Capítulo 28.- Airplane! (I)

"All right, Striker, you listen, and listen close! Flying a plane is no different

from riding a bicycle; it's just a lot harder to put baseball cards in the spokes..."

Airplane! (1980)


A la mañana siguiente, Derpy observó el cielo azul sin nubes y comprendió que al menos cerca de Australia el tiempo era perfecto para volar. Nancy-Bird tenía algo llamado rádar meteorológico que le iría advirtiendo si encontraban mal tiempo, pero era algo que no le preocupaba demasiado: volaba tan alto que podría evitar tormentas, al menos hasta antes de tomar tierra.

No había vuelta atrás, supuso, así que con Black Betty subió a cabina e inició el procedimiento una vez hubo sacado a Nancy-Bird del hangar con el tractor.

Ya en el asiento del comandante reprodujo la secuencia para arrancar motores (eléctrico, bombas de combustible, "motor masters" y gases al ralentí) y al tiempo que los oía encenderse, los diagramas del panel le mostraban que los cuatro comenzaban a girar listos y nominales.

Suspiró aliviada.

Los había encendido por primera vez hacía dos días y el número tres había tardado en ponerse en régimen un poco de más. Por el aspecto de los números verdes en la pantalla aquella mañana, Derpy supuso que sólo había necesitado calentarse un poco para volver a funcionar correctamente.

–Guau.

–Configuración de despegue preparada –se aseguró comprobando los flaps–. Bien. Bajaré a desconectar la GPU y luego nos vamos a cabecera.

Antes de salir de la cabina, Derpy observó a Black Betty en el asiento del copiloto. Su gorra de primer oficial no se le caía desde que le había hecho agujeros para las orejas y su lengua fuera y su rabo sacudiéndose le decían que estaba ansiosa por empezar.

–Guau.

–¡Ya voy, ya voy! –sonrió Derpy.


Arrancar un avión no era trabajo para un sólo pony, pero Derpy no tenía muchas opciones al respecto. Una vez arrancados los motores tenía que salir del avión y desconectar, apagar y apartar la GPU de en medio. Entre unas y otras tareas en tierra y en cabina, llevaba varios viajes aquella mañana cambiándose la gorra de comandante por el chaleco reflectante del personal en tierra. Las tareas más complejas y largas, como revisar el avión por dentro o cargarlo de combustible tras la última prueba de motores, las había ido escalonando en días anteriores, con lo que se había asegurado de estar lo más fresca posible para el vuelo. A pesar de ello había preparado café en el office de los pilotos.

Mucho café.

Salió por la puerta más cercana a la cabina y aleteó en un rodeo para evitar la aspiración de los motores. Luego desenchufó a Nancy-Bird, apagó la GPU y tras engancharla y apartarla con el push-back, suspiró.

Bueno, eso era todo.

Ya no volvería a pisar Australia nunca más.

Por algún motivo que no comprendía sentía más nostalgia que miedo y lanzó un último vistazo al aeropuerto que había sido su hogar los últimos meses mientras se ajustaba de nuevo la gorra de comandante.

–¡Guau! –la llamó Black Betty desde arriba.

–Sí, sí. Ya voy. ¡No te preocupes tanto por el combustible! ¡Tenemos de sobra!

De vuelta al asiento del piloto, Derpy liberó frenos y comenzó a carretear a Nancy-Bird hasta la cabecera 07. Sorprendida comprobó que respondía prácticamente igual que en el simulador. Era más ruidosa. Y los mandos se sentían un poco diferentes, especialmente el joystick (¿quizás había ajustado mal las latas de melocotones?), pero el manejo no era muy distinto. Con cuidado de no superar el radio de giro, llegó hasta la pista de carreteo que daba acceso y se situó por fin en la cabecera. Ya había comprobado algunos sistemas días antes, como el encendido de los motores, o el sistema hidráulico, pero era la primera vez que la movía sin tractor. Se sintió muy contenta por no haber tenido ni un problema. ¡Por fin podrían despegar!

–¿Lista?

–Guau

–Pues allá vamos.

Derpy subió gas y Nancy-Bird empezó a acelerar por la pista a toda velocidad. Entonces, suave como una pluma, en cuanto llegaron a velocidad de rotación Derpy sólo tuvo que tirar del joystick suavemente, para levantar el morro y dejar que los sistemas electrónicos del aparato equilibraran el ascenso sin mayor problema. ¡Era mucho más fácil que la Piper!

–¡Vaya! ¡Funciona! ¡Funciona de verdad!

–Guau.

–Sí, es verdad. Trenes arriba.

A Black Betty se le olvidaba siempre cuál era la palanca para subir los trenes, así que Derpy había preparado una deliciosa galleta para perros atada al control para recordárselo. Tras olfatearla, levantó la palanca con el hocico y Derpy cerró el conmutador de seguridad en cuanto los testigos se apagaron.

–¡Bien hecho!

Sydney quedó pronto atrás y abajo y Derpy lanzó un último vistazo por la ventanilla izquierda para despedirse de la ciudad y con ella, de Australia. Se sintió un poco aliviada y un poco triste a la vez, pero sobretodo triste: todo lo que había dejado atrás hasta ese momento quedaba definitivamente atrás y dudaba, tras todo lo sucedido, de que algún pony alguna vez volviera a pisar Australia. La nostalgia, sin embargo, se fue desvaneciendo poco a poco y una sensación de incertidumbre en el fondo del estómago acabó por hacerse muy real cuando todo lo que quedó delante de ellas fue cielo claro y océano. Trató de calmarse. No quería preocupar a Black Betty, así que estabilizó la senda y ordenó al piloto automático que las llevara a FL430, rumbo 0-4-5. Nancy-Bird obedeció sin dar ningún problema y en pocos minutos ascendieron para, acto seguido, llegar velocidad de crucero.

Un vistazo a los indicadores...

No había alarmas... Presión de cabina normal... Motores normales... Todo Ok...

Pues...

Eso era todo...

–¡Guau!

–Sí, creo que ya está.

–¿Guau?

–Unas dieciséis horas. Son 9000 millas y a esta altura vamos a unas 550 millas por hora... Todo dependerá de si encontramos vientos de altura en contra o a favor.

Derpy observó a Black Betty. No parecía muy contenta.

–¿Guau?

–¿Cómo que qué vamos a hacer durante dieciséis horas? Pues no sé... Chequear la navegación, estar atentas a que no surja ningún fallo... ¿Qué tal tratar de no estrellarnos en el mar, por ejemplo? También he traído algunas películas, pero aún no he probado si funciona el reproductor de DVD de la cabina de pasaj...

Black Betty gruñó entonces y Derpy creyó por un momento que de estar contrariada había pasado a estar enfadada.

Pero no.

Gruñía en direccion a la cabina de pasajeros.

–¿Black Betty?

Entonces la vio saltar tras soltarse del cinturón y correr en dirección a las filas de asientos de detrás.


Derpy puso los pesos sobre su asiento todo lo deprisa que pudo y las alarmas que había iniciado al levantarse sin haber un copiloto en su puesto se apagaron. En el simulador había aprendido que un A380 no llevaba bien que no hubiese nadie en los asientos, así que había preparado un par de contrapesos por si Black Betty y ella tenían que ir a hacer pis a la vez. Su primera idea había sido colocar a un maniquí humano, pero le faltaba peso. Aún así, y como le había costado un montón vestirlo con el uniforme de Quantas, había decidido traerlo a la cabina de todos modos y sentarlo en el asiento del tercer piloto, detrás. Sentía que dejar la cabina completamente vacía era un poco inapropiado.

–Señor Otto, avise si hay alguna alarma –dijo seriamente.

Y luego salió a buscar a Black Betty.

La encontró en la sección de clase turista de la cubierta principal. Allí y con pericia de perra pastora había arrinconado a casi una docena de wombats en los asientos centrales de la fila 72. Derpy había estado muy tentada a desmontar todos aquellos inútiles asientos, pero tras ver los DVDs sobre cómo se hacía había acabado por desistir. ¡Había centenares! El problema de haberlos dejado era que... En fin... Al parecer resultaban perfectos escondites... Y se les habían colado polizones.

–¿Pero qué...?

–¡Guau!

–¡No! ¡A mí no me tocaba cerrar la puerta anoche!

–¡Guau!

Derpy, alarmada, observó cómo un inesperado koala empezaba a trepar en dirección a una de las manijas de emergencia de la salida M4L. Voló allí todo lo deprisa que pudo a tiempo para evitar una despresurización. Por todo agradecimiento, el gruñón koala lanzó un siseo de hostilidad y empezó a mordisquear el reposacabezas del asiento en el que le dejó. ¿Cómo se habían colado aquellos bichos? ¡Había revisado el avión varias veces...! Bueno... Habían tardado día y medio en llenarlo de combustible, (y otro día de pruebas con los motores), así que no era tan difícil que...

–¿Guau?

–¡Buf! Sí... Deberíamos volver... No podemos llevar polizones con...

Un estremecimiento sacudió a Nancy-Bird entonces y las luces en la cabina de pasajeros se apagaron y se encendieron varias veces durante unos segundos. Derpy ordenó a Black Betty que vigilara que ninguno de los animales activaba una salida de emergencia y voló deprisa hasta la cabina.


Como temía, la sacudida no auguraba nada bueno.

Era de noche.

Nancy-Bird estaba volando de noche.

¿Cómo era posible?

Fuera de la cabina era de noche, y aunque Derpy había esperado que tarde o temprano aquello sucediera (iban hacia el Noreste y eso significaba que iban a acabar entrando en la noche de la Tierra), lo había previsto para mucho más tarde... ¡Acababan de salir! ¿Por qué...?

Las alarmas en la pantalla del SDAC(*1) empezaron a sucederse entonces y Derpy trató de mantener la calma. Seguían volando en crucero, con el mismo rumbo y altitud, pero el sistema eléctrico parecía descontrolado. Las abreviaturas del ECAM(*2) le devolvieron información que correspondía, tras ojear el manual, con una sobrecarga en los generadores, así que Derpy se puso la pulsera de bolígrafos a toda velocidad y empezó a apretar botones en el orden que recomendaba la computadora de vuelo; al tercero reconoció el procedimiento para reducir el consumo de energía a bordo, pero no entendía por qué...

Entonces miró a las imágenes de la cámara de cola. Nancy-Bird tenía cámaras en alas y cola que permitían hacer, entre otras cosas, las comprobaciones de movimiento de las superficies antes de despegar.

Pero lo que estaba viendo Derpy en aquel momento en la cola, detrás de ella, era el día...

–No entiendo nada.

Se acordó entonces del señor "Magia en el Mundo" y de su conversación con él en el Uluru... ¿Sería aquello?

–Guau –comentó saltando al asiento del copiloto Black Betty.

–¿Qué...? ¿Dónde están...?

–Guau.

–¿A todos? ¿En el baño? ¿Al koala también?

–Guau.

–Bueno. Por ahora, vale. Pero tenemos que sacarlos de ahí... Un vuelo de dieciséis horas puede hacerse muy incómodo para todos esos animales ahí dentro.

–¿Guau?

–Creo que para bien o para mal se vienen con nosotras. No podemos regresar y devolverlos –informó Derpy–. Creo que hemos atravesado la barrera mágica que hacía que el tiempo fuese más despacio en Australia. Yo no me arriesgaría a cruzarla de nuevo, porque el sistema eléctrico se ha vuelto tarumba.

–¿GUAU?

–Es una larga historia. Primero limpiemos de alarmas a Nancy-Bird y luego veremos, ¿vale?


(*1) SDAC.– System Data Acquisition Concentrator

(*2) ECAM.– Electronic Centralised Aircraft Monitor


Limpiaron entre las dos todas las alarmas que habían saltado y antes de volver con los animales, Derpy comprobó que estaban activas las luces exteriores; trató después de fijarse en las estrellas. Doctor Hooves le había recomendado aprenderlas, pero sólo había logrado saberse las que más se parecían a las constelaciones de Equestria. En el hemisferio sur, por ejemplo, los humanos usaban una llamada "Cruz del Sur" para encontrar precisamente ese rumbo. Si llevaban el correcto, Derpy estimó que la constelación tenía que quedar entre la imagen de la cámara de cola y la del semiala derecha. Lo comprobó cuando la claridad del día dio paso a la noche detrás del avión. Un brillo lejano anunciaba que Australia y su día de tiempo más rápido, se estaban perdiendo en el horizonte.

–¡Bueno! Al menos parece que el piloto automático no se equivoca y llevamos buen rumbo. Ahora encarguémonos de los polizones.

Como el trato con los pasajeros no era tarea del comandante excepto en casos excepcionales, Derpy se dispuso a seguir el procedimiento y dejó las gorras para acto seguido atar al cuello de Black Betty y al suyo dos pañuelos fucsia de auxiliares de vuelo que encontró en un armario. Luego sacó a los animales del cuarto de baño y los sentó, abrochándoles los cinturones. Mientras Black Betty los vigilaba, a Derpy se le ocurrió mover los carritos de comida y bloquear todas las salidas de emergencia excepto las más cercanas a cabina: así podrían ver si alguno de los polizones trataba de despresurizar a Nancy-Bird por accidente.

–La verdad es que podemos dejar desactivadas las salidas de emergencia desde cabina, pero prefiero no arriesgarme –confió Derpy–. ¿Crees que deberíamos darles la charla de seguridad?

–Guau.

–Tienes razón. No sé si la entenderían. Aunque ahora se están portando muy bien...

Los wombats, al menos, parecían mucho más dóciles después de ser testigos de cómo Derpy había tenido que encerrar al maleducado y mordedor koala en un transportín.

Entonces lo oyeron.

¡Pam!

¡Una explosión!

En la cubierta superior algo había explotado y se oían aceleradas carreras por el techo.

–¡Oh, porras! ¡Y ahora qué!


NdA: Mañana el siguiente.