"La cautela del advertido"
Sábado 03/07/1999
Hermione toma el sobre con fuerza bajo la atenta mirada de Harry, aún tiene la esperanza de que todo sea un malentendido y que se arrepienta.
—¿Estás seguro, Harry? —preguntó con angustia y el sobre muy pegado a su pecho. Harry elevó una ceja, como si no supiera a qué se refiere.
—Mucho —asintió, con la mirada repentinamente opacada. Hermione suspira y muerde sus labios antes de tenderle el sobre—. ¿Ya sabes a dónde irás?
La castaña asiente y une sus manos bajo la mesa.
—Marianne nos prestará una de las casas, ya arreglé la red flú para Ron —dijo antes de suspirar— ¿De verdad crees que haría algo? —preguntó con nerviosismo y terror en la mirada, desbordándose por todo su cuerpo.
—No tengo idea de qué creer, Herms —respondió con pesadumbre y la mirada perdida en las servilletas—. Pero hay que prevenir cualquier cosa.
Jueves 08/07/1999
Ginevra baja del tren, tarda un poco en encontrar a Harry, sonriendo y esperándola.
—¿Cómo fue? —le preguntó a modo de saludo, inclinándose para tomar el baúl de la pelirroja.
—Solo un Aceptable y un Supera las Expectativas, el resto Extraordinario —dijo con orgullo, tomando la mano de Harry— ¿Y tus amigos? —Harry ensanchó su sonrisa y se encogió de hombros.
—Llegarán más tarde ¿Estás lista? —Ginevra asintió y tomó la mano de Harry fuertemente, desapareciendo del lugar.
El #12 de Grimmauld Place asemejaba una fiesta de té de su tía Quinatra, había bocadillos por todas partes, copas y jarras con diferentes bebidas coloridas, algunas botellas de whisky de fuego y cubitos de hielo en recipientes cristalinos.
—Supongo que Winky se tomó muy en serio lo de la celebración —rió Harry, soltando la mano de Ginevra y enviando el baúl de Ginevra arriba—. Les dije que volvieran hasta tarde —comentó ante la falta de los elfos.
La pelirroja asintió lentamente mientras seguía observando toda la estancia, todo era una farsa. En cuanto terminara todo con su madre buscaría a Dahir para finalmente ordenar toda su vida.
—Mi madre vendrá primero —informó dejándose caer en el sillón. Harry asiente y se sienta junto a ella, haciendo bailar la varita— ¿Esperarás a que todos lleguen?
—No —respondió de inmediato, deteniendo el jugueteo de su varita.
Ginevra deja escapar un suspiro silencioso antes de recordar lo que le dio tantas vueltas en la cabeza antes de salir de Hogwarts: —¿Ya sabes cuándo saldrás de la Academia?
—El dieciséis de agosto, la ceremonia será de inmediato.
Ginevra asiente pero ya no pregunta nada al respecto, en cambio le pregunta sobre la ceremonia que tuvo el hijo del capitán Osser y el resto de sus compañeros, si tuvieron las mismas cenas que su padre contaba con tanto entusiasmo y diversión cuando llegaba a casa; le pregunta por la Academia y los nuevos chicos que querrán ingresar, por los cambios en el departamento dentro del Ministerio, cómo funcionan las misiones y los puestos, si aceptaría el cargo de jefe, si trabajaría en escuadras o individual. Preguntó mucho y conforme pasaba el tiempo se dió cuenta del brillo en su mirada al hablar del futuro trabajo que tendría, desbordando emoción en cada movimiento.
Hasta que el sonido de la chimenea detuvo su charla. Ambos voltearon a ver hacia la cocina, la señora Weasley salía con pasos lentos y mirada irritada, observó la estancia antes de dedicarles largas y escuetas miradas a cada uno.
—¿Qué es esto? —preguntó entre dientes, entrecerrados sus ojos a Ginevra. Harry se puso de pie y le señaló el sillón frente a ellos.
—Adelante, señora Weasley —habló Harry, con una sonrisa apretada y manos ansiosas—. Me gustaría hablar con usted.
Molly no tarda en darse cuenta que el centro de todo el embrollo es Harry y no su hija, así que camina con la misma lentitud hasta que se sienta en el sillón, su mirada ahora solo está en Harry.
—¿Qué es esto, Potter? —preguntó con una ceja elevada y la mirada altanera de siempre.
—Resulta, señora Weasley, que ya me cansé de tener que hacer lo que usted diga y que incluso manipule a terceros para que así se mantenga —Molly frunce el entrecejo y sonríe muy grande, por un momento Ginevra teme que su madre de nuevo sepa algo que ellos no, pero el que Harry se mantenga firme ante la mirada burlona la tranquiliza y mantiene en la misma posición.
—Pero que idiota de tu parte creer que puedes pararte frente a mí y decir semejantes afirmaciones —dijo con voz venenosa y muy baja, permitiéndoles escuchar nuevamente la chimenea, Molly no se detiene ni cuando su hermana entra por el mismo sitio que ella, está furiosa y nadie le importa—. Si te disculpas tal vez reconsidere dejarte en la Academia de Aurores hasta que termines.
—No voy a disculparme, señora Weasley —sonrió Harry—. Y no creo que esté en posición para amenazarme.
Molly alza ambas cejas con asombro, todavía ignorando los pasos lentos de su hermana hasta llegar a un lado de Ginevra.
—¿Ah, no? Ilustrame —retó furiosa. Harry asiente y reclame sus labios, listo para hablar.
En el umbral de la puerta aparecen Ron y Hermione de la mano, detrás de ellos está Marianne. Molly los observa rápidamente antes volver su mirada a Harry quien sonríe pequeñito. Marianne se planta a un lado de Ron y observa a las personas de la habitación sin entender muy bien qué está pasando.
—Muy bien ¿Recuerda Francia? ¿Le suena el nombre de Levage Tueur? —Molly pierde su postura altiva ante sus palabras y ahora es Harry el que eleva las cejas esperando una respuesta que sabe no va a recibir—. Señora Weasley, sé que ha tenido aventuras con el prestamista Tiberius Merry cuando estaba casada con Arthur Weasley…
—¿¡Cómo te atreves a decir eso!? —lo interrumpió Quinatra. Ginevra extiende su mano y logra que su tía la observe con ojos muy abiertos, totalmente incrédula.
Harry apenas le dirige una mirada antes de concentrarse en la señora Weasley nuevamente.
—Incluso estuvo embarazada y no sabía quién era el padre de su hijo ¿No es cierto? —Molly aprieta con fuerza los dientes, Harry espera que no se los rompan mientras ve como una vena en su frente comienza a sobresalir—. Pero no abortó, porque si su hijo resultaba ser de Tiberius Merry conseguiría oro ¿Qué pensaba hacer? ¿Venderlo a su propio padre?
—Eso nunca pasó —gruñó Molly.
—No, claro que no —concedió Harry—. Porque su hijo era de Arthur Weasley y como él lo desconocía tenía que deshacerse del niño. Y ni siquiera pudo hacerlo usted misma, se lo ordenó al medimago que ayudó en su parto.
Harry sabe que esto puede lastimar a Ron y a Marianne, pero no puede detenerse o evitarlo. Ron insistió en que ellos estuvieran ahí, Marianne necesitaba saberlo y creyó que esa era manera adecuada. Hermione no estaba dispuesta a dejarlos solos.
—Es una suerte que no todo el mundo sea tan cruel como usted ¿No lo cree? —la respiración de Molly se vuelve agitada y no aparta su mirada de Harry, como si esperara encontrar una grieta en su historia—. Él llevó a su hijo a los cuneros, donde Marianne lo encontró y lo adoptó —Harry casi escucha el rechinar de sus dientes—. Ron es su hijo, señora Weasley, le negó toda una vida junto a su familia.
Harry no se detiene a observar a Marianne o sus amigos, no puede, si lo hace no volverá a hablar y ahora más que nunca necesita terminar. Agradece el silencio sepulcral que los rodea, parece orquestado por Ginevra, que le dedica cortas moradas a cada uno de los presentes, como recordándoles que no deben interrumpir.
—Pero nadie lo sabía, señora Weasley —continuó Harry—. Porque usted les cambió todos los recuerdos, los ocultó y manipuló para que nadie supiera que usted estuvo en San Mungo dando a luz un bebé, y el medimago hizo lo mismo con todas las personas del registro con tal de encubrirla —Molly parece estar maldiciendo a todas las personas en la habitación, en la calle y todo el mundo—. ¿Sabe que es un delito cierto? —la pregunta es innecesaria pero Harry quiere que la señora Weasley entienda a dónde se dirige—. Manipular la mente de un mago y el simple hecho de ordenar deshacerse de un bebé —su voz suena más dura cuando lo dice «los padres deben estar con sus hijos»—. Y es sumamente castigado ser cómplice de un intento de asesinato.
—¿¡Ahora de qué carajo estás hablando!? ¡No puedes…! —la sonrisa de Harry alcanza para interrumpir el griterío e indignación de Molly.
—Usted está encubriendo todos los delitos de su hijo Percy, señora Weasley —la sonrisa de Harry desaparece y frunce el entrecejo—. Manipuló misiones oficiales del departamento de Aurores, revisó leyes confidenciales únicamente accesibles a personal autorizado por el Ministro, infiltró a un delincuente en un traslador sin monto, manipuló la mente de un mago y por medio de ello hizo daño a otros tres. Todo orquestado por su hijo —finalizó alzando las cejas, aunque no espera que Molly diga algo—. Y usted lo sabe todo, incluso se encargó de silenciar a las personas que fueron testigos.
Harry no menciona que Greg Osser ya es Capitán de la Academia y que su pareja ya es un Auror en el Ministerio, así que si Greg quiere puede abrir la investigación en cualquier momento y atrapar a Percy y Molly sin temor a alguna amenaza. Se da unos segundos para observar a Molly, tensa, con las manos hechas puño, la mandíbula apretada, la vena palpitando en su frente y la mirada iracunda.
—Señora Weasley, no voy a disculparme y usted va a dejar va a dejar de manipular a Ginevra ¿Comprende?
Molly no dice nada, se mantiene rígida y furiosa con la mirada fija en él, Harry de verdad espera que la mujer no pueda hacer un Avada con solo observarlo, de cualquier manera mueve su mano para sentir su varita en la manga.
—Usted no va a decirle nada a nadie —afirma Harry, seguro y determinado a no encogerse ante ella—. No quiere que la comunidad mágica se entere que está en la quiebra, que engañó a su marido con Tiberius Merry, que incluso creyó que uno de sus hijos no era del señor Weasley y lo abandonó, que manipuló la mente de varios magos, que su hijo hechizó a Dahir Jeffers para que me matara, que usa a su hija para tener oro y que me amenazó con enviarme a Azkaban, abusando de su influencia en el Ministerio, misma que usó para cambiar leyes legítimas.
Harry no se molesta en observar detenidamente a los presentes, sabe que todos en la habitación los observan con la boca abierta, con lágrimas en los ojos, enfurecidos o asqueados.
—Siendo así, yo tengo más motivos para enviarla a Azkaban —finaliza el moreno, con una sonrisa apretada y un repentino alivio recorriendo su cuerpo.
Unos segundos después Quinatra Selwyn se incorpora, acercándose a ella con pasos lentos, rostro inexpresivo y la ira contenida en su mirada. Molly se incorpora y la observa con la misma seriedad hasta que la mano ajena se estrella contra su mejilla.
—Eres una vergüenza —masculla la mayor, observando como Molly mantiene una mano en su mejilla y la sorpresa se desborda por todo su cuerpo—. No mereces nada.
Retrocede sin apartar su mirada, intentando darle énfasis a sus palabras, después se gira para observar a Ginevra con tristeza. Se inclina y la estrecha entre sus brazos sin que alguna diga algo.
Ron traga en seco y toma la mano de Marianne, llamando la atentenció de Hermione.
—Vamos a casa, mamá —Marianne entiende a Ron, no es una petición, son mil preguntas en una frase "¿Soy tu hijo? ¿Puedo serlo? ¿Me aceptas? ¿Aún me quieres? ¿Sigue siendo nuestra casa? ¿Tu eres mi madre? ¿Puedes serlo?". Marianne le sonríe, acaricia su mejilla y asiente, le dice sí a todo porque Ron es su hijo y ella no lo va abandonar.
Marianne le extiende su mano a Hermione y lo último que Harry ve es su sonrisa agradecida, sabe que habrá tiempo para hablar después.
Quinatra se aparta de Ginevra, quien le toma la mano y caminan a la cocina, Quinatra ignorando a Harry y a su hermana.
Molly se deja caer sin gracia en el sillón, aún perforando a Harry con la mirada, él no se inmuta y la imita, dejando que su espalda toque el respaldo de inmediato.
—Eres un idiota estúpido —espetó la mujer. Harry la observó en silencio, fijándose en sus muecas y en la vena de su frente amenazando con estallar—. ¿Qué ganaste con todo ésto, imbécil?
Sabe que directamente, no gana mucho. Ron sabe quién es su familia ahora, dejará de ver esa sombra en sus ojos y lo ayudará a superar esto; Hermione por fin descansará de las mentiras y podrá ser feliz con su mejor amigo, sin más engaños; Tiberius no caerá de nueva ante Molly y por lo tanto no meterá sus narices en el Ministerio, está seguro de que Quinatra se encargará de desprestigiar a Molly sin dañar la imagen de su familia, en especial la de Ginevra; Jeffers no irá a Azkaban por intentar matarlo, y si Ginevra le dice lo que ocurrió con su padre se alejará de él, ambos podrán estar juntos sin temor; Ginevra será libre de ser feliz con él.
—Nada —responde con simpleza, no es verdad pero sabe que su actitud molestará a la señora Weasley y es algo que él quiere disfrutar. Molly sonríe incrédula.
—Ella va a dejarte, idiota —le advierte, como sin con ello fuera a borrar todo lo que ya dijo. Harry sacude la cabeza, dándole la razón—. Perdiste el placer por deshacerte de mí, la perdiste para siempre, imbécil. Ella jamás va a volver a ser tuya.
Y Harry la observa enfurecido.
—Ginevra no es un objeto, señora Weasley, no le pertenece a nadie —habla fuerte y furioso, Molly no se inmuta ante nada—. Y yo nunca, jamás, le pedí su cuerpo a cambio de oro.
Molly se ríe, desquiciada y burlona.
—Entonces eres mucho más idiota de lo que creí…
—Basta —le corta Ginevra, Molly la observa sorprendida y lista para reprenderla, pero Ginevra no la deja—. Percy viene en camino, te irás con él. George está con Charlie. Espero que mis hermanos puedan perdonarte alguna vez —sentenció, cruzándose de brazos.
—Ginevra…
—No —interrumpe, de pronto gritando y descargando toda su ira—. ¡Ya no me dirás qué hacer! ¡No voy a escucharte o seguirte! ¡No te quiero volver a ver nunca! —niega con la cabeza y respira agitada— Eres horrible —masculló con asco—. Que lástima que mi padre nunca supo con quién estuvo casado.
Percy aparece oportunamente en medio de la estancia, analiza cuidadosamente cada rostro antes de acercarse cauteloso hacia su madre y tomarla del brazo, sonríe incómodo a Ginevra y desaparecer.
Harry deja salir el aire que no sabía estaba conteniendo y deja que todo su cuerpo se afloje, tomando una postura graciosa, aparentemente cómoda. Ginevra se sienta junto a él, con ambas piernas sobre el sillón.
—Gracias —susurró, recargando su rostro codo en el respaldo y la barbilla en su palma. Harry niega y sonríe, observándola con auténtica felicidad.
—Te prometo que nunca me sentí tan bien.
Ginevra ríe débilmente en respuesta. Se mantienen tranquilos y silenciosos hasta que Harry endereza la espalda, con una mirada seria.
—Ginevra, creo que deberías irte —su voz es baja y cautelosa, no le da espacio a réplicas o preguntas—. No tengo idea de lo que pueda hacer tu madre y Percy, pero… si decide hablar y confesar todo lo que hizo yo… no quiero que seas el centro de atención ¿Comprendes?
—No en realidad —susurró, con el corazón martillandole el pecho y las manos sudorosas.
—Si tu madre dice que estamos casados, nos van a atacar por todas partes. Yo… creo que deberías irte con Dahir, Ginevra —si su voz tiembla, Ginevra parece no darse cuenta—. Mione me dijo que vive con su madre en Viena —se disculpa con la mirada pero continúa—, deberías irte con él, así no podrán acosarte y estarán juntos.
Ginevra tiene la boca seca de repente.
—Tu… pero —carraspea y baja su brazo, uniendo sus manos en su regazo—. Aún estamos casados.
Siente que está colgando de una cuerda que Harry sujeta de un extremo, sin esforzarse mucho, y la cuerda se mantiene unida por una sola hebra.
Harry asiente, hace un movimiento chistoso con su varita y frente a ella aparece un sobre amarillo. Lo toma sin pensarlo, saca un par de hojas del interior y las deja entre ambos, como si el tocarlas de quemara la mano.
Acta de Divorcio.
Todo el documento estaba lleno, a excepción de una firma. La suya. Incluso el garabato de Harry estaba ahí, consciente de lo que significaba.
—Todo está listo, Ginevra —susurró—. Tu madre logró reducir el tiempo necesario de matrimonio antes de solicitar su anulación a doce meses —se encogió de hombros y suspiró—. No es mucho pero varias condiciones cambiaron y no me molesta cumplirlas.
—¿Por qué lo firmaste? —sus ojos siguen sin apartarse del garabato que reconoce del acta de matrimonio que ahora ella conserva.
—Porque no estaré aquí, Kingsley me ha dado una lista de misiones, el 24 y 25 de Octubre tengo que estar en Francia—Ginevra balbucea algo inentendible antes de asentir y devolver los papeles al interior del sobre con torpeza—. Solo tienes que firmar, yo los llevaré al Ministerio.
Ginevra asiente desorientada y se incorpora.
—Tengo que irme —toma su varita del sillón y desaparece sin decir algo más.
Harry de inmediato se deja hundir por la tristeza. Está solo y jodido. Jodidamente perdido por una chica que no lo quiere. Y que él quiere tantísimo como para dársela a otro hombre con el que será feliz.
Ginevra aparece en la puerta de una casa blanca con pocos muebles y un par de cajas apiladas junto a una ventana, escucha varios movimientos del fondo, no camina a averiguar qué se escucha, permanece en la puerta.
Se recarga sobre ella y pasa sus manos por su rostro. Siente que está perdida. ¡Se supone que iba a arreglar su vida! ¡No debería estar así de alterada! Ella sabía que se iba a separar de de Harry porque lo suyo era un maldito arreglo complicado lleno de mentiras. Ella sabía que Harry estaba con ella porque no quería ir a Azkaban, ahora no tiene esa amenaza encima, ahora puede ser libre. Ella también puede.
De la habitación ruidosa del fondo sale Dahir, con una caja levitando delante de él y con un montón de cajitas entre sus manos.
—¡Ginevra! —exclamó con una sonrisa pequeña, dejando todas las cajas junto a la ventana, a un lado de las otras. Se acerca a Ginevra y besa su frente aún con su sonrisa—. Iré a recoger mis cosas a la casa de Miles —Ginevra se da cuenta que ya no le dice "papá" pero no pregunta, no le interesa—. Me encargaré de él Ginevra, te lo prometo.
—Dahir —pone sus manos en sus brazos y lo observa con tristeza—. No tienes que apartarte de él. Es tu padre y yo… yo puedo irme. Él no.
El nunca se irá porque es tu padre y porque se metió conmigo, porque tampoco puede irse de mi cabeza.
—Lo que él hizo no está bien, Ginevra ¡Es asqueroso, es indignante, es…!
—Él es tu padre —interrumpió. Ejerciendo más presión en sus brazos. Suspiró y lo soltó—. No puedes solo borrarlo de tu vida.
—A tí tampoco —insistió, acariciando sus mejillas antes de abrazarla entre sus brazos.
Se sentía mal, completamente incorrecto. No se puede dejar a la familia por alguien que no sabes si realmente te ama. Tú lo haces. Su familia estaba jodida, acabada, rota, maldita y estropeada; la de Dahir no, él tenía a sus padres, no puede dejarlos. No por ella.
—Lo siento, Dahir —susurró, dejando caer sus brazos, demostrando su desgana.
De inmediato siente la tensión del cuerpo ajeno. Dahir se aparta lentamente de ella con los ojos cristalinos y los labios medio abiertos.
—Ginevra, por favor —pidió en un murmullo, exhibiendo su miedo y preocupación sin vergüenza. Ginevra negó a pesar de las lágrimas en los ojos de Dahir.
—En verdad lo siento —dijo con semblante triste y sin poder hacer otra cosa más que negar. Ni siquiera ella sabía que haría una vez que se fuera de esa casa.
—¿Es por él? —preguntó tragando con fuerza, Ginevra frunce el entrecejo y niega de inmediato.
—No —suspiró y alejó las manos de Dahir de su cuerpo—. Es por tí, Dahir —lamentó con tristeza—. No mereces que te vea y yo solo pueda pensar en tu padre y todo lo que he arruinado contigo.
Ahora es Dahir el que niega efusivo, tomando el rostro de la pelirroja entre sus manos.
—No, no, te prometo que estamos bien, no volverás a ver a Miles nunca —insistió, acariciando sus mejillas con rapidez—. Nos iremos de aquí como siempre dijimos, Ginevra, solo tú y yo ¿Si?
A Ginevra se le rompe un poquito más el corazón cuando ve la desesperación en los ojos de Dahir, desesperados por ayuda, por ella. Casi puede verse a sí misma en el lugar de Dahir.
Alza sus manos hasta que tiene las de Dahir entre las suyas, observa sus ojos por un largo rato escuchando su propio corazón latir con fuerza contra su pecho.
Podría ser feliz con él ¿Cierto? Ya lo ha sido antes, lo ha querido antes, puede volver a hacerlo, pueden intentarlo. ¿Puede?
Viernes 09/07/1999
El elfo la guía hasta la habitación de su tía mientras se retuerce sus andrajosas ropas, aún no descifrar qué es todo lo que trae encima. Toca la puerta débilmente, a pesar de ello recibe un grito como respuesta. El elfo brinca asustadizo y le abre la puerta, dejándola pasar, se inclina con entusiasmo antes de salir y cerrar sin dar un portazo.
Su tía la observa atenta, esperando que comience a hablar.
—Me iré a Francia tía —dijo finalmente, logrando que el rostro sereno de su tía se descompusiera completamente.
.x.x.x.
¡Hey! Ayer me quedé dormida y no terminé este capítulo hasta hoy ":), una disculpa.
Ahora sí de verdad el último lo publicaré en un par de horas (me dormí en la tarde para poder hacerlo :D).
¿Qué les pareció el capítulo?
Dudas.
Comentarios.
Teorías.
Bueno, espero les haya gustado :).
Los últimos detallitos obviamente serán aclarados en el próximo capítulo.
¡Nos leemos pronto, muy pronto!
(31/Diciembre/2019. 1:10AM)
-Danny :).
