Capítulo 32 – Weiss – Retorno.
Aun no comprendía que era lo que pasaba por la mente de aquel hombre rubio. Aun no tenía claridad si es que creía o no el que estaba saliendo con su hija. No lo sabía. Su mente era realmente un misterio, así como lo era Ruby.
Sintió como el hombre la abrazó con fuerza, levantándola un poco del suelo. Sintió que perdió el aire, pero se mantuvo estoica para no hacer de la situación aún más incómoda. Ruby recibió un abrazo con igual de ánimo y fuerza, haciendo que incluso dejase salir el aire de sus pulmones de una manera muy poco delicada.
Ahora era el turno de la hermana, la cual levantó a Ruby sin ningún tipo de problema, y fue casi como si hubiesen competido con el padre para ver quien la levantaba más alto, y Yang parecía haber ganado.
Soltó una leve risa cuando Ruby se quejó y le dio con el puño en la cara a su hermana, quejándose por los mimos claramente vergonzosos que le estaba dando. El golpe fue duro, pero a la mayor pareció no importarle, como si estuviese acostumbrada a recibir esa clase de afecto, o daño.
Ruby se arregló la ropa ya en el suelo, revisando las maletas que estaban en la entrada de la casa, asegurándose que nada faltara.
Sintió un dolor molesto en la boca de su estómago cuando la hermana de su novia se acercó a ella, al parecer con la intención de despedirse. No sabía que decirle. La breve conversación que tuvieron fue la última, y aun sentía todo tenso alrededor de ambas. No quería que la familia de su novia la odiara, o que pensaran mal de sus intenciones.
La chica se paró en frente, muy cerca. Miró hacía arriba, topándose con su mirada.
¿Ella asintió?
No entendía ni un poco que significaba aquel gesto.
Sintió la mano pesada en su cabeza, y no era siquiera la metálica, era la real. Sintió como se agitaba de una manera brusca en su cabeza, desordenando su cabello. De manera instintiva golpeó la mano con el dorso de la suya, para hacerla que se quitara.
"¿Qué pasa contigo?"
Se arregló el cabello mientras escuchaba la risa estrepitosa de la chica frente a ella. Su único objetivo era molestarla, realmente no tenía idea de porqué esperaba algo más normal por parte de esa extraña mujer, o algo más cordial que sea.
Ruby le dio un golpe a su hermana, haciendo que esta dejara de reírse, para luego ir a socorrerla, asegurándose que su cabello estuviese bien arreglado, porque si había algo que le molestase era el tener el cabello 'no perfecto' y la pelinegra tenía eso claro.
Por suerte escucharon la bocina del chofer, señalando su arribo, que detuvo toda esa despedida incomoda.
Les dio una leve reverencia en forma de despedida.
"Gracias por su hospitalidad."
Recibió una sonrisa por parte de ambos rubios calcados, y caminó hasta el auto con una de las maletas en la mano. Escuchó a Ruby gritar una despedida mientras la escuchaba correr en su dirección, cargando con la otra maleta. Las subieron al auto y la escuchó quejarse.
"No sé cómo lo haces, pero tus maletas siempre están más pesadas de vuelta."
"Souvenirs."
Vio como Ruby levantó una ceja, pero no le quiso quitar la duda.
Antes de ir al aeropuerto pasaron por el hotel a buscar las maletas faltantes, y no, no había comprado muchos souvenirs, pero si había traído cosas consigo, y una de esas era algunos libros de la repisa de Ruby. Libros que no eran su tipo de libro en lo absoluto, ya que lo de ella era material de estudio exclusivamente, no historias ni cuentos de hadas, pero le pareció interesante leer aquellas historias que inspiraron a la chica a convertirse en quien era en la actualidad.
Soltó un suspiro pesado al hacer algo tan cursi e impropio de sí misma.
Sus maletas fueron embarcadas con éxito, así como su vuelo no tenía ningún tipo de contratiempo. Miró su reloj, probablemente llegarían cerca de las siete u ocho de la noche. Miró de reojo a Ruby, la cual se mantenía seria mirando alrededor, como siempre alerta a cualquier tipo de peligro. Mordió su labio. Había pasado varios días con ella, había conocido a su familia, incluso la había visto llorar de esa forma, dejando salir sus sentimientos reprimidos.
Sentía que al volver a la ciudad no seguiría siendo la misma Weiss Schnee.
Aunque debía admitir que desde que conoció a Ruby permanecía en constante cambio. Ella cambiaba su mundo, así como la cambiaba por dentro. Sonrió levemente. Estaba feliz de haberla conocido. Estaba feliz de haberla elegido como su guardaespaldas. Estaba feliz de poder compartir su vida con alguien más, con alguien que realmente le importaba su miserable vida llena de lujos.
"¿Pasa algo?"
Dio un salto al sentir los ojos plateados en su humanidad.
"No, ¿Por qué?"
"No sé, solo me causó curiosidad que estuvieses sonriendo."
Le dio una mirada indignada, mientras levantaba una de sus cejas.
"¿Qué se supone que significa eso? ¿Soy demasiado bruja para sonreír acaso?"
Le causó sorpresa escuchar la risa estrepitosa de Ruby, saliéndose completamente de su semblante de alta seguridad y profesionalismo. Sintió uno de sus brazos en sus hombros, en un semi abrazo, mientras la risa seguía inundando sus oídos.
"Dios, Weiss, me encanta cuando te enojas de esa forma. Eres como un animal pequeño e indignado."
Sintió su rostro teñirse rápidamente de rojo, así como todo su cuerpo parecía entrar en calor, en un estado de vergüenza pura, molestia e indignación. Solo pudo empujar a la chica, alejándola.
"¿Qué es lo que dices, idiota? ¡Aléjate de mí!"
Caminó a paso raudo hasta la puerta que la llevaría a su avión. Siendo de primera clase no había problema con que fuese de las primeras en subirse, incluso podría comprar el mismísimo avión si quisiera, pero en ese momento solamente quería desaparecer de la vista de la menor. Soltó un suspiro pesado cuando fue la misma Ruby quien la recibió en la entrada del avión.
Miró hacía todos lados, sin entender cómo la chica era tan endemoniadamente rápida y siempre lograba salirse con la suya. La llenaba de confusión e ira. Esta solo le sonreía con esa mueca tan tierna que poseía y que también odiaba. ¡Uhg!
"No puedo alejarme de usted, señorita Schnee. Mi trabajo es protegerla."
Puso sus manos en su rostro, sintiendo el calor traspasar sus palmas. Soltó un gruñido antes de recuperar su compostura y avanzar hasta su asiento, mientras Ruby la seguía como un maldito y tierno perro faldero.
A veces realmente perdía la paciencia.
El viaje fue tranquilo, nuevamente había solo unas pocas personas en esa sección del avión, así que podía hacer sus cosas tranquilamente sin sentirse irritada. Recordaba una vez donde iba de viaje a ver unos asuntos de trabajo, su primera misión importante, pero estaba demasiado nerviosa e irritada, así que compró todos los asientos. Fue una locura. Era la primera vez que iba a una reunión de negocios y los nervios le jugaron en contra.
El sol se había puesto cuando finalmente arribaron. Ruby parecía haber estado demasiado tensa todo el viaje, incluso parecía cansada como si le faltase dormir. Se sintió un poco mal al verla así, pero rápidamente se recompuso, llenándose de energías. No iba a admitir que estaba cansada, la conocía. Caminaron hasta el aeropuerto, y le dio una llamada a su chofer, mientras esperaban que el personal juntara sus maletas en un carrito.
Dos hombres bien atentos las ayudaron a subir las maletas al auto, que llegó justo a tiempo, y luego pudieron sentarse cómodamente.
Se sentía bien estar en la ciudad.
Le dio una mirada de reojo a la chica a su lado, la cual parecía estar cabeceando de sueño. Aún quedaban unos minutos para llegar a su casa, pero tampoco quería que la chica se durmiese y luego tuviera problemas para despertar. Se acercó un poco más a ella, y pasó una de sus manos por la mejilla de Ruby, acariciándola levemente, para luego acercarse lo suficiente para besar su rostro.
Ruby despertó de un salto, claramente sorprendida. Sintió sus mejillas ruborizarse, mientras se alegraba internamente de que el chofer no pudiese ver la escena desde su lugar.
"¿Weiss?"
"Estás cansada, ¿Prefieres ir a dormir a tu casa?"
Ruby ladeó su rostro, con visible confusión, y era entendible, la pregunta era abrumadora, sobre todo si le decía de manera disimulada que ambas iban a pasar la noche juntas nuevamente. Las mejillas de la chica se llenaron de rojo a darse cuenta de todo el significado escondido.
"Eh… ¿Te refieres a…? Digo, has estado muchos días conmigo, ¿No estarás aburrida de mí?"
Sintió su corazón derretirse ante la mirada de cachorro que Ruby le estaba dando, y maldición, odiaba que se pusiera tan linda. Estaba más linda que nunca, estaba perdiendo completamente los estribos. Solo podía recordar las sonrisas y las miradas que le daba cuando llevaba un tiempo trabajando para ella. Se convirtió en alguien de confianza, y alguien con quien le gustaba estar.
Negó, rindiéndose, besando ahora sus labios.
No dijo nada, solo sintió una de las manos de Ruby en su nuca, y sintió como los labios correspondían el beso.
Se alejaron cuando el auto se detuvo del todo y el chofer se bajó a abrirles la puerta. Ruby carraspeó y salió rápidamente, abriendo el maletero en busca del equipaje. El chofer ayudó a subir las maletas hasta el departamento y le agradeció. Eran las pasadas las ocho, y llegaron al acuerdo usual donde Ruby se iría a su hogar por sus propios medios, asegurando el perímetro, como normalmente hacía, un guardaespaldas muy dedicada a su trabajo. Sin dobles intenciones en lo absoluto.
Dejó sus maletas apiladas en la sala de estar. No quería ordenarlas, no tenía energías. Vio de reojo a Ruby, la cual se había sacado los zapatos y caminaba hasta el sofá, desabrochando los primeros botones de su camisa, su abrigo aun enganchado en sus hombros. Se dejó caer de golpe, notablemente agotada. Soltó una risa al verla, pero su rostro cambió a pánico cuando escuchó un ronquido.
Se había dormido en su sofá. Instantáneamente.
Rodó los ojos y fue a su dormitorio a ponerse su ropa de dormir, antes de siquiera pensar en hacer algo con la menor. Abrió las sabanas de su cama, y caminó donde la chica, la cual seguía en exacta posición, roncando más fuerte por la posición anormal de su cuerpo. Revisó su teléfono y contestó un par de emails, así como le contó a su padre de su llegada a la ciudad, así como lo bien que había salido el viaje, y lo bien que estaban las cosas en el asentamiento.
Apagó su celular, sin ganas de seguir trabajando y caminó hasta la chica.
"Ruby, despierta, ven a la cama."
Al menos la chica tenía el sueño liviano, o tendría problemas. Esta se removió, incluso al punto de casi caer al suelo. Se levantó a duras penas, con sus ojos entrecerrados, aun adormilada. Soltó un suspiro antes de tomar una de sus manos y encaminarla a la habitación. Ya ahí comenzó a desabrochar por completo la camisa de la menor, sacándosela, deshaciéndose del abrigo al mismo tiempo. Luego llevó las manos hacia la parte inferior, sacándole el cinturón, pesado con armamento.
Estaba desvistiéndola de manera tan natural, por inercia, que sintió su rostro arder cuando miró de reojo el rostro de la chica, la cual también estaba muy roja. Pudo ver una mueca burlesca en su rostro que la hizo perder el poco de paciencia que le quedaba.
"No sabía que te gustaba tomar la iniciativa, Weiss."
Frunció el ceño y sacó de un tirón el cinturón de la chica para luego golpearla con este, haciendo que Ruby soltara un quejido adolorido, resguardándose con sus brazos de un posible segundo golpe.
"¡No! ¡Lo siento! ¡Era una broma!"
La escuchó lloriquear, así como soltar una leve risa.
Había llegado a su límite.
"Por idiota duermes en el suelo."
"Pero Weiss…no puedes hacerme esto, somos amigas…"
Y los lloriqueos siguieron hasta que tuvo que dejarla entrar a su cama.
Esa era su vida.
Al fin han vuelto de la aventura. Yang no es tan mala, solo es sobreprotectora. Muy. Sobreprotectora. Pero Weiss pasó la prueba, creo.
No quiero ser pájaro de mal agüero, pero sé que piensan que hay aquí flores y corazones y felicidad y todo lindo con esta pareja, pero oh no, aún tengo drama planeado, sori.
Capitulo siguiente: Diana – Cena.
OH, acá también habrá drama. Prepárense.
Nos leemos pronto.
