Capítulo 42: Encuentros inesperados

(Opening: Animal i have become – Three day grace)

10 de marzo. Pais de los Campos de Arroz.

El mundo no deja de moverse, y el destino no puede evitar inmiscuirse de forma misteriosa en los sucesos que día a día acontecen. Hoy nos toca situarnos en una pequeña aldea del País de los Campos de Arroz. No es nada del otro mundo un simple asentamiento que carece de valor estratégico si lo vemos desde un punto de vista militar u relevancia si lo vemos desde un punto de vista económico. Sin embargo, no es la guerra lo que nos trae hasta aquí, sino la presencia de cierto grupo de ninjas bajo las órdenes de un infame y temido criminal, si, el equipo de Sasuke Uchiha, conformado por Karin, Suigetsu, Jugo y los hermanos asesinos, Tamui y Zana, quienes bajo las órdenes del mismo Orochimaru llevan la misión de encontrar a un equipo de samuráis que lleva días asesinando ninjas del sonido, desconocen cual es el objetivo de dicho equipo.

La noche anterior el equipo del joven Uchiha llegó a este asentamiento buscando un lugar cálido para pernoctar, los indicios de su investigación apuntan a que los samuráis fueron vistos por última vez en las aldeas cercanas a esta, el problema es que entre las aldeas hay enormes extensiones de bosques, ríos y acantilados volviendo a los invasores difíciles de rastrear. Además, tenemos que agregar que nadie los conoce, excepto Tamui y Zana, pues todos los demás que les han enfrentado han muerto, y los hermanos solo conocen a Miyuki y Kido, no a los otros dos miembros de dicho grupo. El lugar de descanso de Sasuke y su equipo es una pequeña casa propiedad de su maestro, nada ostentoso pero un buen lugar para descansar o esconderse.

–¡Quieres por favor quitar tu apestosa ropa de la cama! –Gritaba fúrica una chica pelirroja a cierto peliblanco quien retozaba en su cama, a pesar de ser medio día.

–¿Quieres callarte? Trato de dormir, loca –Respondió con pesadez Suigetsu a Karin volviendo a cubrirse con la manta.

–¡Maldito vago! Se suponía que debíamos seguir buscando a los samuráis hoy y no podemos salir porque este imbécil sigue durmiendo –Se quejó la chica reacomodando sus anteojos. Volvió la mirada al otro miembro del equipo que allí se encontraba, Jugo–. ¿No vas a hacer nada?

–¿Qué cosa quieres que haga? No veo porque debemos apresurarnos, Tamui y Zana se fueron a buscar información, cuando encuentren algo seguro volverán y podremos ponernos en marcha, también Sasuke salió, aunque él no dijo a donde –Opino sentado en el sofá de la habitación leyendo un libro.

–Eso dijeron ayer y regresaron ebrios, ¡los dos! –Al parecer no hay mucho empeño entre los miembros del equipo para cumplir su misión–. No me sorprende de ese calvo estúpido, pero esa zorra es una verdadera molestia, contoneando el culo de aquí a allá, estúpida –Eso último se lo dijo así misma.

–¿Zorra? –Intervino Suigetsu mirando a su compañera con una enorme sonrisa–. En verdad estás celosa, ¿no?

–¿De qué diablos hablas? –Objetó ella arqueando la ceja y cruzándose de brazos.

–No te hagas, cuatro ojos, te enoja que esté más buena que tú y que se la pase insinuándosele a Sasuke en todo momento.

–Hay que admitir que Zana tiene un cuerpo muy bien desarrollado y atractivo a la vista –Agregó Jugo con tranquilidad.

–¿A ti quien te pregunto? Idiota –Bufó ella, fulminando al peli naranja con la mirada.

–Así es, mi estimado Jugo. Por eso te enoja porque con tu apariencia no puedes hacer que Sasuke se fije en ti. Además, anoche que llegó ebria Zana se metió en a la habitación de Sasuke y quien sabe que hicieron toda la noche –El chico de la gran espada disfrutaba molestando a Karin.

–¡Eso es mentira! Sasuke la habría sacado a patadas de hacer algo así –Se negó, mostrando enojo y preocupación.

–Tú ya estabas dormida, no te diste cuenta.

–Afirmo lo que dice Suigetsu. Zana salió de su habitación a la media noche para ir a la de Sasuke –Intervino otra vez Jugo–. Suigetsu, Tamui y yo estábamos jugando cartas cuando la vimos pasar por el pasillo y entrar en la habitación de Sasuke… ¿Cómo es que Tamui nos ganó 100 monedas si estaba también ebrio? Que habilidad. En fin, luego ella…

–Seguro cogieron como conejos toda la puta noche y…–Suigetsu insistió en su incordio a su compañera, pero dejo de hacerlo cuando escuchó un portazo en la habitación–. Joder, que delicada.

–¿Por qué te gusta molestarla, Suigetsu? –Cuestiono Jugo.

–Por qué no tengo nada mejor que hacer, además ahora que se fue puedo seguir durmiendo –Despreocupado del sentir de ella se reacomodó en la cama buscando volver a su letargo.

–Pero debiste decirle que después de eso Sasuke la corrió de su habitación, ellos no hicieron nada de lo que dijiste.

–Qué importa. Ahora cállate y termina tu libro.

Suigetsu es un imbécil y patán, uno muy grande, quien desconoce el efecto que sus mentiras tienen en Karin, una joven ninja compleja y difícil de entender en ocasiones debido a su difícil vida. No quiso seguir escuchando las palabras del peliblanco así que salió de la residencia para caminar por las calles. Su mirada reflejaba duda, enojo y quizás tristeza. No quería creer todo lo que él dijo, pero Jugo no suele mentir y confirmo lo que pasó, aun así, pensaba que Sasuke no era esa clase de hombre que se acuesta con cualquiera mujer sin más.

–No, él no haría eso, menos con una mujer tan vulgar como Zana –Pasó frente a unas tiendas de ropa donde los ventanales reflejaban a los transeúntes, allí ella se fijó en su propio reflejo, apreciándose a sí misma y pensando que tenía Zana que ella no, que tenía ella que podía desagradar a Sasuke y es que su obsesión con el Uchiha llegaba hasta este punto.

Se quedó allí de pie un rato mirándose, detallando hasta el más mínimo punto de su cuerpo y rostro, pensando que podía cambiar o si tenía que hacerlo. Una voz la interrumpió de la nada sacándola de su pensar.

–Disculpe –Llamó un hombre, joven por su voz.

Karin dirigió sus ojos carmesís hacia este chico. Destaca por su baja estatura, más bajo que Karin a pesar que tienen la misma edad, cabello cenizo encrespado, aunque corto, sus ojos son de un color marrón, normalmente trata de parecer serio, pero ante la mirada de una chica se muestra tímido. Sin dudas era guapo el joven, y aunque delgado se puede vislumbrar duro de complexión.

–¿Que? –Respondió ella de forma tajante.

–S-sí, no quería molestarla –La respuesta apuntó a que la molestó–. ¿Sabe si aquí hay alguna librería o algo así?

–¿Librería? Dudo que estos campesinos les interesen leer libros –Se cruzó de brazos mirando al populacho que por allí deambulaba. Luego volvió la mirada al chico deduciendo que no era de aquí además de su desconocimiento del lugar vestía un kimono bastante holgado y con colores llamativos, un atavió muy atípico en un pueblo tan humilde–. Tu no debes de ser de por aquí, se nota a leguas. ¿De dónde vienes, niño?

–¿Yo? Bueno… vengo de lejos, si, muy lejos –Respondió nervioso ante tal cuestionamiento–. Y-y no soy un niño, tengo 18 años –Musitó al final, eso suele ofenderlo y es que su baja estatura y apariencia jovial lo hace parecer más joven de lo que es.

–Como sea, creo que vi a un mercader de libros en la plaza, dudo que esté vendiendo mucho así que sería mejor que te des prisa si quieres alcanzarlo –Sugirió despreocupada de la procedencia de él.

–Muchas gracias –Respondió con una leve reverencia–. ¿Usted es de aquí?

–No, estoy de viaje. Y no me llames de usted, también tengo 18 años, no soy una señora.

–Entiendo, supongo que conoce la zona por lo menos.

–Si, si la conozco –Suspiro empezando a molestarse por esta inoportuna verborrea–. ¿Qué quieres saber?

–¿Cómo llego a la Aldea del Sonido? Verá, mi familia tiene negocios allí así que debo llegar pronto y no tengo idea como hacerlo, puedo pagarte si así lo quieres –Una leve sonrisa agregaba confianza y amabilidad en sus palabras.

–No quiero tu dinero. Tomas ese camino –Señaló una carretera en la distancia–. Lo sigues hacia el norte y, cuando llegas a las montañas giras a la derecha, esa carretera te llevará por los bosques profundos hasta llegar a la aldea. ¿Algo más? –Fingió una sonrisa, pero la verdad es que estaba irritada.

–Si, ¿los caminos son seguros, hay ninjas protegiéndolos? Es que llevo mucha mercancía y no quiero que me roben en el camino –Insistió el chico.

–No, niño, no son seguros, hay bandidos en todos lados, pero si te mantienes en las carreteras si hay ninjas vigilándolas, debe haber un puesto de control por cada dos kilómetros o algo así. Y si me disculpas tengo muchas cosas que hacer.

–Muchas gracias, en serio –Hizo una reverencia–. Por cierto, me llamo Kido –Reveló el joven, por un instante saliéndose de su actuación de niño rico, y esto motivado por algo más–. ¿Y tú?

–Karin, si, ya me tengo que ir –El chico le extendió la mano para un saludo a lo que ella se negó y le dio la espalda para irse.

–Que pesado, ¿qué diablos hace un niño rico perdido en este lugar? Como se pierda en el bosque los bandidos lo van a destripar vivo –Se dijo así misma mirándolo por sobre el hombro mientras se alejaba–. Aunque es algo lindo

–Perfecto –Dijo Kido sonriendo–. Le dije a la señorita Reiko que no era necesario usar la violencia para obtener información, a veces el engaño es mucho mejor –Sonrió detallando a la pelirroja hasta que se alejó y dobló en una esquina, las mejillas del chico lo delataron en este momento–. Vaya, si es que es linda, y esas gafas le sienta geniales. No hay chicas samuráis como ella.

Sin más que decir se regresó con la información obtenida. Kido no era el único samurái que había llegado al poblado, todo el equipo de Reiko estaba en el lugar buscando información y aprovechando para descansar en la posada del lugar.

La jovial Miyuki, la mejor amiga de Reiko, recién salía de ducharse así que estaba envuelta en una toalla con su cabello cobrizo corto mojado, su piel blanca deja caer lentamente algunas gotas a lo largo de su torneada figura que, lamentablemente para los ojos curiosos, es cubierta por la toalla. Caminó por su habitación hacia la cama en busca de la ropa que usaría, y es que esta señorita es muy exigente y específica a la hora de vestir. Buscó su equipaje que estaba a un lado de la cama y se inclinó, error. Solo escuchó la puerta y luego...

–¿Reiko?... –Un agudo dolor la invadió en una zona muy íntima, saltó cayendo al suelo chillando de forma aguda y llevándose las manos al trasero–. ¡Deja de hacer eso, carajo! –Exclamó adolorida y con los ojos humedecidos.

Técnica secreta samurái: Ataque de los dedos del dragón –La malvada y traviesa Reiko se hecho en la cama carcajeándose a mas no poder–. S-siempre caes, Miyuki, siempre.

–Loca –Se quejó levantándose molesta y sonrojada–. Ya perdí la cuenta de cuantas veces lo has hecho, estúpida pervertida, deja mi trasero en paz.

–¿Que? ¿A caso por fin tiene dueño? –Alegó burlándose de la soltería de su compañera, misma que ha perdurado desde siempre y suele molestar a Miyuki.

–¡No! Y no te importa –Se cruzó de brazos ofendida–. No tienes nada que hacer, ¿verdad? Solo cuando estás aburrida te pones así creativa.

–Estaba jodiendo al pequeño Kido, pero se fue, a él también le gusta que le haga esta técnica, aunque no se sonroja como tú –El aburrimiento es la madre de la creatividad según dicen.

–¡A nadie le gusta eso, Reiko! Y no me sonrojo por placer, pervertida. ¿Por qué no vas a molestar a alguien más o entrenar al bosque? –Pasó de ella y tomó su ropa para cambiarse.

–Eso quisiera. Quería ir recolectar información sobre ninjas, pero el señor Sato me dijo que era mejor mantener un perfil bajo así que envió al enano a buscar la información de forma "no violenta" –Alegó bufando aburrida y molesta–. Ya estoy aburrida, quiero ir a pelear otra vez, creo que ya descansamos lo suficiente.

–Recién llegamos por la mañana, no hemos descansado nada –Respondió la Miyuki detrás de un biombo donde se vestiría en relativa intimidad–. Además, por primera vez estoy de acuerdo con el señor Sato, un par de días de descanso nos vendrán de maravilla para seguir jodiendo a los ninjas de esta patética región.

–¿No me digas que no quieres ir a patear culos ninjas de inmediato? –Cuestionó Reiko arqueando la ceja y girando sobre la cama.

–Claro que quiero, pero solo hemos aplastado a puros insectos, no nos hemos topado con ninjas que valgan la pena, eso también es aburrido.

–Lo que sea. Este patético pueblo de porquería no tiene nada para divertirse, solo nos queda esperar a que el señor Sato diga que podemos continuar o ver el césped crecer –Suspiró mirando al techo.

Miyuki salió vestida de civil, ropas ligeras que acentuaban su delgada figura y la hacían lucir toda la belleza que en ella rebosa. Reiko se extrañó de verla así y no con un kimono de descanso como suelen estar cuando no combaten.

–¿Va a algún lado, Miyuki?

–Pues claro, no me voy a quedar todo el día tirada en la cama. Voy a comer algo y a beber un poco, vi un bar cuando llegamos al pueblo, quizás tengan alguna bebida decente.

–¡Genial! Iré contigo, yo también tengo ganas de un buen trago o de la mierda que la gente de aquí beba…

–Me temo que no se podrá, señorita Reiko. Usted y yo debemos planear nuestra ruta de búsqueda y analizar nuestras pistas -Intervino el respetable y maduro Sato. Quien llevaba consigo un libro de apuntes y un mapa–. Aprovecharemos estos momentos de descanso para planear nuestros movimientos, no hay que olvidar que entre toda nuestra incursión el objetivo es encontrar a ese sujeto llamado Orochimaru y a los ninjas que atacaron a Kido y a Miyuki, deambular sin mas matando a todo ninja no tiene mucho sentido.

–¿En serio? ¡Que aburrido! –Se quejó levantándose desganada–. ¿Podemos hacerlo después?

–Mientras pronto tengamos nuestra ruta pronto seguiremos avanzando, señorita – Aseguró con su apacibilidad, típica de un hombre sabio e inteligente

–…Vale, como sea, vamos a garabatear otro mapa –Musitó cruzándose de brazos. Miyuki se acercó y le propinó una fuerte nalgada que resonó en la habitación sacándole un chillido a su amiga–. ¡Estúpida, duele!

–Nos vemos luego, Reiko, igual y te traigo un bocadillo –Sin más se fue riendo del lugar.

–Ustedes los jóvenes tienen extrañas formas de mostrar afecto –Comentó Sato arqueando la ceja ante tan sonora cachetada.

El lugar al que se dirigió nuestra chica era un pequeño bar donde los campesinos suelen tomarse un descanso entre bebidas y comidas. Para ese momento casi no había mesas libres y la barra estaba totalmente llena así que tenía que buscar un buen lugar para sentarse y escapar de las lascivas miradas de los hombres. La mayoría carentes de educación, pues la miraban de forma picara haciendo halagos e incluso invitándola a sentarse con ellos.

–Patéticos, aunque estoy seguro que nunca han visto a una mujer como yo –Se dijo a sí misma la samurái mirándolos con desprecio, y sonriendo soberbia

Entre todos los hombres que había allí solo uno destacaba, pues el más solitario de todos sentado en la última mesa junto a la ventana, se trata un pelinegro de tez blanca y rostro apático que miraba la ventana mientras degustaba unos bocadillos y un poco de té, era joven y él único que no la miraba, eso llamó la atención de nuestra chica y la espada que llevaba en la espalda solo aumentó más su curiosidad, su ropa desentonaba con los demás comensales, sin dudas era un ninja, tenía que serlo. Una sonrisa perversa se dibujó en los rosados labios de Miyuki.

–Disculpa –Llamó de forma Cortez.

–Si –Los ojos oscuros y cabello del mismo color, se trata de Sasuke Uchiha, un ninja de poder considerable y quien curiosamente está en búsqueda de Miyuki sin saberlo.

–Puedo sentarme aquí, todas las demás mesas están llenas de vejestorios y maleducados.

–…Supongo –Arqueo la ceja mirándola a detalle. La apariencia de esta chica, su vestimenta y forma de hablar desafina por completo con los habitantes del pueblo. Eso no lo pasó por alto Sasuke.

–Mesero –Llamó Miyuki al hombre que repartía bebidas entre las mesas. De reojo miró al chico otra vez, carajo, sí que es apuesto, pensó y esa mirada tan carente de emociones solo destaca más su apariencia ruda, y no hablar de la espada que lleva en la espalda–. Gracias por la cortesía. Me gustaría invitarte una copa.

–No tomo –Fue la respuesta del pelinegro de forma tajante–. No eres de aquí, ¿verdad?

–¿Cómo lo sabes? –Se extrañó por tal perspicacia.

–No pareces una chica humilde, además que eres demasiado linda para una aldea como esta –Quizás un cumplido… no, solo fue una aseveración no intentaba ser amable siquiera. Pero cuando deduces algo cada detalle es importante.

–¿Linda? –Repitió sorprendida, sonrió de lado, malinterpretando lo que él dijo–. Si, lo soy, gracias por notarlo.

–¿Agradeces una afirmación? Qué raro.

–Tu tampoco pareces un campesino sucio, como todos aquí, dime de dónde vienes ¿seguro eres un ninja o algo así?

–No es algo que te interesé –Negó mirándola con severidad–. ¿Quién eres y de dónde vienes? Tu forma de vestir no es ni siquiera de este país.

–Tranquilo, no quería molestarte solo quiero romper el hielo. Es verdad no soy de aquí, vengo de muy lejos, me llamo Miyuki Hitoyo, ¿y tú?

–Sasuke Uchiha –Pensó que con la mención de su apellido ella se intimidaría, no hubo tal resultado. Y es que nunca lo había escuchado.

–Sasuke, es un bonito nombre y suena rudo, es sin dudas el nombre de un guerrero, no me imagino a un campesino o un carpintero llamándose así, ¿me equivoco?

–Eres una persona muy extraña –Le parecía extraña esta reunión tan fortuita y la actitud de ella, quizás quería información, quizás lo buscaba a él o quizás simplemente era una chica que se fijó en él, muchas posibilidades–. ¿Estás sola?

–Y pensé que yo iba rápido –Rio de forma coqueta–. ¿A qué viene esa pregunta?

–A que de la nada una chica atractiva vino a mi mesa y entabló conversación conmigo haciendo preguntas personales –Explicó él–. No me fio de nadie ni de nada, menos en estos tiempos cuando hay un grupo de samuráis sueltos.

–Si, escuché de eso, han asesinado a muchos ninjas en los caminos de esta región, por eso no he querido salir de este pueblo, no quisiera topármelos –Se tornó temerosa y con una muy buena actuación–. Por eso quiero buscar a un grupo de ninjas que me ayuden a llegar a casa y acepten escoltarme por un buen precio.

Sasuke permaneció en silencio, analizó a detalle cada parte de la expresión de la chica y ni siquiera él fue capaz de encontrar la mentira oculta tras esa actuación.

–Entiendo, sí, soy un ninja, pero no tengo tiempo para una misión de escolta, estoy tras los pasos de esos samuráis –Reveló por fin y esperando que la chica se fuera al negarse. No notó que había bajado la guardia y soltó información

–¿En serio? –Dijo sorprendida–. Qué pena –Dijo fingiendo decepción. Aunque por dentro sonreía y solo pensaba "Te tengo, idiota. Ahora voy sacarte todo"–. Quizás se te invito algo de comer puedas cambiar de parecer.

El pueblo estaba en una terrible encrucijada, ambos grupos se habían encontrado, poco tardarán en saberlo y estallar un conflicto. La diferencia a un acontecimiento similar en otro país hace algunos días es que aquí ambos grupos están compuestos por personas perversas que no se tentarán el corazón en hacer del pueblo ruinas. El incauto Kido había ido a la plaza del pueblo a comprar unos libros, desconocía que alguien ya lo seguía con discreción.

Oculto detrás de unas cajas y en medio de un callejón se hallaba el mismo Maestro de la Roca Asesina, Tamui. Su calva y mirada perversa, de ojos negros con iris rojos, alto atemorizante por sí solo, además de indumentaria muy ligera, solo un pantalón holgado, sin camisa y sin zapatos, ya lo hacían conocido. Y él recordaba perfectamente al par de samuráis con quienes se topó tiempo atrás.

–¿Qué carajos haces aquí? Llevo como media hora buscándote, idiota –Era su hermana, la sensual y malvada Maestra del Rio Asesino, Zana.

–No vas a creer lo que me encontré –Le dijo él con la mirada fija en la gente de los puestos, sobre el chico.

–¿Que? Espero que no sea una de tus…–Los ojos negros y rojos de la mujer también enfocaron al joven y desprevenido samurái–. No puede ser. Es ese maldito mocoso –Gruñó apretando los puños, recordando las heridas que logró causarle.

–Hermana, ¿estás lista para tu venganza? –Una sonrisa de lado a lado se dibujó en la faz de ambos asesinos, una sonrisa que vaticina violencia y dolor.

Continuara…

(Ending: My songs know what you did in the dark – Fall Out Boy)