XLI

Observó el fuego de la enorme hoguera crepitar y, de repente, se sintió cansado y ligeramente mareado. Se tambaleó, aturdido por la cantidad de alcohol ingerido hasta el momento, y sintió cómo algo cálido le envolvía, permitiendo que guardara el equilibro.

Maverick levantó la vista. Aaron le sostenía con fuerza. El chico llevaba el pelo suelto, como siempre, con algunos mechones cubriéndole el rostro. Su aspecto asalvajado y el tono anaranjado del fuego proyectado en su morena piel le conferían un aspecto mucho más intimidante. Discretamente (o al menos lo más discretamente que su leve borrachera le permitía), se pegó a su cuerpo para sentir más de cerca los increíbles y musculosos pectorales de aquel gigante de alrededor de dos metros de altura.

—Deberías recogerte el pelo —Aaron le miró confuso—. Ya sabes, que se te vea un poco más la cara. Tienes unos ojos negros preciosos —añadió.

Maverick tendió su mano para apartar un mechón de pelo del rostro de Aaron, dejando a la luz sus pobladas cejas y aquella mirada penetrante. Aaron se acercó a él, invadiendo su espacio personal. El moreno restregó su nariz por su piel, provocando en Maverick escalofríos.

—¡Pero qué haces! —el chico dio un respingo hacia atrás y miró a su alrededor. Afortunadamente, la gente estaba distraída riendo, bebiendo y bailando como para reparar en ellos.

—Hueles a alcohol —respondió Aaron con simpleza.

—Sí, he bebido un poco, pero no puedes acercarte así a la gente y mucho menos olfatearles de esa manera —Maverick puso las manos en el pecho del muchacho para apartarlo un poco más todavía de él.

—Eso me dijo _ _ _ _. Que a pesar de que me gustaras no podía hablar así a la gente. Lo siento.

Maverick abrió la boca de par en par. ¿¡Acababa de decirle Aaron que él le gustaba!? ¿¡Él, que precisamente tenía taquicardias cada vez que lo tenía cerca y que tenía que controlarse para no lanzarse como un poseso a sobar su musculado cuerpo!? No podía haber escuchado bien, habría bebido más de lo que pensaba.

—No pasa nada —Aaron le dio unas palmaditas en el brazo. Bueno, unas palmaditas o unas caricias, no lo tenía muy claro porque estaba un poco aturdido todavía y, dada la fiesta en la que se encontraban más lo que había bebido, solo tenía ganas de restregarse contra el cuerpo del moreno como si de un animal en celo se tratara.

Maverick decidió que lo mejor sería alejarse por el momento y despejarse, pero fue dar un par de pasos y tropezar con alguien que iba más bebido todavía que él. Aaron, que sin él pretenderlo le estaba siguiendo, volvió a evitar que pudiera caerse y colocó el brazo de Maverick alrededor de su cuello. Qué cerca está, pensó Maverick, sintiendo cómo ardían sus mejillas.

—Creo que voy a terminar cometiendo una estupidez —pronunció en voz alta más para sí mismo que para Aaron—, así que creo que me voy a ir —hizo el amago de moverse, para que Aaron le soltara, pero no lo hizo.

—No entiendo qué quieres decir.

Maverick suspiró. Tenía la impresión de que, por muy claro que fuera con él y le pidiera que no le siguiera, Aaron no iba a hacerle caso.

Releí la carta de nuevo sin poder ocultar la sonrisa que asomaba en mi rostro. Levanté la visita y observé a mi alrededor. Todo el mundo parecía estar pasándoselo bien. Aprovechando la ausencia de Hange y Levi, Floch me había propuesto hacer una pequeña fiesta para levantar el ánimo de todos y disfrutar de los días "tranquilos" que estábamos viviendo, lo que me pareció una idea excelente. Lo que no me había convencido tanto es que a nuestra celebración (que en su mayoría eran miembros de las Tropas de Reconocimiento) pudieran venir Yelena y compañía, así que me había negado en rotundo a esa sugerencia del chico. Tenía instrucciones muy precisas de Pixis, quien no se fiaba de Yelena. Aun así, Floch tampoco me había insistido mucho más. Aquella noche, la gente hablaba con normalidad, sonreía, bebía y los más atrevidos hasta bailaban.

—¿Cuántas veces más piensas leerla?

Miré a mi derecha. Enid se sentó a mi lado y me mostró una bonita sonrisa que le devolví.

—Le echas de menos, ¿eh?

—Un poco —admití—. Me preocupa que pueda pasar algo.

—Ya. Y mientras nosotros aquí de fiesta.

—¿Crees que hice mal en aprobar esto?

—Qué va —negó con la cabeza—. Solo que resulta irónico. ¿Qué dice la carta? No le pega al capitán escribir cartas románticas.

—Lo cierto es que las dos cartas que he recibido hasta ahora no las ha escrito él, sino Jean —reí al ver la cara que puso la chica—. ¡No me mires así! No es que a él no le interesen esas cosas, es que no sabe expresarlas, así que Jean me pone al día de lo que están haciendo. ¿Sabes que han comido una cosa llamada helado? Dice que está dulce y frío. Estoy deseando probarlo —le puse la mano en la espalda de forma cariñosa—. Cuando Levi regrese, nuestra casa estará ya completa —sonreí al notar cómo los ojos de Enid se iluminaban.

—Gracias por haber pensado en nosotros —Enid se sonrojó ligeramente.

—No me las tienes que dar a mí, se las tienes que dar a Levi. La idea fue suya.

—¿En serio?

—¿Qué creías? —reí— Él sabe que sois importantes.

—Ojalá pudiera tener una relación como la que tenéis vosotros dos —Enid desvió su mirada hacia el gentío e hizo un gesto con la cabeza, apuntando en una dirección—. O ellos.

Supe en seguida a quiénes se refería. Aaron y Maverick estaban muy cerca el uno del otro. El moreno sostenía a mi mejor amigo por la cintura con fuerza y, finalmente, los dos se introdujeron en el edificio. Enarqué una ceja y sonreí de medio lado. Me parecía a mí que muy pronto Maverick tendría que contarme novedades.

—Son monísimos, ¿verdad? —miré a Enid de reojo, quien se encogió de hombros— Maverick intentará ser discreto, pero es que a Aaron se le nota mucho —emitió una risita infantil—. Se acerca mucho a Maverick para hablarle y le mira con mucha intensidad —suspiró—. Seguro que es una relación super apasionada.

—¿No eres tú muy pequeña todavía para pensar así?

—_ _ _ _, tengo ya dieciséis —rodó los ojos, divertida.

—Ya, pero para mí seguirás siendo esa niña de 12 años que conocí un día lluvioso —pasé mi brazo alrededor de sus hombros y la atraje hacia a mí para darle un leve apretón, lo que le hizo reír.

—Eso sí, no quiero una relación como la de ellos, ni de coña —añadió, señalando con el dedo directamente a Becca y Miccah.

Los dos estaban en un lugar más apartado y, como venía siendo habitual, estaban discutiendo. Miccah parecía querer unirse al gentío. Becca no quería y solo le gritaba que le dejara en paz, pero el muchacho se resistía. Suspiré con resignación.

Cuando Miccah y Enid se incorporaron a las Tropas de Reconocimiento, los acompañé a casa. Allí nos esperaba Becca con una copiosa cena para celebrar que se habían graduado, que pasaban a formar parte de la legión y, por supuesto, que inaugurábamos oficialmente nuestro nuevo hogar, a pesar de que Levi se había marchado hacía unos días. Fue entrar a casa y ver a Becca, cuando el rostro de Miccah cambió por completo. La chica físicamente le gustaba, le atraían su cabello pelirrojo y sus grandes tirabuzones, pero, sobre todo, lo que más le pareció gustarle era el mal genio que la muchacha gastaba.

—Tú y yo estamos destinados a estar juntos —ni siquiera se presentó, aquellas fueron las primeras palabras que Becca escuchó salir de boca de Miccah.

—¿Perdón?

—Ya lo verás. ¡Tú y yo nos vamos a casar!

—Tú estás flipando, mocoso.

—Nos separarán tres años, pero eso no será nada cuando yo tenga 20 y tú, 23 —sonrió de medio lado, lleno de confianza—. Ya lo verás. Te voy a ir conquistando hasta el día en el que cumpla los 20.

Y, desde entonces, los dos se pasaban el día discutiendo, especialmente porque a Miccah parecía encantarle sacar a Becca de sus casillas. No quería ni imaginarme la cara que iba a poner Levi cuando, en vez de encontrar un hogar tranquilo, se diera de bruces con una casa en la que todos nos hablábamos a gritos. No obstante, aquel pensamiento, inconscientemente, me hacía reír, porque nunca había convivido con gente tan ruidosa.

—¿Crees que yo encontraré alguna vez a alguien?

Miré de reojo a Enid. Parecía bastante seria de repente.

—¿A qué viene esa pregunta?

—Es que me parece tierno tener alguien que te guste.

—¿Es que te gusta alguien?

—No. De hecho… —dudó unos instantes— Nunca me ha interesado nadie —se giró para mirarme—. ¿Crees que soy rara?

—Para nada. No has encontrado a tu persona, eso es todo. Yo tampoco me había interesado antes en nadie hasta que apareció Levi.

—¿Y si en mi caso nunca aparece?

Fruncí el ceño ligeramente. No entendía por qué Enid tenía esa clase de preocupaciones. Quizás fueran cosa de la edad.

—¿Es que eso es un problema?

—No lo sé —Enid se encogió de hombros—. Es por miedo a sentirme sola, supongo.

—¿Ahora te sientes sola?

—Para nada. Os tengo a vosotros.

—Pues da igual que pasen los años, seguirá siendo igual. Nos seguirás teniendo a nosotros. Tu vida no tiene que estar ligada a conectar emocionalmente con una persona. No sientas presión por ello porque a algunos les llega ese momento y a otros no, y no por eso son más o menos felices que los demás. Cada persona es diferente y tiene sus prioridades en la vida. Es cuestión también de que tú encuentres las tuyas.

—¿Tus prioridades han cambiado en estos años?

—No demasiado. Cuando tenía tu edad, quería proteger a la gente que quería, darles un hogar seguro. La prioridad sigue siendo la misma, lo único que ha cambiado es la gente a la que quiero proteger.

Enid me escrutó con la mirada. Apretó los labios formando una fina línea, dubitativa sobre si seguir indagando. Ni a ella ni a Miccah les había escondido la relación tirante que actualmente mantenía con mi madre y los motivos que nos habían llevado a esa situación. Creo que sospechó que me refería a eso y, por eso, se guardó las preguntas para ella misma.

Desde la distancia, vimos cómo finalmente Becca daba media vuelta y se introducía dentro del cuartel. Miccah parecía contrariado sobre si seguirla o no, pero, finalmente, giró sobre sus talones y caminó hacia nosotras.

—No tienes que ser tan insistente —le dije una vez estuvo lo suficientemente cerca como para escucharnos por encima de las voces de los demás—. Entiendo que te guste pincharle y sacarle de sus casillas, pero, por mucho que a ti te dé igual, ahora mismo hay una diferencia de edad y de madurez entre vosotros.

—Jo, no me sermonees.

—Es que te lo mereces —le espetó Enid—. La has terminado echando.

—No la he echado. No quería estar desde un principio, se sentía incómoda. De todos los soldados de la legión, solo habla con nosotros. El resto ni la mira. Así que no quería estar.

—¿Deberíamos hablar con ella? —me preguntó Enid.

—No. Ella ya sabía que esto iba a suceder. Es mejor dejarla sola y no insistir.

—¡Eh, Miccah! —Floch se acercó a nosotros y pasó su brazo por encima de su hombro— Vente con nosotros.

—Nah, creo que paso. Prefiero quedarme aquí.

—¡Pero qué dices! —Floch rió— Te lo vas a pasar mejor. Ven, ven —Floch tiró de él, obligando a Miccah a caminar en su dirección. El chico nos miró en cierta manera suplicante. A mí me pareció que no le apetecía nada estar con Floch y su grupito, pero Enid se despidió de él con un gesto con la mano.

—Creo que le gusta de verdad.

—¿Qué? —pregunté a Enid confundida.

—Becca. Creo que a Miccah le gusta de verdad.

Lo cierto es que, a partir de aquella noche, Miccah empezó a comportarse mejor con Becca, seguramente influenciado por nuestra breve conversación. Era menos insistente, aunque las bromas seguían estando ahí. Lo curioso era que las reservaba para intimidad, solía gastar esas bromas cuando estábamos en casa, mientras que en el día a día en el cuartel se dirigía siempre a la muchacha de forma cortés.

Los días siguientes no vi a Maverick. Supuse que había pasado algo entre él y Aaron aquella noche porque el moreno estaba mucho más callado y ausente que de costumbre. Intenté hacerle hablar de alguna manera, siendo lo más sutil que podía, pero Aaron no parecía comprender a qué me refería exactamente. Si había pasado algo, necesitaba saberlo porque Aaron estaba bajo mi cargo y tenía que comprender qué le estaba pasando.

Decidí ir a ver a Maverick a Sina sin avisar. Pude pillarle por sorpresa y obligarle a sentarse conmigo a hablar. Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones en las que hablábamos en el comedor o en uno de los patios del cuartel, me pidió que fuéramos a su habitación para tener más intimidad. Los dos nos sentamos en su cama y, durante varios segundos, nadie dijo nada.

—Me estás empezando a preocupar —confesé—. ¿Es que pasó algo? Quiero poder ayudar a Aaron.

—No creo que puedas —Maverick se rascó la nuca, incómodo—. Pasó algo —enarqué una ceja. Tal y cómo imaginaba—. Estaba un poco borracho y ya sabes que Aaron con esos músculos y ese aspecto asalvajado me pone a cien.

Ay madre…, pensé. No me gustaba nada por dónde estaba yendo la conversación.

—Aaron me llevó hasta su habitación en el cuartel —prosiguió Maverick— y es posible que me abalanzara sobre él.

—¿¡Qué!?

—Espera, no te enfades. Déjame acabar. Me abalancé sobre él, pero solo para besarle.

—¿Te correspondió?

—No, pero tampoco me apartó. Fue como si no alcanzara a comprender del todo que yo le besara o qué era lo que él debía hacer, así que yo seguí aumentando la intensidad del beso. ¡Dejó incluso que le besara con lengua! Y entonces…

—¿Entonces…?

—Pues que le gustó el beso.

—Que le gustó —repetí sin comprender.

—¡Que se excitó, leñe! Que te lo tengo que explicar todo.

—¿Y eso cómo lo sabes si no te correspondió el beso? —Maverick me miró con ambas cejas levantadas. Tardé unos segundos en entender a qué se refería— Ah… ¡Oh! —mis ojos se abrieron de par en par ante la realización.

—Te ha costado, ¿eh?

—Así que es eso, que notaste que…

—Eso es.

—Es posible que Aaron esté confundido. No sé si habrá tenido muchas experiencias de ese tipo y menos con otro hombre. Eso explicaría por qué apenas habla, menos incluso que antes.

—Ya… —Maverick miró para otro lado.

—¡Pasó algo más! —podía leerle la cara a la perfección.

—Que me vine arriba, eso es lo que pasó. Me sentía a cien por ahora, así que le desabroché los pantalones.

—¿¡Que hiciste qué!?

—¿¡Puedes dejar de escandalizarte!? Estaba muy cachondo. CA-CHON-DO. Así que yo seguí y, por María, Rose y Sina, _ _ _ _, que no he visto yo en mi vida nada igual. ¡La tiene enorme! Cuando yo vi eso es que no me pude resistir a probarla, ya sabes —Maverick emitió una risita juguetona, pero yo solo sentí que mi cara ardía por la vergüenza—. Pero solo fue eso, más no. Necesito preparación para que algo así me pueda entrar.

—¡Ay! ¡Calla, calla! —me puse en pie. No quería escuchar más. ¡Me moría de la vergüenza!

—¡Pero qué puritana eres! ¡Como si tú no has hecho esas cosas con Levi!

—Pero me estás hablando de Aaron. ¡Que él está bajo mi mando, en mi escuadrón, es mi subordinado! ¡Que yo le veo todos los días! ¡Con qué cara le voy a mirar ahora sabiendo lo que sé!

Maverick se quedó en silencio unos instantes y a continuación rompió a reír a carcajadas.

—No había caído en eso.

—¿No me digas? —me crucé de brazos.

—Pero no he sido nada descriptivo. Podría serlo más. Podría decirte, por ejemplo, que la tiene como una anaconda.

—Ya, para —le fulminé con la mirada, pero él me sonrió de forma inocente—. ¿Y algo más?

—Nada más. Yo cumplí con mi parte, dejémoslo en que debió de quedar satisfecho. Mientras yo me limpiaba, él se abrochó de nuevo los pantalones, se levantó y se fue.

—¿Y ya está?

—Y qué más quieres. Ya te he dicho que yo me tengo que preparar antes.

—Creo que voy a hablar con él. No a hablar de esto, evidentemente, pero sí le preguntaré por ti, para saber cómo se siente. Hasta que yo no lo haga y llegue a una conclusión, creo que lo mejor es que no le veas.

—Pero no me culpes si viene él a mí antes, ¿eh? —bromeó— Que le hice un trabajito extraordinario. ¿Quieres que te dé unos consejos? —me miró de forma burlona.

—Calla—puse mi mano es su cara para alejarle de mí, lo que le hizo emitir una sonora carcajada.

No fue fácil encontrar un momento a solas con Aaron. Ahora que éramos más en el escuadrón, siempre estábamos rodeados de gente y, cuando parecía que podíamos quedarnos solos, él se las ingeniaba para escabullirse. Llegué a la conclusión de que me estaba evitando y, tras mi conversación con Maverick, imaginaba el por qué.

Aproveché a que un día Becca salió de mi despacho para retenerle conmigo con la que excusa de que me tenía que ayudar a mover unas cajas. Con una facilidad pasmosa, las cambió de sitio y, al terminar, esperó pacientemente a que le diera más órdenes.

—¿Cómo estás? —parecía contrariado por mi pregunta— Solo quiero saber cómo te encuentras —sonreí—. Te noto más callado últimamente —se mordió el labio, nervioso—. Si hay algo que te preocupa, me lo puedes contar. Para eso están los amigos —puse mi mano en su hombro.

—Me gusta Maverick.

Me quedé sorprendida por su respuesta, porque el tema había salido mucho antes de lo que yo me esperaba, y creo que la expresión de mi rostro le asusto un poco.

—Eso es fabuloso —sonreí, intentando que se relajara.

—Y creo que yo a él también —miró para otro lado—. Maverick me hizo cosas que no me habían hecho nunca.

Abrí la boca ligeramente por la sorpresa. Aaron era sorprendentemente sincero y lo decía sin apenas pestañear. Quise decir algo, pero no tenía muy claro por su siempre apática expresión si le había gustado a no.

—Y me gustó —completó. Eso hacía las cosas mucho más fáciles para todos.

—No sé qué decir —confesé—. Pero, si te gusta Maverick, deberías ir a por él —le guiñé el ojo.

—No quiero hacerle daño.

—¿Eso es lo que te preocupa? —le miré con ternura—Ahora controlas mejor tu fuerza y tu temperamento, ¿verdad? —asintió— Pues entonces no tienes nada que temer y, si te pasas de fuerza en los achuchones, estoy segura de que Maverick te lo dirá —emití una leve risita.

Aaron me miró muy serio para, a continuación, darme unas palmaditas en lo alto de la cabeza, como si fuera un perrito al que se acaricia, pero me lo tomé como una muestra de cariño por su parte. Estaba convencida de que Maverick se alegraría mucho cuando supiera que los sentimientos de Aaron hacia él eran tan intensos como los suyos. Me hacía muy feliz que se hubieran encontrado el uno al otro y más después de la relación que Maverick hacía unos años habían mantenido con Alphonse y que tanto le había costado superar.

Salimos de la habitación y dimos unos pasos solo por el pasillo cuando un soldado giró por una de las esquinas, corriendo hacia nosotros.

—¡Capitana! —cuando se puso a nuestra altura, tenía la respiración entrecortada—. ¡Hemos recibido una carta de la comandante Hange Zoe!

—¿Cómo dices? —fruncí el ceño. Hacía poco había recibido una carta de Jean contándome que todo iba bien. Si ahora nos escribía Hange, era porque tenía que haber pasado algo.

—¡Hay noticias importantes desde Mare! El comandante Pixis quiere que vaya inmediatamente a Sina.

Agarre del brazo al soldado para ponernos en marcha. Aaron hizo el amago de seguirme, pero le detuve.

—No, tú te quedas. Necesito a alguien de confianza por aquí. Si alguien pregunta, diles que he ido a Sina a hacer unas gestiones.

Aaron asintió con determinación. Yo seguí al soldado hasta los establos, donde rápidamente preparé mi caballo. Juntos cabalgamos durante un par de horas a Sina. En el cuartel de la capital, el par de soldados que había en la entrada, salieron a recibirnos. Por la urgencia con la que se movían y hablaban, supe inmediatamente que la cosa era grave y que, seguramente, la situación había cambiado. Solo esperaba que todos estuvieran bien. Me agobiaba pensar que podía haberles pasado algo y que yo no hubiera estado allí para ayudar. Y si Levi… Negué con la cabeza y apreté los puños con fuerza, sacando aquellos pensamientos tan negativos de mi cabeza.

Pixis, acompañado por algunos de sus hombres de confianza, y los comandantes de las Tropas Estacionarias y la Policía Militar ya me estaban esperando. Todos, menos Pixis, quien estaba sentado tras su enorme escritorio de madera, permanecían de pie en el despacho de éste.

—Bien —pronunció el hombre con serenidad—, ha habido un giro inesperado de los acontecimientos. Hemos recibido esta carta de la comandante Hange.

El hombre pasó la carta a la persona que estaba a su derecha y éste la pasó a Nile Dok para que a leyera y la siguiera pasando al resto.

—Podéis leerla, pero la resumiré a una sola frase —prosiguió Pixis—, Eren Jaeger ha desaparecido.

—¿¡Cómo!?

—¡No es posible!

En ese momento, dejé de escuchar. ¿Cómo que Eren había desaparecido? ¿Qué significaba eso? Cuando la carta llegó a mis manos, noté que éstas me temblaban, por lo que me costaba más todavía enfocar bien las palabras para poder leer. Hange le contaba a Pixis que habían acudido al foro internacional, donde la 'Asociación para la protección de los sujetos de Ymir' daría un discurso en favor de los eldianos. Sin embargo, ese grupo en realidad no defendía a todos los eldianos, sino solo a aquellos que habían estado durante años bajo el yugo de Mare. Pedían su liberación y defendían que los únicos enemigos del mundo eran los eldianos que se encontraban en la isla Paradis. Tras aquella intervención, Hange contaba que Eren había desaparecido y que hacía solo unas horas les había hecho llegar una carta en la que decía que dejaría a partir de ese momento todo en manos de Zeke.

—¿Nos ha traicionado? —preguntó Nile Dok.

—Aún no sabemos qué significa este movimiento de Eren —respondió Pixis.

—Si habíamos ido hasta Mare para evitar tener que ser la estrategia planeada por Zeke y ahora Eren quiere que dejemos que sea Zeke el que tome el control de la situación. ¡Se ha rendido sin ni siquiera intentarlo! ¡No nos podemos fiar de Zeke! —exclamé indignada.

—Lo sabemos, _ _ _ _.

—No podemos actuar sin detenernos a pensar antes —añadió el comandante de las Tropas Estacionarias.

—Pues hágalos volver —sentencié—. No tiene sentido que sigan en Mare, es peligroso. Y aquí serán todos de mucha más ayuda. Podremos pensar en un plan e intentar averiguar qué es lo que en realidad planea Eren.

—Pero estar en Mare es el mejor lugar para poder seguirle la pista a Jaeger —replicó un soldado.

—Si a partir de este momento Eren deja todo en manos de Zeke, deberían retirarse a Paradis. Necesitamos saber qué planea en realidad Zeke —insistí e hice una pausa—. Y tenemos aquí a su seguidora más fiel.

Posé mis ojos sobre Pixis y sonreí de medio lado. Él sabía perfectamente a quién me refería. El hombre reflexionó por unos instantes y, finalmente, asintió.

—Haced llegar a Hange Zoe de forma inmediata mi orden de su regreso a Paradis —el hombre se giró para mirar a dos de sus soldados de confianza— y vigilad de cerca a Yelena. No dejéis que se acerque a la reina.


¡Ya estoy de vuelta con un nuevo capítulo!
No sé qué os habrá parecido la conversación entre Maverick y rayis, pero lo cierto es que me he divertido mucho escribiéndola. Y, como os podéis imaginar, ya no queda nada para retomar todo lo canon. Si lleváis el manga al día, sabréis que se viene mucho drama.
Por otro lado, muchas gracias por todos los comentarios que me habéis dejado. Normalmente me gusta contestarlos todos, pero me temo que en estos momentos dispongo de poco tiempo para ello. Eso sí, prometo que para cuando suba el capítulo 42 os responderé.

¡Nos leemos!