Los personajes de Kingdom Hearts y Fire Emblem: Three Houses no me pertenecen, sus dueños son Disney, Square Enix y Nintendo.
CAPITULO 30 – CAMPANAS DE BODA
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EN LAS MONTAÑAS DE LAS AFUERAS DEL MONASTERIO
Lejos de la academia de oficiales, se encontraba el grupo de Xehanort parado sobre cada una de las puntas rocosas de la montaña.
— Esos mugrosos lograron salir de las tinieblas… ¡Los odio! —masculló Kronya enfurecida por esa humillación.
— No te desesperes, Kronya, esa gente tendrá su merecido. —dijo Thales mostrándose optimista. —La próxima vez que se metan con nosotros… Les daremos una lección que no olvidarán jamas.
— No cabe duda que esos dos ilusos se fortalecieron. —comentó Rhea dando su honesta opinión. — Me pregunto de dónde sacaron tanto poder para salir de esa desesperación.
— Quizás porque ese mocoso y la maestra han formado un fuerte lazo entre ellos… —el joven Xehanort sacaba su teoría.
— Podria ser… —afirmó la 'arzobispa' las palabras del peliblanco, para luego mostrar sus ojos en colores amarillentos y una faceta malvada. — Buen trabajo, par ilusos… Hicieron bien en usar la cabeza… Ya verán cuando los ponga en juicio, no podrán salir vivos de esta…
— Rhea, eres una mujer diabólica. —Kronya le hacía un cumplido.
— Para eso somos, para hacerles la vida imposible al idiota de Sora y a sus amigotes. —respondió la peliverde clara mostrando malicia. —No tengo dudas de que tendremos más miembros para sembrar terror y violencia en todo Fódlan.
Los demás miembros estaban de acuerdo con las palabras de Rhea, aunque reconocían que debían esperar el momento indicado para realizar sus grandes artimañas.
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AILELL, EL VALLE DEL TORMENTO
El grupo de Sora se dirigió al valle de lava para investigar a ese supuesto pretendiente de Ingrid, aunque Dorothea no dejaba de hablar pestes sobre ese hombre.
— Cuanto más sabemos de este hombre, más patente queda que es un monstruo. —dijo la pelicafé dedicando cuantas palabras ofensivas hacia ese tipo. — ¡Lo último que quisiera para mi Ingrid!
— Eso es innegable, sí. —afirmaba la mencionada, pero llegó a tener un mal presentimiento. — Será mejor que volvamos al monasterio.
Con la incertidumbre encima de todos, se disponían a regresar cuando fueron emboscados por unos cuantos rufianes que aparecieron de la nada frente a ellos.
— ¡Quietos ahí, mocosas! —los llamó uno de los rufianes. — ¡Traigan aquí a la chica!
— No te referías a mi… —intuyó Ingrid comenzando a percatarse del problema. — Un segundo… ¿Los ha enviado él?
— Ese imbécil pretende capturar Ingrid antes de que las cosas se pongan feas. —expuso Dorothea advirtiendo a su grupo. — Ahora que ya sabemos quién es, querrá deshacerse de nosotros para no dejar rastros.
— ¿Con que capturarla y obligarla a casarse, eh? —Sora comprendía las palabras de su amiga. — No podemos permitir que le ponga las manos encima a Ingrid. ¡Vamos, deprisa!
— ¡Protejan a Ingrid! ¡No dejen que nadie se le acerque! —indicó Dorothea pidiéndoles que defendieran a la chica.
— Sora, Riku, Felix, Ashe, muchachos, ustedes encárguense de cubrir nuestra retaguardia. —comandó Beres preparando su arma para pelear.
— ¡No escaparás, mocosa! —exclamó uno de los rufianes cargando hacia el grupo, solo para ser abatido por el peliblanco.
Fue entonces cuando emprendieron el escape protegiendo a la futura mujer caballero pasando sobre cada uno de los rufianes que los perseguían por todas partes.
Sora y los demás hombres abatieron a los rufianes más duros y difíciles de vencer, mientras que las chicas hacían lo propio con los demás rufianes que les pisaban los talones.
— ¡Maldicion! ¡No se rinden! —masculló Ferdinand fastidiado al ver que estaban siendo superados en número.
— No por mucho. —dijo Annette antes de lanzar el hechizo de Cortada de gale, llegando a abatir a unos cuantos.
Y así el grupo continuaba con su travesía por el mar de la lava, casi conseguían salir de ella cuando de pronto aparecieron más rufianes con el propósito de secuestrarla.
— ¿Asi que habían enemigos escondidos aquí? —dijo Ingrid molesta. — ¡Ya están empezando a cansarme!
— ¡Dennos a esa chica y nadie saldrá herido, niños mugrosos! —les exigió uno de los rufianes desafiante.
— ¡Tendrán que pasar sobre nuestros cadáveres! —respondió Sora de vuelta, dispuesto a darles su merecido.
Y así, junto a sus compañeros de batalla, luchó contra los demás rufianes protegiendo a Ingrid, quien también hacia de su parte en abatir a otros más junto a sus compañeras.
Sora realizó la técnica Strike Raid lanzando la llave espada hacia uno de los rufianes que cobardemente intentaba agarrar a Ingrid por atrás.
— ¡No te vas a llevar a Ingrid, iluso! —exclamó el portador de la llave espada mientras lanzaba su espada una y otra vez hasta dar el golpe final que acabó mandando a ese rufián a la lava.
— ¡Sora, eres increíble! —expresó la rubia sorprendida por la técnica que el chico acababa de hacer.
— Gracias, ese tipo te iba a agarrar por la espalda. —explicó el mencionado sus motivos para hacer esa acción.
— Ya veo, en verdad eres un hombre justo que hace lo que crea correcto. —comentó Ingrid dándole elogios.
Fue así como lograron vencer a todos sus adversarios y encontrar la salida para poder escapar del lugar y evitar así más emboscadas.
— ¡Por fin los hemos derrotado! —dijo Ingrid satisfecha con los resultados. — Siento haberles causado problemas.
— Por favor. Por ti estoy dispuesta a pasar por el doble de dificultades. ¿Estás bien? ¿Te han hecho daño? —comentó Dorothea haciéndole ver que eso era lo del menos, además de preguntarle por su integridad física.
— No, no, estoy bien. Gracias, Dorothea, y a ti Sora por haberme defendido. —agradeció Ingrid sonriendo aliviada.
— De nada, para eso estamos, Ingrid. —respondió el mencionado sonrojado y derretido por la dulce voz de su amiga.
— Debo contarle a mi padre lo sucedido. — declaró la futura mujer caballero tomando la iniciativa.
— Me pregunto qué le irá a responder a Ingrid. —dijo Ashe teniendo la incertidumbre de lo que se dirían ambos.
— Creo que lo sabremos más tarde en el monasterio. —finalizó Felix en el mismo estado.
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ACADEMIA DE OFICIALES – CAFETERIA
Después de abatir a los rufianes que fueron enviados por el pretendiente, Sora y todo el grupo regresó al monasterio llegando a la cafetería satisfechos por sus acciones.
— Hola, Ingrid, me alegro de verte. —la saludó Dorothea alegre viéndola llegar. — ¿Has hablado con tu padre?
— Si, acabo de volver al monasterio hace poco. —respondió la rubia.
— ¿Qué paso con la propuesta? —preguntó Riku por el asunto de la boda.
— Cuando le conté la verdad sobre el pretendiente, la rechazó de plano. —comentó Ingrid al respecto. —Tener vínculo con un individuo como ese arruinaría el buen nombre de nuestra familia, por muy elevada que sea la dote.
— Me alegra oír que hayas tomado la iniciativa, Ingrid. —la elogió Beres feliz por su voluntad.
— Menos mal. Me alegra que todo haya salido bien. —secundó Dorothea de igual manera.
— Dorothea, profe, Riku, Sora… Muchísimas gracias. —les agradeció Ingrid haciendo una reverencia aunque muy en el fondo estaba profundamente agradecida con Sora por haberla protegido.
— Era importante ayudarte, Ingrid. —dijo Sora haciéndole ver que era una persona importante para ellos.
— No podíamos quedarnos de brazos cruzados y dejar que te casaras con un monstruo. —declaró Dorothea de igual manera. —Nunca dejaría que mi querida Ingrid se fuera con un idiota que solo quiere su emblema.
— ¿Es que ahora soy tuya? —cuestionó la mencionada sonrojada y sorprendida por la declaración. — Este… Dorothea… A lo mejor resulta un poco raro, considerando su procedencia, pero… acepta esto.
El objeto que Ingrid le daba a Dorothea era un anillo, un anillo de compromiso o era lo que ellos creían.
— ¿No es esa una propuesta…? —intuyó Beres curiosa junto a los demás.
— Oh, Ingrid… Claro que lo acepto. —expresó la pelicafé feliz por recibir el anillo. —Estaremos juntas para siempre.
— ¡No-no me tomes el pelo, Dorothea! Es un gesto sincero. —titubeó Ingrid dándole a entender que no era como ella pensaba, que solo lo hacía como su forma de agradecerles, no porque estaba enamorada. —Quería encontrar el modo expresar mi gratitud. Busqué entre mis cosas y pensé que te gustaría. Aunque quizás ya tengas un anillo como este, pero si no es el caso…
— Eres un cielo, Ingrid… Me encanta… —expresó Dorothea mostrándose enamorada, para luego pasar a portarse normal. —Aunque quizás se lo deberíamos prestar a Sora por el momento.
— ¡¿E-Eh?! ¡Pero Dorothea! —farfulló Sora poniéndose rojo al oír esas palabras.
— Sabemos que estás enamorado de Beres, así que creo que eres la persona adecuada que puede decidir el mejor uso que se le puede dar, So-ra. —argumentó Dorothea hablándole bien coqueta y mirándolo con ganas.
— Ay Sora… A ver si Kairi no te mata si se entera de esto. —bromeó Riku solo para ganarse la mirada de disgusto de su amigo. — Vamos, era una broma.
— Has luchado muy bien, Ingrid. Te has ganado el derecho a divertirte un poco. —dijo Dorothea guiñándole en tono juguetón, sonrojando a la rubia.
— Como desees, Dorothea. Ahora es tuyo, así que puedes hacer lo que quieras con él. — respondió la mencionada en ese estado, dejándola ese anillo a su merced.
No comprendía lo que le pasaba, pero en el fondo, Ingrid comenzó a tener sentimientos hacia Sora debido a sus acciones, si bien no sabía muy bien que significaba el amor, de alguna manera formaba un fuerte lazo entre ambos.
FIN DEL CAPITULO 30
