Yuuri sentía que su rostro estaba a punto de explotar.

No podía soportar la vergüenza que en ese instante su cuerpo sentía, las reacciones de su mente en relación a los sentires de su cuerpo le parecían simplemente inauditas y extremadamente crueles, no podía pensar que en que siquiera el destino pudiera asomar dicha posibilidad.

Tan solo habían pasado dos días luego de que Yuuri viera a Víctor por última vez, siendo el omega esa última ocasión tajante respecto a la atención que el joven alfa daba a los estudios que este realizaba en pro de su formación como futuro monarca de aquella gran nació lo cual, siguiendo las órdenes establecidas por su maestro, el joven zarévich estuvo dos días sin visitar el lago para dedicarse a sus clases. No obstante, la mañana en la que se suponía que el alfa visitaría nuevamente ocurrió algo que el mismo podía considerar extraño y extraordinario.

Casi tres años después, Yuuri había vuelto a sufrir de su celo, pero este había sido como ninguno otro antes, más intenso y doloroso. La fiebre, el calor, el deseo y sobre todo, aquella imagen nítidamente expresada en su mente había sido aquello que había perturbado a Yuuri. El omega nunca había sentido la necesidad de tocarse en ninguno de sus celos anteriores, siempre había sobrellevado el malestar y la fiebre que dolorosamente le atacaba con unos cuantos días de descanso y enclaustramiento, pero esa ocasión en particular no pudo simplemente mantenerse quieto. Con sus piernas húmedas de los fluidos que el mismo emanaba, buscaba satisfacer tímida pero exasperadamente el ardor de la parte baja de su cuerpo, cada minuto que pasaba en aquella bruma era más desesperante. Intento calmarlo con una infusión de plantas medicinales, pero era inútil, el malestar fue tal que apenas pudo levantarse de la cama en los días que duro su celo, comiendo muy escasamente, sobrepasando el mismo a base de agua y un par de plantas medicinales.

Con su tiempo congelado en el mundo humano, Yuuri no podía creer la fuerza de ese fenómeno que le estaba ocurriendo. Increíblemente, por primera vez en su vida, clamo la compañía de un alfa, el contacto ajeno que pudiera calmar todos sus malestares y llevarlo al paraíso en el proceso. Pero no era un llamado a cualquier alfa, solo quería a uno, clamando expresamente su nombre, llamándole a su encuentro, y aun con el temor que este pudiera aparecer en cualquier momento, encontrándolo en semejantes condiciones, aquello no ocurrió. Yuuri permaneció solo, soportando el malestar de la bruma pidiendo escuetamente el toque de una sola persona, el toque de Víctor.

Ya de eso había cerca de cuatro días, con Yuuri recordando cada cierto tiempo aquello y provocando que su rostro se encendiera intensamente de la pena. Pero, el omega estaba envuelto en una nube de reflexiones posteriores a su celo, dado que esa era la primera vez que pensaba en una persona durante alguno de sus celos, y estaba seguro de que no era algo que solo había pasado por una cercanía continua al alfa, era algo mucho más profundo y que amenazaba con cada nuevo día que pasaba en compañía del joven zarévich. Yuuri lo sabía, negando cada vez que podía aquella sensación de malestar que le venía acompañando desde hacía algunos años. No quería pensar que era aquello que su mente le recordaba todas las noches, pero con el pasar del tiempo, y los nuevos cambios físicos que aquel dulce alfa tenia, era mucho más difícil de negar.

Solo esperaba poder mantener aquellos pensamientos muy dentro de él, no quería complicar la vida de un joven humano tan prometedor como lo era el alfa, especialmente porque no sabía cuando tendría que regresar al mundo de los dioses.

Yuuri no quería admitirlo, no quería recordarlo aunque ya era consciente de ello. Él tenía que regresar al mundo de los dioses, pero el motivo que tenía que retenerlo en el mismo había desaparecido hacía unos cuantos años.

El dios ya lo había notado en el momento que se había establecido en aquel enorme pueblo del imperio ruso, que finalizado aquel trayecto, sus poderes estaban al margen de su control. No tenía dudas de que su mente había empezado a sobrellevar lentamente los abates de las energías humanas, logrando de alguna manera controlarlas y permitir solo lo estrictamente necesario, después de haber atravesado múltiples escenarios llenos de muerte, enfermedad y desesperación, conociendo lo más ruin y asqueroso de la humanidad, pero también lo más hermoso y sincero, estaba ya preparado para regresar al mundo de los dioses controlando sus dones de manera triunfante, dado que lo había hecho en mucho menos del tiempo que había solicitado el consejo. No obstante, algo había ocurrido. Un hecho atemporal hizo que su intensión de descansar una temporada antes de regresar al mundo de los dioses se extendiera mucho más de lo considerado, un encuentro no premeditado que cambio por completo todo lo que había esperado.

Su encuentro con Víctor hacía casi tres años.

Había ocurrido en el momento menos pensado, trayendo consigo miles de consecuencias que el omega jamás aproximo. Una amistad continua y singular al lado de un niño humano, que particularmente no era igual al resto de los seres humanos que había conocido antes, un niño que a simple vista no parecía tener muchas cosas especiales, era llorón, juguetón, risueño y berrinchudo como cualquier otro humano de su edad, y la corona que reposaba sobre su cabeza fue lo menos importante de todo. Pero desde el principio de su encuentro su aura le había deslumbrado, y aun con el paso de los años, la pureza de la misma no había cambiado casi nada, solo extractos de madurez que se ajustaban a ella con el pasar de los años.

Ese hecho, acompañado de la forma tan curiosa de ser de aquel joven muchacho, sus reacciones, sus deseos, sus acciones, todas marcadas de esa jovial pureza que iban en concordancia con la extrema belleza física que tenía, hacía que ningún dios podía hacerle frente a ello. Víctor era un ser hermoso en todas sus formas, pero lastimosamente era un ser humano.

Y Yuuri obvio que lo sabía, era lo más claro que tenia de todo, no entendía los motivos por los cuales seguía posponiendo su regreso, no había más motivos que le ataran al mundo humano ¿Entonces porque no se marchaba? ¿Qué le retenía?

¿Qué cosa le impedía abandonar a Víctor de una vez por todas y regresar a su hogar?

Por muchos eso era lo que había deseado, su familia le esperaba junto a Yurio y su maestra Minako, desde siempre ellos fueron su motivo para esforzarse a dominar sus dones, su fortaleza para seguir aguantando cada crueldad hasta regresar a donde pertenecía ¿Pero porque sentía que su corazón se rompía ante la posibilidad de no volver a ver al alfa?

No quería pensarlo, su corazón sentía romperse cada vez que lo recordaba.

Y sentía llorar porque estaba en una encrucijada entre aquello que había deseado desesperadamente por tanto tiempo, y aquello que ahora estaba sintiendo formando lentamente un nuevo pero poderoso deseo.

¿Qué debía hacer? Se preguntaba Yuuri mientras alzaba la vista ante el grisáceo cielo, antojándole verlo teñido de un hermoso azul marino como el firmamento que seguía cada noche.

Una pequeña gota cayó sobre su mano extendida, tal parecía que ese día iba a llover.

Pero ya en sus ojos había una tormenta que había sido desatada, y Yuuri cayó al suelo abrazándose de sus piernas al bordedel lago, susurrando su deseo que nadie más escucharía pero añorando que llegara a la persona a la cual iba dirigida.

— Quiero verte, Víctor.

¡Hola mis corazones de cristal! Es Elle. Respecto al capitulo ¿que tal les ha parecido? ¿Que cosas llamaron su atención? Yuuri esta atravesando un proceso complejo y al fin se da a conocer que sus poderes han sido dominados por completo, ya no tiene más motivos para permanecer en el mundo humano. ¿Pero que le detiene? Nuestro lindo dios deberá atravesar junto a nuestro alfa adolescente un sin fin de experiencias más entre ese camino confuso, y espero puedan seguir acompañándolo.