No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
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Jacob y Edward permanecieron de pie en el balcón, mirando el carnaval siendo desmontado trozo por trozo. Se iría mañana por la mañana, y luego Jacob podría finalmente tener a sus hombres de vuelta haciendo cosas útiles. Como asegurarse de que ningún otro asesino entrara en el castillo.
Pero el problema más apremiante de Jacob era Bella. Tarde ayer por la noche, después de que el bibliotecario real se había ido acostado, Jacob había vuelto a la biblioteca y había encontrado los archivos de genealogía. Alguien había conseguido desordenarlos, por tanto, le llevo un rato encontrar el correcto, pero por fin se encontró contemplando la lista de las casas nobles de Terrasen.
En ninguno de ellos aparecía el nombre de Swan, aunque esto no era una sorpresa. Una parte de él siempre había sabido que éste no era el verdadero nombre de Bella. Por tanto, había hecho una lista, una lista que ahora tenía en su bolsillo, quemando un agujero a través de él, de todas las casas nobles que ella podría haber venido, casas con niños en el momento de la conquista de Terrasen. Había al menos seis familias que habían sobrevivido… pero ¿Y si ella fuera de una que había muerto completamente? Cuando acabo de anotar los nombres, no estaba más cerca del entendimiento de quién era ella realmente como lo había estado al principio.
— ¿Así que, vas a preguntarme sea lo que sea estando aquí afuera, o sólo voy a disfrutar como mi trasero se congela por el resto de la noche? – dijo Edward.
Jacob levantó una ceja, y Edward le dio una pequeña sonrisa.
— ¿Cómo está ella? – preguntó Jacob.
Había oído que ellos habían cenado, que ella no había dejado sus habitaciones hasta la mitad de la noche. ¿Había sido un movimiento deliberado de su parte? ¿Algo para arrojar a su cara, haciéndole un poco más de daño?
— Arreglándoselas, — dijo Edward. – Arreglándoselas lo mejor que puede. Y ya que sé que eres demasiado orgulloso para preguntarlo, te diré que no, ella no te ha mencionado. Tampoco creo que lo haga.
Jacob dio un largo suspiro. ¿Cómo podría convencer a Edward de que se alejara de ella? No era porque estaba celoso, era porque Bella podría ser una amenaza mayor de la que Edward podría imaginar. Sólo la verdad funcionaría, pero…
— Tu padre tiene curiosidad sobre ti, — dijo Edward. – Después de las reuniones del consejo, siempre me pregunta por ti. Creo que quiere que regreses a Anielle.
— Lo sé.
— ¿Vas a ir con él?
— ¿Tú qué harías?
— Esto no es sobre mí para decidir.
Jacob apretó sus dientes. Él seguramente no iría a ninguna parte, no mientras Bella estuviera aquí. Y no sólo debido a quién era ella realmente.
— No tengo interés en ser Lord de Anielle.
— Los hombres matarían por la clase de poder que Anielle ejerce.
— Nunca lo he querido.
— No. – Edward apretó sus manos en la barandilla del balcón. – No, nunca has querido nada para ti, excepto la posición que tienes ahora, y Bella.
Jacob abrió su boca, excusas se formaban en su lengua.
— ¿Crees que estoy ciego? – Preguntó Edward, su mirada fija como congelada, hielo azul.
— ¿Sabes por qué me acerqué a ella en el baile de Yulemas? No porque quería pedirle que bailara, sino porque vi la forma en que os mirabais el uno al otro. Incluso entonces, sabía cómo te sentías.
— Tú lo sabías, y aun así la pediste que bailara. – Sus manos apretadas en puños.
— Ella es capaz de tomar sus propias decisiones. Y ella lo hizo. – Edward le dio una sonrisa resentida. – Sobre nosotros dos.
Jacob tomó un suspiro estable, calmando su creciente cólera.
– ¿Si tú te sientes de esa manera, entonces por qué la has dejado quedarse en el puesto de grilletes de tu padre? ¿Por qué no has encontrado una manera de echarla fuera de su contrato? ¿O es que tienes miedo de que, si la dejas libre, ella no volverá contigo?
— Yo que tú tendría cuidado con lo que dices, — dijo en voz baja Edward.
Pero era verdad. Aunque no pudiera imaginar un mundo sin Bella, Jacob sabía que tenía que sacarla de este castillo. Aún no podía decir si era por el bien de Adarlan o por el de ella.
— Mi padre es bastante temperamental para castigarme, y ella, si trato de mencionar ese tema. Estoy de acuerdo contigo, realmente lo estoy: no es correcto mantenerla aquí. Pero tú deberías tener cuidado de lo que dices. – El príncipe heredero de Adarlan apartó su mirada. – Y considera donde tu lealtad verdadera está.
Una vez más, Jacob podría haber discutido. Una vez más, podría haber protestado que su lealtad a la corona era su mayor bien. Pero por esa lealtad ciega y obediente había empezado esta incursión.
Y había destruido todo.
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Bella sabía que sólo había sido durante unos segundos, suficiente tiempo para que Yellowlegs tirara de sus manos a su espalda y atara la cadena alrededor de sus muñecas. Su cabeza estaba a punto de estallar, y la sangre se deslizaba hacia abajo por su cuello, goteando dentro de su túnica. Nada lo suficiente malo, se había golpeado peor. Aunque sus armas habían desaparecido, tiradas en algún lugar en el vagón. Incluso las que estaban en su pelo y ropas. Y botas. Inteligente mujer.
Por tanto, no dio a la bruja ninguna posibilidad, ni siquiera un suspiro, para que se diera cuenta de que estaba consciente. Sin aviso, levantó sus hombros, echando su cabeza hacia atrás tan fuerte como pudo.
El hueso crujió, y Yellowlegs gritó, pero Bella ya se había girado, consiguiendo poner sus piernas bajo ella. Yellowlegs trepó por el otro final de la cadena, rápida como una víbora. Bella pisó fuertemente por la longitud de la cadena entre ellas, su otra pierna dando golpes a diestro y siniestro para encontrar la cara de Yellowlegs.
La mujer fue volando, como si estuviera hecha de nada más que polvo y viento, cayendo en las sombras entres los espejos.
Jurando bajo su aliento, las muñecas de Bella dolían contra el hierro frío. Pero la habían enseñado a liberarse de cosas peores. Charlie la había ligado la cabeza al dedo del pie y la había hecho aprender cómo desatarse, aún si eso significaba pasar dos días postrada en la tierra en su propia suciedad, o dislocar su hombro para salir. Así que, no del todo tan sorprendentemente, se había desecho de las cadenas en unos segundos.
Tiró de un pañuelo de su bolsillo y lo usó para agarrar un fragmento largo de espejo. Enfocando el cristal, Bella miró detenidamente a las sombras donde Yellowlegs había ido volando. Nada. Sólo una mancha de sangre oscura.
— ¿Sabes cuántas mujeres jóvenes he atrapado en este vagón en los quinientos años pasados? – La voz de Yellowlegs estaba en todas partes y en ninguna parte. — ¿Cuántas brujas Crochan destruí? Eran guerreras, también, guerreras talentosas y hermosas. Supieron cómo hierba de verano y agua fresca.
Confirmar que Yellowlegs era una bruja de sangre azul no cambiaba nada, se dijo a sí misma. Nada, salvo que tendría que encontrar un arma más grande.
Bella exploró el vagón, buscando a la bruja, a sus dagas perdidas, algo para usar contra la bruja. Su mirada se alzó a los estantes de la pared cercana. Libros, bolas de cristal, papeles, cosas muertas en tarros…
Bella lo hubiera perdido si hubiera parpadeado. Estaba cubierto de suciedad, pero todavía brillaba débilmente en la luz del horno lejano. Fijado en la pared encima de un montón de leña, era un hacha larga y aplanada.
Ella sonrió ligeramente cuando tiró de ello de la pared. Todo alrededor, la imagen de Yellowlegs bailaba en los espejos, mil posibilidades donde ella podría estar de pie, mirando, esperando.
Bella balanceó el hacha lo más cerca de uno. Entonces el siguiente. Y el siguiente.
La única manera de matar a una bruja era cortándole la cabeza. Un amigo la había dicho una vez.
Bella zigzagueó entre los espejos, rompiéndolos cuando ella se acercaba, los reflejos de la bruja desaparecían, hasta que la verdadera bruja estuvo de pie a lo largo del estrecho camino entre Bella y el hogar, la cadena detrás en sus manos.
Bella levantó el hacha sobre un hombro.
— Una oportunidad más, — respiró. — Está de acuerdo en no decir nunca una palabra sobre mí, o Edward, y saldré de aquí.
— Puedo probar tus mentiras, — dijo Yellowlegs. Más rápido de lo que debería ser posible, fue hacia Bella, correteando como una araña, la cadena balanceándose en sus dedos.
Bella esquivó la primera fusta de la cadena. Lo oyó el segundo antes de que lo viera, y aunque la evitó, golpeó un espejo y el cristal estalló por todas partes. Bella no tenía otra opción sólo proteger sus ojos, mirando lejos por un latido de corazón.
Era suficiente.
La cadena se envolvió alrededor de su tobillo, punzante y dolorosa, y entonces tiró.
El mundo se inclinó ya que Yellowlegs retiró sus pies de debajo de ella y Bella se estrelló contra el suelo. Yellowlegs se abalanzó hacia ella, pero Bella rodó a través de los fragmentos, la cadena enredándose alrededor de ella, aferrándose al hacha con una mano, hasta que su cara rozó las fibras ásperas de la antigua alfombra antes del horno.
Hubo un firme tirón de cadena, y entonces otro sonido de paliza. El metal se estrelló de golpe en el antebrazo de Bella, con tanta fuerza que perdió su agarre en el hacha. Ella se lanzó sobre su espalda, todavía enredada en la cadena infernal, sólo para encontrar los dientes de hierro de Baba Yellowlegs surgiendo encima de ella. De un salto, la bruja se abalanzó de golpe, Bella se echó hacia atrás en la alfombra.
Los clavos de hierro cavados en su piel, surgiendo la sangre cuando la bruja la sujetó por su hombro.
— Todavía en pie, tú eres una chica estúpida, — siseó Yellowlegs, agarrando la longitud de la cadena que estaba alrededor de ellas.
La alfombra raspó los dedos de Bella cuando ella se estiró a por el hacha caída, sólo a pulgadas fuera de su alcance. Su brazo palpitó despiadadamente, su tobillo doliendo también. Si ella pudiera conseguir el hacha… Yellowlegs embistió contra el cuello de Bella, sus dientes chasqueando.
Bella se lanzó hacia un lado, esquivando por poco aquellos dientes de hierro, y por fin agarró el hacha. Lo levantó con tanta fuerza que la parte despuntada dio de golpe en un lado de la cara de la anciana.
Yellowlegs se cayó, desplomándose sobre un montón de trajes marrones que ondearon. Bella se echó hacia atrás y levantó el arma entre ellas.
Empujando sus manos y rodillas, Yellowlegs escupió sangre oscura, sangre azul, sobre la vieja alfombra, sus ojos centelleando.
— Voy a hacer que desearas no haber nacido. Tanto tú como tu príncipe. – Y entonces Yellowlegs salió disparada tan rápida que Bella podría haber jurado que estaba volando.
Pero ella sólo llegó rápidamente a los pies de Bella.
Bella bajo el hacha, arrojando un poco de fuerza hacia sus manos. Sangre azul rociada en todas partes.
Había una sonrisa en la cabeza decapitada de Baba Yellowlegs cuando cayó con un ruido sordo hasta pararse.
Cayó silenciosa. Incluso el fuego, todavía ardiendo tan caliente que ella estaba sudando otra vez, parecía silencioso. Bella tragó. Una vez. Dos veces.
Edward no podía saberlo. Aunque quisiera regañarlo como el infierno por hacer preguntas que Yellowlegs había considerado bastante valiosas para vender a otros, no podía saber lo que había pasado aquí.
Nadie podría.
Cuando por fin encontró la fuerza para esclarecerse, sus pantalones y botas estaban manchados de azul oscuro. Otro traje para quemar.
Examinó el cuerpo, la alfombra manchada y empapada. No había sido rápido, pero todavía podía ser limpio. Una persona desaparecida era mejor que un cadáver decapitado.
Bella alzó la mirada a la rejilla del horno grande.
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Uff… supongo que no más bruja a partir de hoy jajaja ¿qué opinan?
