Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

.

.

.

Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

.

.

.

Verano

.

.

—¿Por aquí estará bien que descansemos?

Yuuri no se mueve de su posición sigue avanzando mirando al frente, cuidando su perímetro. Pero no puede evitar echar un vistazo sumamente rápido a la persona que ha acelerado su paso para darle alcance.

—¿Preguntas mi opinión? —cuestiona Yuuri en un tono simple. El hombre dela máscara asiente. Yuuri se detiene y el capitán a cargo de la misión también, haciendo que el resto de la cuadrilla los imite resguardando sus propias posiciones para dejar que los dos veteranos hablen, aunque decir "veteranos" es un eufemismo pues Yuuri luce mucho más joven que el cualquiera de las personas en el grupo.

El moreno acaricia su mentón mientras que vuelve sus ojos hacia el horizonte, sopesa las probabilidades y asiente con un movimiento fluido de cabeza.

—Es un buen lugar, aunque deberíamos avanzar alejarnos de la cuenca cercana al río pues será un lugar demasiado obvio —expresa mojando sus labios, es un mal hábito que no se ha borrado de sí, después tendrá los labios resecos y seguramente Viktor le reñirá, pero niega, porque Viktor no está ahí en ese momento. Suspira pesadamente—. Así que avancemos unos quince o veinte kilómetros más, a este ritmo antes del anochecer podremos descansar con confianza...

El capitán afirma y se vuelven a poner en marcha.

Los primeros dos días de misión fueron bastante incómodos y es algo que realmente debe de decirse, pues la desconfianza entre sus compañeros se podía palpar, después de todo nadie quería estar involucrado con un traidor, no obstante durante esos dos días fue el capitán el que cedió a la curiosidad y cada vez que existía la oportunidad pedía la recomendación de Yuuri, ante todo era el gran Yuuri Katsuki, el prodigio de su generación.

Las historias sobre él eran prominentes, no sólo habladurías sino hechos sólidos que habían ayudado a gestar una época de aparente paz. La mayoría de los que ahora estaban en las filas de los ANBU habían sido niños y estudiantes de academia durante la época de mayor auge de Katsuki como ninja, antes del gran intento de golpe de estado de aquella pequeña nación por la cual se había desatado la guerra que casi le costaba la vida a toda la nación y de la cuál aún sufrían los estragos, no obstante el nombre de Katsuki era tabú y por tal motivo era un tema favorito entre los rumores de corredor.

—¿Quieres agua? —pregunta el capitán a Yuuri, usa una máscara de mono y su voz es gruesa, por ese detalle el moreno deduce que probablemente es mucho mayor que él, al menos en aparente edad. Yuuri asiente agradeciendo con una sonrisa muy suave, apenas perceptible. Da un sorbo del termo que le da y suspira.

—¿La cogiste Del Río que pasamos? —Cuestiona Yuuri.

El capitán asiente, ambos vigilan el perímetro, otros dos están descansando. Han pasado dos días enteros avanzando sin parar, ahora toca retomar energías pues van a una zona hostil y deben estar en optimas condiciones pues no saben qué es lo que van encontrar allá en su destino final.

—He enviado uno de mis clones de sombra para recolectar víveres y vigilar por los caminos rurales.

Yuuri le mira de reojo.

—¿Eres el padre o tío de Chris Giacometti? —pregunta directo Katsuki. Y el capitán se queda en silencio mirando fijamente el perfil del menor—. Tienes rasgos en tu voz que son iguales a los de él, sin contar que tu complexión sería igual a la de él siendo adulto... no sé como explicarlo... —medita serio.

El menor no puede ver detrás de la máscara la sonrisa suave del hombre que vuelve su mirada al páramo descampado, la hierba se mueve como mecida por una tierna caricia dada por el viento y se siente agradable el aire que corre porque el sol ha sido cruel las últimas semanas en Konoha, los indicios del verano se empiezan a sentir y Yuuri sabe que para cuando regresen a Konoha, en algunos días más la estación estará afianzando más su presencia. No odia el verano, por el contrario, los momentos más felices de su vida habían coincidido precisamente en esa estación del año a pesar de que su fuerza se concentraba más en la temporada que recién estaba terminando.

—¿Es alguien de confiar, señor Katsuki? —pregunta directo sin darle muchos rodeos a lo que quiere saber.

Yuuri no puede evitar sonreír, porque definitivamente son hermanos ese chico y Chris, aunque Chris nunca había sido tan directo, siempre era del tipo que engatusaba y le gustaba los juegos complejos, más... psicológicos. Por lo visto su hermano era mucho más visceral. Toma seriedad casi de inmediato cuando siente la penetrante mirada clara del contrario.

—¿Por qué habrías de pedirme todas esas referencias para tomar decisiones? Eres tú el capitán después de todo.

—Porque soy el capitán del escuadrón debo de saber a qué peligros expongo a mis hombres, señor Katsuki —comenta y recibe la botella de agua que le regresa Yuuri con calma—. Si pedí tu consejo es porque evaluaba su desempeño en el campo... reconozco su capacidad de análisis, tomar decisiones y experiencia... pero eso también lo tienen los enemigos —sentencia de forma abierta.

—No soy tu enemigo, Giacometti —responde Yuuri—. Probablemente estes trabajando como doble agente dentro de las filas de ANBU —no le sorprendería, a veces a él mismo le tocaba hacer misiones dentro de las misiones—. Sé que el hokage es una persona bastante honrada y justa para tomar decisiones, lo conozco, he servido a su causa durante toda mi vida —deja una mano sobre su pecho, porque arde—. Sin embargo también sé que no se expondría de un modo tan abierto a las críticas sociales porque al final su función pertenece al pueblo de Konoha y a la lealtad hacia la Nación del Fuego.

El capitán se quita la máscara y Chris le mira fijamente con rasgos adultos, Yuuri le devuelve la mirada sin sorprenderse. Tantos años juntos sabía reconocer a sus hombres, aunque le gusta -al mismo tiempo le entristece- saber que de algún modo Chris ha cambiado y madurado un poco. Sus ojos siguen siendo dos preciosas joyas que admira debajo de esas abundantes pestañas rizadas, usa una barba bien cuidada en su mentón y un bigote delicado sobre su labio. Es el mismo Chris, pero diferente una versión adulta que a Yuuri le da gusto conocer del todo.

—Mi misión es acompañarte hasta los altos cultivos medicinales para extraer el medicamento —dice Chris con tono nostálgico mirándolo hacia abajo porque las estaturas ya son distintas a ese momento—. Pero también tengo la orden de asesinarte apenas tenga sospecha sobre tu deshonestidad, querido capitán Yuuri.

Yuuri asiente con una leve afirmación.

—Aceptaré tu veredicto sin contradecirlo porque confío en tu juicio, Chris —dice Yuuri y ambos guardan silencio después.

—Capitán —habla alguien detrás de ellos y Chris se coloca la máscara de mono sobre su rostro.

—¿Sí?

—Es su tiempo de descansar.

Chris no objeta, quedarse despierto y agotarse no ayudará en nada, por lo cual accede retirarse no sin antes regalarle una mirada cargada de advertencia e importancia al moreno que ha vuelto a quedar ido viendo a la nada.

...

Yuuri tiene su momento para dormir durante el último turno, y despierta justo a tiempo en que están recogiendo el pequeño campamento para seguir con su expedición. Deben de llegar a los altos cultivos para llevar a cabo la encomienda que le corresponde. Los ANBU son silenciosos y su presencia es nula, sigue en alto el listón de la ELITE guerrera de Konoha y es algo que Yuuri aprecia. No obstante, aún resiente un poco la lentitud con que sus movimientos reaccionan a sus deseos. Es quizás por toda la situación que ha tenido que ver con el sellado y la clara del mismo sello, sus reflejos siguen siendo los mismos pero no sabe qué podría ocurrir durante un combate, sobre todo porque las últimas veces que ha utilizado su jutsu ha terminado inconsciente y durmiendo varias horas por lo cansado. De ser necesario tendrá que recurrir a taijutsu para defenderse y de él tampoco se puede confiar mucho, por otro lado trata de parecer confiado porque sus compañeros dependen de él.

Lo que sigue del recorrido Chris no vuelve a pedirle opinión, Yuuri supone que ha llegado a la conclusión y ha juzgado bajo su propio criterio, se siente mejor que al inicio de la misión pero entiende aún la reserva con que el resto de la escuadra le sigue tratando.

En medio de un monte plagado de flores de amapola se detienen pues Yuuri ha dado una señal. Es él el que se acerca hasta las flores para tocarle los pétalos a las que están más cercanos a él y se aleja tan rápido como puede cubriendo su rostro.

—Está plagado de veneno altamente infeccioso —dice mientras que nota como la piel de sus dedos con los que ha tocado aquella planta empiezan a mostrar los signos de envenenamiento, hace un par de justos con su mano libre para expulsar el veneno.

Chris observa en silencio, maravillado y asombrado, es el kekkei genkai de la vida, el kekkei genkai de la madre naturaleza que ha evolucionado en el moreno, después se concentra en el problema que hay delante de ellos. La máscara les permite no caer en un envenenamiento por inhalación pero sus trajes, a pesar de estar reforzado, no sabe si podrán ser resistente al roce, y al ver lo rápido que avanza el veneno sería inútil exponer a su equipo.

—Tendremos que regresar —advierte Chris mirando el rojo mar delante de ellos.

—No conocemos qué tipo de reacción puede haber si incendiamos o si inundamos la zona... —masculla Yuuri para después ver al resto del equipo y cae de rodillas mientras que siente nauseas, traga saliva. Claro, no ha logrado expulsar todo el veneno, y maldice. Chris se ha hincado a su lado y otro ANBU se acerca.

—¿Te encuentras bien?

Yuuri asiente.

—Lo lamento, sí, estoy bien... —farfulla incorporándose con ayuda de Chris—. No podemos detenernos... esto ha sido obra de algún grupo que esté cerca de la zona y es obvio que sabe de nuestra presencia, detenernos será inútil además de que desastroso para la villa, capitán —expresa.

La tierra alrededor de Konoha ha sido contaminada y es imposible que algo comestible surja de ahí, sin contar que las plantaciones medicinales, así como los invernaderos y jardines médicos han sido destruídos durante el último ataque de infiltración, ese donde Yuuri había sido liberado del sello, la opción más viable era ir hasta los sembradíos altos, aquellos que estaban casi al límite más lejano de la frontera del país para traer algunos suministros médicos y así hacer algunos injertos, no obstante ahora aquella opción se ve lejana. Yuuri tuerce los labios y suspira.

Muerde su labio y hace varios sellos con sus manos antes de dejarla caer contra el suelo.

"Jutsu de invocación", y dos grandes cuervos aparecen.

—Yuuri-dono —saluda el cuervo.

—Kuroi, Shiroi.

Los cuervos se sienten alegres y extraños de ver a su humano compañero.

—Estamos a tus ordenes —inquiere el negro, el blanco grazna fuertemente.

—Kuroi, necesito que rodees la zona y encuentres un hueco por el cuál podamos cruzar éste páramo —el rojo mar de flores parece extenderse más allá de cinco kilómetros, han hecho un maravilloso trabajo los del bando enemigo. El cuervo grazna en afirmación al aceptar su misión deshaciéndose en una decena de cuervos más pequeños que vuelan como parvada formando un velo negro que pronto desaparece al empezar a dispersarse, uno pequeño se queda sobre el hombro de Yuuri—. Shiroi, quiero que vigiles y rastrees a los enemigos que encuentres en la cercanía, las flores son tóxicas y no sabemos qué otras plantas pueden serlo así que tengan cuidado.

Shiroi grazna bastante fuerte antes de imitar al cuervo anterior desapareciendo así. Yuuri se gira al equipo ANBU mirando al capitán.

—Tendremos que esperar un poco —explica el moreno—. De tener un poco más de chakra haría un puente de hierba pero no sabría decir si se contaminará al invocarla de esta tierra —dice.

—Podríamos hacer un puente de tierra y roca —murmura Chris.

—Pero si el enemigo está cerca puede destruirlo y nosotros caer a las flores.

Los otros ANBU escuchan.

Chris medita.

—En ese caso esperaremos a que Kuroi y Shiroi regresen —da la señal y el equipo ANBU desaparece, mantendrán su posición vigilando. Yuuri camina hacia la sombra de un árbol donde se sienta, hace varios sellos concentrándose en mediar su chakra para no volver a caer desmayado.

—Madre tierra —murmura por medio de la especial conexión que tiene con la naturaleza—, háblame... —suplica.

No tarda tanto en darse cuenta de un detalle.

—¡Chris! —grita y la tierra se abre rodeando a Yuuri que jadea mientras tira un par de kunais a dos de los varios enemigos que se lanzan contra él.

Había olvidado esa adrenalina que se siente en el campo de batalla y la anticipación por el siguiente movimiento, siempre debe de haber un siguiente movimiento para ganarle a la muerte.

...

En la aldea Viktor mira con ojos pensativos la aldea desde la oficina del Hokage, ha pensado diariamente en la situación actual de la villa y, sobre todo, en su propia vida personal. Desde que se había convertido en chuunin siempre deseó, más que otra cosa, paz, absoluta, una donde no tuviera que preocuparse, primero por los foráneos y después por los enemigos, con el tiempo se dio cuenta que los foráneos podían ser aliados y los enemigos podían ser la propia gente que alguna vez consideró maestros. Cao Bin, había pasado un tiempo desde su pronunciación como enemigo jurado a la aldea y se preguntaba seriamente si había estado detrás de todo el asunto de Chihoko y Yuuri desde el inicio.

Era obvio que el jounin tenía bastante conocimiento sobre el poder de Yuuri y leyendo los reportes había sido uno de los miembros del concejo de seis personas que votó a favor del intercambio cultural con el País de los Vegetales y la selección de la familia Katsuki para dicho trámite protocolario diplomático, pudo haber sido cualquier otro clan, pero Cao insistió, según había dicho su padre, en demasía para que fueran los Katsuki. Aunque seguramente ni siquiera Cao Bin sabía sobre la evolución del kekkei genkai de Yuuri, era impreciso y casi imposible que incluso el propio Yuuri supiera sobre su kekkei touta, había leyendas y algunos escritos antiquísimos que daban "formas" de hacer evolucionar líneas de sucesión como la del dominio de las plantas o la de la manipulación del hielo, pero eran sólo eso, rumores y letras en viejos papeles.

Viktor medita más dándose cuenta en que si no hubiera actuado a tiempo probablemente Cao Bin hubiera hecho mucho más daño del que la aldea estaba sufriendo ya.

—¿Hijo? —pregunta la voz de Yakov que llega a la oficina.

Viktor se gira para sonreír al adulto.

—Lo siento... venía a dejarte el informe que me han enviado de las fronteras norte y este —dice señalando unos papeles en el escritorio del hokage—. Me he quedado viendo hacia la aldea un momento.

Yakov sonríe amablemente agradeciendo. Se acerca al albino quedándose a su lado, mirando el mismo punto que ve el menor.

—Es una visión impresionante que te hace estremecer el corazón, ¿no crees? —Viktor afirma con un movimiento de cabeza—. A menudo me preguntaba si estaba bien permitirte ser shinobi, no quería una vida de violencia y guerra para ti... creo que ningún padre lo quiere para su hijo y me juré a mi mismo que si veía la mínima duda en tus ojos te alejaría de este mundo pero conforme pasaron los años me di cuenta que no sólo había convicción si no también talento para ser shinobi... —hablaba Yakov y Viktor le miraba con atención—. Cuando fuiste creciendo volví a tener un poco de miedo y duda pues en tus ojos solo había sed de venganza y sangre... fui un padre mediocre al permitir que mi familia sufriera por mi debilidad, la muerte de tu madre, tu depresión...

—No fue tu culpa padre —interrumpe Viktor y Yakov niega, pidiendo otra vez la palabra.

—Pero conociste a Yuuri Katsuki y tus ojos volvieron a tener esa peculiar luz de curiosidad e inocencia que había creído perdida... jamás te pedí perdón por lo que le hice a Yuuri, por lo que te hice a ti y sin saberlo, lo que le hice a tus hijos.

El hombre que ahora era Viktor no sabe cómo tomar esa disculpa, era algo que de algún modo había necesitado escuchar sin siquiera saberlo. Su yo más joven se había sentido perdido todos esos años echándose la culpa de algo que ni siquiera él pudo haber cambiado y sus ojos vuelven a la escena que le regala la villa, con el sol reflejándose en las ventanas y en el brillo de las hojas verdes y frescas de los árboles que se mecen con el viente que siempre hay y sopla.

—Sacrifiqué mucho a cambio de paz.

—Paz —repite Viktor—. Por eso somos shinobis ¿no? —murmura—. No lo había comprendido, ni siquiera cuando juraba ser el mejor ninja de todos, incluso cuando una vez le gané a Yuuri... cuando lo perdí... solo hasta que tuve a Ren y a Umi entre mis brazos entendí que la violencia en nuestras manos es para fabricar La Paz y defenderla... aunque sea solo un segundo... somos shinobi para ello... nada más.

Yakov sonríe y asiente.

—Yuuri lo comprendió incluso antes de sostener a Ren y a Umi, porque siempre ha tenido algo que ha querido mantener a salvo —declara ahora serio Yakov viendo en la calle lejana a un grupo de niños que corre hacia la academia. Viktor suspira.

—Su fami-

—Tú.

Viktor gira la mirada hacia su padre, y Yakov ríe en tono grueso.

—Pones cara de incredulidad como si no lo supieras de antemano, Viktor... —es raro ver a Yakov sonreír, pero es un lujo que se permite cuando tiene algo nuevo que enseñarle a su hijo, y aunque éste casi pisa los treinta aún hay cosas que debe aprender. Yakov palmea la espalda del menor—. Yuuri no buscaba gloria en la misión que tuvo y que lo llevó incluso en aparentar ser un traidor, todo lo contrario, lo único que buscaba era proteger eso que le quedaba en este mundo y eso que ama... incluso ahora... el pensamiento de Yuuri pese a su edad y todas las inseguridades que constantemente arrastra es superior incluso que el mío, Yuuri sería un increíble hokage —admite como siempre lo ha hecho—. Pero él mismo ha mostrado preferencia por ser el paladín en campo de batalla...

—Eso es usarlo —dice con algo resentimiento el mayor.

—Sólo es apoyar la causa de la juventud... su madre también fue igual, Viktor —murmura—. Hiroko también mantenía un pensamiento revolucionario en una época donde la revolución era castigada... tuvimos problemas pero las cosas ocurrieron por algo —pronuncia el nombre de la madre del ausente con nostalgia y la imagen joven de ella le baila detrás de los párpados—. Me da gusto que al menos el amor de Hiroko está cerca de un pedazo de mi corazón —dice con voz muy baja volviendo a palmear a Viktor en el hombro—. Amé a tu madre, no me malentiendas, pero a estas alturas me gustaría encontrarme con Hiroko, pedirle perdón, darle las gracias y tratar de coger su mano una vez más... aunque sea sólo en señal de paz.

Los viejos decían cosas extrañas y Viktor trata de no darle más vuelta al asunto. Lo único que sabe es que Yuuri sigue allá afuera y él se siente totalmente impaciente. Tuerce los labios antes de suspirar profundamente cansado.

Cuando sale de la oficina encuentra a Yuri y Mila caminando hacia ella. Sonríe casi de inmediato como de antaño.

—Oi, Yuri, Mila —llama y los dos adolescentes atienden.

Pronto los tres se encuentran sentados entorno a una mesa de una casa de té en el centro de la aldea, Yuri parece bastante molesto, como casi siempre, mientras que Mila bebe un par de sorbos de su infusión de frutos rojos.

—¿Entonces no ha sabido nada de Yuuri-sensei? —cuestiona curiosa y Viktor niega.

—Al parecer lograron llegar con éxito a las tierras fronterizas, lo más seguro es que tardemos varios días más en tener noticias suyas si es que logran ir directo a las plantaciones altas de la frontera —comenta Viktor bebiendo de su gaseosa.

—Creo que fue apresurado enviar a Yuuri-sensei a una misión con su estado de salud delicado —comenta la pelirroja.

Viktor no dice nada pero concuerda con ella, después de todo el moreno ha entrenado arduamente diariamente pero su condición de salud mejora con lentitud. Su pensamiento es cortado casi de inmediato por un bufido por parte del rubio que ahora usa el cabello un poco más largo y lo lleva en una cola de caballo baja atado por un listón rojo. Tanto Mila como Yuri usan el uniforme chuunin con el característico chaleco verde militar.

—Estúpido cerdo —blasfema y señala al par—. Antes solía tenerle mucho respeto a Katsuki, pero ahora que soy un poco mayor que él creo que debería de cuidarse mucho más, no es más que un niño —inquiere y Mila suelta una carcajada alegre.

—Sólo estás preocupado por él, ¿no? —señala Babicheva y Viktor sonríe.

—Están muy animados como siempre y eso es muy bueno —dice Nikiforov con aparente alegría, Mila asiente y Yuri desvía la mirada.

—Los dos son unos idiotas —refuta el rubio mientras se incorpora—. Vamos, Mila, debemos atender nuestra misión.

—¿Qué clase de misión es?

Siguen siendo un equipo capitaneada por Viktor, sin embargo desde que Nikiforov se volvió presuntamente un candidato para volverse hokage las misiones en conjunto disminuyeron de forma considerable, a pesar de eso Viktor seguía supervisando personalmente el entrenamiento de los adolescentes y el resultado de sus misiones, ellos también formaban parte de sus prioridades.

Yuri y Mila intercambiaron miradas, es el rubio el que entrega el pergamino que les dieron en la oficina de asignación de misiones. Viktor desenrolla el mismo para leer, su expresión no cambia, sólo parece ensombrecerse.

—¿Cómo se obtuvieron estos datos?

—Ren los ha llevado de parte de Katsuki —informa Yuri—. Al parecer logró que la tierra o las plantas o algo así le dijera los puntos exactos de los cadáveres y las minas que hay alrededor de la aldea...

Viktor asiente enrollando el pergamino.

—Deben tener cuidado... —suplica el albino. Mila y Yuri asienten.

—Tenemos que ir a recuperar los cuerpos, la forma más fácil para transportarlo será sellándolos y después invocándolos acá —explica Mila.

—Muchas familias lo van agradecer —infiera Viktor con una triste sonrisa, es una misión repugnante, pero necesaria y noble.

Se despide de sus alumnos cerca de la puerta de la aldea y se queda todavía un rato más viéndolos andar, habían crecido un montón, incluso él mismo reconoce en algún reflejo lo mucho que ha cambiado a través de los años, la aldea, sus hijos, la gente que lo rodea y el modo en que piensa, lo único que sigue intacto son tres cosas: Yuuri, el amor que siente por él, y arriba sobre su cabeza, el fuerte sol del verano que apenas inicia.

...

..

.

—Estoy en casa —anuncia con voz cansada Viktor después de un largo día de trabajo, la misión de Mila y Yuri ha requerido ayuda por su parte debido a que en las últimas dos expediciones habían topado con pequeños grupos de bandidos que intentaban saquear a los cuerpos de los difuntos, sobre todo para robar algún pergamino o sus armas. Ha sido duró pero han logrado liberar la lista, tendrían que corroborar con Yuuri una vez que regresase si falta algún otro punto por recorrer.

Ha estado tan ocupado que olvidó, por un instante que Yuuri estaba de misión, pero reacciona de inmediato cuando Yuuri aparece con una venda en su ante-brazo y un parche en su mejilla en el pasillo que llevaba a la cocina.

—Bienvenido —le responde rápidamente el moreno un poco sonrojado.

Viktor se queda helado y su rostro se ilumina al punto que todo el cansancio desaparece de golpe, quiere avanzar pero es atacado por Ren y Umi que se le lanzan contra su cintura.

—¡Padre! ¡Padre! —corean al mismo tiempo los niños y Viktor los carga feliz de tenerlos con él.

Yuuri sonríe desde su posición.

—Vayan a lavarse, la cena pronto estará servida —dice volviendo hacia la cocina.

Yuuri, su amor, y el sol del verano.

.

St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).