Ningún periodo de su vida fue comparable a aquellos meses. La felicidad fue tan absoluta que el concepto se quedó pequeño. No hubo nada ni nadie más que ellos. Había días en que no les apetecía salir de casa y otros en los que viajaban a cualquier parte del mundo simplemente para cenar en un restaurante de lujo o hacer estallar un museo. Fueron a partidos de quidditch y pasaron días contemplando a los dragones que vivían en su montaña. Hicieron carreras con los thestrals de Bellatrix y practicaron duelo sobre lagos congelados (congelados por ellos mismos para darle emoción al asunto). También fueron a fiestas y hoteles elegantes solo para llamar la atención y crear el caos como a ambos les gustaba. Les encantaba salir a volar de noche y gritar y reír como si la cordura fuese un mal vicio. Durmieron juntos cada noche -muchas con Saiph entre ellos asegurando la castidad- y despertaron juntos cada mañana.

Y Bellatrix tuvo razón: las pesadillas de Sirius cesaron, la lluvia dejó de atemorizarle y Azkaban era apenas un recuerdo lejano. Su único miedo era perder todo aquello. Él sabía que no era sano, que su dependencia de su mujer resultaba excesiva y poco racional; pero después de toda una vida esperando, no podía imaginarse amar de otra forma, no le veía sentido a reducir la intensidad. La quería con todo su ser y se desvivía por hacerla sonreír. Y del mismo modo lo idolatraba ella, que había incumplido su norma de mostrar afecto en público y se besaron en cada rincón de Suecia. Muchas veces los confundían con hermanos y aún les hacía más gracia. La bruja pospuso todos sus proyectos empresariales, pero hubo un momento en que no pudo retrasarlo más.

-Siri... -murmuró sentada en su regazo mientras él le besaba el cuello- No es ni una semana, yo me quito todo el trabajo acumulado y tú aprovechas para pasar tiempo con tu familia.

-Mi familia eres tú -murmuró sin apenas separarse de su piel.

-Es la boda de Harry, eres su padrino y le prometiste que irías unos días antes para ayudarle con los preparativos, su despedida de soltero y todo eso. Yo también te echaré de menos, pero...

-Lo sé, cielo, necesitas trabajar para conquistar lo poco que te queda del mundo -suspiró él-. Pero dime que vendrás a la boda.

-Sabes que no me quieren ahí... Potter igual, pero se casa con una Weasley y esa familia no me traga, ni idea de por qué.

Sirius se rió sin comentarle que igual incendiarles la casa dos veces había tenido algo que ver.

-Me da igual. Dejé claro que si mi mujer no podía asistir, yo tampoco. Y Harry me dijo que por supuesto que sí -respondió jugando con sus rizos.

-Pero aún así...

-¡Oh, vamos! ¡Necesitan una pareja guapa para las fotos, solo nos tienen a nosotros! Es lo menos que podemos hacer Trixie. Prométeme que vendrás, por fa, por tu perrito favorito...

La miró y le puso su mirada de perrito lastimero. Ella chasqueó la lengua con fastidio y se lo prometió. Estuvieron juntos unas horas más y finalmente, Sirius activó el traslador que lo llevaría a Londres. Ella sonrió, le besó por última vez y le aseguró que seis días pasaban volando. Él le devolvió la sonrisa y le guiñó el ojo antes de desvanecerse.

Lo primero que vio al llegar a Grimmauld Place fue a Hermione y Pansy liándose en el sofá. "Vaya, en esto se ha convertido mi noble casa..." pensó con ironía. En cuanto le oyeron, se separaron. Hermione corrió a abrazarle y le pidió que le relatara todos sus viajes y aventuras con Bellatrix. Le presentó a su novia y él notó perfectamente que la slytherin le miraba con cierto temor, como si aún se tratarse del peligroso prisionero de Azkaban. Bien, esa era la imagen que le interesaba dar, esa era la imagen que le ponía a su mujer. Satisfizo la curiosidad de la gryffindor y a su vez ella le puso al día de sus asuntos: ya había terminado el último curso con todo Extraordinarios y le habían ofrecido trabajo en casi todos los departamentos del Ministerio.

-Así que vas a poder luchar por los elfos al fin, ¿no? -sonrió Sirius.

Hermione asintió orgullosa mientras su novia ponía los ojos en blanco ante semejante desperdicio. La gryffindor la ignoró y siguieron hablando hasta que Pansy se marchó y llegó Harry del trabajo. "¡Sirius!" gritó con ilusión corriendo hacia él. Su padrino le abrazó y él le puso también al día de sus últimos trabajos como auror. Enseguida el chico le preguntó por su mujer, aunque apenas escuchó la respuesta porque se centró en contemplarlo: nunca había visto a su padrino tan feliz como cuando hablaba de ella. Al rato, Harry comentó con ironía:

-Lo importante es que has recuperado tu sitio en el tapiz.

"¿Cómo?" preguntó el animago desconcertado. Por supuesto su prima tenía una copia del tapiz de los Black en su mansión, pero lo último que habían hecho en esos meses había sido consultarlo...

-Técnicamente no es su sitio -corrigió Hermione-. No apareces como hijo de tus padres sino como marido de Bellatrix.

El animago se echó a reír y se levantó para verlo. Cuando lo comprobaron frente al mural murmuró con arrogancia:

-He vuelto a la familia casándome con mi prima, tanto renunciar a mi apellido y he vuelto gracias al incesto, ¡soy el mejor de los Black!

Los chicos sacudieron la cabeza y tras varios minutos más de charla, se fueron a dormir. Los días siguientes no fueron fáciles para el animago. Con Andrómeda y Remus seguía enfadado por amenazar e insultar a su mujer (a los Weasley ni los tenía en cuenta), solo con Tonks y los gemelos se llevaba bien. Así que lo único positivo fue quedar para comer con Nymphadora, Fred y el pequeño Ted. Esos dos eran la pareja perfecta: despistados, graciosos y con un carácter realmente acogedor. Su querida Tonks tuvo que reconocer que nunca le había visto tan guapo ni tan feliz, así que algún mérito debía tener su trastornada tía...

La chica le contó que por el Ministerio todo iba sorprendentemente bien: la nueva ministra era muy competente y trabajadora. La metamorfomaga no se fiaba mucho de ella y sospechaba su preferencia por la sangre pura, pero le había concedido un ascenso a la siguiente categoría de auror por su gran labor y estaba realmente orgullosa. El moreno la felicitó y corroboró que en efecto nadie se lo merecía tanto como ella.

-Por cierto -empezó la chica mientras sentaba a Ted en su regazo-, mi hijo ya empieza a juntar sus primeras palabras y dice cosas como "Teddy comer galletas" y "prima está buena". Es muy pequeño todavía para comer galletas y no tiene ninguna prima, así que me pregunto de quién ha aprendido eso...

El animago tardó un segundo en ocultar su expresión de culpa.

-No te puedo ayudar, Dora -contestó con gravedad-. Habrá sido Kreacher cuando lo dejáis en casa con Harry. Seguro que ese maldito elfo le da galletas y le habla de su prima, el muy pervertido...

-¿Kreacher tiene una prima? -preguntó Fred riendo.

-Sí. Una elfina doméstica que no es gran cosa pero si vas hasta arriba de cerveza de mantequilla, tiene un polvo.

Tonks sacudió la cabeza y suspiró mientras intentaba mantenerse firme y no reírse. Entre bromas infantiles y debates de coitos con elfos transcurrió la comida. Al día siguiente, para seguir con los preparativos de la boda, acudieron a la antigua sede de la orden Ron, Ginny, sus padres y Lupin. También apareció Andrómeda que cada vez se llevaba mejor con la señora Weasley, aunque ella no asistiría a la ceremonia. Había alegado que alguien tenía que quedarse con Teddy, pero el motivo real era evitar a su hermana mayor. Harry y Hermione no fallaron en darse cuenta de lo molesto que se sentía Sirius con aquellas personas. Tanto su prima como la familia pelirroja le saludaron con cordialidad y le dirigieron un "¿Qué tal?" sin intención alguna de saber la verdad. Él tampoco se la contó. Lupin le dirigió una sonrisa incómoda que él ni se molestó en devolver. El desprecio de su mejor amigo le había dolido mucho más que el del resto.

Estuvieron toda la tarde ultimando los detalles. Al igual que la boda de Bill y Fleur, la ceremonia tendría lugar en los terrenos de la Madriguera (esperaban que con mejor éxito que en ese caso...). Sería a las seis de la tarde y así podrían celebrar luego una cena y estar de fiesta durante toda la noche. Por supuesto Molly se encargaría de la comida y los chicos de la decoración: en esa casa nunca se libraba nadie. Sirius sería -evidentemente- el padrino de su ahijado y Hermione la de Ginny. Cuando estaban cuadrando los asientos surgió un problema que nadie se atrevía a verbalizar. Era evidente que el animago, única familia de Harry, debía estar en la mesa presidencial; pero el acuerdo incluía también a su mujer. Tras varios minutos de circunvalar el tema, fue Ginny la que decidió resolverlo:

-Puedo aceptar que venga a la boda y se siente en nuestra mesa contigo, ¿pero puedes pedirle a cambio que se vista como la gente normal? Nada de negro, ni botas de combate, ni vestidos de la época victoriana, ni enseñar las... Bueno, algo normal y con cierto recato.

Sirius no se esperaba aquello y no tuvo claro cómo reaccionar. Nadie dijo nada, pero se dividieron entre los que consideraron que era una petición justa y los que se alegraron porque así seguro que la duelista se negaba a asistir. El moreno apretó los puños bajo la mesa. Vio que Hermione le sonreía con tristeza desde el otro lado de la mesa para tranquilizarlo. No les iba a dar el placer de sacarlo de quicio. Así que con voz calmada y casi logrando ocultar la amargura, contestó:

-Está bien, se lo diré. Pero si Bellatrix no viene, yo tampoco -resolvió él-. Estoy seguro de que Ron será un padrino incluso mejor que yo.

Lo sentía de verdad por su ahijado, no deseaba en absoluto perderse su boda, pero ya estaba harto. No iba a tolerar que siguieran tratando mal a su mujer, tuvieran motivos o no, le daba igual. Él la quería y eso debería bastarles al resto.

-Pero, Sirius... -empezó Harry.

El chico se puso realmente triste ante la idea de que su único familiar no estuviese en su gran día. Pero también supo que ya había transigido con ese tema mucho más de lo que estaba dispuesto. Se puso en su lugar. Por muy enamorado que estuviese él de su prometida, nunca había visto a nadie quererse tanto como Bellatrix y Sirius y a él le dolía que no la aceptaran. Por tanto asintió con pesar y miró a su prometida con cierta inquina. Ginny temió que si Sirius no acudía, Harry tampoco quisiera casarse. Al parecer la mortífaga no necesitaba ni estar presente para boicotear sus vidas.

-Bueno, parece que esto ya está, me voy a dormir -se despidió Sirius- Ha sido... Sinceramente, ha sido extenuante volver a estar con todos vosotros, a ver si tardamos en repetir.

Lo dijo con tono ligeramente burlón, con el humor Black que solo una persona comprendía. Pero después de aquellos meses de ensueño con su mujer, la asfixiante y decadente realidad de Grimmauld Place solo le traía malos recuerdos. Se fue a su antigua habitación y se tumbó en la cama mirando al techo sin ningún sueño. Acarició las iniciales de Bellatrix grabadas en su pecho y se preguntó qué estaría haciendo ella. Extorsionar o torturar a alguien en beneficio propio, probablemente... Al poco alguien llamó a su puerta. Supuso que sería su ahijado que no se había quedado tranquilo con el tema. Él no tenía ganas de hablar y menos en caliente pero aún así, le dijo que entrara. No era el chico.

-¿Qué haces tú aquí? -le espetó Sirius incorporándose.

-Canuto, yo... Quería decirte que siento lo que te escribí y...

-¡Ah, bueno, entonces ya está! -exclamó él alzando las manos en un gesto dramático- Si lo sientes todo olvidado, ¡qué más da que insultaras a Bella, la amenazaras, me dijeras que soy un inconsciente, estúpido y ciego, que pienso únicamente con...!

-Me excedí muchísimo, lo sé, pero tienes que entender que me preocupa tu bienestar y...

-No, Remus. Lo que tú tienes que entender es que yo te he apoyado desde el principio. Pensabas que te abandonaríamos al saber que eres un hombre-lobo pero en ningún momento se nos pasó por la cabeza. Pasamos cuatro años estudiando para convertirnos en animagos y poder ayudarte, nos preocupábamos por ti. Eso es lo que hacen los amigos. Lo que no hacen es hundir a su amigo cuando ven que por fin tiene la oportunidad de ser feliz con la persona de la que, usando tus propias palabras, llevo enamorado toda mi maldita vida.

Hubo varios minutos de silencio en los que Lupin le dio vueltas a aquellas palabras. A su vez, Sirius trató de calmarse mientras acariciaba su alianza de forma inconsciente. Al rato, por fin, el acusado respondió.

-Tienes razón. Es cierto que estaba preocupado de que te casaras con una mortífaga, pero también fueron celos. Ya sabes que estaba en mala situación tras mi ruptura con Tonks y... -tomó aire y apartó la mirada- además debo reconocer que Bellatrix tenía algo de razón en sus suposiciones.

Sirius le miró frunciendo el ceño.

-Supongo que, de forma platónica, por supuesto, siempre he estado algo como... podríamos decir que... enamorado de ti. Es decir, yo no quería ni ir a Hogwarts por miedo al rechazo y tú fuiste el primero en asegurar que os convertiríais en animagos por mí. Siempre has estado ahí. Y aunque obviamente no te quiera de esa manera, de forma egoísta, saber que estabas solo y yo era tu único amigo adulto me hacía sentir que aunque me divorciara, siempre me quedarías tú. Sé que suena horrible, pero...

-Suena horrible -confirmó su amigo.

-Lo sé y te pido perdón. Como alguien me dijo una vez, soy un maldito cansino egoísta. Me alegro de verdad de que seas feliz con Bellatrix (supongo que lo serás cuando está ella y por eso ahora vagas como un alma en pena) y no sabes cuánto me arrepiento de no haber asistido a vuestra boda.

Sirius intentó hacerse el duro pero le duró poco. Perdonó a su amigo y le confirmó que se había perdido la boda del siglo. Harry y Hermione ya se lo habían contado varias veces, así que estuvo de acuerdo con él.

-Puedes enseñarme las fotos -le sugirió.

-No te lo mereces -respondió Sirius altivo.

-No me lo merezco pero me las vas a enseñar igualmente porque te encanta fardar de lo guapos que sois.

El animago iba a replicar pero fue difícil porque ya tenía el álbum en la mano, así que se lo enseñó. "Mira qué guapa está aquí sonriendo... y en esta otra... y en esta con Saiph, ¡mira qué chalequito llevaba!" comentó el animago con los ojos brillantes, perdido en las imágenes como si estuviese solo. Fue la primera vez que Lupin no le escuchó alabar su propia elegancia, el brillo de su pelo o su pose perfecta. Solo era capaz de contemplar a su mujer. El hombre-lobo entendió que eso era el amor. Miró como ambos Black reían y se abrazaban en las fotografías mágicas y se odió de nuevo por habérselo perdido. Pasaron más de una hora con aquella ocupación y después se despidieron de nuevo como amigos.

Cuando volvió a quedarse solo, decidió dormir. Entonces se dio cuenta de que fuera llovía (era Londres, ¡vaya novedad!). "Da igual, lo has superado, puedes dormir tranquilo" se repitió varias veces. Pero no fue así. Se levantó inquieto y bajó a la planta baja para entretenerse con algo y esperar a que amainara. Se encontró de nuevo con Harry, Hermione y Lupin que se habían quedado hablando un rato más. Al parecer los Weasley eran tradicionales y nada de que los novios se vieran las noches previas. Le preguntaron por qué no podía dormir y él decidió ser sincero:

-Está lloviendo.

Le miraron extrañados de que constatara lo evidente.

-¿Te molesta el sonido de la lluvia? -preguntó su ahijado.

-Es agradable para dormir -comentó Hermione.

-Sí, me molesta y no es agradable -respondió él.

-Cierra la persiana entonces -sugirió su amigo.

-Pero sigo oyéndola de lejos, sé que sigue ahí.

Los tres le miraron extrañados. Pero como le veían algo angustiado, no le permitieron escurrir el bulto sin más y exigieron una explicación. Él solo murmuró: "Azkaban". Les costó unos segundos pero comprendieron el problema. Al poco, Lupin sugirió que un sanador de almas podría ayudarle y Hermione le aconsejó varias terapias. El hombre agradeció su buena intención y se fue a desesperarse solo por semejante incomprensión. ¿No podían hacer como su mujer: abrazarle y asegurarle que asesinarían a la lluvia por él si era necesario? No, ellos no lo entendían, por mucho que le quisieran y su intención fuera la mejor, jamás podrían entenderlo.

Al día siguiente se levantó a desayunar el primero porque no había dormido. Escuchó planes sobre las despedidas de soltero que serían al día siguiente (cena y copas en ambos casos, nada libidinoso por mandato de los Weasley) y sobre el menú de la boda. Puso todo el interés que pudo por complacer a su ahijado, de hecho, se esforzó más en la organización de esa boda que en la suya propia. No pudo evitar pensar que si algo costaba tanto esfuerzo no valía la pena. Cuando por la tarde llamaron al timbre, Harry tenía los dedos empapados de tinta tras varios borradores de votos, Hermione estaba revisando los asientos y Sirius solo deseaba librarse de aquello. Sabía que estaban esperando a la señora Weasley, pero le dio igual enfrentarse a ella con tal de despejarse un rato. "¡Abro yo!" exclamó levantándose de un salto.

Como aún llovía, tardó unos segundos en abrir la puerta: que se fastidiara Molly por no aceptarlo ni a él ni a su mujer. Cuando por fin lo hizo, se arrepintió de haberla hecho esperar.

-¿Qué... qué...? ¡Aún faltan dos días! Tenías congresos y reuniones y...

-Tenía muchas cosas -confirmó ella-. Pero me han escrito varias personas para suplicarme que viniera porque mi perrito está triste sin mí. Y no puedo permitir eso.

Lo dijo con su tono infantil y su sonrisa burlona, pero a Sirius le dio igual. Deseaba mantener la imagen de indiferencia e independencia por lo menos unos segundos. Respondió lo más orgulloso posible que no estaba triste, pero no sonó muy creíble. La bruja le miró sonriendo bajo la lluvia y murmuró:

-Ya hemos vivido esta escena, ¿me vas a dejar entrar o tengo que ir a por Luna para que me admitáis en esta casa? -se burló ella.

De inmediato Sirius la atrajo hacía sí y la besó. Le dio igual que su melena escurriera y toda su ropa estuviese empapada, ya se secarían luego: había desperdiciado cuatro largos días sin besar a Bellatrix. Cuando se dio cuenta de que tenía frío, la secó con un movimiento de varita y volvió a abrazarla. "No te he echado de menos en absoluto", murmuró altivo, "Pero ya que estás aquí deberías quedarte porque mira al pobre Saiph, se le ve triste sin mí, necesita una figura paterna". Ambos miraron al dragoncito. Estaba sacudiéndose la lluvia con energía mientras olisqueaba el aire para detectar si había chocolate cerca. Poco tenía que ver esa imagen con la tristeza... La mortífaga sonrió. Seguidamente, observó sus ojeras y susurró:

-Ven, vamos a dormir, yo te protejo de la lluvia.

Sirius sintió una calidez inmensa y la cogió de la mano como temiendo que desapareciera en cualquier momento. Le pidió que antes saludara a los chicos y se dirigieron al salón. Hermione corrió a abrazarla. Por desgracia para ella, la morena aún recordaba el apodo "globulito"... Harry la saludó y se dieron la mano. Al instante, el chico sacó una rana de chocolate XL que tenía guardada especialmente para Saiph y el dragón se abalanzó sobre ella. Lo contemplaron embobados y le felicitaron por lo bien que la había devorado.

-Bellatrix... -empezó Harry con cierto temor- Quería pedirte que... Me haría ilusión que Saiph fuera también mi padrino, que estuviese en el hombro de Sirius durante la ceremonia y eso...

La bruja no respondió de inmediato. Frunció el ceño pensando obviamente que no quería involucrar a su hijo en la boda de una Weasley. Sirius vio evidente que iba a negarse. Y cuando suspiró un "Está bien, si él quiere...", entendió que aceptaba para hacerle feliz a él. No era justo que la comprometieran a usar a su hijo de padrino sin conocer todas las condiciones. "Antes hay algo más que te quieren pedir..." recordó Sirius sonriendo a su ahijado para que se lo contarse él. La morena miró a Harry con desconfianza y el chico balbuceó que Ginny había puesto una etiqueta en colores claros, nada que pareciera de otro siglo y con prendas más o menos decentes y... Y ya no pudo seguir porque la bruja abrió mucho los ojos y la boca.

-¿¡PERO QUÉ OS HABÉIS...!? -empezó a bramar con su mejor tono de mortífaga.

Respiró por unos segundos y se dio cuenta de que una discusión pondría triste a Sirius. Así que simplemente se giró y salió de la habitación. Simultáneamente, al sentir el enfado de su madre, Saiph rugió a Harry con una fuerza inusitada, le mordió y voló al hombro de Bellatrix. El animago, agotado física y psicológicamente, los siguió poco después. Cuando llegó al cuarto piso, la puerta estaba firmemente cerrada.

-Bella -llamó con suavidad-, esto también lo hemos vivido y al final me dejas entrar. Sabes que estoy de tu parte y...

No le hizo falta terminar, la puerta se abrió. Sin decir nada, la bruja -que parecía genuinamente triste- le hizo un hueco en la cama y él se tumbó junto a ella. La abrazó y le besó el cuello con cariño intentando animarla. Ella se dejó pero era evidente que no se encontraba con ánimo para responder.

-Con cualquier cosa que te pongas seguirás estando preciosa...

-No quiero ir, Sirius -respondió ella en voz baja-. No me obligues, por favor.

El animago había esperado gritos y maldiciones, no ese tono triste y débil. Se percató de que era por él, para no hacer más incómoda la situación con su ahijado. Bellatrix se estaba tragando su orgullo para no causarle pesar y eso hizo que aún la quisiera más. Pero le preocupaba lo insegura que era en lo referente a su matrimonio: en el fondo seguía creyendo que merecía algo mejor que una mortífaga trastornada y que no era suficiente para él. La slytherin consideraba que como bruja no había nadie mejor que ella, pero como esposa se veía bastante menos capacitada... Por muchas veces que le repitiera que no era así, Bellatrix era terriblemente obstinada y no era nada fácil modificar sus ideas.

-Jamás te obligaría a hacer nada que no quisieras. Pero te das cuenta de que es envidia, ¿verdad, cielo? Harry les enseñó las fotos de nuestra boda y a los Weasley les da mucha rabia...

-Me da igual por lo que sea. Nadie me quiere ahí, solo tú. A mí me gusta mi ropa, aunque me haga parecer antigua, o indecente, o... ¿tú también lo crees? -preguntó girándose hacia él- ¿Te avergüenzas de que tu mujer...?

-¡Por las escamas de Saiph, Bellatrix! ¡No digas gilipolleces, eso es lo mío! No me avergonzaría de ti ni aunque fueses a la boda con un pijama de patos.

-No tengo pijamas de patos -respondió ella extrañada.

-Era un ejemplo. Joder, Bella, estás tan buena que una cría de dieciocho años -literalmente la mitad que tú- se siente amenazada de que la eclipses. Lo cual es una soberana gilipollez, porque aunque fueras con una de las túnicas esotéricas de Dumbledore seguirías siendo la más guapa de aquí a Júpiter. Y sospecho que esos comentarios tan machistas son cosa de Molly, ya sabes cómo es... A mí nadie me ha pedido que no vaya con botas de combate pero sin embargo a ti sí y me jode mucho. Mira, si no quieres, no vamos y se acabó. Volvemos a casa y tan felices.

-No quiero que te pierdas la primera boda de Potter...

-¿La primera?

-Es evidente que esos dos no van a durar -respondió la slytherin aún enfurruñada.

Sirius rió, le acarició la mejilla y la besó en la frente.

-Quiero ir a la boda porque tanta belleza, elegancia y nobleza merece ser mostrada... Y si vienes tú también habrá inteligencia y poder, que nunca están de más.

La bruja no pudo evitar sonreír al oír a Sirius auto elogiar su belleza. También adoraba que de ella siempre alababa antes la inteligencia que la belleza; era el primer hombre que no lo hacía en el orden inverso.

-Somos demasiado guapos y orgullosos para mantenernos escondidos... Y además, Trixie, es en la Madriguera -comentó él jugando con su pelo-. Dicen que no hay dos sin tres, ¿quieres perder una tercera oportunidad de incendiar semejante desastre arquitectónico?

Bellatrix volvió a enfurruñarse al ver la facilidad con la que lograba convencerla. Aún así, al poco murmuró: "¿Me prometes que si decido incendiarlo no me detendrás?". Sin pensarlo, él contestó:

-Te prometo que si se pasan lo más mínimo contigo, el primer fiendfyre será mío -aseguró con firmeza-. Si quieres vamos y si no, no, lo que tú quieras. Y ahora calla y cumple con tu deber como esposa: protégeme de la lluvia.

La bruja sacudió la cabeza pero obedeció. Apagó la luz, se taparon con las mantas y le pasó un brazo por la cintura mientras le susurraba que todo estaba bien y había destripado a quienes diseñaron Azkaban. El merodeador se perdió en su voz, en la suavidad de su piel y en su olor a ámbar y jazmín. Enseguida la tormenta perdió de nuevo todo el poder psicológico que ejercía sobre él y se durmió con rapidez. Su mujer, sin embargo, siguió contemplando el techo en la oscuridad durante unos minutos. Sirius de verdad había cumplido: ella era más importante para él que Harry o cualquier otra persona. Y eso la hacía egoístamente feliz.

-Siri -susurró zarandeándolo con suavidad.

-Dime -respondió él adormilado.

-Eh... Yo... -balbuceó la bruja sin saber cómo seguir.

-¿Intentas decirme que me quieres? -murmuró él.

-Sí.

-¿Y no lo consigues porque te da vergüenza y es impropio de ti?

-Sí.

-Bien. Yo también te quiero, Bella -respondió el animago durmiéndose de nuevo.

La mortífaga cerró los ojos satisfecha de haber podido transmitir su mensaje. Ni se planteó el hecho de que lograran comunicarse así, sin apenas palabras y sin ningún discurso lógico. Siempre había sido así, siempre se habían entendido de esa forma y ninguno de los dos imaginaba que pudiese ser de otra manera.