Milady,

Estoy muy preocupado por Marinette. Esta mañana, en el colegio, la he visto más seria que de costumbre, así que me he acercado a hablar con ella.

–Marinette, ¿estás bien? –le he preguntado–. Pareces cansada.

De hecho, y aunque me dice que está durmiendo mejor por las noches, lo cierto es que se queda dormida en clase con cierta frecuencia. Sus amigos le toman el pelo al respecto, pero a mí me preocupa que no esté descansando bien.

–Sí, gracias, AlterEgodeCatNoir –me ha contestado–. Todo va bien, solo... he tenido mucho trabajo últimamente.

–Aún no te he dado las gracias por la caja que hiciste para mí. Quiero decir que me gustaría hacer algo por ti a cambio. Así que, si me necesitas para lo que sea, ya sabes que puedes contar conmigo. Es lo menos que puedo hacer.

Marinette me escuchaba con una sonrisa cortés, pero tuve la sensación de que apenas me estaba escuchando, como si sus pensamientos estuviesen muy lejos de allí.

–Gracias –se limitó a decir–, lo recordaré.

Me duele un poco que haya alzado esta barrera entre los dos, pero sé que debo respetarlo, porque le prometí que lo nuestro no saldría de la burbuja. Y también le prometí que haría lo posible por evitar que descubriese mi verdadera identidad, de modo que he de mantener las distancias con ella en el colegio para que no sospeche nada. Resulta un poco frustrante, pero es lo que hay.

Así que hace un rato fui a verla, cuando ya era de noche. Ayer estuvimos juntos y en teoría no debería visitarla dos noches seguidas, por seguridad. Pero intuía que había pasado algo... y no me equivocaba.

Marinette no estaba en su balcón cuando llegué. Llamé a su ventana con suavidad, para no despertarla si estaba dormida, pero abrió de inmediato.

–¡Cat Noir! –exclamó.

–Buenas noches... –empecé, pero ella no me dio tiempo a terminar.

Me agarró del brazo y tiró de mí para que entrara en su habitación. Cerró la ventana sobre nuestras cabezas y se me echó al cuello, temblando.

–¡Marinette! –exclamé mientras la abrazaba también–. ¿Qué ha pasado?

Ella respiró hondo un par de veces antes de responder:

–El examen. Ya me han dicho cuándo tengo que hacerlo. Es dentro de tres días.

Me senté en la cama junto a ella, aún estrechándola entre mis brazos.

–Lo vas a hacer fenomenal, ya lo verás –le susurré al oído–. Yo sé que lo conseguirás.

–Estoy muy asustada, Cat Noir –me confesó.

Verás, milady, Marinette no es el tipo de persona que se arruga ante los retos. Puede tener dudas e inseguridades, pero siempre encuentra el valor que necesita para seguir adelante. Y yo sabía que, por la forma en que le estaba afectando, aquel "examen" no era simplemente un examen tal y como ella lo planteaba.

Le sostuve el rostro entre las manos y la miré a los ojos.

–¿Qué es exactamente lo que te da tanto miedo, Marinette? –le pregunté directamente.

Ella vaciló, y por un momento pensé que se limitaría a decirme "no spoiler". Pero tragó saliva y confesó por fin, en voz muy baja:

–Si fallo... tendré que despedirme de todos mis amigos... y de ti.

Fruncí el ceño.

–¿Despedirte...? –repetí–. ¿Por qué? ¿Tendrás que irte de París o algo por el estilo?

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

–Algo por el estilo –susurró–. Lo siento, no puedo contarte más.

Hundió la cara en mi hombro y la envolví entre mis brazos mientras intentaba digerir lo que me acababa de contar. De pronto, la posibilidad de que Marinette se marchara lejos... de dejar de verla... me resultaba insoportable. Pero me esforcé por mantener la calma.

–Todo saldrá bien, mi princesa –le susurré, tratando de que no se me notara el súbito nudo que había formado en mi garganta–. Vas a superar ese examen y no vas a tener que despedirte de nadie, ¿me oyes?

–Pero ¿y si...?

–Pase lo que pase –la interrumpí–, yo encontraré la forma de estar a tu lado. Siempre, mi amor.

Apoyó la cabeza sobre mi hombro y se echó a llorar. Le acaricié el pelo, que se había dejado suelto, mientras la acunaba entre mis brazos.

–Te quiero –susurró–. Te quiero muchísimo.

Era la primera vez que me lo decía, y yo sentí que me estallaba el corazón de amor por ella. Marinette se secó las lágrimas, inspiró hondo y añadió:

–Siento no haberme dado cuenta antes de lo mucho que significas para mí.

Yo no podía dejar de abrazarla, de acariciarla, de besarla en la cabeza, la frente, las mejillas. A veces siento que esto que está pasando entre nosotros ha sido algo repentino e inesperado, y otras, en cambio... tengo la sensación de que nos queremos desde siempre, y no soy capaz de explicar por qué.

–No comprendo nada –le dije–. No entiendo qué es ese examen, por qué tienes que presentarte ni mucho menos por qué deberás marcharte si te suspenden.

–No te lo puedo contar...

–Lo sé, lo sé. Solo quiero que sepas... que tienes todo mi apoyo y que haré todo lo posible para ayudarte.

Me abrazó con fuerza.

–¿Podrías... podrías quedarte esta noche... por favor?

Me sorprendió la petición, porque ella nunca me ha permitido quedarme en su casa hasta tarde. Tiene miedo de que nos quedemos dormidos hasta el amanecer, porque a plena luz del día hay más posibilidades de que alguien me vea saliendo de su casa.

Pero le devolví el abrazo y respondí sin dudar:

–Claro, mi princesa. Me quedaré todo el tiempo que necesites.

Así que estuvimos un rato echados en su cama, simplemente abrazados y en silencio, hasta que ella se fue calmando.

–Sabes que todo va a salir bien, ¿verdad? –le dije en voz baja–. Dentro de tres días habrás superado ese examen y lo celebraremos como se merece.

Sonrió un poco.

–Cat Noir, sabes que no podemos hacer eso. Nadie debe vernos juntos en público, así que no podremos salir de aquí.

–No tenemos por qué salir de aquí. Tampoco estoy hablando de una fiesta, eso llamaría mucho la atención. Pero podemos hacer algo especial tú y yo. Quizá una cena romántica...

–¿En mi habitación? –se rió ella, y de nuevo le acaricié el pelo con cariño.

–Cualquier sitio es perfecto si estamos juntos –le respondí, y me abrazó con fuerza.

–Soy muy afortunada por tenerte a mi lado –dijo en voz baja.

–Es lo más bonito que me han dicho nunca –contesté en el mismo tono–. Gracias, Marinette.

–Lo pienso de verdad. Y también pienso que tendría que habértelo dicho más a menudo, porque quizá no vuelva a tener ocasión de hacerlo y...

–Eh, eh –la interrumpí al ver que volvía a angustiarse–. Estamos dentro de la burbuja, ¿recuerdas? Y en nuestra burbuja todo es perfecto. Todo será como tú quieras que sea. Así que podemos estar juntos mucho tiempo... todo el tiempo que queramos. Y podré decirte una y mil veces lo maravillosa que eres y lo mucho que me importas. Y tú no tienes que hacer ningún examen. Podemos simplemente estar juntos, abrazados, y te haré reír con mis chistes malos...

Se rió.

–Nooo, chistes malos no –protestó.

–Objetivo conseguido –le dije, guiñándole un ojo.

Cuando se acurrucó entre mis brazos, aún sonreía.

Hablamos un poco más, de cosas sin importancia, antes de que ella se quedara dormida. Pero esta vez no me marché. Programé el bastón para que sonara la alarma una hora antes del amanecer, para estar seguro de que aún sería de noche cuando saliera de su casa, y cerré los ojos.

No es la primera vez que me duermo a su lado. En cierta ocasión íbamos juntos en el tren, durante un viaje escolar, y ella se quedó dormida y dejó caer la cabeza sobre mi hombro. Entonces la consideraba una buena amiga nada más, pero recuerdo que la miré y sentí de pronto una gran ternura al verla tan profundamente dormida. Cerré los ojos, apoyé mi cabeza sobre la suya y me dormí también. Creo que habíamos tenido un akuma la noche anterior, así que probablemente por eso estaba tan cansado.

Eso fue hace unos tres meses más o menos y, sin embargo, parece que ha pasado una eternidad. Ahora me preocupa la posibilidad de que, en efecto, Marinette se vaya a vivir a otra ciudad y ya no pueda volver a dormir a su lado, como ahora. La idea de verla solo en una pantalla, de no poder abrazarla... me resulta insoportable.

Cuando volví a casa, poco antes del amanecer, me puse a mirar todas las fotos que tengo de ella. De cuando sólo éramos compañeros de clase, de cuando nos hicimos amigos, de cuando empezó a convertirse, poco a poco, en una de las personas más importantes de mi vida. Y, aunque no me arrepiento de todo este tiempo que he pasado enamorado de ti, milady, a veces me pregunto... si las cosas hubiesen podido ser diferentes con Marinette. Si me hubiese fijado antes en ella...

Bueno, quizá me habría dado calabazas porque a ella le gustaba otro chico. Por otro lado, alguna vez me he planteado si Marinette sentía algo por mí, por mi alter ego, quiero decir, pero siempre que la he tanteado al respecto lo ha negado, así que... probablemente no tiene sentido darle vueltas.

No puedo evitar preguntarme, sin embargo, si lo que pasa es que los padres de Marinette tienen pensado enviarla a vivir a China con la familia de su madre. Quizá para que aprenda cocina con su tío, que es un famoso chef. No sé, ¿qué otra cosa podría ser?

A mí también me angustia la posibilidad de que pueda marcharse tan lejos precisamente ahora que estoy descubriendo lo mucho que me importa. Pero no sé qué puedo hacer al respecto.

Está amaneciendo ya. Dentro de un rato tendré que ir al colegio y veré a Marinette, y tendré que fingir que solo somos amigos. Le he prometido que volveré a verla esta noche, y la siguiente, justo antes del examen. Quiero pasar todo el tiempo que pueda a su lado.

¿Alguna vez te has sentido tan impotente, milady? ¿Te ha pasado alguna vez que ves que alguien sufre cerca de ti pero no puedes hacer nada para ayudarlo?

Me hace preguntarme de qué me sirven los superpoderes si no puedo hacer feliz a la chica a la que quiero.

Siempre tuyo pero, sobre todo, de Marinette,

Cat Noir