Yuri pudo sentir un aroma familiar mientras estaba cerca de Otabek en el parque. Observó a su alrededor, pero no encontró a nadie así que asumió que había sido su imaginación, después de todo no era la primera vez que creyó haberlo sentido cerca y solo era su instinto jugándole una mala pasada. Yuuri no volvería a él y eso era mejor para el japonés ya que junto a Víctor tendría una mejor vida lejos de los prejuicios que implicaba el hecho de estar a su lado. Ya había pasado el estado de molestia respecto a eso y ahora solo le quedaba aceptarlo de una vez por todas. Con cuatro meses de embarazo su deber era comenzar a pensar por ese cachorro que venía en camino y no en alguien más.

Algunos días más pasaron antes de que tomara una decisión definitiva en su vida y lo hablara con el alfa que lo había estado acompañando desde siempre— Beka, venderé la casa y me mudare a otra ciudad. Quiero empezar de nuevo —le explicó a su hermano y este lo entendió, aún creía que debería hablar con el japonés sobre esto, pero no haría nada contra las decisiones del rubio, era su vida y su decisión.

¿Cómo planeas sustentarte? —le preguntó mientras bebía café de su taza, se encontraban en la sala viendo televisión y comiendo bocadillos. En realidad era Yura el que comía los bocadillos y él solo tomaba ese líquido caliente.

Estuve averiguando y encontré un sector donde venden departamentos pequeños y baratos, solo dos habitaciones y la sala con la cocina están conectados. De momento no necesito mucho y con eso me basta para cuidar de Kolya mientras me afirmo en algún trabajo y pueda conseguir algo mejor cuando crezca un poco mas —lo había estado pensando mucho y a esa conclusión había llegado, mientras estaba preñado nadie lo recibiría en un empleo, pero podría tomar algunos cursos on-line para cuando su pequeño naciera meterlo en una guardería y poder trabajar para sustentarlos a ambos.

Ya había elegido el nombre de su pequeño, en honor a su abuelo sería Nikolai por lo que de cariño le diría Kolya. Acariciaba su barriga mientras comía con su mano libre, esta vez pensaría todo bien antes de hacerlo, no se dejaría guiar solo por emociones y planearía cada cosa antes de hacerla. No se enfocaría en encontrar a alguien más porque no quería a nadie más.

Después de aquella conversación no volvieron a tocar el tema, Otabek entendió que el rubio necesitaba su espacio e independencia ya que en la medida que su embarazo avanzaba menos se apegaba al alfa. El médico les explicó que eso sucedía ya que el moreno no era padre del pequeño, por lo que Yuri no sentía la necesidad de ser protegido por él más allá del cariño familiar que necesitaría de un hermano o padre.

El tiempo pasó, el alfa acompañó a Yuri a una ciudad vecina a la cual demorabas dos horas en auto para llegar. El rubio observó el departamento que ya había estado viendo por internet, para ese entonces con cinco meses y su actitud igual de imponente de siempre, incluso más si se sentía amenazado ya que tenía un cachorro en su vientre.

El lugar era tal cual se lo habían descrito, pequeño y acogedor, las habitaciones no eran amplias, pero solo necesitaba una donde poner la cuna y en la otra tendría su propia cama. No era conveniente trasladar los muebles por lo que también los vendería y compraría algunos de segunda mano en la misma ciudad que ahora sería su hogar. El alfa podría visitarlo cuando quisiera y si necesitaba algo, así que todo estaba bien.

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Para su sexto mes ya había vendido la casa y todo en ella, solo se había quedado con la vieja camioneta como un recuerdo de su abuelo. Con ella se trasladó a su nuevo hogar y logró trasladar los muebles que compró. El departamento tenía una isla por lo que solo compró un par de taburetes, una cocina, un sofá, mesa para la tv, una televisión no muy grande, una cama doble, un velador, dos closets y una lámpara de noche. Con eso sentía que todo estaba bien, solo faltaban las cosas para el bebé.

Otabek se había ofrecido como padrino a regalarle la cuna al pequeño Kolya, escogió una grande de madera, con mudador incluido y el corral se podía quitar para que cumpliera su función en el suelo y la cuna quedara como una cama infantil. Había gastado bastante, pero quería lo mejor para su sobrino.

Compraron una carreola, una silla para comer, una silla de auto para recién nacido y mucha ropa de distintas tallas y colores. Ya tenían todo completamente listo para el séptimo mes, Yuri se sentía ansioso y con miedo, había ido a talleres y ya había hecho el traslado del hospital, pero aún así se sentía sin apoyo. Por lo menos no el que quería.

Las noches comenzaron a volverse solitarias y lloraba aún más que al principio del embarazo, armó la cuna solo porque no quería que el aroma de Otabek quedara impregnado en ella, así que el alfa tuvo que acceder.

Cada película de romance lo hacía llorar como si sintiera cada cosa que le sucedía al protagonista, al dormir abrazaba su estómago cantándole alguna canción a su cachorro mientras las lágrimas corrían por sus mejillas y podía sentir como su bebé se removía inquieto y pegando pataditas como si le dijera "yo estoy aquí". Necesitaba a Yuuri, no iba a negarlo cuando no había nadie para verlo extrañarlo, necesitaba de su aroma, de su compañía y palabras cálidas ya que él definitivamente no servía ni para hablarse bonito a si mismo. Solo sabía regañarse e imponerse metas que debía cumplir para mantener todo en orden.

Si se ponía a pensar, Yuuri hubiese sido mejor llevando aquel estado completamente dedicado al bebé, diciendo que todo estaría bien y queriendo ser mimado a cada instante y él le hubiese dado todo lo que hubiese pedido porque era su omega.

Como siempre tomó su teléfono abriendo las redes sociales y esta vez lo que encontró lo dejó helado, el famoso Víctor Nikiforov anunciaba su matrimonio y Yuri sintió que por fin el peso de la realidad le caía encima como un balde de agua fría. Lanzó su celular contra una pared, haciéndolo añicos, la rabia y tristeza volviendo a él, sabía que las decisiones habían sido suyas, pero aún así era muy diferente cuando ya veías los resultados de las propias tan cerca.

Tal vez podría irrumpir en la boda y oponerse para recuperar a su omega y que volviera junto a él, confesarle que estaba preñado y que era suyo, que si dos omegas podían concebir entonces no estaba mal que pudieran amarse como lo hacían antes de que todo se derrumbara.

Por primera vez veía todo con más claridad, su enojo absurdo con Yuuri cuando el chico intentó hacer todo lo posible por hacerlo sentir bien tras la muerte de su abuelo, tal vez en ese momento si hubiese hablado con él aún hubiesen podido arreglarlo, ya que quizás solo se había acercado a Víctor un poco; pero ahora ya era tarde, Yuuri iba a casarse con el platinado y eso significaba que de verdad ya estaba todo perdido, quizás y hasta marcado estaba.

Lloró hasta que se quedó dormido en el sofá, esta vez no estaba Otabek para consolarlo ya que el moreno tenía sus propias cosas que hacer y vivía en otro lugar— abuelo… te necesito —dijo cuando despertó y se dio cuenta de que todo era real. Nikolai siempre lo había aconsejado bien y al perderlo sentía que también había perdido el rumbo de las cosas, sin saber que hacer al no tener ninguna guía.

Antes creía que era un omega independiente, pero estaba equivocado, siempre dependió de Nikolai y Otabek para luego depender emocionalmente de Yuuri. Siempre mostrándose fuerte, vaya farsa que era, ahora que estaba solo no tenía motivación para seguir, mas bien no la tendría si no tuviera a Kolya en su vientre.

El octavo mes fue muy molesto, el bebé insistía en meterse entre sus costillas y le era difícil hacerlo bajar, además que se movía demasiado, inquieto como si quisiera salir ya, pero aún no era hora. El pequeño no se calmaba ni cuando Otabek venía de visita y le hablaba, al contrario era como si con su voz se pusiera más inquieto, pero no de mala manera.

Solo está ansioso por salir —le comentaba el moreno a Yuri— Kolya, compórtate para que tu padre pueda estar tranquilo —le dijo cerca de la barriga para que lo pudiera escuchar con atención. Creyó que había funcionado, puesto que no se movía como si escuchara atento, pero cuando terminó Otabek de hablar, el cachorro se movió aún más que antes y el alfa solo pudo reír por lo rebelde que era el pequeño.

Otabek ya tenía un permiso para la fecha en que se realizaría la cesárea, Yuri le había pedido estar ahí y entrar con él ya que el médico había dicho que como tenían un lazo familiar le haría bien al omega que este estuviera presente y con sus feromonas lo ayudara a calmarse. Por supuesto el rubio accedió de inmediato, después de todo le tenía mucha confianza a l moreno.

La fecha de parto se adelantó una semana, el rubio despertó una mañana con el estómago duro, pero se le pasó. Una hora después volvió a sentir lo mismo y así. Se asustó un poco por lo que llamó al alfa solo por si acaso y este le dijo que se quedara tranquilo, que iría enseguida y que lo esperara con el bolso listo para ir al hospital.

El tiempo pasó y con ello Yuri sentía que su estómago se ponía duro cada menos tiempo, Otabek llegó con rapidez llevándolo al hospital de inmediato, asegurándose que el omega se pusiera el cinturón de seguridad.

El parto fue entre sudor y lágrimas ya que a pesar de que era una cesárea, por lo que estaba totalmente anestesiado del estómago para abajo, sentía que necesitaba a alguien más ahí presente, alguien que no estaba, por lo que lloró con intensidad. El doctor quiso regañarlo, pero la presencia de Otabek impidió que trataran mal al omega, ya que así lo hacían con los padres o madres solteras al ser omegas. Se aprovechaban de su situación, pero Yuri no estaba solo y el moreno se encargaría de hacerlo notar.

Después de un tiempo el llanto de un bebé resonó en la sala, Yuri sintiendo la felicidad plena al escuchar a su cachorro y removiéndose inquieto al no tenerlo cerca. Tuvo que esperar a que lo suturaran y a volver a su habitación para que le llevaran a su pequeño Kolya.

Apenas se lo llevaron lo recibió con desesperación en sus brazos, abrazándolo y marcándolo con sus feromonas. Otabek quiso cargarlo, pero el rubio gruño al instante, su instinto le dictaba que nadie podía acercarse en ese momento a no ser que fuera a quien tanto necesitaba. Pero él no estaba ahí.

El moreno entendió y se sentó a esperar a que los ánimos de Yuri mejoraran, las lágrimas caían silenciosas por las mejillas del omega. Una enfermera llegó para llevarse al menor logrando que Yuri se preocupara pensando que había algo mal.

Solo le daremos fórmula para bebé —le explicó al rubio y este lo entendió, el había decidido no amantar puesto que creía que se sentiría extraño y aún después de tener a su pequeño en brazos, no sentía la necesidad primaria de ser él quien lo alimentara.

Cuando se lo trajeron de vuelta Otabek pudo cargarlo como tío orgulloso, el pequeño tenía cabellos rubios como Yura y eso lo alegraba, aunque al omega lo entristecía ya que quería que se pareciera un poco a Yuuri, tenía la esperanza de que cuando el color de ojos del menor se regularizara pudieran ser como los de su amado omega.

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El proceso de cuidarlo no fue fácil, aprender a cambiar pañales, darle la formula cada cierta hora y cambiarle la ropa a cada rato porque se manchaba al vomitar o al pasarse en el pañal. El resultado del examen que les hacen a los recién nacidos para saber su segundo género llegó dando a mostrar que a pesar de ser de padres omegas, Nikolai era todo un alfa, aunque eso ya lo intuía el rubio por su manera demandante de ser a pesar de ser un bebé. Los omegas eran más tranquilos y sus llantos eran más bajitos, en cambio los alfas en vez de llorar parecían alegar por atención.

Al cabo de cuatro meses Yuri encontró un trabajo en una oficina que le brindaba capacitaciones para poder superarse y una guardería dentro del mismo lugar por lo que en su horario de almuerzo podría ir a ver a Kolya y si pasaba algo él estaría cerca. La paga era buena por lo que no dudó en aceptarlo de inmediato, esto los ayudaría a mejorar su estilo de vida y a por fin mantenerse por sus propios medios.

El tiempo pasó y con esto la crianza de un pequeño alfa se iba dificultando ya que si bien tenía una personalidad tranquila para ser un alfa, cuando se enojaba su genio era de los mil demonios. Era la mezcla perfecta entre Yuuri y él; tranquilo casi todo el tiempo, pero cuando algo lo sacaba de sus casillas se transformaba en un fiero alfa, tan fiero como podía ser un pequeño de tres años lo cual era empujar o morder a otros chicos que lo molestaran, gruñirle a cualquiera que quisiera acercarse a su padre o lanzar los juguetes cuando algo no le parecía.

Otabek los visitaba una vez al mes ya que tenía pareja y no podía venir seguido, Yuri aún no sabía quién era aquella persona ya que el moreno omitía todo con respecto a ello y el rubio había desistido en preguntar.

El alfa llenaba de regalos a su pequeño sobrino cuando lo visitaba, además le enseñaba como ser un buen alfa y respetar a todos, aún si tenía tres años el menor entendía que era más fuerte que los niños omegas y que no debía dejar que nadie pasara a llevar a nadie.

Las enseñanzas de Otabek demostraron ser aprendidas claramente una tarde en el parque, Yuri estaba con su cachorro observándolo jugar hasta que el pequeño olisqueo el aire como si algo captara su atención, haciéndolo correr tan rápido como sus pequeñas piernas le dejaban.

El mayor sintió curiosidad por el comportamiento de Kolya, así que lo siguió en silencio, encontrándose con una escena muy tierna.

¡No, fuera! —le decía gruñendo el pequeño Nikolai a un alfa que al parecer estaba intentando coquetear con un omega al que claramente no quería nada con él. Se abrazaba a la pierna del omega que se encontraba de espaldas a Yuri y este decidió intervenir.

Nikolai, no puedes huir así —le dijo a modo de regaño mientras se acercaba mas y comenzaba a sentir un aroma familiar, un aroma que no sentía desde hace casi tres años.

Sintió como su corazón se paralizaba cuando aquel omega extraño se giraba hacia él al escuchar como llamaba a su cachorro. Mostrando su rostro con los rasgos asiáticos que tanto extrañaba.

Yuri —le dijo sorprendido el japonés y sintiendo su corazón acelerarse al instante.