¿Y tú? – quiso saber Jenn.

-DC, amo a Batman – aseguró rápidamente la morena – es mi favorito.

-¿Y ya?

-Sí, es cierto que me gustan las películas de Marvel, sería tonto no decir que Stan Lee fue un absoluto genio.

-¿Algún súper héroe que te llame la atención de Marvel?

-Tony Stark – aventuró la morena -, pero lo mejor de Marvel a mi manera de ver es lo bien que tratan a las mujeres, mejor que DC al menos por ahora – comentó – a DC le falta mayor representación, Marvel tiene a Capitana Marvel y Brie lo hace perfecto.

-Lo sé, no olvidemos a las chicas de Guardianes o a Viuda Negra y La Avispa de mi querida Evangeline – estuvo de acuerdo Jennifer – Wonder Woman es como el gran símbolo entre los súper héroes, pero ahí se quedaron.

-Sí.

-O sea que en realidad sí que te cae mejor Marvel – estableció Jennifer sacándole la lengua Lana y haciendo que esta meneará la cabeza – no saldrá de estas paredes tampoco.

Siguieron mirando la película luego de esa conversación. Tomó unos segundos, pero de repente Lana se vio levantando la mano y acercándola a la cabeza de Jenn. Sus dedos se colaron entre aquellos brillantes mechones de cabello y se sintió temblar al notar como Jenn se tensionó un segundo. La vio pestañear rápidamente sin dejar de mirar la película y luego suspiró profundamente antes de relajarse a su toque. ¿Cuándo fue que ella era tan aventurada como para romper sus propios límites? Jenn suspiró más audiblemente y las yemas de los dedos de Lana percibieron la vibración. Poco a poco, la rubia fue inclinando la cabeza y dejándose hacer.

Contrario a lo que pudiera pensarse, Lana no se sentía apenada para nada. Se sentía bien. Se sentía relajada. Ver a Jennifer inclinar más la cabeza la hizo sentir más audaz.

-Ven aquí – le indicó señalando sus rodillas – apóyate, estarás más cómoda.

Jenn no dijo nada, pero no se negó y con un suspiro se acomodó en sus piernas observando la pantalla. Lana continuó acariciando su cabeza. Sintiéndose acariciada por la suavidad del cabello de Jenn. El perfume que desprendía su pelo le llegaba a borbotones a medida que pasaba sus dedos. Se sentía casi hipnotizada por esta situación que distaba mucho de una amistad habitual. No era algo tan común entre amigas este tipo de cercanía, ¿o sí? Notó como Jenn comenzaba a respirar más suavemente. ¿En verdad se quedaba dormida cuando la acariciaban así? ¿Para qué iba a mentir? Ella podría quedarse dormida haciendo esto mismo. Gal Gadot quedó olvidada porque a Lana le pareció mucho más atractivo mirar a Jennifer tan serena. Tan sosegada. ¿Ella había causado eso? Tenía que reconocer que verla descansar suavemente era en verdad encantador. Jenn tenía razón.

Tenía razón en muchas cosas. Mirarla dormida en su regazo era una confesión silenciosa de que Jennifer confiaba tanto en ella como para dejarse llevar por el sueño, con la seguridad de estar a salvo con Lana. Aunque Jenn era una persona conocida por sus siestas, solía taparse para dormir cuando no estaba en su casa. Se tapaba con un abrigo o lo que encontrará. Respondía a una necesidad física, ya que al dormir el cuerpo desciende de temperatura, pero también podía ser una forma de crear una barrera de defensa. Como un sistema de invulnerabilidad, algo que al parecer no necesitaba con ella porque bastaron unos minutos de sus dedos enredados en el cabello de la rubia para quedarse dormida. Aunque Jenn asegurará que podía suceder, entre que pasará y que no había mucha fuerza de voluntad que su amiga no estuvo dispuesta a utilizar. Esa era la clase de confianza que le brindaba. No se sentía vulnerable con ella.

Lana se detuvo un momento en la respiración de la mujer. En su hombro subiendo y bajando, en su piel. La piel que iba justo entre el cuello y el hombro. Había algo hipnótico en esos poros relajados, en su movimiento en vaivén. Se encontró a si misma lamiendo sus labios y tragando saliva. Levantó la mano libre y pasó un dedo todo a lo largo desde el cuello hasta el hombro, superando la barrera de la pequeña pieza de ropa que sostenía blusa de la rubia a su hombro. Dibujó un círculo al llegar a este, primero en contra de las agujas del reloj y luego a favor. Volver el tiempo hacia atrás no era posible, pero podía aceptar lo que venía adelante. Podía aceptarlo. Podía vivir con ello. Giró sus dedos con el reloj nuevamente y volvió hasta el cuello del Jenn.

Los poros de la piel que tocaba se inquietaron y ella observó un instante a Jennifer que no se movió. La caricia que ejercía con su otra mano en el cabello de Jenn se volvió un poco más intensa a medida que notaba como sus labios demandaban sentir aunque no fuera apropiado. No era apropiado, pero podía aceptarlo. Quería aceptarlo. Respiró cortadamente dejándose llevar. Podía vivir con ello, quería vivir con ello. Quería sentir en sus labios la sensación de la piel de Jennifer. Y lo hizo. Justo en el hueco entre su cuello y su hombro, apoyó dulcemente su boca y la besó. Besó a Jenn instintivamente y cerró los ojos mientras lo hacía. Sus labios cosquillearon allí donde tocaban haciendo que su cuerpo flotará unos instantes. Olvidó todo, su mano en el cabello de la rubia se cerró un segundo apretadamente, como si quisiera mantener el momento vivo por mayor tiempo.

Se echó hacia atrás y el cuerpo de Jenn moviéndose la volvió a la realidad. La rubia abrió los ojos pestañeando muy lento. Carraspeó – me he quedado dormida – anunció.

Lana sintió que había hecho algo imperdonable, que tenía que salir de allí cuánto antes – sí, sí – dijo apresuradamente – creo que Gal Gadot no ha surtido efecto hoy.

-Yo creo que no ha sido culpa de Gal Gadot – aventuró Jenn con una sonrisa ligero.

-¿Podrías – Lana tuvo que carraspear para que su voz se suavizará – podrías dejarme ir a lavabo, Jenn?

Jennifer entonces terminó de despertar – oh, lo siento, yo aquí inmovilizándote con la tontería – se hizo a un lado. Lana tardó medio segundo en estar de pie y marcharse al lavabo de invitados de su casa.

Antes de entrar dijo para tranquilizar a Jenn – no te preocupes, ha sido un placer – sonrió automáticamente y cerró la puerta tras ella.

Apoyó las manos en la pila y bufó. ¿Qué pasaba con ella? ¿Cómo se había atrevido a besar a Jenn de esa manera? ¿Y por qué solo se avergonzaba de haberle robado ese beso y no de haberlo querido en primer lugar? La había conseguido despertar con su osadía, pero, al parecer, Jenn no recordaba nada. Por suerte, se dijo. Por suerte se había separado justo a tiempo. ¿Cómo se lo hubiera explicado si la pillaba? ¿Cómo le hubiera explicado que le resultaba atractiva como para querer sentir su piel en los labios? No, no, había tenido suerte.

Fuera, Jennifer miraba los créditos de la película y su mano se apoyó en el punto que le quemaba justo a un lado de su cuello. Desde el mismo momento en que Lana acarició con su dedo la piel de su hombro ella despertó, pero no pudo moverse. Se quedó quieta esperando a ver que le deparaba aquella improvisaba invasión y el resultado fue mucho mayor de lo que esperaba. Cuando sintió como el aliento de Lana abrasaba su piel, todo su cuerpo se estremeció y tuvo que hacer un esfuerzo particular para no tener un espasmo evidente. Cuando sintió los labios de la morena todo su ser se estremeció hormigueando. Tenía que mirarla, tenía que ver lo que guardaban sus ojos. Conocer que pensaba, que quería. Lana tenía los ojos cerrados al mirarla la primera vez, pero cuando pestañeó ya los tenía abiertos y clavados en los suyos. Casi aterrada. Jenn supo que debía ocultar lo que sabía, lo que había vivido. Lana ya parecía demasiado abrumada para tener que lidiar también con las dudas de Jenn. Puede que no tuviera una respuesta ni siquiera ella misma. Fingió no recordarlo y siguió fingiendo todo el tiempo que se quedó con Lana. Sólo se marchó cuando volvieron a bromear de nuevo, deseándole con un abrazo un feliz viaje.

En su coche y regresando a casa llegó a la conclusión que en algún momento se lo contaría. Cuando llegará el momento oportuno, le revelaría que había sentido su beso y que no la había dejado indiferente.

Buenooooo y ¿qué les ha parecido esto?